Vísperas – Viernes V de Pascua

VÍSPERAS

VIERNES V DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Cristo se hizo pobre por nosotros para enriquecernos. Aleluya.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo se hizo pobre por nosotros para enriquecernos. Aleluya.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Aleluya.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Aleluya.

LECTURA: Hb 5, 8-10

Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamando por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquesedec.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Cristo, camino, verdad y vida, y digámosle:

Hijo de Dios vivo, bendice a tu pueblo

  • Te rogamos, Señor, por los ministros de tu Iglesia: que, al partir para sus hermanos el pan de vida,
    — encuentren también ellos, en el pan que distribuyen, su alimento y fortaleza.
  • Te pedimos por todo el pueblo cristiano: que ande, Señor, como pide la vocación a que ha sido convocado,
    — y se esfuerce en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
  • Te pedimos por lso que rigen los destinos de las naciones: que cumplan su misión con espíritu de justicia y con amor,
    — para que haya paz y concordia entre los pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Señor, que podamos celebrar tu santa resurrección con tus ángeles y tus santos,
    — y que nuestros hermanos difuntos, que encomendamos a tu bondad, se alegren también en tu reino.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Danos, Señor, una plena vivencia del misterio pascual, para que la alegría que experimentamos en estas fiestas sea siempre nuestra fuerza y nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 24 de mayo

Tiempo de Pascua

1) Oración inicial

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo; no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Juan 15,12-17

Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.

3) Reflexión

• El evangelio Juan 15,12-17 ya ha sido meditado hace pocos días (….. o será retomado dentro de algún día). Vamos a retomar algunos puntos de aquel día.

• Juan 15,12-13: Amar a los hermanos como él nos amó. El mandamiento de Jesús es uno solo: «¡amarnos unos a otros como él nos amó!» (Jn 15,12). Jesús supera el Antiguo Testamento. El criterio antiguo era: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lb. 18,19). El nuevo criterio es: «Amaros unos a otros como yo os he amado». Aquí él dice aquella frase que seguimos cantando hasta hoy: «¡No hay prueba de mayor amor que dar la vida para los hermanos!»

• Juan 15,14-15: Amigos y no siervos. «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando», a saber, la práctica del amor hasta el don total de sí! En seguida, Jesús coloca un ideal altísimo para la vida de los discípulos. Dice: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Jesús no tenía más secretos para sus discípulos. Todo lo que oye del Padre nos lo cuenta. Este es el ideal bonito de la vida en comunidad: llegar a una total transparencia, hasta el punto de no tener secretos entre nosotros y poder confiar totalmente el uno en el otro, poder compartir la experiencia que tenemos de Dios y de la vida y, así, enriquecernos mutuamente. Los primeros cristianos podrán realizar este ideal durante unos años. «Eran un solo corazón y una sola alma» (He 4,32; 1,14; 2,42.46).

• Juan 15,16-17: Fue Jesús el que nos escogió. No fuimos nosotros quienes elegimos a Jesús. Fue él quien nos encontró, nos llamó y nos dio la misión de ir y dar fruto, un fruto que permanezca. Nosotros le necesitamos a él, pero también él nos necesita a nosotros para poder seguir haciendo hoy lo que hizo para la gente de Galilea. La última recomendación: «¡Esto os mando: que os améis unos a otros!»

4) Para la reflexión personal

• Amar al prójimo como Jesús nos amó. Este es el ideal de cada cristiano. ¿Cómo lo estoy viviendo?
• Todo lo que oí de mi Padre os lo he contado. Este es el ideal de la comunidad: llegar a una transparencia total. ¿Cómo lo vivo en mi comunidad?

5) Oración final

A punto está mi corazón, oh Dios,
mi corazón está a punto;
voy a cantar, a tañer,
¡gloria mía, despierta!,
¡despertad, arpa y cítara!,
¡a la aurora despertaré! (Sal 57,8-9)

Comentario del 24 de mayo

Decía Jesús a sus discípulos: Este es mi mandamiento –como si no hubiera otro-: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Parece un contrasentido proponer el amor como un mandamiento: mandar amar. Pero ¿no es el amor algo que surge espontáneamente por razón del valor del objeto amado y de la unión(parentesco, amistad, enamoramiento, filiación) que nos mantiene ligados a ese objeto? Puede que sea así; no obstante, hasta ese amor necesita del refuerzo de la voluntad para su salvaguarda, mantenimiento y acrecentamiento, voluntad en la re-valorización del objeto amado y en el reforzamiento de la unión existente con el mismo. Y tratándose de un amor tan exigente con el de Jesús, amor oblativo y hasta el extremo, el papel de la voluntad es inexcusable: uno tiene que querer amar en este modo; uno tiene que proponerse realmente amar como Cristo nos ha amado; y aun así, no le será posible amar en este modo sin la ayuda del que lo manda.

