Vísperas – Miércoles XV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XV de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia que apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.

Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.

Gloria al padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: Ef 3, 20-21

A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí..

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo te alabe, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
— haz que sepamos corresponder, y así hagamos nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
— y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos,
— acuérdate de los trabajadores, que ganan el pan con el sudor de su frente.

Acuérdate, también, de todos los que viven entregados al servicio de los demás:
— que no se dejen vencer por el desánimo ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
— y líbranos del poder del Maligno.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 17 de julio

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial 

¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor. 

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Mateo 11,25-27
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

3) Reflexión

• Contexto. El pasaje de Mt 11,25-27 representa un giro en el evangelio de Mateo: a Jesús le son formuladas las primeras preguntas sobre la llegada del reino de los cielos. El primero que plantea interrogativos sobre la identidad de Jesús es Juan Bautista, que a través de sus discípulos le diriuge una pregunta concreta: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (11,3). Sin embargo, los fariseos junto con los escribas se dirigen a Jesús con palabras de reproche y de juicio:”Tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado” (12,2). Hasta ahora, en los cap. 1-10, la llegada del reino de los cielos en la persona de Jesús no parecía encontrar obstáculos, pero a partir del cap. 11 empiezan a aparecer dificultades concretas. O sea, muchos empiezan a tomar posición ante la persona de Jesús: a veces es “objeto de escándalo”, de caída (11,6); “esta generación”, en el sentido de descendencia humana, no tiene una actitud de acogida hacia el reino que viene; las ciudades situadas a lo largo del lago no se convierten (11,20); se desencadena una verdadera controversia sobre el comportamiento de Jesús (cap.12), es más, se empieza a pensar cómo matarlo (12,14). Este es el clima de desconfianza y de contestación en el que Mateo enmarca nuestro pasaje.
Ahora ha llegado el momento de interrogarse sobre la actividad de Jesús: ¿cómo interpretar estas “obras de Cristo” (11,2.19)? ¿Cómo explicar estas acciones taumatúrgicas (11,20.21.23)? Estos interrogantes tocan la cuestión crucial de la mesianidad de Jesús. Mientras tanto, las obras mesiánicas de Jesús ponen bajo juicio no sólo a “esta generación” sino también a las ciudades del entorno del lago que no se han convertido al llegar el reino en la persona de Jesús.
• Hacerse pequeño. Para realizar esta conversión, el itinerario más eficaz es hacerse “pequeños”. Jesús comunica esta estrategia de la “pequeñez” en una oración de reconocimiento (11,27) que tiene un paralelo espléndido en el testimonio dado por el Padre con ocasión del bautismo (11,27). A los estudiosos les gusta llamar a esta oración “himno de júbilo”. El ritmo de la oración de Jesús empieza con una confesión: “Yo te bendigo”, “te confieso”. Esta expresión introductoria le da mucha solemnidad a la palabra de Jesús. La oración de alabanza que Jesús pronuncia tiene las características de una respuesta para el lector. Jesús se dirige a Dios con la expresión “Señor del cielo y de la tierra”, es decir, a Dios como creador y custodio del mundo. En el judaísmo, por el contrario, era costumbre dirigirse a Dios con la invocación “Señor del mundo”, pero sin el término “Padre”, que es una característica distintiva de la oración de Jesús. El motivo de la alabanza es la revelación de Dios: porque has ocultado…, has revelado. Este esconder, referido a los “sabios e inteligentes”, afecta a los escribas y fariseos, considerados como totalmente cerrados y hostiles a la llegada del Reino (3,7ss; 7,29; 9,3.11.34). Se revela a los pequeños, el término griego dice “niños”, a los que aún no hablan. Por tanto, Jesús considera oyentes privilegiados de la proclamación del reino de los cielos a los inexpertos de la ley, a los no instruidos.
¿Cuáles son las “estas cosas” que se ocultan o revelan? El contenido de este revelar u ocultar es Jesús, el Hijo de Dios, el revelador del Padre. Es evidente para el lector que el revelarse de Dios va inseparablemente unido a la persona de Jesús, a su palabra, a sus acciones mesiánicas. Él es quien permite el revelarse de Dios y no la ley o lo hechos que presagiaban el tiempo final.
• El revelarse de Dios, del Padre al Hijo. En la última parte del discurso, hace Jesús una presentación de sí mismo como aquel a quien todo le ha sido comunicado por el Padre. En el contexto de la llegada del Reino, Jesús tiene la función y la misión de revelar en todo al Padre del cielo. En esta función y misión, él recibe la totalidad del poder y del saber, y la autoridad para juzgar. Para confirmar esta tarea tan comprometedora, Jesús invoca el testimonio del Padre, el único que tiene un real conocimiento de Jesús: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre” y viceversa, “nadie conoce al Padre sino el Hijo”. El testimonio del Padre es insustituible para que la dignidad única de Jesús como Hijo sea entendida por sus discípulos. Se afirma, además, la exclusividad de Jesús en el revelar al Padre; así lo afirmaba el evangelio de Juan: “A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (1,18). En síntesis, el evangelista hace entender a sus lectores que el revelarse de Dios acontece a través del Hijo. Es más: el Hijo revela al Padre a quien quiere. 

