Vísperas – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XVII TIEMPO ORDINARIO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

 

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

 

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

 

LECTURA: Rm 15, 1-3

Nosotros, los robustos, debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada. Procuremos cada uno dar satisfacción al prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción; al contrario, como dice la Escritura: «Las afrentas con que te afrentaban cayeron sobre mí.»

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

R/ Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
V/ Por su sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

 

PRECES

Bendigamos a Dios, que mira propicio los deseos de los necesitados y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la Iglesia que sufren:
— acuérdate que, por ellos, Cristo, cabeza de la Iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.

Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
— y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.

Concede a tus hijos al fuerza necesaria,
— para resistir las tentaciones del Maligno.

Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte:
— para que puedan contemplarte eternamente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Conduce a los difuntos a la luz donde tú habitas,
— para que puedan contemplarte eternamente.

 

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

 

ORACION

Te pedimos, Señor, que los que hemos sido aleccionados con los ejemplos de la pasión de tu Hijo estemos siempre dispuestos a cargar con su yugo llevadero y con su carga ligera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 2 de agosto

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 13,54-58
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?» Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.» Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy narra cómo fue la visita de Jesús a Nazaret, su comunidad de origen. El paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. Lo que antes era su comunidad, ahora ha dejado de serlo. Algo cambió. Donde no hay fe, Jesús no puede hacer milagros.
• Mateo 13, 53-57ª: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. Siempre es bueno volver para la propia tierra. Después de una larga ausencia, Jesús también vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado, se fue a la reunión de la comunidad. Jesús no era coordinador, pero tomo la palabra. Señal de que las personas podían participar y expresar su opinión. La gente quedó admirada, no entiende la actitud de Jesús: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” Jesús, hijo del lugar, que ellos conocían desde niño, ¿cómo es que ahora es tan diferente? La gente de Nazaret queda escandalizada y no lo acepta: “¿No es éste el hijo del carpintero?” La gente no acepta el misterio de Dios presente en un hombre común como le conocían a Jesús. Para poder hablar de Dios, tenía que ser diferente. Como se ve, no todo fue bien. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Noticia, son las que se obstinan en no aceptarla. El conflicto no es con los de fuera de casa, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que envuelve a la persona de Jesús: “¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y ¿sus hermanas no están aquí con nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto» No lo podían entender.
• Mateo 13, 57b-58: Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y dice: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio”. De hecho, allí donde no hay aceptación, donde no hay fe, no se puede hacer nada. Los prejuicios lo impiden. Jesús mismo, aún queriendo, no puede hacer nada. Queda asombrado ante la falta de fe.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” causa mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tiene hermanos y hermanas y que María tiene más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de todo esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por ello, no conviene reñir o discutir esta cuestión solamente con argumentos de la cabeza. Se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. Irrita y aleja. Aún cuando no estoy de acuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla. En segundo lugar, en vez de reñir entorno a los textos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos mucho más para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar algunas otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidan! Quien no está contra de nosotros está a favor” (Mc 10,39.40). 

4) Para la reflexión personal

• En Jesús algo cambió en su relación con la Comunidad de Nazaret. Desde que has empezado a participar en la comunidad, ¿algo ha cambiado en tu relación con la familia? ¿Por qué?
• La participación en la comunidad, ¿te ha ayudado a acoger y a confiar más en las personas, sobre todo en los más sencillos y pobres? 

5) Oración final

Pero a mí, desdichado y malherido,
tu salvación, oh Dios, me restablecerá.
Celebraré con cantos el nombre de Dios,
lo ensalzaré dándole gracias. (Sal 69,30-31)

Comentario del 2 de agosto

El evangelista sitúa a Jesús en la sinagoga de Nazaret. Allí enseña tomando como punto de partida la palabra proclamada: un texto del Antiguo Testamento, la Escritura sagrada para un judío. El evangelio se hace eco de la admiración provocada por su actividad, que incluye enseñanza y acciones milagrosas. Decía la gente que lo veía actuar: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él.

