I Vísperas – Domingo XXII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO XXII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Luz que te entregas!
¡Luz que te niegas!
A tu busca va el pueblo de noche:
alumbra su senda.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas,
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla;
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMO 118: HIMNO A LA LEY DIVINA

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

SALMO 15: EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano;
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA: Col 1, 2b-6b

Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R/ Su gloria sobre los cielos.
V/ Alabado sea el nombre del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios, porque él revela sus secretos a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios, porque él revela sus secretos a los humildes.

PRECES
Demos gracias al Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y, recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el Papa, y por nuestro obispo:
— protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
— para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
— y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
— para que a nadie falte el pan de cada día

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten, Señor, piedad de los difuntos
— y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 31 de agosto

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 25,14-30
«Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: `Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.’ Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el de los dos talentos dijo: `Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.’ Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el que había recibido un talento dijo: `Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.’ Mas su señor le respondió: `Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.’

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla de la Parábola de los Talentos. Esta parábola está situada entre dos otras parábolas: la parábola de las Diez Vírgenes (Mt 25,1-13) y la parábola del Juicio Final (Mt 25,31-46). Las tres parábolas esclarecen y orientan a las personas sobre la llegada del Reino. La parábola de las Diez Vírgenes insiste en la vigilancia: el Reino puede llegar en cualquier momento. La parábola del Juicio Final dice que para tomar parte en el Reino hay que acoger a los pequeños. La parábola de los Talentos orienta sobre cómo hacer para que el Reino pueda crecer. Habla sobre los dones o carisma que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene algunas cualidades, sabe alguna cosa que ella puede enseñar a los otros. Nadie es solamente alumno, nadie es solamente profesor. Aprendemos unos de otros.
Una clave para comprender la parábola. Una de las cosas que más influyen en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos se imaginaban a Dios como un Juez severo que los trataba según el mérito conquistados por las observancias. Esto causaba miedo e impedía el crecimiento de las personas. Sobre todo impedía que ellas abriesen un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús comunicaba. Para ayudar a estas personas, Mateo cuenta la parábola de los talentos.

• Mateo 25,14-15: La puerta de entrada en la historia de la parábola. Jesús cuenta la historia de un hombre que, antes de viajar, distribuye sus bienes a los empleados, dándoles cinco, dos o un talento, según la capacidad de cada uno. Un talento corresponde a 34 kilos de oro, ¡lo cual no es poco! En el fondo, cada uno recibe igual, pues recibe “según su capacidad”. Quien tiene vaso grande, recibe el vaso lleno. Quien tiene el vaso pequeño, recibe el vaso lleno. Luego el dueño se va al extranjero y queda allí mucho tiempo. La historia tiene un cierto suspense. No se sabe con qué finalidad el dueño ha entregado su dinero a los empleados, ni sabe cómo va a ser el final.

• Mateo 25,16-18: La manera de actuar de cada empleado. Los dos primeros trabajan y hacen duplicar los talentos. Pero aquel que recibe un talento cava un hoyo en la tierra y lo esconde bien para no perderlo. Se trata de los bienes del Reino que se entregan a las comunidades y a las personas según su capacidad. Todos y todas recibimos algunos bienes del Reino, ¡pero no todos respondemos de la misma manera!

• Mateo 25,19-23: Rendimiento de cuentas del primero y del segundo empleado, y la respuesta del Señor. Después de mucho tiempo, el dueño vuelve. Los dos primeros dicen la misma cosa: “Señor, cinco/dos talentos me entregaste: aquí tienes otros cinco/dos que gané!” Y el señor da la misma respuesta: “Muy bien, siervo bueno y fiel. En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré. Entra en el gozo de su señor”

• Mateo 25,24-25: Rendimiento de cuentas del tercer empleado. El tercer empleado llega y dice: “Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.!” En esta frase despunta una idea errada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a Dios como un patrón severo. Ante un Dios así, el ser humano tiene miedo y se esconde atrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al actuar así, la severidad del legislador no va a poderle castigar. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que apenas cree en si misma y en su observancia de la ley. Se encierra en si misma, se desliga de Dios y no consigue interesarse en los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata a la comunidad, acaba con la alegría y empobrece la vida.

