II Vísperas – Domingo XIII de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros,
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA: 2Co 1, 3-4

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibidos de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
V/ Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

R/ Digno de gloria y alabanza por los siglos.
V/ En la bóveda del cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y de unidad entre los hombres
— y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege, con tu brazo poderoso, al papa y a todos los obispos
— y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestra cabeza,
— y que demos testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
— y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Otorga a los que han muerto una resurrección gloriosa
— y haz que gocemos un día, con ellos, de las felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

El espíritu de Jesús une, nunca separa

Todos los evangelios proponen la subida de Jesús a Jerusalén como un marco teológico, pero Lc le da un énfasis especial. Comienza con las frases programáticas que hemos leído hoy, y termina con la expulsión de los vendedores del templo. En trayectoria geográfica, se esconde la trayectoria espiritual: Subida al Padre a través de la muerte. “Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran a lo alto, también él resolvió ponerse en camino para encararse con Jerusalén”. La frase es un resumen de la vida y muerte de Jesús. Deja claro lo que va a pasar. Por desagradable que pueda parecer, es aceptado por Jesús.

Los samaritanos eran considerados herejes por los judíos, que no perdían la ocasión de humillarlos y despreciarlos. No es de extrañar que ellos a su vez, tomaran la revancha cuando podían. Si los enviados hubieran propuesto bien el mensaje de Jesús y hubieran comunicado las verdaderas intenciones de Jesús al subir a Jerusalén, les hubieran aceptado con los brazos abiertos. Nada más de acuerdo con sus intereses podían esperar los samaritanos. Alguien que fuera capaz de criticar tan duramente lo que se cocía en el templo, tenía que tener toda su aprobación. Pero seguramente les hicieron pensar en una subida “para hacerse cargo del reino”, que eran lo que los discípulos esperaban.

Los Zebedeo piensan en un nuevo Elías, que había mandado bajar fuego del cielo que consumió a los emisarios del rey. Pretenden que Jesús haga honor a su condición de profeta poderoso. Otra tentación constante del hombre, poner a Dios de su parte contra todo aquel que le lleve la contraria. Jesús les “increpó” (el mismo verbo que emplea para expulsar demonios). A través de la historia, nos hemos comportado como Santiago y Juan. Siempre que ha tenido el poder suficiente, la Iglesia ha respondido con violencia contra todo el que no aceptara sus normas. Ni siquiera ha aceptado la libertad religiosa, que es un derecho básico de todo ser humano, hasta que ha perdido la capacidad de imponer su absolutismo.

Como el domingo pasado, se trata de responder a la pregunta: ¿Quién es Jesús? Si de verdad aceptásemos el espíritu de Jesús, la primera consecuencia sería la tolerancia. Jesús no impone nada, simplemente propone la buena noticia del Reino y deja en libertad para aceptarla o rechazarla. Su mensaje entraña una oferta de verdadera liberación, pero como tal, solo puede interesar a los que sienten que están oprimidos por realidades que no les dejan ser ellos mismos. Toda falta de identificación con el otro, supone una falta de identificación con el Dios de Jesús. Lo que nos separa de los demás, nos separa de Dios.

A continuación, presenta Lc tres candidatos a seguirle. No olvidemos que se encuentran en Samaría, tierra hostil al judaísmo oficial. A pesar de ello, algunos manifiestan la intención de seguir a Jesús. Naturalmente se trata de un montaje literario para incrustar tres máximas claves en el pensamiento de Jesús. Por lo tanto lo importante son las respuestas que, a cada una de las propuestas, da Jesús. Con frases cortas y tajantes se intenta aclarar una actitud vital sin miramientos de ninguna clase. Se quiere resaltar la radicalidad del mensaje y por lo tanto del seguimiento. Esa exigencia es una oferta, no una imposición (en contra de lo que acaban de manifestar los discípulos). Cada uno es libre de aceptarla o no.

Esa exigencia no es un capricho de Dios, sino que la pide la misma naturaleza de la oferta de salvación que nos hace Jesús. Nuestra condi­ción de criaturas, y por lo tanto limitados, es la que nos obliga, una vez tomado un camino, a tener que abandonar todos los demás. La renuncia a aquello que me gusta, dejará de ser renuncia si lo hago con conocimiento y libertad, para convertirse en elección de lo mejor. No siempre, lo que me causa más placer, lo que menos me cuesta, lo que más me agrada, lo que me pide el ADN, es lo mejor para alcanzar la plenitud del ser humano. La vida es por naturaleza lucha y superación. Si desaparece la tensión interna es que ha llegado la muerte.

Nuestra religión nos ha presentado el seguimiento de Jesús como una renuncia. La utilización de este concepto es la mejor señal de que no hemos entendido nada. No se trata de renunciar, sino de elegir lo que de verdad es bueno para mi auténtico ser. Dios quiere nuestra plenitud, Tenemos que superar la idea de un Dios, que para ser Él más, tiene que humillar al hombre. No, la causa de Dios es la causa del hombre. Dios está identificado con su criatura; por lo tanto la mayor gloria de Dios es que la criatura llegue a su plenitud. No tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas; tenemos que amar a Dios en todas las cosas. Pero si las cosas ocupan el lugar de Dios, me estoy apartando de mi verdadera meta.

La 1ª máxima: “Las zorras tienen madrigueras, los pájaros nido, pero el Hijo de Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. En el ambiente de itinerancia en el que se desarrolla esta parte del evangelista, no se hace hincapié en la pobreza, sino en la disponibilidad. El que quiera seguir a Jesús tiene que estar completamente libre de trabas. Ni siquiera la seguridad de un hogar debe impedirle estar dispuesto siempre para la marcha. No son las posesiones o las relaciones sociales lo que impiden el seguimiento sino el estar apegado a cualquier cosa que te impida ser realmente tú mismo.

La 2ª: “Deja que los muertos entierren a sus propios muertos”. Es también radical, pero no debemos entenderla en sentido literal. Lo que le pide a Jesús el aspirante, no es no enterrar a su padre que había muerto, sino que le dejara cumplir con el precepto de atender a su padre anciano hasta que muriera. Jesús antepone las exigencias del Reino a la obligación prescrita por la Ley de atender a los padres en su ancianidad. La Ley debe ser superada por una total disponibilidad hacia todos, no solo hacia los seres queridos. La enigmática respuesta de Jesús da a entender que él había pasado a la vida, pero que los que se quedaban en casa de su familia, permanecían en la muerte espiritual.

