Vísperas – San Bonifacio

VÍSPERAS

MIÉRCOLES VII DE PASCUA

SAN BONIFACIO, obispo y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V.Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, e justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en alegría. Aleluya.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la vida y en la muerte somos del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

R/ Nos refinaste como refinan la plata.
V/ Pero nos has dado un respiro.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

  • Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
    — Te glorificamos, Señor.
  • Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
    — Te glorificamos, Señor.
  • Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
    — Te glorificamos, Señor.
  • Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
    — Te glorificamos, Señor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
    — Te glorificamos, Señor.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Concédneos, Señor, la intercesión de tu mártir san Bonifacio, para que podamos defender con valentía y confirmar con nuestras obras la fe que él enseñó con su palabra y rubricó en el marticio con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 5 de junio

Tiempo de Pascua

1) Oración inicial

Padre lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Juan 17,11b-19

Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

3) Reflexión

• Estamos en la novena de Pentecostés, esperando la venida del Espíritu Santo. Jesús dice que el don del Espíritu Santo se da sólo a quien lo pide en la oración (Lc 11,13). En el cenáculo, durante nueve días, desde la ascensión hasta Pentecostés, los apóstoles perseveraron en la oración junto con María la madre de Jesús (He 1,14). Por esto conseguirán en abundancia el don del Espíritu Santo (He 2,4). El evangelio de hoy continúa colocando ante nosotros la Oración Sacerdotal de Jesús. Es un texto muy bien apto para prepararnos en estos días a la venida del Espíritu Santo en nuestras vidas.

• Juan 17, 11b-12: Cuídalos en tu nombre. Jesús transforma su preocupación en plegaria: “¡Cuídalos en tu nombre, el nombre que tu me diste, para que sean uno como nosotros!» Todo lo que Jesús hizo en su vida, lo hizo en Nombre de Dios. Jesús es la manifestación del Nombre de Dios. El Nombre de Dios es Yavé, JHWH. En el tiempo de Jesús, este Nombre era pronunciado como Adonai, Kyrios, Señor. En el sermón de Pentecostés, Pedro dice que Jesús, por su resurrección, fue constituido Señor: “Sepa, entonces, con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis”. (Hec 2,36). Y Pablo dice que esto se hizo: “para que toda lengua proclame, para gloria de Dios Padre: ¡Jesús Cristo es el Señor!” (Fil 2,11). Es el “Nombre sobre todo nombre” (Fil 2,9), JHWH o Yavé, el Nombre de Dios, recibió un rostro concreto en Jesús de Nazaret. Y es entorno a este nombre que hay que construir la unidad: Guárdalos en tu nombre, el nombre que tú me diste, para que sean uno como nosotros. Jesús quiere la unidad de las comunidades, para que puedan resistir frente al mundo que las odia y persigue. El pueblo unido alrededor del Nombre de Jesús ¡jamás será vencido!

• Juan 17,13-16: Que en sí mismos mi alegría sea colmada. Jesús se está despidiendo. Dentro de poco se irá. Los discípulos continúan en el mundo, serán perseguidos, tendrán aflicciones. Por esto están tristes. Jesús quiere que tengan alegría plena. Ellos tendrán que continuar en el mundo sin formar parte del mundo. Esto significa, bien concretamente, vivir en el sistema del imperio, sea romano o neoliberal, sin dejarse contaminar por él. Al igual que Jesús y con Jesús, deben vivir en el mundo sin ser del mundo.

• Juan 17,17-19: Como tú me enviaste, yo los envío al mundo. Jesús pide que sean consagrados en la verdad. Esto es, que sean capaces de dedicar toda su vida para testimoniar sus convicciones respecto de Jesús y de Dios Padre. Jesús se santificó en la medida en que, en su vida, fue revelando al Padre. Pide que sus discípulos entren en el mismo proceso de santificación. Su misión es la misma que la de Jesús. Ellos se santifican en la misma medida en que, viviendo el amor, revelan a Jesús y al Padre. Santificarse significa volverse humano, como lo fue Jesús. Decía el Papa León Magno: “Jesús fue tan humano, pero tan humano, como sólo Dios puede ser humano”. Por esto debemos vivir en el mundo, sin ser del mundo, pues el sistema deshumaniza la vida humana y la vuelve contraria a las intenciones del Creador.

