Domingo de Pentecostés

Hoy es 9 de junio, domingo de Pentecostés.

Señor, sabes que muchas veces vivo deprisa. Casi sin saborear tantas cosas que recibo de ti. Ahora quiero parar. Quiero que este tiempo sea especial. Que nada me impida estar contigo, porque es de ti de quien recibo la vida, la fuerza, la paz. Aquí estoy Señor, esperando como aquellos que esperaban en Jerusalén.

Esperaban en Jerusalén
la promesa del Señor
El Espíritu de Dios
que habría de descender
Sobre los que debían
ser testigos del amor.
María estaba con ellos
implorando desde Sion
El espíritu de amor.
La Inmaculada pedía
la irrupción de Dios
para todos sus hijos. (2) 

Un ruido vino del cielo
y un viento impetuoso
Llenó la casa.
Lenguas de fuego
Se posaron sobre ellos
la fuerza de la misión.
Y María estaba con ellos
implorando desde Sion
El espíritu de amor.
La Inmaculada pedía
la irrupción de Dios
para todos sus hijos. (2)

Esperaban en Jerusalén interpretado por Colegio Mayor, Kentenich, «Hoy quiero cantarte»

La lectura de hoy es del libro de los hechos de los apóstoles (Hch 2, 1-11):

Jesús habló así a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto”. Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: “¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua”.

Jesús se despide de los discípulos en su ascensión, pero no los deja solos. Jesús envió y sigue enviando su espíritu. No podemos ver o tocar a Jesús como los apóstoles antes de la ascensión, pero podemos experimentar su espíritu. ¿En qué momentos de mi vida he sentido esta presencia del Espíritu Santo?

Como a los apóstoles, el Espíritu del Señor también viene a mí. Habita ya en mí. Le pido al Padre que me ayude a discernir lo que el Espíritu hace en mi vida, a dónde me invita a ir. ¿Qué quiere que haga? ¿A qué me mueve?

En Pentecostés, todos entienden todas las lenguas. Hoy me puede ocurrir también que no entienda algunas personas, aunque hablen mi idioma. Me cuesta entender a mis padres, o a mis hijos, o a gente con la que no me llevo bien. Espíritu divino, ayúdame a comprender a quienes me rodean y a saber comunicarte en un lenguaje que entiendan.

Leo ahora una vieja oración. La secuencia al Espíritu Santo que se lee en la liturgia de hoy, día de Pentecostés.

Secuencia

Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo.
Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma si tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Dejo un tiempo para sentir el Espíritu en mí, para comunicarle lo que hay en mi corazón, con confianza, sin miedos. Que esta oración te pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en tu interior, una y otra vez, ese anhelo: Ven, Espíritu de Dios a mi vida…; ven, Espíritu de Dios a mi vida…

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Liturgia 9 de junio

DOMINGO DE PENTECOSTÉS, solemnidad

Misa del día de Pentecostés (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio propio, embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».

Leccionario: Vol. I (C)

  • Hch 2, 1-11. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.
  • Sal 103. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
  • 1Cor 12, 3b-7. 12-13. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
  • Secuencia.Ven, Espíritu divino.
  • Jn 20, 19-23. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo.

Antífona de entrada           Sab 1, 7
El Espíritu del Señor llenó la tierra y todo lo abarca, y conoce cada sonido. Aleluya.

O bien:          Cf. Rom 5, 5; 8, 11
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Monición de entrada
Culminamos hoy la celebración de las fiestas pascuales con la solemnidad de Pentecostés, en la que celebramos que Cristo resucitado y ascendido al cielo nos ha dado su Espíritu; el Espíritu Santo que los profetas anunciaron y que el Señor Jesús prometió a sus discípulos, dando así comienzo al tiempo de la Iglesia.*

Ahora, al empezar la celebración de la Eucaristía, recordemos por medio de la aspersión con el agua bendita el día de nuestro Bautismo, cuando sobre nosotros fue derramada el agua de la vida nueva y recibimos el Espíritu Santo de Dios.

(Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

*Ahora, al empezar la celebración de la Eucaristía, pidamos que el Espíritu Santo infunda su calor en el hielo de nuestra vida y sane nuestros corazones enfermos por el pecado limpiando las manchas de nuestra alma.

  • Tú, que nos das tu Espíritu para que esté siempre con nosotros. Señor, ten piedad.
  • Tú, que nos das tu Espíritu para que nos guíe hasta la verdad plena. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que nos das tu Espíritu para hacer de nosotros un solo pueblo. Señor, ten piedad

Gloria

Oración colecta
OH, Dios, que por el misterio de esta fiesta

santificas a toda tu Iglesia
en medio de los pueblos y de las naciones,
derrama los dones de tu Espíritu
sobre todos los confines de la tierra
y realiza ahora también, en el corazón de tus fieles,
aquellas maravillas que te dignaste hacer
en los comienzos de la predicación evangélica.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Transformados por la vida nueva de Jesucristo, renovemos hoy nuestra adhesión a Él, a cuya muerte y resurrección fuimos incorporados por el Bautismo.

Oración de los fieles
Sabiendo que es Espíritu Santo es quien nos inspira lo que hemos de pedir, elevemos ahora nuestras súplicas a Dios Padre por las necesidades de la Iglesia y de toda la humanidad.

1.- Por la santa Iglesia; para que impulsada por el Espíritu Santo, permanezca atenta a lo que sucede en el mundo y sepa dar respuestas evangélicas a los hombres de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones; para que el Espíritu Santo suscite en el seno de la Iglesia vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras que den fe de la salvación universal. Roguemos al Señor.

3.- Por los fieles laicos que forman parte de los diversos movimientos eclesiales; para que sean luz de Cristo en medio del mundo y de los diferentes ambientes sociales. Roguemos al Señor.

4.- Por los que trabajan por la paz y la concordia entre las naciones; para que consigan reunir a toda la humanidad en una sola familia y se desaparezcan los odios y enfrentamientos. Roguemos al Señor.

por nosotros y por nuestros familiares y amigos; para que la fuerza del Espíritu Santo nos haga crecer  todos en la fe y en la unidad. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que has derramado tu Espíritu sobre los hombres, escucha las oraciones de tu Iglesia para que los pueblos, dispersos por la división de las lenguas, lleguen finalmente a la unidad en la confesión de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,

que, según la promesa de tu Hijo,
el Espíritu Santo nos haga comprender más profundamente
la realidad misteriosa de este sacrificio
y se digne llevarnos al conocimiento pleno
de toda la verdad revelada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Pues, para llevar a plenitud el Misterio pascual,
enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los habías adoptada como hijos
por la encarnación de tu Unigénito.
El Espíritu que,
desde el comienzo de la Iglesia naciente,
infundió el conocimiento de Dios en todos los pueblos
y reunió a diversidad de lenguas
en la confesión de una misma fe.

Por eso,
con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría,
y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión          Hch 2, 4. 11
Se llenaron todos de Espíritu Santo y hablaron de las grandezas de Dios,. aleluya.

Oración después de la comunión
OH, Dios, que has comunicado a tu Iglesia
los bienes del cielo,

conserva la gracia que le has dado,
para que el don infuso del Espíritu Santo
sea siempre nuestra fuerza,
y el alimento espiritual
acreciente su fruto para la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros. R/.

V/. Inclinaos para recibir la bendición.

Dios, Padre de los astros,
que en el día de hoy iluminó las mentes de sus discípulos
derramando sobre ellas el Espíritu Santo,
os alegre con sus bendiciones
y os llene con los dones del Espíritu consolador.

R/. Amén.

Que el mismo fuego divino,
que de manera admirable se posó sobre los apóstoles,
purifique vuestros corazones de todo pecado
y los ilumine con su claridad.

R/. Amén.

Y que el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe
a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas
os conceda el don de la perseverancia en esta misma fe,
y así podáis pasar de la esperanza a la plena visión.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.

