Vísperas – Miércoles XI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia que apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.

Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.

Gloria al padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: Ef 3, 20-21

A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo te alabe, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
— haz que sepamos corresponder, y así hagamos nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
— y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos,
— acuérdate de los trabajadores, que ganan el pan con el sudor de su frente.

Acuérdate, también, de todos los que viven entregados al servicio de los demás:
— que no se dejen vencer por el desánimo ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
— y líbranos del poder del Maligno.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 19 de junio

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 6,1-6.16-18

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy da continuidad a la meditación sobre el Sermón del Monte. En los días anteriores hemos reflexionado sobre el mensaje del capítulo 5 del evangelio de Mateo. En el Evangelio de hoy y en los días siguientes vamos a meditar el mensaje del capítulo 6 del mismo evangelio. La secuencia de los capítulos 5 y 6 puede ayudar en su comprensión. Los pasajes en itálico indican el texto del evangelio de hoy. He aquí el esquema:

Mateo 5,1-12: Las bienaventuranzas: solemne apertura de la nueva Ley.
Mateo 5,13-16: La nueva presencia en el mundo: Sal de la tierra y luz del mundo.
Mateo 5,17-19: La nueva práctica de la justicia: relación con la antigua ley.
Mateo 5, 20-48: La nueva práctica de la justicia: observando la nueva Ley.
Mateo 6,1-4: La nueva práctica de las obras de piedad: la limosna.
Mateo 6,5-15: La nueva práctica de las obras de piedad: la oración.
Mateo 6,16-18: La nueva práctica de las obras de piedad: el ayuno.
Mateo 6,19-21: La nueva relación con los bienes materiales: no acumular.
Mateo 6,22-23: Nueva relación con los bienes materiales: visión correcta.
Mateo 6,24: Nueva relación con los bienes materiales: Dios o el dinero.
Mateo 6,25-34: Nueva relación con los bienes materiales: abandono en la Providencia.

• El evangelio de hoy trata de tres asuntos: la limosna (6,1-4), la oración (6,5-6) y el ayuno (6,16-18). Son las tres obras de piedad de los judíos.

• Mateo 6,1: No practicar el bien para ser vistos por los otros. Jesús critica los que practican las buenas obras sólo para ser vistos por los hombres (Mt 6,1). Jesús pide apoyar la seguridad interior en aquello que hacemos por Dios. En los consejos que él da transpare un nuevo tipo de relación con Dios: “Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará» (Mt 6,4). “Antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan” (Mt 6,8). “Si perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará” (Mt 6,14). Es un nuevo camino que aquí se abre de acceso al corazón de Dios Padre. Jesús no permite que la práctica de la justicia y de la piedad se use como medio de auto-promoción ante Dios y la comunidad (Mt 6,2.5.16).

• Mateo 6,,2-4: Como practicar la limosna. Dar la limosna es una manera de realizar el compartir tan recomendado por los primeros cristianos (Hec 2,44-45; 4,32-35). La persona que practica la limosna y el compartir para promoverse a sí mismo ante los demás merece la exclusión de la comunidad, como fue el caso de Ananías y Safira (At 5,1-11). Hoy, tanto en la sociedad como en la Iglesia, hay personas que hacen gran publicidad del bien que hacen a los demás. Jesús pide el contrario: hacer el bien de forma tal que la mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha. Es el total desapego y la entrega total en la gratuidad del amor que cree en Dios Padre y lo imita en todo lo que hace.

• Mateo 6,5-6: Como practicar la oración. La oración coloca a la persona en relación directa con Dios. Algunos fariseos transformaban la oración en una ocasión para aparecer y exhibirse ante los demás. En aquel tiempo, cuando tocaba la trompeta en los tres momentos de la oración: mañana, mediodía y tarde, ellos debían pararse en el lugar donde estaban para hacer sus oraciones. Había gente que procuraba estar en las esquinas en lugares públicos, para que todos pudiesen ver cómo rezaban. Ahora bien, una actitud así, pervierte nuestra relación con Dios. Es falsa y sin sentido. Por esto, Jesús dice que es mejor encerrarse en un cuarto y rezar en secreto, preservando la autenticidad de la relación. Dios te ve también el lo secreto y él te escucha siempre. Se trata de la oración personal, no de la oración comunitaria.

