I Vísperas – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO XVIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V./Dios mío, ven en mi auxilio
R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Luz que te entregas!
¡Luz que te niegas!
A tu busca va el pueblo de noche:
alumbra su senda.

Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu derecha.

Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.

Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas,
para tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.

Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la tiniebla;
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su ceguera.

Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta. Amén.

SALMO 118: HIMNO A LA LEY DIVINA

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya.

SALMO 15: EL SEÑOR ES EL LOTE DE MI HEREDAD

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano;
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA: Col 1, 2b-6b

Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

R/ Su gloria sobre los cielos.
V/ Alabado sea el nombre del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Guardaos de toda clase de codicia; aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Guardaos de toda clase de codicia; aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.

PRECES
Demos gracias al Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y, recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.

Padre lleno de amor, te pedimos por el Papa, y por nuestro obispo:
— protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.

Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo,
— para que así tengan también parte en su consuelo.

Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse
— y haz que encuentren pronto el hogar que desean.

Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra,
— para que a nadie falte el pan de cada día

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten, Señor, piedad de los difuntos
— y ábreles la puerta de tu mansión eterna.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Ven, Señor, en ayuda de tus hijos, derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican y renueva y protege la obra de tus manos a favor de los que te alaban como creador y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 3 de agosto

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 14,1-12
En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.» Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy describe cómo Juan Bautista fue víctima de la corrupción y de la prepotencia del gobierno de Herodes. Fue condenado a muerte sin proceso, durante un banquete del rey con los grandes del reino. El texto nos da muchas informaciones sobre el tiempo en que Jesús vivía y sobre la manera en que los poderosos de aquel tiempo ejercían el poder.
• Mateo 14,1-2. Quién es Jesús para Herodes. El texto inicia informando sobre la opinión de Herodes respecto a Jesús: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas. Herodes trataba de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de Juan. Herodes era un grande supersticioso que escondía el miedo detrás de la ostentación de su riqueza y de su poder.
• Mateo 14,3-5: La causa escondida del asesinato de Juan. Galilea, la tierra de Jesús, estaba gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo. ¡43 años en todo! Durante el tiempo en que Jesús vivió, no hubo mudanza de gobierno en Galilea! Herodes era dueño absoluto de todo, no rendía cuenta a nadie, hacía lo que se le pasaba por la cabeza. ¡Prepotencia, falta de ética, poder absoluto, sin control por parte del pueblo! Pero quien mandaba en Palestina, desde el 62 antes de Cristo, era el Imperio Romano. Herodes, en Galilea, para no ser depuesto, procuraba agradar a Roma, en todo. Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio. Su preocupación era su propia promoción y seguridad. Por ello, reprimía cualquier tipo de subversión. Mateo informa que el motivo del asesinato de Juan fue la denuncia que el Bautista hace a Herodes por haberse casado con Herodíades, mujer de su hermano Felipe. Flavio José, escritor judío de aquella época, informa que el motivo real de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un levantamiento popular. A Herodes le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad era un tirano (Lc 22,25). La denuncia de Juan contra Herodes fue la gota que hizo rebosar el vaso: «No te está permitido casarte con ella”. Y Juan fue puesto en la cárcel.
• Mateo 14,6-12: La trama del asesinato. Aniversario y banquete de fiesta, ¡con danzas y orgías! Marcos informa que la fiesta contaba con la presencia “de los grandes de la corte, de los oficiales y de personas importantes en Galilea” (Mc 6,21). Es éste el ambiente en que se trama el asesinato de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de este sistema corrupto. Por esto fue eliminado bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la flaqueza moral de Herodes. ¡Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin control de sí! En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a Salomé , la joven bailarina, hija de Herodíades. Supersticioso como era, pensaba que debía guardar ese juramento, atendiendo a los caprichos de la muchacha y mandó el soldado a traerle la cabeza de Juan sobre una bandeja y entregarla a la bailarina, que a su vez la entregó a su madre. Para Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como disponía de la posición de las sillas en la sala.
Las tres características del gobierno de Herodes: la nueva Capital, el latifundio y la clase de los funcionarios:
a) La Nueva Capital. Tiberíades fue inaugurada cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradarle a Tiberio, el emperador de Roma. Allí moraban los dueños de la tierra, los soldados, la policía, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Para allá llevaban los impuestos y el producto del pueblo. Allí Herodes hacía sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). Tiberíades era la ciudad de los palacios del Rey, donde vivía el personal que viste con elegancia (cf Mt 11,8). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado en esta ciudad.
b) El latifundio. Los estudiosos informan que, durante el largo gobierno de Herodes, el latifundio creció en prejuicio de las propiedades comunitarias. El libro de Henoc denuncia a los dueños de las tierras y expresa la esperanza de los pequeños: “¡Entonces los poderosos y los grandes dejarán de ser los dueños de la tierra!” (Hen 38,4). El ideal de los tiempos antiguos era éste: “Cada uno se sentaba a la sombra de su parra y de su higuera, y nadie lo inquietaba” (1 Mac 14,12; Miq 4,4; Zac 3,10). Pero la política del gobierno de Herodes volvía imposible la realización de este ideal.
c) La clase de los funcionarios. Herodes creó toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado, recaudadores de impuestos, militares, policías, jueces, promotores, jefes locales. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno. En los evangelios, algunos fariseos aparecen junto a los herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas estaba muy controlada tanto por el gobierno como por la religión. Se necesitaba mucho valor para comenzar algo nuevo, ¡como lo hicieron Juan y Jesús! Era lo mismo que atraerse sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso como del poder civil.

