Vísperas – Martes V de Pascua

VÍSPERAS

MARTES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros;
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Deténte con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Còmo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Ahora se estableció el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo. Aleluya.

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo. Aleluya.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Has asumido, Señor, el poder y comenzaste a reinar. Aleluya.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has asumido, Señor, el poder y comenzaste a reinar. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió. Aleluya.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió. Aleluya.

LECTURA: 1P 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre. Aleluya.

PRECES

Aclamemos alegres a Cristo, que después de ser sepultado en el seno de la tierra resucitó gloriosamente a vida nueva, y digámosle confiados:

Rey de la gloria, escúchanos.

  • Te rogamos, Señor, por los obispos, los presbíteros y los diáconos: que sirvan con celo a tu pueblo
    — y lo conduzcan por los caminos del bien.
  • Te rogamos, Señor, por los que sirven a la Iglesia con el estudio de tu palabra:
    — que escudriñen tu doctrina con pureza de corazón y deseo de adoctrinar a tu pueblo.
  • Te rogamos, Señor, por todos los fieles de la Iglesia: que combatan bien el combate de la fe,
    — y, habiendo corrido hasta la meta, alcancen la corona merecida.
  • Tú que en la cruz clavaste y borraste el protocolo que nos condenaba,
    — destruye también en nosotros toda clase de esclavitud y líbranos de toda tiniebla.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que al bajar al lugar de los muertos abriste las puertas del abismo,
    — recibe a nuestros hermanos difuntos en tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en la resurrección de Jesucristo nos has engendrado de nuevo para que renaciéramos a una vida eterna, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

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Lectio Divina – 21 de mayo

Tiempo de Pascua

1) Oración inicial

Señor, tú que en la resurrección de Jesucristo nos has engendrado de nuevo para que renaciéramos a una vida eterna, fortifica la fe de tu pueblo y afianza su esperanza, a fin de que nunca dudemos que llegará a realizarse lo que nos tienes prometido. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 14,27-31a

Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: Me voy y volveré a vosotros. Si me amarais, os alegraríais de que me vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.

3) Reflexión

• Aquí, en Juan 14,27, comienza la despedida de Jesús y al final del capítulo 14, él cierra la conversación diciendo: «¡Levantaos! ¡Vámonos de aquí!» (Jn 14,31). Pero, en vez de salir de la sala, Jesús sigue hablando por otros tres capítulos: 15, 16 y 17. Si se leen estos tres capítulos, al comienzo del capítulo 18 se encuentra la siguiente frase: «Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos”. (Jn 18,1). En Juan 18,1 está la continuación de Juan 14,31. El Evangelio de Juan es como un prólogo bonito que se fue construyendo lentamente, pedazo por pedazo, ladrillo sobre ladrillo. Aquí y allá, quedan señales de estos reajustes. De cualquier forma, todos los textos, todos los ladrillos, forman parte del edificio y son Palabra de Dios para nosotros.

• Juan 14,27: El don de la Paz. Jesús comunica su paz a los discípulos. La misma paz se dará después de la resurrección (Jn 20,19). Esta paz es más una expresión de manifestación del Padre, de la que Jesús había hablado antes (Jn 14,21). La paz de Jesús es la fuente de gozo que él nos comunica (Jn 15,11; 16,20.22.24; 17,13). Es una paz diferente da la paz que el mundo da, es diferente de la Pax Romana. Al final de aquel primero siglo la Pax Romana se mantenía por la fuerza de las armas y por la represión violenta contra los movimientos rebeldes. La Pax Romana garantizaba la desigualdad institucionalizada entre ciudadanos romanos y esclavos. Esta no es la paz del Reino de Dios. La Paz que Jesús comunica es lo que en el AT se llama Shalôm. Es la organización completa de toda la vida alrededor de los valores de justicia, fraternidad e igualdad.

• Juan 14,28-29: El motivo por el que Jesús vuelve al Padre. Jesús vuelve al Padre para poder volver enseguida entre nosotros. Dirá a la Magdalena: “Suéltame porque aún no he vuelto al Padre “(Jn 20,17). Subiendo hacia el Padre, el volverá a través del Espíritu que nos enviará (Cf. Jn 20,22). Sin el retorno al Padre, no podrá estar con nosotros a través de su Espíritu.