• Mateo 6,16-18: Como practicar el ayuno. En aquel tiempo la práctica del ayuno iba acompañada de algunos gestos exteriores bien visibles: no lavarse la cara ni peinarse, usar ropa de color oscuro. Era la señal visible del ayuno. Jesús critica esta manera de actuar y manda hacer lo contrario, para que nadie consigua percibir que estás ayunando: báñate, usa perfume, péinate bien el pelo. Y así el Padre que ve en lo secreto recompensará.

4) Para la reflexión personal

• Cuando rezas, ¿cómo vives tu relación con Dios?
• ¿Cómo vives tu relación con los demás en la familia y en la comunidad?

5) Oración final

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé!
La reservas para tus adeptos,
se la das a los que a ti se acogen
a la vista de todos los hombres. (Sal 31,20)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 41-42

<

p style=»text-align:justify;»>41Porque quienosdé a beber un vaso de agua en el nombreque sois de Cristo,en verdad osdigoque no perderásu recompensa.
42Yquienescandalicea uno de estos pequeñosque creen en mí, mejor le estaría si le ataran una piedra de molino alrededor de su cuello y fuera arrojado al mar.

<

p style=»text-align:justify;»>Después del pasaje sobre el exorcista ajeno (9,38-40), que concluye con una advertencia contra los juicios prematuros, Jesús continúa con una serie de dichos sobre el Juicio Final, el discurso más amplio sobre este tema en el evangelio. Aunque el Juicio sea el tema principal de la perícopa, esta generalización no se aplica al dicho final sobre tener sal y paz con los vecinos (9,50c), fijado con alfileres por el evangelista mismo al final de la unidad 9,33-50. El material de esta sección está organizado básicamente por lemas o «palabras gancho», pero es posible distinguir cierta estructura. 1) Cada dicho en 9,41-42 está introducido por «quien» y los dos presentan modos contrastantes de tratar a los cristianos, con su correspondiente recompensa escatológica. 2) Cada uno de los tres dichos de 9,43-48 está introducido por «y si» y describe una incitación al pecado de una parte del cuerpo y la amputación provocada por esta falta. 3) Finalmente, 9,49-50 está introducido por «todo» y presenta tres dichos sobre la sal. 


<

p style=»text-align:justify;»>• 9,41-42: Dos modos de responder a los cristianos. El principio «el que no está contra nosotros a favor de nosotros está» (9,40) se concreta en el caso de una persona que no solo no es hostil a los cristianos, sino que los apoya, aunque sea con un simple vaso de agua (9,41); lo que probablemente se contempla aquí es la situación de los misioneros, descritos de modo semejante en 6,7-10, en la que el cristiano itinerante depende de la bondad de los extraños. Este ejemplo de apoyo va seguido de una descripción del tipo de trato contrario, el caso de la persona que escandaliza a uno «de los pequeños» (9,42). Así pues, el principio de nuestro pasaje es un caso del antiguo motivo de los «dos caminos», ampliamente extendido, que se halla en el Antiguo Testamento (por ejemplo, Dt 30,19; Sal 1,1-6), en el judaísmo antiguo, en el cristianismo naciente (por ejemplo, Mt 7,13-14 // Lc 13,23-24), así como en el mundo grecorromano. 
Como es habitual en este motivo, «el camino de la vida» se pone en primer lugar, con su recompensa escatológica ofrecida como atractivo (9,41) y va seguido por la descripción «del camino de la muerte» y su castigo escatológico que sirve de advertencia (9,42). En nuestro pasaje ambos «caminos» tienen que ver con la manera como los extraños responden a los miembros de la comunidad cristiana. El buen camino, el de la vida, es socorrer a los miembros de esa comunidad; los que obran así no dejarán de obtener una recompensa escatológica. Este tipo de actitud tendría bastante sentido en un contexto vital en el que los cristianos eran perseguidos, por lo que pequeños actos de bondad para con ellos requerían valor. Así pues, pequeñas acciones en la edad presente tendrán consecuencias trascendentales cuando la semilla de mostaza del reinado de Dios haya crecido hasta hacerse un árbol (cf. 4,30-32), lo cual es una buena noticia para aquellos que han seguido el sendero difícil y estrecho que conduce a la vida (cf. Mt 7,14) mostrando compasión a los embajadores de Cristo en la tierra. Por el contrario, es mala noticia para cuantos han seguido el camino ancho que conduce a la muerte (cf. Mt 7,13), escandalizando a «estos pequeños que creen» (9,42), lo que en el contexto parece ser una referencia a los cristianos, quizás misioneros una vez más. Los delitos contra esos «pequeños» tendrán una sanción tan terrible que sería preferible una muerte horrorosa. Más tarde en el evangelio, Jesús pronunciará 
contra Judas un veredicto estructurado de modo similar («sería mejor») + la referencia a la inexistencia o a la muerte: 14,21); este ejemplo puede iluminar el contexto vital de la amenaza contra los malhechores en 9,42 ya que el argumento de una traición parecida a la de Judas, con resultado de muerte, era probablemente bien conocido por la comunidad marcana perseguida (cf. 13,12-13).

