Vísperas – Jueves V de Pascua

VÍSPERAS

JUEVES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Cambiaste mi luto en danzas. Aleluya.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bonad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cambiaste mi luto en danzas. Aleluya.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Aleluya.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso e hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya..

LECTURA: 1P 3, 18.21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que resucitó de entre los muertos el primero de todos, y supliquémosle, diciendo:

Tú que has resucitado de entre los muertos, escucha, Señor, nuestra oración.

  • Acuérdate, Señor, de tu Iglesia santa, edificada sobre el cimiento de los apóstoles y extendida hasta los confines del mundo:
    — que tus bendiciones abundantes se derramen sobre cuantos creen en ti.
  • Tú, Señor, que eres el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas,
    — levanta y consuela a los enfermos y líbralos de sus sufrimientos.
  • Tú que anunciaste la resurrección a los que yacían en las tinieblas del abismo,
    — libra a los prisioneros y oprimidos, y da pan a los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú, Señor, que en la cruz destruiste nuestra muerte y mereciste para todos el don de la inmortalidad,
    — concede a nuestros hermanos difuntos la vida nueva de tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo, no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 23 de mayo

Tiempo de Pascua

1) Oración inicial

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo; no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 15,9-11

Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.”

3) Reflexión

• La reflexión sobre la parábola de la vid comprende los versículos de 1 a 17. Ayer meditamos los versículos de 1 a 8. Hoy meditamos los versículos de 9 a 11. Pasado mañana, el evangelio del día salta los versículos de 12 a 17 y empieza desde el versículo 18, que habla de otro tema. Por esto, incluimos hoy un breve comentario de los versículos de 12 a 17, pues en estos versículos despunta la flor y es aquí donde la parábola de la vid muestra toda su belleza.

• El evangelio de hoy es de apenas tres versículos, que dan continuidad al evangelio de ayer y arrojan más luz para aplicar la comparación de la vid a la vida de las comunidades. La comunidad es como una vid. Pasa por momentos difíciles. Es el momento de la poda, momento necesario para que produzca más fruto.

• Juan 15,9-11: Permanecer en el amor, fuente de la perfecta alegría. Jesús permanece en el amor del Padre observando los mandamientos que de él recibió. Nosotros permanecemos en el amor de Jesús observando los mandamientos que él nos dejó. Y debemos observarlos del mismo modo que él observó los mandamientos del Padre: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Y en esta unión de amor del Padre y de Jesús está la fuente de la verdadera alegría: “Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado”.

• Juan 15,12-13: Amar a los hermanos como él nos amó. El mandamiento de Jesús es uno solo: «¡amarnos unos a otros como él nos amó!» (Jn 15,12). Jesús supera el Antiguo Testamento. El criterio antiguo era: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 18,19). El nuevo criterio es: «Amaros unos a otros como yo os he amado”. Aquí Jesús dice la frase: «¡No hay amor más grande de aquel que da la vida para sus hermanos!»

• Juan 15,14-15 Amigos y no siervos. «Seréis mis amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”, a saber, la práctica del amor hasta el don total de sí. En seguida, Jesús coloca un ideal altísimo para la vida de los discípulos y de las discípulas. Y les dice: » No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». Jesús no tenía secretos para sus discípulos y sus discípulas. Todo lo que ha oído del Padre nos lo cuenta. Es éste el ideal bonito de la vida en comunidad: llegamos a la total transparencia, al punto de no tener secretos entre nosotros y de podernos confiar totalmente el uno en el otro, de podernos compartir la experiencia que tenemos de Dios y de la vida y, así, enriquecernos mutuamente. Los primeros cristianos conseguirán realizar este ideal durante algunos años. Ellos «eran un solo corazón y una sola alma» (He 4,32; 1,14; 2,42.46).