• Juan 14,30-31a: Para que el mundo sepa que amo al Padre. Jesús está terminando la última conversación con los discípulos. El príncipe de este mundo se encargará del destino de Jesús. Jesús será condenado. En realidad, el príncipe, el tentador, el diablo, no podrá nada contra Jesús. Jesús hace en todo lo que el Padre le ordena. El mundo sabrá que Jesús ama al Padre. Este es el gran y único testimonio de Jesús que puede llevar el mundo a creer en él. En el anuncio de la Buena Nueva no se trata de divulgar una doctrina, ni de imponer un derecho canónico, ni de unir todos en una organización. Se trata, ante todo, de vivir y de irradiar aquello que el ser humano más desea y que lleva en lo profundo de sí: el amor. Sin esto, la doctrina, el derecho, la celebración no pasa de ser una peluca sobre una cabeza sin pelo.

• Juan 14,31b: Levantaos, vámonos de aquí. Son las últimas palabras de Jesús, expresión de su decisión de ser obediente al Padre y revelar su amor. En una de las oraciones eucarísticas, en el momento de la consagración, se dice: “La víspera de su pasión, voluntariamente aceptada”. Jesús dice en otro lugar: “El Padre me ama, porque yo doy mi vida para retomarla de nuevo. Nadie me la quita, yo mismo la doy libremente. Tengo poder para dar la vida y para retomarla. Este es el mandato que recibí de mi Padre” (Jn 10,17-18).

4) Para la reflexión personal

• Jesús dice: “Os doy mi paz”. ¿Cómo contribuyo en la construcción de paz en mi familia y en mi comunidad?
• Mirando al espejo de la obediencia de Jesús al Padre, ¿en qué punto podría mejorar mi obediencia al Padre?

5) Oración final

Alábente, Yahvé, tus creaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas. (Sal 145,10-11)

Fiesta de Pentecostés

Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23 15-21; Dt 169). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (= cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuándo llegaba cada año la cosecha a su sazón, pero tendría lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía un sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.

En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1 Cor 168).

(Vocabulario Bíblico de la Biblia de América)
Comisión Nacional de Pastoral Bíblica

PENTECOSTÉS, algo más que la venida del espíritu…

La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, los israelitas, la unieron a la Alianza en el Monte Sinaí, cincuenta días después de la salida de Egipto.

Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad en donde se destaque Pentecostés como la conclusión de la cincuentena pascual. Vale decir como una fiesta de plenitud y no de inicio. Por lo tanto no podemos desvincularla de la Madre de todas las fiestas que es la Pascua.

En este sentido, Pentecostés, no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo. Aunque lamentablemente, hoy en día, son muchísimos los fieles que aún tienen esta visión parcial, lo que lleva a empobrecer su contenido. Hay que insistir que, la fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tenemos la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo. 

Es bueno tener presente, entonces, que todo el tiempo de Pascua es, también, tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que estuvo en el nacimiento de la Iglesia y que, además, siempre estará presente entre nosotros, inspirando nuestra vida, renovando nuestro interior e impulsándonos a ser testigos en medio de la realidad que nos corresponde vivir.

Culminar con una vigilia:

Entre las muchas actividades que se preparan para esta fiesta, se encuentran, las ya tradicionales, Vigilias de Pentecostés que, bien pensadas y lo suficientemente preparadas, pueden ser experiencias profundas y significativas para quienes participan en ellas.

Una vigilia, que significa “Noche en vela” porque se desarrolla de noche, es un acto litúrgico, una importante celebración de un grupo o una comunidad que vigila y reflexiona en oración mientras la población duerme. Se trata de estar despiertos durante la noche a la espera de la luz del día de una fiesta importante, en este caso Pentecostés. En ella se comparten, a la luz de la Palabra de Dios, experiencias, testimonios y vivencias. Todo en un ambiente de acogida y respeto.

Es importante tener presente que la lectura de la Sagrada Escritura, las oraciones, los cantos, los gestos, los símbolos, la luz, las imágenes, los colores, la celebración de la Eucaristía y la participación de la asamblea son elementos claves de una Vigilia.

