Visitación de la Virgen María

Hoy es 31 de mayo, fiesta de la Visitación de la Virgen María.

Como todos los días, Señor aquí quiero arrancarle un momento a mi jornada para pasarlo en tu compañía. A menudo pienso que el estar así contigo es todo lo que busco en la vida y que el resto sólo es dar rodeos y más rodeos. Gracias por estar ahí, por sentir  de cerca y por dejarme estar en tu presencia. Así, con lo puesto. Hoy, en esta fiesta de María, comienzo mi oración evocando el saludo del ángel que pone en marcha la historia de la salvación.

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p style=»text-align:justify;»>Ave Maria
Gratia plena 
Maria,
gratia plena 

Ave,
ave dominus
Dominus tecum
Benedicta tu in mulieribus
Et benedictus fructus
Ventris tuae, Jesus.
Sancta Maria
Mater Dei
Ora pro nobis peccatoribus
Nunc et in hora mortis 
nostrae
Amen

Ave Maria de Stravinsky, «Best Sacred 100»

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 39-56):

María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

María dijo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre”.

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Sin acabar de asimilar la gran noticia del ángel de haber sido elegida por Dios, ya estás en salida para visitar a tu prima Isabel. A prisa, porque las cosas de Dios no hay que dejarlas esperar. Quiero aprender de ti, María, esa rapidez y disponibilidad. Ese olvido de mí, esa sensibilidad para acudir a lo que mi prójimo necesite.

Dichosa tú que has creído. Si te quedaba todavía alguna duda o angustia por la noticia recibida del ángel, Isabel la deshizo con este piropo, dichosa tú María, feliz tú porque has creído. La fe quiere ser siempre en nuestras vidas una dicha y no una carga. Una buena noticia y no una angustia llena de incertidumbre. Dichosos nosotros, María, como tú, porque también creemos y confiamos en Dios.

Tu felicidad, María, es por las promesas que Dios te ha hecho. ¿Y la mía? Me alegró como tú por ese Dios que no deja a ningún ser humano en la miseria. Sino que derrama sobre todos los que sufren, los hambrientos, los humildes, su misericordia. Cómo me gustaría compartir tu alegría por un Dios así, María.

Déjate ahora asombrar por eso mismo que constituye el asombro de María en el Magníficat. Como todo un Dios puede poner sus ojos en alguien como yo. ¿Cómo puede fijarse en mí?

Cómo quisiera

Cómo quisiera parecerme a ti, María,
dejando a Dios hacer sus cosas,
no siendo impedimento ni estorbo.
Cómo quisiera ser cauce y no dique,
puerta que se abre y llave que se da. 

Cómo quisiera entender como tú
que el amor que se nos da no quiere espera,
que las cosas de Dios no conllevan lentitud,
sino que piden nuestra prisa, nuestras ganas,
nuestro darnos sin descanso y sin disculpa.

Cómo quisiera vivir mi fe con tu dicha,
alegrando el camino de quien me encuentre,
aliviando el peso de quien cargado vaya,
contagiando esperanza a quien ya no la tenga
inundando de Dios nuestro yermo corazón.

 (Seve Lázaro sj)

Gracias Señor, por habernos dado a María, como Madre y camino para llegar hasta ti. Por encontrarla tan cercana, tan amiga, tan como yo en sus palabras, en sus sentimientos, en sus acciones pequeñas.

Dios te salve Daría
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Liturgia 31 de mayo

VIERNES. VISITACIÓN DE LA B. VIRGEN MARÍA, fiesta

Misa de la fiesta (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio II de B. Virgen María. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Rom 12, 9- 16b. Compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
  • Salmo: Is 12, 2-6. Es grande en medio de ti el Santo de Israel.
  • Lc 1, 39-56. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Antífona de entrada          Cf. Sal 65, 16
Los que teméis a Dios, venid a escuchar; os contaré lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.

Monición de entrada
Celebramos hoy, al terminar el mes de mayo, a santa María, la Madre de Dios, que visita a su prima Isabel llevando en su seno a Cristo, el Señor, y que con su alegría de madre atraviesa Palestina entera para compartir su alegría con su prima, que a pesar de su vejez, espera también un hijo.

Pongámonos, pues, en presencia de Dios al comenzar la Eucaristía y, por la intercesión de Santa María, la Virgen, refugio de pecadores, pidámosle perdón por nuestros pecados, especialmente por las veces que no nos hemos puesto por entero a disposición de nuestros hermanos.