4) Para la reflexión personal 

• ¿Sientes en la oración la necesidad de expresar al Padre todo tu agradecimiento por los dones derramados en tu vida? ¿Tienes ocasión de confesar y de exaltar públicamente al Señor por las obras maravillosas que realiza en el mundo, en la Iglesia, en tu vida?
• En tu búsqueda de Dios, ¿pones tu confianza en tu saber e inteligencia, o te dejas guiar por la sabiduría de Dios? ¿Qué atención prestas a tu relación con Jesús? ¿Escuchas su Palabra? ¿Tienes sus mismos sentimientos para descubrir su fisonomía como Hijo del Padre del cielo? 

5) Oración final

mi boca publicará tu justicia,
todo el día tu salvación.
¡Oh Dios, me has instruido desde joven,
y he anunciado hasta hoy tus maravillas! (Sal 71,15.17)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 10, 5-9

5PeroJesús les dijo: “Por vuestra dureza de corazón os escribió Moisés este mandamiento. 6Pero desde el principio de la creación macho y hembra los hizo; 7por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, 8y serán los dos una sola carne; de manera que ya no son dos, sino una carne. 9Así pues, lo que Dios unió, no lo separe el hombre”.

<

p style=»text-align:justify;»>10,5-9: Así pues, los fariseos lanzan el guante citando la Escritura normativa en apoyo del derecho del varón judío a divorciarse. Jesús responde formulando su propia interpretación de Dt 24,1: Moisés -dice- «os» dio el mandamiento que permite al divorcio pensando en vuestra dureza de corazón (10,5). Entonces continúa citando los pasajes bíblicos que considera más directamente aplicables al caso, Gn 1,27 y 2,24 (10,6-8a), textos que en su opinión prohíben el divorcio. Nuestra perícopa, pues, es una de las varias dentro del evangelio de Marcos que tratan de conciliar pasajes aparentemente contradictorios del Antiguo Testamento. 
En este caso, Jesús relativiza el texto del Deuteronomio limitándolo en dos aspectos: respecto al grupo al que se dirige y en cuanto a la duración. Sobre lo primero, Jesús sugiere que las palabras de Moisés no van dirigidas a todos, sino solo a los fariseos y a sus antepasados espirituales, los israelitas «duros de corazón» que rechazaron la voluntad de Dios. Respecto a lo segundo, la continuación del pasaje en 10,6a («Pero desde el principio de la creación») da a entender que esta norma mosaica fue propuesta como válida solo por un tiempo limitado, hasta el amanecer de la era escatológica que habría de restaurar las condiciones del Edén. Estas dos limitaciones, de audiencia y de época, están interrelacionadas: los fariseos son, en opinión de Jesús, gente que toma sus ejemplos de la antigua edad, a punto de morir, mientras que él y los cristianos del grupo de Marcos son el pueblo que se alegra con la luz del amanecer de la nueva edad, que es también el resplandor del Edén nuevamente a disposición del ser humano. 
Los dos textos de Gn, 1,27 y 2,24, citados por Jesús, hablan de Adán y Eva como seres que fueron diseñados el uno para el otro (10,6, que cita Gn 1,27), cuyo resultado es la unión sexual (10,7-8, que cita Gn 2,24) como parte de un indestructible vínculo matrimonial creado por Dios (10,9). Este argumento presupone que la unión sexual crea una fusión permanente de los individuos implicados. 
Jesús concluye su argumento bíblico sobre la permanencia del vínculo matrimonial con las siguientes palabras: «Así pues, lo que Dios unió no lo separe el hombre» (10,9). Es voluntad de Dios que los seres humanos continúen unidos permanentemente en matrimonio; solo la perversidad humana característica del antiguo tiempo ha separado lo que la divinidad había unido. Esta conclusión interpreta la voluntad divina a partir de la mecánica de las relaciones sexuales, en las que un cuerpo se combina con otro («y los dos se harán una carne»), y de la atracción del varón por la mujer («el hombre abandonará a su padre y madre y se unirá a su mujer»). Así pues, en opinión de Jesús, tanto el acto sexual como el deseo que le da lugar son reflejos de la voluntad divina («lo que Dios ha unido»). 