• Juan 15,16-17: Fue Jesús quien nos eligió. No fuimos nosotros quienes elegimos a Jesús. Fue él quien nos encontró, nos llamó y nos dio la misión de ir y de dar fruto, fruto que permanezca. Nosotros necesitamos de él, pero también él quiere precisar de nosotros y de nuestro trabajo para poder continuar haciendo hoy lo que él hizo para el pueblo de Galilea. La última recomendación: «¡Esto os mando: que os améis unos a otros!»

• El Símbolo de la Vid en la Biblia. El pueblo de la Biblia cultivaba viñas y producía un buen vino. La recogida de la uva era una fiesta, con cantos y danzas. Fue de allí que tuvo origen el canto de la viña, usado por el profeta Isaías. El compara el pueblo de Israel con una viña (Is 5,1-7; 27,2-5; Sal 80,9-19). Antes de él, el profeta Oseas ya había comparado a Israel con una viña exuberante que cuanto más frutos producía, más multiplicaba sus idolatrías (Os 10,1). Este tema fue también utilizado por Jeremías, que comparó Israel a una viña bastarda (Jer 2,21), de la que iban a ser arrancados los ramos (Jer 5,10; 6,9). Jeremías usa estos símbolos porque él mismo tuvo una viña que fue pisada y devastada por los invasores (Jer 12,10). Durante el cautiverio de Babilonia, Ezequiel usó el símbolo de la vid para denunciar la infidelidad del pueblo de Israel. Contó tres parábolas sobre la vid: a) La vid quemada que ya no sirve para nada (Ez 15,1-8); b) La vid falsa plantada y protegida por dos aguas, símbolos de los reyes de Babilonia y de Egipto, enemigos de Israel (Ez 17,1-10). c). La vid destruida por el viento oriental, imagen del cautiverio de Babilonia (Ez 19,10-14). La comparación de la vid fue usada por Jesús en varias parábolas: los trabajadores de la viña (Mt 21,1-16); los dos hijos que deben trabajar en la viña (Mt 21,33-32); los que alquilaron una viña, no pagaron el dueño, espantaron a sus siervos y mataron a su hijo (Mt 21,33-45); la higuera estéril plantada en la viña (Lc 13,6-9); la vid y los sarmientos (Jn 15,1-17).

4) Para la reflexión personal

• Somos amigos y no siervos. ¿Cómo vivo esto en mi relación con las personas?
• Amar como Jesús nos amó. ¿Cómo crece en mí este ideal de amor?

5) Oración final

Cantad a Yahvé, bendecid su nombre!
Anunciad su salvación día a día,
contad su gloria a las naciones,
sus maravillas a todos los pueblos. (Sal 96,2-3)

La señal

¡Bien clara la señal!

Amaos como yo os he amado,
sin trampas, sin posibles equívocos,
como quien empeña su última palabra.
Este es su testamento:
¡Amaos como yo os he amado!

Por Ti, Señor,
ofreceremos nuestras manos abiertas,
sin rencores, llenas de esperanza y cariño,
sabedores de que lo que damos o hacemos,
no sirve en un mundo en el que solo se valora
lo que tiene precio.

Por Ti, Señor,
miraremos al cielo buscando una señal de tu presencia;
y miraremos también hacia el duro asfalto
en el que hacer posible tu Buena Noticia,
la alegría de tu ser resucitado,
tu Palabra como aliento
y vida para nuestra inquieta existencia.

Pero … , ¡bien clara la señal!
Amaos como yo os he amado,
sin trampas, sin posibles equívocos,
como quien empeña su última palabra.
Este es su testamento:
¡Amaos como yo os he amado!

Por Ti, Señor,
amaremos, aun no siendo amados,
y así calmaremos y colmaremos
los corazones que necesitan paz,
las manos que se han cerrado para siempre,
los pies que han olvidado el camino,
los ojos que se han quedado ciegos de tanto esperar.

Por Ti, Señor,
mantendremos, eternamente nuevo,
tu único mandamiento:
amar sin mirar a quién;
amar sin contar las horas;
amar como argumento fundamental de nuestra vida,
buscándote y encontrándote siempre en el hermano.