La 3ª: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios”. Despedirse de su familia no debemos entenderlo como  “decirles adiós”. En aquella sociedad despedirse significaba dedicar días o semanas a celebrar la separación. El significado es muy parecido a la anterior, pero aquí se quiere resaltar la apertura integral a todos los seres humanos. Ya no hay particularismos, ni siquiera existe “mi familia”. Ahora toda la humanidad es mi familia. El círculo familiar suele ser la excusa donde camuflo un egoísmo amplificado que me impide darme a todos. El mal uso que se ha hecho de esta frase, sobre todo en ambientes de vocación religiosa, nos obliga a repensarla bien.

Las exigencias radicales, que propone Jesús en el evangelio, debemos interpretarlas desde la perspectiva del Reino. No se refiere tanto a la materialidad de las realidades que hay que abandonar, cuanto al despego de toda seguridad, que es la verdadera exigencia del seguimiento. Se trata de vivir una escala de valores de acuerdo con el Reino, pero no quiere decir que haya que renunciar a todo lo humano para llevar una vida desencarnada. Decíamos el domingo pasado que todo lo humano debe de ser incorporado a la vida. La familia, la amistad, el compromiso social,… son valores que pueden ser incorporados al mensaje de Jesús, siempre que no les demos un valor exagerado y confiemos solo en ellos.

Meditación

¡No sabéis de qué espíritu sois!
La mayoría de los cristianos no nos hemos enterado.
Si te preocupa que alguien te rechace,
es que no has entendido lo que realmente eres.
Si aún somos capaces de rechazar al otro,
es que seguimos sin confiar en lo que somos.

Fray Marcos

Rechazo y seguimiento

El próximo mes de octubre (del 6 al 27), el Sínodo sobre la Amazonia estudiará la posibilidad de ordenar como sacerdotes a personas casadas, «preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad». Esperemos que la respuesta sea positiva, y que se aplique a otras partes del mundo, porque el problema de las vocaciones sacerdotales es acuciante. El tema de la vocación es el principal de las lecturas de hoy, con la contrapartida del posible rechazo.

La vocación de Eliseo (1ª lectura)

Todo empieza con una orden de Dios a Elías: ungir como profeta a Eliseo. La unción, que se hacía derramando aceite sobre la cabeza, era típica de los reyes, y este es el único caso que recuerdo de la unción de un profeta. En la mentalidad mediterránea antigua, el aceite no solo era bueno para la comida; también se le atribuían cualidades curativas (por eso se ungía a los enfermos) y religiosas (la unción simboliza una relación especial con Dios).

Elías cumple la orden, pero sin cumplirla. Va en busca de Eliseo, que debía de ser hijo de un multimillonario porque está arando con doce yuntas de bueyes. En vez de ungirlo, le echa su manto por encima. Es la única vez que menciona la Biblia este gesto, pero debía ser conocido, porque Eliseo, después de un momento de desconcierto (que no se cuenta, pero se supone), sale corriendo detrás de Elías y se muestra dispuesto a seguirle. Sólo pone una condición: despedirse de sus padres.

A Eliseo le parece una petición lógica, y se la concede. Pero la despedida no consiste en dar un beso a los padres. Es algo más solemne e incluye a toda la familia: mata la yunta de bueyes y organiza un asado para toda su gente. Sin prisas, porque unos bueyes no se matan en cinco minutos, ni la carne se prepara en un cuarto de hora, ni se come todo en un rato. Cuando termina la despedida, que pudo durar uno o varios días, Eliseo marcha con Elías y se pone a su servicio.

Rechazo y seguimiento (evangelio)

El fragmento elegido para este domingo consta de cuatro escenas muy breves. Las tres últimas están relacionadas por el tema del seguimiento de Jesús; la primera habla de lo contrario: el rechazo.

Escena 1: el rechazo de los samaritanos

Samaritanos y judíos se odiaban desde el siglo X a.C., cuando el norte se separó del sur después de la muerte de Salomón. Pero el dinero es el dinero. Y los samaritanos actuaban del modo siguiente: a los galileos que atravesaban su territorio camino de Jerusalén no les vendían nada; pero en el viaje de vuelta a Galilea ya no había problema en venderles lo que necesitaran, pagándolo adecuadamente (es lo que ocurre en el evangelio de Juan, cuando los discípulos van a comprar pan al pueblo mientras Jesús habla con la samaritana).

Como Jesús y los discípulos se dirigen a Jerusalén, es normal que no los reciban. Santiago y Juan, que debían pasarse el día tronando (Jesús les puso de mote “los hijos del trueno”), le proponen vengarse haciendo que caiga un rayo del cielo y los consuma. Esta reacción, que nos resulta tan desproporcionada y extraña, se comprende recordando una tradición del profeta Elías. Una vez, el rey de Israel mandó un capitán con cincuenta soldados para que le dijese: “Profeta, el rey te manda que vayas a verlo”. Elías respondió: “Si soy profeta, que caiga un rayo y te mate a ti con tus hombres”. Y así ocurrió. El rey repite la orden con otro capitán y otros cincuenta soldados, que quedan tan chamuscados como los primeros. En el tercer intento, el capitán no ordena nada; se arrodilla ante el profeta y le suplica que perdone su vida y la de sus acompañantes. Elías accede y va a visitar al rey. La moraleja de este relato es que el profeta merece el máximo respeto; y quien no lo respete merece que lo mate un rayo caído del cielo. Así piensan Santiago y Juan. Jesús, el gran profeta, merece todo respeto; si los samaritanos no lo reciben, que caiga un rayo y los parta.

Jesús, que supera a Elías en poder, lo supera también en bondad y ve las cosas de manera muy distinta. Lucas termina diciendo: Él se volvió y les regañó. ¿Cómo les regañó? ¿Qué les dijo? Algunos textos posteriores ponen en boca de Jesús estas palabras: “No sabéis a qué espíritu pertenecéis”, es decir, “no tenéis ni idea de cuál es mi forma de pensar y de sentir”. Y se marcharon a otra aldea.

Es una pena que este texto, exclusivo de Lucas (no se encuentra en Marcos ni Mateo), no lo tuvieran en cuenta los que instituyeron la Inquisición, que es una forma de defender a Jesús mediante el fuego.

Escena 2ª: uno se ofrece a seguir a Jesús

La iniciativa parte del individuo, no de Jesús. Éste parece desanimar, subra­yando su pobreza y vida dura. No imagine que el segui­miento será fácil y coronado por el éxito humano.