Yo confieso…

Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que inspiraste a la Virgen María,
cuando llevaba en su seno a tu Hijo, visitar a Isabel,
concédenos que, dóciles al soplo del Espíritu,
podamos siempre cantar con ella tus maravillas.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Invoquemos ahora, hermanos, a Dios Padre, que hizo obras grandes en María, la Madre de Jesús, y pidámosle que por su poderosa intercesión escuche las oraciones que en nombre de toda la humanidad queremos presentarle.

1.- Para que la Iglesia lleve con alegría a Cristo, el Salvador, a todo el mundo, y muchos se conviertan a Él. roguemos al Señor.

2.- Para que surjan vocaciones sacerdotales que con su vida den testimonio de que Jesús está en medio de su pueblo y que nos ama. Roguemos al Señor.

3.- Para que el espíritu de servicio, el amor desinteresado, la solidaridad y la fraternidad sean una realidad en nuestra sociedad. Roguemos al Señor.

4.- Para que las madres que esperan un hijo se preparen a recibirlo con amor y como una bendición de Dios. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros seamos morada del Espíritu y Él guíe nuestros pasos por el camino del amor sincero, la pureza de costumbres y la fidelidad a Jesucristo. Roguemos al Señor.

Recibe, Padre, por manos de María, nuestras oraciones; modela nuestras vidas con la fuerza de tu amor y haz que seamos testigos tuyos ante el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, que sea agradable a tu majestad
este sacrificio nuestro de salvación,
como aceptaste complacido el amor
de la Madre santísima de tu Unigénito.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio II-IV de la Bienaventurada Virgen María

Antífona de comunión          Lc 1, 48-49
Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo [T. P. Aleluya].

Oración después de la comunión
OH Dios,
que tu Iglesia proclame las maravillas que hiciste a tus fieles,
y gozosamente descubra siempre vivo en este sacramento
a aquel que san Juan, exultante de alegría, presintió oculto.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
Te pedimos, Señor,
que extiendas tu brazo poderoso en defensa de tus hijos,
y así, obedientes a tu voluntad de Padre,
se sientan seguros bajo la protección de tu amor eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 31 de mayo

Celebramos fiesta en este día recordando a la Virgen María la visita a su prima santa Isabel. La fiesta se celebra desde el siglo XIII. San Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal fundaron una familia religiosa con el nombre de la Visitación de Santa María. Isabel la proclamó por primera vez «la madre de mi Señor» y María predijo en su Magníficat que desde entonces «le llamarían bienaventurada todas las generaciones». María llevando a Cristo es el tipo de la Iglesia que lo entrega a los hombres.

Al lado de María la Iglesia honra también a los santos Cancio, Canciano y Cancianila mártires de Aquileya, Hermías soldado y mártir del Ponto, Noé Nawaggali mártir de Uganda, Petronila virgen y mártir de Roma y Silvio obispo de Toulouse. El famoso Padre jesuita, Claudio de la Colombiere, fue canonizado en este día, el año 1992.

Son beatos todavía Bautista Varano abadesa, Félix Amoroso capuchino, Roberto Thorpe sacerdote y su fámulo Tomás Watkinson ejecutados por Isabel I de Inglaterra y Santiago Salomoni sacerdote dominico. Destacamos entre los beatos a Nicolás Barré reconocido por la Iglesia como un verdadero profeta del siglo XVII francés y fundador de las Hermanas del Niño Jesús, beatificado el 7 de mayo de 1999. Sus hijas esperan su pronta canonización.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – La Visitación de la Virgen María

LAUDES

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, fiesta

Fiesta instituida por Urbano VI en 1389, que antes se celebraba el 2 de julio. Se ha trasladado a este día, entre la anunciación del Señor y la natividad de san Juan Bautista, porque se acomoda mejor a la narración evangélica.

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aclamemos al Señor, al celebrar la visitación de santa María Virgen. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Y salta el pequeño Juan
en el seno de Isabel.
Duerme en el tuyo Jesús.
Todos se salvan por él.

Cuando el ángel se alejó,
María salió al camino.
Dios ya estaba entre los hombres.
¿Cómo tenerle escondido?

Ya la semilla de Dios
crecía en su blanco seno.
Y un apóstol no es apóstol
si no es también mensajero.

Llevaba a Dios en su entraña
como una preecuaristía.
¡Ah, qué procesión del Corpus
la que se inició aquel día!