En el caso de Pentecostés centramos la atención en el Espíritu Santo prometido por Jesús en reiteradas ocasiones y, ésta vigilia, puede llegar a ser muy atrayente, especialmente para los jóvenes, precisamente por el clima de oración, de alegría y fiesta.

Algo que nunca debiera estar ausente en una Vigilia de Pentecostés son los dones y los frutos del Espíritu Santo. A través de diversas formas y distintos recursos (lenguas de fuego, palomas, carteles, voces grabadas, tarjetas, pegatinas, etc.) debemos destacarlos y hacer que la gente los tenga presente, los asimile y los haga vida.

No sacamos nada con mencionarlos sólo para esta fiesta, o escribirlos en hermosas tarjetas, o en lenguas de fuego hechas en cartulinas fosforescentes, si no reconocemos que nuestro actuar diario está bajo la acción del Espíritu y de los frutos que vayamos produciendo.

Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.

Eduardo Cáceres Contreras
Instituto de Catequesis

Comentario del 21 de mayo

Jesús es portador de paz. El da y deja la paz, porque la paz es un don que se queda en el que la recibe, dando origen a un estado de paz. Es el estado en que se encuentran los que están en paz consigo mismos y con sus parientes, vecinos y colegas, incluso con sus adversarios ideológicos, y con Dios; porque si uno no está en paz con Dios y consigo mismo no habrá encontrado la paz. Esta paz que alcanza los niveles más profundos e íntimos del ser humano no la puede dar el mundo. El mundo, es decir, ese conjunto de hombres que viven en sociedad, podrá llegar, si está en guerra, a ciertos armisticios o acuerdos de paz; podrá restablecer relaciones deterioradas entre los miembros de una misma familia o apaciguar conflictos entre regiones, partidos políticos o familias religiosas; podrá incluso amortiguar tensiones que presagian rupturas o amenazan con desatar tormentas de consecuencias imprevisibles; pero no podrá alcanzar las honduras del corazón humano lacerado por la culpa y la autocensura. Esa tarea de pacificación interior sólo puede llevarla a cabo alguien que tenga poder para erradicar la culpa y extender los efectos medicinales del perdón. Únicamente este perdón restaurador puede proporcionar esa paz que el mundo no puede dar, ni siquiera con el restablecimiento de la justicia ultrajada.

Tal es la paz que permite afrontar con serenidad el advenimiento de ciertas noticias que anuncian pérdidas y engendran temores. Que no tiemble vuestro corazón –les decía Jesús a sus discípulos- ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraría de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Jesús había pronunciado palabras que presagiaban despedida. Aquellas alusiones a su marcha, ya próxima, llenaron de tristeza el corazón de sus discípulos; más aún, provocaron en ellos cierto pánico, ese temor somatizado en temblores: el miedo a quedarse huérfanos de padre, de Maestro o de guía. Se habían apoyado de tal manera en él durante el período del discipulado que ahora les suponía un gran quebranto prescindir de su compañía, de su apoyo moral, de sus consejos y magisterio, de sus certezas y convicciones, de la seguridad que les proporcionaba su cercanía.

Por eso Jesús se ve obligado a calmar su ansiedad con palabras tranquilizadoras: Me voy, pero volveré. Mi ida, viene a decirles, no es una marcha sin retorno, volveré para llevaros conmigo y que podáis gozar de mi compañía estando donde yo esté. La situación es tal que su misma marcha debe constituir para ellos un motivo de alegría; realmente tendrían que alegrarse porque a donde Jesús va es nada menos que al Padre, y el Padre es su «lugar de origen»; por eso es más que él, porque es su Principio, porque del Padre procede y al Padre tiende. No puede tener mayor aspiración que la de estar junto al Padre, como en el principio. Sólo estando así, a la derecha del Padre, dirá san Pablo, estará en la plenitud. Y si ésta es la mayor aspiración de todo ser, la plenitud de lo que son, los discípulos tendrían que alegrarse con este logro de su Maestro, aunque por el momento tengan que saborear la amargura de su ausencia. Pero el sentimiento de orfandad no será muy duradero; pronto dispondrán del don de su Espíritu, defensor y consolador, y su vuelta para llevarles consigo no se hará esperar demasiado; pronto podrán compartir su destino glorioso.

