Vísperas – San Benito

VÍSPERAS

SAN BENITO, abad
PATRONO DE EUROPA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cuando, Señor, el día ya declina,
quedaos con el hombre, que la noche
del tiempo y de la lucha en que camina
turba su corazón con su reproche.

<

p style=»text-align:justify;»>Disipad nuestras dudas, hombres santos,
que, en el alto glorioso del camino,

ya dejasteis atrás temores tantos

de perder vuestra fe en el don divino.

<

p style=»text-align:justify;»>Perdonad nuestros miedos, seguidores
del camino en la fe que os fue ofrecido,
hacednos, con vosotros, confesores

de la fe y del amor que habéis vivido.

<

p style=»text-align:justify;»>Que tu amor, Padre santo, haga fuerte
nuestro amor, nuestra fe en tu Hijo amado,
que la hora suprema de la muerte

sea encuentro en la luz, don consumado.

SALMO 14

Ant. Fue hallado intachable y perfecto; su gloria será eterna.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

<

p style=»text-align:justify;»>El que procede honradamente
y práctica la justicia,

el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

<

p style=»text-align:justify;»>el que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

<

p style=»text-align:justify;»>el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,

el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Fue hallado intachable y perfecto; su gloria será eterna.

SALMO 111

Ant. El Señor protege a sus santos y les muestra su amor y su misericordia

<

p style=»text-align:justify;»>Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

<

p style=»text-align:justify;»>En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

<

p style=»text-align:justify;»>Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

<

p style=»text-align:justify;»>No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

<

p style=»text-align:justify;»>Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor protege a sus santos y les muestra su amor y su misericordia

CÁNTICO del APOCALÍPSIS

Ant. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra.

<

p style=»text-align:justify;»>Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

<

p style=»text-align:justify;»>¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra.

LECTURA: Rom 8, 28-30

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, par que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es justo y ama la justicia.
V/ El Señor es justo y ama la justicia.

R/ Los buenos verán su rostro.
V/ Y ama la justicia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es justo y ama la justicia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ése recibió la bendición del Señor, le hizo justicia el Dios de salvación, porque ése es el grupo que busca al Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ése recibió la bendición del Señor, le hizo justicia el Dios de salvación, porque ése es el grupo que busca al Señor.

PRECES

Pidamos a Dios, de toda santidad, que, con la intercesión y el ejemplo de los santos, nos impulse a una vida santa, y digamos:

Haznos santos, Señor, porque tú eres santo.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, que has querido que nos llamemos y seamos hijos tuyos,

— haz que la iglesia santa, extendida por los confines de la tierra, cante tus grandezas.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, que deseas que vivamos de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito,

— ayúdanos a dar fruto de buenas obras.

Padre santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo,
— guárdanos en tu nombre, para que todos seamos uno.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, que nos convocas al banquete de tu reino,

— haz que, comiendo el pan que ha bajado del cielo, alcancemos la perfección del amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, perdona a los pecadores sus delitos,

— y admite a los difuntos en tu reino, para que puedan contemplar tu rostro.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que hiciste al abad san Benito un esclarecido maestro en la escuela del divino servicio, concédenos, por su intercesión, que, prefiriendo tu amor a todas las cosas, avancemos por la senda de tus mandamientos con libertad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 11 de julio

