Vísperas – Santa Brígida

LAUDES

SANTA BRÍGIDA, religiosa
PATRONA DE EUROPA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Finísimo fue el lino con que ella
fue tejiendo, a lo largo de su vida,
esa historia de amor que la hace bella
a los ojos de Dios y bendecía.

Supo trenzar con tino los amores
del cielo y de la tierra, y santamente
hizo altar del telar de sus labores,
oración desgranada lentamente.

Flor virgen, florecida en amor santo,
llenó el hogar de paz y joven vida,
su dulce fortaleza fue su encanto,
la fuerza de su amor la fe vivida.

Una escuela de fe fue su regazo.
Todos fueron dichosos a su vera,
su muerte en el Señor fue un tierno abrazo,
su vida será eterna primavera. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. El Señor le ha dado su fuerza; por ello será bendita eternamente.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le ha dado su fuerza; por ello será bendita eternamente.

LECTURA: Rm 8, 28-30

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios la eligió y la predestinó.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

R/ La hizo morar en su templo santo.
V/ Y la predestinó.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Vosotros, los que habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más, y heredaréis la vida eterna.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vosotros, los que habéis dejado todo y me habéis seguido, recibiréis cien veces más, y heredaréis la vida eterna.

PRECES

Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia, por intercesión de las santas mujeres y digámosle:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Por intercesión de las mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo,
— concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.

Por intercesión de las esposas, que por medio del santo matrimonio crecieron en la gracia,
— concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.

Por intercesión de las viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron su soledad y se santificaron,
— concede, Señor, a tu Iglesia que muestre al mundo el misterio de tu caridad.

Por intercesión de las madres, que engendraron sus hijos no solo para la vida del mundo, sino también para el reino de los cielos,
— concede, Señor, a tu Iglesia que transmita la vida del espíritu y la salvación a todo el género humano.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por intercesión de todas las santas mujeres, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro,
— concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también eternamente de tu presencia.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que has manifestado a santa Brígida secretos celestiales mientras meditaba la pasión de tu Hijo, concédenos a nosotros, tus siervos, gozarnos siempre en la manifestación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 23 de julio

Tiempo ordinario

1) Oración inicial 

Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y multiplica sobre ellos dones de tu gracia, para que, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Mateo 12,46-50
Todavía Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

3) Reflexión

• La familia de Jesús. Los parientes llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Probablemente venían de Nazaret. De allí hasta Cafarnaún hay unos 40 km. Su madre estaba con él. No entran, pero envían un recado: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» La reacción de Jesús es firme: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Para entender bien el significado de esta respuesta conviene mirar la situación de la familia en el tiempo de Jesús.
• En el antiguo Israel, el clan, es decir la gran familia (la comunidad) era la base de la convivencia social. Era la protección de las familias y de las personas, la garantía de la posesión de la tierra, el cauce principal de la tradición, la defensa de la identidad. Era la manera concreta que la gente de la época tenía de encarnar el amor de Dios en el amor al prójimo. Defender el clan era lo mismo que defender la Alianza.
• En Galilea, en el tiempo de Jesús, a causa del sistema implantado durante los largos gobiernos de Herodes Magno (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), el clan (la comunidad) se estaba debilitando. Había que pagar impuestos tanto al gobierno como al Templo, la deuda pública crecía, dominaba la mentalidad individualista de la ideología helena, había frecuentes amenazas de represión violenta de parte de los romanos, la obligación de acoger a los soldados y de hospedarles, los problemas cada vez mayores de supervivencia, todo esto llevaba las familias a encerrarse en sus propias necesidades. Esta cerrazón se veía reforzada por la religión de la época. Por ejemplo, quienes dedicaban su herencia al Templo, podían dejar a sus padres sin ayuda. Esto debilitaba el cuarto mandamiento que era el gozne del clan (Mc 7,8-13). Además de esto, la observancia de las normas de pureza era factor de marginalización para mucha gente: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, endemoniados, publicanos, enfermos, mutilados, paralíticos.
• Y así, la preocupación por los problemas de la propia familia impedía que las personas se unieran en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse, nuevamente, para la gran familia, para la Comunidad. Jesús nos da el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reacción y alargó la familia: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Creó comunidad.
• Jesús pedía lo mismo a todos los que querían seguirlo. Las familias no podían encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados debían ser acogidos dentro de la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Este era el camino para alcanzar el objetivo de la Ley que decía: “No debe de haber pobres en medio de ti” (Dt 15,4). Como los grandes profetas del pasado, Jesús procura reforzar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. El retoma el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.

