Comentario al evangelio – 1 de junio

Jesús nos enseña hoy en el evangelio cómo debemos orar para que nuestras palabras alcancen el corazón del Padre del cielo. Es verdad que cuando rezamos, solemos sufrir muchas distracciones, ¡llevamos tantas cosas en la cabeza! Y a veces llegamos a pensar que no vale la pena rezar así, porque nuestra mente no se centra en las palabras que decimos. Pero la verdad es que la oración que hacemos en el nombre de Jesús, siempre llega al corazón del Padre y obtiene su fruto, tal vez no exactamente lo que nosotros querríamos. Pero nadie sale con las manos vacías de la presencia de Dios nuestro Padre.

Jesús quiere además que experimentemos alegría en la oración y nos dice: “pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa”. Es la alegría que brota del corazón que se ha abierto con toda confianza ante la bondad infinita del Señor.  Y aunque a veces la tristeza o la angustia o la enfermedad llene nuestra alma,  estando frente al sol siempre experimentaremos calor, es calorcito íntimo que nos da la seguridad de que alguien nos escucha y está a nuestro lado.

He aquí una historia sorprendente que demuestra que también en la enfermedad incurable se puede vivir, no sólo con resignación, sino con alegría.

La sierva de Dios María Florencia Domínguez Netto (por sobrenombre Piché) nació en Asunción, Paraguay,  el 27 de octubre de 1917. Desde los primeros años de su infancia vivió en Encarnación donde sus padres pusieron su domicilio.

A los cinco años de edad comenzó su enfermedad de parálisis, que ya no la dejaría en toda su vida. La parálisis fue inmovilizando los miembros de su cuerpo y a los nueve años se vio obligada a vivir postrada en cama, de la que ya no salió hasta su muerte, acaecida el 17 de noviembre de 1982. Total 56 años postrada en la cama.

Ella, bajo la luz del Espíritu Santo, penetró en el misterio de la cruz y aprendió a ver en el dolor un favor del Señor y una muestra de su predilección, por eso, cuando más arreciaba el dolor, que según los médicos que la atendieron, tenía que ser muy fuerte, ella solía repetir:

– “Son caricias de mi buen Jesús”.

Adquirió el difícil arte de hacer de la renuncia y el dolor, una fuente de amor y un camino de santidad. Era su medio de apostolado, acercaba a Dios a cuantos la visitaban.

Al cumplir los cincuenta años hizo imprimir un recordatorio: “En recuerdo y eterna gratitud al Señor porque me ha elegido para servirle durante 50 años  desde esta cama a través de la enfermedad”. Y ponía la fecha: 6 diciembre 1925 a 1975 y debajo la frase: “Sea mil veces bendito el sufrimiento que me ha acercado a Dios”.

Es admirable el gesto heroico de Maria Florencia  aceptando la enfermedad,  y admirable también el amor de los familiares que la cuidaron a lo largo de tantos años.

Carlos Latorre, cmf

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Sábado VI de Pascua

Hoy es 1 de junio, sábado VI de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 16, 23b-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

“De cualquier manera que Cristo sea predicado yo me alegraré”. Es lo que los predicadores oficiales de entonces pudieron decir ante la predicación del evangelio de Jesús por parte del judío-cristiano Apolo. Es lo que los predicadores de cualquier tiempo podemos y debemos decir. Porque lo importante no son los predicadores. El importante, el necesario es Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que nos salva, el que nos ilumina, el que nos emociona, el que nos atrae, el que se adueña de nuestro corazón para dirigir nuestros pasos por los caminos de la paz, de la alegría, del sentido, de la esperanza, el que nos espera al final de nuestra vida para recibirnos en su reino y seguir invitándonos al banquete de su amor, para toda una eternidad.

Al mismo tiempo que San Lucas, en esta primera lectura, nos relata cómo Pablo seguía anunciando a Cristo muerto y resucitado por Antioquía, Galacia, Frigia, nos presenta y da la bienvenida a un nuevo y hasta entonces desconocido predicador de Jesús. Es Apolo, “hombre elocuente y muy versado en la Escritura, que había sido instruido en el camino del Señor”. Con este buen bagaje “exponía la vida de Jesús con mucha exactitud”. Gracias a la ayuda de Priscila y Aquila perfeccionó su “formación teológica” y le explicaron “con más detalle el camino del Señor”. Y siguió evangelizando, por eso, “su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes”. ¡Bienvenidos sean todos los Apolos de cualquier tiempo! 