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 10,7-15
Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
«En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la ciudad aquella sacudíos el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta la segunda parte del envío de los discípulos. Ayer vimos la insistencia de Jesús en dirigirse primero a las ovejas perdidas de Israel. Hoy vemos las instrucciones concretas de cómo realizar la misión.
• Mateo 10,7: El objetivo de la misión: revelar la presencia del Reino. “Id y anunciad: El Reino del Cielo está cerca”. El objetivo principal es anunciar la proximidad del Reino. Aquí está la novedad traída por Jesús. Para los otros judíos faltaba mucho todavía para que el Reino llegara. Sólo llegaría cuando ellos hubieran puesto de su parte. La llegada del Reino dependía de su esfuerzo. Para los fariseos, por ejemplo, el Reino llegaría sólo cuando la observancia de la Ley iba a ser perfecta. Para los Esenios, cuando el país fuera purificado. Jesús piensa de otra forma. Tiene otra manera de leer los hechos. Dice que el plazo ya está vencido (Mc 1,15). Cuando dice que el Reino está cerca, Jesús no quiere decir que estaba llegando en aquel momento, pero sí que ya estaba allí, independientemente del esfuerzo hecho por la gente. Aquello que todos esperábamos, ya estaba presente en medio de la gente, gratuitamente, pero la gente no lo sabía y no lo percibía (cf. Lc 17,21). ¡Jesús lo percibió! Pues él mira la realidad con una mirada diferente. Y él va a revelar y a anunciar esta presencia escondida del Reino en medio de la gente a los pobres de su tierra (Lc 4,18). He aquí el grano de mostaza que recibirá la lluvia de su palabra y el calor de su amor.
• Mateo 10,8: Los signos de la presencia del Reino: acoger a los excluidos. ¿Cómo anunciar la presencia del Reino? ¿Sólo por medio de palabras y discursos? ¡No! Las señales de la presencia del Reino son ante todo gestos concretos, realizados gratuitamente: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”. Esto significa que los discípulos tienen que acoger dentro de la comunidad aquellos que de la comunidad fueron excluidos. Esta práctica solidaria critica tanto la religión como la sociedad excluyente, y apunta hacia salidas concretas.
• Mateo 10,9-10: No llevar nada por el camino. Al contrario que los otros misioneros, los discípulos y las discípulas de Jesús no pueden llevar nada: “No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. Esto significa que deben confiar en la hospitalidad de la gente. Pues el discípulo que va sin nada llevando sólo la paz (Mc 10,13), muestra que confía en la gente. Cree que será acogido, que participará en la vida y en el trabajo de la gente del lugar y que va a poder sobrevivir con aquello que recibirá a cambio, pues el obrero tiene derecho a su alimento. Esto significa que los discípulos tienen que confiar en el compartir. Por medio de esta práctica critican las leyes de la exclusión y rescatan los antiguos valores de la convivencia comunitaria.
• Mateo 10,11-13: Compartir la paz en comunidad. Los discípulos no deben andar de casa en casa, sino que deben procurar ir a donde hay personas de Paz y permanecer en esta casa. Esto es, deben convivir de forma estable. Así por medio de esta nueva práctica, critican la cultura de la acumulación que marcaba la política del imperio romano y anuncian un nuevo modelo de convivencia. Del caso de haber respondido a todas estas exigencias, los discípulos podían gritar: ¡El Reino ha llegado! Anunciar el Reino no consiste, en primer lugar, en verdades y doctrinas, sino en tratar de vivir de forma nueva y fraterna, y compartir la Buena Nueva que Jesús nos trajo: Dios es Padre, y nosotros somos todos hermanos y hermanas.
• Mateo 10,14-15: La severidad de la amenaza. ¿Cómo entender esta amenaza tan severa? Jesús nos vino a traer una cosa totalmente nueva. Vino a rescatar unos valores comunitarios del pasado: la hospitalidad, el compartir, la comunión alrededor de la mesa, la acogida de los excluidos. Esto explica la severidad contra los que rechazaban el mensaje. Pues no rechazaban algo nuevo, sino su propio pasado, su propia cultura y sabiduría. La pedagogía tiene como objetivo desenterrar la memoria, rescatar la sabiduría de la gente, reconstruir la comunidad, renovar la Alianza, rehacer la vida. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo realizar hoy la recomendación de no llevar nada por el camino cuando se va en misión?
• Jesús manda dirigirse a una persona de paz, para poder vivir en su casa. ¿Cómo sería hoy una persona de paz a la que dirigirnos en el anuncio de la Buena Nueva? 

5) Oración final

¡Oh Dios Sebaot, vuélvete,
desde los cielos mira y ve,
visita a esta viña, cuídala,
la cepa que plantó tu diestra! (Sal 80,15-16)

Acciones de gracias

En una narración propia de san Lucas, nos cuenta el evangelista que Jesús, en el camino hacia Jerusalén, encuentra a diez leprosos que se detuvieron a lo lejos (car. Lc 17, 11-19). En el grupo va un samaritano, a pesar de no tratarse judíos y samaritanos. La desgracia les ha unido, como ocurre en tantas ocasiones de la vida. Y a voces -pues están lejos- dirigen a Cristo esta oración llena de respeto: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. El Señor les manda ir a mostrarse a los sacerdotes como estaba preceptuado en la Ley (Lv 14, 2), y en la obediencia encontraron su curación. Uno -el samaritano- volvió atrás, hacia donde estaba Jesús, para darle gracias. Es esta una acción profundamente humana y bella.