Jesús era conocido en su tierra como «el hijo del carpintero». Durante esos años de ‘existencia escondida’ no había dado muestras de otra cosa. Ni siquiera le mencionan por su nombre. Para ellos, es simplemente el hijo del carpintero, como si en la localidad no hubiera habido otro carpintero que José. También conocen a su madre, María, y a sus parientes, aquí nombrados como «hermanos» y «hermanas». Todos ellos constituían su ámbito familiar. Y les resultaba difícil explicar las muestras de sabiduría y de poder que daba en ese preciso instante. Les desconcertaba encontrar en el hijo del carpintero, un hombre al que creían dotado únicamente para la carpintería, habilidades propias de un sabio o de un profeta. No lograban conciliar ambos status; por eso desconfiaban de él.

Pero Jesús había pasado de ser el hijo del carpintero a ser el profeta de Nazaret. En él se revelaba ahora una dimensión que había mantenido oculta durante gran parte de su vida: su verdadera dimensión mesiánica; aquello para lo que había venido a este mundo enviado por Dios Padre; aquello para lo que había nacido: para dar a conocer el Evangelio, la buena noticia de Dios a los hombres, el mensaje de la verdad. Este cambio, sin embargo, desconcertó a sus paisanos. El conocimiento que tenían de él como simple ‘hijo del carpintero’ les dificultaba enormemente para acogerle como profeta. De ahí el dicho al que se remite Jesús: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y es que el profeta, antes de sentirse llamado por Dios a la misión profética, es un simple habitante de su tierra y un miembro de su familia cumpliendo un determinado oficio en la vida.

En este sentido, la biografía de Jesús no dista mucho de la de otros profetas de la antigua alianza. También él sintió un día la necesidad de abandonar familia, trabajo y tierra para cumplir la misión para la que estaba en este mundo. Pero fue precisamente en su tierra donde encontró mayores obstáculos para el ejercicio de su misión: No hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe. La fe es realmente ‘puerta’. Sólo la fe podía hacerles receptivos a los beneficios emanados de él; sólo con fe podían aceptar sus palabras como palabras portadoras de verdad; sólo con fe podían experimentar los efectos extraordinarios de su poder misericordioso. La eficacia de la misión de Jesús no depende únicamente de su actuación irreprochable; depende también de nuestra disposición o acogida, esto es, de nuestra fe. Dios quiere que todos los hombres se salven; pero lo quiere con un ‘querer’ condicionado por nuestro querer; aunque no deja de ser verdad que el querer de Dios es mucho más poderoso que el nuestro, voluble y débil.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

78. Es verdad que los poderosos prestan algunas ayudas, pero frecuentemente a un alto costo. En muchos países pobres las ayudas económicas de algunos países más ricos o de algunos organismos internacionales suelen estar vinculadas a la aceptación de propuestas occidentales con respecto a la sexualidad, al matrimonio, a la vida o a la justicia social. Esta colonización ideológica daña en especial a los jóvenes. Al mismo tiempo, vemos cómo cierta publicidad enseña a las personas a estar siempre insatisfechas y contribuye a la cultura del descarte, donde los mismos jóvenes terminan convertidos en material descartable.

La codicia y la ambición ciegan

1.- VANIDAD DE VANIDADES.- Vanidad equivale a vaciedad, algo que sólo tiene apariencia, una fruta que sólo tiene cáscara; una pompa de jabón que estalla de pronto, sin dejar rastro de su brillante colorido. Vaciedad, vanidad de vanidades, todo es vanidad. Qohelet, el autor inspirado, se enfrenta con la vida, con el mundo, con todo cuanto le rodea. Observa cómo nace la primavera, toda llena de verdor, de flores, de mil pájaros que bullen y cantan llenos de vitalidad. Ve cómo el hombre nace a la vida, cómo crece, cómo se afana, cómo está fuerte, pletórico de juventud. Pero el tiempo sigue su paso implacablemente. Y los árboles quedan desnudos, secas y ennegrecidas sus ramas, podridas sus hojas. Y el hombre fuerte acaba siendo un pobre enfermo de pasos pegados al suelo. Sin que nada pueda devolverle la fuerza, sin que nadie pueda apartarle de su absurdo caminar hacia la muerte.