Escena 3ª: Jesús invita a otro a seguirlo

En este caso la iniciativa parte de Jesús. Se trata de una orden escueta y tajante, más de que una invitación: “Sígueme”. El otro pide permiso, como Eliseo, no para despedirse de sus padres, sino para enterrar a su padre.

La respuesta de Jesús parece inhumana: “deja que los muertos entierren a sus muertos”. La costumbre judía era enterrar al difunto inmediatamente después de muerto (Hechos de los Apóstoles 5,6.7; 8,2). Por consiguiente, no se trata de que el protagonista de la escena esté velando a su padre y Jesús le ordene abandonar al difunto para seguirlo. Lo que pide es que le permita seguir viviendo con su padre hasta que muera; luego lo seguirá.

Incluso así, las palabras de Jesús siguen siendo terriblemente exigentes. El que quiera seguirlo tiene que cortar radicalmente con la familia, como si todos hubieran muerto, para ir a anunciar el reino de Dios.

Es posible que los evangelios estén reflejando en esta escena lo que le ocurrió al mismo Jesús. Su familia pensaba que estaba loco (Marcos 3,21), y una vez fueron todos a Cafarnaúm con intención de llevárselo a Nazaret a descansar. El evangelio de Juan (7,5) dice expresamente que “sus hermanos no creían en él” (aunque sabemos por el libro de los Hechos y las cartas de Pablo que, más tarde, sí lo aceptaron). En Jesús se cumplió plenamente la necesidad de considerar muerta a la familia para dedicarse a anunciar el evangelio.

Escena 4ª: otro se ofrece con condiciones

Este es el episodio que empalma mejor con la vocación de Eliseo. Las cosas importantes de la vida diaria, como despedirse de los padres, son compatibles con el seguimiento de Elías. No hay prisa de ningún tipo. Pero aquí está en juego algo mucho más importante y urgente.

A veces se comenta que estas personas no siguieron a Jesús. Lucas no dice nada. Por otra parte, esa cuestión es secundaria. Lo importante de los relatos de vocación y de segui­miento es que son relatos de “revelación” de Jesús, nos ayudan a conocerlo mejor. Algo queda claro: la dureza de su vida, desprovisto incluso de casa y familia.

Volviendo a la primera escena, el rechazo de los samaritanos, podemos encontrar cierta relación con las tres siguientes. Jesús, que renuncia a todo por predicar el Reino de Dios, no recibe a cambio el agradecimiento y la aceptación de todos. Hay gente que lo rechaza. Pero eso no es motivo para desear su castigo.

Reflexión final

Aparte del Padrenuestro, Jesús no insistió mucho a sus discípulos en qué debían pedir. Pero el evangelio de Juan pone en su boca una petición muy importante: “La mies es mucha, los obreros pocos. Pedid al Señor de la mies que mande operarios a su mies”. Este domingo es muy adecuado para recordar la necesidad de pedir por las vocaciones y ponerla en práctica.

José Luis Sicre

Comentario del 30 de junio

           Cuando se iba cumpliendo el tiempo –nos dice san Lucas-, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Se trata del tiempo de la misión que debe llevar a término en Jerusalén, tal como indicaban las Escrituras (profecías): No conviene que ningún profeta muera fuera de Jerusalén. En el trayecto hacia este final y principio de etapa que tiene su punto geográfico en Jerusalén, Jesús y sus acompañantes se encuentran con el rechazo de los samaritanos en una de las aldeas donde habían previsto alojarse; la razón es que se trata de unos judíos que peregrinan a Jerusalén –porque tal es su centro religioso- para cumplimentar a su Dios, y ellos, samaritanos, no quieren contactos con judíos. Aquel rechazo fue muy mal recibido por algunos de los discípulos que acompañaban a Jesús en su travesía.

           El evangelista señala a Santiago y a Juan. Ellos son los que le hacen a su Maestro esta propuesta: Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos? La propuesta parece desorbitada, pero es algo que ya había hecho algún profeta como Elías con los sacerdotes de Baal. Tampoco parece inspirada en la mansedumbre cristiana, sino en la venganza. Jesús, que sí conserva la mansedumbre frente a la contrariedad, les hace ver que ese no es el camino a seguir; se volvió expresamente a ellos y les regañó. Ese pensamiento no procedía del Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia a justos e injustos; por eso merecía su reproche y descalificación. Y se marcharon a otra aldea, como había aconsejado el mismo Jesús: Si un lugar no os recibe, sacudíos el polvo de los pies y decid…

           En este contexto de cumplimiento y de decisiones que no admiten dilación, se producen esas llamadas a su seguimiento que provocan diferentes reacciones y juicios. En el primer caso, la llamada se presenta en forma de ofrecimiento por parte de la persona que muestra deseos de seguir a Jesús, como si el ofrecimiento se anticipase a la misma llamada: Te seguiré –le dice uno- adonde vayas. La disposición de esta persona parece inmejorable; pero ¿es del todo consciente de lo que implica este seguimiento? Jesús quiere hacérselo ver antes de que tome una decisión tan importante; porque seguir a este Maestro supondrá compartir su misma situación vital, que será la del que no tiene dónde reclinar la cabeza (finalmente la reclinará sobre el duro madero de una cruz).

           Se trata de un modo de estar en la vida exigido por el apremio de la misión: anunciar el evangelio; algo que implica empeñar todas las energías disponibles en la causa. El «dar la vida» acabará siendo una exigencia de este anuncio; y antes, el no tener dónde reclinar la cabeza: el vivir en la inseguridad de los que carecen de casa o en la pobreza de medios. Siendo este modo de vida una exigencia de su seguimiento, no podrán seguirle quienes no estén dispuestos a esta renuncia o a esta pobreza de medios humanos.

           Pero también pueden impedirnos el seguimiento las ataduras emocionales: esos lazos afectivos que nos unen a ciertas personas como padres o hermanos. La fuerza de estas ataduras explica quizá el duro juicio de Jesús respecto del que reclama ir primero a enterrar a su padre, que no es simplemente ir a dar sepultura al padre recién fallecido, sino esperar a que el padre fallezca para emprender después el seguimiento. Así lo hicieron algunos, que alcanzaron incluso la santidad, a lo largo de la historia. Pensemos en san Juan Crisóstomo que, sólo tras el fallecimiento de su madre viuda, emprendió el camino de la vida monástica. Pero Jesús reclama un seguimiento más inmediato y diligente, más rupturista, podríamos decir: Deja que los muertos entierren a sus muertosTú vete a anunciar el Reino de Dios. Aquí muertos son los que viven faltos de vida, faltos del impulso del Espíritu de vida, ese mismo Espíritu que anima los pasos del portador de la Buena Noticia. Para los que asumen la misión de anunciar el Reino de Dios, cualquier otra actividad, por buena que sea, pasa a ser irrelevante.