Así pues, las imágenes violentas de Mc 9,42 pueden reflejar lo extremo de la situación en la que se encontraban los miembros de la comunidad marcana y sus antepasados cristianos.

Comentario del 19 de junio

Jesús previene a sus discípulos ante el riesgo de hacer ciertas cosas buenas delante de los demás con el único fin de ser vistos por ellos y obtener así la debida recompensa: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. A esas prácticas en las que se pone de manifiesto la justicia (resp. bondad) de los hombres pertenecen la limosna, la oración y el ayuno. Nuestras prácticas cuaresmales eran ya observancias frecuentes en la tradición judía y, en general, en toda tradición religiosa. La limosna dice relación inmediata al prójimo al que se socorre; la oración está orientada al Dios a quien se ora; y el ayuno se presenta como una práctica ascética referida al sujeto que la lleva a cabo. Jesús no desaprueba este tipo de prácticas, pero sí ciertos modos de ejecutarlas. Cuando hagas limosna –les dice-, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.

Haz, por tanto, limosna; pero no la hagas como los hipócritas, convirtiendo este acto de misericordia –que es la limosna- en un acto de ostentación para enaltecimiento y gloria de la propia imagen. Obrar así es desvirtuar la limosna, puesto que el fin del acto ya no es socorrer al indigente, sino fomentar la propia gloria personal. Lo que se presuponía como un ejercicio de misericordia se ha convertido en un ejercicio de vanagloria. Para eso ha bastado con cambiar la finalidad, si se quiere oculta, de la acción. Pero la trompeta que encabeza el cortejo ya es suficientemente elocuente del fin que se pretende. Ha dejado de ser limosna para convertirse en otra cosa, en un acto de ostentación que persigue el encumbramiento personal o del estamento. Evidentemente, como refrenda Jesús, ya han recibido su paga, que no es otra que la gloria (vana) obtenida. También resulta manifiesta la hipocresía que esconde semejante comportamiento. Bajo capa de misericordia (la que se supone en la limosna) se oculta un refinado deseo de grandeza.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Es una buena medida para evitar intenciones taimadas. La limosna hecha en secreto queda libre del riesgo de buscar una recompensa ajena a la propia satisfacción de hacer el bien o de agradar a Dios. Normalmente es difícil que el que recibe la limosna no se entere de su procedencia, pero hasta al destinatario se le puede ocultar el origen de ese beneficio. Uno puede ocultar su acción bajo el manto del anonimato. Siempre ha habido donantes anónimos.

En cualquier caso, parece muy conveniente que nuestra limosna permanezca lo más secreta posible; sólo así evitaremos tentaciones de vanidad y búsquedas solapadas de algún tipo de correspondencia o de paga. No por eso quedaremos sin recompensa. Jesús nos garantiza la paga del Padre que ve en lo secreto y que no dejará sin recompensa las buenas acciones de sus hijos. Esta paga divina no hay por qué descartarla ni ignorarla. Jesús la incluye siempre como promesa de salvación o de vida eterna. Nuestras buenas obras han de ser desinteresadas, pero no hasta el punto de renunciar a la promesa de felicidad que les es inherente. Despreciar esta recompensa sería un desprecio del don divino y, por tanto, del Donador de los dones, además de una pretensión contraria a la misma naturaleza humana que busca intrínsecamente la propia satisfacción en la posesión del Bien supremo.