Ya el mandato es una ayuda –no sólo una indicación conductual o un imperativo-; pero al mandato debe unirse la motivación y la fuerza impulsora. ¿Por qué amar en este modo que implica tantas renuncias? Todo amor implica renuncias y posesiones; pero este amor, el más grande, supone la donación de la entera vida. Así nos ha amado Jesús. Hay diferentes tipos de amor, pero en todos ellos se da y se recibe vida; en realidad, sólo se puede dar lo que antes se ha recibido. El amor también es siembra y la siembra es siempre producto de una cosecha. Se siembra de lo que se ha recogido y se recoge de lo que se ha sembrado. Y en el amor nunca se puede perder de vista el bien: el bien que se desea y se procura a la persona amada y el bien que se busca en ella.

La recompensa del amor –hasta del más desinteresado- es un beneficio tanto para el amante como para el amado, puesto que el bien del amado es también bien del amante. El amante que da la vida por el amado experimenta esta donación como un bien para sí mismo, aunque le suponga una gran pérdida en su vida. En realidad, la reciprocidad del amor hace del amado amante y del amante amado. Y el amor más grande es el que se revela en la donación de la propia vida por los amigos, o incluso por los enemigos, a quienes se quiere transformar en amigos en virtud del poder transformante del mismo amor. Esto es lo que nos dice san Pablo que hizo Jesús: entregar su vida también por sus enemigos, incluidos los que le arrebataban la vida: Padre –decía-, perdónalos porque no saben lo que hacen. Nosotros estaremos entre sus amigos si hacemos lo que nos manda, es decir, si sintonizamos con su voluntad o si tenemos en cuenta su querer en diferentes modos manifestado: no un querer arbitrario y egoísta, sino un querer que persigue exclusivamente nuestro bien.

Pero lo que nos hace amigos de Jesús no es en primer término el cumplimiento de sus mandatos o la atención a su voluntad, sino otra cosa que no depende de nosotros sino de aquel que decide incorporarnos a su amistad. Prestemos atención a sus palabras: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Llama «amigos» a los que ha hecho partícipes de su propia intimidad, como nosotros, que consideramos amigos a los que comparten muchas cosas de nuestra vida más íntima o personal. La amistad es concebida, pues, como un grado de participación en la propia vida.

Y eso se produce con la comunicación; en el caso de Jesús, dando a conocer a sus discípulos y amigos su experiencia de relación –lo que ha oído- con su Padre, lo más íntimo que hay en él. Si la amistad con Jesús depende de esta comunicación personal, no podremos ser amigos suyos si no se da tal comunicación y, por tanto, si no nos elige para compartir con él su intimidad. De ahí que diga: No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. La elección como amigos no se queda en la simple incorporación a un círculo de amistad; tiene como objetivo la fructificación y con ella la cosecha de nuevos amigos para él. La relación con él es tan estrecha y necesaria –como la del sarmiento con la vid- que sin ella no es posible la fructificación cristiana. La elección nos capacita y nos destina para dar fruto y para que ese fruto sea duradero. Hay frutos humanos muy duraderos (una teoría científica, una filosofía, una obra maestra de literatura, una catedral, una sinfonía, una obra de arte, etc.); pues bien, Jesús pretende que el fruto de sus elegidos tenga duración no sólo temporal, sino eterna; pues el amor no pasa nunca.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

8. Samuel era un jovencito inseguro, pero el Señor se comunicaba con él. Gracias al consejo de un adulto, abrió su corazón para escuchar el llamado de Dios: «Habla Señor, que tu siervo escucha» (1 S 3,9-10). Por eso fue un gran profeta que intervino en momentos importantes de su patria. El rey Saúl también era un joven cuando el Señor lo llamó a cumplir su misión (cf. 1 S 9,2).

La misa del Domingo: misa con niños

DOMINGO VI DE PASCUA (C)
“La paz os dejo”

(Estamos en pleno “corazón” del tiempo pascual. La mirada y los textos litúrgicos van preparando al creyente a celebrar la próxima fiesta de la Ascensión y a recibir el don del Espíritu Santo.