           La radicalidad con la que Jesús propone su seguimiento es tal que no parece dejar lugar siquiera para las despedidas que esconden apegos y ataduras afectivas. Si Elías le permite a su discípulo Eliseo decir adiós a sus padres es porque aquello era una despedida en toda regla, como indica su acción de matar la yunta de bueyes con la que estaba arando, asar su carne y dar de comer a su gente. Si mata a los bueyes es para no sentir siquiera la tentación de volver a trabajar con ellos. De esta manera rompía en gran medida con su pasado más inmediato; pero él entiende que el seguimiento de Elías le exige semejante decisión y renuncia.

           Cuando Jesús le dice al tercero: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios, ve en el deseo de despedirse de la familia una ligadura afectiva, una atadura que le tiene mirando atrás con nostalgia o con añoranza, sin la necesaria libertad para entregarse en cuerpo y alma al nuevo trabajo; porque la tarea para la que es llamado exige libertad. No es apto para el Reino de Dios, no está capacitado para ejercer la tarea de anunciar el Reino el que sigue mirando atrás, esto es, el que sigue atado afectivamente a lo que dejó: posesiones, personas o proyectos de vida.

           San Pablo, que había roto con tantas cosas (patria, condición farisaica, proyecto de vida familiar, comodidades, seguridades, etc.), tenía buena conciencia de esto: Para vivir en libertad –decía-, Cristo nos ha liberado. Cristo nos ha liberado para vivir en libertad: una libertad conseguida por la vía de la liberación. Y cuanto más liberados por Cristo, más libres: libres de otros, libres de nosotros mismos (deseos y apetencias), libres del yugo del pecado. Porque no se trata de una libertad para el libertinaje. El libertinaje engendra esclavitud, pues somete a los deseos de la carne. Se trata de una libertad para el amor, es decir, al servicio del amor, que es lo que realmente dignifica al hombre. El que anda según este Espíritu que desea contra el egoísmo de la carne, anda en libertad, aunque por amor se convierta en esclavo de los demás.

           Esta es nuestra vocación, a esto estamos llamados, a vivir en libertad. Para ello nos libera Jesús de todo aquello que nos ata y nos impide ir tras él y con él: nuestros apegos, egoísmos y apetencias: no las cosas, sino nuestro apego a las cosas; no las personas, sino nuestra atadura a las personas; no la carne, sino las apetencias de la carne. Pidamos a Cristo esta liberación. Sólo si somos liberados, seremos realmente libres: libres para el seguimiento, libres para el amor.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

45. Sin ceder a evasiones ni espejismos, «ella supo acompañar el dolor de su Hijo […] sostenerlo en la mirada, cobijarlo con el corazón. Dolor que sufrió, pero no la resignó. Fue la mujer fuerte del “sí”, que sostiene y acompaña, cobija y abraza. Ella es la gran custodia de la esperanza […]. De ella aprendemos a decir “sí” en la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar»[19].


[19] Oración conclusiva del Vía Crucis en la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud en Panamá (25 enero 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (1 febrero 2019), p. 8.

Lectio Divina – 30 de junio

El difícil proceso en la formación de los discípulos.
Cómo nacer de nuevo.

Lucas 9,51-62

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. 

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En el contexto del Evangelio de Lucas, el texto de este domingo se encuentra al principio de la nueva fase de las actividades de Jesús. Los frecuentes conflictos de mentalidad con el pueblo y con las autoridades religiosas (Lc 4,28; 5,21.30; 6,2.7; 7,19.23.33-34.39) confirmaron a Jesús a lo largo del camino como el Mesías Siervo, previsto por Isaías (Is 50, 4-9; 53,12) y asumido por Él desde el comienzo de su actividad apostólica (Lc 4,18). A partir de esto, Jesús empieza a anunciar su pasión y muerte (Lc 9,22.43-44) y decide ir a Jerusalén (Lc 9,51) Este cambio de ruta de los acontecimientos produce una crisis en los discípulos (Mc 8,31-33). Ellos no entienden y tienen miedo (Lc 9,45), porque en ellos continúa dominando la mentalidad antigua sobre el Mesías glorioso. Lucas describe varios episodios en los que aflora la vieja mentalidad de los discípulos: deseo de ser el más grande (Lc 9,46-48); voluntad de controlar el nombre de Jesús (Lc 9,49-50); reacción violenta de Santiago y de Juan ante el rechazo de los samaritanos de acoger a Jesús (Lc 9,51-55). Lucas indica también cómo Jesús se esfuerza en hacer entender a sus discípulos la nueva idea de su misión. El texto de este domingo (Lc 9,51-62) describe algunos ejemplos de cómo hacía Jesús para formar sus discípulos.

b) Una división del texto para ayudar en su lectura:

Lucas 9,51-52: Jesús decide ir a Jerusalén
Lucas 9,52b-53: Una aldea de Samaría no ofrece acogida
Lucas 9,54: Reacción de Juan y Santiago frente al no samaritano
Lucas 9,55-56: Reacción de Jesús frente a la violencia de Santiago y Juan
Lucas 9,57-58: Primera propuesta de seguir a Jesús
Lucas 9,59-60: Segunda propuesta de seguir a Jesús
Lucas 9,61-62: Tercera propuesta de seguir a Jesús

Lucas 9,51-62c) El texto:

51 Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. 52 Envió, pues, mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; 53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. 54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» 55Pero, volviéndose, les reprendió; 56 y se fueron a otro pueblo.
57 Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» 58 Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
59 A otro dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 60 Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.»
61 También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.» 62 Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que te ha gustado más y que más te ha impresionado?
b) ¿Qué defectos y limitaciones de los discípulos se descubren en el texto?
c) ¿Cuál es la pedagogía de Jesús y que Él usa para corregir estos defectos?
d) ¿Cuáles son los hechos del Antiguo Testamento que se recuerdan en los textos?
e) ¿Con cuáles de estas tres vocaciones (vv. 57-62) te identificas? ¿Por qué?
f) ¿Cuál es el defecto de los discípulos de Jesús más presente en nosotros, sus discípulos de hoy?