A Dios se le deben dar gracias siempre y en todas partes. La Sagrada Escritura exhorta a la gratitud en todas sus páginas: ¿Cómo podré pagar a Dios todo el bien que me ha hecho? (Sal 115, 12). Dad siempre gracias por todo a nuestro Dios y Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 5, 20; cfr. Col 1, 12; etc.). San Pablo considera que la ingratitud a Dios es una de las causas del paganismo (Rm 1, 21), y la gratitud a Dios, uno de los rasgos fundamentales de nuestra fe. San Juan Crisóstomo señala que la mejor custodia de los beneficios recibidos consiste en tenerlos presentes siempre y dar gracias por haberlos recibido.

La falta de fe lleva consigo la negación de Dios como fuente de todos los bienes. En consecuencia, el hombre de poca fe da pocas gracias: todo le parece «natural», o algo a lo que tenía derecho. Normalmente, quien no es agradecido con Dios tampoco lo es con sus semejantes. «Es ingrato el que niega el beneficio recibido; ingrato es quien lo disimula; más ingrato quien no lo descubre y más ingrato de todos quien se olvida de él» (Séneca, De beneficios, III). Otro autor de la antigüedad pagana dice que «no ha producido la tierra peor planta que la ingratitud» (Ausonio, Sátiras, 11). La gratitud nos mueve a reconocer y corresponder a los favores recibidos. La mayor deuda de gratitud la tenemos para con Dios, y después de Dios, con nuestros progenitores. Los Padres de la Iglesia indican cuatro motivos de agradecimiento a Dios:

  • Por la Creación de todas las cosas;
  • Por su Conservación constante y la Providencia especial sobre los hombres;
  • Por el inmenso beneficio de la Redención;
  • y, finalmente, por nuestra llamada a la fe verdadera y a la especial vocación que cada uno ha recibido.

San Buenaventura señala tres grados en esta virtud. Un alto grado de la gratitud consiste en ponderar y agradecer los bienes naturales del cuerpo; en un segundo grado más alto se ponderas y agradecen los dones naturales del alma; y, por último, el grado más alto consiste en valorar y dar gracias con frecuencia por los dones gratuitos y sobrenaturales del alma (Sobre los grados de la virtud, VII, 20).

Como virtud humana, la gratitud constituye un eficaz vínculo entre los hombres y revela la calidad interior de una persona: «Es de bien nacido el ser agradecido», dice la sabiduría popular. Si falta esta virtud, se hace dificultosa la convivencia humana.

El samaritano que fue a dar gracias se marchó con un don todavía mayor: la fe y la amistad de Cristo. Levántate -le dice Jesús-, vete: que tu fe te ha salvado. Los nueve leprosos desagradecidos se quedaron sin la parte mejor que les había reservado el Señor. Porque «a quien humildemente se reconoce obligado y agradecido por los beneficios -dice san Agustín-, con razón se le prometen muchos más. Pues el que se experimenta fiel en lo poco, con justo derecho será constituido sobre lo mucho. Así como, por el contrario, se hace indigno de nuevos favores quien es ingrato a los que ha recibido antes» (Soliloquios, c. 31).

Comentario del 11 de julio

Jesús había advertido a sus discípulos del peligro de las riquezas, que con frecuencia acaban convirtiéndose en un obstáculo difícil de superar para acceder al Reino de los cielos. La dificultad se hace patente en esa imagen empleada por el Maestro que provocó el espanto de sus discípulos: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los cielos.

En este contexto, Pedro, quizá asumiendo la portavocía de los demás, se dirige a Jesús con estas palabras: Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? Pedro tiene conciencia de haber dejado muchas cosas, y cosas muy valiosas, por seguir a su Maestro: casa, trabajo, familia, proyectos de vida y de ganancia, etc. En su incorporación a esta aventura ha dejado cosas tan importantes para él que tiene la impresión de haberlo dejado todo, cuando todavía le quedaban cosas por dejar, como demuestra su propia historia personal; porque acabará dejando la misma vida en el empeño. Y puesto que lo ha dejado todo, espera obtener algún beneficio a cambio: ¿qué nos va a tocar?