Santoral 9 de junio

Comenzamos con un santo, cuyos escritos, según san Jerónimo, se leían en las iglesias del Oriente después de la Sagrada Escritura: san Efrén de Siria, diácono y Doctor de la Iglesia. Fue eremita y monje y, sobre todo, escritor fecundo en sermones, comentarios, himnos litúrgicos y tratados teológicos. Benedicto XV lo declaró Doctor de la Iglesia el año 1920.

El calendario nos recuerda otros nombres cristianos como Columbano abad, Diómedes mártir, Feliciano y Primo mártires, Ricardo obispo, Vicente diácono y Maximiano obispo. A cuantos llevan estos nombres les deseamos un día feliz y la bendición de su patrono desde el cielo.

Entre los beatos resalta el nombre de José Anchieta, estudiante en Coimbra, poeta, jesuita, misionero en Brasil, maestro de los indios. Se le considera fundador de Sao Paulo por haber creado una escuela para los indios de este lugar. No tenía papel y escribía sus versos en la arena del río. Fue «hechura de San Ignacio», hombre culto, educador, ejemplo del diálogo entre culturas, gobernante y, sobre todo, evangelizador y grande en caridad.

También merece ser destacada la beata Ana María Taigi, nacida en Siena y casada en Roma, madre de familia ejemplar, esposa prudente, auténtica sacerdotisa de su hogar, nunca olvidada de su amor a los demás especialmente a los pobres. La vida de esta mujer nos demuestra que Dios no es rival de nadie. Dios es amor para todos.

Recordamos a otros dos beatos en este día, a José Imbert, sacerdote y jesuita, condenado a morir de hambre en una nave y Roberto Salt, monje y mártir también, condenado a morir igualmente de hambre por Enrique VIII en la cárcel de Puerta Nueva de Londres.

En Jaén celebran a su patrona Nuestra Señora de la Capilla, que se venera en la iglesia de San Ildefonso. Una fervorosa cofradía cuida de su culto.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Solemnidad de Pentecostés

LAUDES

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

INVOCACIÓN INICIAL

V.Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aleluya. El Espíritu del Señor llena la tierra, venid, adorémosle. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

El mundo brilla de alegría.
Se renueva la faz de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.

Ésta es la fuerza
que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas
y levanta testigos en el pueblo,
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.

Llama profunda,
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza,
hasta que el Señor vuelva. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. ¡Oh cuán bueno y cuán suave es, Señor, tu Espíritu que habita en nosotros! Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mi labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Oh cuán bueno y cuán suave es, Señor, tu Espíritu que habita en nosotros! Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Manantiales y cuanto se mueve en las aguas, cantad un himno a Dios. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Manantiales y cuanto se mueve en las aguas, cantad un himno a Dios. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Los apóstoles hablaban en lenguas extranjeras de las maravillas de Dios. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

y aplicar el castigo a las naciones,

sujetando a los reyes con argollas,

a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los apóstoles hablaban en lenguas extranjeras de las maravillas de Dios. Aleluya.

LECTURA: Hch 5, 30-32

El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo del madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

RESPONSORIO BREVE

R/ Se llenaron todos del Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
V/ Se llenaron todos del Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

R/ Y empezaron a hablar.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Se llenaron todos del Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, el Señor, que ha congregado su Iglesia por el Espíritu Santo, y digámosle con fe:

Renueva, Señor, la faz de la tierra.

  • Señor Jesús, que, elevado en la cruz, hiciste que manaran torrentes de agua viva de tu costado,
    — envíanos tu Espíritu Santo, fuente de vida.
  • Tú que, glorificado por la diestra de Dios, derramaste sobre tus discípulos el Espíritu,
    — envía este mismo Espíritu al mundo para que cree un mundo nuevo.
  • Tú que por el Espíritu Santo diste a los apóstoles el poder de perdonar los pecados,
    — destruye el pecado en el mundo.
  • Tú que prometiste darnos el Espíritu Santo para que nos lo enseñara todo y nos fuera recordando todo lo que nos habías dicho,
    — envíanos este Espíritu para que ilumine nuestra fe.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que prometiste enviarnos el Espíritu de la verdad para que diera testimonio de ti,
    — envíanos este Espíritu para que nos haga tus testigos fieles.

Llenos de fe, invoquemos juntos al padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de Pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V.El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.