5. Una clave de lectura 

para profundizar mucho más en el tema.

a) Contexto histórico de nuestro texto:

El contexto histórico del Evangelio de Lucas tiene siempre estos dos aspectos: el contexto del tiempo de Jesús de los años treinta, en Palestina, y el contexto de las comunidades cristianas de los años ochenta, en Grecia, para las que Lucas escribe su Evangelio.

En el tiempo de Jesús en Palestina. Para Jesús no fue cosa fácil formar a sus discípulos y discípulas. Porque no es por el hecho de que una persona vaya con Jesús o que vive en comunidad, por lo que esta persona es ya santa y perfecta. La mayor dificultad viene de “la levadura de los fariseos y de Herodes” ( Mc 8,15), o sea, de la ideología dominante de la época, promovida por la religión oficial (fariseos) y por el gobierno ( herodianos). Combatir esta levadura hacía parte de la formación que Jesús daba a sus discípulos. Porque el modo de pensar de los grandes tenía raíces profundas y renacía, siempre de nuevo, en la cabeza de los pequeños, de los discípulos. El texto que meditamos este domingo nos da una idea de cómo Jesús afrontaba este problema.

Al tiempo de Lucas, en las comunidades de Grecia. Para Lucas era importante ayudar a los cristianos a no dejarse llevar por “la levadura” del imperio romano y de la religión pagana. Lo mismo vale para hoy. El “fermento” del sistema neoliberal, divulgado por los medios de comunicación, propaga la mentalidad consumística, contraria a los valores del Evangelio. No es fácil para la persona descubrir que la están engañando: “¿Esto que tengo en la mano acaso no es falso?” (Is 44,20)

b) Comentario del texto:

Lucas 9,51-52 : Jesús decide ir a Jerusalén
“Mientras se iban cumpliendo los días de su asunción”. Esta afirmación indica que Lucas lee la vida de Jesús a la luz de los profetas. Quiere dejar bien claro a los lectores que Jesús es el Mesías, en el que se cumple lo que los profetas anunciaron. El modo mismo de hablar aparece en el evangelio de Juan: “Sabiendo Jesús que era llegada su hora de pasar de este mundo al Padre,…” (Jn 3,1). Jesús, obediente al Padre, “se dirige decididamente a Jerusalén”.

Lucas 9,52b-53: Una aldea de Samaría no ofrece hospitalidad.
La hospitalidad era una de las bases de la vida comunitaria. Difícilmente, dejaba la gente pasar la noche a alguno fuera, sin acogerlo (Gén 18,1-5; 19,1-3; Jue 19,15-21). Pero en el tiempo de Jesús la rivalidad entre judíos y samaritanos empujaba a la gente de la Samaría a no acoger a los judíos en peregrinación hacia Jerusalén y esto obligaba a los judíos a no pasar por la Samaría, cuando se dirigían a Jerusalén. Preferían caminar por la parte del valle de Jordán. Jesús no está de acuerdo con esta discriminación y pasa por la Samaría. Por lo que sufre las consecuencias de la discriminación y no recibe hospitalidad.

Lucas 9,54: Reacción violenta de Santiago y Juan ante el rechazo samaritano
Inspirado por el ejemplo del profeta Elías, Santiago y Juan quieren que descienda fuego para que extermine a los habitantes de aquella aldea. (2Re 1,10.12; 1Re 18,38). Piensan que por el simple hecho de que están con Jesús, todos deben acogerlos. Ellos poseen la vieja mentalidad, la de ser gente privilegiada. Piensan tener a Dios de su parte para defenderlos.

Lucas 9,55-56: Reacción de Jesús ante la violencia de Santiago y Juan
“Jesús se volvió y los reprendió”. Algunas biblias basándose en manuscritos antiguos, dicen también: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois. El Hijo del hombre no ha venido para tomar la vida de los hombres, sino para salvarla”. El hecho de que alguien esté con Jesús, no da derecho a nadie a pensar que es superior a los otros o que los otros deben rendirle honores. El “Espíritu” de Jesús pide lo contrario: perdonar setenta veces siete (Mt 18,22). Jesús escoge el perdonar al ladrón que le rogaba en la cruz. (Lc 23,43).

Lucas 9,57-58: Primera propuesta de seguir a Jesús
Uno le dice: “Te seguiré adondequiera que vayas”. La respuesta de Jesús es muy clara y sin tapujos. No deja dudas: el discípulo que quiere seguir a Jesús debe imprimir en la mente y en el corazón lo siguiente: Jesús no tiene nada, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza. Las zorras y los pájaros le llevan en esto ventaja, porque por lo menos tienen guaridas y nidos.

Lucas 9, 59-60: Segunda propuesta de seguir a Jesús
Jesús dijo a otro: “¡Sígueme!” Esta misma palabra les fue dirigida a los primeros discípulos: “¡Sígueme!” (Mc 1,17.20; 2,14). La reacción de la persona llamada es positiva. Está dispuesta a seguir a Jesús. Sólo pide permiso para poder enterrar a su padre. La respuesta de Jesús es dura: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios”.
Probablemente que se trata de un proverbio popular usado para decir que se debe ser radical en las decisiones que se toman. Aquel que se dispone a seguir a Jesús debe dejar todo detrás de sí. Es como si muriese a todo lo que posee y resucitase a otra vida.

Lucas 9,61-62: Tercera propuesta de seguir a Jesús
Un tercer caso: “Te seguiré, pero déjame antes despedirme de los de mi casa”. De nuevo la respuesta de Jesús es dura y radical: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios”. Jesús es más exigente que el Profeta Elías cuando éste llamó a Eliseo para que fuera su discípulo (1 Re 19,19-21). El Nuevo Testamento supera al Antiguo en la exigencia y en la práctica del amor.

c) Profundizando: Jesús Formador:

El proceso de formación de los discípulos era exigente, lento y doloroso. Porque no es fácil hacer nacer en ellos una nueva experiencia de Dios, una nueva visión de la vida y del prójimo. ¡Es como nacer de nuevo! (Jn 5-9). La mentalidad antigua renace y reaparece en la vida de las personas, de las familias y de las comunidades. Jesús no escatima esfuerzos para formar a sus discípulos. Dedicaba a esto mucho tiempo. No siempre lo consiguió. Judas lo traicionó, Pedro lo negó y, en el momento de la prueba, todos le abandonaron. Solamente las mujeres y Juan permanecieron cercanos a Él, junto a la cruz. Pero el Espíritu Santo que Jesús les envió después de la resurrección, completó la operación iniciada por Él (Jn 14,26; 16,13). Además de lo que ya hemos observado en el texto de este domingo (Lc 9,51-62), Lucas habla de otros muchos casos para indicar cómo hacía Jesús para formar a los discípulos y ayudarlos a superar la mentalidad engañosa de la época.