En su respuesta, Jesús les muestra un horizonte glorioso: ocuparán tronos, regirán tribus, serán hallados dignos de compartir con él gloria y honor. Pero tendrán que esperar al momento de la renovación. Sólo cuando llegue ese momento y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria podrán sentarse con él para regir desde sus respectivos tronos a las doce tribus de Israel. No hay mayor honor para un judío que el de ocupar ese trono desde el que poder gobernar. Ocupar el trono es tener el dominio, el reconocimiento y la disponibilidad de todo lo que cae bajo su poder.

Y añade: El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Esto es precisamente lo que habían dejado ellos, al menos temporalmente; y para dejar padre o madre, hermanos o mujer, tuvieron que aflojar, si no romper, lazos afectivos muy fuertes. Esta ruptura o separación era, sin embargo, una exigencia inevitable del seguimiento de Jesús. Pues bien, los que hayan dejado «cosas» tan queridas y apreciables –precisa el Señor- no quedarán sin recompensa, recibirán cien veces más de lo que dejaron en posesiones; por tanto, una familia más numerosa, otras madres, hermanos y hermanas e hijos; y lo recibirán en esta vida, porque más allá de la misma les espera una herencia más maravillosa aún: la vida eterna, que es algo con lo que nada de este mundo (ya dejado, ya encontrado) se puede comparar.

He aquí la promesa de los que lo dejaron todo por seguir a Jesús: una promesa de vida y bienaventuranza que sigue estando en el ánimo de los que hoy como ayer han emprendido el camino del seguimiento del Señor, como lo hizo en el pasado san Benito y lo siguen haciendo todavía hoy otros muchos, estimulados por el ejemplo de los apóstoles.

Para Benito de Nursia seguir a Jesús implicaba dejar muchas cosas (casas, posesiones, familia, carrera, proyectos de vida secular) para iniciar una vida en soledad y apartamiento del mundo, una vida eremítica que llevó a cabo en las montañas de Subiaco y prolongó en Montecasino. Ya otros antes que él, desde los tiempos de san Antonio Abad, habían interpretado el seguimiento de Jesús en los mismos términos monásticos de pobreza, castidad y obediencia, que se perpetuarán en una tradición de largo recorrido, aunque con diversidad de realizaciones.

No todos estamos en disposición de emprender o reemprender este camino; pero, sea cual sea la circunstancia en la que nos encontremos, siempre tendremos ocasión de seguir a Jesús, porque el modo del seguimiento no es único, aunque acabe exigiendo el mismo grado de entrega. No olvidemos la magnífica recompensa que se nos promete: en esta vida el ciento por uno y después la vida eterna.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

56. Santo Domingo Savio le ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando san Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió en 1857 a los catorce años, diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”.

Un alto en el camino

En el Evangelio de este domingo, como en los domingos anteriores, seguimos escuchando el camino de Jesús hacia Jerusalén. En el Evangelio de hoy escuchamos cómo Jesús hace un alto en el camino para hablar con un maestro de la ley que le hace una pregunta fundamental: ¿Qué he de hacer para ganar la vida eterna? También nosotros, en el camino de nuestra vida, y quizá si estamos estos días de vacaciones, también hemos de hacer un alto en el camino para dedicar un tiempo a preguntarnos acerca de esto.

1. La palabra de Dios está cerca de nosotros. La pregunta que le hace aquel maestro de la ley a Jesús, y que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, no es una pregunta cualquiera. Hemos de tener en cuenta que los judíos tenían una gran cantidad de leyes y de preceptos, que procuraban cumplir escrupulosamente. Leyes que regulaban la vida social, el trabajo, la familia, el culto religioso… Por eso, la pregunta del maestro de la ley era una pregunta fundamental: de todas estas leyes y preceptos, ¿cuál es el más importante? Jesús, al responderle, remite directamente a la Sagrada Escritura, a la palabra de Dios. Y es que la palabra de Dios es la luz que ha de iluminarnos, la guía que hemos de seguir. Esa palabra de Dios está muy cerca de nosotros, como escuchamos en la primera lectura. No podemos decir que Dios está lejos, o que es difícil de escuchar su palabra, ya que la tenemos en la Biblia. La palabra de Dios está en nuestros labios y en nuestro corazón, no está allá arriba en los cielos, ni al otro lado de los mares. Y es una palabra que no nos resulta imposible de cumplir, pues como dice Moisés en la primera lectura, lo que Dios nos pide no es superior a nuestras fuerzas. Nosotros, que venimos al menos todos los domingos a Misa, tenemos la suerte de escuchar semanalmente esta palabra. Y además, podemos también en casa leer diariamente el Evangelio y el resto de la Biblia. Por tanto, hemos de prestar oído a lo que escuchamos y a lo que leemos en la Sagrada Escritura, pues es Dios mismo que viene a nosotros en su palabra para darnos luz y guía para nuestro caminar de cada día.