Y, al saludar a su prima,
Juan en el seno saltó.
Que Jesús tenía prisa
de empezar su salvación.

Desde entonces, quien te mira
siente el corazón saltar.
Sigues salvando, Señora,
a quien te logre encontrar.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre y se llenó Isabel del Espíritu Santo. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre y se llenó Isabel del Espíritu Santo. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

LECTURA: Jl 2, 27- 3, 1

Sabréis que yo estoy en medio de Israel, el Señor, vuestro Dios, el Único, y mi pueblo no será confundido jamás. Después de eso, derramaré mi Espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor la eligió y la predestinó. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor la eligió y la predestinó. Aleluya, aleluya.

R/ La hizo morar en su templo santo.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor la eligió y la predestinó. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando Isabel oyó el saludo de María, dijo a voz en grito: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?»

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando Isabel oyó el saludo de María, dijo a voz en grito: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?»

PRECES

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:

Que tu Madre, Señor, interceda por nosotros.

  • Oh Sol de justicia, a quien la Virgen Inmaculada precedía cual aurora luciente,
    — chaz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
  • Concédenos, Señor, imitar a María, tu madre, que escogió la mejor parte,
    — buscando el alimento que perdura hasta la vida eterna.
  • Salvador del mundo, que, con la eficacia de tu redención, preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado,
    — líbranos a nosotros de toda culpa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Redentor nuestro, que hiciste de la Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo,
    — haz también de nosotros templos de tu Espíritu.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Vísperas – Jueves VI de Pascua

VÍSPERAS

JUEVES VI DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!

Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!

Cristo es nuestra esperanza,
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!

Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. Aleluya.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrate al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sore el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le pagen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. Aleluya.

SALMO 71

Ant. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Lïbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él será la bendición de todos los pueblos. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y siempre. Aleluya.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y siempre. Aleluya.

LECTURA: 1P 3, 18.21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

R/ Al ver al Señor.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría, y nadie os quitará vuestra alegría. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría, y nadie os quitará vuestra alegría. Aleluya.

PRECES

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y garantía de nuestra resurrección, y aclamémosle suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

  • Señor Jesús, que con tu propia sangre y por tu resurrección entraste en el santuario de Dios,
    — llévanos contigo al reino del Padre.
  • Tú que por la resurrección robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste al mundo,
    — haz que los obispos y presbíteros sean fieles heraldos de tu Evangelio.
  • Tú que por la resurrección eres nuestra reconciliación y nuestra paz,
    — haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.
  • Tú que por la resurrección diste la salud al lisiado del templo,
    — mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que por la resurrección fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan,
    — haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que nos haces partícipes de la redención, concédenos vivir siempre la alegría de la resurrección de tu Hijo. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 30 de mayo

Tiempo de Pascua

1) Oración inicial 

Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por Jesucristo nuestro Señor. 

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Juan 16,16-20
«Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.» Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: `Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y `Me voy al Padre’?» Y decían: «¿Qué es ese `poco’? No sabemos lo que quiere decir.» Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho:
`Dentro de poco no me veréis
y dentro de otro poco me volveréis a ver?’
En verdad, en verdad os digo
que lloraréis y os lamentaréis,
y el mundo se alegrará.
Estaréis tristes,
pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. » 