En Lucas 9,46-48 los discípulos discuten entre ellos para saber quién es el más grande. Aquí, la mentalidad competitiva y de lucha por el poder, característica de la sociedad del Imperio Romano, se infiltraba ya en la pequeña comunidad de Jesús, que apenas está comenzando. Jesús ordena tener una mentalidad contraria. Toma a un niño, lo coloca junto a Él y se identifica con él diciendo: “¡El que acoge a un pequeño como éste, me acoge a mí, y el que me acoge a mi, acoge al Padre!” Los discípulos discuten sobre quién era el más grande, y Jesús ordena mirar y acoger al más pequeño. Y este es el punto sobre el que Jesús insiste mayormente y sobre el que dió más testimonio: “No he venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45).

En Lucas 9,49-50, una persona que no era del grupo de los discípulos, se servía del nombre de Jesús para expulsar los demonios. Juan lo vió y se lo prohibió: “Se lo hemos impedido porque no era de los nuestros”. En nombre de la comunidad Juan impide una buena acción. Él pensaba que era el dueño de Jesús y quería prohibir que otros usaran el nombre de Jesús para hacer el bien. Quería una comunidad cerrada en sí misma. Aquí se manifiesta la vieja mentalidad del “¡Pueblo elegido, Pueblo separado! Jesús responde: “No se lo impidáis, porque quien no está contra vosotros, está por vosotros. El objetivo de la formación no puede conducir a un sentimiento de privilegio y de posesión, sino que debe conducir a una actitud de servicio. Para Jesús, lo que importa no es si la persona forma parte o no de la comunidad, sino más bien si hace o no el bien que la comunidad debe hacer.

He aquí otros casos de cómo Jesús educa a sus discípulos y discípulas. Una manera de dar forma humana a la experiencia que Él mismo tenía de Dios Padre. Vosotros podéis completar la lista:
* los compromete en la misión y al regreso hace la revisión con ellos (Mc 6,7; Lc 9,1-2; 10,1-12,17-20)
* les corrige cuando se equivocan (Lc 9,46-48; Mc 10,13-15)
* les ayuda a discernir (Mc 9,28-29)
* les pregunta cuando no comprenden o son tardos en entender (Mc 4,13; 8,14-21)
* les prepara para la lucha (Mt 10,17s)
* reflexiona con ellos sobre los problemas del momento (Lc 13,1-5)
* les manda observar la realidad (Mc 8,27-29; Jn 4,35; Mt 16,1-3)
* les coloca frente a las necesidades de las gentes (Jn 6,5)
* les enseña que las necesidades de las gentes están sobre cualquier prescripción ritual (Mt 12,7.12)
* les defiende cuando son criticados por los adversarios (Mc 2,19; 7,5-13)
* se ocupa de su descanso y de su alimentación (Mc 6.31; Jn 21,9)
* pasa momentos solo con ellos para poder instruirlos (Mc 4,34; 7,1; 9,30-31; 10,10; 13,3)
* insiste en la vigilancia y enseña a orar (Lc 11,1-13; Mt 6,5-15)

6. Salmo 19 (18) , 8-15

La ley de Dios fuente de formación

La ley de Yahvé es perfecta,
hace revivir;
el dictamen de Yahvé es veraz,
instruye al ingenuo.
Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos.
El temor de Yahvé es puro,
estable por siempre;
los juicios del Señor veraces,
justos todos ellos,
apetecibles más que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo de panales.
Por eso tu siervo se empapa en ellos,
guardarlos trae gran ganancia;
Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.
Guarda a tu siervo también del orgullo,
no sea que me domine;
entonces seré irreprochable,
libre de delito grave.
Acepta con agrado mis palabras,
el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahvé,
Roca mía, mi redentor.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comprometerse

1.- Uno de los relatos de “Tierra de Hombres” de Antoine de Saint Exupéry, obra por la que recibió el premio de novela de la Academia Francesa, dice que su protagonista, creo se llamaba Mermoz, víctima de un accidente de aviación por crestas andinas, salvado de milagro y tratando de acercarse a pie a tierras habitadas, llegado el momento que sus fuerzas ya no le sostienen y decidido a dejarse morir entre los bloques de hielo, piensa en sus amigos, que de ninguna manera imaginarán que si está vivo dejará de caminar, en su esposa, que si no encuentran su cadáver no podrá cobrar el seguro de vida contratado y para no decepcionar, por querer ser fiel a la amistad y al matrimonio, se levanta, haciendo de tripas corazón y a trancas y barrancas, sin sentir satisfacción ni deseo, logra llegar a un promontorio, donde sin haberlo programado ni previsto, le verán quienes le están buscando y salvará su vida. A sus amigos no dejará de machaconamente repetirles: esto no lo hubiera hecho ninguna bestia. 

(os advierto, mis queridos jóvenes lectores, que Saint- Exupéry es más conocido por ser autor de “Le Petit Prince”, en castellano “El Principito”. Precioso sin duda, pero sinceramente os digo que yo aprecio más la novela histórica a la que me he referido)

No, ningún animal es capaz de comprometerse. Me gustaba repetir esto, también machaconamente, cuando celebraba matrimonios. El hombre es el único ser capaz de comprometerse y esta es una de sus glorias.

2.- Cambio de tercio. La primera y tercera lectura de este domingo se sitúan en el terreno comentado anteriormente. Trata, como veréis, del compromiso, a él se refiere considerándolo no solo admirable cualidad humana, sino también virtud que Dios pide a sus fieles, desde Abraham hasta nosotros mismos.

Eliseo es el profeta héroe de Jericó, discípulo de Elías. El relato de la primera lectura nos cuenta precisamente como se incorporó a la misión que por inspiración de Dios en el Sinaí, a Elías se le había encomendado. 

3.- No olvidéis, mis queridos jóvenes lectores, los trajines que a Elías le sometió el Señor. Vivió solitario mucho tiempo, un día hubo de denunciar el proceder del rey y no se quedó mudo, otro sometió a prueba las creencias de los profetas de Baal, ganó la Fe en Yahvé, pero también el odio de la reina Jezabel, de tal manera lo aborreció la tal señora, que tuvo que huir al Sinaí para salvar la piel y recibir órdenes. ¡también se las podría haber dado más cerca, digo yo!, pero así son los procederes de Dios y no se los discutiré, tampoco, evidentemente el gran profeta que de inmediato se desplazó a tierras de Israel, buscó a Eliseo y ya habéis escuchado el protocolo que ambos siguieron para pasar de uno a otro el testigo de esta carrera de relevos que es la preparación de la llegada del Mesías. 