Comentario del 17 de julio

Las exclamaciones, lo mismo que los suspiros, suelen brotar desde lo más hondo de nosotros mismos. Son como un chorro de vida cuya presión no puede ser ya contenida. Por eso salen a la superficie como un surtidor. El evangelio nos conserva alguna de estas exclamaciones de Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. En este caso, el surtidor que brota del corazón de Cristo es una acción de gracias al Padre. Da gracias porque ha hecho a los sencillos objeto de su predilección: lo que les ha escondido a los sabios y entendidos se lo ha revelado a los sencillos. Y a Jesús eso le agrada, porque también él sintoniza con los sencillos, porque los sencillos son los que mejor han acogido su mensaje.

Y como su mensaje es revelación de Dios, los que lo acogen se convierten instantáneamente en esos sencillos que tienen el privilegio de conocer lo que Dios ha querido comunicar de sí mismo y de sus planes. Los entendidos –que pudieran serlo en cualquier ramo del saber, pero que aquí han de ser más bien los escribas o entendidos en la palabra de Dios presente en la Sagrada Escritura-, precisamente por creerse tales, es decir, por creer entender la palabra de Dios, están en peor disposición para aceptar una ulterior revelación o clarificación de este mismo Dios que no había dado aún su última palabra, pues su última palabra llegaba con Jesús. El resultado de esta cerrazón de los entendidos es que se les acaba ocultando eso mismo que les es revelado a los sencillos. Por tanto, no es que Dios haga acepción de personas discriminando entre esos pocos a quienes ha decidido revelarse y esos otros a quienes ha decidido ocultarse. No, sucede simplemente que los entendidos, precisamente por creer que entienden, se cierran a una revelación a la que permanecen abiertos los sencillos, sencillamente porque reconocen su ignorancia en este punto.

El principio de todo aprendizaje es la humildad. Y el que carece de esta base, se incapacita a sí mismo para aprender. Y cuando se trata de este tipo de conocimiento, el conocimiento del Padre, se hace mucho más necesaria la humildad. En realidad, nadie puede conocer al Padre si éste no se revela, y ello por dos razones: porque es divino –y por tanto no está al alcance de nuestros ojos ni de nuestra inteligencia- y porque es persona, y a una persona, más allá de lo que revelan sus obras, sólo se la puede conocer si ella nos muestra su interior, es decir, si se nos desvela. En el caso del Padre Dios, sólo lo puede conocer el que procede de Él como Hijo: nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

El Hijo –también Dios- es nuestra vía de acceso al conocimiento del Padre. Cualquier otra vía –la de las criaturas, la de los profetas, etc.- es una vía muy limitada o imperfecta. Sólo el Hijo conoce cabalmente al Padre. Sólo él nos lo puede dar a conocer. Esa es una de las razones por las que se hizo hombre: para que, en cuanto hombre (con lenguaje humano), pudiera darnos a conocer adecuadamente al Padre del cielo. Por tanto, si queremos conocer a Dios hemos de atender a la palabra de este hombre –el Hijo encarnado- cuando nos habla de Él. En su palabra se contiene la revelación del Padre. Acoger su palabra, como hacían los sencillos, era recibir el don divino de la Verdad revelada; no acogerla, como sucedió con frecuencia entre los escribas y fariseos, era mantenerse de espaldas a esta revelación y, en definitiva, a la verdad de Dios.