3) Reflexión

• Juan 16,16: Ausencia y presencia. Jesús dice un «poco» (mikròn), es decir, un tiempo muy breve, como un “instante”. Por encima de los múltiples matices, se quiere enfatizar la brevedad del tiempo. Si el tiempo que Jesús ha pasado junto a los suyos como verbo encarnado ha sido muy breve, igualmente será breve el tiempo que separará su partida y su retorno. No habrá cambio en la situación interior de sus discípulos porque no cambia su relación con Jesús: hay una cercanía permanente. Por eso, la visión de Jesús no sufrirá interrupción, sino que tendrá como característica la comunión de vida con él (Jn 14,19). Es interesante el uso repetido del verbo “ver” en el v.16: “Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver”. La expresión “un poco y no me veréis” recuerda el modo en que los discípulos ven en el Jesús histórico al Hijo de Dios; la otra expresión “un poco y me volveréis a ver” remite a la experiencia del Cristo resucitado. Parece que Jesús quiere decir a sus discípulos que por brevísimo tiempo permanecerán aún en la condición de verlo, de reconocerlo en su carne visible, pero, después, lo contemplarán con una visión diferente porque se les mostrará transformado, transfigurado.
• Juan 16,17-19: La incomprensión de los discípulos. Mientras tanto, algunos discípulos no consiguen comprender qué significa esta ausencia de Jesús, es decir, su ida al Padre. Experimentan algún desconcierto ante las palabras de Jesús, y lo expresan con cuatro interrogantes, unidos en una misma expresión: “¿Qué es eso que nos dice?”. El lector ha oído otras veces los interrogantes de Pedro, de Felipe, de Tomás, de Judas -no el Iscariote- y ahora los de los discípulos que piden explicaciones. Los discípulos no acaban de entender de qué habla. No comprenden cómo Jesús, si se va al Padre, puede ser visto de nuevo por ellos (vv.16-19). Mas el interrogante parece concentrarse en aquel “poco”, que para el lector parece ser un tiempo larguísimo que no se acaba nunca, sobre todo cuando se está en la angustia y en la tristeza. De hecho, no pasa el tiempo de la tristeza. Se espera una respuesta por parte de Jesús, pero el evangelista retoma antes la pregunta: ¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?” (v.19).

• Juan 16,20: La respuesta de Jesús. De hecho, Jesús no responde a la pregunta que le hacen: “¿qué quiere decir ese dentro de poco?”, pero los invita a la confianza. Es verdad que los discípulos serán probados, sufrirán mucho, se hallarán solos ante una situación hostil, abandonados a un mundo que disfruta con la muerte de Jesús, pero Jesús asegura que su tristeza se convertirá en gozo. A la tristeza se contrapone un tiempo en el que todo se invertirá. El inciso adversativo “pero vuestra tristeza se convertirá en gozo” subraya este cambio de perspectiva. Para el lector es evidente que la expresión “un poco”, “dentro de un tiempo breve” corresponde a aquel instante o momento en que la situación será cambiada, pero hasta entonces todo sabe a tristeza y a prueba.
En definitiva, los discípulos reciben de Jesús una promesa de felicidad y de gozo; en virtud de aquel instante que invierte la situación difícil a la que “los suyos”, la comunidad eclesial, están sometidos, ellos entrarán en la realidad de un mundo iluminado por la resurrección. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Estoy convencido de que pasará el tiempo de la prueba y Él volverá a estar conmigo?
• «Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo”. ¿Qué efecto tienen en los aconteceres de tu vida estas palabras de Jesús? ¿Cómo vives tus situaciones de tristeza y de angustia? 

5) Oración final

Los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios.
¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98,3-4)

Visitación de la Virgen María

 Bosquejo histórico de la fiesta

Desde el nacimiento de la Iglesia, este misterio era venerado por los fieles. En el siglo XIII varias comunidades religiosas lo conmemoraban con gran devoción, en especial los franciscanos, que introdujeron en la liturgia romana esta fiesta ya muy antigua en Oriente. Los papas Urbano VI y Bonifacio IX la extendieron a toda la Iglesia en el siglo XIV para obtener de la Virgen el final del cisma de Occidente. El Concilio de Basilea renovó su institución con el fin de pedir a Dios la paz de la Iglesia.

Pero todavía en el siglo XVII, San Francisco de Sales consideraba que la Visitación no se celebraba con la solemnidad de las otras fiestas de la Virgen, y fundó en 1610, junto a Santa Juana Francisca de Chantal, una nueva familia religiosa a la que bautizó con el nombre de «Visitación de Santa María», porque «era un misterio oculto y…, encontraba en él mil peculiaridades que le daban una luz especial sobre el espíritu que deseaba establecer en su instituto». En él quería que se celebrara la fiesta con todo esplendor en la liturgia y que cada visitandina se convirtiera en un «Magníficat» viviente.
Hasta la reforma del calendario, después del Concilio Vaticano II, la Visitación se celebraba el 2 de julio, pero luego la Iglesia la ha trasladado al 31 de mayo, entre la Anunciación y el nacimiento del Bautista, que parece ajustarse mejor a los tiempos de la visita cíe María a Isabel.

Aunque no han llegado hasta nosotros más que algunos apuntes de dos sermones sobre la Visitación, predicados por San Francisco de Sales en 1618 y 1621, son innumerables las citas a lo largo de los veintiséis tomos de sus obras en las que hace alusión a esas «mil peculiaridades», que son válidas, sino para todos los cristianos. He aquí algunas de sus ideas fundamentales.