  • En estos domingos se han dado las “primeras comuniones”. Puede ser una ocasión para acoger de manera festiva en la celebración a estos niños y niñas que ya van participando plenamente de toda la celebración eucarística.
  • Un signo para la celebración: un cartel, o proyección, con el dibujo de una paloma de la paz, o dos manos en gesto de saludo o ayuda. Si no se ha dibujado el cartel, también se puede representar un gesto sencillo en el momento de la homilía: dos niños que se dan la mano en señal de que reciben y dan la paz de Jesús. Jesús no nos deja solos: Él mismo está presente en nuestra vida, y también lo está a través de las personas que nos quieren y acompañan.
  • Canción para la celebración: “Tus manos son palomas de la paz” (J. Santos Matías).“Madre, madre” (Kairoi).

     

1. MOTIVACIÓN

Amigos: Venimos con alegría a celebrar la eucaristía porque nos encontramos con Jesús y con otros amigos y personas adultas que quieren ser testigos de su amor en nuestra sociedad. No estamos solos en este camino. Así nos lo asegura el mismo Jesús. Él nos ofrece una paz distinta a la que promete el mundo. Comenzamos cantando.

2. CANTO. “Palomas de la paz”. Se puede introducir con una motivación.

Tus manos son palomas de la paz, Tus manos son palomas de la paz, Puedes tener la suerte de encontrar En tus manos palomas de la paz.

La paz que estás buscando la regala Dios, Él siembra la semilla en nuestro corazón. Tú puedes conseguir
que el mundo llegue a ser sementera que brota del amor.

Si luchas en tu vida por buscar la paz, uniéndote a los hombres en un mismo afán, al fin podrás cantar,
gritando la verdad:
“son mis manos palomas de la paz”.

3. SALUDO DEL SACERDOTE Y MOTIVA EL PERDÓN

4. PETICIÓN DE PERDÓN

1. Señor, tú siempre nos acompañas pero a veces no sabemos ver tu rostro. Señor, ten piedad

2. Señor, tú nos quieres y proteges, pero nosotros nos olvidamos Cristo, ten piedad.

3. Señor, tú nos das fuerza e ilusión para caminar por la vida, pero nosotros no ayudamos al que está más cercano. Señor, ten piedad.

5. GLORIA (Cantado o recitado)

6. PRIMERA LECTURA (Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17) (Se ha puesto esta lectura que corresponde al ciclo “A”).

Lectura de los Hechos de los Apóstoles:

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

7. SALMO RESPONSORIAL. Intercalando alguna estrofa del salmo responsorial, se puede cantar como estribillo o antífona.

Id, amigos, por el mundo
anunciando el amor,
mensajeros de la vida, de la paz y el perdón.
Sed, amigos, los testigos
de mi resurrección,
id llevando mi presencia,
con vosotros estoy.

8. EVANGELIO (Juan 14, 23-29). “La paz os dejo, mi paz os doy”Lectura del santo evangelio según San Juan:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

Os he hablado ahora que estoy a vuestro lado; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy. No os la doy como la da el mundo. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.

Palabra del Señor.

9. COMENTARIO

  • ¿Qué regalo nos ha dicho Jesús en el evangelio que nos va a dejar? Su paz.
  • ¿Cómo es la paz que ofrece el mundo, las naciones?
  • ¿Cómo es la paz que nos ofrece Jesús? Él mismo es la paz.
  • Todo esto suena ya a “despedida” de Jesús. Próximo domingo, la Ascensión.
  • Representamos un gesto de paz dada desde el corazón (Se puede hacer en este momento o resaltar el momento de la paz).

10. ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Para que sepamos descubrir la presencia de Jesús en las cosas que nos suceden cada día. Roguemos al Señor.
  2. Paraquecadaunodenosotrosseamos“presencia”deJesúsennuestroambientedefamilia, de colegio, de amigos, de personas necesitadas. Roguemos al Señor.
  3. Para que los niños y niñas que han hecho ya la Primera Comunión se sientan acogidos en nuestra comunidad eclesial. Roguemos al Señor.
  4. Para que Jesús ayude a nuestras familias. Roguemos al Señor.

11. ACCIÓN DE GRACIAS. Se canta:“Junto a ti, María”.

Junto a ti María.
como un niño quiero estar, tómame en tus brazos guíame en mi caminar.

Quiero que me eduques,
que me enseñes a rezar,
hazme transparente,
lléname de paz.