4) Para la reflexión personal

• Vivir la fe en comunidad. ¿Cuál es el lugar y la influencia de las comunidades en mi manera de vivir la fe?
• Hoy, en grandes ciudades, la masificación promueve el individualismo que es lo contrario de la vida en comunidad. ¿Qué estoy haciendo para combatir este mal?

5) Oración final

Yo esperaba impaciente a Yahvé:
hacia mí se inclinó
y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios. (Sal 40,2.4)

Comentario del 23 de julio

El pasaje evangélico de este día nos presenta una nueva alegoría, esta vez tomada del mundo vegetal, pero no menos significativa, para describir la relación de Cristo con nosotros: como la de los sarmientos con la vid. El contexto histórico-geográfico en que vive Jesús (una tierra de viñedos) le proporciona el símil: Yo soy la verdadera vid y vosotros los sarmientos. Sólo da fruto el sarmiento que permanece unido a la cepa. Esta unión, para que sea realmente fructífera, no puede ser una unión casual, esporádica o accidental; ha de ser una unión permanente y que permita la comunicación de la savia, que es el alimento y la vida del sarmiento. Sólo un sarmiento vivo –y la vida le llega al sarmiento por la unión con la cepa- puede fructificar, esto es, dar de sí aquello para lo que ha sido capacitado.

Hay, sin embargo, sarmientos que parecen estar unidos a la vid, pero no lo están. La unión es sólo aparente, puesto que no les llega la savia de la cepa; por eso se secan, están muertos, y no queda sino cortarlos y arrojarlos al fuego. Pero los sarmientos que dan fruto siempre pueden dar más (de sí); por eso, son podadospara que den más fruto. Esta tarea le corresponde al labrador, que, según el alegorista, es Dios PadreMi Padre es el labrador, nos dice Jesús.

El comienzo de nuestra unión con Cristo hay que ponerle en el bautismo; pero aquel fue sólo el comienzo. Para dar fruto es necesario permanecer unidos al que fuimos unidos en el bautismo; porque tal unión puede debilitarse, y hasta romperse –y entonces se interrumpe la comunicación de la savia-; pero también puede restablecerse y afianzarse. El pecado debilita o rompe la unión: se interrumpe la comunicación, se seca el tejido, se agota la vida y nos hacemos estériles; la penitencia la restablece, y la eucaristía la afianza: vuelve a fluir la savia y nuestras vidas fructifican. Pero ¿qué es esa savia y cuáles son esos frutos a los que se refiere la alegoría?

La savia no puede ser otra cosa que la gracia de Dios, ese suministro de vida que nos llega por la mediación de Cristo y nos vivifica crísticamente, esto es, con la vida de Cristo. Y esta vida, estando en nosotros, es la que nos permite fructificar cristianamente. Toda vida, que no sea estéril, es decir, que no esté impedida para dar de sí, da frutos, los suyos; a cada vida le corresponden sus frutos. La vida humana, en la situación en que se encuentre, con su edad, nivel cultural, condición sexual, estado de salud o de vigor, etc., da de sí frutos humanos; la vida cristiana, es decir, la vida humana vivificada por Cristo irá cargada de frutos que lleven la marca y el sabor de la caridad y la esperanza cristianas.

A los frutos de toda vida humana pertenecen las palabras y las obras (lo que hablamos y lo que hacemos), pues también las palabras conforman acciones e integran el dar de sí de nuestra vida. Hablar es una acción y las palabras pueden hacer mucho bien y mucho mal. ¿O es que no hace bien una palabra de consuelo, o una palabra que esclarece o resuelve un problema, o que estimula, o alienta, o corrige? Es verdad que en ellas cabe la falsedad o la vanidad y pueden presentarse con muy buena apariencia, estando como cualquier manzana o naranja podridas por dentro. Previendo este peligro (somos más dados a hablar que a hacer), san Juan nos dice: No amemos de palabra, sino de verdad y con obras.