2. Haz esto y vivirás. Pero no basta simplemente con leer la palabra de Dios, hemos de cumplirla. La Sagrada escritura no es un simple libro de lectura, es el deseo de Dios para cada uno de nosotros. La respuesta que le da Jesús al maestro de la ley en el Evangelio no es sólo saber lo que dice la ley, sino que además ha de cumplirla. Y si la cumplimos, tendremos vida, pues Jesús le dice al maestro de la ley: “Haz esto y vivirás”. La palabra de Dios, como nos dice san Pablo, es viva y eficaz, y nos da vida si la cumplimos, si dejamos de verdad que esa palabra llegue hasta nuestro corazón, hasta lo más profundo de nuestro ser. Y lo que Dios nos pide es bien sencillo: amar a Dios con todo el corazón, con todas las fuerzas y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo. Ambos preceptos son uno sólo. No se puede amar a Dios si no amamos de verdad al prójimo, y no podemos amar de verdad al prójimo, tal como Dios quiere, si no es desde el mismo amor de Dios. Por lo tanto, lo que Dios nos pide es tan sencillo y hermoso como esto: amar. Amar con el mismo amor de Dios, que nos ama hasta el extremo de dar la vida por nosotros.

3. Y ¿quiénes mi prójimo? Ante la respuesta de Jesús, el maestro de la ley respondió con esta pregunta: y, ¿quién es mi prójimo? No sabemos si respondió asó porque en verdad no sabía quién era el prójimo, o si lo hizo porque quería saber qué pensaba Jesús sobre esto, o si bien era para excusarse quizá por su falta de amor a los demás. Pero Jesús respondió con toda claridad por medio de una parábola. Aquel samaritano, que estando enemistado con los judíos sin embargo ayudó a aquel moribundo, nos muestra quién es de verdad el prójimo. No se trata de cercanía familiar, ni de compartir las mismas opiniones, ni tan siquiera es prójimo el que vive nuestra misma cultura o religión. Prójimo nuestro es todo aquél que pase por nuestro lado, todo aquél con el que nos encontremos a lo largo del camino de nuestra vida, especialmente el más necesitado de nuestra ayuda. Cuántos prójimos encontramos cada día, y tantas veces ni nos damos cuenta de ellos. cuántas personas pasan por nuestro lado pidiendo a gritos nuestra ayuda, y nosotros pasamos de largo, como lo hicieron el sacerdote y el levita de la parábola. Hoy hay muchos prójimos en nuestra vida, y Dios quiere de nosotros que seamos como el buen samaritano, capaces de bajar de nuestra cabalgadura para socorrer a quien lo necesite, dando de los nuestro, preocupándonos de los demás, en definitiva, amando. Hacer esto es cumplir la ley, y esto es lo que nos da la vida.

Hemos escuchado este domingo la palabra de Dios, como hacemos cada domingo en la Misa. Que esta palabra no quede sólo en nuestros oídos, sino que llegue hasta lo más profundo de nuestro ser y que llegue a cambiarnos la vida. Dios sólo nos pide una cosa, tan sencilla y tan difícil a la vez: amar. Que amemos de verdad a los demás, especialmente a los necesitados. Así, estaremos cumpliendo la palabra de Dios, estaremos haciendo lo que Él nos pide. No podemos salir hoy de la Eucaristía y no sentirnos un poco más cerca de nuestro prójimo, si no, estaremos echando en saco roto la gracia que Dios nos da.

Francisco Javier Colomina Campos

¿Quién es mi prójimo?

Se levantó entonces un doctor de la ley y le dijo para tentarlo: «Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? ». Jesús le respondió: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». Él le contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Has respondido muy bien; haz eso y vivirás ». Pero él, queriendo justifi carse, dijo a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?».

