Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 36-37

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p style=»text-align:justify;»>38Le dijo Juan:Maestro, hemos visto a uno expulsando demonios en tu nombrey se lo impedimos, porque no nos sigue”.
39Pero Jesúsdijo: “No se lo impidáis. Porquenadie hará un portentoen mi nombrey podrá inmediatamente hablar mal de mí;

40porque quien no está contra nosotros,a favor de nosotrosestá.

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p style=»text-align:justify;»>Después de dar respuesta a la disputa de sus discípulos sobre el concepto de grandeza, exhortándoles a recibir a los niños y seguir así su camino de humildad, Jesús recoge otra pregunta de los apóstoles que procede de una enfermedad espiritual similar, a saber: la pretensión de restringir el empleo sanador del nombre de Jesús al grupo de seguidores («no nos sigue»). 
La perícopa se divide en tres secciones: 1) relato de Juan a Jesús sobre el modo como él y otros discípulos han tratado al exorcista ajeno (9,38); 2) rechazo de Jesús a este trato (9,39) y 3) enunciación por parte de Jesús de un principio general sobre el trato con personas ajenas al grupo (9,40). La alternancia de pronombres personales para referirse a Jesús, por un lado, y a los discípulos, por otro, es reveladora. Los discípulos comienzan vinculándose a sí mismos con Jesús («porque no nos sigue»). Jesús parece al principio distanciarse de los discípulos, dirigiéndose a ellos en segunda persona plural, lo que implica que desaprueba lo que han hecho («No se lo impidáis»). Al final, sin embargo, restablece de nuevo el vínculo de unión con ellos usando de nuevo la primera persona del plural («Pues quien no está contra nosotros, a favor de nosotros está»). 


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p style=»text-align:justify;»>• 9,38-40: La perícopa comienza con Juan, hijo de Zebedeo, un miembro del círculo íntimo de tres discípulos, que plantea a Jesús un problema: las acciones de un sanador que no es uno de «los nuestros» pero que, sin embargo, utiliza el nombre del Maestro para realizar exorcismos. Ya sea que la pregunta surgiera en la vida de Jesús o bien en la iglesia primitiva, Jesús rechaza la actitud exclusivista propuesta por Juan, observando que a personas como el exorcista ajeno, que operan maravillas en nombre de Jesús, no les será fácil hablar mal de él posteriormente (9,39b). La respuesta de Jesús implica que se ha liberado ya en el mundo una fuerza que en última instancia 
demostrará ser más poderosa que la inclinación a la calumnia inherente a la edad presente: esa fuerza es el poder del nombre de Jesús. A causa de este poder, hasta los que comienzan a manipular el nombre de Jesús para sus propios objetivos pueden encontrarse de improviso dentro de su esfera de influencia.
En la sentencia «Quien no está contra nosotros a favor de nosotros está», Jesús emplea un dicho proverbial expresado aquí en forma positiva, mientras que en Mt 12,30 // Lc 11,23 aparece en forma negativa: «El que no está conmigo está contra mí». Ambas formas cuentan con un paralelo en Cicerón: «Sostenemos que son enemigos todos aquellos que no están con nosotros, mientras que vosotros consideráis que todos aquellos que no están contra vosotros están a vuestro lado».

A pesar del tono optimista de la conclusión de nuestra perícopa, el evangelio recuerda constantemente a sus lectores que la adhesión a Jesús puede conducir al sufrimiento, la traición y la muerte. Pero, como Jesús acentuará en el siguiente pasaje, un destino aún más terrible espera a los que dan su espalda a la redención divina del mundo.