Vísperas – Martes VI de Pascua

VÍSPERAS

MARTES VI DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros;
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Deténte con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Còmo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetualmente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, no los de la tierra. Aleluya.

SALMO 48

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor me salva de las garras del abismo. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria y el esplendor. Aleluya.

LECTURA: 2P 2, 4-5

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Lo que os digo es la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Lo que os digo es la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Crito que con su resurrección ha renimado la esperanza de su pueblo y digámosle:

Señor Jesús, tú que siempre vives para interceder por nosotros, escúchanos.

  • Señor Jesús, de cuyo costado traspasado salió sangre y agua,
    — haz de la Iglesia tu Esposa inmaculada.
  • Pastor supremo de la Iglesia, que después de tu resurrección encomendaste a Pedro, que te profesó su amor, el cuidado de tus ovejas,
    — concede a nuestro papa Francisco un amor ardiente y un celo apostólico.
  • Tú que concediste a los discípulos que pescaban en el mar, una pesca abundante,
    — envía operarios que continúen su trabajo apostólico.
  • Tú que preparaste a la orilla del mar pan y pescado para los discípulos,
    — no permitas que nuestros hermanos mueran de hambre por culpa nuestra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Señor Jesús, nuevo Adán que nos das la vida, transforma a nuestros difuntos a imagen tuya,
    — para que compartan contigo la alegría de tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 28 de mayo

Tiempo de Pascua

1) Oración inicial 

Te pedimos, Señor de misericordia, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. 

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Juan 16,5-11
Ahora me voy a aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿A dónde vas?’ Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. 

3) Reflexión

• Juan 16,5-7: Tristeza de los discípulos. Jesús, a partir de la comunicación artificiosa de su separación, provoca que la tristeza que los discípulos guardaban en el corazón aflore en ellos: “Ahora voy a aquel que me ha enviado y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?”. Es evidente que separarse del estilo de vida aprendido junto a Jesús comporta para los discípulos un sufrimiento. Jesús insiste: “Es más, porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza” (v.6). San Agustín explica así este sentimiento de abandono que invadía a los discípulos: “Les daba miedo el pensamiento de perder la presencia visible de Jesús… Su afecto humano se entristecía al pensar que sus ojos no experimentarían más el consuelo de verlo” (Comentario al evangelio de Juan, XCIV, 4). Jesús intenta disipar esta tristeza, causada por la disminución de su presencia, al revelar la finalidad de su marcha. Es decir, que si él no parte, el Paráclito no vendrá a ellos; pero si él muere para retornar al Padre, lo podrá enviar a los discípulos. La partida y la separación son condición previa para la venida del Paráclito: “pues si no me voy, no vendrá a vosotros el Consolador…” (v.7).
• Juan 16,8-11: Misión del Paráclito. Jesús continúa describiendo la misión del Paráclito. El término “Paráclito” significa “abogado”, es decir, apoyo, asistente. Aquí el Paráclito viene indicado como el acusador en un proceso que se realiza ante Dios, en el cual el imputado es el mundo, culpable de condenar a Jesús: “demostrará la culpa del mundo referente al pecado, a la justicia y al juicio” (v.8). El texto de la CEI (1967) traduce: “él convencerá al mundo”; el verbo griego elègkein significa que investigará, interrogará, pondrá a prueba: sacará a la luz la realidad, ofrecerá la prueba de la culpabilidad.
El objeto de la demostración es el pecado: él ofrecerá al mundo la prueba del pecado que ha cometido en lo que se refiere a Jesús y se lo manifestará. ¿De qué pecado se trata? El de la incredulidad (Jn 5,44ss; 6,36; 8,21.24.26; 10,31ss). Además, el haber pensado el mundo que Jesús es un pecador (Jn 9,24; 18,30) resulta ser una culpa inexcusable (Jn 15,21ss).
En segundo lugar, “demostrará” la culpabilidad del mundo ”respecto a la justicia”. En el plano jurídico, la noción de justicia que más concuerda con el texto es la que conlleva una declaración de culpabilidad o de inocencia en un juicio. En nuestro contexto, es la única vez que en el evangelio de Juan aparece el término “justicia”, en otros lugares aparece el de “justo”. En Jn 16,8 la justicia está unida a cuanto Jesús ha afirmado de sí mismo, es decir, a la finalidad por la que va al Padre. Con esta exposición explica su glorificación: Jesús va al Padre, está a punto de eclipsarse, y por tanto, los discípulos no podrán verlo más; está a punto de entregarse y de sumergirse totalmente en la voluntad del Padre. La glorificación de Jesús confirma su filiación divina y la aprobación por parte del Padre de la misión llevada a cabo por Jesús. Por tanto, el Espíritu demostrará directamente la justicia de Cristo (Jn 14,26; 15,26) al proteger a los discípulos y a la comunidad eclesial.
El mundo, que pensaba haber juzgado a Jesús condenándolo, ahora es condenado por “el príncipe de este mundo”, porque es el responsable de su crucifixión (13,2.27). Jesús, muriendo en la cruz, ha sido levantado (12,31) y ha vencido a Satanás. Ahora el Espíritu testificará a todos el sentido de la muerte de Jesús, que coincide con la caída de Satanás (Jn 12,32; 14,30; 16,33) 