Se trata de una verdad que no puede ser en ningún caso conquistada mediante la investigación o el esfuerzo racional del hombre, sino sólo acogida o rechazada. Se trata de una verdad testimoniada, y ante un testimonio sólo cabe la aceptación, el rechazo o la indiferencia, que no deja de ser sino un modo de rechazo. Ante un testimonio sólo cabe creerlo o no creerlo, aunque eso no significa que el testimonio no vaya acompañado de signos de credibilidad o de no credibilidad. Habrá más o menos razones para creer en este testimonio, pero ante el testimonio sólo cabe creer o no creer, dar crédito a lo que se nos comunica o considerarlo enteramente increíble. El testimonio de Cristo se nos presenta como la revelación que el Hijo nos hace del Padre.

Los sencillos aceptaron este testimonio; los sabios y entendidos, no. Jesús, que sintoniza con el corazón de los sencillos, da gracias al Padre por semejante don. Se trata de conocimiento, pero de un conocimiento que tiene efectos saludables. El conocimiento de Dios como Padre nos hace tomar conciencia de nuestra condición de hijos. Una vez adquirida esta condición, sólo nos queda comportarnos como hijos –en relación con Dios y en relación con los hermanos- para obtener la herencia prometida a los que se mantienen hijos o perseveran como tales hasta el final.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

62. La joven beata Chiara Badano, que murió en 1990, «experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor […]. La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás»[23].


[23] Benedicto XVI, Mensaje para la XXVII Jornada Mundial de la Juventud (15 marzo 2012): AAS 104 (2012), 359.

Comentario Domingo XVI de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

¡Ven a nuestros corazones! Con tu gracia queremos por un momento apartar de nuestra mente todas las distracciones, preocupaciones e ideas que pueden separarnos de Ti. Jesús, como a Marta y a María, guía nuestro corazón para saber escoger siempre la parte buena, que eres Tú, y obrar según lo que escuchemos en Tu Palabra. Amén.


Lc 10,38-42

«38Pero, al ir ellos de camino, él entró en un pueblo; pero una mujer, de nombreMarta, lo acogió [en casa].

39Y tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

40Pero Marta estaba superocupada en muchos servicios.
Pero, plantándose, dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el servir? Así que dile que me ayude”.

41Pero, respondiendo, le dijo el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; 42pero hay necesidad de una. Porque María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy forma un díptico con el que contemplábamos el domingo pasado. Solo una vida plenamente centrada “en la mejor parte”, en Jesús, puedeestar orientada a los demás para hacerles el bien. Con Jesús como huésped hay cosas, aunque sean importantes, que pasan a segundo plano. Para el discípulo, quizá estresado por las muchas necesidades que se advierten en la comunidad, la actitud de María es condición de posibilidad de una entrega serena y comprometida de su vida. A este texto sigue uno muy especial: tras un brusco cambio de lugar, Jesús atiende la solicitud de un discípulo y les enseña a todos la oración del Padrenuestro (11,1-4). La enseñanza camina en la búsqueda de una honda espiritualidad.

 

TEXTO

Este evangelio, también exclusivo de Lucas, tiene una estructura in crescendo:
a) v. 38: comienza indicándonos la situación: Jesús y sus discípulos llegan a un pueblo y Jesús es acogido por una mujer llamada Marta;
b) v. 39: en un segundo momento se nos presenta a su hermana, María, con una actitud de escucha, la actitud que el pequeño relato quiere resaltar;
c) v. 40: frente a esa actitud, la de Marta, ansiosa en su servicio, que finalmente “explota”;

d) vv. 41-42: la respuesta de Jesús, más larga por ser la lección del pasaje.