Pero no conviene que los acontecimientos les pillen desprevenidos; por eso Jesús se los anticipa, con la intención de prepararles para ese momento: Os lo he dicho antes de que suceda, para que cuando suceda sigáis creyendo. Los sucesos que se avecinan, por muy duros que resulten, por muy difíciles de digerir que sean, no deben arrebatarles la fe; al contrario, deben reafirmarles aún más en ella, en esa fe que han depositado en él como enviado del Padre.

Jesús prevé que su estancia en este mundo se agota. No le queda, por tanto, mucho tiempo para seguir adoctrinándoles y proporcionándoles los medios necesarios para afrontar su misión en el mundo y enfrentar con garantías de éxito esa realidad sufriente y hostil que se hará presente con la cercanía del Príncipe de este mundo, ése que, sin tener poder sobre Jesús (porque no hay poder maléfico capaz de imponerse al poder del Dios), lo tendrá para actuar su dominio en ese mismo mundo surgido de las manos del Creador. El diablo, en cuanto creatura de Dios, no puede tener sino el poder de actuación que Dios, su Creador, le concede. El mismo Jesús demostró repetidas veces su capacidad para desactivar el poder de sugestión (tentación) y de actuación (posesión) del demonio. Pero, aun careciendo el diablo de poder sobre él, es necesario –precisa Jesús- que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda, yo lo hago.

En la actuación del Príncipe de este mundo hay permisión de Dios. Las palabras evangélicas que acabo de citar nos permiten adivinar al menos una razón, si no la razón fundamental, que justifica esta permisión divina. Y es que la misma actuación del Maligno acabará convirtiéndose en la ocasión histórica que permitirá al Hijo demostrar al mundo su amor al Padre, un amor de tal calidad que le llevará hasta el extremo de entregar la propia vida en una actitud de obediencia sin fisuras, puesto que está dispuesto a hacer todo lo que el Padre le manda. Este amor demostrado en la obediencia (crucificado) y puesto en alto (en el árbol de la cruz) ante los ojos del mundo para que éste comprenda y crea será la muestra más palpable de su triunfo sobre el mal, aun presentándose bajo la apariencia de una derrota, puesto que da como resultado la muerte de quien encarna el bien. Pero quien en realidad triunfa en la cruz es el mártir del amor de Dios y, por tanto, el amor como testimonio captado por el mundo que se ha abierto a la fe. Ojalá que nosotros formemos o sigamos formando parte de ese mundo que ha creído en el testimonio de amor y obediencia dado por Jesús, el testigo del amor del Padre.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Recursos – Domingo VI de Pascua

PRESENTACIÓN DEL CONSEJO DE PASTORAL

(En el caso de que lo hubiere, el Presidente debe hacer un resumen de sus actividades y de los grupos representados en dicho Consejo. De no existir, valdría el que representantes de los grupos que trabajan en la parroquia o la comunidad hicieran ese resumen de actividades. Al final, o bien el Presidente o uno de los que han intervenido, hace la ofrenda, y dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, ahí tienes un pálido reflejo de los dones que Tú has regalado, por la presencia de tu Espíritu, a esta comunidad. Somos distintos/as y trabajamos en campos distintos, por eso no nos faltan tensiones, e incluso enfrentamientos. Sin embargo, somos conscientes de que Tú nos los has dado en orden al bien común y a la unidad de la Iglesia. Precisamente esa unidad es tarea del Espíritu, al que nos abrimos como Comunidad.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE LA PASTORAL DE LA SALUD DE LA COMUNIDAD

(Podría hacerlo una representación del Grupo o incluso todos/as los/as participantes en el grupo, como un signo en este día tan específico en tantos lugares y comunidades. Una de las personas del grupo podría presentar el PROYECTO del mismo y las acciones pastorales que ejercen en medio del mundo de los Enfermos/as. Termina realizando esta oración explicación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí tienes lo que el Grupo de Pastoral de la Salud de nuestra Comunidad intenta llevar a cabo en favor de los Enfermos y Enfermas que hay entre nosotros. Te ofrecemos todo el esfuerzo que supone esta labor. Te pedimos que bendigas a cada uno/a de los Enfermos y Enfermas y a cada una de las personas que ejercen este servicio entre ellos y ellas. Que estas acciones, cada día, se parezcan más a las que realizaba el mismo Cristo Jesús a favor de los más débiles y necesitados y necesitadas.