Madre, Madre, Madre, Madre.
Madre, Madre, Madre, Madre.

Gracias Madre mía por llevarnos a Jesús,
haznos más humildes tan sencillos como Tú.
Gracias Madre mía por abrir tu corazón,
porque nos congregas y nos das tu amor.

12. PARA LA VIDA

(Despedir el mes de mayo, con un detalle para la Virgen María).

La misa del Domingo

Domingo VI de Pascua
“La Paz os dejo, mi Paz os doy”
26 de mayo de 2019
Abrimos el periódico, encendemos la televisión, sintonizamos la radio, miramos las noticias en el móvil o el ordenador… y saltan a nuestra vista y a nuestros oídos los numerosos conflictos que asolan este mundo en el que vivimos. Pocos son los lugares del planeta de los que se pueda decir que hay “paz”.

Vivimos en una sociedad llena de tensiones, de rivalidades, de enfrentamientos y, lo que es peor, en muchos sitios, de guerra.

Pero esos conflictos no solo están lejos; hay enfrentamientos muy cerca de nosotros: en las familias, entre los vecinos del portal, entre los compañeros de trabajo, entre los compañeros de clase, … Además de las tensiones y enfrentamientos sociales, políticos, étnicos, de los que cada día somos testigos. Conflictos todos que deterioran y que impiden una convivencia sosegada y pacífica.

¿Y cómo resolvemos esos conflictos?

Yo diría que los hombres, a lo largo de toda la historia, solo han tenido, y tienen, dos vías, dos caminos: la vía del diálogo y del entendimiento mutuo o la vía de la violencia y del enfrentamiento destructor. Y lo curioso es que ambas vías solo dependen de las opciones que las personas hacemos individual y colectivamente.

Y visto el grado de tensión, de intolerancia, de agresividad que nos rodea me surge una reflexión: Lo más grave no es que haya conflictos o tensiones, sino que estamos viviendo en una sociedad que considera “normal” el enfrentamiento y que acaba creyendo que los conflictos sólo se pueden resolver por medio de la violencia o la imposición de la fuerza.

Y es justamente aquí donde se sitúan las palabras de Jesús: «la paz os dejo, mi paz os doy». Frente a esta “cultura de la violencia” que tanto se cultiva hoy entre nosotros, necesitamos promover hoy una “cultura de la paz”. Hemos de sustituir la fe en la violencia por la fe en la palabra; sustituir los caminos de la fuerza por los caminos de la razón. Hemos de aprender a resolver nuestros problemas por vías dignas, que nacen del respeto a la persona. Solo así podremos considerarnos ‘humanos’.

Sólo los que se resisten a los medios violentos, agresivos, injustos, destructores y combaten todo atentado contra la persona pueden ser constructores de paz. Una paz que exige, además, crear un clima de diálogo, promoviendo actitudes de respeto y escucha mutuos. Una paz que renuncia a la imposición, que busca el acercamiento de posturas, una paz que rechaza los sentimientos de venganza y revancha, una paz de personas dispuestas al perdón sincero, una paz, en definitiva, que se enraíza siempre en la verdad.

En medio de esta sociedad, los cristianos hemos de escuchar de manera nueva las palabras de Jesús, «la paz os dejo, mi paz os doy», y hemos de preguntarnos qué hemos hecho de esa paz que el mundo no puede dar, pero necesita conocer. Seamos, los seguidores de Jesús, hombres y mujeres pacíficos y pacificadores.

Agustín Fernández, sdb

Tres cosas nos dejó Jesús (Oración)

TRES COSAS NOS DEJÓ JESÚS

Hago un momento de paz y silencio y me dispongo a encontrarme con Dios, que habita dentro de mí. Me imagino que de nuevo estoy ante Jesús. Él siempre está presente, aunque yo no siempre sea consciente de ello. Sé que está aquí, dentro de mí. Sé que me conoce y me quiere. Hago la señal de la cruz, con mi mano derecha señalo los cuatro puntos cardinales en mi cuerpo, que repersentan todo lo que soy, lo que pienso, lo que siento y lo que deseo. A la vez digo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Me coloco en una postura relajada, cierro los ojos, respiro lenta y profundamente varias veces. Le pido a Dios que su espíritu se haga presente y me dé su paz.