¡Que la señal está bien clara!
Este es mi testamento:
¡Amaos como yo os he amado!

Comentario del 23 de mayo

Decía Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. «Permanecer en el amor» de alguien es permanecer amando o haciendo permanentemente presente el amor que se tiene a esa persona; es, por tanto, dar continuidad o durabilidad a ese amor. Para eso se requiere voluntad: el empeño constante por mantener vivo ese amor; una vigilancia similar a la que precisa el mantenimiento de una hoguera. Para mantener encendido un fuego es necesario estar suministrando combustible constantemente. Eso mismo requiere también el amor o la permanencia en el amor. Pero Jesús añade algo más: para «permanecer en su amor» es requisito imprescindible «guardar sus mandamientos».

El mandamiento es en su origen expresión de una voluntad, la voluntad del que manda. Todo mandamiento expresa el ‘querer’ de alguien. Si este querer es el de alguien que sabe lo que quiere y que nos quiere bien y, por consiguiente, quiere nuestro bien, no hemos de tener ningún recelo hacia su mandamiento. Al contrario, hemos de recibirlo como una manifestación más de su amor. Su voluntad amorosa se expresa en sus mandamientos. Desear corresponder a esta voluntad ‘guardando’ sus mandamientos, es decir, confiando en ellos como guías seguros para conducirse en la vida y esforzándose por ajustarse a ellos, es también una expresión de amor, o mejor, una respuesta agradecida al amor con el que hemos sido obsequiados. «Guardar» sus mandamientos puede ser algo más que «cumplir» sus mandamientos. La acción de ‘guardar’ connota aprecio por aquello que se guarda. Guardar sus mandamientos es tenerlos custodiados como un tesoro o como un regalo por el que sentimos gran estima o como una reliquia de la persona amada. Este empeño por cumplir y guardar su voluntad –algo que requiere conocimiento de la misma-, este deseo de agradarle en todo, esta disposición a acoger con gratitud cuanto procede de él, nos permitirá permanecer en su amor, no simplemente haberle amado o amarle alguna vez, sino permanecer en su amor, permanecer en-amorados, que es un mutuo permanecer de él en nosotros y de nosotros en él.

¿Para qué toda esta locución? Para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. No hay alegría más rica en nutrientes que la alegría que se vive en el amor y que procede de él. Es la experiencia del amor la que proporciona alegría. No hay nada más triste que la sensación de desamor, la sensación de no sentirse amado. Y nada proporciona más alegría que sentirse amado. Pero cuando al amor no se corresponde con amor, éste se puede agotar. Sólo el amor de Dios es inagotable como su propia infinitud. Pero hasta ese amor puede revelarse finalmente infructuoso si no logra captar nuestra correspondencia amorosa. Jesús nos ha revelado este misterio de amor que brota incesantemente en la cima más alta, porque quiere transmitirnos la alegría que él mismo experimenta al acogerlo, porque quiere que esa alegría que está en él esté también en nosotros y un día no muy lejano llegue a su plenitud; porque durante el tránsito por esta vida nada tiene plenitud, todo está en camino de realización. No obstante, la plenitud aguarda a las cosas más hermosas de nuestra existencia, y hemos de esperarla. Y mientras la esperamos, vivirla en su incompleción o con sus deficiencias. Que el Señor nos conceda vivir y alcanzar esta alegría que es fruto maduro del amor.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

7. En Gedeón, reconocemos la sinceridad de los jóvenes, que no acostumbran a edulcorar la realidad. Cuando se le dijo que el Señor estaba con él, respondió: «Si Yahvé está con nosotros, ¿por qué nos ocurre todo esto?» (Jc 6,13). Pero Dios no se molestó por ese reproche y redobló la apuesta por él: «Ve con esa fuerza que tienes y salvarás a Israel» (Jc 6,14).

