Vísperas – Viernes XIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XIV de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias ún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: 1Co 2, 7-10a

Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vino, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.
V/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

R/ Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
V/ Para conducirnos a Dios.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

PRECES

Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:

Señor, ten piedad de tu pueblo.

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y deprimidos,
— pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres.

Escucha los gemidos de los agonizantes
— y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.

Que los emigrantes sientan tu providencia en su destierro,
— que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la eterna.

Que los pecadores se ablanden a tu amor
— y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Perdona las faltas de los que han muerto
— y dales la plenitud de tu salvación.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que, de una manera admirable, has manifestado tu sabiduría escondida, con el escándalo de la cruz, concédenos contemplar con tal plenitud de fe la gloria de la pasión de tu Hijo que siempre nos gloriemos confiadamente en la cruz de Jesucristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 12 de julio

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial 

¡Oh Dios!, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída; concede a tus fieles la verdadera alegría, para que, quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 10,16-23
«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
«Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
«Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre. 

3) Reflexión

• De cara a su futura misión, Jesús da algunas directrices a la comunidad de sus discípulos, llamados y reunidos en torno a él e investidos de su misma autoridad como colaboradores.
• Mateo 10,16-19: el peligro y la confianza en Dios. Jesús introduce esta parte de su discurso con dos metáforas: ovejas entre lobos; prudentes como las serpientes, sencillos como las palomas. La primera muestra el contexto difícil y peligroso en que los discípulos son enviados. Por un lado se evidencia la situación peligrosa en que se encontrarán los discípulos enviados a la misión; por otra, la expresión “yo os envío” expresa protección. También en la astucia de las serpientes y en la sencillez de las palomas parece que Jesús relaciona dos comportamientos: la confianza en Dios y la reflexión atenta y prolongada del modo de relacionarse con los demás.
Jesús sigue después un orden que, a primera vista, parece señalado por una marcada desconfianza: “guardaos de los hombres…”, pero en realidad indica estar atentos a posibles persecuciones, hostilidades y denuncias. La expresión “os entregarán” no se refiere sólo a la acusación en los tribunales, sino que tiene sobre todo un valor teológico: el discípulo que realiza el seguimiento de Jesús podrá vivir la misma experiencia que el Maestro, “ser entregado en las manos de los hombres” (17,22). Los discípulos han de ser fuertes y resistir “para dar testimonio”, su entrega a los tribunales ha de ser un testimonio para los judíos y para los paganos, como posibilidad de atraerlos hacia la persona y hacia la causa de Jesús y, por tanto, al conocimiento del evangelio. Es importante esta vuelta positiva al testimonio caracterizado por la fe que se hace creíble y atrayente.
• Mateo 10,20: La ayuda divina. Para que todo esto se haga realidad en la misión-testimonio de los discípulos, es indispensable la ayuda que viene de parte de Dios. Es decir, es necesario no confiar en las propias seguridades o recursos, sino que, en las situaciones críticas, peligrosas y agresivas de su vida, los discípulos encontrarán en Dios ayuda y solidaridad. A los discípulos se les promete también el Espíritu del Padre (v.20) para realizar su misión, él obrará en ellos al llevar a cabo su misión de evangelizar y dar testimonio, el Espíritu hablará a través de ellos.
• Mateo 10, 21-22: amenaza-consuelo. El tema de la amenaza vuelve de nuevo con la expresión “entregará”: hermano contra hermano, padre contra hijo, hijo contra sus padres. Se trata de un verdadero y gran desorden de las relaciones sociales, la trituración de la familia. Las personas unidas por los más íntimos lazos familiares -como los padres, los hijos, los hermanos y las hermanas- caerán en la desgracia de odiarse y eliminarse mutuamente. ¿En qué sentido esta división de la familia tiene alguna cosa que ver con el testimonio a favor de Jesús? Tal ruptura de las relaciones familiares podría encontrar su causa en la diversidad de actitudes adoptada en el seno de la familia con respecto a Jesús. La expresión “seréis odiados” parece indicar el tema de la acogida hostil de sus enviados por parte de los contemporáneos. La dureza de las palabras de Jesús son comparables a otro escrito del NT: “Bienaventurados vosotros si sois insultados por el nombre de Cristo, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por homicida, ladrón, malhechor o delator. Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence; más bien dé gloria a Dios por este nombre”. Al anuncio de la amenaza sigue la promesa de la consolación (v.3). La mayor consolación de los discípulos será “ser salvados”, poder vivir la esperanza del salvador, es decir, participar de su victoria. 

