Misterios y dogmas

1.- Fui, como la mayoría de mis contemporáneos, víctima de una iniciación cristiana equivocada. Un catecismo de preguntas y respuestas, que para empezar estaba redactado según un lenguaje anticuado y empeñado en enseñarnos y exigirnos unos conocimientos que no nos interesaban, ni servían para nada. Recuerdo textualmente la respuesta más larga del manual que uno debía saber de memoria y de cuyo contenido no entendía ni pio. No es hora de que os la repita a vosotros, mis queridos jóvenes lectores.

2.- Creo que no es correcto ofrecer datos que para empezar no interesan. Es algo así como enviar las medidas corporales de una persona, pensando que por muy exactas que sean y se refieran a partes de su cuerpo atractivas, se va a conseguir su enamoramiento. Tampoco interesaría para iniciar una relación personal conocer un informe sicológico, siquiátrico y forense. El amor, que es lo que más importa, es otra cosa.

3.- Lo más interesante de un enamoramiento es la sorpresa, su atractivo posterior será el misterio, mantendrá el interés sus personales gestos, sus improvisadas ocurrencias. De ciertas personas uno puede describir su persona con facilidad. Carecen de vitalidad, son semejantes a una figura de cera, que lo oye todo, con total indiferencia y carente de respuesta. Un nuevo descubrimiento personal, resulta atrayente por su vitalidad, sus respuestas inesperadas, sus preguntas insospechadas. De nada servirá si uno quiere conquistarla, que se le diga los carnés, tarjetas bancarias o títulos de socio de entidad que posee.

4.- El pasado domingo llevé a misa un artilugio de entretenimiento. Se trata de una esfera de no más de 12cm, que colocada entre los extremos de una armadura horizontal tiene forma de herradura, se mantiene en el aire flotando. La gracia para menores y mayores, estaba en que no se mantenía quieta, pero que no tocaba ninguno de los extremos, sostenida en la mano se notaba cierto peso, pero puesta allí fluctuaba en el aire, sin caerse. Antes de ponerla en una mesa no se me ocurrió dar explicaciones de magnetismo, de atractivo o repulsión entre los polos, se hubieran aburrido los asistentes. Bien iluminada como estaba resultaba atractiva y fascinante, sin interesar de momento, teorías físicas que dieran razón de que le fuera posible permanecer flotando sin tocar en ningún sitio la esfera que carecía también de mecanismo.

5.- Quien se interesa por Jesús, fundamento de nuestra Fe, y se le explica su vida, su doctrina, su manera de comportarse con las personas necesitadas o ansiosas, su capacidad de sacrificio, la intensidad de su Amor, su muerte y resurrección y la posibilidad que tenemos de relacionarnos con Él, a partir de entonces, siendo conscientes, experimentando cada uno la delicadez de su cariño, se interesará por saber quién era, aceptará que es Hijo de Dios, porque de otra suerte no podría ser y aceptarnos como acogedoramente nos trata, sin preocuparnos, pero sí interesarnos de Él. En tal situación personal debemos estar para interesarnos por el misterio de la Santísima Trinidad. Daos cuenta que una persona hermética no interesa. Que ni como compañero de viaje gusta. Que aburra siempre. Quien nos cuenta algo de sí mismo, aunque no le entendamos, nos es simpática. Demuestra que nos tiene confianza. Así es Dios.

6.- Ha querido Jesús, nuestro interlocutor histórico, contarnos algo de su Padre, de su Espíritu, de la unidad que entre ellos hay. Pese a no entenderlo, debemos estarle agradecidos y amarle más. Nos tiene confianza, no debemos defraudarlo, ni pretender analizar su Ser.

7.- Vuelvo al cacharrito del que os he hablado antes. Si pretendiera desmontarlo para descubrir su interior, sé que lo estropearía. Las cosas de hoy en día hechas de plástico no tienen tornillos que permitan desarmarlo, todo está soldado. Me tengo que contentar con saber que se mantiene gracias a campos magnéticos.

8.- Quien quiere entender a Dios, estropea su juicio. Que se nos haya hablado del misterio de la Santísima Trinidad, es muestra del Amor que Dios nos tiene. El Amor nunca es una carga. Pobre de aquel a quien nadie ama. Pobre de mí, si de mi Dios tuviera el mismo conocimiento que tengo de un fetiche auténtico africano que me regalaron. Podría describiros sus formas, la madera con que está hecho, lo que pesa etc. Pero no está vivo, no me ama, no me interesa. Dios sí, su misterio me fascina y nunca me aburre. Aunque no entienda que es trino y uno a la vez. O tal vez más por ello.

Pedrojosé Ynaraja