La venida del Espíritu Santo

El próximo domingo celebraremos la solemnidad de la Ascensión. Cristo resucitado sube al Padre, en la espera de mandar el Espíritu Santo desde el cielo, como le celebraremos dentro de dos domingos en la solemnidad de Pentecostés. En este sexto domingo de Pascua la liturgia de la Palabra ya nos va introduciendo la venida del Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia en su misión de evangelizar.

1. El Espíritu Santo es quien os lo enseñará todo. En el Evangelio de este domingo escuchamos un fragmento del discurso de despedida de Jesús el Jueves Santo. Antes de comenzar la Pasión, Jesús se despide de sus discípulos. Les recuerda el mandamiento nuevo del amor, que es guardar la palabra de Jesús. Les da la paz, una paz que no es como la que da el mundo, sino que es una paz del alma, una paz que logra que el corazón no tiemble. Pero, sobre todo, en este discurso, Jesús promete a sus discípulos la venida del Espíritu Santo. Es el gran regalo que Dios Padre y Jesucristo hacen a la Iglesia tras la Ascensión de Cristo resucitado a los cielos. El Señor se va, pero no nos deja solos. Todo aquello que Jesús nos ha enseñado nos lo irá recordando el Espíritu Santo. Él es Dios que vive entre nosotros, en nosotros. El Espíritu Santo es quien nos hace capaces de hablar con Dios Padre, es quien no guía, quien nos defiende, quien pone en nuestros labios las palabras que hemos de decir. Todo lo que Jesús tenía que decirnos ya nos lo ha dicho antes de su Ascensión, pero necesitamos que el mismo Dios, que es el Espíritu Santo, nos vaya recordando la palabra de Dios. Nosotros ya tenemos este Espíritu por el Bautismo. Por ello, no nos hemos de olvidar cada día de pedirle a Él que nos guíe, que nos auxilie, que nos vaya recordando la palabra de Dios.

2. El Espíritu Santo guía a la Iglesia. Pero el Espíritu Santo no es algo individual, algo que cada uno tiene para sí mismo, sino que más bien Él guía a la Iglesia como comunidad de discípulos reunida en el nombre del Señor. La Iglesia es Templo del Espíritu Santo, porque en ella reside la fuerza del Espíritu que nos guía y nos empuja a dar testimonio de Cristo en medio del mundo. Como el día de Pentecostés salieron los discípulos a proclamar la Buena Noticia a todos los hombres, así la Iglesia sigue teniendo el impulso del Espíritu Santo para salir a evangelizar. El Papa Francisco nos recuerda en muchas ocasiones que la Iglesia ha de ser una comunidad en salida, dispuesta a arriesgarse para llevar el Evangelio a todas partes. La fuerza que la Iglesia necesita para salir de sí misma y ser verdaderamente misionera nos la da el Espíritu Santo. También Él inspira a la Iglesia cuando ésta tiene que tomar decisiones, cuando se le plantean nuevos retos. Así lo hemos escuchado por ejemplo en la primera lectura, cuando los discípulos que estaban en Antioquía se encontraron con el dilema de si admitir en la comunidad cristiana a los gentiles si no se circuncidaban. La Iglesia se reunió en Jerusalén. Fue el primer concilio de la historia. Algunos discípulos de Antioquía fueron allí y consultaron a los Apóstoles. Reunidos éstos, bajo la inspiración del Espíritu Santo, decidieron abrir las puertas a los nuevos cristianos que procedían de la gentilidad. La decisión no fue sólo humana, sino que estuvieron inspirados por el Espíritu. Es Él quien guía a su Iglesia, quien la hace salir de sí misma, quien la conduce por el camino que Dios quiere. No sólo cada uno particularmente tiene que pedir al Señor que le de la fuerza del Espíritu Santo, sino que también la Iglesia, como comunidad de discípulos, ha de ponerse bajo la acción de Éste. La Iglesia no camino sola por el mundo, sino que, como prometió el mismo Jesús, está asistida en todo momento por el Espíritu Santo.