PRESENTACIÓN DE UNAS MEDICINAS

(Puede hacer la ofrenda una de las personas que, en la comunidad, cuide a un enfermo/a o sea un profesional de la sanidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco hoy estas medicinas, que son símbolo de nuestros cuidados y atenciones a los enfermos y enfermas. Bien sabes que hago de corazón y que quiero ser un instrumento de tu amor. No permitas que caiga nunca en el desánimo ni en el cansancio a causa de lo duro que me resulta a veces mi trabajo. Dame tu Espíritu de fortaleza y da también a tu Iglesia entrañas de amor, para que sepa expresar con ellos y con ellas las preferencias de las que gozan en tu corazón.

PRESENTACIÓN DE LOS ÓLEOS SAGRADOS

(Los puede presentar el mismo Presidente de la Comunidad o un miembro de la Pastoral de la Salud. Especialmente si ese día hay una celebración específica de la Unción de los/as Enfermos/as COMUNITARIA. De todas maneras, es una hermosa ocasión para realizar una catequesis sobre la Unción de los/as Enfermos/as)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, Tú bien sabes que la enfermedad se va a hacer presente en nuestras vidas, como ya lo ha hecho en la de tantos miembros de este Comunidad. Te damos gracias por el sacramento de la Unción de los/as Enfermos y Enfermas que nos has dejado y que nos acompaña durante la enfermedad. Te pedimos que nosotros y nosotras, tu comunidad, nunca dejemos de recibir este sacramento por miedo o por respetos humanos, sino que, con conciencia plena, lo acojamos con paz y serenidad, seguros/as de que Tú vas a caminar con nosotros y nosotras en esta situación complicada. Gracias, Señor, por tu presencia y compañía.

PRESENTACIÓN DE UNA PERSONA ENFERMA

(Un enfermo o una enferma, un impedido o una impedida, un anciano o una anciana de la comunidad da testimonio, inicialmente, de su situación y hace ofrenda, después, de sus sufrimientos y padecimientos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Aquí me tienes a mí, Señor. He contado mi situación y mi experiencia de dolor y enfermedad. No es fácil estar enfermo o enferma en una sociedad de sanos y que siente el fracaso por la enfermedad o la muerte. Sin embargo, soy consciente de tu amor y noto la cercanía de tu Espíritu y la caridad de los hermanos y hermanas. Te ofrezco hoy todos mis sufrimientos y te pido los unas a los de tu Hijo Jesucristo, como una semilla plantada en favor de los demás.

PRESENTACIÓN DE LAS CAJITAS PARA LLEVAR LA COMUNIÓN DE LOS/LAS ENFERMOS/AS

(Lo pueden hacer entre dos personas, en nombre de todos/as, y que en la Comunidad hayan recibido este ministerio o servicio. Se presentan las diversas CAJITAS que se utilizan, se ofrecen al Presidente de la Comunidad y una persona realiza esta oración-explicación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, Tú nos invitas, especialmente cada domingo, a participar de la MESA de la Eucaristía, y desde la misma parten nuestros/as Agentes de pastoral para llevar la comunión a nuestros Enfermos y Enfermas. Te damos GRACIAS por este hermoso don y por esta posibilidad que nos das. Te pedimos que el Cuerpo de tu Hijo amado sea un alimento real para nosotros y nosotras que acudimos en comunidad y para cuantos y cuantas se sienten imposibilitados e imposibilitadas para estar presentes en este encuentro concreto. Aliméntanos a todos y a todas para que podamos ser pan para nuestros hermanos y hermanas.

Oración de los fieles – Domingo VI de Pascua

Jesús nos dijo: “el que me ama guardará mis preceptos y el Padre y yo haremos morada en él”: Con esa confianza y seguridad presentamos nuestras plegarias al Padre diciendo: VEN Y ACOMPÁÑANOS SIEMPRE SEÑOR.

