Oración de alabanza

Señor Jesús, igual que en tu tiempo,
también hoy el hambre sigue siendo fiel compañera
de miles y millones de seres humanos
que luchan por sobrevivir y muchos caen en el camino…

Al leer tu evangelio de hoy me viene a la mente
esa multitud de hermanos y hermanas
que sucumben en la lucha y dejan tras de sí
una sinfonía fúnebre de quejidos, lamentaciones y muerte…
– Dales tú de comer.
– ¿Cómo? ¿Cómo voy a dar de comer a tanta gente?
– Sí. Dales tú de comer.
¿Pero…? No tengas miedo. No te asustes.
Tú puedes ser instrumento en mis manos para alargar tu mano,
abrir tus labios, mover tus pies,
movilizar tu corazón…
Tú puedes llegar a aquellos a los que todavía no has llegado.
Sin ti, yo tampoco podría llegar. Te necesito.

– Pero, Señor…
– Ya está bien de «peros». ¡Manos a la obra!
No podrás tú cubrir todas las necesidades.
Pero salvarás tu honor y tu conciencia
si haces lo que a ti te corresponde.
Detrás de ti voy yo.
– ¿No será mucho compromiso para mí?
-Estoy harto de lamentaciones por parte de quienes
no mueven un dedo para aportar una solución.
Yo quiero seguir dando de comer a las multitudes
y me encuentro con la avaricia, el egoísmo
y la insensibilidad de los moradores de la tierra,
esa tierra que yo amo y me la han hecho irreconocible.

– Se te ve molesto, Señor…
– ¡No es para menos!
Me duele que se siga diciendo
que «no tienen qué comer» en una sociedad donde una minoría
se lo apropia todo,
lo maneja a su antojo y después quieren
comprarse el cielo
y acallar su conciencia con donaciones
y «obras de misericordia»…

Mi mejor fiesta de «Corpus Christi»
sería ver una humanidad renovada,
solidaria, sensible, donde todos puedan
llevarse a la boca su alimento diario
y a su espíritu unas buenas dosis de optimismo y esperanza.

Gracias, Jesús, por «destaparte» de esta manera.
Me gusta que hables así, muy directo y personal,
y me digas claramente que la mejor fiesta
de tu «cuerpo y de tu sangre» consistiría
en ser más humanos y solidarios,
más justos y honestos,
evitando toda discriminación
y desigualdad entre hermanos.
Entonces sería el momento, no antes,
de cantar bonitas melodías eucarísticas,
comenzando por el solemne
“Cantemos al Amor de los amores…”
y desearte ¡FELIZ FIESTA, JESÚS!

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