Vaciedad sin sentido, todo vaciedad. Pobrecito hombre que lucha y se afana inútilmente. Sueña con alcanzar esa deslumbrante pompa de cristal polícromo, se afana, se cansa hasta el máximo por cogerla con sus manos. Y cuando consigue tocarla, todo se desvanece. Quedando en sus dedos ansiosos sólo un poco de humedad viscosa, nada.

Visión negativa, visión negra de la vida. Pero visión forzosa para el que sólo mira de tejas abajo, para el que no consigue ver más allá de la muerte, para el que cifra su ilusión y su afán en esta vida muerta de aquí en la tierra. Ese es el panorama lógico para el que no cree en un Dios justo y bueno, para el que se empeña en construir un paraíso en nuestra pobre orilla.

Hay quien trabaja con destreza, con habilidad y acierto, quien consigue una gran fortuna. Pero de poco, o de nada, le servirá. Día llegará en que todo eso se le escape de las manos, sin poder retener nada, viendo con claridad que su esfuerzo ha sido inútil. Otro se apoderará de cuanto él ganó, otro desparramará fácilmente lo que tan arduamente se recogió. Sólo hay una solución para mantener vivo el deseo y la ilusión, sólo existe un camino para que el hombre pueda llenar esta terrible vaciedad. La fe, el amor. Entonces, con fe y por amor, sí valdrá la pena de vivir. Porque cuando las hojas caigan de los árboles, cuando la vida huya de nuestros cuerpos, sabemos que quedará viva la esperanza de una primavera eterna. Y el duro invierno será el preludio sereno de una juventud nueva. Sí, después del túnel oscuro de la muerte están las praderas verdes de la eternidad, está el abrazo sin fin de nuestro Padre Dios.

2.- LA VERDADERA RIQUEZA.- La escena que nos presenta hoy el Evangelio ha venido a ser un ejemplo típico de quienes tratan de manipular los valores de la fe en provecho material de uno mismo. Este hombre defraudado acude al Señor para que convenza a su hermano de hacerle partícipe en la herencia paterna. El Señor, sin embargo, se niega rotundamente a dirimir la cuestión, prescindiendo incluso de decir si era o no justa la petición de aquel hombre. No quiere ser árbitro ni juez entre quienes se pelean por una cuestión económica, tan frecuente, por desgracia, en la vida de entonces y en la de ahora. En la de siempre podemos decir, ya que siempre el hombre tiene en su ser una fuerte inclinación a defender los propios intereses, a incrementarlos, a costa, en ocasiones, de lesionar los intereses de los demás.

Jesús tuvo que luchar con los hombres de su tiempo, aquellos que querían sacar partido de sus poderes y su autoridad de Mesías. Pensaban que había llegado el momento de vengarse de los dominadores romanos, el tiempo tan esperado y deseado de iniciar la época dorada del Reino mesiánico que devolviera, con creces, el esplendor de los tiempos de David y de Salomón. Pero Jesús se resiste con energía, huye de las multitudes enardecidas que quieren proclamarlo rey en Jerusalén. Cuando llegue el momento se dejará aclamar, pero no por los poderosos sino por los niños y por la gente humilde. Por otra parte estaba cerca el momento de su Pasión, cuando por fin se pondrá de relieve, ante el estupor de muchos, la verdadera naturaleza de ese su Reino que no es de este mundo.

Esa actitud que nos puede parecer anacrónica en nuestros días, es sin embargo posible, y en ciertos sectores una realidad actual. Se trata de aquellos que se empeñan en crear una Iglesia nueva que se comprometa en el campo temporal y político, que no permanezca al margen de la lucha por la justicia en el campo de las opciones de partido. Son también los que mezclan al sacerdote, o al propio sacerdocio, con banderías temporalistas que, por muy nobles que sean, están fuera de la misión específica de la Iglesia. O quienes acuden al cura para que les solucione un problema de tipo material, quienes todavía no se han enterado de lo que es un sacerdote y creen que un eclesiástico lo tiene que solucionar todo.