1.- Por la Iglesia imagen de la Jerusalén celeste, para que se vea iluminada constantemente por la Gloria de Dios. OREMOS

2.- Por los que rigen y gobiernan las naciones para que a imagen de Dios lo hagan con justicia y rectitud. OREMOS

3- Por los misioneros, los mensajeros, los profesionales de la comunicación, para que sean fieles transmisores de la verdad y desechen cualquier tentación de confundir. OREMOS

4.- Por los padres de familia y los educadores para sean justos y rectos en todos sus actos y sea el amor la guía para la educación de los niños y jóvenes. OREMOS

5.- Por los médicos, enfermeras e demás personal sanitario para que su trabajo por los demás lleve el sello de Dios que da el ciento por uno. OREMOS

6.- Por los pueblos de misión para que descubran la Verdad y la Justicia que revela la Palabra de Dios. OREMOS

7.- Para que la Paz que nos dejó Jesucristo se extienda por todos los lugares de la tierra. OREMOS

8.- Por todos nosotros presentes en la Eucaristía, para el amor y paz del Señor Jesús ilumine todos los momentos de nuestra vida. OREMOS

Danos, Señor, lo que tu pueblo pide confiado en el gran Amor que nos tienes. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén


Ponemos en manos del Señor las necesidades de todos los hombres y mujeres, sobre todo las de aquellos que tienen más apremio de solución. TODO LO ESPERAMOS DE TI, SEÑOR.

1. – Pedimos al Señor, por toda la comunidad de creyentes; para que sea capaz de amarse desde la gratuidad, el servicio y la entrega. OREMOS

2. – Por el Papa Francisco, para que el Señor le siga dando la fuerza y el amor que nos demuestra en cada momento. OREMOS

3. – Suplicamos al Señor por todos los gobiernos de las naciones; para que no se cansen de esforzarse por la dignidad, la armonía y la paz de todos los que han puesto en ellos su confianza. Y que luchen ardorosamente contra la injusticia y el terrorismo. OREMOS

4. – Por los enfermos que sufren en su cuerpo y en su alma el dolor de tantas heridas abiertas; para que el Señor los proteja y encuentren esas personas amables y responsables que alivien y suavicen su enfermedad. OREMOS

5. – Por las familias, instaladas en la comodidad, el egoísmo y la apatía; para que llegue a ellas esa paz que da el Señor y que nace del diálogo, del esfuerzo, del servicio, del perdón y de la entrega. OREMOS

6. – Por todos los que estamos aquí celebrando esta eucaristía; para que seamos constructores de paz en el sitio donde Dios nos ha puesto, pidiéndole fuerza y valentía para ser portadores de su bondad y su amor. OREMOS

Señor, acepta nuestras súplicas y ayúdanos a hacer que nuestras acciones sean agradables a tus ojos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – 21 de mayo

De “dioses con figura humana” a “apedreados”. Continúa la persecución de los apóstoles. Como antes del encumbramiento. Pero, fijaos bien, la valoración de la misión es positiva. Al volver a Antioquía y “evaluar” con la comunidad lo que habían hecho, se fijan no en los inconvenientes, sino en el logro de la puerta de la fe abierta a los gentiles.

Con frecuencia, nuestras evaluaciones actuales, sofisticadas y bien elaboradas, se fijan más en los inconvenientes, en las dificultades, para ser conscientes, para buscar soluciones… Y, so capa de humildad, no dan mucha importancia a los logros. Que también los hay. Y sí, somos conscientes de las dificultades, pero no parece que sepamos encontrar soluciones satisfactorias en la misión que cada uno tiene encomendada.

¿No nos tendría más cuenta fijarnos en lo conseguido, en los éxitos, por pequeños que nos parezcan, en la bondad y el triunfo de una misión que es del Señor y que, por tanto, él cuida, guía y hace fructificar a su manera?

Confiemos en quien nos da y deja su paz, no como la da el mundo. Confiemos en quien nos invita a la valentía y a la firmeza, estando a nuestro lado para que no tiemble nuestro corazón. Confiemos en quien ama al Padre y se sabe amado por el Padre, en una comunión que orienta y da la victoria a nuestra misión. Digamos no al temor, venga de donde venga; digamos sí a la paz de Jesús.

Padre Bueno y Misericordioso,
que sin méritos nuestros nos envías,
como enviaste a tu Hijo Jesús.
Danos tu Espíritu de Paz,
tu Espíritu de Amor,
tu Espíritu de Fortaleza,
para que seamos
astutos, confiados y fieles
colaboradores de tu misión.

Luis Á. cmf