4) Para la reflexión personal

• Estas disposiciones de Jesús ¿qué nos enseñan hoy para que comprendamos la misión del cristiano?
• ¿Sabes confiar en la ayuda de Dios cuando sufres conflictos, persecuciones y pruebas? 

5) Oración final

Devuélveme el gozo de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso;
abre, Señor, mis labios,
y publicará mi boca tu alabanza. (Sal 51,14.17)

Comentario del 12 de julio

Jesús sigue dando instrucciones a sus apóstoles, enviados para la misión: Mirad –les dice- que os mando como ovejas entre lobos; por eso sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fieis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Aunque se hallen entre lobos, han de permanecer ovejas. No por encontrarse entre lobos, han de transformarse en lobos, respondiendo a la ferocidad de quienes les rodean y combaten con la misma ferocidad. Lo propio de las ovejas es la mansedumbre y la humildad, pero el hecho de estar entre lobos hace muy conveniente el uso de la sagacidad. Una cosa no está reñida con la otra. Pero la sagacidad les servirá para sortear peligros y escapar de trampas. El mismo Jesús hará uso de ella para escapar de las trampas dialécticas que le tienden con frecuencia sus adversarios, los fariseos. Sagacidad es perspicacia y sabiduría práctica para discernir las buenas o malas intenciones de los que acercan a nosotros con alguna propuesta. Sagacidad es inteligencia para saber responder en situaciones de apuro o para advertir la malicia de una proposición.

Esa misma sagacidad les tiene que prevenir frente a esa gente de la que no deben fiarse, porque buscarán su perdición, les denunciarán, les entregarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, todo por causa de Jesús, el Cristo. No actuarán así contra ellos por ellos mismos, sino por lo que representan. El perseguido, el rechazado es Cristo: lo fue en su momento y lo seguirá siendo en sus representantes.

Yo soy Jesús, a quien tú persigues, oyó decir Saulo de Tarso. Y eso mismo se cumple siempre en toda persecución contra los cristianos. Si los cristianos son perseguidos, lo son por el hecho de ser cristianos, esto es, por encarnar lo cristiano: no por llevar unos apellidos, por ocupar un determinado rango social o por disponer de unas posesiones, sino por llevar una cruz o un distintivo cristiano, o por mostrarse partidario del Crucificado, el mismo que, viniendo a los suyos, no fue recibido por estos. La historia de las persecuciones nos muestra que lo que en realidad se persigue es «lo cristiano», ya se encuentre en personas, signos, instituciones, edificios. Es el odio a lo cristiano lo que acaba desencadenando la persecución de los ungidos por el Espíritu de Cristo. Pero esta situación de rechazo en la que les colocará su condición de ungidos será al mismo tiempo la que les ofrezca la mejor ocasión para dar testimonio ante judíos y gentiles de lo que son: discípulos del Crucificado. No hay quizá ocasión más propicia para dar testimonio a favor de alguien que ésa en la que se está arriesgando la vida por él. Entonces, el testimonio adquiere mayor grado de verosimilitud y se hace más creíble.

Jesús detalla aún más sus instrucciones para esos tiempos de persecución que se anuncian: Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. No son tiempos, ni foros, para discursos, ni para argumentaciones. Han de dejar atrás preocupaciones de este tipo. Aquí lo que importa no es el discurso, sino el testimonio. Por eso no han de estar preocupados por lo que puedan decir o por el modo en que puedan decirlo. Lo que importan no es su discurso, sino el del Espíritu Santo. Él será quien les sugiera lo que deban decir en ese momento; esta sugerencia tendrá un valor de persuasión muy superior a las más bellas composiciones retóricas que pudieran ensartarse. Para ello sólo se requiere atención al Espíritu y disponibilidad martirial.

En esta situación en la que impondrá su ley el odio acabarán saltando por los aires lazos tan sagrados como los que unen entre sí a padres e hijos o a hermanos. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. El panorama que dibuja Jesús es tenebroso, pero realista. La historia misma se encargará de demostrar la realidad de estos oscuros presagios. Cuesta entender que unos padres entreguen a sus hijos a la muerte o que unos hijos denuncien a sus padres como cristianos exponiéndoles a la pena capital. Pero el odio puede hacer realidad este prodigio de insensibilidad, insisto, como demuestra la historia de los relatos martiriales. El odio persigue la desaparición de su objeto, se encuentre donde se encuentre. Si lo que se odia es «lo cristiano», aunque esto se encuentre en un padre o un hermano, puede que no repare siquiera en daños colaterales y en consideraciones de parentesco o afecto; pues el odio suele arrasar con todo lo que encuentra a su paso.

