Vísperas – Jueves XIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

<

p style=»text-align:justify;»>Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,

que invitas a los que velan

y olvidas a los que duermen.

<

p style=»text-align:justify;»>Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes

y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

<

p style=»text-align:justify;»>¡Cómo golpean las necias

las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras

los ojos que no han de verte!

<

p style=»text-align:justify;»>Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,

y está el corazón velando,
mientras los ojos se duermen.

<

p style=»text-align:justify;»>Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe

y que la puerta se cierre. Amén.

 

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso e hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: Rm 8, 28-30

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego— llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:

Mira a tus hijos, Señor.

Dios de amor, que has hecho alianza con tu pueblo,
—haz que recordemos siempre tus maravillas.

<

p style=»text-align:justify;»>Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad

—y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Haz que siempre edifiquemos la ciudad terrena unidos a ti,
—no sea que en vano se cansen los que la construyen.

<

p style=»text-align:justify;»>Manda, Señor, trabajadores a tu mies,

—para que tu nombre sea conocido en el mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

<

p style=»text-align:justify;»>A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos

—y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora empieza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia, para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 4 de julio

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 9,1-8

Subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: `Tus pecados te son perdonados’, o decir: `Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: `Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

3) Reflexión

• La autoridad extraordinaria de Jesús. Jesús aparece ante el lector como persona investida de una extraordinaria autoridad mediante la palabra y el signo (Mt 9,6.8). La palabra autoritaria de Jesús ataca el mal en su raíz: en el caso del paralítico ataca el pecado que corroe al hombre en su libertad y bloquea sus fuerzas vivas: “Tus pecados te son perdonados” (v.2); “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (v.6). En verdad, todas las parálisis del corazón y de la mente con las que uno está encadenado, las anula la autoridad de Jesús (9,6), el hecho de encontrarse con él en la vida terrena. La palabra autoritaria y eficaz de Jesús despierta a la humanidad paralizada (9,5-7) y le da el don de caminar (9,6) con una fe renovada.

• El encuentro con el paralítico. Jesús, después de la tempestad y de una visita al país de los gadarenos, vuelve a Cafarnaúm, su ciudad. Durante el regreso tiene lugar el encuentro con el paralítico. La curación no se realiza en una casa, sino a lo largo del camino. Así pues, durante el camino que conduce a Cafarnaúm le llevaron un paralítico y Jesús se dirige a él llamándolo “hijo”, un gesto de atención que pronto se convertirá en un gesto salvífico: “tus pecados te son perdonados” (v.2). El perdón de los pecados que Jesús invoca sobre el paralítico de parte de Dios alude al nexo entre enfermedad, culpa y pecado. Es la primera vez que el evangelista atribuye a Jesús de manera explícita este particular poder divino. Para los judíos, la enfermedad en el hombre era considerada un castigo por los pecados cometidos; el mal físico, la enfermedad, siempre era signo y consecuencia del mal moral de los padres (Jn 9,2). Jesús restituye al hombre su condición de salvado al liberarlo tanto de la enfermedad como del pecado.

• Para algunos de los presentes, como los escribas, las palabras de Jesús anunciando el perdón de los pecados son una verdadera blasfemia. Para ellos Jesús es un arrogante, ya que sólo Dios puede perdonar. Este juicio sobre Jesús no lo manifiestan abiertamente, sino murmurando entre ellos. Jesús, que escruta sus corazones, conoce sus consideraciones y les reprocha su incredulidad. La expresión de Jesús “para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados…” (v.6) indica que no sólo puede perdonar Dios, sino que en Jesús, también puede perdonar un hombre (Gnilka).

• A diferencia de los escribas, la multitud se llena de asombro y glorifica a Dios ante la curación del paralítico. La gente está impresionada por el poder de perdonar los pecados manifestado en la curación, y se alegra porque Dios ha concedido tal poder al Hijo del hombre. ¿Es posible atribuir esto a la comunidad eclesial donde se concedía el perdón de los pecados por mandato de Jesús? Mateo pone este episodio sobre el perdón de los pecados con la intención de aplicarlo a las relaciones fraternas dentro de la comunidad eclesial. En ella se tenía ya la práctica de perdonar los pecados por delegación de Jesús; era ésta una práctica que la sinagoga no compartía. El tema del perdón de los pecados aparece de nuevo en Mt 18 y al final del evangelio se afirma que ello tiene sus raíces en la muerte de Jesús en la cruz (26,28). Pero en nuestro contexto el perdón de los pecados aparece unido a la exigencia de la misericordia como se hace presente en el siguiente episodio, la vocación de Mateo: “…misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt 9,13). Estas palabras de Jesús pretenden decir que él ha hecho visible el perdón de Dios; sobre todo en sus relaciones con los publicanos y pecadores, al sentarse con ellos a la mesa.