Amar sólo de palabra es amar muy parcialmente o no amar, puesto que la acción de amar es de la persona en su totalidad. Si el amor no brota de lo nuclear de la persona, aunque se exprese con gestos o palabras, es un amor superficial o falso. Las palabras o los gestos pueden resultar engañosos o tan precarios como el sentimiento que los inspira o la pasión que los alimenta; por eso, las obras tienen un valor demostrativo mayor, aunque ni siquiera las obras están exentas de una posible contaminación o son inmunes a toda falsificación, pues también se puede hacer creer a una persona que la amamos a base de regalos, caricias, solicitudes y atenciones. Hemos de amar con obras, pero también con verdad, es decir, deseando realmente el bien de esas personas a las que decimos amar. Las buenas obras, u obras inspiradas en el amor de Cristo, son por tanto el fruto de nuestra unión con él: el dar de sí de una vida injertada en la vida del mismo Cristo Jesús.

Pero Jesús habla también de poda. Para que los sarmientos que ya dan fruto den más, es conveniente podar. Y podar es cortar lo inútil, lo viejo, lo enfermo, lo vano, lo que roba energía pero no produce. Ésta es siempre labor del labrador, y el labrador es el Padre; pero Dios nunca trabaja sin nosotros y nuestra colaboración. Somos personas –así nos ha hecho el Creador-, y la acción de Dios sobre nosotros nunca es impersonal; ello significa que siempre nos tiene en cuenta y nos implica en su trabajo como seres libres que somos, con nuestra carga de voluntad y responsabilidad. Luego si queremos dar realmente más fruto hemos de colaborar en nuestra propia poda, cortando vicios, frenando tendencias, debilitando afectos desordenados al dinero, al saber, al poder, cercenando relaciones ilícitas o peligrosas, desprendiéndonos de apegos, es decir, de todo aquello que nos impide amar a Dios y al prójimo con libertad.

Esta poda suele ser dolorosa, porque nos obliga a dejar cosas o personas que nos son queridas o de las que nos es difícil prescindir en la medida en que estamos aficionados a ellas. El corte de los lazos afectivos es siempre doloroso, pero también necesario, si se quiere lograr esa liberación que nos coloca en mejor disposición para dar el fruto que se espera de nosotros. El resto ya depende de Dios. Él, y sólo él, sabe cómo y en qué momento podarnos (=purificarnos). Uno de los que mejor han descrito este proceso de purificación en sus noches pasivas del sentido y del espíritu es nuestro místico san Juan de la Cruz. Pero no debemos olvidar que la poda, y los sufrimientos que conlleva, no tienen otro objetivo que ayudar a dar más fruto, y el fruto es la alegría de una vida colmada.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Muchas juventudes

68. Podríamos intentar describir las características de los jóvenes de hoy, pero ante todo quiero recoger una advertencia de los Padres sinodales: «La composición del Sínodo ha hecho visible la presencia y la aportación de las diversas regiones del mundo, y ha puesto de relieve la belleza de ser Iglesia universal. Aun en un contexto de globalización creciente, los Padres sinodales han pedido que se destacaran las numerosas diferencias entre contextos y culturas, incluso dentro de un mismo país. Existe una pluralidad de mundos juveniles, tanto es así que en algunos países se tiende a utilizar el término “juventud” en plural. Además, la franja de edad considerada por este Sínodo (16-29 años) no representa un conjunto homogéneo, sino que está compuesta por grupos que viven situaciones peculiares»[26].


[26] Ibíd., 10.

Recursos – Domingo XVII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UN ROSARIO

(Puede hacer esta ofrenda un anciano o una anciana de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo este signo de la oración más popular y sencilla. Posiblemente lo hagamos más los y las más mayores y los y las menos letrados de tu Iglesia, pero yo te la quiero ofrecer como una forma de oración que se ajusta fielmente a lo que hemos escuchado hoy en el Evangelio. Y te pido que me escuches siempre que te la dirija, así como a cuantos y cuantas lo hacen en esta comunidad y en la Iglesia universal.