4) Para la reflexión personal

Jesús vivió en el mundo, pero no era del mundo. Vivió en el sistema sin seguir el sistema, y por esto fue perseguido y condenado a muerte. ¿Yo? ¿Vivo hoy como Jesús lo hizo en su tiempo, o adapto mi fe al sistema?
• Preparación para Pentecostés. Invocar el don del Espíritu Santo, el Espíritu que animó a Jesús. En esta novena de preparación a Pentecostés es bueno sacar un tiempo para pedir el don del Espíritu de Jesús.

5) Oración final

Bendigo a Yahvé, que me aconseja;
aun de noche me instruye la conciencia;
tengo siempre presente a Yahvé,
con él a mi derecha no vacilo. (Sal 16,7-8)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 36-37

<

p style=»text-align:justify;»>38Le dijo Juan:Maestro, hemos visto a uno expulsando demonios en tu nombrey se lo impedimos, porque no nos sigue”.
39Pero Jesúsdijo: “No se lo impidáis. Porquenadie hará un portentoen mi nombrey podrá inmediatamente hablar mal de mí;

40porque quien no está contra nosotros,a favor de nosotrosestá.

<

p style=»text-align:justify;»>Después de dar respuesta a la disputa de sus discípulos sobre el concepto de grandeza, exhortándoles a recibir a los niños y seguir así su camino de humildad, Jesús recoge otra pregunta de los apóstoles que procede de una enfermedad espiritual similar, a saber: la pretensión de restringir el empleo sanador del nombre de Jesús al grupo de seguidores («no nos sigue»). 
La perícopa se divide en tres secciones: 1) relato de Juan a Jesús sobre el modo como él y otros discípulos han tratado al exorcista ajeno (9,38); 2) rechazo de Jesús a este trato (9,39) y 3) enunciación por parte de Jesús de un principio general sobre el trato con personas ajenas al grupo (9,40). La alternancia de pronombres personales para referirse a Jesús, por un lado, y a los discípulos, por otro, es reveladora. Los discípulos comienzan vinculándose a sí mismos con Jesús («porque no nos sigue»). Jesús parece al principio distanciarse de los discípulos, dirigiéndose a ellos en segunda persona plural, lo que implica que desaprueba lo que han hecho («No se lo impidáis»). Al final, sin embargo, restablece de nuevo el vínculo de unión con ellos usando de nuevo la primera persona del plural («Pues quien no está contra nosotros, a favor de nosotros está»). 


<

p style=»text-align:justify;»>• 9,38-40: La perícopa comienza con Juan, hijo de Zebedeo, un miembro del círculo íntimo de tres discípulos, que plantea a Jesús un problema: las acciones de un sanador que no es uno de «los nuestros» pero que, sin embargo, utiliza el nombre del Maestro para realizar exorcismos. Ya sea que la pregunta surgiera en la vida de Jesús o bien en la iglesia primitiva, Jesús rechaza la actitud exclusivista propuesta por Juan, observando que a personas como el exorcista ajeno, que operan maravillas en nombre de Jesús, no les será fácil hablar mal de él posteriormente (9,39b). La respuesta de Jesús implica que se ha liberado ya en el mundo una fuerza que en última instancia 
demostrará ser más poderosa que la inclinación a la calumnia inherente a la edad presente: esa fuerza es el poder del nombre de Jesús. A causa de este poder, hasta los que comienzan a manipular el nombre de Jesús para sus propios objetivos pueden encontrarse de improviso dentro de su esfera de influencia.
En la sentencia «Quien no está contra nosotros a favor de nosotros está», Jesús emplea un dicho proverbial expresado aquí en forma positiva, mientras que en Mt 12,30 // Lc 11,23 aparece en forma negativa: «El que no está conmigo está contra mí». Ambas formas cuentan con un paralelo en Cicerón: «Sostenemos que son enemigos todos aquellos que no están con nosotros, mientras que vosotros consideráis que todos aquellos que no están contra vosotros están a vuestro lado».

A pesar del tono optimista de la conclusión de nuestra perícopa, el evangelio recuerda constantemente a sus lectores que la adhesión a Jesús puede conducir al sufrimiento, la traición y la muerte. Pero, como Jesús acentuará en el siguiente pasaje, un destino aún más terrible espera a los que dan su espalda a la redención divina del mundo.