• Este relato que retoma el problema del pecado y reclama la conexión con la miseria del hombre, es una práctica del perdón que se ha de ofrecer, pero es sobre todo una historia que debe ocupar un espacio privilegiado en la predicación de nuestras comunidades eclesiales.

4) Para la reflexión personal

• ¿Estás convencido de que Jesús, llamado amigo de los pecadores, no desprecia tus debilidades y tus resistencias, sino que las comprende y te ofrece la ayuda necesaria para vivir en harmonía con Dios y con los hermanos?
• Cuando vives la experiencia de negar o rechazar la amistad con Dios, ¿recurres al sacramento que te reconcilia con el Padre y con la Iglesia y que hace de ti una nueva creatura por la fuerza del Espíritu Santo?

5) Oración final

Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos. (Sal 19,9)

Hazme, Señor, instrumento de tu paz

Que donde haya afectación, ponga yo naturalidad;
donde haya engreimiento y altanería,
ponga yo humildad y modestia;
donde haya hipocresía, fingimiento,
ponga yo franqueza, sinceridad.
Que donde haya «negocio ante todo»,
ponga yo «primero humanidad»;
donde haya desmán y abuso,
ponga yo honradez y justicia,
donde haya ventajas personales, intereses privados,
ponga yo bien común, sentido social.

Que donde haya complicación y confusión,
ponga yo sencillez y claridad;
donde haya engaño y falsedad,
ponga yo veracidad y autenticidad;
donde haya indiferencia y frialdad,
ponga yo calor humano y solicitud.

Que donde haya animosidad y desenfreno,
ponga yo moderación y cordura;
donde haya intransigencia y fanatismo,
ponga yo comprensión y tolerancia;
donde haya insolencia y provocación,
ponga yo miramiento y respeto.

Comentario del 4 de julio

           La versión que ofrece Mateo de este episodio es muy similar a la de Marcos y a la de Lucas, aunque más parca en la descripción. San Mateo, ahorrándose detalles escénicos, se limita a decir: Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados. La fe que tenían se dejaba ver en sus intentos por llegar hasta Jesús con la camilla. Cualquiera, por tanto, podía ver esta fe que sostenía el empeño y los esfuerzos de tales camilleros por alcanzar a aquel de quien podían obtener la sanación del enfermo que portaban. Pues bien, Jesús, viendo esta fe, se dirige al paralítico con una palabra sorprendente para todos: Hijo –le dice-, tus pecados están perdonados. Pero el enfermo y sus acompañantes no pudieron por menos que sorprenderse. Lo que ellos buscaban no era una absolución, sino una curación.

           No buscaban a un sacerdote para que le diera la absolución, sino a un sanador que devolviera la movilidad a sus miembros. No era, por tanto, lo que esperaban oír de labios de Jesús. También se vieron sorprendidos los fariseos-espías, cuya reacción no se hizo esperar. Al oír aquellas palabras absolutorias entendieron de inmediato que se encontraban ante un blasfemoo ante alguien que dice blasfemias; pues ¿quién puede perdonar pecados más que Dios? Y es verdad. En realidad sólo Dios puede perdonar pecados con una operación que implique la destrucción de esos pecados, la aniquilación de esos males que nos tienen paralíticos. Sólo Dios puede perdonar pecados, perdonar hasta destruir el mal o hasta curar la enfermedad. Jesús se estaba atribuyendo, a juicio de los fariseos ilícitamente, un poder divino, un poder que sólo a Dios compete. Y esto era para ellos no sólo arrogancia, sino blasfemia. Que un hombre se atribuyera el poder de Dios era blasfemo.

           Pero Jesús, que sabe cómo piensan, les replica: ¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir «tus pecados quedan perdonados», o decir «levántate y anda»?Las dos cosas son fáciles de decir; lo difícil es hacer que se hagan realidad tales cosas, tanto el perdón como la curación, si bien la curación física es más fácil de verificar que la curación (=perdón) moral. Para Dios ninguna de esas cosas son difíciles; para el hombre, las dos tienen una dificultad similar o una imposibilidad similar. Pues bien, sentencia Jesús, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados… -dijo al paralítico: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.