• Mateo 25,26-27: Respuesta del Señor al tercer empleado. La respuesta del señor es irónica. Dice: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.!” El tercer empleado no fue coherente con la imagen severa que tenía de Dios. Si se imaginaba a un Dios severo de aquella manera, hubiera tenido por lo menos que colocar el dinero en un banco. Es decir que él será condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que lo deja miedoso e inmaduro. No va a ser posible ser coherente con aquella imagen de Dios, pues el miedo deshumaniza y paraliza la vida.

• Mateo 25,28-30: La palabra final del Señor que esclarece la parábola. El señor manda quitarle el talento para darlo a aquel que tiene diez “Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”. Aquí está la clave que aclara todo. En realidad, los talentos, el “dinero del dueño”, los bienes del Reino, son el amor, el servicio, el compartir. Es todo aquello que hace crecer la comunidad y revela la presencia de Dios. Aquel que se encierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, va a perder hasta lo poco que tiene. Pero la persona que no piensa en sí y se entrega a los demás, va a crecer y recibir de forma inesperada, todo aquello que entregó y mucho más. “Pierde la vida quien quiere asegurarla, la gana quien tiene el valor de perderla”

• La moneda diferente del Reino. No hay diferencia entre los que reciben más y los que reciben menos. Todos tienen su don según su capacidad. Lo que importa es que este don sea puesto al servicio del Reino y haga crecer los bienes del Reino que son amor, fraternidad, compartir. La clave principal de la parábola no consiste en hacer producir los talentos, sino en relacionarse con Dios de forma correcta. Los dos primeros no preguntan nada, no buscan su bienestar, no guardan para sí, no se encierran en sí mismos, no calculan. Con la mayor naturalidad, casi siempre sin darse cuenta y sin buscar mérito, empiezan a trabajar para que el don que Dios les ha dado rinda para Dios y para el Reino. El tercero tiene miedo, y no hace nada. De acuerdo con las normas de la antigua ley estaba en lo correcto. Se mantiene dentro de las exigencias. No pierde nada y no gana nada. ¡Por esto, pierde hasta lo que tenía. El Reino es riesgo. Aquel que no corre riesgos, pierde el Reino!

4) Para la reflexión personal

• En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar los dones de cada persona? Nuestra comunidad ¿es un espacio donde las personas pueden desenvolver sus dones? A veces los dones de una persona engendran envidia y competitividad en los otros. ¿Cómo reaccionamos?
• ¿Cómo entender la frase: «Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará?»

5) Oración final

Esperamos anhelantes a Yahvé,
él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
en él nos alegramos de corazón
y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)

La humildad

1.- El contenido fundamental de la primera y la tercera lectura de la misa de este domingo, es un elogio, un canto, a la humildad, la virtud pequeñita, que no goza de gran aprecio.

Lo sabéis mucho mejor que yo, mis queridos jóvenes lectores, no se lleva ser pobre, ya ha pasado de moda.

2.- Ni en el terreno de la política, ni en el de los negocios, tiene sitio reservado la humildad. Lo que se precisa es la ambición, ser emprendedores usando buenas y malas artes, así se progresa. Tal es como instruyen y practican los que desean triunfar.

Darse a conocer, hacer de su vida un continuo currículo que se pueda presentar, pisar la alfombra roja siempre que se pueda. Figurar siempre como personas VIP y exigir que como a tales seamos tratados, esto es el hoy.

3.- El ejemplo que pone el Señor es muy expresivo, aunque me temo que lo que explica de los banquetes de boda no sea práctica actual. Según me cuentan, que yo a ellos no voy.

La cuestión del lugar que un convidado debe ocupar se rige por otros criterios, no así la actitud de convidar. Sé que se invita a aquel porque conviene. Que se está obligado si uno quiere esperar provecho. O que de una u otra manera, se invita al que pagará los gastos. O que el número de asistentes, más que expresión de generosidad, es exhibición de poder y riqueza, satisfacción de la propia vanidad.