Y lo que se dice de la limosna es aplicable también a la oración y al ayuno. Tampoco hay que rezar como los hipócritas, de pie en las sinagogas y en las esquinas, para que los vea la gente. Si rezamos para que nos vea la gente, estamos haciendo de la oración un espectáculo. La oración es oración y sólo eso: plegaria, súplica, acción de gracias en la presencia del Señor. Para hacer oración sólo necesitamos de este interlocutor. Es verdad que en la oración comunitaria nos verán otros: los que oran con nosotros y los que nos ven reunirnos para la oración. Pero el fin de este acto comunitario no es que otros nos vean, sino presentar a Dios nuestras peticiones y alabanzas. También es verdad que la oración litúrgica puede convertirse en un espectáculo en el que se escenifican ciertos misterios y actúan ciertos personajes y coros; pero no deja de ser un espectáculo que invita a la participación a los mismos espectadores, que deben convertirse también en actores. Si es un espectáculo que invita a la oración, no pierde su finalidad que es precisamente la de orar; no deja, por tanto, de ser oración.

Lo que hay que evitar es que la oración persiga un fin distinto del que tiene en cuanto tal. Si sucede esto dejaría de ser lo que es para convertirse en otra cosa, en un acto público en el que se busca el aplauso o la admiración de la gente, en un simple espectáculo. Por eso es muy conveniente atender a la consigna de Jesús: Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. El comportamiento al que invita Jesús a sus discípulos es radicalmente contrario al que adoptan los fariseos; y lo es, porque quiere evitar los vicios en que incurren los hipócritas. El modo de evitar la tentación de querer ser vistos por la gente es encerrarse en el propio cuarto para rezar al Padre que ve en lo escondido. De cualquier modo, lo que se busca es que se ore con la pretensión única y exclusiva de hacer oración, y no de obtener otros réditos asociados a esa práctica. No hemos de buscar otra recompensa que la que viene de Dios Padre.

Tampoco hemos de hacer del ayuno un espectáculo, como el de los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Pero aquí lo que hay es una farsa o una demudación del rostro para aparentar algo que no se es, ni se hace. El ayuno hay que practicarlo, pero intentando evitar que la gente lo note, o mejor, procurando que la gente no lo note. De ahí que se aconseje «perfumarse la cabeza y lavarse la cara», precisamente para que la gente no lo note. Y ello para que en nuestra actuación no vivamos pendientes del juicio de los demás, sino sólo del juicio de Dios, que será quien recompense nuestros «méritos».

Luego si queremos evitar deformaciones, hemos de practicar la limosna, la oración y el ayuno no de cara a los hombres y pendientes de su juicio, aprobación o alabanza, sino de cara a Dios y pendientes exclusivamente de su juicio y recompensa. La Iglesia nos invita a mantener este tipo de prácticas que nos disponen a la obra de misericordia (limosna) desde la privación y el despojamiento (ayuno) y desde la motivación religiosa (oración). Para socorrer al prójimo hay que despojarse de aquello que está en nuestra posesión. Y tanto para una cosa como para la otra hay que tener motivos: hacer lo que Dios quiere o lo que le agrada; hacerlo por amor de Dios, con la certeza de que Él nos recompensará con una paga infinitamente superior a lo que se nos pide. Limosna, oración y ayuno están de tal manera entretejidos que no es posible su práctica individual e inconexa. Sólo el que ayuna puede hacer limosna y oración; sólo el que ora tiene fuerzas para ayunar y motivos sobrenaturales para hacer limosna; sólo el que hace limosna puede orar de verdad y sin avergonzarse de presentarse ante Dios. Pero para ayunar, orar y hacer limosna no hay que pretender otra cosa que eso: ayunar, orar y practicar la misericordia.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

La juventud de la Iglesia

34. Ser joven, más que una edad es un estado del corazón. De ahí que una institución tan antigua como la Iglesia pueda renovarse y volver a ser joven en diversas etapas de su larguísima historia. En realidad, en sus momentos más trágicos siente el llamado a volver a lo esencial del primer amor. Recordando esta verdad, el Concilio Vaticano II expresaba que «rica en un largo pasado, siempre vivo en ella y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo». En ella es posible siempre encontrar a Cristo «el compañero y amigo de los jóvenes»[10].


