Comentario al evangelio – 8 de junio

Muchas otras cosas hizo Jesús. Son muchos los que, a lo largo de la Historia, han dado testimonio de ello. De cada de uno de los santos, de los oficialmente reconocidos, y de los “santos de la puerta de al lado” (© Papa Francisco) podemos aprender mucho. A veces, son grandes gestas, hasta heroicas, martiriales. En otras ocasiones, son pequeños gestos, pero cargados de amor. De mucho amor. Una sonrisa, un beso, un abrazo, un silencio en un momento de acaloramiento (palabra y piedra suelta no tienen vuelta, a veces es mejor callar).

Estamos a las puertas de Pentecostés. Fue un momento de gracias para la Iglesia. Y lo puede ser también para cada uno de nosotros. Se termina el tiempo pascual, y comienza el tiempo ordinario. Hemos acumulado fuerzas para afrontar este tiempo ordinario, que no aburrido. Es el momento de poner en práctica todo lo que hemos vivido todas estas semanas, junto a Jesús. Pues eso. Pongamos manos a la obra.

“Los buenos verán el rostro de Dios”, dice el salmo hoy. ¿Quieres ser de los buenos? Pide el Espíritu, para serlo. Nunca te abandona.

Himno al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus Siete Dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.

Alejandro, C.M.F.

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Sábado VII de Pascua

Hoy es 8 de junio, sábado VII de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 21, 20-25):

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado:
«Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?» Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

San Lucas, también en los Hechos de los Apóstoles, nos dice: “Volvieron Pablo y Bernabé a Lista, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios”. Después de su conversión, bien experimentó San Pablo que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Él mismo nos relata todos los peligros que corrió por predicar el evangelio de Jesús… Hoy le vemos preso en Roma, por el mismo delito: predicar a Jesús y su evangelio, aunque las argucias de sus oponentes buscaban otras razones o sinrazones. Más bien eran sinrazones porque en un primer momento los romanos, a los que los judíos habían entregado a Pablo, no encontraron en él ningún delito. Pablo, en estas circunstancias, vive una situación especial. Sigue preso pero con amplia libertad de poder hacer lo que él siempre buscó y deseó: “pudo recibir a los que acudían a él predicándoles el Reino de Dios y enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad, sin que nadie lo molestase”.

Jesús llamó a los apóstoles para que le siguieran. Ellos, libremente, aceptaron esta invitación. Por seguir a Jesús dejaron familia, trabajo, casa, pueblo… y con sus altibajos, sobre todo en el momento de su pasión, sabemos que le siguieron hasta el final de sus vidas. El evangelio de hoy nos relata otro “altibajo” de Pedro. Pedro acaba de confesar su amor a Jesús por tres veces, después de sus tres negaciones. De nuevo Jesús, como cuando estaba trabajando en su barca, le vuelve a decir: “Sígueme”. Y Pedro le vuelve a repetir su sincero deseo de seguirle. Pero, en este mismo momento, Pedro se interesa por el “discípulo a que Jesús tanto quería” y se atreve a preguntarle: “Señor, y este ¿qué?”. Con su respuesta, podemos interpretar que Jesús le dice: Tú sígueme y que la situación en la que va a quedar este otro discípulo no sea ningún obstáculo para seguirme.

Salvando las distancias, Jesús nos dice algo parecido a cualquiera de nosotros: Tú sígueme y que nada, ni nadie, ni la situación de otras personas, te impidan seguirme: “Tú sígueme”.

Liturgia 8 de junio

SÁBADO DE LA VII SEMANA DE PASCUA

Misa de sábado (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual, de la Ascensión o después de la Ascensión.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 28, 16-20. 30-31. Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios.
  • Sal 10. Los buenos verá tu rostro, Señor.
  • Jn 21, 20-25. Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero.

Antífona de entrada          Cf. Hch 1, 14
Los discípulos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Aleluya.

Monición de entrada
Como los discípulos reunidos en el cenáculo en oración en común, con María, la madre de Jesús, así también nosotros, aguardamos el don del Espíritu Santo.  Por eso, ahora, al comenzar la Eucaristía, acudamos al Padre misericordioso que, por la muerte y resurrección de su Hijo, reconcilió el mundo consigo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados y pidámosle, por medio de la aspersión del agua, que recuerda nuestro Bautismo, que nos conceda el perdón y la paz. (Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

Oración colecta
CONCÉDENOS, Dios todopoderoso,

a los que hemos celebrado
las fiestas de Pascua,
conservarlas por tu gracia,
en las costumbres y en la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Teniendo por intercesor delante del Padre a Jesús resucitado, y sabiendo que es el Espíritu quien ora en nosotros, pidamos por las necesidades de todos los hombres.

1.- Para que, como María, nuestra madre, la Iglesia medite las palabras de Cristo y transmita el evangelio de salvación a todos los pueblos, roguemos al Señor.

2.- Para que María, modelo de mujer consagrada y de discípula de la Palabra, haga sentir a los jóvenes la urgencia de seguir con decisión a Jesús en pobreza, castidad y obediencia, por el Reino. Roguemos al Señor.

