Notas para fijarnos en el evangelio Domingo IV de Pascua

• «Escuchar su voz» y ser «conocidos por Él» (27): la relación ente Jesús. ysus discípulos está basada en el amor. Un amor personal. Un amor que viene del Padre (30). La adhesión a Jesús, cuya «voz» escuchan (27), es la característica de los discípulos. Ser discípulo es estar unido a Jesús, no sólo imitar su estilo de Vida. Conocer y amar a Jesucristo para seguirlo.

• Por tanto, la Iglesia, si es la comunidad de discípulos, no será dinamizada por relaciones de poder entre una jerarquía y un pueblo reducido a la categoría de rebaño de súbditos, ni por otras relaciones, también de poder, que puedan originar unos grupos de presión. La dinámica verdaderamente imparable y transformadora de la realidad, constructora del Reino de Dios en medio del mundo, vendrá de conocer y amar a Jesucristo. Esta relación con Jesús marcará las relaciones entre los miembros de la Iglesia y entre cada uno de sus miembros y las personas del propio medio donde viven, trabajan, luchan… Eso será evangelizador en cuanto puede convertirse en una invitación a conocer a Jesús (Jn 13,35).

• «Yo les doy la vida» (28): ¡es la Pascua! Jesús expone, arriesga su vida para defender a «sus ovejas» (27). Es decir, ante los excluyentes, o sea, los que dividen favoreciendo a unos y excluyendo a otros, Jesús se compromete, se acerca a los marginados, a los enfermos, a los pobres… come con los tachados de pecadores y los incorpora a su equipo… El Resucitado está con todos. Acogerlo es poder dar la vida por los demás, como Él. Así, cuando la Iglesia dice que Dios-está-con-nosotros (Mt 1,23; 28.20), estará diciendo un «nosotros» integrador. Y, al contrario, si la vida de la comunidad no es integradora de los excluidos de la sociedad, el nosotros sólo lo podrá decir con la boca pequeña, y con cara de vergüenza. 

• «Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre» (30). Con estas palabras Jesús subraya la importancia de cada una de las personas que el Padre le ha confiado. Ello hace caer en la cuenta de la importancia de todos aquellos proyectos pastorales que ponen en el centro a las personas con sus circunstancias. Proyectos que, porque las personas son importantes, dan importancia al mundo, a la sociedad, al trabajo, a las relaciones sociales, a la lucha por la dignidad… Proyectos que priorizan a los más empobrecidos, a los más explotados… Puesto que tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna(Jn 3,16).

• «Yo y el Padre somos uno» (30). Y la voluntad del Padre y del Hijo es que sean uno, como nosotros (Jn 17,11). La unidad en el amor fraterno es un fruto, que hay que recoger (Jn 15,1-17), de la comunión de amor que une al Padre y al Hijo.