4) Para la reflexión personal

• ¿Conoces a personas que murieron víctima de la corrupción y de la dominación de los poderosos? Y aquí entre nosotros, en nuestra comunidad y en nuestra iglesia, ¿hay víctimas de desmando y de autoritarismo?
• Herodes, el poderoso, que pensaba ser el dueño de la vida y de la muerte de la gente, era un cobarde ante los grandes y un adulador corrupto ante la muchacha. Cobardía y corrupción marcaban el ejercicio del poder de Herodes. Compáralo con el ejercicio del poder religioso y civil, hoy, en los diversos niveles de la sociedad y de la Iglesia.

5) Oración final

Lo han visto los humildes y se alegran,
animaros los que buscáis a Dios.
Porque Yahvé escucha a los pobres,
no desprecia a sus cautivos. (Sal 69,33-34)

Raíces

Nota Los mensajes homilía que a vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os dirigiré este mes de agosto, serán, como se decía antiguamente, telegráficos.

1.- En estas latitudes, el mes de agosto es mes de vacaciones. Para muchos vacaciones, para otros, entre los que yo me encuentro, más trabajo, pues, supone dedicarse, además del que es propio, a suplencias necesarias. Observaréis que el texto de la primera lectura de este domingo dice: vanidad de vanidades, todo es vanidad. El autor revelado se expresa así a sus primeros lectores, que consideran que la vanidad es cosa mala. Pero ya me diréis vosotros si en este mundo en que nos toca vivir, la vanidad es considerada cosa mala.

2.- Los concursos de belleza, a los que sólo escogidos pueden presentarse, son concursos de vanidad. Las alfombras rojas y las poses estudiadas ante el correspondiente photocall no son otra cosa que vanidad de vanidades.

Y la vanidad es un pecado capital. Esta expresión ha desaparecido ahora hasta de las catequesis. Nos costaba entenderlo a nosotros a los que se nos exigía aprenderlos de memoria. Se les llama capitales porque, a semejanza de la cabeza, a la que se le atribuyen las raíces de todo lo que el hombre hace, de estas inclinaciones, que no son otra cosa los pecados capitales, que uno puede dejarse llevar por ellos, o mantenerlos a raya, se derivan las acciones o actitudes malas.

3.- Tradicionalmente, y el Catecismo de la Iglesia Católica los conserva, sin que por ello sean dogmas, se dice que los pecados capitales son lujuria, ira, soberbia, envidia, avaricia, pereza, gula.