4) Para la reflexión personal

• ¿Tenemos el mismo miedo y preocupación de perder a Jesús que tenían los discípulos?
• ¿Te dejas conducir por el Espíritu Paráclito que te lleva a identificar con verdad el error del mundo, te ayuda a adherirte a Jesús y te conduce a conocer la verdad sobre tí mismo? 

5) Oración final

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
por haber escuchado las palabras de mi boca.
En presencia de los ángeles tañeré en tu honor,
me postraré en dirección a tu santo Templo. (Sal 138,1-2)

Solo así merece la pena vivir

¡Cuántas veces pensé, Jesús, que yo lo podía todo,
el prepotente, el autosuficiente.
y me di de bruces con la piedra del camino!
O, simplemente, desfallecí ante las
primeras dificultades de la jornada.
Y ahora me doy cuenta de que sin ti
«no puedo hacer nada»

Es verdad: sin tu Espíritu es como dar palos al aire,
pisar en el vacío y exponerme a la esterilidad.
Para evitar este riesgo a tus apóstoles
les dices bien claro antes de partir:
«Quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos
de la fuerza que viene de arriba».

En efecto, dentro de unos días recibirían el Espíritu Santo
para fortalecerles en su gran misión evangelizadora.

¡Así, sí! Con la fuerza del Espíritu todo será posible.
No habrá fuerza ni poder humanos que les puedan detener.

Después de tu ascensión al cielo
los apóstoles «volvieron muy alegres» a Jerusalén.
¡Cómo no! Como niños con zapatos nuevos se fueron al templo
y allí todo era alegría, alabanza y júbilo imparable.
Ya presentían de alguna manera
la emoción del Espíritu que tú les ibas a enviar.

Qué bueno, Jesús, que ese mismo Espíritu pueda apoderarse de mí
y convertirme en fuego permanente para arder y calentar por donde pase!
Eso quiero ser, Jesús: llama, fuego, brasa, pura candela
en los desiertos de la vida y del solitario caminar de tantos hombres y mujeres
que se debaten entre el frío de las noches y las heladas de tantos amaneceres sin amor…

Ya no quiero ser el fanático caminante que quiere bastarse a sí mismo.
Siento muy dentro de mí una invitación a dejar llenarme de ti
para poder ofrecer algo valioso a mis compañeros de camino.
Sólo así estará justificada mi existencia. ¡Sólo así merece la pena vivir!