4.- Eliseo solicitó una pequeña tregua y le fue concedida, se despidió de la familia, cambió radicalmente de vida, no sin antes con los aperos de sus yuntas de bueyes, ofrecer un sacrificio y hacerles partícipes del rito a sus criados. Que lo cortés no quita lo valiente, dice el refrán castellano. Acabó Elías fielmente su misión y tomó el relevo Eliseo, pero esto es tema de otro relato. Se retrasó un poco Eliseo en el cumplimiento de los deseos del Señor, pero se comprometió con Él del todo.

5.- El evangelio nos sitúa en tierras samaritanas. A estas poblaciones los judíos de hoy, aceptando que son dominios palestinos, les llaman simplemente los territorios. En aquel tiempo y aun ahora, el que se desplaza desde el norte, Galilea, hacia el sur, Jerusalén, evita pisar estas comarcas, prefiere hacerlo por la ribera del Jordán. En aquel entonces los samaritanos, como nos recuerda el texto, no simpatizaban ni con galileos ni con judíos y su templo, levantado en la cumbre del Garizín, rivalizaba con el de Jerusalén. Recordad el episodio de Jesús con la samaritana, junto al pozo de Jacob.

6.- A Jesús y su pequeña tropa, doce pescadores y cuatro o cinco mujeres, no les permitieron alojarse en ninguna de sus casas, cosa que enojó en extremo, principalmente a Juan y Santiago, que no en vano se les conocía como los hijos del trueno. Se ofrecieron a quemarlos vivos con el auxilio de Dios, que enviaría rayos, según ellos pensaban. No era este el propósito de Jesús. Se enfadó con ellos y eso que eran sus predilectos, y abandonaron a los inhóspitos habitantes. Acordaos de tal proceder cuando alguien os solicite asilo, no sea que también por vuestra casa pase de largo y después os quejéis de que Dios no os atiende.

7.- Hay gente que quiere seguir a Jesús disponiendo de domicilio en la ciudad, un refugio en la montaña y un apartamento junto a la playa. ¿cómo seguirle? ¿Como acompañar a quien ni siquiera posee un apartamento alquilado? Otro le propone ir con él cuando acaben los ritos de enterrar a su difunto padre. En este caso, algo más debía saber, le dice que debe hacerlo de inmediato. Pretender facilidades, darse a medias, no es propio de quien a Él quiera unirse.

8.- Acaba el fragmento de hoy con la frase lapidaria: quien toma el arado y mira atrás, no es digno del Reino de los Cielos. Tal vez hoy diría: quien escogido matrimonio, disfruta recordando antiguos noviazgos… o quien se ordena presbítero y se entretiene más tarde añorando enamoramientos antiguos… o quien se compromete en un movimiento apostólico, en una congregación o asociación cristiana y vacila y siente nostalgia de otros procederes, sin rendir en lo que se ha comprometido… La vida cristiana, no lo olvidéis, mis queridos jóvenes lectores, es una seria aventura, que procura seria felicidad.

Pedrojosé Ynaraja

Vocación a la libertad

Una de las máximas aspiraciones del ser humano, desde el principio de los tiempos, es la libertad, y así se recoge en la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la Organización de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 como un ideal común para todos los pueblos y naciones: “Todos los seres humanos nacen libres… (Art. 1); Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad… (Art. 3); Nadie estará sometido a esclavitud…” (Art. 4). Esta libertad debe concretarse en todos los ámbitos: político, social, religioso, económico, familiar… y también en lo personal. Pero sabemos que a menudo se confunde la libertad con “hacer lo que me dé la gana”. No hay que olvidar que la libertad es la facultad de obrar de una manera u otra, y por tanto, podemos utilizarla para el bien o para el mal. Y seremos responsables de nuestra decisión en uno u otro sentido, y de sus consecuencias.

La Palabra de Dios en este domingo nos habla de libertad, y nos muestra diferentes modos de ejercerla y también diferentes consecuencias. Partimos de lo que San Pablo ha dicho en la 2ª lectura: para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Aunque viva bajo regímenes que no reconozcan la libertad, el cristiano siempre es y será libre gracias a Cristo, más allá de las circunstancias sociales, políticas, familiares… porque Cristo nos da la libertad interior: Cristo nos hace sentir libres.

Y sentirnos libres no es “hacer lo que nos dé la gana”, como indica el Catecismo de la Iglesia Católica: “la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal y, por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar” (1732). Por eso advierte San Pablo: no una libertad para que se aproveche el egoísmo. Cristo nos ha liberado de los deseos de la carne, es decir, del egoísmo en todas sus formas y manifestaciones, para que libremente elijamos el camino del bien y decidamos ser esclavos unos de otros por amor.

Como nos recuerda el Catecismo: “En la medida en que el hombre hace más el bien, se va haciendo también más libre. No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia” (1733), aunque conlleve obligaciones, porque toda la ley se concentra en esta frase: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Elegir el camino de los deseos de la carne, el del egoísmo, tiene como consecuencia que terminaréis por destruiros mutuamente, como Santiago y Juan en el Evangelio, que ante el rechazo sufrido en una aldea de Samaría, querían usar su libertad de forma egoísta, mandando bajar fuego del cielo para que acabe con ellos.

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado; y por eso, vuestra vocación es la libertad. La vocación es la llamada a la santidad que Dios hace a cada uno de nosotros, ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de casa día, allí donde cada uno se encuentra, siendo sus discípulos y apóstoles; y para responder a esa llamada, tenemos primero que sentirnos libres para poder ofrecer después la libertad que Cristo nos ofrece.

Porque seguir a Jesús es una decisión libre: “El hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios; nadie debe estar obligado contra su voluntad a abrazar la fe (…) Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados por su conciencia, pero no coaccionados (…) Cristo invitó a la fe y a la conversión, Él no forzó jamás a nadie” (160). Desde esta apelación y respeto a nuestra libertad debemos entender las respuestas que en el Evangelio Jesús da a esos tres personajes que pretenden seguirle: aunque lo parezca, no les rechaza ni les desalienta, sino que les muestra claramente las exigencias y consecuencias de seguirle, para que libremente puedan tomar su decisión y “hacerse esclavos por amor”.