           Inmediatamente aquel paralítico se levantó, tomó su camilla y se marchó a su casa, dando gloria a Dios. Luego Jesucristo cura al paralítico para que vean que tiene poder para perdonar pecados. La curación física se convierte en signode su capacidad para perdonar o curar moralmente. Hace un acto de poder, ciertamente admirable, sobre un organismo humano que tiene atrofiados sus miembros para hacer ver que tiene poder divino, pues el poder de perdonar sólo le compete a Dios, como prejuzgan acertadamente los fariseos.

           El poder de perdonar destruyendo el mal sólo está en Dios. Jesús muestra que tiene este poder al curar al paralítico de su mal físico. Por eso provoca en su entorno asombro y arranca expresiones de glorificación de Dios. No sólo da gloria a Dios el que ha recibido el beneficio divino de la curación, que percibe con claridad que Dios es el verdadero responsable de aquel suceso, sino todos los que se dejan arrebatar por el asombro provocado por tan admirables acciones. Y glorifican a Dios porque entienden que sólo Dios puede estar detrás de las acciones milagrosas de Jesús. No es que confundan a este hombre con Dios, pero ven a Dios en el actuar de este hombre. Y por eso se asombran y dan gloria.

           El evangelio proclama, por tanto, que en Jesús se manifestaba el poder de Dios, hasta tal punto que su poder, puesto a prueba, de curar y perdonar era poder divino, porque sólo Dios puede perdonar pecados, aunque la curación de algunas enfermedades esté también en poder de los hombres. Podemos concluir, por tanto, que en el poder efectivo de Jesús se estaba haciendo patente el poder del mismo Dios, y que Jesús no se arrogaba ilegítimamente este poder, sino que hacía uso legítimo de él porque era realmente suyo en cuanto Hijo de la misma naturaleza que el Padre. Y que cuando obraba, hacía lo que veía hacer al Padre, como reproduciendo su misma actividad con su misma capacidad de operar.

           A nosotros nos puede suceder lo que a aquel paralítico: que, estando enfermos, solicitemos la curación de esa enfermedad física o mental que cargamos ya desde hace tiempo con verdaderos deseos de vernos liberados de ella; pero que nos olvidemos de solicitar la curación de esa otra enfermedad que también nos acompaña a lo largo de la vida sin experimentar el deseo apremiante de liberarnos de ella, y que es el pecado. Parece como si el peso de nuestros pecados nos molestase menos que la carga de cualquier enfermedad; y no reparamos en que el pecado puede ser más destructivo y dañino que una enfermedad, sea del tipo que sea. Por eso es importante que caigamos en la cuenta de aquello a lo que da prioridad Jesús. Él viene a decirnos, como al paralítico: Te hago ver mi poder de curación para que adviertas mi poder de perdón, que es una curación más profunda y de mayor alcance.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Jóvenes santos

49. El corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio. Ellos fueron preciosos reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra. El Sínodo destacó que «muchos jóvenes santos han hecho brillar los rasgos de la edad juvenil en toda su belleza y en su época fueron verdaderos profetas de cambio; su ejemplo muestra de qué son capaces los jóvenes cuando se abren al encuentro con Cristo»[20].


[20] DF 65.

Testigos de Jesucristo

1.- La ternura de Dios. Las lecturas de hoy nos muestran la diferencia entre los que aceptan el mensaje de Dios y los que lo rechazan. En Isaías, el profeta proclama la paz y bondad que Dios le dará a su pueblo si son fieles a la Alianza, pero ellos son responsables si se alejan de Dios. En Lucas, Jesucristo manda a los setenta y dos discípulos a los pueblos antes de que llegue El. Les manda llevar paz y curar a los enfermos. Pero respecto a los pueblos que rechazan al evangelio, Jesús les dice a sus discípulos que sacudan el polvo de sus pies «en señal de protesta» contra tales pueblos. La decisión libre que rechaza el evangelio trae separación de Dios. Somos nosotros los que nos alejamos, no es Dios el que nos abandona. Hemos de reconocer las consecuencias de rechazar el Evangelio. Hacen falta testigos de esa ternura y consuelo de Dios que recuerda la primera lectura de hoy, testigos humildes y poseídos de la fuerza del Espíritu que viene en ayuda de la debilidad humana.