Comentario del 28 de mayo

Jesús ha hablado a sus discípulos de su vuelta al Padre: Me voy al que me envió, y esto, como era de esperar, les ha entristecido. Las despedidas no deseadas siempre nos llenan de tristeza, aunque las soportemos por el bien de la persona que se aleja de nuestro lado. Ante esta sensación de tristeza, Jesús insiste en la conveniencia de esta vuelta no sólo para él, sino también para los que queden en este mundo privados de su presencia sensible: Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

La ausencia ‘física’ de Jesús se llenará en seguida de una nueva presencia que no dejará que se sientan huérfanos: la presencia del Paráclito, el Espíritu consolador, que hará sentir con más fuerza la presencia del mismo Jesús en espíritu. Pero para que venga a nosotros el Paráclito, él tiene que marcharse; sólo así podrá enviarlo «desde el Padre», puesto que es su enviado. Tras la muerte de Jesús, lo que los discípulos necesitan no es otra vez al mismo Jesús disponible en el mismo modo que lo había estado durante su existencia terrena, sino al Espíritu que nos lo hace presente de otra manera, más espiritual, pero también más íntima y dominante.

Y cuando venga –agrega el Maestro-, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado. La presencia del Espíritu pondrá, pues, al descubierto, denunciando, el pecado de ese mundo que no ha creído en el testimonio de Jesús, la incredulidad de cuantos no han dado fe a sus palabras ni se han dejado convencer por sus obras.

También se pondrá de manifiesto la justicia del que, en cuanto Hijo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, se ha hecho merecedor de su vuelta al Padre, su lugar de origen y su Patria. Con este retorno del Hijo al Padre se le hace justicia. El estado natural del Hijo es estar junto al Padre o en el Padre. Al recuperar este estado original, se le hace justicia.

Finalmente, la presencia del Espíritu traerá consigo la condena del que, en cuanto Príncipe de este mundo(=diablo), ya está condenado y de todos sus secuaces. Poner al descubierto estas realidades –pecado, justicia y condena- es sacar a la luz lo que esconden las tinieblas. Esta labor de discernimiento y juicio la llevará cabo el enviado por Jesús para dar testimonio de él, el Espíritu de la verdad. Pidamos al Señor que nos haga conscientes de estas cosas de las que el Espíritu Santo quiere convencer al mundo, de la existencia del pecado que es esencialmente incredulidad, de la justicia cumplida en aquellos que se hacen dignos de volver al Padre, su lugar de origen y su Patria definitiva, y de la condena que aguarda a quienes por razón de su soberbia se apartan de Dios, siguiendo los pasos del Príncipe de este mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

En el Nuevo Testamento

12. Cuenta una parábola de Jesús (cf. Lc 15,11-32) que el hijo “más joven” quiso irse de la casa paterna hacia un país lejano (cf. vv. 12-13). Pero sus sueños de autonomía se convirtieron en libertinaje y desenfreno (cf. v. 13) y probó lo duro de la soledad y de la pobreza (cf. vv. 14-16). Sin embargo, supo recapacitar para empezar de nuevo (cf. vv. 17-19) y decidió levantarse (cf. v. 20). Es propio del corazón joven disponerse al cambio, ser capaz de volver a levantarse y dejarse enseñar por la vida. ¿Cómo no acompañar al hijo en ese nuevo intento? Pero el hermano mayor ya tenía el corazón avejentado y se dejó poseer por la avidez, el egoísmo y la envidia (cf. vv. 28-30). Jesús elogia al joven pecador que retoma el buen camino más que al que se cree fiel pero no vive el espíritu del amor y de la misericordia.

Recursos – Ascensión del Señor

PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA, UN GRUPO DE JÓVENES Y UN ANCIANO

(Esta primera ofrenda consiste en reconocer la presencia de Jesús, tras su Ascensión a los cielos, en su palabra, en la comunidad y en la caridad. Alguien distinto hace una presentación general y, después, de uno en uno, presentan las tres ofrendas)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, en nombre de esta comunidad reunida para celebrar la fiesta de la Ascensión de tu Hijo a los cielos, quiero ofrecerte nuestra disponibilidad y sensibilidad para reconocerle presente en sus múltiples y muy diversos signos de su presencia. Que no se nos cierren, Señor, ni los ojos de la fe ni de nuestros corazones, para seguirle captando entre nosotros y nosotras y ser animados y animadas con su gracia.