4.- Pero hoy nuestra cultura, estos nombres los ha traducido de tal manera que suenan a virtudes. En vez de lujuria, se le llama sexy, y es un atractivo personal. En vez de ira, ser impulsivo, y nos deja indiferente. En vez de soberbia, gran emprendedor ambicioso y ¿Quién no debe serlo? En vez de envidia, competencia ¡pobres de nosotros si no deseamos sobresalir respecto a los demás! En vez de avaricia, acumular patrimonio que asegure cualquier contingencia. En vez de pereza decimos que alguien sabe “dejar para mañana, lo que pudiera hacer hoy”, que nadie sabe cómo evolucionarán los valores y cambiarán los precios. En vez de gula, ser destacado sibarita, o experto sumiller, etc. (no me complace totalmente la traducción que os he ofrecido)

Os he dicho que redactaría rápido, no que acertaría en las expresiones. La lista de pecados capitales es tradicional, mi traducción tal vez precipitada. Vosotros mismos podéis corregirla.

5.- Lo que os aseguro es que cambian las modas, las técnicas y muchas costumbres, pero los pecados capitales, con uno u otro nombre, son siempre los mismos.

No es pecado ser ambicioso, el pecado está en obrar ambiciosamente. Y así con los demás.

Es curioso, o más bien lamentable, que a Dios se le arrincona con frecuencia, pero que en situaciones molestas, se pretende que colabore, para que consigamos nuestros deseos.

6.- El Señor nos ha puesto en este mundo para que en él nos movamos y trabajemos. Debemos apañarnos a jugar el juego de la vida en libertad y responsabilidad y, si sale mal, atenernos a las consecuencias. Si sois estudiantes, debéis estudiar, si habéis sido holgazanes, ateneos a las consecuencias el día del examen. Lo que os digo no supone que no podáis pedir a Dios, que facilite vuestro estado de ánimo u os sintáis bien de salud en el momento de la prueba.

Pedrojosé Ynaraja

Comentario del 3 de agosto

La incorporación de Jesús a la escena pública trajo a la memoria del virrey Herodes la existencia de Juan el Bautista, un personaje que había tenido mucho que ver con él, un profeta respetado y temido que había puesto de manifiesto las flaquezas del rey y las había censurado con la autoridad de que le dotaba su propia integridad o santidad. Las inquietudes de Herodes dan a entender que, tras haber decretado la muerte del Bautista, su vida no gozó ya de paz, pues el recuerdo de profeta inmolado al capricho de una mujer y a su propio extravío fue un motivo incesante de desasosiego.

Este estado emocional explica que, al tener conocimiento de la actividad taumatúrgica de Jesús, el rey piense de inmediato en aquel al que él había mandado decapitar sin justificación alguna, en el Bautista: Ese es Juan Bautista –comentaba temeroso con sus ayudantes Herodes-, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los poderes actúan en él.

Aquí se deja ver una mención implícita a la actividad milagrosa de Jesús, un hombre con poderes. Esos extraordinarios poderes son los que inquietan al rey poderoso, que no sabe si dispondrá de poder suficiente para contrarrestarlos en caso de conflicto; y el conflicto era previsible si se trataba, como él suponía, de la reaparición de ese Bautista al que él había tenido prisionero y había mandado decapitar para dar satisfacción a los deseos de esa mujer ambiciosa y sin escrúpulos que se había adueñado de su corazón.

Nos referimos a Herodías, mujer de su hermano Felipe, con la que él convivía de manera ilegítima. Juan había denunciado repetidas veces esta unión como contraria a la ley de Dios, atrayéndose la enemistad del rey censurado en su conducta. Éste no se atrevía a matarlo, porque la gente tenía a Juan por profeta y su muerte podría dar lugar a estallidos de violencia poco deseables. No obstante, lo arrestó y lo metió en la cárcel encadenado; de este modo podía silenciar la voz incómoda y flagelante del profeta. Herodías, que odiaba a Juan, aprovechó la primera ocasión que tuvo para arrancar de Herodes la sentencia de muerte contra el Bautista.

Con motivo del cumpleaños del rey se organizaron festejos. La hija de Herodías dio brillo a la fiesta danzando en presencia de toda la corte; y gustó tanto al rey que éste le prometió darle cuanto pidiera. La cruenta petición de la joven, instigada por su madre, fue la cabeza de Juan el Bautista. Ésta sería su trofeo. Y el rey, quizá sorprendido y apenado, porque tenía también a Juan por profeta, decidió concederles lo que pedían y mandó decapitar a Juan en la cárcel. La cabeza de éste les fue entregada en una bandeja. Finalmente, refiere el evangelista, los discípulos de Juan recogieron el cadáver y lo enterraron. Después, fueron a contárselo a Jesús, porque entendían que éste le interesaba conocer la noticia.