El texto es una adaptación del evangelio de Juan (Jn 14, 23-29):

Los amigos de Jesús se estaban acostumbrando a que apareciese de vez en cuando Jesús resucitado. Pero él les intentaba explicar que no iba a ser siempre así. Y les decía: «Yo me voy a ir. Tengo que volver a donde mi Padre». Ellos entonces lo miraban con cara de pena, como si los fuera a abandonar otra vez. Entonces les explicó: «Mirad, os voy a dejar tres cosas: lo primero, mi palabra. Ya la conocéis. Me habéis oído muchas veces, y sabéis lo que he dicho. Si lo cumplís, yo estaré con vosotros. Lo segundo, mi Espíritu. Os irá recordando todo lo que os he dicho. Y lo tercero, mi paz. No es la paz de los días en que no pasa nada. Es una paz que es a la vez alegría. Es la paz de quien ha encontrado su camino. Yo os he enseñado mi camino».

Y así, Jesús les prometió la paz, la palabra y el Espíritu, que seguimos teniendo todavía hoy.

Jesús dice que nos va a dejar como herencia tres cosas. Lo primero su palabra, que ya conocemos y que hemos oído muchas veces. Escuchando su palabra y poniéndola en práctica, él nos asegura que estará con nosotros. Haz un poco de silencio y recuerda algunas palabras de Jesús. Repítelas lentamente.

Lo segundo, su espíritu. Jesús habla dentro de mí para recordarme todas esas palabras. Pienso en las veces que he escuchado esa voz de Jesús.

Y lo tercero, su paz. Una paz que es a la vez alegría, que es la paz de quien se siente acompañado y sigue su camino. Porque contigo no estamos solos.

Quizás no pueda verte, no pueda tocarte
pero te siento tan cerca de mí.
con solo nombrarte
siento estremecer todo mi ser, con tu presencia.

¿Cómo negar que tú vives en mi corazón?

Contigo, no siento soledad
pues tú vives en mí
y nunca me dejaras. contigo, no hay temor ni soledad
y tu presencia en mí
por siempre vivirá.

Antes de tu partida, me prometiste que estarías
junto a mí cada día hasta el final.
Llevo tu promesa guardada aquí en mi alma y es el aliento que me da vida.

¿Cómo negar que tú vives en mi corazón?

Contigo, no siento soledad…

Eres mi dulce alimento, mi sangre, mi fe
mi esperanza, mi mejor canción.
Contigo todo es mejor, Señor.

Contigo, no siento soledad…

                        Contigo interpretado por Celines Díaz, «Canto para ti.»

Instrumento de tu paz

Señor, hazme instrumento de tu paz,
donde haya odio ponga amor,
donde haya ofensa, perdón,
donde haya error, ponga yo verdad.

Donde haya tiniebla ponga luz,
donde haya duda ponga fe,
donde haya tristeza, alegría,
Oh, mi Señor, ponga yo tu amor.

Porque dando yo recibiré,
olvidándome te encontraré,
comprendiendo al hombre, te seguiré.
Oh, mi Señor, enséñame a querer.

(oración atribuida a san Francisco de Asís)

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 24 de mayo

No he comentado nada sobre el discernimiento que van haciendo los apóstoles, según hemos leído los dos últimos días en el libro de los Hechos. En la lectura de hoy (Hch 15, 22-31), podemos decir que está el desenlace, la conclusión del discernimiento, que ya ayer se veía. Y el mensaje que se transmite a los paganos convertidos es el de “no imponer más cargas que las indispensables”.

Tuvieron que ser momentos difíciles, los de aquella comunidad, para ir desentrañando el condensado mensaje de Jesús, sobre todo entre quienes habían sido fieles a la ley de Moisés y tenían que entender y asumir la plenitud que Jesús quería dar a esa ley. Pablo fue afortunado con el impacto que recibió camino de Damasco, pero no todos tuvieron esa gracia. La mirada benévola sobre la responsabilidad y el discernimiento de esta primera comunidad, creo que nos puede ayudar a ser pacientes para construir Iglesia en nuestros días. Al mismo tiempo, nos puede animar a ser exigentes, recordando a quien no lo recuerde, que los apóstoles no “liaron pesados fardos” a quienes abrazaban la nueva fe y contribuían a la extensión del mensaje de Jesús, confiando en la salvación que llega por la gracia.

Quizá este discernimiento de los apóstoles estuvo alentado por el mandamiento del amor de Jesús. Jesús, que considera amigos a quienes conocen al Padre por Él. Jesús, que ha dado la vida por los amigos fuertes de Dios y por todos los hombres. No hay, ni habrá, amor más grande.

Luis A., cmf