1. La Biblia

Señor, yo te traigo hoy esta Biblia, que es tu misma Palabra, y lo hago en expresión de nuestro compromiso y de nuestra ofrenda a hacer de ella el eje de nuestras vidas y de nosotros y nosotras, sus oyentes permanentes. Así, permaneceremos unidos a Ti a través de la escucha de tu Hijo.

2. Un grupo de jóvenes

Mira, Señor, nosotros y nosotras, ya lo ves, somos un grupo de jóvenes de esta comunidad. Venimos en nombre de todos y de todas, para hacer ostensible nuestra disponibilidad a aceptar la presencia de tu Hijo en ella. Queremos comprometernos a tomar las decisiones de la comunidad como si fueran de tu propio Hijo.

3. Un/a anciano/a

Aquí me tienes, Señor, como símbolo de la caridad que reina en nuestra comunidad y de su compromiso a atender y a servir a los y a las más necesitados y necesitadas. Tú bien sabes lo poco que podemos y valemos los ancianos y las ancianas en esta cultura nuestra. Por eso, haznos, Señor, sensibles a las necesidades de los otros y de las otras.

PRESENTACIÓN DE UN GLOBO TERRÁQUEO

(Esta ofrenda la puede hacer uno/a de los/las catequistas de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, con este globo terráqueo quiero, en nombre de toda la comunidad, manifestar nuestro compromiso misionero y evangelizador. Además, sabemos que Tú nos darás la fortaleza que precisamos para realizarlo, y para hacerlo con intrepidez y entusiasmo.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO O UN MÉTODO DE CATEQUESIS

(Hoy queremos simbolizar el envío de los discípulos a la misión en este gesto de ofrecer un método o libro que sirve para la catequesis de la comunidad. Obviamente, lo debe presentar un o una catequista)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy, en respuesta al envío que haces de tus discípulos y discípulas a la misión, este texto de nuestra catequesis de la comunidad. Es el método que seguimos para incorporar a los/las más pequeños/as (a los/las jóvenes o a los/las adultos/as) a la experiencia del encuentro con tu Hijo Jesucristo. Sin embargo, con él queremos expresar el compromiso evangelizador de la comunidad y el de cada uno/una de los/las catequistas que, como yo, nos esforzamos no sólo por transmitir unos conocimientos sobre Jesús, sino también nuestra vivencia de la fe.

PRESENTACIÓN DE UN VASO CON ACEITE

(Con este vaso de aceite y presentado por un miembro del grupo de Cáritas parroquial o una persona que se ocupe de atender las necesidades de los otros, lo que queremos expresar es la responsabilidad de transformar el mundo a través del amor)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo hoy este vaso con aceite. Es símbolo de nuestro compromiso por curar las heridas de este mundo, víctima y distorsionado por el egoísmo de las personas. Queremos, Señor, que allí donde hay una necesidad, estemos tus discípulos y discípulas, para luchar por hacer de este mundo y de esta humanidad un reflejo de la gloria que has concedido, hoy, a tu Hijo amado.