La codicia y la ambición ciegan al hombre, destruye en él los valores del espíritu, le llevan a sacrificar en aras del dinero y el poder cuanto sea preciso. El Señor nos pone sobre aviso a todos, pues todos podemos ser víctima, de uno u otro modo, de ese afán de poseer y de mandar. Lo importante, por lo tanto, no es amasar riquezas y honores, sino ser rico a los ojos de Dios. Sólo así podremos vivir serenos y tranquilos, sin temer ni a la muerte ni a la vida.

Antonio García-Moreno

La misa del Domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos, un día más, al encuentro con el Señor. En variados momentos creemos que la vida, el trabajo y los proyectos que tenemos entre manos, dependen exclusivamente de nosotros. Pero, la vida, nos enseña que –en el momento menos pensado- todo se nos esfuma entre nuestros dedos. Hoy, en este día del Señor, damos gracias a Dios por todo lo que nos da y, a la vez, hacemos un propósito: ponerlo todo al servicio de su Reino y al servicio de una sociedad mejor. Nos ponemos de pie

2. PENITENCIAL

2.1 Por cerrarnos en banda a los bienes que bajan del cielo. Señor ten piedad

2.2 Por centrarnos excesivamente en lo superficial. Cristo ten piedad

2.3 Porque consumimos demasiado; porque gastamos demasiado; porque no damos valor a otras cosas menos caras. Señor ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas de hoy tienen una interpelación muy seria al cómo vivimos nuestra existencia. Es decir; ¿qué es de nuestra vida? ¿Qué valor tiene? Los bienes ayudan a la felicidad pero, la lectura de la Palabra de Dios nos lo recuerda, no lo son el todo. Escuchemos con atención.

4. PETICIONES

4.1. Por toda la iglesia extendida por el mundo. Para que su centro, su locura y su alegría sea el anuncio de Cristo muerto y resucitado. Roguemos al Señor.

4.2. Por los contrastes que existen en la tierra; pobres y ricos, altos y bajos, desarrollo y pobreza; para que sea posible una justa distribución de la riqueza. Roguemos al Señor.

4.3. Pidamos por aquellos que sólo piensan en ganar y acaparar. Para que piensen que, la humanidad, necesita personas y no tesoros. Roguemos al Señor.

4.4. Por todos los que estamos aquí reunidos. Para que sepamos utilizar bien todas las comodidades que poseemos. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

5.1. Acercamos hasta el altar algo tan importante como “LOS VALORES”. Una sociedad, un mundo, una familia sin valores….está abocada al fracaso. Que el Señor nos ayude a recuperar el sentido común y la alegría de vivir.

5.2. Hasta el altar llevamos en este día “EL CONSUMO”. Queremos romperlo delante del Señor. Que Él nos ayude a no ponerlo por encima de nuestro amor a Dios y a los demás.

5.3. La eucaristía, de cada domingo, es para nosotros una llamada a vivir y gustar los bienes eternos. Que el Señor se haga presente aquí para que nunca nos falte su calor y su Palabra

6. ORACIÓN FINAL

TU ERES MI RIQUEZA
Frente a otros bienes menos importante

(se repite “Tú eres mi riqueza”)

Frente a los que intentan alejarme de Ti
Frente a lo puramente material
Frente al egoísmo
Frente a lo práctico y al escaparate
Frente a lo efímero y pasajero
Frente a los valores caducos
Frente a los que viven sin Ti
Frente a los que no piensan en Ti
Frente a los que te venden por nada
Frente a la pobreza
Frente a la riqueza

La riqueza del corazón (Oración)

LA RIQUEZA DEL CORAZÓN

Querido Jesús, aquí estoy para pasar otro ratito de oración contigo. Voy a sentarme bien para estar más cómodo y voy a respirar profundamente, tres veces. Y muy lentamente. Me ayuda mucho sabes. Me relaja. Me siento menos preocupado. Y así, puedo sentirte mejor. Respiro y expulso el aire despacio. Respiro y expulso de nuevo el aire. Y así otra vez. ¡Qué bien! Y ahora ya estoy preparado para escuchar el evangelio de hoy. Seguro que algo importante me vas a decir.