Así se consumó el testimonio del mayor de los nacidos de mujer, según expresión de Jesús, del mártir de la verdad y la justicia que tuvo el coraje de enfrentarse al poderoso. Juan había sido realmente un hombre íntegro y coherente hasta el final, un verdadero profeta capaz de tocar las conciencias de los hombres e inclinarlas a la conversión, un hombre de palabra ardiente incapaz de refugiarse en las medias verdades o en la ambigüedad y dispuesto darlo todo con tal de hacer prevalecer la voluntad de Dios por encima de la componendas humanas, un hombre dispuesto a afrontar los sufrimientos de la cárcel y la muerte cruenta por mantener a salvo la verdad.

Un hombre así merece nuestro respeto y admiración, como mereció el respeto y la admiración del mismo Jesús que sólo tras tener noticia de su muerte inició su actividad misionera. El Bautista le había preparado el camino disponiendo el corazón de muchos a la acción del designado por él como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo o como el que habría de bautizar con Espíritu Santo y fuego, es decir, a la acción del Salvador. Juan el Bautista nos ofrece, por tanto, muchos motivos de imitación. Ojalá aprendamos de él y de su integridad.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

79. La cultura actual presenta un modelo de persona muy asociado a la imagen de lo joven. Se siente bello quien aparenta juventud, quien realiza tratamientos para hacer desaparecer las huellas del tiempo. Los cuerpos jóvenes son constantemente usados en la publicidad, para vender. El modelo de belleza es un modelo juvenil, pero estemos atentos, porque esto no es un elogio para los jóvenes. Sólo significa que los adultos quieren robar la juventud para ellos, no que respeten, amen y cuiden a los jóvenes.

Liberados de las riquezas que pasan

1.- La verdadera sabiduría. “Qohélet” es el nombre del autor del libro del Eclesiastés. Designa al “Presidente de la Asamblea”. Su pregunta fundamental es: “¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol?”. A partir de ahí va trabando sus reflexiones sobre los diversos valores y pretensiones del hombre, subrayando la cara negativa y los límites de estas realidades tradicionalmente valoradas como positivas. Su diagnóstico sobre la realidad, en clara oposición con la sabiduría tradicional, no puede ser más desalentador: el hombre no logra ninguna felicidad o provecho con los bienes de este mundo y sus esfuerzos por conseguirlos, pues todo es vanidad, absurdo y vacío. Para Qohélet, en efecto, el mundo es “vanidad de vanidades”. No debemos centrar nuestra vida en lo pasajero. Que todos nuestros trabajos bajo el sol tengan sabor de eternidad. Aprendamos a ser sabios; aprendamos a disfrutar cada momento de nuestra vida; aprendamos a ser felices en una relación fraterna y de amistad con nuestros semejantes; aprendamos a llenar nuestras manos de buenas obras; pasemos haciendo el bien a todos. No vivamos de un modo egoísta y enfermizo tras la avidez de lo pasajero. No dejemos que las preocupaciones de la vida emboten nuestra mente y nuestro corazón. La persona es tal en la medida en que ha madurado interiormente y ha alcanzado la capacidad de amar, de servir y de vivir la auténtica solidaridad cristiana con los más desprotegidos.

2.- Una vida nueva. La segunda lectura de la Carta a los Colosenses nos ofrece una rica reflexión del misterio pascual de Cristo realizado en el creyente. Desde el día en que fuimos bautizados fuimos incorporados a Cristo. Y, aun cuando caminamos en medio de tribulaciones, sin embargo no podemos manifestar, desde nuestra vida, comportamientos que se conviertan en signos de pecado y de muerte. Debemos amarnos los unos a los otros, pues no podemos hacer distinciones a causa de las condiciones sociales, o de raza o cultura, sino que Cristo y su Iglesia han de ser todo en todos. Aprendamos a morir al pecado. Así el Apóstol Pablo de un modo especial nos llama a no dejarnos dominar por nuestra concupiscencia. Pero al mismo tiempo nos invita a no entregarle nuestro corazón a las cosas pasajeras. Las “cosas de arriba” indican los valores de la vida nueva en Cristo; “las cosas de la tierra”, la existencia humana cerrada al Reino de Dios y al Evangelio. El sentido de la antítesis (cosas de arriba / cosas de la tierra) no indica, por tanto, un desprecio de las realidades terrestres creando una religión alienante y de evasión. El hombre viejo es lo que en otros textos Pablo llama “la carne” o “el pecado”, realidades que el bautizado ha dejado atrás y a las que continuamente debe renunciar, ya que las ha sepultado en la fuente bautismal. Esta vida nueva que irrumpe en nosotros es Cristo mismo.