[10] Conc. Ecum. Vat. II, Mensaje a la humanidad: A los jóvenes (7 diciembre 1965): AAS 58 (1966), 18.

Comentario Domingo del Corpus Christi

Oración preparatoria

Señor Jesús, al acercarme a tu Palabra, toma la iniciativa sobre mi corazón, ensánchalo para entrar en la dinámica de acoger y compartir. Dame sabiduría para ser capaz de partirme y repartirme, capaz de discernir desde esta Palabra tuya la realidad que me rodea sacando vida de ella y regalándola a otros. AMEN.

 

Lc 9,11b-17

«11Pero, al saberlo, las muchedumbres lo siguieron. Y, acogiéndolos, les hablaba sobre el Reino de Dios y, a los que tenían necesidad de curación, sanaba.

12Pero el día comenzó a declinar; pero, habiéndose acercado, los Doce, le dijeron: “Despide a la muchedumbre para que, yéndose a los pueblos y aldeas del contorno, consigan alojamiento y encuentren comida, porque aquí estamos en un lugar desértico”.

13Pero dijo a ellos: “Dadles vosotros de comer”.

Pero ellos dijeron: “No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que, yendo, nosotros compremos alimentos para todo este pueblo”. 14Porque eran como cinco mil varones.

Pero dijo a sus discípulos: “Acomodadlos por grupos de unos cincuenta”.

15Y [lo] hicieron así y acomodaron a todos.

16Pero, habiendo tomado los cinco panes y los dos peces, habiendo levantado los ojos al cielo, los bendijo y [los] partió y [los] daba a los discípulos para servir[los] a la muchedumbre.

17Y comieron y fueron saciados todos y fue recogido lo que les sobró: doce canastas de pedazos».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Nuestro evangelio se encuentra al final de la misión de Jesús en Galilea (Lc 4,14- 9,50), que culmina con la misión de los discípulos, que son los continuadores de la obra de Jesús (9,1-6). Es importante, pues, contemplar qué hace y qué dice Jesús en esos capítulos para saber qué hacer y qué decir nosotros como discípulos aplicados. Después de nuestro texto, se plantea la identidad de Jesús (9,18- 21); los anuncios de la pasión, entre los que queda insertado el episodio de la Transfiguración (sigue el tema de la identidad) (9,22-45) y el comienzo de la gransección de la “subida” a Jerusalén (9,51-19,27), que comienza precisamente con la misión de los 72 (10,1-20). Es importante destacar que el texto de la multiplicación de panes (preciosa catequesis sobre la Eucaristía) está en medio de dos misiones a realizar: la Eucaristía no es un “hecho-en-sí”, sino que está orientada como fundamento y alimento de la misión evangelizadora.

 

TEXTO

Estamos ante una hermosa composición en contrapunto que tiene 4 partes:
a) v. 11: la situación inicial, donde la muchedumbre sigue a Jesús y Jesús la acoge;

b) vv. 12-14a: en contraposición, la primera parte del texto: los discípulos (que habían sido presentados antes como apóstoles) toman la iniciativa (cosa que no deben hacer) y piden que Jesús actúe en sentido contrario, que despida a la gente. Jesús les implica en alimentar a la muchedumbre;

c) vv. 14b-16: en contraposición, la segunda parte del texto: Jesús toma la iniciativa (es el Maestro) y los discípulos actúan como tales, obedeciendo; relato eucarístico;

d) v. 17: la situación final, en consonancia con la inicial: todos son saciados (como antes habían sido atendidos en otras necesidades).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La contraposición “acoger-despedir” marca la diferencia de estilos entre Jesús y sus discípulos, igual que la imposibilidad de remediar la necesidad por parte de los discípulos frente a Jesús. Es una manera de señalar que sin Jesús no podemos hacer nada, y que tenemos que cuidar muy mucho nuestro estilo discipular para no ir “a la contra” de Jesús.