El texto no contrapone dos actitudes, pero sí pone orden: ante la visita de Jesús, no se trata de “hacerle o darle” cosas, sino de “recibir” de Él, que es Palabra y Don de Dios.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Seguramente, much@s am@s de casa se encuentran incómod@s ante este pasaje. Parece como que Jesús quita importancia al servicio doméstico y privilegia una “actitud contemplativa”. Es importante, en este sentido, destacar dos detalles. 1) Nos encontramos “en camino”, sección discipular por excelencia;

2) Marta acogió a Jesús en su casa. Debemos leer el texto en clave de enseñanza para todo discípulo, teniendo en cuenta que Jesús ha sido acogido en la propia casa. El discípulo no debe “alimentar” a Jesús, sino dejarse “alimentar” por Jesús.

• Ante esa presencia de Jesús caben muchas reacciones: prepararle con esmero el hospedaje o la cena, escuchar su Palabra y su enseñanza. ¿Cómo se obsequia a un invitado? ¿Haciendo lo que queremos hacerle o, más bien, haciendo lo que él quiere que hagamos? Marta quiere obsequiar a Jesús, pero de la manera que Jesús no quiere. Eso le lleva a varios errores: en vez de disfrutar de la visita, esta es causa de nervios, agobios y agitación. ¡Pero Jesús no quiere poner en tensióna sus anfitriones! Además, cuando “explota” se pone contra su hermana María y pretende poner a Jesús contra ella. Al final, tanto esmero en la hospitalidad de Marta no le impide ser insolente con Jesús y dura con su hermana.

• Frente a la situación estresada de Marta, contrasta la actitud plácida de María: sentada a los pies de Jesús, escuchándole. María se comporta desde la demanda del huésped, no desde los intereses propios. Es que ha elegido “la parte buena”. Y la parte buena no es pretender obsequiar a Jesús, sino dejarse obsequiar por Él.Recibir de Jesús para poder ofrecer a los demás lo que hemos recibido de Él es lo importante.

• El relato evangélico pone en cuestión un error del judaísmo de entonces (¿es un error también ahora entre nosotros?): las mujeres no debían dedicarse al estudio de la Ley, sino a los quehaceres domésticos; en cambio, el estudio de la Ley era obligado a los varones. Cuestión de roles. Pero Jesús enseña a María, caracterizada como verdadera discípula, y rompe así moldes culturales y religiosos. ¿Hay moldes y estereotipos que deberíamos poner hoy en cuestión? ¿Tienen que estarlas mujeres “condenadas a ser martas”?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XVI de Tiempo Ordinario

XVI Domingo de Tiempo Ordinario
21 de julio 2019

Genesis 18, 1-10a; Salmo 14 Colosenses 1, 24-28; Lucas 10, 38-42

Marta y María

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”. El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.

Reflexión

¿Qué estaba haciendo Marta en el evangelio? (trabajos de la casa y para la visita de Jesús) ¿Qué hacía Maria? (Se sentó a escuchar a Jesús.) ¿Cómo se sintió Marta? (No era justo que ella estaba haciendo todo el trabajo.) ¿Se han sentido así alguna vez? ¿Como se sentía Maria? (Se sentía feliz oyendo las palabras de Jesús.) ¿Se han sentido así alguna vez? ¿Qué le dijo Jesús cuando Marta se quejó? (…solo una cosa es necesaria y Maria lo escogió…) ¿Por qué es más importante lo que escogió Maria? (Oír a Jesús en su palabra-la biblia-, o en nuestro corazón cuando oramos nos da paz, felicidad, amor, sabiduría…todo lo que necesitamos para amar y ser feliz en esta vida y la próxima.) ¿Encuentran tiempo para oír a Jesús todos los días? ¿Cuándo? Jesús también nos dice que es importante recibir a los visitantes como si fueran Él mismo. ¿Cómo tratan a las personas que los visitan? ¿Le dedican tiempo para que se sientan amados?

Actividad

En la siguiente página, colorear y escribir palabras a Jesús. Jugar juego en la próxima página.

Oración

Jesús, quiero oír Tu voz en mi corazón. Ayúdame a siempre escucharte en las lecturas de la misa y en la oración. Ayúdame a escuchar con amor las personas alrededor de mí para que se sientan amados. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

¿Te ha dado hambre alguna vez mientras estás en la iglesia? A veces me da tanta hambre que pienso que no podré terminar de escuchar el sermón. Hoy es uno de esos días, así que fui a McDonald’s y compré una hamburguesa. Si me permiten, me la comeré ahora. (Comente algo de cada cosa que vaya sacando de la bolsa. Cuando las haya sacado todo, muestre sorpresa y preocupación de que aparentemente algo está faltando – la hamburguesa).