Como siempre, San Juan es denso en sus afirmaciones. En la primera, Jesús dice: “Si pedís algo al Padre en mi nombre os lo dará”. Lo que conocemos de Jesús nos lleva a entender bien esta afirmación suya, en principio tan universal. El Padre no nos puede conceder cualquier cosa que le pidamos. Al Padre solo le podemos pedir lo que esté de acuerdo con Jesús y su evangelio.

El Padre, aunque se lo pidamos, no nos puede conceder que matemos a una persona determinada, que un robo nos salga bien… porque es algo contrario a Jesús y su evangelio y, por tanto, también al Padre de Jesús. Pero sí le podemos pedir todo que vaya en la línea del amor, del perdón, de la verdad, en la línea de las bienaventuranzas… en la línea de Jesús.

En la segunda afirmación, Jesús nos dice que “os hablaré del Padre claramente”. Así fue y así se lo expresó a Felipe, que quería adentrarse en el conocimiento del Padre: “Felipe, quien me ve a mí ve al Padre”. Jesús nos ha mostrado claramente quién es él y, por tanto, quién es el Padre.

En la tercera afirmación, Jesús nos habla de su íntima relación con el Padre. “Salí del Padre y he venido al mudo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre”. Pero bien sabemos por otras afirmaciones de Jesús, que siempre permaneció unido al Padre: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”.

Liturgia 1 de junio

SÁBADO. SAN JUSTINO, mártir, memoria obligatoria

Misa de la memoria (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 18, 23-28. Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías.
  • Sal 46. Dios es el rey del mundo.
  • Jn 16, 23b-28. El Padre os quiere porque vosotros me queréis y creéis.

Antífona de entrada          Cf. Sal 118, 85. 46
Los insolentes me contaron falsedades ignorando tu ley; pero yo comentaré tus preceptos ante los reyes y no me avergonzaré. Aleluya.

Monición de entrada
Hermanos, al celebrar memoria del filósofo y mártir san Justino, quien buscando la verdad, la encontró en Cristo, y por Él derramó su sangre, alcanzando así el premio eterno, pedimos saber abrirnos a la palabra salvadora de Jesucristo, y reconocemos lo que hay de pecado en nosotros, y pedimos que el Espíritu de Dios renueve nuestras vidas.

Yo confieso…

Oración colecta
OH Dios,
que por medio de la locura de la cruz
enseñaste de modo admirable
la incomparable sabiduría de Jesucristo
al mártir san Justino,
concédenos, por su intercesión,
alejados los errores que nos cercan,
conseguir la firmeza de la fe.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora nuestras oraciones a Dios Padre, que nos ha reunido en esta casa de oración y nos llama a dar fruto.

<

p style=»text-align:justify;»>1.- Por la Iglesia, por el Papa, los obispos y los sacerdotes, por las comunidades de cristianos en todo el mundo. Roguemos al Señor. 


<

p style=»text-align:justify;»>2.- Por el aumento de las vocaciones sacerdotales y por la perseverancia 
de los seminaristas. Roguemos al Señor. 


<

p style=»text-align:justify;»>3.- Por la buena convivencia en nuestro país, y por el bienestar de todos 
los que aquí vivimos. Roguemos al Señor. 


<

p style=»text-align:justify;»>4.- Por los que, como san Justino, buscan la verdad. Roguemos al 
Señor. 


<

p style=»text-align:justify;»>5.- Por nosotros, que día tras día escuchamos las enseñanzas de 
Jesucristo, y que estamos llamados a dar fruto. Roguemos al Señor. 


Confiando en la palabra de tu Hijo, que nos pide que demos fruto abundante, te pedimos, Señor y Dios nuestro, que nos concedas todo lo que te hemos pedido con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,

celebrar dignamente estos misterios
que defendió san Justino con firme valentía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Co 2, 2
Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Aleluya.