• La iniciativa no la podemos llevar nosotros, en cuanto discípulos, sino que la tiene que llevar Jesús, Maestro y Señor. Exige acoger la realidad y discernir desde Jesús cómo actuar en ella. Jesús consigue hacer que los discípulos afronten el problema a partir de ellos mismos, a partir de los medios de que disponen: ponernos en disposición al servicio del Reino hoy y aquí.

• El relato de multiplicación (hecho que no se explica) es sorprendentemente parecido al relato de la institución de la Eucaristía (cf. 22,19). La Eucaristía debellevar a la “multiplicación de los panes y peces”, a compartir, a preocuparnos de las necesidades concretas del prójimo, a implicarnos como Jesús en la misión.

• Los doce cestos sobrantes equivalen a los doce discípulos: la misión continúa y nuestro encargo es atender hoy como ayer las necesidades de la gente y ofrecer nuestra mediación de modo que las gentes puedan encontrarse con el verdadero alimento, Jesús y su mensaje.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo del Corpus Christi

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo
23 de junio 2019

Gen 14, 18-20; Salmo 109; 1Cor 11, 23-26; Lucas 9, 11-17

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos. Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario». Él les contestó: «Denles ustedes de comer».

Pero ellos le replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente». Eran como cinco mil varones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta». Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos para que ellos los distribuyeran entre la gente. Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.

Reflexión

Jesús hablaba a la multitud del Reino de Dios y curaba a los enfermos. ¿Los milagros ayudan a aceptar el mensaje? ¿Por qué? Por la tarde, Jesús les dice a los apóstoles que les dé de comer a las 5000 personas presentes, ¿qué dicen los apóstoles? (¿Como es posible?) ¿Qué milagro hace Jesús? (multiplica panes y pescados) ¿Cómo lo hace? (una oración de acción de gracias y los partió y distribuyó a los apóstoles poco a poco.) ¿Por qué Jesús quiere darles de comer? (Jesús los ama mucho y se preocupa por todas sus necesidades.) En la misa, el sacerdote hablando en la persona de Jesús, levanta el pan y el vino que ofrecemos al cielo y da gracias a Dios, repite las palabras de Jesús en la Ultima Cena (la Consagración) y Dios hace un milagro: cambia el pan y el vino al Cuerpo y Sangre de Jesús (la Transustanciación). ¿Cuáles paralelos ven en el milagro que Jesús hizo con la multitud, y el milagro en la misa? (En los dos ora y hace un milagro, en los dos da de comer) ¿Cuáles son las diferencias? (El pan que multiplico en el monte alimentó el cuerpo temporalmente; el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía alimenta nuestra alma y nos da vida eterna.) El evangelio dice que sobraron doce canastos llenos, ¿Qué significa el número doce? (Los doce apóstoles que Jesús le da en la Ultima Cena el poder de hacer el milagro de la Eucaristía para alimentar nuestra alma y acompañarnos físicamente en nuestro camino al Cielo. ¿Quién continua este trabajo? (los sacerdotes)

Actividad

En las siguientes páginas hacer un libro pegando siguientes paginas en hojas de color. Hablar de Jesús en la Eucaristía como Comida Sagrada, Sacrificio, y Presencia Real mientras colorean.

Oración

Señor, gracias por todo que sufriste por nosotros para salvarnos de nuestros pecados. Gracias por abrirnos las puertas del Cielo. Gracias por estar en la Eucaristía alimentando nuestra alma y guiándonos a la eternidad. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Corpus Christi

¿Qué haces cuando alguien hace algo por ti? Creo que lo más importante que debemos hacer cuando alguien hace algo por nosotros es decirle «Gracias». En nuestra casa tenemos una buena cantidad de tarjetas de agradecimiento para que no olvidarnos de dar las gracias. Espero que siempre te acuerdes de decir «Gracias» cuando alguien haga algo por ti. Otra cosa que debes hacer es decirle a otros las cosas buenas que la persona ha hecho por ti.

Jesús dedicó su vida aquí en la tierra a hacer cosas buenas para la gente. Era amoroso, bondadoso y compasivo. La Biblia nos dice que no vino a ser servido, sino a servir a otros y a dar su vida por los demás. Dondequiera que Jesús iba sanaba a los enfermos y a los cojos. Él daba vista a los ciegos y audición a los sordos. ¡Y hasta levantó a algunos que habían muerto! Algunas veces las personas se acordaban de decir «Gracias» y otras veces se olvidaban.