Jesús respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó entre ladrones, que le robaron todo lo que llevaba, le hirieron gravemente y se fueron dejándolo medio muerto. Un sacerdote bajaba por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Igualmente un levita, que pasaba por allí, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Pero llegó un samaritano, que iba de viaje, y, al verlo, se compadeció de él; se acercó, le vendó las heridas, echando en ellas aceite y vino; lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente sacó unos dineros y se los dio al posadero, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?». Y él contestó: «El que se compadeció de él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

Lucas 10, 25-37

Para meditar

Jesús pregunta “¿Quién es mi prójimo?” Es una palabra que no usamos de forma habitual cuando estamos hablando con nuestros amigos, pero debemos saber quienes son nuestros prójimos. Y Jesús te pregunta: ¿Quién es tu prójimo?

Los cristianos no podemos andar por el mundo como si lo que le pasa a las personas es algo que no va con nosotros. A los cristianos nos preocupa lo que les pasa a las personas que lo pasan mal por alguna razón. Y por eso nuestra misión es ayudarles en todo lo que podamos. Ser cristianos no es una chapa que nos ponemos, es una forma de vivir.

Para hacer vida el evangelio

  • ¿Quién es para ti tu prójimo en tu familia, entre tus amigos, entre tus vecinos o compañeros de colegio?
  • ¿Por qué debemos los cristianos cuidar de todas las personas? ¿Cómo nos pide Jesús que lo hagamos?
  • Escribe un compromiso para que esta semana puedas hacer algo por ayudar a esa persona que es tu prójimo.

Oración

Si preguntamos a Dios por nuestro prójimo,
la respuesta es sencilla:
Todo el que esté cerca,
todo el que te necesite, el próximo y el lejano.
A veces utilizamos la distancia como coartada para no amar,
también la impotencia, la incapacidad,
la ignorancia…
Pero para Ti, Señor, no hay fronteras para el Amor
ni hay distancias entre las personas.
Si te preguntáramos en estos tiempos
quién es nuestro prójimo,
no contarías la parábola del buen samaritano,
pero nos invitarías a regalar nuestra atención y cuidado,
nuestro apoyo, compromiso y amor
a todos los seres de la Tierra.
Nos enviarías a facilitar la vida de enfermos, pobres, ancianos,
tristes, marginados,
diferentes, emigrantes y depresivos.
Nos susurrarías con cariño el nombre de cada uno de ellos,
para hacernos tratarles con tu Amor,
con tu dulzura y con justicia.

¿Quién es mi prójimo, Señor?

Si preguntamos a Dios por nuestro prójimo,
la respuesta es sencilla:

Todo el que esté cerca,
todo el que te necesite, el próximo y el lejano.
A veces utilizamos la distancia como coartada para no amar,

también la impotencia, la incapacidad,
la ignorancia…

Pero para Ti, Señor, no hay fronteras para el Amor
ni hay distancias entre las personas.

Si te preguntáramos en estos tiempos quién es nuestro prójimo,
no contarías la parábola del buen samaritano,
pero nos invitarías a regalar nuestra atención y cuidado,

nuestro apoyo, compromiso y amor
a todos los seres de la Tierra.

Después nos propondrías que cuidáramos nuestro vecindario,
que en nuestro barrio y todo nuestro entorno,
se viviera mejor por estar cada uno

de nosotros presente.
Nos nombrarías a los tenderos, servidores,
vecinos y ciudadanos.

A todos y cada uno de ellos nos invitarías
a tener en cuenta.

Luego nos hablarías de los compañeros del entorno laboral,
necesitados de una palabra, un consuelo, un gesto, una broma,

una caricia o el acompañamiento vital
y amistoso de todos.
Nos hablarías Dios del mundo en general, de la ecología a cuidar,
del planeta que destruimos,
del mejor estar que genera pobreza…

Nos enviarías a facilitar la vida de enfermos,
pobres, ancianos, tristes, marginados, diferentes, emigrantes y depresivos.

Nos susurrarías con cariño el nombre de cada uno de ellos,
para hacernos tratarles con tu Amor,
con tu dulzura y con justicia.