4.- Creo que es tan clara la doctrina que el Maestro nos enseña, que no hace falta que os la comente. Y no esperéis, mis queridos jóvenes lectores, si es que lo sois, a dejar de ser jóvenes, para comportaros con generosidad. Que no se os ocurrirá organizar un banquete, una merienda, tal vez sí, dado el caso, estudiad a quienes de la clase, de vuestro equipo o de vuestra pandilla, debéis convidar. Mejor será que penséis en los injustamente marginados o son víctimas de bullying. La generosidad se expresa en el trato de cada día, en la ayuda prestada, en estar dispuestos a pagar gastos o viajes y no haceros el sueco y esperar que los demás corran siempre con los gastos.

Observa uno a veces que hay quien espera que le lleven en su coche y nunca pone el suyo a disposición de los demás.

Pedrojosé Ynaraja

Comentario del 31 de agosto

La parábola de los talentos que nos propone el evangelio de este día ensalza ante todo la laboriosidad de unos empleados a quienes se les encomienda unos talentos de plata para que negocien con ellos; al mismo tiempo se censura la holgazanería del empleado que se limitó a enterrar el talento que le había sido dado; y es que los talentos se entregan para darles productividad. Por eso, al que no tiene (porque no ha producido nada con el talento que se le dio) se le quitará hasta lo que tiene, es decir, hasta lo que se le dio; pues un empleado que no se emplea en la productividad de aquello que ha recibido para ser empleado es inútil, tan inútil como el profesor que no enseña o el médico que no cura.

Jesús nos dice que nuestra vida es la de unos empleados que han recibido de su Señor unos talentos o bienes productivos, con el encargo de hacerlos producir en provecho propio y de los demás. Hacer producir es sacar de una cosa (tierra, árbol, persona o dinero) lo que puede dar de sí porque tiene capacidad para ello, es multiplicar, como hacen los que reciben cinco y dos talentos, su capacidad; y para ello hay que poner en juego todos los recursos disponibles. Hay que trabajar.

Esto supone esfuerzo, pero también satisfacción: la satisfacción que acompaña al trabajo creativo. Pero tratándose de un encargo, no basta con encontrar satisfacción en el trabajo realizado; hay que rendir cuentas ante el que, siendo nuestro dueño, nos ha encomendado el trabajo y no ha proporcionado los talentos. Nuestra condición de empleados, es decir, de personas que dependen de un Señor, del cual han recibido las capacidades y el encargo de emplearlas productiva y provechosamente, nos obliga a referirnos a Él y no exclusivamente a nosotros mismos y a nuestras propias satisfacciones, nos sitúa ante Él como responsables, esto es, como aquellos que han de responder de su empleo laboral, cada uno según su capacidad: unos como diez, otros como cinco, otros como dos, otros como uno.

Lo de menos es la capacidad. Lo que importa aquí es la productividad. No se alaba más al empleado que recibió cinco talentos que al que recibió dos. Se alaba por igual a los dos porque ambos doblaron sus talentos; se alaba, pues, su trabajo, no su capacidad (que no es suya). Ambos merecen la misma recompensa porque han sido empleados fieles y cumplidores, porque han puesto la misma diligencia y empeño en el trabajo. Y el dueño, autorizado para pedir cuentas por ser Señor de vidas y haciendas, llegará como un ladrón en la noche, nos dice san Pablo recogiendo palabras del mismo Jesús. Vendrá, por tanto, sin previo aviso. Por eso la única manera de no verse sorprendidos por esta venida es estar en vela, o mejor, vivir trabajando, empleados en la productividad de los talentos que Él mismo nos ha dado. Lo contrario es vivir como aquel empleado negligente y holgazán en la ociosidad estéril y vacía que sólo merece condena.