En nuestra lección bíblica de hoy, Jesús se encontró a un hombre que estaba controlado por espíritus malignos. Este hombre no había vestido ropas por un largo tiempo y no vivía en una casa, sino que pasaba sus días y noches en los sepulcros o tumbas y en las montañas. Las personas del pueblo en el cual vivía le temían y trataban de amarrarlo con cadenas, pero era tan fuerte que rompía las cadenas.

Jesús vio que el hombre estaba atormentado y sintió compasión por él. Había una manada de cerdos en la colina cerca de donde estaban, así que Jesús dejó que los espíritus malignos entraran a los cerdos y toda la manada de cerdos corrió hacia el lago y se ahogó.

Después que Jesús liberó al hombre de sus espíritus malignos, el hombre era como una persona diferente. La gente vio al hombre sentado a los pies de Jesús, totalmente vestido y hablando calmadamente. El hombre estaba tan contento que quería irse con Jesús y deseaba seguirle a todos los lugares que fuera, pero Jesús le dijo al hombre que regresara a su casa y le dijera a otros lo que Dios había hecho por él. La Biblia nos dice que el hombre regresó y les contaba a todas las personas de la ciudad las cosas maravillosas que Jesús había hecho por él.

Tú y yo debemos recordarnos siempre de dar gracias por todo lo que Jesús ha hecho por nosotros. El mayor regalo que hemos recibido es el regalo de la vida eterna. Jesús hizo este regalo posible por medio de su muerte en la cruz. Debemos decirles a otros lo que ha hecho por nosotros para que ellos puedan llegar a conocer cómo él les ama también.

Padre nuestro, te damos gracias por todo lo que has hecho por nosotros. Estamos especialmente agradecidos por el regalo de la vida eterna a través de Jesucristo, tu Hijo. Ayúdanos a siempre demostrar nuestro agradecimiento y contarle a otros todo cuanto has hecho por nosotros. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Comentario al evangelio – 19 de junio

Las lecturas que nos propone la liturgia aluden de distinto modo a la recompensa de la fe. En la segunda carta a los Corintios, Pablo, que estaba pendiente de recaudar lo más posible para la colecta de los santos de Jerusalén, asegura que Dios será generoso con quien siembra generosamente: Él «os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia» (2Cor 9,11). Por su parte, Mateo pone en boca de Jesús una llamada a practicar la justicia con humildad para que el Padre, que está en lo escondido, pueda colmarnos con su recompensa.

Tanto Pablo como Cristo desean despertar el buen obrar de los creyentes con la promesa de un premio futuro. Lo cual, considerado en bruto, parecería atentar contra la absoluta gratuidad del don de Dios, que es radicalmente libre y muy superior a las acciones humanas. Sin embargo, la Escritura es diáfana a este respecto y consigna a la vez la libérrima donación de sus bienes por parte de Dios y la legitima espera de una recompensa por parte del hombre. La clave está no tanto en lo que el hombre y Dios hacen sino en lo que buscan y en lo que resulta de los distintos modos de buscar.

Hay un modo de vivir la fe y el amor que resulta dependiente, caprichoso y mercantil: Dios buscando comprar el afecto del hombre; el hombre buscando comprar el agrado de Dios. Ambos afanados por obtener una recompensa que los engrandezca. En este caso, el centro de la búsqueda no es la persona amada sino el propio beneficio del amante. Cuando tomamos esta vereda, la avidez ocupa el lugar de la gratuidad.

Pero el recto amor cristiano nunca es así. La fe debe ser libre, ordenada y pródiga: Dios buscando al hombre con toda su caridad; el hombre buscando a Dios con toda su libertad. Ambos apremiados por ver cumplida la felicidad del otro. Entonces, sí. Entonces adviene una recompensa impensada que es el amor mismo, aquel que nace cuando todo nuestro querer e interés se dirigen hacia aquel a quien amamos y no hacia lo que nosotros recibimos de él. Cuando nos buscamos de esta manera, somos a la vez el premio y los premiados.

Adrián de Prado Postigo cmf