Actuar orando

1.- Dios viene a nosotros. La hospitalidad es uno de los valores fundamentales en los pueblos del desierto. Se ha considerado tradicionalmente la teofanía o manifestación de Dios a Abraham, junto al encinar de Mambré, como una revelación de Dios a los hombres: revelación misteriosa y cargada de sentido salvador. Los Padres orientales ven incluso en esta manifestación una primera revelación de dios que es Uno y Trino, un Dios que ama a los hombres y sale a su encuentro, un Dios de la historia que se acerca a la historia de los hombres, un Dios amigo que pide hospitalidad a Abraham, el hombre amigo de Dios. Dios es un amigo que se presenta pidiendo y se despide colmando de bendiciones y regalos a aquellos que lo saben acoger con amor. El premio de la hospitalidad de Abraham será el don de una descendencia en su hijo Isaac, cuando ya las esperanzas humanas se habían agotado.

2.- Escuchar la Palabra y cumplirla. El Evangelio describe la diferente actitud de las dos hermanas: “María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. El contraste entre “estar sentada” y “estar atareada en muchos quehaceres” es grande. Marta es una mujer-tipo de la vida activa como María, su hermana, es un símbolo de la vida contemplativa. Estas distinciones no son muy afortunadas, sobre todo cuando se hacen para acentuar la superioridad de la vida contemplativa. En el relato se da, ciertamente, una contraposición entre las dos hermanas, pero desde otro punto de vista. Jesús alaba a María y considera que ha escogido la mejor parte porque «escuchaba su palabra». Lo esencial está aquí: «Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». A Marta no le reprocha que se dedique a servir (entre otras cosas porque el servicio es la señal de que alguien ha escuchado de verdad la palabra) sino que ande «inquieta y nerviosa» con muchas cosas, que olvide dónde está el centro. La contraposición se establece, pues, entre una vida centrada y una vida descentrada, no entre una vida contemplativa y una vida activa.

3.- Peligro del “activismo”. Parece claro que muchos hombres y mujeres vivimos hoy un estilo de vida nervioso, que vamos deprisa a todas partes sin saber exactamente por qué y para qué, casi como huyendo. ¿No será éste un síntoma de descentramiento? Jesús afirma que las cosas necesarias son pocas. ¿Cuántas? ¿Tres, cuatro, cinco, diez? El mismo Jesús se corrige: ¡en realidad, hay necesidad de una sola cosa! Marta es reprendida porque andaba inquieta y nerviosa por muchas cosas; pero, además, porque entre esas muchas cosas no estaba la única necesaria. En seguida, Jesús declara: “María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. ¿Qué hacía ella? “Sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra”. Esta es la única cosa necesaria. La enseñanza de Jesús nos interpela profundamente a nosotros, que estamos en el mundo de la eficiencia y del activismo. En la mentalidad imperante vale el que es muy eficiente y es capaz de llevar adelante muchos asuntos.

4.- Un fe que nos compromete a actuar. Fe en Dios y misericordia con el hermano van unidas. San Agustín, comentando este evangelio, rehúsa interpretar las palabras de Jesús a Marta como un reproche: «cómo podría Jesús dirigir un reproche a Marta, contenta por recibir a tan excelente huésped Si eso fuera un reproche, no habría nadie para cuidar de los necesitados. Todos escogerían la mejor parte para decir: empleemos todo nuestro tiempo en escuchar la palabra de Dios. Pero si esto ocurriera, no habría nadie para atender al forastero en la ciudad, al necesitado de alimento o vestido, nadie para visitar los enfermos, nadie para liberar a los cautivos, nadie para enterrar a los muertos. Las obras de misericordia practicadas en favor de los necesitados son imprescindibles aquí en la tierra» El relato de Lucas no lo dice expresamente, pero es probable que, después de las palabras de Jesús, Marta viera las cosas de otra manera Yo pienso que cuando Marta le pidió a Jesús que María la ayudara, El debió persuadir a su fiel amiga para que ayudara a su hermana en la realización de sus actividades hogareñas; No debemos abandonar ni nuestras actividades ordinarias ni hemos de apartarnos totalmente de la presencia de Dios. Así pues, la realización de nuestras actividades cotidianas y la vida de fe son perfectamente compatibles, si bien todo lo que hacemos requiere de tiempo y dedicación. Reflexión y acción son fundamentales en la vida del cristiano.

José María Martín OSA

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