Todos para uno y uno para todos (Oración)

TODOS PARA UNO Y UNO PARA TODOS

Hoy se nos presenta un misterio. Pero no un misterio cualquiera, como cuando desaparecen las cosas en casa y mamá dice que es un misterio. Sino uno de los de verdad.

Abrimos el corazón y lo sentidos para que no se nos escape nada. Y hoy empezamos la oración en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¿Sabes lo qué significa cuando decimos eso? Es como describir a Dios.

La semana pasada veíamos como Dios Padre envía el Espíritu Santo sobre los apóstoles en Pentecostés. Y sabemos que el Espíritu Santo es Dios y que habita en nuestro corazón. La lectura de hoy revela un misterio muy importante para nosotros. El misterio de la Santísima Trinidad.

El texto es una adaptación del evangelio de Juan (Jn 16, 12-15):

Un día Jesús les quiso contar a sus discípulos cómo es Dios. Pero ya les advirtió: «Esto es un poco difícil de entender. A lo mejor no podéis comprenderlo todo ahora». Entonces les prometió que, para que lo entendieran del todo, un día les mandaría su Espíritu, y lo llamó el Espíritu de la verdad. Y les prometió que ese Espíritu les comunicaría lo que hay en el corazón de Dios. Se lo explicó como mostrándoles un camino: «Lo que está en el corazón de mi Padre, también está en el mío, porque todo me lo cuenta. Y yo se lo cuento al Espíritu. Y el Espíritu os lo transmitirá a vosotros». Y así, al hablarles del Padre, del Hijo y del Espíritu, les enseñó cómo es Dios.

¿Qué quiere decir Jesús con estas palabras? ¿Cómo puede ser que hablen tres a la vez y sólo sean uno? ¡Qué cosas tiene Dios! No entiendo nada. Creo que es complicado. Hay realidades que no podemos comprender, porque lo pensamos con la cabeza y Jesús nos habla con el corazón. Aunque no podamos ver a Dios, él nos ayuda a entender a través de las personas. Por eso Jesús trata de explicar a sus amigos que hay tres formas de encontrarnos con Dios.

Claro, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, se aman tanto y están tan unidos entre sí que son un solo Dios. Ese es el misterio y eso es amor y eso sí que somos capaces de conocerlo.

Con los ojos cerrados, imagina que dibujas un triángulo. Cuando lo tengas desliza los dedos como si fuera una Tablet, hasta hacerlo grande, muy grande. Amplíalo tanto como quieras. Ahora agárralo por un vértice con cuidado de no deformarlo. Piensa que lo levantas y te metes dentro de él. Obsérvalo sin prisa, y fíjate bien en la figura. Sus tres vértices están unidos por una línea. Esa línea es el amor entre las tres personas, que las une tanto que aunque cada uno ocupa su lugar son uno solo. Fíjate que sólo hay una figura, con sus tres lados y sus tres vértices que la hacen perfecta. Siente cómo estás dentro y cómo formas parte de ese amor. Pues así es Dios, como ese triángulo de amor en el que tú entras. Siente ahora a Dios que te  mira con amor y dale las gracias por sentir ese amor.

Descansa en ti su mirada,
en sus manos te lleva tatuada.
Descansa en ti su mirada,
¿Quién te ha querido alguna vez así?

Él es el Santo,
Él es el Fuerte,
pero ha querido abajarse hasta ti.
A su proyecto, ¡respóndele que sí!
y Él danzará de alegría por ti.

Sólo Dios salva,
sólo Dios alza,
Él defiende tu causa hasta el fin.
Que su Palabra de liberación
encuentre en ti a su mejor cantor.

Descansa en ti su mirada interpretado por Ain Karem, «Busca mi rostro» 

Después de cada frase repetimos todos: Dios, creo en ti.

Dios, creo en ti

Creo en Dios Padre, Creador de todas las cosas,
que nos quiere tanto que nos envía a su Hijo y nos hace hijos suyos.
Dios, creo en ti.

Creo en El Hijo, Jesús, nuestro Señor y Salvador,
que nos acerca al Padre, nos salva y es nuestro hermano.
Dios, creo en ti.

Creo en El Espíritu Santo,
que nos da fuerza para vivir como hijos de Dios y discípulos de Jesús.
Dios, creo en ti.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

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