3. La Jerusalén del cielo. Pero somos conscientes de que la Iglesia, a pesar de tener la asistencia del Espíritu Santo, en ocasiones comete errores, no en cuanto a la doctrina, pero sí en cuanto a las formas y en cuanto a la actitud de algunos miembros de la Iglesia. Y es que, a pesar de contar con la luz del Espíritu Santo, la Iglesia está formada por pecadores, que somos cada uno de nosotros. La Iglesia no puede ser perfecta mientras que yo, que soy pecador, estoy en ella. Pero no hemos de perder la esperanza. La Iglesia de la tierra es una Iglesia santa de pecadores, pero más allá del tiempo aquí en la tierra, la Iglesia espera la vida eterna. En el cielo, como hemos escuchado en la segunda lectura, del libro del Apocalipsis, encontraremos la Nueva Jerusalén, que es símbolo de la Iglesia del cielo. Una ciudad santa, que brilla como una piedra preciosa, con doce puertas que es símbolo de las doce tribus de Israel, pues la Iglesia es el Nuevo Pueblo de Dios, y cimentada sobre los doce Apóstoles. En esta ciudad nueva de Jerusalén ya no hay templo, pues el templo es el mismo Cristo, el Cordero de Dios, que es la luz que la ilumina.

Cercanos ya a la solemnidad de la Ascensión y a la solemnidad de Pentecostés, hoy la palabra de Dios nos ha recordado la promesa del envío del Espíritu Santo. Desde ya, vayamos preparándonos para acoger este don que Dios Padre nos hace desde el cielo a través de Jesucristo. El Espíritu nos guía a cada uno de nosotros y a toda la comunidad de la Iglesia. Que nunca nos falte esta asistencia del Espíritu Santo, y que nunca nos falte la docilidad para dejarnos llevar siempre por Él.

Francisco Javier Colomina Campos

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho

“El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho” Juan 14, 23-29 Evangelio del domingo Jesús le contestó: «El que me ama guardará mi palabra, mi Padre lo amará y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. El que no me ama no guarda mis palabras; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado».
«Os he dicho estas cosas estando con vosotros; pero el defensor, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho».
«La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, os la doy yo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Ya sabéis lo que os he dicho: Me voy, pero volveré a estar con vosotros. Si me amáis, os alegraréis de que me vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda creáis.

Juan 14, 23-29

Para la reflexión

¿Cuántas veces nos habla Jesús de la paz? La paz es muy importante para Jesús: la paz os dejo, mi paz os doy.

Para todos los cristianos la paz no puede ser menos importante que para Jesús. La paz no es sólo no tener problemas, no es solamente no llevarse mal con nadie. La paz es reconocer en los demás a nuestros hermanos. Sólo puede haber paz si verdaderamente sentimos amor hacia las personas, aunque no las conozcamos. A veces parece más fácil el odio que la paz, pero debemos trabajar siempre por generar paz a nuestro alrededor.

Para hacer vida el evangelio

  • ¿Hay alguien con quién no estés en paz? Escribe el nombre de esa persona.
  • ¿Por qué a veces estamos enfadados unos con otros? ¿Qué podemos hacer para que haya paz entre todos?
  • Escribe un compromiso para solucionar los problemas que tienes con esa persona.

Oración

Tú, Señor, tienes para cada uno de nosotros
un proyecto concreto de vida,
un mensaje que transmitir,
una manera de vivir que contagiar,
un modo concreto de actuar, a tu manera,
para que vayamos construyendo tu reino,
para llenar la tierra de tu paz y tu bondad.
Tú, Dios de todos los hombres,
Señor de todas las cosas,
Espíritu que impulsa lo nuevo en cada uno
y lo mejor en cada momento,
cuentas con cada uno de nosotros,
para convertir esta sociedad nuestra
en un espacio de amor y de justicia,
en una gran familia donde reine la alegría,
donde se comparta, se ría y se festeje
la unión de todos, la igualdad
y el buen reparto.
Tú tienes para cada uno grandes planes.
Hoy, aquí me tienes a mí, Señor,
dispuesto a seguirte una vez más,
a darte un sí defi nitivo y valiente.
No permitas que me distraiga de Ti,
Dios mío.