2.- Urgencia de la evangelización. Jesucristo mismo envía a los setenta y dos discípulos y los manda de dos en dos. En el mundo de la fe no existe el individualismo. No existe el evangelizador por libre. De dos en dos, para que el camino sea más llevadero, para que se ayuden uno a otro, para que lo que prediquen sea un testimonio contrastado. En todo proyecto o viaje humano siempre tenemos que tener bien claro lo que debemos de llevar según el punto de destino y las características concretas. Jesús, en cambio, nos deja bien claro lo que no tenemos que llevar en el camino de la evangelización. No llevemos lo que nos puede dar una seguridad aparente. Hay cristianos que piensan que el cristianismo se tiene que equiparar a una ONG de nuestro tiempo. Creo que no han entendido en profundidad cuál es el mensaje ni cuál es su finalidad. El Evangelio es desposeerse de todo para tenerlo todo. Cristo no suele «dorar la píldora», a sus seguidores, no les augura un «camino de rosas». Al contrario, les dice y repite que «el que quiera seguirle, tome su cruz». Pero hay algo, que conviene recordar enseguida: Dios no abandona nunca a los suyos, siempre va a su lado.

3.- Todos los cristianos debemos ser testigos del Evangelio. Dice el evangelio que los setenta y dos volvieron contentos y dijeron: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Más de una vez nos ha invadido este tipo de alegría. Jesús nos dice: «No estéis alegres porque se os sometan los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». Es un buen aliento para cuando nos sentimos fracasados. No debemos olvidarnos nunca de que somos «instrumento» en sus manos. Evangelizar no es la tarea exclusiva de los pastores del pueblo de Dios, ni monopolio de los misioneros de vanguardia. Toda la comunidad eclesial es misionera siempre y en todo lugar. Evangelizar es su misión y su dicha. Con tal de que estemos evangelizados nosotros mismos, todos los cristianos podemos y debemos ser evangelizadores, pues por los sacramentos de la vida cristiana participamos de la misión profética de Cristo. Hoy, más que de conquista se habla experiencia y de testimonio. Es este testimonio de los cristianos lo que mejor puede impactar al incrédulo y al hombre de hoy, harto de propaganda, palabrería y falsos mesianismos. Hoy como ayer, lo que más necesita es el evangelio vivido. Es verdad que hemos de emplear todos los medios a nuestro alcance para difundir la fe, con tal que se avengan con las instrucciones de Jesús en el evangelio de hoy: pobreza y solidaridad, y no avasallamiento y poder. Nuestra misión, hoy como ayer, es ser mensajeros de la paz y la alegría. Los auténticos seguidores y seguidoras de Jesús serán capaces de, en su nombre, lograr la transformación de la vida de las personas y de las realidades sociales en las que viven. El Evangelio no es intimismo, no es buscar el solo bienestar interior sino que es una llamada a salir de nosotros mismos para llevar a los demás la alegría que tenemos en el corazón. ¿Te sientes enviado por Jesús?

4.- “No hagas a nadie lo que tú aborreces”. Es el mensaje que lanza el departamento de Pastoral de la Carretera, dentro de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, para la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. Esta jornada se celebra el 7 de julio, fiesta de San Cristóbal. Los obispos nos recuerdan las palabras del papa Francisco: “los demás conductores no son un obstáculo o adversario que hay que superar”. Y añaden, “sino hermanos y personas, que al igual que yo, están haciendo su camino con el firme propósito de llegar felizmente a su destino y a las que debo respetar como me gusta que los demás me respeten a mí”. Se nos pide prudencia y responsabilidad al volante: “para los conductores, el cumplimiento de las normas de tráfico no son optativas, que podamos o no cumplir; nos obligan moralmente a todos por igual, y solamente cumpliendo todas las normas de circulación en nuestras calles y carreteras podremos tener una movilidad segura”.

José María Martín OSA

Descansará sobre ellos vuestra paz

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: – «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.” Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: – «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.» Él les contestó: – «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

Lucas 10, 1-12.17-20

Para meditar

Jesús nos dice que llevemos la paz allá donde vayamos, que seamos comunicadores de la paz, que seamos pacíficos. Y si no somos bien recibidos tampoco nos compliquemos mucho la vida; no hace falta ir contra nadie. La fe se propone, pero no se impone. Dios nos ha hecho libres.

Nuestra misión es proponer la fe, esa es nuestra tarea. Invitar a otras personas a conocer a Jesús, pero es cada persona la que decide si acepta que Dios es el centro de su vida.