Nos pedirías que abramos bien los ojos a los medios de comunicación,
para que nos llegue el grito del hermano, la necesidad oculta,
la situación difícil, la injusticia sufrida, el dolor que hemos de acompañar,
la pena a consolar, la risas que contar, los bienes que urge compartir.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XV de Tiempo Ordinario

• Para interpretar adecuadamente la parábola del buen samaritano, como cualquier otra parábola, hay que tener presente el contexto en el que se proclama. En este caso, Jesús la dice en plena controversia con “un maestro de la Ley” (25.29). Eso tiene su importancia porque es alguien que conoce bien la “Ley”. Por otro lado, Jesús habla con un hombre que pretende “ponerlo a prueba” (25) y “justificarse” él mismo (29). Es decir, alguien que no habla con Jesús para conocerlo ni para profundizar con Él en “la vida eterna” (25). Alguien que no se quiere ver comprometido en lo que él mismo enseña: “la Ley”.

* Para «heredar la vida eterna «, Israel ya recibió el Shemá, el alma de la fe del pueblo (Dt 6,5). El Dios único reclama el amor desde todas las zonas de lo humano: «con todo el corazón», esto es, con toda la emoción del ser; «con toda el alma», con toda la conciencia personal y vital; «con todas tus fuerzas», con vehemencia e impulso; «con toda tu mente», con toda la capacidad especulativa y organizadora de la vida. La persona completa, en amor. A esto el jurista vincula el mandato de Levítico (19,18): «Y (amarás) al prójimo como a ti mismo». Como respuesta provisional, el Evangelio muestra la validez de la ley judía. Pero la Ley se enriqueció con Jesús… Se explica por medio de la célebre parábola.

• Jesús hace que él mismo, el “maestro”, responda con “la Ley”. Efectivamente, la respuesta que da es la que todos los judíos saben de memoria, lo que siempre tienen en los labios (Dt 30,14): “Amarás al Señor.., y al prójimo…” (27;Dt 6,5; Js 22,5; Lv 19,18). De este modo, ese hombre se puede dar cuenta de que “heredar la vida eterna” (25) está a su alcance si no olvida que “la Ley” también pasa por el corazón (Dt 30,14), no sólo por los labios. En todo caso, Jesús ratifica la respuesta del maestro: “haz esto y tendrás la vida” (38), no te limites a decirlo.

• La parábola es la respuesta a la segunda pregunta del “maestro”: “¿quién es mi prójimo?” (29). Y provoca que los samaritanos (33),que tradicionalmente han aparecido como enemigos de la religión y del pueblo de Israel, aparezcan, ahora, como “el prójimo” que hayque amar (29). Es decir, el prójimo no es sólo quien “cayó en manos de unos bandidos” (30)sino aquel que “practicó la misericordia con él” (36-37), sea judío o sea samaritano.

• La pregunta (29) del “maestro de la Ley” se hace “queriendo justificarse” (29), según dice Lucas. Quiere mostrar que es justo (Lc 18,9). O quiere justificar la pregunta que había hecho antes, al estilo de los que buscan excusas. A éstos, la misma Escritura ya les advertía de que la Ley dada por Dios no está en el cielo.., ni está más allá del mar… (Dt 30,10-14, primera lectura). Es una pregunta que implica, de entrada, una respuesta restrictiva; es decir, da por supuesto que no todos tienen que ser amados.

* El camino “de Jerusalén a Jericó” (30) recorre más de 25 km a través del desierto de Judea y en aquel tiempo era un lugar ideal para los bandidos.

* El sentido que tiene que el “sacerdote” y el “levita” (31-32) “pasen de largo” es que pueden considerar al hombre muerto y tienen que evitar contraer impureza ritual tocando un cadáver, según también está escrito en la Ley (cf. Lv 22,2).En todo caso, aunque esos dos no son los protagonistas de la parábola. Jesús denuncia la falta de amor y compasión en esos hombres del Templo, hombres que podrían leer la Ley con otra mirada,

* Samaria era una región situada al norte deJudea. Los samaritanos y los judíos mantenían una fuerte enemistad entre ellos. Para los judíos, los samaritanos eran extranjeros.

* Un denario era una moneda romana de plata de unos 3,8 g, equivalente al jornal de un trabajador del campo de la época (cf. Mt 20,2).