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 12, 13-21):

Como Jesús tenía mucha autoridad, había gente que se le acercaba para que fuera como un árbitro o un juez entre ellos. Un día uno vino y le dijo: «Jesús, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Jesús miró a todos, y les dijo: «Mirad, no seáis avariciosos. No estéis preocupados solo por acumular más y más riquezas».   Y para que lo entendieran les contó una parábola: «Un hombre rico tuvo una cosecha enorme. Tan grande que no cabía en su granero. Así que pensó: ‘derribaré el granero que tengo, construiré otro mucho mayor, y así seré todavía más rico…’ y ya estaba pensando la buena vida que se iba a dar. Pero Dios le dijo: ‘Hombre, ¿de qué te sirve todo eso, si esta misma noche vas a morir?’»

Al terminar de contarles la historia, Jesús les dio la enseñanza: «Eso es lo que pasa si lo único que buscas es riqueza material, y no la riqueza del corazón que Dios quiere».

¡¡Hay que ver!! Lo que nos cuesta compartir. ¡Verdad! A veces me pregunto por qué nos gusta tener tantas cosas.

Es curioso, sí. Es como si tuviéramos miedo como a perderlas y a quedarnos sin nada. Y al final tenemos más cosas que las que necesitamos.

A ver, cuanto hace que no utilizas algo que tengas por casa. Seguro que hay cosas que hace meses que ni te has acordado que tenías. ¡Y tanto! A veces nos pasa como al hombre del evangelio. Venga a acumular y acumular y eso no nos hace más felices.

Yo creo que ya sé lo que nos quiere decir Jesús. Que rico no es el que más tiene sino el que más comparte. Que hay poco que tener y mucho que dar.

Poco que tener y mucho que dar.
Y si nos hace falta ya nos llegará.
Poco que tener y mucho que dar.
Las que son sus dueñas ya nos prestarán.
 

Poco que tener y mucho que dar interpretado por Migueli. «Como un girasol.» 

Ahora te voy a proponer lo siguiente. Piensa en una cosa que tengas y que sea importante para ti. ¿Ya la tienes? Ahora piensa en una persona, amigo o familiar, con la que te gustaría compartirla. ¿Ya sabes quién? Pues ahora imagínate cómo compartes con ella eso tan especial para ti y fíjate en la cara que pone y lo feliz que está. Y alégrate, porque la generosidad es un gran tesoro.

Gracias, Jesús

Gracias, Jesús, por todo lo que tengo.
Gracias, Jesús, porque puedo compartirlo.
Gracias, Jesús, porque teniendo poco se puede ser muy rico.
Gracias, Jesús, porque compartiendo hago felices a los demás.
Gracias, Jesús, por tanta gente que comparte cosas conmigo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 2 de agosto

Un filósofo afirmaba que la pregunta es la piedad del pensamiento. En el evangelio de hoy no se cumple su opinión, porque las preguntas de los conciudadanos de Jesús son, en unos casos, puramente retóricas, y en otros no revelan apertura, receptividad, búsqueda; más bien delatan desconfianza, incredulidad. Y aquí hay que decir: «En la desconfianza está el peligro; en la confianza, la salvación».

Estaban al corriente del parentesco de Jesús, ese que conoce el vecindario y que se consigna en los registros de nacimientos o en los libros de familia. Es parte de la verdad de Jesús, pero no toda la verdad. Aquella gente se quedaba fuera de su verdad más profunda, la que asomaba en su sabiduría y en sus actos de poder, que eran actos de sanación, de liberación, y que podían haber servido de umbral para entrar en la verdad más honda, la que narra el parentesco y origen radical de Jesús: es el Hijo de Dios. Si ya Lautréaumont declaró «Me dijeron que era hijo del hombre y de la mujer, y me sorprendió. Yo creía ser algo más», con mucha más razón lo confesamos nosotros de Jesús: es el “hijo de María”… y el Hijo de Dios.

Escudriñemos sus signos y abrámonos confiadamente a su verdad, que nunca acabaremos de conocer y comprender.