Entre los talentos recibidos de Dios cabe señalar los que nos vienen dados con la naturaleza, tanto de índole corporal como espiritual, pero también aquellos que nos son entregados en ese segundo nacimiento (el bautismal) a modo de capacidades sobrenaturales. Todos ellos admiten desarrollo. Todos ellos reclaman nuestro trabajo y dedicación, porque todos son productivos, desde las fuerzas corporales hasta las facultades mentales y volitivas, desde las virtudes teologales hasta los dones del Espíritu. Amplia es, por tanto, la tarea que nos espera y de la que tenemos que rendir cuentas. Pero no hemos de olvidar que el buen trabajo siempre será recompensado, pues no hay mejor pagador que el Dios del cielo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

107. No dejes que te roben la esperanza y la alegría, que te narcoticen para utilizarte como esclavo de sus intereses. Atrévete a ser más, porque tu ser importa más que cualquier cosa. No te sirve tener o aparecer. Puedes llegar a ser lo que Dios, tu Creador, sabe que eres, si reconoces que estás llamado a mucho. Invoca al Espíritu Santo y camina con confianza hacia la gran meta: la santidad. Así no serás una fotocopia. Serás plenamente tú mismo.

El camino de la humildad

1. – La humildad es una virtud rara, porque pocos son los humanos que la asumen sincera y completamente. La soberbia es lo contrario de la humildad y es uno de los mayores motivos de separación de Dios. La soberbia nace precisamente en personas que, tal vez, llevan un camino aceptable de perfección, pero que un exceso de autoestima los lleva a desvariar. Sería el caso del fariseo que rezaba en el lugar más importante del templo agradeciendo a Dios lo que bueno que era él mismo, cuando «el único bueno es Dios». La soberbia impide ejercitar el perdón de las ofensas y son frecuentes tremendos enfrentamientos entre familiares que llevan incluso a la destrucción de las familias. No es ocioso pedir a Dios todos los días para que nos libre de caer en las redes demoníacas de la soberbia.

2.- Hay, no obstante, situaciones de vanagloria menos graves que tampoco son útiles para el cristiano. Una conformidad permanente con nuestra forma de ser o de actuar nos impedirá profundizar en los fallos personales y en errores nuestros en el trato con los hermanos. Se da mucho en gente religiosa que se siente feliz de no ser «malos como los otros» y, sin embargo, lo que están haciendo es aproximarse al fariseo del relato evangélico. Si adoramos a Dios, si aceptamos todos los días su grandeza y misericordia, vamos a entender rápidamente nuestra poquedad y de ahí nacerá el reconocimiento de que somos poca cosa. Si miramos a nuestro alrededor podemos encontrarnos con gentes ejemplares que desde una vida consagrada a Cristo estén trabajando al servicio de los más pobres, de enfermos de difícil trato o de peor aspecto. Y que, sin embargo, el «milagro» reside en que esas personas no se envanezcan íntimamente y sean capaces de pensar que el trabajo de un padre de familia para sacar adelante a su gente sea más importante que el suyo. En el reconocimiento de lo limitado de nuestra misión –y, además, poner nuestros ojos en la grandeza de Dios– aparecerá un buen camino de humildad para nuestra vida.

3. – La suprema humildad es cuando Dios –la Segunda Persona de la Trinidad— se anonadó hasta encarnarse en un hombre que terminó muriendo en la Cruz en unas condiciones terribles. No hay humildad mayor que esa. El camino hacia el Gólgota es un ejemplo completo de humildad y entrega. Jesús, no obstante, con su notable capacidad de maestro trazó enseñanzas concretas y afectas a la vida cotidiana para que lo entendiéramos mejor. Él era –ciertamente— el mejor ejemplo de humildad, pero no era cuestión –sin, además, haberse completado su misión en la Tierra— de ponerse de ejemplo. Los ejemplos de puestos principales en banquetes, bodas y celebraciones son muy habituales.

