La misa del Domingo

SE LLENARON DE ESPÍRITU SANTO
DOMINGO DE PENTECOSTÉS

9 de junio de 2019

Hechos 2,1-11; 1 Corintios 12,3b-7.12-13 Juan 20,19-23

OBSERVACIONES PREVIAS

  • Reconocer que Jesús vive en el cielo, pero se desvive en la tierra con nosotros, es un fruto que relacionamos con la Ascensión. Porque tal como recalcan los Hechos (Hch 2,2), el Espíritu de Jesús vive y actúa en todos los seres humanos y en toda la creación.
  • La Ascensión del Señor, que acabamos de celebrar, es el triunfo soñado; la llamada a encontrarnos como pueblo del futuro. Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos recuerda que somos miembros de un único Cuerpo y que todos estamos bautizados en un mismo Espíritu (1 Co 12,8).
  • Con el corazón en el cielo, donde ha ascendido el Señor, hundamos nuestras manos en la tierra. Esta realidad señala que Pentecostés no es un recuerdo histórico, sino una realidad viva. Igual que hizo con los apóstoles, Jesús nos regala hoy su Espíritu para siempre (Jn 20,22).

PARA REFLEXIONAR

El Espíritu Santo es el don de Dios que caracteriza el tiempo nuevo o los últimos días. Creer en el Espíritu Santo es sentirse inmerso en el don de vida que Dios nos comunica.

Los tiempos del Espíritu

El ritmo del Espíritu Santo es el mismo que siguió Jesús: pasión-muerte-resurrección.
Se equivocan quienes identifican el tiempo del Espíritu con la ausencia de la necesidad de lucha, de compromiso, de continuar la tarea de construcción del Reino, como si el Reino ya estuviera plenamente en nosotros. El Espíritu de Dios no ahorra ni suprime nuestros esfuerzos por hacer posible el mundo que Dios quiere. Se equivocan quienes se limitan a la espera de la victoria final.

Como muestran los Hechos, la Iglesia primitiva es consciente de la presencia del Espíritu Santo y por ello vive en la alegría y en la comunión con Dios, pero se siente impulsada al trabajo, al compromiso, a continuar el camino de Jesús.

He aquí las dos tentaciones de la historia: Dios lo hace todo (nosotros sobramos) o todo lo hacemos nosotros (y, por lo tanto, sobra Dios). Ninguna de las dos cosas: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

El aspecto eclesial de Pentecostés

“Creo en el Espíritu Santo que está en la santa Iglesia”, decía la primitiva fórmula de la fe bautismal. Ciertamente el Espíritu de Dios puede estar en todas partes, no es monopolio de la Iglesia; habla y se manifiesta en ‘los signos de los tiempos’, es decir, todo aquello que hay de verdad, de vida, de amor, de progreso para una mejor realización humana, en cada momento de la historia. Sin embargo, los cristianos creemos que el Espíritu Santo continúa la obra de Jesús especialmente a través de la Iglesia. Es la fidelidad de los cristianos a esta acción la que puede hacer más fecundo el camino de toda la humanidad.

El Espíritu, dador del amor de Dios

La vida cristiana es una vida según el Espíritu, precisamente porque es una vida, un camino, de identificación con Jesús, que se realiza en la comunidad eclesial. En ella se expresa, de ella se alimenta, por ella trabaja. Y la Iglesia tiene que vivir del Espíritu y por el Espíritu. El cristiano halla su fuerza de vida, no en normas, en dogmas, en instituciones, sino en la exigente fidelidad al Espíritu. Por ello, no teme ante los cambios sociales, ante las crisis eclesiales, ante las dificultades personales. Vivimos, al igual que ha sucedido y sucederá, el tiempo del Espíritu. Su hálito palpita en la historia.

PARA COMPROMETERSE

  • Es hora de recuperar la alegría de vivir dando testimonio del Señor. Jesús cuenta con nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que abre caminos, que nos impulsa siempre más allá. El Espíritu hace posible la historia de la humanidad.
  • Ha llegado el momento de preocuparnos de Dios en este mundo. Es el tiempo de construir la paz… “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20,22)… Somos libres, podemos vivir como hijos e hijas de Dios.
  • Habrá que poner todo nuestro empeño en hacer realidad entre nosotros los dones del Espíritu: fortaleza, sabiduría, consejo, temor de Dios… Y todos al servicio de nuestros hermanos que es lo mismo que decir al servicio de Dios.

PARA REZAR

Ven, Espíritu Santo, porque sin ti,
nuestra lucha por la vida termina sembrando muerte,
nuestros esfuerzos por encontrar felicidad acaban en egoísmo.
Ven, Espíritu Santo, porque sin ti,
nuestro ‘progreso’ no nos conduce hacia una vida más digna.
Recuérdanos que todos somos hijos de un mismo Padre
y todos estamos llamados a la comunión feliz con él.
Enséñanos a cuidar esta tierra que nos has regalado,
como casa común donde pueda crecer la familia humana;
enséñanos a entendernos aunque hablemos lenguajes diferentes.

Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a creer.
Sin tu aliento, nuestra fe se convierte en pura ideología,
nuestra religión, en un triste ‘seguro de vida eterna’;
recuérdanos lo que nos ha dicho Jesús y condúcenos al Evangelio.

Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a creer en ti,
como ternura personal de Dios para con cada uno de nosotros,
como fuerza y poder de gracia que puede dar vida a nuestra vida.
Ven a mantener dentro de la Iglesia el esfuerzo de conversión;
ayúdanos a imaginar y construir un mundo más humano;
ábrenos a un futuro más fraterno, limpio y solidario.

¡Gracias, Señor, por tu Espíritu!

Isidro Lozano