Todos os odiarán por mi nombre. He ahí la razón de ser de este odio: el nombre de Jesús. Porque el que odia este nombre, acabará odiando todo lo que lleva este nombre, que no es otro que el nombre de cristiano. Pero más allá del odio y sus estragos hay futuro: el que persevere hasta el final, se salvará. Tal es la recompensa de los que perseveran (fieles) hasta el final; y para perseverar hay que mantenerse fiel en medio de las dificultades y las persecuciones. He aquí, por tanto, la clave: la perseverancia hasta alcanzar la meta, hasta llegar al final. Jesús les asegura que no transcurrirá mucho tiempo hasta que llegue ese momento, el momento de la recompensa, que es también el momento de la vuelta del Hijo del hombre como Juez de vivos y muertos: Creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre. Pero el Hijo del hombre viene para cada uno en el momento de su muerte.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

57. Santa Teresa del Niño Jesús nació en 1873. A los 15 años, atravesando muchas dificultades, logró ingresar a un convento carmelita. Vivió el caminito de la confianza total en el amor del Señor y se propuso alimentar con su oración el fuego del amor que mueve a la Iglesia.

La misa del Domingo

Domingo XV Tiempo Ordinario (C)
14 de julio de 2019

Lucas 10,25-37

La duda es el principio de la sabiduría…

  • El texto que hoy nos ofrece la liturgia es uno de los más conocidos del evangelio: la parábola del buen samaritano.
  • Todo empieza con la pregunta de un letrado: “¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”.
  • Jesús responde sencillamente lo que todo buen judío repetía cada día en sus oraciones: amar a Dios y amar al prójimo como a ti mismo (Dt 6,5 y Lv 19,18).
  • Pero hay más preguntas… ¿Quién es mi prójimo? Y empieza la parábola y la revolución de Jesús…

Espectadores o protagonistas

  • En la parábola quedan muy mal los “buenos de toda la vida”… Y queda mejor parado un samaritano, un extranjero impuro… El samaritano es capaz de atender al hombre abandonado, ayudarle, curarle, buscarle alojamiento… invertir su tiempo y su dinero…
  • ¿Por qué hace esto el samaritano? Porque su corazón estaba lleno de amor y compasión por los demás y le da igual cuál es su religión, a qué nacionalidad o raza pertenece… Es un ser humano necesitado… En estos tiempos de tanta intolerancia es bueno recordarnos esto…
  • ¿Nosotros en qué grupo nos situamos? Somos como el sacerdote y el levita y pasamos de largo… ¿respetuosos espectadores de las desgracias ajenas? ¿O queremos ser como el samaritano y ayudar en las necesidades que van apareciendo en nuestro camino? ¿somos protagonistas del cambio o pasivos espectadores?

No hay peor ciego que el que no quiere ver…

  • Y es verdad que todos tenemos muchas, muchas, muchas cosas que hacer… pero también es verdad, como nos dicen tantas veces nuestras madres, tenemos tiempo para lo que queremos…
  • Por eso, muchas veces, preferimos hacer que no vemos… Para no comprometernos, para no complicarnos la vida, para no “mojarnos”… Mirar para otro lado

«Anda y haz tú lo mismo».

  • Don Bosco repetía muchas veces no es suficiente amar a los chicos, es necesario que se sientan amados… El amor es imprescindible ponerlo en las obras…
  • Jesús fue el buen samaritano que paso por el mundo haciendo el bien… ¿Nosotros queremos seguir en esa línea?
  • ¿Nos implicamos en hacer el mundo un lugar más justo y habitable para todos? ¿Nos hacemos prójimo de aquel que lo pasa mal, que sufre?

    Sergio Huerta, sdb

La misa del domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos amigos: ¡sed bienvenidos a esta fuente en la que, el Señor, nos alimenta con su fuerza para que nunca nos falten fuerzas para hacer el bien! La Eucaristía de los domingos, por si olvidamos, es una presencia real y misteriosa a la vez con la que, el Señor, hace que seamos sensibles a su llamada y, además, sensibles a los problemas de los demás. Hoy, en el evangelio, se nos interpelará a no “pasar” de los problemas de los demás. En definitiva a cuidar el lado más agradable de nuestra fe y de nuestro corazón: el amor a los semejantes. Nos ponemos de pie.

