Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 9, 43-48

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p style=»text-align:justify;»>43Y site escandalizatumano, córtala; mejor es para ti entrar manco en la vidaantes que, teniendo las dos manos, marchar a la gehenna, al fuego inextinguible.
(44)45Y si tupie te escandaliza, córtalo; mejor es parati entrar cojo en la vidaantes que, teniendo los dos pies, ser arrojado a la gehenna.

(46)47Y situojo te escandaliza, arráncalo; mejor es para tientrar tuerto en el reino de Dios antes que, teniendo los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, 48donde su gusano no muere y el fuego no se extingue.

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p style=»text-align:justify;»>9,43-48: El coste del discipulado. El centro de atención cambia ahora de los delitos cometidos contra los cristianos de Marcos a las faltas potencialmente cometidas por ellos. Porque la iglesia no es una isla de santidad en un mar de pecado, sino el coso o ruedo en el que Satanás permanece activo.
En tres declaraciones formalmente paralelas, Jesús advierte contra las acciones de la mano, pie y ojos que «escandalizan» el interés propio de cada uno, y afirma que es mejor amputar la parte del cuerpo en cuestión que acarrear el cuerpo entero a la gehenna, el lugar de castigo eterno, lleno de fuego. A causa de la ausencia de un contexto relevante, no queda inmediatamente claro qué tipos de delitos tiene aquí Marcos en mente; Mateo, en su Sermón de la montaña, interpreta los pecados de la mano y del ojo como referencias al adulterio y a la lujuria causados por aquellos (5,27-30), pero en su paralelo a nuestro pasaje los relaciona con la discordia en la comunidad (Mt 18,6-35). Muchos comentaristas importantes afirman que Mateo acertó en el primer caso: Mc 9,43-47 se refiere a los pecados sexuales. Esos estudiosos argumentan que «pie» en el Antiguo Testamento puede ser un eufemismo para el pene y que la mano, pie y ojos van unidos con pecados sexuales en el Antiguo Testamento. El contexto marcano estaría también a favor de esta interpretación sexual ya que 9,42 habla de «escandalizar a uno de estos pequeños», que en una interpretación posible significa la pederastia, y que en 10,1- 12 se trata del divorcio, que Jesús designa como adulterio.

Sin embargo, esta propuesta es poco convincente como exégesis del presente pasaje marcano por varios motivos. 1) La yuxtaposición con 9,41 sugiere que Marcos mismo ve a los «pequeños» de 9,42 como discípulos más que como niños literalmente; es improbable, pues, que Marcos esté pensando en la pederastia. 2) El orden «mano… pie… ojo» es difícil de conciliar con esa interpretación, puesto que, según ella, el pecado cometido con el «pie» (pene) es el más grave de los tres. Teniendo en cuenta que este término aparece en el centro de la secuencia y no en uno de sus extremos, es imposible ver «la mano… el pie… el ojo» como una serie descendente o ascendente.

Así pues, la división tripartita entre pecados de la mano, del pie y del ojo probablemente no indica una clase particular de pecados sexuales. Como en muchos otros contextos bíblicos, la mano es más bien el instrumento para la comisión del pecado, el pie es el medio de transporte para ir al lugar donde se peca y el ojo es el medio por el que la tentación de cometerlo entra en el ser humano. Si esta interpretación es verdadera, «córtala» y «arráncatelo» no deben ser entendidos literalmente, sino como prescripciones de importancia interna creciente contra el pecado en general: «Si tu mano te escandaliza…»: ¡No peques! (9,43); «Si tu pie te escandaliza…»: ¡No vayas a ninguna parte donde puedas cometer pecados! (9,45); «Si tu ojo te escandaliza…»: ¡No pienses ni siquiera en cometer pecado alguno! (9,47).

Las consecuencias de ignorar estas advertencias se aclaran al final, cuando se indica que la gehenna es el lugar «donde su gusano no muere y el fuego no se extingue» (9,48), alusión a Is 66,24. Este texto bíblico, bien conocido y probablemente mejor recordado, al ser el último versículo de Isaías, no se refería en principio al fuego del infierno, sino al juicio en este mundo a los enemigos de Israel (cf. Is 66,15-16). En el judaísmo posterior, sin embargo, fue aplicado al castigo eterno del malvado y el precursor de Jesús, Juan Bautista, lo usó en este sentido (cf. Mt 3,12 // Lc 3,17). En la Iglesia se convirtió en el texto clásico para fundamentar la eternidad de sus tormentos. La imagen es especialmente terrible, pues une la tortura desde dentro (el gusano que devora en el interior) con el tormento desde fuera (el fuego), pero es difícil saber si ha de entenderse al pie de la letra en el pasaje presente, ya que el contexto entero es hiperbólico. Es imposible excluir de la enseñanza de Jesús la idea de un castigo futuro, aunque en un contexto canónico este concepto esté parcialmente compensado por las declaraciones paulinas acerca de la salvación definitiva para todos (Rom 5,18; 11,32; 1Cor 15,22), incluso aunque Pablo cuenta con un juicio póstumo de los pecados (Rom 2,6-9).

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