3.- Para que nuestros gobernantes trabajen para que se afiance la paz en el mundo y desaparezcan las discordias y las rivalidades, roguemos al Señor.

4.- Para que los incrédulos y los pecadores, los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, los que temen la soledad y la muerte, lleguen a descubrir la alegría del anuncio evangélico y vean robustecida su debilidad humana, roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros participemos con mayor abundancia de la vida de Cristo, vid verdadera, y demos fruto de buenas obras, roguemos al Señor.

Te rogamos, Padre, Señor de la vida y de la misericordia, que permanezcamos en tu amistad a fin de dar buen fruto y poder llegar juntos a la alegría de tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,

que la venida del Espíritu Santo
prepare nuestras almas con los sacramentos divinos,
porque él mismo es el perdón de todos los pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual o de la Ascensión

Antífona de comunión          Cf. Jn 16, 14
El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión
ASISTE compasivo, Señor, a nuestras súplicas,
para que, abandonada la vieja condición,

nos renovemos con el alma santificada,
como nos has hecho pasar
de los antiguos sacramentos a los nuevos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
Que tu pueblo, Señor,
pueda alegrarse siempre
de celebrar los misterios de su redención
y de recibir continuamente sus frutos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 8 de junio

Los agustinos recordamos con afecto en este día a la Sierva de Dios María Cándida de San Agustín, natural de Valdepeñas (Ciudad Real), donde nació en 1804. Durante su juventud demostró tener un alma especialmente preparada para el rato con Dios. Al paso del general Riego por Valdepeñas en 1820 protestó públicamente contra sus ideas revolucionarias y anticlericales. Ingresó en el convento de las agustinas de Alcalá de Henares donde profesó con el nombre de Cándida de San Agustín. Aquí vivió durante treinta años enriquecida con dones místicos y entregada a la oración. Fue nombrada superiora y después traslada a Toledo desde donde fundó un monasterio en Valdepeñas, preocupada por la formación humana y cristiana de la juventud. Los que le conocieron hablaban maravillas de sus estigmas, del don de bilocación asistiendo a los heridos de nuestras guerras civiles y de su devoción a la eucaristía. Murió en Toledo en 1861 y sus reliquias fueron trasladadas al convento de Valdepeñas por él fundado. El proceso de beatificación se abrió en 1932.

La Iglesia celebra hoy a San Miguel de los Santos, sacerdote trinitario y una de las figuras más insignes de su Orden. Nació en Vic (Barcelona) y murió en Valladolid en 1625. Su obra y sus escritos son el testimonio vivo de un hombre testigo de la primacía de Dios en todo y del valor de la contemplación.

Hacemos memoria también en este día de los santos Clodolfo obispo de Metz e hijo de San Arnolfo, Fortunato obispo del siglo VI que vendió los vasos sagrados para redimir cautivos, Gilardo, Máxino y Medardo obispos también, y Guillermo obispo de York injustamente depuesto y que perdonó a sus enemigos. Recordamos a Santa Edwige (Eduvigis), reina de Polonia, canonizada el 8 de junio de 1997.

Al lado de estos santos nos encontramos a los beatos Juan Daby, mártir en Londres por su fidelidad a Roma durante el reinado de Enrique VIII, María del Divino Corazón promotora de la devoción al Sagrado Corazón en Portugal y Santiago Berthieu natural de Madagascar y jesuita que murió pisoteado por los paganos. Destacan en el santoral de este día dos beatas Cecilia Romana y Diana de Andaló, contemporáneas de Santo Domingo y, sobre todo, portadoras de su espíritu a distintos conventos, algunos de ellos fundados por ellas. A todos estos santos y santas les pedimos su bendición.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado VII de Pascua

LAUDES

SÁBADO VII DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

El mundo brilla de alegría.
Se renueva la faz de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.

Ésta es la fuerza
que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas
y levanta testigos en el pueblo,
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.

Llama profunda,
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza,
hasta que el Señor vuelva. Amén.

SALMO 118

Ant. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Aleluya.

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Aleluya.

CÁNTICO de la SABIDURÍA: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Ant. Edificaste, Señor, un templo y un altar en tu monte santo. Aleluya.

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Edificaste, Señor, un templo y un altar en tu monte santo. Aleluya.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Aleluya.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Aleluya.

LECTURA: Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

R/ El que por nosotros colgó del madero.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

PRECES

Nosotros, que hemos sido bautizados en el Espíritu Santo, glorifiquemos al Señor junto con todos los bautizados y roguémosle:

Señor Jesús, santifícanos en el Espíritu

  • Envíanos, Señor, tu Espíritu Santo,
    — para que ante los hombres te confesemos como Señor y rey nuestro.
  • Danos una caridad sin hipocresía,
    — para que seamos cariñosos unos con otros, como buenos hermanos.
  • Dispón con tu gracia el corazón de los fieles,
    — para que acojan con amor y alegría los dones del Espíritu.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Danos la fortaleza del Espíritu Santo,
    — y haz que sane y vigorice lo que en nosotros está enfermo y débil.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de Pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.