4.- Digamos mejor: siguen siendo habituales. Lo eran en tiempos de Jesús y lo siguen siendo. La gente lucha por significarse, porque le vean en el mejor puesto. Y la mayoría de las veces dicha significación vale poco. Pero no hay que ignorar algo más que hay en las palabras que Jesús nos dirige esta semana. Y es que al invitar a los pobres, a los cojos y a los lisiados señala una línea de conducta: no debemos gastar dinero en celebraciones sociales y derrochar mientras que los pobres no comen. No podemos jugar a los honores –rodeados de belleza, de celebrities,— mientras que los lisiados, los cojos, los ciegos y muchas otras personas alejadas de la belleza por las marcas de la enfermedad, no tienen quien les visite o les ayude. Pero para llegar a prescindir de los fastos de la vida social –o a las lisonjas de la adulación– hay que ser previamente humilde. Ahí, el Señor nos marca otro camino más para elegir la «puerta estrecha» – tal como nos decía el domingo pasado– que nos conduzca a la salvación definitiva.

5. – Y en esa humildad –y en la austeridad correspondiente que deja inundar nuestras relaciones, todas, con los hermanos— reside una condición fundamental del cristiano.No construyamos una religión a nuestra medida rodeada de actos sociales llenos de vanagloria, adulación y mentira, aunque tengan lugar en el interior de una iglesia. Merece la pena leer –y releer— con mucha atención el breve fragmento del Libro del Eclesiástico presente en las lecturas de este domingo. «Dios revela sus secretos a los humildes» ¿Podemos pedir más? En la Carta a los Hebreos –el último texto que se lee de ella en este Tiempo Ordinario– es también una muy especial incitación a reflexionar sobre la «nueva humildad». Dios, a partir de la presencia de Jesús en la Tierra, no va a necesitar de sus atributos magnificentes y terribles. En el monte santo ya no hay fuego, ni tormenta, ni nubarrones. Hay paz. Por eso también nosotros no debemos pedir a Dios signos maravillosos, ni milagros portentosos. Debemos esperar humildemente la presencia permanente –un día– en nuestros corazones de Dios, en la cercanía con el Espíritu Santo. Y en esa cercanía hay que orar para pedir aun mucha más humildad.

Ángel Gómez Escorial

La llamada a la humildad

1.- Humildad «es andar en la verdad». El que se humilla será enaltecido. El mensaje fundamental de este domingo es la humildad. Dios mismo es humilde, pues Jesús se «anonadó» hasta someterse a la muerte de Cruz. «Hazte pequeño en las grandeza humanas» os recomienda el autor del eclesiástico. Cuando más grande seas, más debes rebajarte. Se hablará bien de ti, pues la gente no soporta a los soberbios y a los que creen que todo lo hacen bien. Admiramos sobre todo a aquél que ha conseguido con su trabajo grandes cotas, pero no se pavonea de ello. Es sin embargo difícil para los grandes de este mundo el no mirar desde lo alto. Se creen superiores a los demás……No es porque alguien nos mira desde arriba por lo que debemos rebajarnos. La humildad no consiste en arrodillarse ante la fuerza. La humildad cristiana no es falta de autoestima, eso sería «falsa humildad». Para Santa teresa de Jesús la humildad «es andar en la verdad».

2.- Acogida a todos. Ocupar los últimos puestos. Jesús recomienda no sentarse en los primeros lugares en un banquete. Es mejor ser humilde y dejar paso a otros. Al banquete de la Eucaristía todos somos invitados por igual. Quien preside es Cristo, en su nombre y sólo en su nombre lo hace el sacerdote. Al celebrar la Eucaristía hemos de tener los mismos sentimientos de Cristo, que nos invita a su mesa. El altar es la «mesa del compartir». Celebramos una comida fraterna en la que todos participamos y a la que son llamados especialmente los más pobres. Jesús advierte que cuando demos un banquete invitemos especialmente a pobres, lisiados, cojos y ciegos porque no podrán pagarte. Cuando junto a la mesa del banquete están los más necesitados estamos poniendo en práctica el deseo de Jesús. Habrá quien diga que no son dignos, pero está muy equivocado. En el banquete deben participar el parado que busca desesperado un trabajo, el inmigrante rechazado, el anciano que vive su soledad, el joven incomprendido, la mujer explotada, el homosexual que no se siente aceptado. Aquí no debe haber rechazo, ni explotación: aquí hay acogida, ayuda y solidaridad. Conozco una Eucaristía en la que los niños están alrededor del altar, en la que un deficiente se acerca a prestar su ayuda, en la que un homosexual lee las lecturas. ¿Es esto un escándalo? ¿Qué diría Jesús? El festín al que estamos invitados es el de Jesús, para la Pascua eterna. En este banquete son los humildes los que estarán en primer lugar. Quizá no haya muchos cristianos que hayan osado invitar a cenar a los lisiados, los cojos, los ciegos… Estamos a tiempo de recuperar el sentido evangélico de nuestras vidas.