Orar es tenerte de Amigo

No nos dejas solos, Señor,
Tú nos envías tu Espíritu,
nos llenas de tu fuerza,
nos colmas de tu Amor,
impulsas en nosotros la ilusión por vivir,
la fuerza para amar,
el deseo de justicia y la urgencia de un buen reparto social.

Tú, Dios mío,
te apoyas en nuestra debilidad para hacernos poderosos,
cuentas con nuestras flaquezas,
para hacernos discípulos tuyos,
sabes de nuestras incongruencias

y nos sigues enviando a cumplir tu misión.

Tú, Señor,
tienes para cada uno de nosotros un proyecto concreto de vida,

un mensaje que transmitir,
una manera de vivir que contagiar,
un modo concreto de actuar, a tu manera,
para que vayamos construyendo tu reino,
para llenar la tierra de tu paz y tu bondad.

Tú, Dios de todos los hombres,
Señor de todas las cosas,

Espíritu que impulsa lo nuevo en cada uno y lo mejor en cada momento,
cuentas con cada uno de nosotros,
para convertir esta sociedad nuestra en un espacio de amor y de justicia,
en una gran familia donde reine la alegría,
donde se comparta, se ría y se festeje la unión de todos, la igualdad

y el buen reparto.

Tú tienes para cada uno grandes planes.
Hoy, aquí me tienes a mí, Señor,
dispuesto a seguirte una vez más,

a darte un sí definitivo y valiente.
No permitas que me distraiga de Ti, Dios mío.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo VI de Pascua

El Espíritu Santo:

• “… el que me ama, guardará mi palabra… quien no me ama, no guarda mis palabras…” (23-24): es el Espíritu quien hace que la Palabra de Jesús, tras su Muerte y Resurrección, continúe presente por la predicación de los discípulos. Esta Palabra, hay personas que la acogen (23) y las hay que no (24).

• La “palabra” (23-24) de Jesús está llena de autoridad y de contenido porque Él, movido por el Espíritu, dice aquello que ha escuchado del Padre, no habla por su cuenta, no va por libre (Jn 8,28.40; 12,49; 15,15). Por esto su Palabra es fundamental para la fe y la comunión (Jn 8,31-32.37.43.51.52),es la revelación que el creyente tiene que acoger.

• El mismo amor a Jesús -“… quien me ama,… quien no me ama…” (23-24)- es fruto del Espíritu, hay quien se dejar atraer y quien no. Amar no se impone, se quiere o no.

• Según Juan, el papel del Espíritu Santo en la vida de los discípulos es el de“enseñar y recordar” (26) que Jesús viveen ellos y el Padre también (23). Y“enseñar y recordar” el sentido de la palabra predicada (26). Un enseñar en profundidad hasta dar con el sentido mismo de la vida; un recordar, poner en sintonía con lo sembrado por Jesús, con sus criterios y su vida tal como el mensaje los recoge. La obra del Espíritu en el creyente colabora a encontrar el sentido, a llenar de significatividad sus días, a hacer esa mezcla entre mensaje y sociedad. Cuando decimos que la Eucaristía es el memorial de la Pascua, lo decimos en este sentido: en medio de la comunidad concreta que celebra, el Espíritu Santo hace presente a Cristo viviente y actuando por la Palabra y el Sacramento.

• “Viviremos en él” (23): El creyente seconvierte en la casa del Padre (Jn 14,2.17).San Pablo y otros textos del Nuevo Testamento también hablan de ello (1Co 3,16; 6,19; 2Co 6,16; Ef 3,17; Ap 3,20). Esta promesa se realizará con la venida del Espíritu.