Para hacer vida el evangelio

  • Escribe el nombre de una persona a la que puedes ayudar esta semana.
  • ¿Por qué crees que debes ayudar a esa persona? ¿Cómo podemos ayudar a esa persona como creyentes?
  • Escribe un compromiso que puedas hacer esta semana para hacer algo con esa persona en la que has pensado.

Oración

Son muchos los espacios donde se nos necesita.
Hay muchos hermanos viviendo soledad,
otros en desamor, con el dolor de una pareja rota
otros sufriendo incomprensión
por su forma de vida
otros enfermos, sin cura y sin compañía,
otros ancianos, sin visitas, sin ilusiones, sin gente
otros necesitados de ayuda material,
otros que no tienen el pan de cada día,
otros que se mueren de sida y de dolor,
otros que ven morir a los suyos en guerras,
otros que explotan pagando salarios mínimos,
algunos colgados de la droga del consumo,
muchos dispersos en mil actividades,
una gran mayoría estresados y agobiados,
familias enteras sin espacio para la comunicación,
parejas desencantadas, invadidas por la rutina,
ateos alejados del Dios de la vida,
cristianos mediocres instalados en ritos vacíos,
personas desanimadas, deprimidas, sin ilusión,
ancianos abandonados, sin el afecto de los suyos,
parados y jubilados que no se sienten valorados,
mujeres maltratadas, mal amadas y esclavizadas,
niños guerrilleros, explotados, sin niñez,
«yupis» agresivos, oficialmente triunfadores, pero vacíos.

La mies es mucha

Te damos gracias, Padre,
porque nos convocas hoy alrededor de tu mesa.
Tu Hijo nos ha merecido
el derecho de sentarnos en ella
y participar de tu presencia salvadora
y de tus divinos alimentos.
Faltan muchos de tus hijos en esta fiesta
porque solo se sienten cristianos de nombre,
no viven a conciencia en tu Iglesia
ni se aprovechan con ganas de los sacramentos. 

Hoy sentimos su ausencia
y deseamos convencerles para que su fe sea educada
y maduro en compromiso.
Te damos gracias por el Espíritu Santo
que nos envías para que nos transforme
en testigos convencidos y alegres del Evangelio de Jesús.
Nos unimos con tantos hermanos
que ya gozan de tu presencia
y que entregaron generosamente su vida al Evangelio

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XIV de Tiempo Ordinario

• Jesús ya había enviado a los Doce a anunciar el Reino de Dios y a hacerlo presente (Lc 9,1-6), lo que sólo se puede hacer viviendo de un modo determinado. También envió a “otros setenta y dos” (1). Así indica que la misión es de todos los que van —vamos— con Él, no sólo de los Doce.

• Este envío también indica que la misión se dirige a todos los pueblos del mundo: el número de setenta y dos discípulos corresponde al de pueblos que hay en el mundo, según la antigua versión griega, en la lista de Gn 10. En el envío de los “setenta y dos” (1) está el envío de todos los discípulos a anunciar el Evangelio a todos los pueblos y ambientes, fruto de la Muerte y Resurrección de Jesús (Lc 24,47; Hch 1,6).

• Estos enviados no se predican a sí mismos. Son enviados a preparar a todos los pueblos, a todas las personas, para que puedan recibir a Dios que los visita en Jesús: “a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él” (1). “La paz” del Resucitado (Lc 24,36) es para todos los pueblos. Una paz que viene por el anuncio del Evangelio, recibido en las propias lenguas de cada pueblo (Hch 2,11).

• La misión que da Jesús se ejerce con palabras: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios” (9), y con hechos: “curad a los enfermos” (9). Exactamente igual quela de Jesús. Es más, la de Jesús y la de la Iglesia son una sola misión, una misma acción misionera. Por tanto, podríamos decir que no hay Iglesia de Jesucristo si no hay acción evangelizadora.

• La misión es siempre urgente: “no os detengáis” (4), y prioritaria: “no llevéis talega, ni alforja, ni sandalias” (4). Cual-quier saludo tiene que ser misionero —“paz a vosotros” (Lc 24,36)-. Y el estilo de vida sencillo también será misionero, porque manifestará que los discípulos creen lo que predican: Dios está presente y activo.

• Como el desprendimiento, también la oración (2) será el reconocimiento de que Dios está presente y activo en la vida y misión de los discípulos. De hecho es la piedra de toque: sin oración, la acción es otra cosa.