3.- Los valores verdaderos. El Evangelio de hoy nos recuerda la relatividad del presente y de las cosas, su finitud, su límite. El evangelio de hoy está centrado en la parábola del rico insensato que ha puesto toda su preocupación y su confianza en las riquezas. Jesús la cuenta a propósito de un pleito por cuestiones de herencias entre dos hermanos, de los cuales uno de ellos se acercó al Señor pidiéndole que interviniera diciéndole: “Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Jesús, sin embargo, evita a toda costa de involucrarse en el litigio familiar y plantea su discurso a un nivel diferente. No quiere ser visto como un simple “juez” de querellas jurídicas familiares, que da la razón a uno de los contendientes y condena al otro. No se pone de parte de ninguno, sino que contando la parábola demuestra que tanto un hermano como el otro estaban en un error, pues ambos estaban cegados por la ambición material y el deseo de “tener”, considerando los bienes de la herencia de primera importancia por encima de la fraternidad y la libertad del corazón. El mensaje de la parábola es claro: el rico descrito es un insensato, un necio, pues no ha descubierto lo relativo y efímero de los bienes materiales y lo engañoso de la ambición y del deseo de poseer, y ha olvidado que la única realidad auténticamente consistente es Dios. Acoger la palabra de Dios este domingo es reconocer nuestro apego a los bienes materiales y nuestra ansia de posesión y de “tener”. Lo que el evangelio llama “hacerse ricos a los ojos de Dios” es descubrir otro punto de vista para relacionarnos y juzgar los bienes de este mundo. Más importante que las riquezas son los valores evangélicos.

4.- Volvamos nuestros ojos a los necesitados. Amontonar tesoros en el cielo es descubrir el valor de la fraternidad y la justicia, de la solidaridad con los más pobres, es también abrir los ojos ante la ambigüedad que se esconde en un desarrollo económico mundial y en una técnica que desconoce la dignidad del hombre y la miseria en la que vive la gran mayoría de la humanidad. El Señor nos invita a evitar toda clase de avaricia, pues al ponerla en el centro de nuestro corazón difícilmente Dios volvería a ocupar ese lugar en nuestra vida; desplazado el Señor, fácilmente nos iríamos tras las injusticias, tras los egoísmos enfermizos y tras la falta de un sincero amor fraterno. No seamos tan miopes que sólo nos veamos a nosotros mismos; volvamos también la mirada hacia nuestro prójimo. No podemos desligarnos de la fidelidad en el compromiso que tenemos de construir un mundo más justo, más humano, más fraterno, más digno de todos. Desde nuestra fe sabemos que nuestro paso por esta tierra debe ser un comenzar a poner los pies en el camino del Reino de Dios. La Iglesia, así, trabajará en el mundo sin ser del mundo, se esforzará por dar una solución adecuada a los problemas del hombre; pero se inclinará hacia ellos con el mismo amor y ternura como Dios lo ha hecho para con nosotros por medio de su Hijo Jesús, y no conforme a los criterios de este mundo.

José María Martín OSA

La confianza puesta en el Señor

Si el domingo pasado la palabra de Dios nos enseñaba la importancia de la oración, y a orar con insistencia intercediendo por los demás, a partir de este domingo escucharemos en el Evangelio algunos pasajes en los que el Señor nos recordará algunas de las actitudes propias del cristiano, del seguidor de Cristo. Hoy la palabra de Dios nos habla de la confianza puesta en el Señor, y no en nosotros mismos o en nuestros bienes.