PRESENTACIÓN DE UN INSTRUMENTO DE ALBAÑILERIA

(No sólo hay que luchar por cambiar las situaciones personales, porque, si sólo se hiciera eso, se podría incurrir en un grave pecado de conformismo, de ahí que, al presentar ese instrumento de albañilería, por alguien de la comunidad comprometido/a en la lucha social o sindical, lo que queremos expresar es el necesario compromiso por transformar las estructuras e instituciones de este mundo y de esta sociedad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este instrumento de albañilería, símbolo de nuestro compromiso por la transformación de las estructuras de este mundo. Ellas son víctimas de nuestros pecados y del egoísmo que invade los corazones de los hombres y de las mujeres. Si no las atacamos, todo seguirá igual, y los/las grandes y poderosos/as de esta tierra seguirán beneficiándose a costa de los/las más pequeños/as. Con él, queremos expresarte no sólo nuestro deseo de comprometernos individualmente, sino también el de la comunidad y la Iglesia. No es fácil la tarea. Por eso, danos tu fortaleza.

Oración de los fieles – Ascensión del Señor

Jesús después de vencer a la muerte va a reunirse con el Padre, a prepararnos un sitio junto a la Santísima Trinidad. Hoy ponemos en sus manos estas plegarias para que las presente al Padre en nuestro nombre. Repetimos: PADRE ATIENDE ESTAS SÚPLICAS

1. – Padre, cuida al Papa a los obispos y a todos los que en tu nombre predican el Evangelio como tu nos dijiste, para que su mensaje sea acogido en todos los corazones. Y que los frutos del Viaje del Papa a Brasil se vean pronto en el devenir jubiloso de nuestra Iglesia. OREMOS

2. – Padre, te presentamos a aquellos que andan lejos de ti y aquellos que aún no te conocen, hazte presente en ellos a través de nosotros que hemos experimentado la resurrección de tu Hijo. OREMOS

3. – Padre, mira a todos aquellos que sufren por causa de enfrentamientos y luchas, haz presente tu paz ante ellos y que al reconocerte como Padre vean a los demás como hermanos. OREMOS

4. – Padre, sabemos que tu Hijo se ha quedado presente en los enfermos y en los débiles, vuelve nuestro corazón hacia ellos y haz que viendo el rostro de Cristo nuestra actitud sea más amorosa. OREMOS

5. – Padre, aviva el corazón de los dirigentes de este mundo, para que busquen el servicio a su pueblo y estos crezcan en Paz y prosperidad. OREMOS

6. – Padre, ilumina a aquellos que se dedican a la comunicación, para que sea la Verdad lo que inspiren sus palabras. OREMOS

7.- Padre, acepta la oración confiada que este pueblo tuyo, reunido aquí en la Asamblea Eucarística dominical te presenta. Y que ella traiga frutos de paz y amor a este comunidad de hermanos. OREMOS

Padre, sabemos que atenderás estas plegarias que te presentamos a través de tu Hijo. Nuestro corazón tiene otras inquietudes que también te presentamos por Jesucristo nuestro Señor

Amen.


Cristo está a la derecha de Dios para interceder por nosotros y por eso le dirigimos estas oraciones a nuestro Padre Dios y respondemos –de acuerdo con la promesa hecha por el mismo Jesús– lo siguiente:

TE LO PEDIMOS POR NUESTRO SEÑOR JESÚS, TU HIJO, QUE REINA EN EL CIELO.

1.- Por la Iglesia universal y por Francisco, para que su magisterio expresado en su reciente viaje a Brasil y todas sus enseñanzas en todo tiempo nos muestren el camino hacia las moradas del Cielo. OREMOS

2.- Por la unidad de los cristianos, por la aproximación de la Iglesia latina y las orientales, en las que apenas hay diferencias dogmáticas y de culto. Y que reconozcamos todos que el único Pastor es el Señor Jesús, que está a la derecha del Padre. OREMOS.