Oración después de la comunión
SACIADOS con el alimento celestial,

te suplicamos humildemente, Señor,
que, siguiendo con fidelidad las enseñanzas
del mártir san Justino,
nos mantengamos en continua acción de gracias
por los dones recibidos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 1 de junio

Recordamos el primero a san Justino filósofo y mártir del siglo II. Era oriundo de Palestina, pero explicó filosofía en Roma donde fundó una escuela y se convirtió al Cristianismo. Defendió la fe contra los gnósticos y se atrevió a dirigir sus apologías al mismo emperador exponiendo los derechos de los cristianos a profesar su fe. En ellas nos ha dejado escritos los rasgos fundamentales de las celebraciones cristianas, especialmente el Bautismo y la Eucaristía. En el Diálogo con el judío Trifónse muestra dialogante y abierto. Se conservan las Actas auténticas de su proceso con otros compañeros. En ellas se confiesa varias veces cristiano ante el prefecto Rústico, que decretó: Sean azotados y ajusticiados conforme a la Ley.

También honramos este día a los santos Bernardo de Poblet, María y Gracia mártires, tres hermanos de origen mahometano; al primero le clavaron la cabeza en un árbol y a las dos hermanas las decapitaron en tiempo de Almanzor.

El santoral consigna a otros santos como Amón, Iñigo, abad, a quien se encomiendan en Burgos y Tarazona, Zenón, Tolomeo, Ingenuo y Teófilo mártires. Caprasio monje, Enecón abad, Fortunato presbítero, Iscirión mártir con otros cinco soldados, José Túc joven agricultor mártir en Tonkín, Próculo mártir crucificado, Román obispo, Simeón eremita y Vistano mártir que murió decapitado.

Entre los beatos figura Alfonso Navarrete, nacido en Logroño (España) y protomártir dominico, asesinado por su fe en Cristo con otros 205 compañeros en el Japón del siglo XVII, beatificados el 7 de julio de 1867, Aníbal María de Francia sacerdote y fundador de los Orantes del Corazón de Jesús, Juan Bautista Scalabrini obispo, Juan Bautista Vernoy presbítero y mártir, Juan Pelingotto de eminente caridad con los pobres, Juan Storey abogado ahorcado en Londres por su fidelidad al papa, Fernando de Ayala, sacerdote mártir celebrado en Ciudad Real y Teobaldo Roggeri distinguido por su pobreza. Un recuerdo especial hacemos de la Sierva de Dios María del Carmen Benavides, virgen seglar chilena, dominica, que espera la gloria de los altares.

En Cuenca celebran fiesta especial a Nuestra Señora de la Luz, su patrona y alcaldesa de honor desde 1953. Le vienen dando cultos los conquenses desde el siglo XII y la tienen canónicamente coronada.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Justino

LAUDES

SÁBADO VI DE PASCUA

SAN JUSTINO, mártir

(Siglo II). Filósofo y mártir, defendió con sus escritos el cristianismo.

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

«Quien entrega su vida por amor,
la gana para siempre»,
dice el Señor.

Aquí el bautismo proclama
su voz de gloria y de muerte.
Aquí la unción se hace fuerte
contra el cuchillo y la llama.

Mirad cómo se derrama
mi sangre por cada herida.
Si Cristo fue mi comida,
dejadme ser pan y vino
en el lagar y en el molino
donde me arrancan la vida.

SALMO 91: ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Ant. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. Aleluya.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos. Aleluya.

CÁNTICO del DEUTERONOMIO: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO

Ant. Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. Aleluya.

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destilo como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a Dios nuestro.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuértate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu pabre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. Aleluya.

SALMO 8: MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE

Ant. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

LECTURA: 1Jn 5, 3-5

En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos su mandamientos. Y sus mandamientos nos son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el HIjo de Dios?

RESPONSORIO BREVE

R/ La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.
V/ La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.

R/ Vivirán en el gozo y en la exultación
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. En toda oblación alabamos al Creador del universo por medio de Jesucristo, su Hijo, y del Espíritu Santo. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En toda oblación alabamos al Creador del universo por medio de Jesucristo, su Hijo, y del Espíritu Santo. Aleluya.

PRECES

Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:

Nos has comprado, Señor, con tu sangre

  • Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,
    — concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
  • Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,
    — concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
  • Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus pasos,
    — concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre del cordero
    — concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que has enseñado a san Justino a encontrar en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Cristo, concédenos por intercesión de tu mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos firmes en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.