PRESENTACIÓN DE UNA CANCIÓN

(Un grupo canta uno de los cantos, o se pone por la megafonía del local. Los cantos más apropiados serían: “Padre, Padre, Padre…” o “Señor, enséñanos a orar”, ambos del Grupo Kairoi, ediciones PAX. Se escucharía en silencio profundo y teniendo cada uno la letra del mismo. Terminado el canto, una persona realiza la oración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te presento esta plegaria, desde el corazón y en nombre de toda la comunidad: queremos aprender a orar; por lo tanto, enséñanos Tú mismo a orar, para que así imitemos a Jesús y seamos como él testigos de tu amor ante el mundo y signos de lo que significa vivir como hijos e hijas y como hermanos y hermanas. Lo necesitamos y lo queremos vivir. Ayúdanos con tu Espíritu.

PRESENTACIÓN DE UN BREVIARIO

(Hace la ofrenda el miembro de la comunidad que rece la Liturgia de las horas. De no haberlo, uno de los adultos puede presentar un Libro de los Salmos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te presento este libro que contiene las oraciones o los salmos que Tú has revelado a los hombres y a las mujeres para cuando quisieran unirse y dirigirse a Ti en oración. Y te lo ofrezco, Señor, como signo de lo necesitados que estamos todos y todas, en este momento, de incrementar nuestro tiempo y exigencia de oración. Pon Tú, Señor, en nuestros corazones, el que sintamos la necesidad de orar. Y ayúdanos a comprender que la mejor oración es la que Tú nos dices.

PRESENTACIÓN DE UNA VELA ENCENDIDA SOBRE UN CANDELERO

(Puede hacer esta ofrenda otro miembro cualquiera de la comunidad, aunque de distinto sexo que quien haya hecho la anterior. Dice después:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, con esta vela encendida sobre el candelero, que yo te ofrezco hoy, en nombre de todos y de todas, queremos simbolizar nuestro comportamiento coherente en todos los niveles de nuestra existencia, tanto en nuestra vida religiosa como profana. Así nos comprometemos a ser luz en medio del mundo.

PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA

(No es la primera vez que la ofrecemos, aunque, en esta ocasión, aconsejamos que lo haga una de las personas que preparan y animan los encuentros de oración de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, una Biblia, tu Palabra escrita para nosotros y nosotras. Con ella te entrego nuestra disponibilidad a escucharte siempre. Tú, Señor, no enmudezcas nunca. No nos dejes de dirigir tu Palabra, que es la luz que ilumina nuestras vidas. Pero no te olvides de tocar nuestros corazones, para que nunca se cierren a la Palabra que Tú nos diriges.

Oración de los fieles – Domingo XVII de Tiempo Ordinario

En este día que el Señor Jesús nos ha enseñado a orar al Padre, hagamos nuestras peticiones para que nunca falte la oración entre nosotros y en todos los pueblos de la Tierra.

Y respondemos:

VENGA A NOSOTROS TU REINO

1. – Por el Papa, los obispos, los presbíteros pero que muestren su celo al fomentar la oración y ellos no se olviden, nunca, de rezar más y más. OREMOS.

2. – Por las comunidades contemplativas y conventuales, para que Dios les dé fuerza para seguir orando por todos nosotros. OREMOS

3. – Por los maestros, profesores, catequistas, para que aumenten su esfuerzo y su calidad de enseñanza, a la hora de enseñar a rezar a los niños y los jóvenes. OREMOS.

4. – Por las comunidades parroquiales para que sepan que su principal misión es rezar, y que una vez comprendido esto se esfuercen en ayudar a los hermanos que sufren y nada tienen. OREMOS

5. – Por los pobres, los enfermos de cuerpo y alma, los abandonados, los solitarios, para que sepan que la oración es consuelo y que Dios ayuda a quien pide. OREMOS

6. – Por todos y cada uno de nosotros, por nuestros familiares y amigos, para que oremos constantemente y llevemos el mensaje de la oración a todo el mundo. OREMOS

Escucha, Padre, esta oración que hacemos hoy, según tu Hijo nos enseñó. Y te lo pedimos, por Él, por Jesucristo Nuestro Señor,

Amén.


