Viernes VII de Pascua

Hoy es 7 de junio, viernes de la VII semana de Pascua.

Como todos los días, me pongo en presencia de Dios. Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Virgen de Fátima. María, santa María de la esperanza, la Madre del Señor, es muestra de cómo el ser humano puede decir un sí generoso a Dios. Al comienzo de este rato de oración, mientras se va haciendo silencio en mi interior, le pido a Dios que me ayude a decir sí.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 21, 15-19):

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Él le dijo: «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras”.

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme”.

Tú lo sabes todo.
Tú sabes quién soy.
Tú sabes mi historia
mucho mejor que yo. 

Y no me juzgas ni me condenas.
Solo preguntas: ¿me amas o no?
Y no me juzgas ni me condenas.

Solo me abrazas
¡Cuánto te quiero, Señor!

Tú sabes quién soy interpretado por Ixcís, «La lluvia de tu misericordia»

Me imagino la escena que acabo de escuchar. Jesús y Pedro, Pedro y Jesús, dos amigos que han recorrido mucho camino juntos. Que comparten sueños. Y me pregunto en mi oración, ¿qué camino he recorrido con Jesús? ¿Qué sueños comparto con él?

En ese camino hay aciertos y errores. Hay cariño y hay decepción. Hay compromiso y hay negación. Pedro tiene la memoria de los momentos en los que ha fallado a Jesús. Tal vez también yo tengo mis propias memorias heridas. Mis momentos de no estar a la altura. Mi sensación de incapacidad. Pero Jesús, me va a responder hablándome de amor.

Escucho las tres preguntas que Jesús le hace a Pedro. ¿Me amas más que estos? ¿Me amas? ¿Me quieres? Y escucho la respuesta repetida de Pedro. Tú sabes que te quiero. Me imagino que Jesús me hace a mí esas preguntas.

Vuelvo a leer el texto con atención, con cariño. Vuelvo a escuchar las preguntas de Jesús y las respuestas de Pedro. Intento mirar, ver, escuchar, estar atento. Me fijo, de manera especial, en la invitación que Jesús le hace a Pedro. Sígueme, sígueme. Esta invitación que Jesús hace a Pedro la puedo escuchar en primera persona, porque Jesús también me está invitando a mí.

No te he negado

Por causa de Tu causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.
Fiel, fiel… es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.
Siempre esperé Tu paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.
No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

(Pedro Casaldáliga)

Termino mi oración escuchando el eco que han ido dejando en mí las palabras y la invitación de Jesús. ¿Qué sueños comparto con Jesús? ¿Cómo le sigo? ¿Qué respondo a sus preguntas, a su invitación? Hoy termino de la mano de María. Ella dijo sí. ¿Qué siento yo en mi corazón?

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Liturgia 7 de junio

VIERNES DE LA VII SEMANA DE PASCUA, feria

Misa de la feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual, de la Ascensión o después de la Ascensión.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 25, 13b-21. De un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo.
  • Sal 102. El Señor puso en el cielo su trono.
  • Jn 21, 15-19. Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas.

Antífona de entrada          Cf. Ap 1, 5-6
Cristo nos amó y nos ha lavado nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. Aleluya.

Monición de entrada
Hermanos, pidamos al comenzar la Eucaristía al Señor todopoderoso y lleno de misericordia, que por la muerte y resurrección de su Hijo ha redimido el género humano y con su Espíritu Santo vivifica la Iglesia, que acoja ahora con misericordia a los que imploramos su perdón; y con la aspersión del agua bautismal, recordemos que  Cristo nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. (Aspersión con el agua bendita)

Oración colecta
OH, Dios, que, por la glorificación de Cristo

y la luz del Espíritu Santo,
nos has abierto el acceso a la vida eterna,
haz que la participación en tanta gracia
nos mueva a dedicamos con mayor empeño a tu servicio
y a vivir con mayor plenitud las riquezas de la fe.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Encomendemos, hermanos, a Cristo, nuestro mediador sentado a la diestra del Padre, los deseos y las necesidades de todos los hombres.

1.- Por la santa Iglesia de Dios, para que sea congregada en la unidad y crezca por la fuerza del Espíritu, anunciando a los hombres la salvación de Jesucristo, roguemos al Señor.

2.- Por los que el Señor llama a consagrarse por entero a su servicio, para que le respondan con fidelidad y sean siempre generosos y entregados. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los que ejercen autoridad en nuestro país, para que lo hagan con sentido de justicia, con honestidad y espíritu de servicio, roguemos al Señor.