• Si los enviados son rechazados (10-12), el anuncio se hará igual mente (11). Y “la paz” (6) no se perderá, porque esa paz la da Dios, no el éxito de la acción (20). Y Dios no deja de darla.

• Lo que traen y dan los discípulos lo han recibido del Resucitado. Y es Él quien actúa en su acción: “en tu nombre” (17). Por eso están “contentos” (17) y pueden “estar alegres” (20), porque es al Resucitado a quien se someten los espíritus (17).

• Jesús valora la reunión para revisar la acción (17-10). Así los discípulos saben queÉl no los deja. Y pueden redescubrir el sentido de fondo de la misión: “vuestros nombres están inscritos en el cielo” (20).

* Sobre “Satanás que cae del cielo como un rayo” (18) y la “potestad para pisotear serpientes y escorpiones” (19), hay que tener presentes algunas cosas. En el Evangelio según Lucas, todo el tiempo de la actividad pública de Jesús está marcado por la derrota del diablo (18-19); Jesús es más poderoso que las fuerzas del mal, y su presencia devuelve la salud a las personas (Lc 13,16; Hch 10,38). En cambio, a partir de la Pasión, Satanás, con su influencia negativa (Lc 22,3.31),domina momentáneamente la situación (Lc 22,53), hasta la Resurrección de Jesús. La“potestad” (19) que los discípulos enviados por Jesús tienen sobre los demonios —“serpientes y escorpiones” (19) son su representación- es un signo de la victoria de Jesús sobre Satanás y demuestra el fin del dominio de las fuerzas del mal sobre el mundo. Por eso Jesús “ve” (18) la caída de Satanás, es decir, su expulsión fulminante (Ap 20,1-3): ¡el Reino de Dios está aquí!

• Cuando Jesús dice a los enviados que “sus nombres están inscritos en el cielo” (20), les está diciendo que Dios los salva, como quiere salvar a todos. Éste es el verdadero motivo de alegría para los discípulos de Jesucristo. Y la motivación de cualquier acción que pretenda dar a conocer esta Buena Noticia a todo el mundo.

Comentario al evangelio – 4 de julio

La liturgia de la Palabra para este día nos invita a valorar la vida, la propia y de todo lo creado, como el don más sagrado. Además, nos invita a curarnos de las parálisis en las que solemos vivir a causa del consumismo y el culto idolátrico al dinero.

Recordamos que las narraciones bíblicas nos presentan a un Dios que acompaña con paciencia los procesos de liberación de su pueblo. Hoy le toca demostrar a Abrahán ante su hijo Isaac que ha aprendido a no controlarlo todo, abriéndose a la providencia de Dios; que ha dejado de instrumentalizar a las personas valorándolas en su integridad; y finalmente, probarse a sí mismo, que ha madurado en la fe y en el amor. Este relato, no sólo presenta el camino de madurez del patriarca, también nos muestra la imagen de ese Dios que ha caminado junto a él. Es el Dios justo que ha salido en defensa de Ismael, el hijo de Agar, a quien también promete tierra y descendencia; el mismo que da la orden para que Abrahán no alargue la mano contra su hijo ni le haga daño. Es el Dios de la misericordia entrañable que no sacrifica a unos para dar lecciones a otros; es el Dios que espera que sus creaturas sean reflejo de su amor incondicional.

En el escenario mundial nos encontramos con el culto idolátrico al dinero que además de insaciable, se cobra vidas inocentes a diario. Dios nos ha dado este mundo no para vivir codiciando los bienes de la creación, proyectando ingenuamente allí nuestra felicidad; más bien nos muestra que la fuente de la realización humana está en donar la vida. Precisamente el evangelio de hoy dibuja una escena de una vida que se salva a partir de un gesto comunitario.

Decíamos que hoy son muchas las parálisis que padecemos (familiares, sociales, religiosas, políticas, económicas, etc.). Necesitamos de personas que, con buena voluntad, testimoniando el amor incondicional, nos acerquen al Dios de Jesús que dignifica, libera y da sentido a nuestra vida. Sepamos que habrá quien se oponga y nos desanime, pero no dejemos de ayudar solidariamente. Son muchos los que caminan con esperanza en la humanidad y en la ayuda del Dios providente.

Pidamos en nuestra oración de hoy por las víctimas de este sistema-mundo en el que vivimos. Comprometámonos, en la medida de nuestras posibilidades, con quien necesite de nuestra ayuda, no sólo material sino de todo tipo.

Fredy Cabrera, cmf.