¡Miren esto! Estaba tan interesado en conseguir todas estas cosas que necesitaba para mejorar y comerme la hamburguesa que me olvidé de lo más importante. ¡Me olvidé de la hamburguesa!

Probablemente crean que soy bastante tonto para haberme olvidado de la hamburguesa. Después de todo, eso era lo más importante. Yo, sin embargo, no soy la única persona en hacer algo tan tonto. De eso es que se trata nuestra lección bíblica en esta mañana.

Mientras Jesús y sus discípulos viajaban, llegaron al pueblo donde Marta vivía con su hermana María. Las hermanas recibieron a Jesús en su hogar y Marta inmediatamente comenzó a trabajar fuertemente haciendo la cena para Jesús. Mientras tanto que Marta preparaba los alimentos, María se sentó a los pies de Jesús y escuchó las enseñanzas de él.

Marta se molestó porque su hermana no le estaba ayudando, así que fue donde Jesús y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!»

Jesús le contestó: » Marta, Marta, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará»

Muchos de nosotros hacemos el mismo error que Marta hizo. Estamos tan atareados trabajando, yendo a la escuela, jugando o viendo televisión que frecuentemente nos olvidamos de lo más importante. ¡Nos olvidamos de pasar un tiempo con Jesús! ¡Debemos tener mucho cuidado de no enfrascarnos en tantas buenas tareas que dejemos de hacer lo mejor! ¡Después de todo, Jesús es lo más importante!

Comentario al evangelio – 17 de julio

Una de las mayores búsquedas del ser humano es la del sentido de su vida. Si no fuéramos capaces de contestar vitalmente a la pregunta ¿para qué estoy aquí? ¿Cuál es el sentido de mi vida? no encontraríamos la auténtica felicidad. El ser humano no se llena ni se conforma con cualquier cosa. No somos fáciles de contentar. Si llenamos nuestra vida de experiencias superfluas sin escuchar la voz interior que habla en nuestro corazón, tarde o temprano nos damos cuenta de que todo eso no nos satisface y nos impide caminar felices.

Los creyentes en Dios tenemos una ventaja respecto a los no creyentes; podemos preguntarle al Padre, cuál es nuestra misión. Podemos encontrar en Él el sentido de nuestra vida. Lo podemos hacer porque Él es nuestro creador, nos conoce muy bien, mejor que nosotros mismos. Y precisamente porque estamos en la mente de Dios, Él tiene una propuesta de vida para cada uno de nosotros. Podemos preguntarle: “Señor, ¿qué quieres de mí?”

En la primera lectura de hoy, el Libro del Éxodo nos narra la vocación de Moisés. Dios llama a Moisés a una misión, le ofrece un plan que da sentido a su vida. Esto es tan grande que lo llamamos sagrado. El Señor advierte a Moisés que lo que está aconteciendo, su llamada, y ante quien está presentándose es importantísimo: quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y es que, nuestra vida, como la de Moisés y la de otros hombres y mujeres que han sido y son llamados por Dios a una misión, es algo sagrado. Yo estoy contigo, le dice Dios en la zarza ardiente. Sagrada es nuestra vida, es decir, digna de mucho respeto y cuidado; por ello buscar y encontrar qué hacer con la vida que nos ha sido dada, es lo más importante que tenemos que hacer. Y en Dios, podemos y debemos encontrar el sentido a nuestra vida confiando en que quiere lo mejor aunque a veces no lo comprendamos o nos desconcierte en un primer momento.

Este misterio no es conocido por muchos, por ello Jesús da gracias al Padre: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. A través de Jesús, en Dios, encontramos y reafirmamos nuestra vocación, el sentido de nuestra vida. Vocación y sentido que no es sólo para nosotros, sino que repercute positivamente en el mundo si dicha vocación y sentido vienen de Dios. En tu oración de hoy da gracias a Dios por la vida sagrada que te ha sido regalada y pídele que confirme su llamada sobre ti, tu vocación.

Juan Lozano, cmf.