4.- Por los que sufren sin esperanza, por los que buscan sin tener fe, por los que aman a Dios sin saberlo, para que el Espíritu consolador colme sus anhelos de felicidad y salud, roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros, para que logremos unas celebraciones de la Eucaristía llenas de fe, plenamente participadas, que expresen y fomenten nuestro amor y hermandad en Cristo, roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, que diste a Pedro la oportunidad de confesar su amor a Ti y de reparar su triple negación, y que le confiaste la misión de ser pastor y guía de sus hermanos; atiende nuestras oraciones y danos tu Espíritu para que, viviendo en santidad, reafirmemos cada día nuestro amor a Ti.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
MIRA, Señor, con misericordia,

las ofrendas de tu pueblo
y, para que sean aceptables a ti,
haz que la venida del Espíritu Santo
purifique nuestras almas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual o de la Ascensión

Antífona de comunión
          Cf. Jn 16, 13

Cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión
OH, Dios, tus sacramentos nos purifican y alimentan;

concédenos que la participación inmerecida en ellos
nos obtenga la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
Ilumina, Señor,

a tu familia para que,
cumpliendo tu santa voluntad,
pueda practicar siempre el bien.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 7 de junio

Encontramos en el santoral de este día a san Antonio María Gianelli, obispo y fundador de las Hijas de María Santísima del Huerto. Fue un gran pedagogo y profesor del seminario de Génova, precursor del apostolado social femenino, dedicando a sus hijas a la educación religiosa de las niñas pobres y al cuidado de los enfermos en hospitales y hospicios. Este hombre apostólico y espiritual fue inscrito en el catálogo de los santos por Pío XII el 21 de octubre de 1951.

Recordamos también a Colmano McRoi obispo y abad de un monasterio de Dublín, Pedro y Wistremundo celebrados en Sevilla, Walabouso de Niebla en Huelva, Sabiniano, Abencio y Jeremías mártires de Córdoba durante la persecución musulmana y Roberto abad cisterciense.

Entre los beatos figuran Ana de San Bartolomé abulense, compañera de santa Teresa en el convento de san José de Ávila y fundadora después del Carmelo por tierras de Francia y de Flandes. Su vida espiritual y mística es fiel reflejo del espíritu de santa Teresa y de san Juan de la Cruz. Otra beata Urraca López de Haro, perteneciente a la noble familia de López de Haro, ilustre riojano fundador de Bilbao. Fundó el monasterio de las monjas cistercienses de Cañas (La Rioja), donde se conserva su sepulcro. A ellas añadimos el nombre de la beata maría Teresa Soubirán, víctima de una gravísima calumnia, que sufrió en silencio toda su vida. Es fundadora de la Congregación de María Auxiliadora en Francia. Fue beatificada por Pío XII el 20 de octubre de 1946.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Viernes VII de Pascua

LAUDES

VIERNES VII DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

El mundo brilla de alegría.
Se renueva la faz de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.

Ésta es la fuerza
que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas
y levanta testigos en el pueblo,
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.

Llama profunda,
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza,
hasta que el Señor vuelva. Amén.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmesa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renúevame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrifio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Contra ti, contra ti solo pequé, Señor, ten misericordia de mí.

CÁNTICO de JEREMÍAS: LAMENTACIÓN DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y GUERRA

Ant. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces nuestra impiedad,
la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su puebLo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es Dios, y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

LECTURA: Hch 5, 30-32

El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios los exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios, vive siempre para interceder en nuestro favor. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios, vive siempre para interceder en nuestro favor. Aleluya.

PRECES

Dios Padre, a quien pertenece el honor y la gloria por los siglos, nos conceda que, con la fuerza del Espíritu Santo, desbordemos de esperanza. Digámosle:

Ven, Señor, en nuestra ayuda y sávanos.

  • Padre todopoderoso, envíanos tu Espíritu que interceda por nosotros,
    — porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene.
  • Envíanos tu Espíritu, luz esplendorosa,
    — y haz que penetre hasta lo más íntimo de nuestro ser.
  • No nos abandones, Señor, en el abismo en que nos sumerge nuestro pecado,
    — porque somos obra de tus manos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Concédenos comrensión para acoger a los débiles y frágiles en la fe,
    — no con impaciencia y de mala gana, sino con auténtica caridad.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por la glorificación de Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos has abierto las puertas de tu reino, haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.