3.- Por los gobernantes y políticos, por quienes tienen poder de decisión respecto los caminos del mundo y de los hombres, para que sus juicios sean en bien de los hermanos e inspirados desde el cielo. OREMOS

4.- Por la paz en el mundo y para que se termine la guerra en Iraq, en Palestina, en Afganistán y el terrorismo desaparezca OREMOS

5.- Por todos aquellos, laicos o religiosos, cristianos o no, pero que trabajan por la construcción de la paz, para que siguen firme en su condición pacífica y comprendan que es el Espíritu quien les infunde la idea de la paz y de la renovación del mundo. OREMOS

6.- Por los niños que tomaran su primera comunión, por, también, los fieles que en este mes de mayo dedican especial devoción a Santa María, Madre Dios, para que esos signos les hagan felices. OREMOS

7.- Por los pobres, los marginados, los tristes, los abandonados, los enfermos y los encerrados en su soberbia, para que el Espíritu, que está ya muy próximo, les ayude y influya al resto de los hermanos una apoyo amoroso y solidario a todos los sufren. OREMOS

8.- Por todos los miembros de esta parroquia (O comunidad) para que podamos celebrar durante muchos años la alegría de la Ascensión y permanezcamos con la lámparas dispuestas a la esperan del Espíritu que viene. OREMOS.

Dios Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, escucha nuestras peticiones que ponemos en tus manos, para que tú nos des lo que más nos conviene.

Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen

Comentario al evangelio – 28 de mayo

El libro de los Hechos de los Apóstoles narra cómo sufrieron los apóstoles y sus colaboradores para difundir la Palabra de Dios por el mundo. La lectura de hoy nos explica que después de golpear con varas a Pablo y Silas, los encerraron sin juicio alguno en la cárcel como si fueran los peores criminales. Lo sorprendente es que ellos no se desesperan y hasta cantan himnos en la oscuridad de la prisión.

¿Ha valido la pena tanto sacrificio? Por supuesto. Esa humillación, esos sufrimientos han preparado el terreno para que la semilla de la Palabra de Dios fructifique en la conversión del carcelero y su familia. Ellos y Lidia, la primera cristiana de Europa, formarán la comunidad cristiana de Filipos, dentro del territorio de la Grecia actual.

En el evangelio escuchamos la conversación que tuvo Jesús con sus discípulos. Veía que se entristecían cada vez que les hablaba de su partida. Y que tenía que regresar junto al Padre. También hoy nosotros nos sentimos abrumados cuando miramos tantas situaciones difíciles que tenemos que enfrentar y nos sentimos solos, como si el Señor nos hubiera dejado de su mano. No, no estamos solos. Jesús nos ha prometido la fuerza de lo alto, es decir al Espíritu Santo, que mora en el corazón de cada uno de nosotros. ¡Y sus promesas se cumplen!

¿Ha cambiado algo en la tierra con la entrada de Jesús en la gloria del Padre? Exteriormente, nada. La vida sigue igual: tiempo de sembrar y de cosechar, de comerciar, de construir casas, de viajar, de llorar y reír, todo como antes. Ni siquiera los Apóstoles han salido favorecidos a la hora de experimentar, como todas las demás personas, dramas y angustias. Sin embargo, algo increíblemente nuevo ha sucedido: todo parece lo mismo, pero es distinto el modo de verlo y de vivirlo. Porque el que tiene fe de verdad ve el mundo con ojos nuevos. Todo está impregnado de sentido, nada entristece, nada asusta. Nuestra fuerza no está en nosotros, sino en el Espíritu Santo que mora en nuestro corazón. La luz de la fe nos ayuda a descubrir más allá de las desgracias, la miseria y los errores humanos,  la mano del Señor que construye su reino.

El testimonio de los 51 Beatos Mártires Claretianos de Barbastro, en España, es una demostración de cómo la fuerza interior de la fe en Jesús resucitado es capaz de transformar un grupo de más de 40 jóvenes en Mártires. Es cierto que el martirio no se improvisa, y ellos se venían preparando desde hacía meses. Las semanas de cárcel las enfrentaron juntos apoyándose unos a otros. Pudieron incluso comulgar tomando la eucaristía escondida en el pan del desayuno. La película “Un Dios prohibido” narra con mucha fidelidad histórica los momentos de heroísmo de este grupo de seminaristas claretianos españoles fusilados en 1936.

Carlos Latorre, cmf