2. PERDÓN

2.1. “Ojos que no ven, corazón que no siente”; dice el viejo refrán. Perdón, Señor, por las veces en que miramos hacia otro lado cuando vemos situaciones de pobreza, angustia o desesperación. Señor te piedad.

2.2. “Piensa en ti y olvídate de los demás”; nos suele decir el mundo. Perdón, Señor, cuando buscamos excusas para trabajar sólo por nosotros mismos y no por los demás. Cristo ten piedad

2.3. “Hacer el bien es de tontos”; solemos escuchar. Perdón, Señor, por las veces en que nos quedamos a un lado pensando que, tienen que ser los demás, los que se comprometan. Señor, ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar, nos dicen en este domingo, que amar a Dios y a los prójimos debe ser lo novedoso de nuestra vida cristiana. ¿De qué sirve cumplir los mandamientos, si luego, olvidamos el amor que Dios nos tiene y el amor que hemos de ofrecer a los demás? Escuchamos atentamente.

4. PETICIONES

4.1. Por la Iglesia. Para que sea siempre una escuela del amor de Dios. Para que nos enseñe el valor del amor que se da sin esperar nada a cambio. Roguemos al Señor.

4.2. Por los enfermos; por aquellos que necesitan atención de los demás. Por aquellos que son olvidados en las cunetas de las residencias de ancianos, de los hospitales. Roguemos al Señor.

4.3. Por los médicos y enfermeros. Por los que se dedican a curar y a cuidar a los demás. Para que vean en los enfermos el rostro dolorido de Cristo. Roguemos al Señor.

4.4. Para que, en los caminos de la vida, pensemos que Cristo sale a nuestro encuentro y nos lleva a la Iglesia para curar nuestras heridas y paga un alto precio por nosotros. Roguemos al Señor.

4.5. Ante la fiesta de la Virgen del Carmen, rezamos por los hombres y mujeres del mar. Por los pescadores. Por todos los que disfrutan en estos días en la playa. Para que la Virgen del Carmen nos ayude a surcar los mares de la desesperanza, de la incredulidad, de la tristeza o del egoísmo. Roguemos al Señor.

5. ORACIÓN FINAL

Jesús es el Buen Samaritano
El hombre es el asaltado
al borde del camino de su felicidad
Los ladrones son la tentación de cada día,
el maligno y su afán destructor de
nuestra humanidad y bondad
La posada es la Iglesia donde
Dios (posadero) cura a todo el que se acerca
La cabalgadura es la cruz de Jesús
donde lleva, sobre sus hombros,
a toda la humanidad herida
El precio es su propia sangre
Amén.

Oración: Conocer a los demás

Vamos a mirar en nuestro corazón y pensar en la persona que más queremos. Sabemos lo que nos gusta de ella. Y como nos gusta que nos trate y nos quiera. Vamos a escuchar qué nos cuenta Jesús de cómo tratar a los demás.

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 10, 25-37):

Un maestro de la Ley vino a donde estaba Jesús, y le preguntó: «Jesús, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué dice la Ley de los judíos?»

Él contestó: «Amarás a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Pues eso es lo que tienes que hacer». Pero él le preguntó: «Y, ¿quién es mi prójimo?»

Entonces Jesús le contó una historia: «Un hombre viajaba desde Jerusalén a Jericó. Unos bandidos le asaltaron, le quitaron todo, hasta la ropa, le dieron una paliza y lo dejaron tirado al borde del camino.

Un rato después, pasó un sacerdote, y aunque lo vio, pasó de largo sin pararse, porque tenía que llegar pronto a la iglesia. También pasó un profesor de religión, pero miró para otro lado y siguió adelante porque tenía que llegar a clase. Entonces pasó uno que no era judío, vio al hombre herido, lo curó, lo llevó a un hotel y lo cuidó. Y dejó dinero para que lo atendieran hasta que él volviera».

Cuando Jesús terminó de contar la historia le preguntó al maestro de la Ley: «¿Quién de los tres se portó como un prójimo?» El maestro respondió: «El que le ayudó». Jesús le dijo: «Pues haz tú lo mismo».

Es fácil ayudar a nuestros amigos y amigas cuando les conocemos y los queremos. Esta semana os proponemos una cosa. Piensa en alguien a quien no conoces bien. O a lo mejor con quien has discutido. Acércate a esa persona, pregúntale sobre las cosas que le gustan, cuál es su color preferido. Qué animal le gusta más. Qué hace en su tiempo libre.