Comentario del 5 de junio

Jesús continúa su oración (sacerdotal) centrado en aquellos que el Padre le ha dado. Para ellos pide protección y unidad: sólo custodiados y unidos podrán evitar su perdición. Padre santo –decía-: guárdalos en tu nombre a los que me has dado. Para que sean uno, como nosotros. Hasta entonces él mismo, como buen pastor, había asumido esta tarea de custodia en nombre de Aquel que se los había dado como discípulos, el Padre. Pero ha llegado el momento de tener que abandonar este mundo y tendrá que ser el mismo Padre, con otras mediaciones humanas, el que se ocupe de ellos y de su suerte: Cuando estaba con ellos –añade Jesús-, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura.

Jesús justifica la elección de Judas, el hijo de la perdición, que podía ser entendida como una mala elección, acudiendo a las Escrituras, que habían predicho su extravío y traición. Judas es la excepción: ninguno de los elegidos para integrar el grupo de los Doce se perdió, sino él; pero esta pérdida no escapaba a los planes de Dios que lo había dejado escrito con mucha antelación. Ni siquiera la traición de Judas impediría la realización de los planes salvíficos de Dios; al contrario, contribuiría a su pronta ejecución, facilitando el cumplimiento de los designios divinos, pues Dios también sabe servirse del mal (que es responsabilidad de otro) para obtener el bien de muchos.

Yo les he dado tu palabra –prosigue el orante-, y el mundo les ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. El mundo que no ha acogido a Cristo como luz (del mundo) es el mismo mundo que no recibirá su palabra, ni a los portadores y transmisores de la misma, esos misioneros enviados por el mundo a anunciar el evangelio. Éste es el mundo al que no pertenecen ni él, ni sus discípulos, aunque tanto él como sus discípulos formen parte de este mundo corpóreo y terrestre en el que han nacido y han recibido su naturaleza (humana). Pero aquí se está refiriendo a ese otro mundo, que también forma parte del mundo en que vivimos, que se opone a los planes de Dios, rechazando todo lo que de Dios procede o lo que Él envía: profetas, Hijo, apóstoles. Sin embargo, en el rechazo del enviado está implicado el rechazo del enviante: el que a vosotros escucha a mí me escucha; el que a vosotros rechaza a mí me rechaza. La negación del Hijo es negación del Padre, y el rechazo del profeta es rechazo de Dios, que habla por su medio.

Este mundo hostil al enviado de Dios y a la siembra del evangelio, que primero fue judío y después pagano (o simultáneamente judío y pagano) es el mundo que odia todo lo que le resulta extraño o no percibe como suyo; por eso procura su eliminación o extirpación, como si se tratara de un tumor cancerígeno que amenaza con destruir el entero organismo social. El mundo que llevará a Jesús a la cruz será también el mundo que haga de sus seguidores mártires y confesores. Ese mundo no tiene que ser necesariamente ateo para combatir el nombre de Dios; también puede ser religioso, como lo era el mundo judío que no toleró la inquietante presencia de Jesús y sus apóstoles y acabó provocando la primera cosecha sangrienta de mártires cristianos. Baste recordar como ejemplos ilustres al protomártir, el diácono Esteban, y al apóstol Santiago, el primero entre los apóstoles en sufrir el martirio. Tampoco el mundo pagano en que empezó a germinar el naciente cristianismo era ateo, sino religioso: un mundo en el que florecían las más diversas formas de politeísmo. Y este mundo tampoco toleró en su seno al recién estrenado cristianismo, encabezando muy pronto una sangrienta persecución contra sus más dignos representantes, entre los que se cuentan los apóstoles Pedro y Pablo, víctimas de la locura de un emperador como Nerón.

Tal es el mundo que odia lo cristiano por no ser de este mundo, es decir, por considerarlo un elemento extraño –por eso provoca su rechazo- y nocivo para su sostenibilidad o mantenimiento del sistema. Jesús no le pide al Padre que los retire del mundo, algo que ya hace ese mundo que les asesina porque no les tolera, sino que los guarde del mal, sobre todo del mal de la apostasía o del mal que acarrea su perdición; porque éste es el verdadero mal, el mal que acabó provocando el extravío y la caída de Judas Iscariote, el hijo de la perdición. La guarda de aquellos por quienes ruega Jesús tiene por objeto evitarles este mal que se apoderó de Judas, haciendo de él un apóstata o un renegado y un traidor, el mal de la incredulidad y la desafección. No parece que Jesús considere la muerte martirial de sus seguidores como un mal para los que la sufren, sino más bien como una ocasión inmejorable para mostrarse como testigos, es decir, como una ocasión propicia para dar testimonio de él ante el mundo, incluido ese mundo hostil del que sólo procede rechazo.