• El “recordar” (26) que provoca el Espíritu no es hacer memoria sino tomar conciencia de que aquí y ahora Jesús continúa hablando, y hablando desde la situación que vivimos, no desde otra época y desde otra cultura. Cuando decimos que la Eucaristía es el memorial de la Pascua, lo decimos en este sentido: en medio de la comunidad concreta que celebra, el Espíritu Santo hace presente al Cristo viviente y actuante por la Palabra y el Sacramento.

La paz

• Toda esta obra hace que la despedida de Jesús no sea a la manera como se despide todo el mundo. Su «paz» (saludo de despedida) no es para no volver sino, al contrario, para hacerse del todo presente en lo humano.

• El saludo habitual de los hebreos, “paz”,no es una pura fórmula. Esta paz no es sólo ausencia de conflictos, ni sólo una tranquilidad interior; expresa el deseo y el compromiso de la salud, la prosperidad, el bien de la persona en su integridad.

• Jesús no sólo desea a los discípulos “la paz” (27) sino que se la da como herencia. Es “la paz” que sólo Dios puede dar. Este don de la paz anticipa lo que después vemos que hace el Resucitado como primera acción: dar la paz (Jn 20,19.21.26).

• Jesús no da la paz “como la da el mundo” (27). Los profetas denuncian la paz ilusoria que tapaba y escondía la injusticia. Jesús, en esta misma corriente profética, no trae esta falsa paz: “no he venido a traer la paz…” (Mt 10,34).

* La palabra mundo, sobre todo en los ca-pítulos 13-17 del Evangelio según Juan, se- ñala una oposición compacta y radical con- tra Jesús (Jn 14,17.19.27; 15,18.19; 16,8.20; 17,9.14.16.25). En este sentido, ni Jesús esdel mundo (Jn 8,23) ni los discípulos lo son(Jn 17,14.16). Pero Dios ama el mundo y leenvía su Hijo (Jn 3,16), y también los cre-yentes serán enviados al mundo (Jn 17,18).

• La paz de Jesús hará que en los discípulos, convertidos en portadores del Evangelio en medio del mundo, desaparezca toda turbación: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” (27). Esta “paz” profunda es fruto de la victoria de Cristo sobre la Muerte (28).

Seguir creyendo

• Las palabras de Jesús antes de su Muerte y Resurrección (29), recordadas por la acción del Espíritu Santo (26) eran necesarias porque los discípulos no viviesen la pasión sólo como una tragedia.

• El Espíritu Santo les ayuda a interpretar estas palabras; así “seguirán creyendo” (29).

Comentario al evangelio – 23 de mayo

La alegría que nace de quien camina en verdad, está llamada a plenitud. Como sarmientos vivos, que recordábamos ayer, queremos permanecer en el amor de Dios, mostrado en Cristo Jesús.

Muchos cristianos llevamos una vida de mucha actividad. Además, el ritmo social de estos tiempos es acelerado, pretende abarcar mucho: muchas relaciones sociales, muchas reuniones sociales, muchos compromisos sociales, muchos aprendizajes sociales…

Estar de un lado para otro, de una actividad a otra, puede desorientarnos y nublar la experiencia de permanecer unidos a Cristo, de durar en su amor, de perseverar en nuestra comunión con Él, y, a través de Él, con nuestros hermanos. Por eso, en medio de unas cosas y otras, no podemos perder la perspectiva que nos nutre. Conviene que miremos y cuidemos, con frecuencia, las raíces que nos alimentan y dan vida, para que la savia del Resucitado fluya con todo su vigor hacia nuestras ramas, para que siempre tengan vida en abundancia.

La permanencia en Él -que el texto evangélico de hoy nos dice que es permanencia en su amor- se proyecta sobre la alegría de lo que somos –su alegría está en nosotros y así nuestra alegría llegará a plenitud-, y no de lo que hacemos, aunque no podamos dejar de hacer, y nuestras acciones también nos traigan contento, un tímido reflejo del júbilo final.

Luis A., cmf