• A Jesús no le preocupa la cuestión teórica de quién es el “prójimo” (29). Ésta siempre es una cuestión práctica (36) y, por ello, con la parábola propone un modelo a imitar. Además, hace ver al “maestro de la Ley” que “el prójimo” no es únicamente un miembro del propio pueblo sino cualquier persona: la misericordia no tiene fronteras.

• Jesús, el auténtico buen samaritano, termina el diálogo con la invitación al maestro de la Ley y a nosotros a vivir como discípulos suyos: “Anda, haz tú lo mismo” (37).

• De la pregunta moral de un jurista (¿qué he de hacer…?). Lucas reelabora la cuestión: y le hace hablar por medio de Jesús a un jurista para que sea él quien responda a algunas de las cuestiones planteadas por los cristianos. En realidad, Lucas quiere que sea el mismo Antiguo Testamento quien responda a los nuevos cristianos sobre su validez actual (Dt 6,5; Lev 19,18; Js 22,5: “para heredar la vida eterna amarás a Dios y al prójimo”).

• La parábola nos viene a decir que no hay excusas ante el necesitado. El no pasar de largo ante el necesitado «da la vida». No hay excusas de condición social (hay que bajarse hasta la necesidad), ni de leyes religiosas o sociales, ni de credos, raza, etc. El sufrimiento por amor y fidelidad al hombre nos da la paz, nos reconcilia con Dios, los demás y el mundo. Esto es «tener vida».

Comentario al evangelio – 11 de julio

Jesús, como Maestro que es, adiestra a los suyos en el arte de evangelizar. Les instruye con pocas consignas, pero fundamentales, para encarar de manera adecuada la misión. Él no quiere a su lado funcionarios a disgusto, ni trabajadores a sueldo, ni propagandistas agresivos, ni virtuosos de la oratoria, ni profesionales en la venta ambulante. Los quiere agradecidos y generosos. Por ello les recomienda con encarecimiento la gratuidad. Ese valor que se está volviendo hoy raro y costoso, porque nadie da nada por nada. Todos buscan intereses ocultos. Como la religión se puede convertir también en negocio de compra-venta, no deberíamos olvidar algunos principios fundamentales.

  • Ni Jesús el Señor ni su Reino son propiedad de nadie. Ni siquiera de la Iglesia. No hay lugar para el monopolio. Tampoco puede convertirse en objeto de negocio. No se puede adquirir como artículo de lujo. A nadie le está permitido esconderlo cuidadosamente para evitar su pérdida o deterioro. El Reino está pensado para ser compartido, comunicado, difundido,… a todos. Particularmente a los que no pueden pagar con nada; ni siquiera con méritos propios.
  • El mensaje es, sin lugar a dudas, regalo. Es don. Vale muchísimo, pero no cuesta nada. Se recibe como una muestra del “amor loco” de Dios. Su gestión no entra en la lógica comercial del intercambio. Se recibe, por sorpresa, como una “muy buena suerte”. El evangelizador lo administra, pero no lo puede retener en propiedad. Ni siquiera puede exigir privilegios al administrarlo. No lo recibe en virtud de sus méritos o de sus esfuerzos como servidor del evangelio, aunque los tenga y muchos.
  • El Reino es valioso y suficiente. Por ello, cuando se recibe el encargo de transmitirlo, hay que deshacerse de estorbos innecesarios (monedas de oro, de plata o de cobre; morral para el camino, dos túnicas, sandalias, bordón,…). El Reino relativiza todo lo demás. Recompone la estimativa con la que se valora la realidad desde los criterios del Señor. Y eso debe visibilizarse, mostrarse, exhibirse, hacerse visible, dejarse notar… La pobreza se convierte así en el ingrediente necesario de la gratuidad y en la más inequívoca manera de anunciar el Reino. Donde está tu riqueza allí está tu corazón.
  • Hay que repartirlo gratis, sin tener miedo a que se acabe. No le es permitido al evangelizador regatear con el Reino, ni subir su precio ni siquiera en un céntimo. No exige justificantes de buena conducta, o carnet de pertenencia eclesial.

Por ello, el clima de la repartición gratuita del Reino es la paz, la cercanía afectiva desarmada, la fraternidad universal. No puede repartirse de otra forma, porque bajo toda actitud beligerante y agresiva siempre se esconde la defensa de una apropiación indebida.

Juan Carlos cmf