Durante la semana lo puedes hacer varias veces con la misma persona. Y así al final de la semana, le conocerás bastante más y ya no será una persona cualquiera, será tu amigo o amiga. Cuando conocemos a las personas, cuando nos importa lo que les pasa, es cuando de verdad las queremos y queremos lo mejor para ellas. Por eso es muy importante conocer a los demás, para poder comprender por qué hacen las cosas. Le pido a Jesús, con la canción, que me dé su luz y me abra el corazón y la mente para aprender quién es mi prójimo.

Abre mi mente
y dame tu luz
que estoy vacío,
lléname tú.

Abre mi mente
y dame tu luz
que estoy vacío,
lléname tú.       

Cuando a veces pienso en ti
queriendo ser feliz
no comprendo y no acierto
por donde ir.
Y hay días fuertes
donde creo vivir más
pero enfrento mis proyectos
con tu amistad.

Abre mi mente
y dame tu luz
que estoy vacío,
lléname tú.

Abre mi mente
y dame tu luz
que estoy vacío,
lléname tú.

Dame tu luz interpretado por Fran, «Vivir es ir poniendo el corazón.»

Para terminar, repetimos: dame fuerzas para conocerlos, al final de cada frase.

Jesús, cuando no me gusta lo que hacen los demás… …dame fuerza para conocerlos.
Jesús, cuando otros se enfadan conmigo… …dame fuerza para conocerlos.
Jesús, cuando alguien no me trata bien… …dame fuerza para conocerlos.

María también conocía a las personas y pensaba en ellas cuando guardaba todo en su corazón. Le pedimos que nos enseñe a querer a los otros como ella hacía.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Comentario al evangelio – 12 de julio

La misión a la que son enviados los apóstoles es peligrosa. Muy peligrosa. Jesús no esconde a nadie ni minimiza la suerte que amenaza el destino libremente asumido del seguidor. La comparación que aquí utiliza es durísima: “Como ovejas entre lobos”… “Lobos” son todos aquellos que, sin asomo de escrúpulo, persiguen, maltratan, amenazan o hacen desaparecer a los portadores del Evangelio. No importa si los “lobos” son los poseedores del poder en este mundo, los gobernantes, los adversarios declarados o, incluso, la propia familia. El ambiente que vaticina es, pues, de gran tensión. En el momento dado, puede inducir a la pérdida de confianza y autocontrol si no se asume una actitud serena y una inquebrantable fe en el futuro.

Ante la persecución, el cristiano no puede sumirse en el pánico y quedar paralizado en el pavor. Atender a las enseñanzas del evangelio supone aprender a confiar en el Espíritu de Jesús que lo conduce por los nebulosos caminos del discernimiento. ¿Qué hacer para no convertirse, a su vez, en lobos, ante sus ataques inmisericordes? Su propuesta se orienta en cuatro direcciones.

  • Ser sencillos como palomas y sagaces como serpientesUsar la inteligencia práctica. Decía Chesterton con fino humor inglés que el cristiano al entrar en la iglesia “debe quitarse el sombrero, pero no la cabeza”. Pues eso, simplicidad y astucia ante el adversario. No cabe ni la temeridad, ni la ingenuidad.
  • Cuidarse de la gente. Que no significa desconfiar de todos, alejarse de las personas, rechazarlas, contraatacarlas, o amenazarlas con castigos de lo alto o de lo bajo… El seguidor sabe distinguir el “juicio temerario” de la “duda metódica”. Ser avisados no es faltar a la caridad. Es, sencillamente, abrir los ojos y analizar lo que de retorcido puede contener el corazón de una persona.
  • No preocuparse de lo que se ha de decirEvitar el agobio paralizador generado por el miedo en los momentos de dificultad. ¡Es tan mal consejero! Los sufrimientos son más duros –y peligrosos- de sobrellevar cuando se imaginan que cuando suceden realmente. A cada momento el Espíritu sopla y guía. Nosotros ponemos las velas, Él el viento. También en los peligros.
  • Huir a otra ciudad, cuando sean perseguidos una. No hay concesión alguna a la temeridad, ni al aventurerismo. La prudencia dicta sortear peligros, esquivar golpes y, cuando sea posible y necesario, retirarse hábilmente. El espíritu del evangelio no es para héroes o supermanes.

Hoy sería tal vez un buen día para repasar nuestra vida, contemplando las pequeñas o grandes cicatrices que la misión ido dejando tatuadas en nuestra alma. Y a la luz de este evangelio, dejarnos consolar y aprender del pasado los criterios de actuación para el futuro que nos recuerda el Señor.

Juan Carlos, cmf