1. Dos hermanos peleados por la herencia. Cuántas veces hemos visto esto mismo entre los nuestros, ya sea en nuestra propia familia o entre amigos y conocidos. ¡Qué triste es cuando dos hermanos se pelean por la herencia! Así se le presenta a Jesús el caso de un hombre que le pide ayuda: “Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Este hombre sería probablemente un buen hombre, no tendría maldad, pues le pide a Jesús algo que es justo: que su hermano reparta justamente la herencia de sus padres. No es nada malo lo que el hombre aquel le pide a Jesús. Sin embargo, este buen hombre se equivoca al buscar en Jesús algo que Él no da, pues Dios está por encima de estas cosas materiales. Por eso Jesús le responde: “¿Quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Aquel hombre le pedía con confianza a Dios, como veíamos el domingo pasado, pero se equivocaba en el contenido de su petición. Estaba demasiado preocupado por los bienes materiales, por el dinero, que no veía la grandeza de todo lo que Dios puede darnos, más allá de lo material. Esto va en sintonía con lo que hemos escuchado en la primera lectura, del libro de Qoelet o del Eclesiastés. Este libro sapiencial nos recuerda la vaciedad de las cosas de este mundo. Puede parecer un relato pesimista y amargado. Sin embargo, al leerlo despacio y observando la verdad de nuestro mundo, nos damos cuenta de que más bien se trata de un relato optimista, que nos recuerda que todo lo que un hombre llegue a ganar aquí en este mundo, en este mundo se queda.

2. Guardaos de toda clase de codicia, pues la vida no depende de los bienes. Como respuesta a aquel hombre que le pedía justicia a Jesús para el reparto de la herencia, y como complemento al relato del Qoelet, Jesús nos recuerda en el Evangelio que la vida de un hombre no depende de sus bienes materiales, y propone la parábola de aquel hombre que tuvo una buena cosecha y decidió almacenarlo todo para así poder echarse a la buna vida. Y Jesús concluye esta parábola con aquella pregunta del Señor: “Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”. Me gusta mucho recordar aquí aquella frase tan ilustrativa que tantas veces repite el papa Francisco: nunca he visto un camión de mudanzas detrás de un coche de la funeraria. Es bien cierto que todos los bienes materiales los dejamos aquí en la tierra, y que cuando nos vayamos al otro mundo, después de la muerte, no nos llevamos nada material. Y es que, como nos dice hoy Jesús, nuestra vida vale mucho más que los bienes que tengamos. Y por muchos bienes que un hombre llegue a tener, su vida es infinitamente más valiosa e importante. Por ello Jesús nos advierte contra la codicia, que es el deseo vehemente de poseer muchas cosas, y cuanto más, mejor.

3. Buscad los bienes de allá arriba. Y es que la codicia, la sed de tener y de poseer más, nos alejan de Dios. Pues Dios no es material, no entra dentro de la lista de deseos de aquellos que codician tener cada vez más cosas. Por ello, este deseo de poseer y de tener más bienes nos aleja siempre de Dios. Así, san Pablo, en la segunda lectura de hoy, nos ha recordado que hemos de aspirar a los bienes de allá arriba, donde está Cristo, a los bienes del Cielo. Ya que Cristo ha resucitado y está en el Cielo, nuestra aspiración mejor es subir también nosotros al Cielo para estar siempre con Él. Para subir allí, hemos de morir con Cristo, como nos recuerda hoy san Pablo, y esto significa morir también a nuestras codicias y aspiraciones materiales y desearle a Él. Dios es muchos más que el dinero, que las herencias y que los cargos importantes, por ello hemos de darle el valor a lo que tiene de verdad valor. Es cierto que muchas veces en la Iglesia hemos estado, y estamos, preocupados por estas cosas materiales. Es bueno que hoy recordemos esta enseñanza de la palabra de Dios: nuestra aspiración ha de ser al Cielo, no a las cosas de aquí de la tierra. Cuanto más carguemos nuestras maletas de cosas materiales, más va a pesar, y por lo tanto más nos va a costar llegar al Cielo.