En aquellos días, María se puso en camino

«La historia de este evangelio es muy hermosa —dice San Francisco de Sales— y me parece que se escucha con agrado. Refiere, pues, el evangelista que la Virgen se levantó con presteza y se dirigió a la montaña de Judea, para enseñarnos la prontitud con que se ha de corresponder a las inspiraciones divinas; porque es propio del Espíritu Santo, cuando toca un corazón, apartar de él toda pereza y tibieza; ama la diligencia y prontitud, es enemigo de las dilaciones cuando se trata de la ejecución de la voluntad divina…». […]

[…] María no podía guardarse su tesoro sólo para ella. El ángel le había dicho que su pariente Isabel esperaba un hijo y no vaciló en ir a prestarle su ayuda. Dejó la soledad de Nazaret y emprendió el viaje hacia Ain Karem, el pueblo donde sitúa la tradición la morada de Zacarías.

«Llevaba a Dios en su entraña, como una preeucaristía. ¡Ah, qué procesión del Corpus la que se inició aquel día», canta bellamente la liturgia. Sí, era la primera «procesión del Corpus», y ella, María, la primera custodia, la más rica, la más bella, que jamás haya existido en la tierra, Arca de la nueva y eterna alianza entre Dios y los hombres.

Si San Juan de la Cruz escribe «mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura», ¿no quedarían ahora aquellos campos, aquellos montes, embriagados de la suave presencia del Verbo oculto en el seno de una niña?

¿Y cómo sería este camino de cerca de 130 kilómetros desde Nazaret a Ain Karem? ¿Qué iría pensando María con el Verbo encarnado en sus entrañas? ¿Qué coloquios serían los suyos…? ¡Lástima que San Lucas no nos haya transmitido este misterio inefable que sólo en el silencio de la contemplación alcanzaremos a entrever…!

Años después, Jesús, el rabí de Nazaret, recorrería esos mismos senderos predicando la Buena Noticia, «haciendo el bien» a todos. Ahora también predicaba, pero en silencio y a través de su Madre. La Virgen estaba llena del amor y ese amor le rezumaba por todo su ser. También nosotros somos portadores de Dios, y si él habita en nuestro interior debemos dejar, como María, una estela de su presencia a nuestro paso.

Hoy, dos basílicas mantienen vivo el recuerdo de esta visita de la Virgen a Ain Karem, a unos 8 kilómetros al Oeste de Jerusalén. Es un lugar delicioso en la cuenca de unos montes pelados, y rico en olivos, viñedos y cipreses, sin que falten las higueras clásicas y las típicas piteras de Palestina. Aquí todo es remanso de paz. Entre la carretera y el santuario de la Visitación corre una fuente fresquísima, la «Fuente de la Virgen», que, según la leyenda, brotó cuando ella entonó el magnificat. […]

Alabanza de María a través del espacio y el tiempo

Entonces María, como cítara del Espíritu Santo, en expresión de San Epifanio, «entonó este cántico hermoso y admirable del Magnificat que excede a todos aquellos que nos refiere la Sagrada Escritura».

Y es «que el alma enamorada de Dios tiene un insaciable deseo de alabarlo y quisiera poder cantarle con alabanzas infinitas en reconocimiento de sus infinitas perfecciones y en gratitud de cuanto de él ha recibido y espera recibir’.
El Magnificat ha sido llamado «éxtasis del corazón», «éxtasis de la humildad», «éxtasis del amor y de la alegría». Y «éxtasis», según San Francisco de Sales, es salir de sí. María sale, pues, de sí misma en profundo conocimiento de su pequeñez y, en un desbordamiento de su amor a Dios, prorrumpe en su alabanza:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí.
Su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. Él hace proezas con su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón. derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de la misericordia
como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

El Magnificat es el canto más «dulce, el más elevado y el más contemplativo que se ha escrito». Salido hace más de dos mil años «de la fe profunda de María en la Visitación, no deja de vibrar en el corazón de la Iglesia a través de los siglos y en todas las lenguas, como los mosaicos de la iglesia de la Visitación en Ain Karem.

Juan Pablo II considera las palabras pronunciadas por María en el umbral de la casa de Isabel como «una inspirada profesión de su fe, en la que la respuesta a la palabra de la revelación se expresa con la elevación espiritual y poética de todo su ser hacia Dios-.