Lo que importa en semejante situación es que sean santificados o consagrados en la verdad; y así, santificados, podrán ser enviados al mundo para proclamar esta verdad con una firmeza capaz de hacer frente a todo tipo de desafíos. Por eso, santifícalos –dice Jesús- en la verdad, en esa verdad que se sirve en la misma palabra del Padre: Tu palabra es la verdad, o también: La verdad se encierra y se dona en tu palabra. Es la verdad transmitida en esa palabra que es también la palabra de Jesús, pues todo lo suyo es también del Padre. La santificación en la verdad implica, por tanto, la afirmación en esa palabra que la custodia y comunica. Sin esta palabra careceríamos del depósito que guarda y conserva esta verdad que debe impregnar la entera vida del creyente que la profesa para que pueda desplegar toda su energía santificadora. Y así, santificados en la verdad, los cristianos podremos ser testigos fiables y creíbles de la misma; y estaremos capacitados para dar testimonio de esta verdad, incluso en ese mundo hostil e ingrato que no la reconoce. Este testimonio es el hace de nosotros verdaderos apóstoles o enviados para ser luz del mundo y sal de la tierra. Para desempeñar esta tarea, antes tenemos que estar santificados en la verdad. Pero ¿lo estamos?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

20. Si has perdido el vigor interior, los sueños, el entusiasmo, la esperanza y la generosidad, ante ti se presenta Jesús como se presentó ante el hijo muerto de la viuda, y con toda su potencia de Resucitado el Señor te exhorta: «Joven, a ti te digo, ¡levántate!» (Lc 7,14).

Comentario Domingo de Pentecostés

Oración preparatoria

Señor Jesús, dame Tu Paz, esa que sólo Tú puedes dar. Sin ella Tu envío no tiene futuro. Dame Tu Espíritu para ser como Tú, para alegrarme como Tú y vivir Tu misma vida resucitada. Que ese mismo Espíritu me ilumine para adentrarme en la Palabra que hoy me diriges. AMEN.

 

Jn 20,19-23

«19Así que, siendo el atardecer de aquel día, el primero de la semana y estando cerradas las puertas donde estaban los discípulos, por miedo a los judíos, vinoJesús y se puso en medio, y les dice: “Paz a vosotros”.

20Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Así que los discípulos se alegraron al ver al Señor.

21Así que les dijo [Jesús] de nuevo: “Paz a vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”.

22Y dicho esto, sopló y les dice: “Recibid el Espíritu Santo. 23A quienes perdonéislos pecados, les quedan perdonados; a quienes [se los] retengáis, [les] quedanretenidos”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Volvemos al evangelio de Juan, texto privilegiado durante la Pascua. Estamos ante el primer final de dicho evangelio. Antes de nuestro texto, el evangelio ha relatado la escena del sepulcro vacío (Jn 20,1-10) y la aparición de Jesús a María Magdalena (20,11-18). Después, se nos relatará la reacción de Tomás (20,24-29), la aparición de Jesús en el lago de Tiberíades (21,1-23) y el segundo final del evangelio, que concluye con una impresionante hipérbole acerca de las accionesdel Resucitado, que deja abierta para el creyente la puerta de una relación abierta e interminable con Jesús, Señor de la Vida (21,24-25).

 

TEXTO

El texto evangélico ya lo habíamos leído el segundo domingo de Pascua, aunque con el episodio de Tomás (vv. 24-29). Este lo podemos estructurar en 2 partes paralelas:

1.- vv. 19-20: Primera intervención de Jesús ante los discípulos, con un esquema ternario:

a. situación y palabras de Jesús (v. 19); b. gesto de Jesús (v. 20a);
c. reacción de los discípulos (v. 20b);

2.- vv. 21-23: Segunda intervención de Jesús ante los discípulos, en tres pasos:

a. las palabras de Jesús (v. 21);
b. el gesto de Jesús (v. 22a);
c. las palabras de Jesús (vv. 22b-23).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Como señalábamos en el II domingo de Pascua, el texto invita a dos movimientos básicos: del miedo a la alegría y de estar encerrados a estar enviados. La experiencia de la Presencia Viva del Resucitado inicia en los suyos un nuevo itinerario radicalmente transformado y transformador. ¿Sentimos esa nueva fuerza ahora que pasó la Pascua?