En la Eucaristía de hoy vamos a redescubrir lo más valioso que tenemos en la tierra: un poco de pan y un poco de vino que se convierten en la misma carne y sangre de Cristo. No encontraremos sobre la faz de la tierra nada más valioso que esto. Por ello, disfrutemos durante la Eucaristía de hoy de este impresionante tesoro: Dios mismo que se entrega por nosotros. Que esta sea nuestra única aspiración: llegar a conocerle y a amarle. Para ello, dejemos atrás todas aquellas cosas que nos estorban en este camino de seguimiento del Señor.

Francisco Javier Colomina Campos

De tejas abajo todo es vaciedad

1.- Esto es lo que dice el libro del Eclesiastés y algo de esto, aunque en otro sentido, debió querer decir el famoso poeta español Miguel Hernández cuando escribió: “tanto penar para morirse uno”. Cuando uno ve morir a una persona, y algunos hemos visto ya morirse a muchas, comprendemos la verdad de estas frases. Las mil pequeñas aventuras y desventuras que tenemos que digerir cada día pueden desorientarnos y hacernos perder el sentido último de nuestra existencia. Todas las cosas de nuestro diario vivir son relativamente importantes, pero la única cosa realmente importante es dar el sentido verdadero a nuestro diario vivir. Nacemos y nos secamos como flor del campo y por muy largo que sea nuestro camino, siempre tiene un final. Hacer de lo pasajero una cuestión de vida o muerte es equivocar la perspectiva. Somos flechas disparadas cuando nacemos y que sólo encontrarán la diana buscada después de la muerte. Nuestro corazón va a permanecer siempre inquieto hasta que descanse en Dios. “Que este mundo es camino para el otro, que es morada sin pesar. Y cumple tener buen tino para andar este camino sin errar… Partimos cuando nacemos, andamos mientras vivimos y llegamos al tiempo que fenecemos. Así que cuando morimos, descansamos”. Sí, de tejas abajo, en este mundo, todo es vaciedad. Ya nos lo dijo bellamente nuestro gran poeta Jorge Manrique.

2.- Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. También San Pablo lo tenía muy claro: si nos preocupamos demasiado de las cosas de aquí abajo y descuidamos las cosas de arriba nos engañamos. Nuestro cuerpo es mortal y terreno, quiere dirigirnos siempre hacia los bienes de aquí abajo: pasión, codicia, avaricia, impureza. Pero nuestra condición de personas redimidas nos exige abandonar nuestra vieja condición humana, para revestirnos de la nueva condición, la condición de hijos de Dios. Sin caer en ningún dualismo metafísico es justo afirmar que para los cristianos la vida del alma, la vida del espíritu debe ser siempre lo primero. Somos cuerpo y necesitamos el cuerpo, pero el cuerpo debe obedecer al espíritu. Son los frutos del espíritu los que nos hacen personas humanas y cristianas. Si nos dejamos dirigir por el espíritu, por el espíritu de Cristo, seremos personas libres y universales, entre nosotros no habrá distinciones impuestas por el sexo, la raza, la religión, o la condición social. Los bienes de arriba, los bienes a los que aspira el espíritu, son bienes que Dios regala a toda persona que se ha revestido de la nueva condición, que se ha renovado como imagen del Creador.

3.- Guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Es la misma idea que la de San Pablo y la del Eclesiastés, ahora expresada por el mismo Cristo: la vida del hombre no depende de sus bienes. Se mueren los más ricos y se mueren los más pobres. Al avaro de la parábola de este domingo no le salvaron los muchos bienes que había acumulado durante años. Ser esclavo de los bienes de aquí abajo es una necedad y una vaciedad. Claro que necesitamos los bienes para vivir y que tenemos que usar y apreciar en su justa medida los bienes de aquí abajo, pero manteniendo siempre la libertad y el desprendimiento interior, sabiendo que los únicos bienes que de verdad nos hacen ricos ante Dios son los bienes de arriba. Cada cristiano en particular y la comunidad cristiana en general debemos usar los bienes de aquí abajo con desprendimiento, generosidad y libertad interior. Una iglesia cristiana que aparezca ante el mundo demasiado preocupada por los bienes de aquí abajo no es la Iglesia de Cristo, es un antitestimonio.

Gabriel González del Estal

Contra la insensatez

Cada vez conocemos mejor la situación social y económica que Jesús conoció en la Galilea de los años treinta. Mientras en las ciudades de Séforis y Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria. Mientras los campesinos se quedaban sin tierras, los terratenientes construían silos y graneros cada vez más grandes.