Y citando a San Ambrosio, Pablo VI dijo que todo cristiano debe cantar el Magnificat como la máxima alabanza que haya jamás brotado del alma humana, porque es del Espíritu Santo del que María y la Iglesia se hacen sus más fieles intérpretes.

José A. Martínez Puche

Comentario del 30 de mayo

Hoy tropezamos en el evangelio con palabras pronunciadas por Jesús que resultaron enigmáticas e inquietantes para sus discípulos. De ahí que generaran perplejidad y se tradujeran en comentarios e interrogantes. Dentro de poco –les decía- ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver. Nuestra visión actual de los acontecimientos –a posteriori- nos permite encontrar una explicación razonable a estas concisas palabras, que podemos referir a su muerte y resurrección: Dentro de poco ya no me veréis, porque con mi muerte y sepultura dejaréis de verme, pero poco más tarde me volveréis a ver, porque con mi resurrección de entre los muertos os daré ocasión de verme –al menos fugazmente- de nuevo. Pero la perspectiva que nosotros tenemos hoy de los hechos no es la que tenían aquellos discípulos, que veían las cosas, todavía por cumplir, de manera incompleta y proyectiva.

Lo que Jesús les anunciaba por anticipado era futuro para ellos, y el futuro es siempre impredecible. Sobre él sólo caben conjeturas y especulaciones. Por eso, y dado el carácter enigmático de estos asuntos, se hacen preguntas: ¿Qué significa ese poco y ese me voy con el Padre? Porque las palabras de Jesús eran alusivas, pero no aclaraban demasiado. Ni siquiera lo que añade a continuación, saliendo al paso de la zozobra y la perturbación provocada en el corazón de sus oyentes, deshace la niebla del misterio. Jesús recalca, sin aclarar: Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

Poco es un adverbio de cantidad que hace referencia al escaso tiempo que le queda de estar con ellos y de que ellos puedan verle como le ven ahora; y Padre es el nombre familiar que Jesús da a ese Dios de quien se siente Hijo. Pero ¿no está Jesús ya con el Padre?, ¿qué necesidad tiene de ir con Él como si tuviera que hacer un tránsito para estar a su lado? Parece que mientras el Hijo esté en este mundo no podrá estar del todo con el Padre, porque para estar en este mundo corpóreo ha tenido que dejar en cierto modo el seno del Padre, que es su «lugar» de origen. Ir con el Padre es aquí volver a este «lugar» de procedencia, pero no sin antes haber completado la misión para la que ha venido a este mundo. Volver al Padre es tornar a su morada original o entrar en la gloria que le corresponde en cuanto Verbo y en cuanto hombre glorificado, algo que implica muerte y resurrección; pues sin resurrección no hay glorificación de la carne y sin muerte no hay resurrección. Esta vuelta es abandono de este mundo y de cuantos pertenecen a él; es, por tanto, despedida, aunque no necesariamente sin retorno.

Pero las despedidas de los seres queridos suelen teñir casi siempre el horizonte de un halo de tristeza. No es extraño por tanto que los que pasan por esta experiencia tengan en gran medida un sentimiento de orfandad y les sobrevenga la tristeza y el llanto; el mundo, en cambio, que vive con indiferencia esta despedida, que es ajeno a esta venida y a esta vuelta del Salvador, podrá permanecer alegre o podrá seguir festejando la vida de la que le es permitido disfrutar. Algunos incluso se alegrarán con su desaparición, porque su presencia les resultaba incómoda, perturbadora o inoportuna. Es el caso de todos aquellos que se alegrarán con su muerte, porque se habrán quitado de en medio un problema de difícil resolución.

Estarán tristes, les dice Jesús a sus discípulos, pero muy pronto su tristeza se convertirá en alegría. Es la alegría que aquellos seguidores, apenados y temerosos por el arresto y ejecución de su Maestro, experimentaron al ver a su Señor resucitado, y que experimentarán al ver venir al Hijo del Hombre entre las nubes del cielo; es la alegría del reencuentro jubiloso que presagian los mártires en su camino hacia el martirio. También aquí se podría decir: «donde abundó la tristeza, sobreabundó la alegría»; porque si la tristeza es fruto de la ausencia del ser querido, la alegría lo será de su presencia, una presencia menos efímera, más luminosa y duradera, la presencia ya incuestionable para sus testigos del Señor en su Parusía. Si el Señor nos encuentra a la espera de su venida en gloria, nos encontrará alegres; porque todo el que aguarda un acontecimiento gozoso no puede dejarse abatir por la tristeza aun estando en situación aflictiva.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

14. Advirtamos que a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, Él pedía: «que el mayor entre ustedes sea como el más joven» (Lc 22,26). Para Él la edad no establecía privilegios, y que alguien tuviera menos años no significaba que valiera menos o que tuviera menor dignidad.