3.- Experimentar la debilidad para ser humildes. La soberbia es un gran pecado. Jesús en el Evangelio reprendía a los fariseos porque se creían perfectos. Cuando entró en casa de uno de los principales fariseos le estaban espiando. Les llama en alguna ocasión «hipócritas» y «sepulcros blanqueados». El soberbio religioso es muy peligroso porque fácilmente condena, denuncia y desprecia a los demás porque se creen que lo suyo es lo único válido. San Agustín dice que a los soberbios les conviene caer para que experimenten también la debilidad: «Si es más soberbio, jamás será mejor; si es mejor, sin duda alguna será más humilde. Si quieres descubrir que eres mejor, interroga a tu alma por si ves en ella alguna hinchazón. Donde hay hinchazón, hay vaciedad. El diablo intenta hacer su nido donde encuentra un lugar vacío». Por experiencia es santo obispo de Hipona recomienda que «el primer paso en la búsqueda de la verdad es la humildad. El segundo, la humildad. El tercero, la humildad. Y el último, la humildad». Virtud difícil, pero muy conveniente en el camino del cristiano, pues Dios revela sus secretos a los humildes.

José María Martín, OSA

Sin excluir

Jesús asiste a un banquete invitado por uno de los principales fariseos de la región. Es una comida especial de sábado, preparada desde la víspera con todo esmero. Como es costumbre, los invitados son amigos del anfitrión, fariseos de gran prestigio, doctores de la ley, modelo de vida religiosa para todo el pueblo.

Al parecer, Jesús no se siente cómodo. Echa en falta a sus amigos los pobres. Aquellas gentes que encuentra mendigando por los caminos. Los que nunca son invitados por nadie. Los que no cuentan: excluidos de la convivencia, olvidados por la religión, despreciados por casi todos.

Antes de despedirse, Jesús se dirige al que lo ha invitado. No es para agradecerle el banquete, sino para sacudir su conciencia e invitarle a vivir con un estilo de vida menos convencional y más humano: «No invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a los vecinos ricos porque corresponderán invitándote… Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».

Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo más humano y fraterno, querido por Dios.

De ordinario, vivimos instalados en un círculo de relaciones familiares, sociales, políticas o religiosas con las que nos ayudamos mutuamente a cuidar de nuestros intereses dejando fuera a quienes nada nos pueden aportar. Invitamos a los que, a su vez, nos pueden invitar Eso es todo.

Esclavos de unas relaciones interesadas, no somos conscientes de que nuestro bienestar solo se sostiene excluyendo a quienes más necesitan de nuestra solidaridad gratuita para poder vivir. Hemos de escuchar los gritos evangélicos del papa Francisco en la pequeña isla de Lampedusa: «La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás». «Hemos caído en la globalización de la indiferencia». «Hemos perdido el sentido de la responsabilidad».

Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 31 de agosto

Anteayer hacíamos memoria del martirio de Juan Bautista. Señalábamos que no fue uno de esos “perros mudos” que callan para no correr riesgos. Los evangelios no dicen que fuera un Juan sin miedo como el protagonista del cuento de los hermanos Grimm o como Juan I, duque de Borgoña, que se ganó ese apelativo por el coraje mostrado en distintas batallas. Podemos suponer que Juan Bautista sintió miedo, pero no dejó que este lo dominara; y pudo sentir la tentación de la pereza, pero tampoco cedió a su sugestión.