• Se remarca la bondad de Cristo Jesús, que no solo no reprocha a sus amigos el abandono y la soledad en que le dejaron, sino que les regala las primicias de su Resurrección: la paz y el Espíritu Santo con el perdón de los pecados. ¿Son dones que experimentamos en nuestro seguimiento? ¿Somos personas en paz y portadoras de paz? ¿Somos personas capaces de reconciliarse y reconciliar?

• Impresiona -decíamos también el II domingo- la densa riqueza del misterio de Dios: Padre que envía, Hijo Señor, Espíritu Santo reconciliador. ¿Tanto dinamismo de amor de Dios se manifiesta en nuestra vida espiritual?

• Ahora dos veces repite Jesús el saludo: “¡Paz a vosotros!”. La paz y la serenidad interior es una marca de los discípulos “habitados” por Jesús. La paz, que esun don del Resucitado, se vuelve tarea de los discípulos en el envío. ¿Dónde urge trabajar la paz entre nosotros?

• Otro aspecto sugerente: ¿Qué puede significar hoy para ti el hecho de que tan pronto vuelva a tu vida espiritual este evangelio?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo de Pentecostés

Domingo de Pentecostés
9 de junio 2019

Hechos 2, 1-11; Salmo 103; Romanos 8, 8-17; Juan 14, 15-16.23-26

Jesús sopla el Espíritu Santo sobre Ellos. (Evangelio)
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: «La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar».

Reflexión
¿Dónde se le aparece Jesús al anochecer del día de la Resurrección? ¿Por qué estaban encerrados? ¿Qué dice Jesús dos veces? Cuando Jesús está con nosotros, tenemos paz, ¿qué significa esto? (Aunque pase cosas malas, tenemos la confianza y paz en nuestro corazón que estamos en las manos de Dios.) Después
Jesús sopla sobre ellos y les da el Espíritu Santo y el poder de perdonar pecados. ¿Quién puede perdonar pecados? (Solo Dios y los sacerdotes que por su ordenación actúan en Cristo mismo -In Persona Christi-en la Consagración y en la Reconciliación.) ¿Quién es el Espíritu Santo? (Dios) ¿Cómo los ayuda el Espíritu Santo? (Les da coraje, sabiduría… para salir de la casa y proclamar al mundo lo que hizo Jesús por nosotros.)

Actividad
En la siguiente página, cortar las llamas y pegar a una cinta para amarrarlos a la cabeza de los niños. Decirles que cierren los ojos, hacer ruido como de viento, y ponerles las cintas. Leer Hechos 21-11. Leer de uno en una cada llama y rezar por ese don para ese niño. Hacer una caja y decorar con símbolos del Espíritu Santo (viento-impulsa a la acción; fuego-purifica, calienta y da luz; agua-limpia y da vida; paloma blanca-paz y pureza). Puede llevar representaciones de cada símbolo: un molinete, un encendedor, un atomizador con agua, y una paloma de juguete) Poner frutos del Espíritu Santo adentro y hacer que cada niño escoja un fruto y decir como van a orar por ese fruto durante la semana y ponerlo en acción para ayudar a otras personas.

Oración
Ven Espíritu Santo, ven y llena nuestros corazones de Tu amor. En unión con Maria, Nuestra Madre, forma a Jesús en cada uno de nosotros, para que podamos ser como Él: bondadosos, compasivos, llenos de amor y de misericordia. Espíritu Santo ven, ven.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo de Pentecostés

¿A cuántos de ustedes les gusta volar cometas? Es muy divertido mirar las cometas subir bien alto al cielo. ¿Qué es lo que las mantiene allá arriba? Es el viento ¿no? ¿Cuántos de ustedes han visto el viento? ¡Esto es una broma! Nadie ha visto el viento. No podemos verlo porque es invisible. Pues, si no podemos verlo ¿Cómo podemos saber que existe?

Una forma de saber que el viento existe es que lo oímos. Cuando me despierto por la mañana, a veces pongo la televisión para escuchar cómo estará el tiempo. Algunas mañanas, no tengo que ver la televisión para saber el mucho viento que hace. ¡Puedo oírlo! Lo oigo silbar al pasar entre los árboles, al bajar por la chimenea y alrededor de las ventanas y puertas. No podemos ver el viento, pero sabemos que sí existe porque lo oímos.

Otra forma de saber que el viento existe es que podemos verlo moviendo cosas. (Tome pedazos de papel en la mano y sóplelos al aire.) Podemos verlo al soplar las hojas de los árboles y los pedazos de papel. No podemos ver el viento, pero sabemos que sí existe porque podemos ver lo que hace.