En un pequeño relato, conservado por Lucas, Jesús revela qué piensa de aquella situación tan contraria al proyecto querido por Dios, de un mundo más humano para todos. No narra esta parábola solo para denunciar los abusos y atropellos que cometen los terratenientes, sino para desenmascarar la insensatez en que viven instalados.

Un rico terrateniente se ve sorprendido por una gran cosecha. No sabe cómo gestionar tanta abundancia. «¿Qué haré?». Su monólogo nos descubre la lógica insensata de los poderosos que solo viven para acaparar riqueza y bienestar, excluyendo de su horizonte a los necesitados.

El rico de la parábola planifica su vida y toma decisiones. Destruirá los viejos graneros y construirá otros más grandes. Almacenará allí toda su cosecha. Puede acumular bienes para muchos años. En adelante, solo vivirá para disfrutar: «túmbate, come, bebe y date buena vida». De forma inesperada, Dios interrumpe sus proyectos: «Insensato, esta misma noche, te van a exigir tu vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?».

Este rico reduce su existencia a disfrutar de la abundancia de sus bienes. En el centro de su vida está solo él y su bienestar. Dios está ausente. Los jornaleros que trabajan sus tierras no existen. Las familias de las aldeas que luchan contra el hambre no cuentan. El juicio de Dios es rotundo: esta vida solo es necedad e insensatez.

En estos momentos, prácticamente en todo el mundo está aumentando de manera alarmante la desigualdad. Este es el hecho más sombrío e inhumano: «los ricos, sobre todo los más ricos, se van haciendo mucho más ricos, mientras los pobres, sobre todo los más pobres, se van haciendo mucho más pobres» (Zygmunt Bauman).

Este hecho no es algo normal. Es, sencillamente, la última consecuencia de la insensatez más grave que estamos cometiendo los humanos: sustituir la cooperación amistosa, la solidaridad y la búsqueda del bien común de toda la Humanidad por la competición, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de los más poderosos del Planeta.

Desde la Iglesia de Jesús, presente en toda la Tierra, se debería escuchar el clamor de sus seguidores contra tanta insensatez, y la reacción contra el modelo que guía hoy la historia humana. Así lo está haciendo repetidamente el papa Francisco.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 3 de agosto

En la historia de la Iglesia hay varias parejas de esposos canonizadas o beatificadas: aparte de san Joaquín y santa Ana, podemos señalar a san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza, o los esposos Martin, padres de Teresa del Niño Jesús, o el matrimonio italiano Luigi y Maria Beltrame. Ellos, y tantos más, han sido recíprocamente signo y estímulo para vivir el evangelio, mediación del amor de Dios.

Pero en la historia se han dado también influencias en sentido contrario. No es el caso de Herodías el primero que narra la Escritura sobre el influjo negativo de la mujer del rey sobre la decisión del monarca. Baste evocar la historia de Ajab y Jezabel a propósito de la viña de Nabot. Jezabel urde una red de complicidades (ancianos, notables y un par de canallas) y provoca la ejecución de Nabot. Ajab, libre ya de todo escrúpulo, podrá por fin apoderarse de la viña.

También hallamos un poderoso influjo en el terreno de la amistad: mencionemos, por solo citar historias luminosas, la de Francisco y Clara de Asís o la de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Apuntamos una algo más reciente: la Madre Magdalena de Jesús Sacramentado, pasionista, ejerció una influencia muy positiva sobre el P. Juan Arintero, dominico y director espiritual suyo; en cierto modo podemos decir que la dirigida se volvió directora, punto en que se manifiesta un rasgo admirable del “genio femenino”.

Hay otro aspecto en la historia de hoy: Herodías influye en la decisión de Herodes por tercero interpuesto: su propia hija. La madre ha sabido aguardar el momento y, entre bastidores, mueve los hilos de un drama que se consuma en la muerte del Bautista. El evangelista denuncia la red de complicidades que se dan en esta muerte y anticipa la que se tejerá en torno a la muerte de Jesús. La cuestión que se plantea es esta: ¿en qué sentido encauzas tu ascendiente sobre otras personas?, ¿en qué sentido ejerces tu influencia sobre los más cercanos a ti?