Y de eso se trata: el empleado al que su amo expulsó a las tinieblas exteriores no era un perfecto inútil ni un gafe. Tenía unas capacidades. Su amo las conocía y le confió la cantidad apropiada para que pudiera negociar según sus dotes. Y para poder confiarle esa cantidad tuvo que tener y depositar cierta confianza en su persona.

Sobre la base de la confianza que alguien pone en nosotros y sobre las capacidades con que contamos podemos emprender nuestra misión. Nos visitará más o menos veces el miedo; la negligencia menudeará sus llamadas a nuestra puerta. De cada uno depende el abrirla y dejar que se instalen cómodamente en él esos enemigos.

Nos han enseñado que la valentía es un miedo y otro miedo y otro miedo vencidos; y que la diligencia es pereza que nos sacudimos de encima una vez y otra y otra. Así no defraudaremos a Aquel que nos ha dado una misión en la vida y así podremos prestar servicios según nuestras capacidades.

Preguntaba Santa Teresa de Jesús: «¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quien –señalados con su hierro, que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad– los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como Él lo fue, que no les hace ningún agravio ni pequeña merced; y si a esto no se determinan, no hayan miedo que aprovechen mucho, porque todo este edificio […] es su cimiento humildad, y si no hay esta muy de veras, aun por vuestro bien, no querrá el Señor subirle muy alto, porque no dé todo en el suelo. Así que, hermanas […], procurad ser la menor de todas y esclava suya, mirando cómo o por dónde las podéis hacer placer y servir; pues lo que hiciéredes en este caso, hacéis más por vos que por ellas, poniendo piedras tan firmes que no se caiga el castillo» (Moradas, VII, 4, 9).

Pablo Largo

Sábado XXI de Tiempo Ordinario

Hoy es 30 de agosto, sábado XXI de Tiempo Ordinario:

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 25, 14-30):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’.

»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».

Hoy contemplamos la parábola de los talentos. En Jesús apreciamos como un momento de cambio de estilo en su mensaje: el anuncio del Reino ya no se limita tanto a señalar su proximidad como a describir su contenido mediante narraciones: ¡es la hora de las parábolas!

Un gran hombre decide emprender un largo viaje, y confía todo el patrimonio a sus siervos. Pudo haberlo distribuido por partes iguales, pero no lo hizo así. Dio a cada uno según su capacidad (cinco, dos y un talentos). Con aquel dinero pudo cada criado capitalizar el inicio de un buen negocio. Los dos primeros se lanzaron a la administración de sus depósitos, pero el tercero —por miedo o por pereza— prefirió guardarlo eludiendo toda inversión: se encerró en la comodidad de su propia pobreza.

El señor regresó y… exigió la rendición de cuentas (cf. Mt 25,19). Premió la valentía de los dos primeros, que duplicaron el depósito confiado. El trato con el criado “prudente” fue muy distinto.

El mensaje de la parábola sigue teniendo una gran actualidad. La separación progresiva entre la Iglesia y los Estados no es mala, todo lo contrario. Sin embargo, esta mentalidad global y progresiva esconde un efecto secundario, peligroso para los cristianos: ser la imagen viva de aquel tercer criado a quien el amo (figura bíblica de Dios Padre) reprochó con gran severidad. Sin malicia, por pura comodidad o miedo, corremos el peligro de esconder y reducir nuestra fe cristiana al entorno privado de familia y amigos íntimos. El Evangelio no puede quedar en una lectura y estéril contemplación. Hemos de administrar con valentía y riesgo nuestra vocación cristiana en el propio ambiente social y profesional proclamando la figura de Cristo con las palabras y el testimonio.

Comenta san Agustín: «Quienes predicamos la palabra de Dios a los pueblos no estamos tan alejados de la condición humana y de la reflexión apoyada en la fe que no advirtamos nuestros peligros. Pero nos consuela el que, donde está nuestro peligro por causa del ministerio, allí tenemos la ayuda de vuestras oraciones».

Rev. D. Albert SOLS i Lúcia