Elevemos nuestras plegarias a Dios Padre y repitamos como en Padrenuestro:

HÁGASE TU VOLUNTAD

1. Padre Nuestro, acompaña a nuestro Papa Francisco para que gobierne a este pueblo numeroso que es la Iglesia. OREMOS

2. – Padre Nuestro, acompaña a nuestros gobernantes y políticos para que sepan discernir el bien del mal y contribuyan al desarrollo de los pueblos. OREMOS

3. – Padre Nuestro, acompaña a todos aquellos que llamaste a servirte, para que perseverando en el amor sean glorificados en tu Reino. OREMOS

4. – Padre Nuestro, acompaña y fortalece a aquellos que aún no han encontrado fe, para que estén atentos a tus palabras y descubran ese tesoro que llevan dentro. OREMOS

5. – Padre Nuestro, acompaña a todos los vendedores y hombres de negocios para que no se dejen arrastran por los “tesoros” de este mundo. OREMOS

6. – Padre Nuestro, acompaña a los que disfrutan de un tiempo de calma para que durante este descanso redescubran el tesoro de las relaciones personales. OREMOS

7. – Padre Nuestro, acompaña a todos los que estamos presente en esta Eucaristía para que un día disfrutemos del Banquete que nos tienes preparado. OREMOS

Padre, acoge estas plegarias que tu pueblo confiado te presenta. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – 23 de julio

Seguimos caminando ayudados por mujeres. No está mal que tomemos conciencia de ello (bastantes varones lo olvidamos con frecuencia). María Magdalena ha pasado el testigo a Brígida de Suecia, una mujer que vivió en el siglo XIV y que supo del matrimonio, de la maternidad (¡la historia le consigna nada más que ocho hijos!) y de una vida retirada en austeridad y penitencia. Brígida fue, además, una gran peregrina, que recorrió buscando al Señor los caminos de Europa, y ha pasado a la historia creyente -como recuerda la oración colecta del día- por la hondura de su contemplación de la pasión de Cristo. Seiscientos años después, en los albores de este siglo, en 1999, Juan Pablo II la proclamó patrona de Europa; todos, vivamos donde vivamos, tenemos en ella una intercesora singular.

La Iglesia nos propone para la eucaristía de hoy un texto de la carta a los Gálatas y los primeros versículos del capítulo quince del evangelio según san Juan. Quizá muchos cristianos de nuestros días tengamos poca experiencia de vid y sarmientos, pero sabemos de sobra qué supone que nuestros artilugios (móviles, celulares, ordenadores…) tengan o no cobertura o acceso a la red. Dan igual la relevancia de lo que queramos comunicar y la modernidad tecnológica del último aparato que hayamos comprado; sin acceso a la red ya podemos hacer filigranas. La comparación bíblica es sin duda mucho mejor, pero lo importante es que tomemos conciencia: sin Él no podemos hacer nada; sin Él no somos nada; sin sus dones no vamos a ninguna parte.

Los textos joánicos dan un significado crucial al término ‘permanecer’, que aparece varias veces en el fragmento que hoy se proclama. Como el papa Francisco recuerda frecuentemente a quienes se plantean seguir a Jesús, la perseverancia y la constancia, el permanecer, tienen una trascendencia de la que no podemos prescindir. Un obispo español bien agudo, Mons. Alberto Iniesta, lo advertía hace años: dos novios no pueden mantener su amor limitándose a guiñarse el ojo cuando casualmente se cruzan; una relación seria exige más hondura y duración, “permanencia”. También la nuestra con el Señor: Brígida, tú que conociste tantas formas de vida cristiana, ayúdanos a aprender y a ser buenos discípulos. Danos luz para comprender y acoger los momentos de pasión y cruz que tanto rechazamos.

Pedro Martínez, cmd