¿Me considero una persona libre? ¿Qué prevalece en el ejercicio de mi libertad, el “egoísmo” más o menos declarado, o una “esclavitud por amor”? ¿Me siento interiormente libre? ¿Hay alguna “esclavitud” que impida o dificulte esa libertad interior? ¿Sigo a Jesús libremente, o me siento coaccionado de algún modo? ¿Asumo libremente las exigencias y consecuencias del seguimiento?
Hoy Dios nos recuerda: Vuestra vocación es la libertad. Todos tenemos que luchar para que esa libertad reconocida en las leyes se lleve a la práctica para toda persona. Y como seguidores de Cristo, ese trabajo por la libertad pasa por elegir libremente el camino del amor y del servicio, siendo esclavos unos de otros por amor, siguiendo a Cristo que a pesar de su condición divina, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo (cfr. Flp 2, 67) para liberarnos del pecado y podamos vivir plenamente nuestra vocación: la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rom 8, 21).

El yugo suave de Jesús

1. – En el Evangelio de San Lucas de este domingo se presentan varios diálogos de Jesús con gentes que quieren seguirle. Parecen muy radicales los planteamientos del Señor a no dejar que uno entierre a su padre o que otro ni siquiera pueda despedirse de su familia. Ese radicalismo podría parecer que estaba en contra de la libertad personal de cada uno. No es así. La «petición fuerte» sorprende y trae, sin duda, un camino de reflexión. Y ahí es donde todo se hace grande, porque una misión que ni siquiera permite seguir unos legítimos compromisos familiares da idea de su enorme dimensión. Y, también, obliga al análisis personal, porque no se puede aceptar nada que lleve una petición tan importantes, si no es mediante la reflexión y la decisión personal.

2. – El Señor va a decir también que no tiene lugar donde reposar su cabeza, ni lugar alguno de descanso. Sus discípulos, al seguirle, deberán tomar conocimiento de otras de las características del trabajo propuesto. Los consuelos habituales que puede dar el entorno, o la familia, no son posibles. El único consuelo –y no es poco– es saberse que uno va en pos de Jesús. Pero todo esto es posible. Es una opción, no un camino imposible. La semana anterior Jesús nos pedía que cargáramos con nuestra cruz y le siguiéramos. Hoy es lo mismo. El seguimiento es sin condiciones, porque la misión es muy grande.

3. – La Cruz no es una búsqueda masoquista de dolor a ultranza. Es la aceptación de la vida como viene. Y a veces en nuestra vida no hay dolor, hay otras cosas también difíciles, como la mediocridad de un ambiente. En arameo, la lengua de Cristo, cruz y yugo tienen la misma raíz y no olvidemos que el mismo Jesús nos ha dicho que «su yugo es suave y su carga no es pesada». Tras aceptar el camino de seguir a Jesús, él mismo nos va a dar fuerzas. Lo radical, sin duda, está en la decisión de agradecimiento a Dios y de encuentro con los hermanos. Todo lo que queráis hacer por Dios, ofrecerle o entregarle, que sea por amor y desde la libertad. Y también con valentía, porque “el que echa mano al arado y sigue mirando para atrás no vale para el reino de Dios”.

 

Ángel Gómez Escorial

Comentario al evangelio – 30 de junio

Seguir a Jesús en libertad y amor

      La idea de seguir a Jesús nos hace pensar en la vocación. Todos somos llamados por Jesús a seguirle. Por otra parte es cierto que sólo a algunos se les invita a cambiar de estilo de vida, a asumir una nueva forma de vida en la Iglesia con respecto a la que tenían. 

      ¿Qué significa seguir a Jesús para los cristianos en general? En el Evangelio de hoy parece que Jesús pone las cosas difíciles a los que quieren seguirlo. A uno le promete vivir en la más total de las pobrezas –“las zorras tiene madriguera pero el Hijo no tiene donde reposar la cabeza”–, a otro le pide que abandone a su familia sin siquiera enterrar a su padre –para los judíos enterrar a los muertos es uno de los más sagrados deberes, cuánto más al padre–, a otro le impide incluso despedirse de su familia. La llamada de Jesús es una llamada radical que descoloca a las personas de su vida para ponerlas al servicio del Reino.

      Entonces, ¿quién puede seguir a Jesús? La respuesta está en la segunda lectura, de la carta a los gálatas. Ahí está la clave para comprender el servicio del Reino al que Jesús nos llama. Incluso se podría cambiar el orden de las lecturas y leer la segunda después del Evangelio. Pablo comienza proclamando que Jesús nos ha liberado para que seamos libres. El Reino es lo absolutamente contrario a la esclavitud. El Reino de Dios es el reino de la libertad. Vivir al servicio del Reino significa asumir radicalmente la libertad que Dios nos ha concedido en Cristo. Asumirla con sus riesgos y asumirla responsablemente. Entrar en el Reino es madurar como personas. Los hijos de Dios no tienen más vocación que la libertad. Y ahí no se pueden hacer concesiones. No hay que volverse a mirar el tiempo en que fuimos esclavos, no hay que preocuparse siquiera de enterrar lo que abandonamos. Nuestra vocación nos llama a crecer en libertad. No es fácil vivir en libertad y asumirla responsablemente. Es un camino duro –como el de Jesús, en subida hacia Jerusalén–. Supone renunciar a muchas seguridades. Pero ahí es donde nos quiere Dios. 

      Claro que es una libertad atemperada en la relación por el amor. Somos libres para amar con todo el corazón. Somos libres desde la verdad más verdadera de nuestras vidas: todos somos hermanos y hermanas en Jesús. Somos libres para tomar las decisiones que nos lleven a amar y respetar la vida en su integridad, la propia y la de los demás. Somos libres para defender la vida frente a todas las amenazas. Somos libres para vivir en solidaridad con toda la creación. Seguir a Jesús para el cristiano significa madurar en libertad, dejar de ser esclavo de las normas y ser agente activo en la construcción de un mundo más justo, más hermano y más libre. 

Para la reflexión

      ¿Cuáles son mis esclavitudes? Trata de concretarlas (el qué dirán, el alcohol, la pereza…). ¿Cómo trato de liberarme de ellas? ¿Qué significa para mí vivir en libertad? ¿En qué medida estoy trabajando para hacer que este mundo sea más humano, más libre y fraterno?

Fernando Torres, cmf