Ascender a Dios, bendiciendo a los hombres

1.- Mientras les bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Me gusta imaginarme así a Jesús, en el momento de su Ascensión hacia el cielo: bendiciendo a sus discípulos. Bendecía a unos discípulos que siempre le habían querido y admirado, pero que le habían fallado en el momento más decisivo, en el momento último, cuando las autoridades religiosas del pueblo judío le prendieron y le llevaron a las autoridades romanas, para que estas le ejecutaran como a un vil malhechor. Jesús había dicho a sus discípulos más de una vez que él los amaba a ellos como el Padre le amaba a él, y sus discípulos sabían que el Padre amaba siempre acogiendo y perdonando, como el padre de la parábola del hijo pródigo. Por eso, sabían que Jesús se despedía ahora de ellos bendiciéndoles y perdonándoles. Seguro que el corazón de los discípulos se llenó de amor divino y, mirándolo, se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría. Realmente, la fiesta de la Ascensión ha sido siempre en el mundo cristiano una fiesta alegre, porque imaginamos al Señor subiendo al cielo y bendiciéndonos a los que quedamos en la tierra. Nosotros, en las pequeñas ascensiones nuestras de cada día, mientras tratamos de ascender progresivamente hacia Dios, debemos bendecir a todos nuestros hermanos, aunque algunos de ellos nos hayan fallado en más de un momento. La bendición cristiana es expresión del amor cristiano, de un amor que siempre está dispuesto a perdonar. Pidamos ahora a Jesús que, en esta fiesta de la Ascensión, nos bendiga también hoy a nosotros desde el cielo, regalándonos su amor y su perdón.

2.- Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? No somos árboles plantados donde nacemos, que nos pasamos la vida mirando al cielo. Dios nos ha plantado en este mundo con un motor dentro del cuerpo, lo que nos obliga a vivir en continuo movimiento, hasta que morimos. Somos los suplentes de Jesús, que tenemos la obligación de seguir jugando en esta tierra el partido del Reino de Dios, una vez que nuestro Maestro, nuestro titular, se ha ido al cielo. Debemos seguir jugando el partido del Reino de Dios movidos por el Espíritu de Jesús, por el Espíritu de nuestro capitán y maestro. Los discípulos de Jesús debemos ser personas activas, misioneras, evangelizadoras. El tiempo del Jesús físico y terrenal terminó el día de su ascensión al cielo; ahora nos toca a nosotros, sus discípulos, continuar su obra movidos por su espíritu. Ahora es el Espíritu de Jesús, no su presencia física, el que nos debe guiar, dirigiendo nuestro actuar y nuestro caminar. La fiesta de la Ascensión del Señor debe ser para nosotros una llamada y una invitación a asumir nuestra responsabilidad, a ser ahora nosotros los que prediquemos y evangelicemos, haciéndolo, eso sí, dirigidos siempre por el Espíritu de Jesús. Terminó el tiempo del Jesús físico sobre la tierra; ahora es nuestro tiempo.

3.- Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa. Ya las primeras comunidades cristianas tuvieron muchas dificultades para seguir siendo fieles al mandato que el Maestro les había hecho antes de despedirse, el mandato de seguir predicando el evangelio del Reino. Ante tantas dificultades, algunas comunidades estaban perdiendo su prístino fervor y entusiasmo. El autor de esta carta a los Hebreos les anima a no desanimarse, a no perder nunca la esperanza, porque Dios va a seguir siendo fiel a su promesa. No debían olvidar que también el Maestro, el sumo sacerdote de la Nueva Alianza, había tenido que sufrir mucho para ser fiel al mandato de su Padre. El Maestro, antes de despedirse, les había prometido su intercesión ante el Padre, desde el mismo cielo. Nosotros ahora, en este siglo XXI en el que nos toca vivir, también tenemos problemas y dificultades para predicar el evangelio de Jesús; no nos desanimemos, no perdamos la esperanza, porque Jesús sigue intercediendo por nosotros ante el Padre, y nuestro Dios es un Dios fiel a sus promesas.

Gabriel González del Estal