Aun otra manera de saber que el viento existe es porque lo sentimos. Sóplense la parte de atrás de la mano. ¿Vieron algo? ¡No!, pero sí sintieron algo ¿no es así? No podemos ver el viento, pero podemos sentirlo soplando contra nuestro rostro y cabello.

Hoy día, muchas iglesias celebran un día especial llamado Pentecostés. Fue en el día de Pentecostés cuando Dios envió el Espíritu Santo a la Iglesia. La Biblia nos dice que los apóstoles estaban reunidos cuando de repente hizo un ruido como una violenta ráfaga de viento. Entonces, dice la Biblia, todos fueron llenos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo de Dios es como el viento. No podemos verlo, pero sabemos que está aquí, de la misma manera que sabemos que el viento está aquí.

Podemos saber que el Espíritu Santo está con nosotros porque podemos escucharlo. La Biblia dice, «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.» (Apocalipsis 3:20) No podemos ver el Espíritu Santo, pero sabemos que está aquí porque él habla a nuestro corazón.

Otra manera de saber que el Espíritu Santo está entre nosotros es que podemos verlo moviendo a la gente para hacer su voluntad. La Biblia dice que el Espíritu de Dios impulsa a su gente a hablar y hacer cosas por él (2 Pedro 1:21). No podemos ver a Dios, pero podemos ver a la gente hacer lo que el Espíritu Santo les impulsa a hacer.

Podemos saber que el Espíritu Santo está cerca de nosotros porque podemos sentir su presencia. La Biblia dice, «…no temo peligro alguno porque Tú estás a mi lado.» (Salmo 23:4) La Biblia también dice que «…si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros» (1 Juan 4:12). No podemos ver el Espíritu Santo, pero sabemos que sí está porque podemos sentir Su presencia en nuestra vida.

Padre, gracias por enviar tu Espíritu Santo. Aunque no podemos verlo, agradecemos que podemos escuchar cuando le habla a nuestro corazón, sentir su presencia en nuestra vida, y ser movidos a hacer tu voluntad. En el nombre de Jesús oramos, amén.

Comentario al evangelio – 5 de junio

Hace años, lo que más me llamaba la atención de este Evangelio eran las palabras de Jesús sobre que no se perdiera ninguno de los que el Padre le había dado. Lo veía como la señal de que para Jesús todos y cada uno de nosotros somos importantes. No somos solo un número en una lista o en un registro. Dios nos conoce a cada uno, nos ama y se preocupa por nosotros.

Y al leer la primera lectura, se ha concretado algo de lo que podemos intuir en el Evangelio: tenemos que sentirnos responsables de los demás. En lo relativo a los hermanos de comunidad, no podemos decir que “no es asunto mío”. Tiene su lógica, si estamos intentando seguir a Cristo, y Él se preocupaba por todos, pero, especialmente, por la oveja perdida.

En nuestro mundo hay muchos, muchos lobos, que nos acechan por todas partes. Es muy fácil relajarse, dejarse llevar, empezar a dejar las cosas que nos ayudan y caer en las garras de lo que el mundo considera normal. Y dejo de ir a Misa el domingo, porque estoy cansado. Y dejo de rezar, porque no tengo tiempo. Y dejo de frecuentar el sacramento de la Penitencia, porque no cambia nada, o porque me da vergüenza…

Y los lobos del mundo nos rodean, y nos dejamos llevar. Y se me olvida que Dios me ama, y se preocupa por mí, y no descansará (y no descansaré) hasta que vuelva. Y ahí entramos los demás, los hermanos, lo amigos, los familiares, los conocidos. Llamando a los que hace mucho que no vienen, preguntando al sacerdote por ese parroquiano que no vemos desde hace tiempo, intentando ayudar si hace falta…

De esta manera, podremos sentir que por todos nosotros corre la savia de Cristo, que nos ayuda a dar fruto. Y así podremos aguantar juntos, al lado de Jesús, a los lobos que intentan mordernos y separarnos del rebaño. En la historia de la Iglesia hay ejemplos de gente que han intentado vivir así. Hoy se celebra a san Bonifacio. Puedes leer algo de su vida pinchando aquí. Un grandísimo testigo de la fe, en Alemania, sobre todo. Un pastor, preocupado por sus ovejas. Un ejemplo para todos.

Alejandro, C.M.F.