La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

I.- EL ANUNCIO A ZACARÍAS

 

1.- LA OFRENDA DEL INCIENSO

Lc 1, 5-13

Esta historia que ha dado la vuelta al mundo tantas veces comienza en el Templo de Jerusalén, en tiempos del rey Herodes[1], durante una de las ceremonias del culto sagrado que oficiaba un sacerdote llamado Zacarías. Estaba casado con Isabel, que, como él, pertenecía a la clase sacerdotal, descendiente de Aarón. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, y ambos eran de edad avanzada. Vivían en una aldea cercana a Jerusalén, Ain-Karim, a unos siete kilómetros al suroeste de la ciudad. Eran parientes de María.

El acontecimiento singular que marca el comienzo de la Redención tuvo lugar en el Sancta Sanctorum, durante la ofrenda del incienso. Era un recinto donde se encontraba el altar del Templo; a su derecha, el candelero de los siete brazos[2]; y a su izquierda, la mesa de los panes de la proposición[3]. A este lugar solo podían entrar los sacerdotes, para ofrecer el incienso y renovar los panes. Estaba separado del atrio llamado de los israelitas, donde permanecía el pueblo separado por un gran velo. Detrás se encontraba el Sancta Sanctorum, el Santísimo, donde se había guardado el Arca de la Alianza con las tablas de la Ley[4], y al que únicamente tenía acceso el sumo sacerdote en el día del perdón, el Yom Kippur. Ahora se encontraba completamente vacío. Entre ambas estancias colgaba un segundo velo[5].

Esta ceremonia tenía un profundo sentido mesiánico; el humo del incienso era la oración y la esperanza de los justos que aguardaban la llegada del Mesías. Mientras Zacarías la oficiaba, probablemente al final, se le apareció un ángel del Señor. Estaba de pie a la derecha del altar del incienso, precisa san Lucas. No le fue difícil al anciano sacerdote comprender que se hallaba ante una aparición sobrenatural. Por eso quedó sobrecogido y con una gran turbación, como otros en circunstancias similares.

El ángel se dio a conocer: Yo soy Gabriel. Zacarías sabía bien que este era uno de los arcángeles nombrados en las Escrituras. Había sido ya elegido por Dios para revelar al profeta Daniel el advenimiento del Redentor[6]. El ángel lo llamó por su nombre en señal de amistad y le tranquilizó con estas palabras: No temas, Zacarías. Y le comunicó que su oración había sido escuchada. ¿Qué oración era esta? Es muy posible que Zacarías pidiera con insistencia y confianza la venida del Mesías y de aquel que vendría primero para preparar sus caminos, según anunciaban los libros sagrados. Todos los hombres justos de Israel tenían en su corazón y en sus labios esta petición.

Ahora él conoce por medio del ángel que su propio hijo será el precursor del Mesías, ya muy próximo.


[1]San Lucas llama a Herodes rey de Judea,aunque también lo era de otros territorios. A Herodes Antipas lo nombra como tetrarca; a Herodes Agripa lo llama simplemente Agripa. Por tanto, se trata aquí de Herodes el Grande, que reinó desde el 29 a.C. al 3 de nuestra era. Para el escaso interés que mostraban los antiguos en precisar la cronología y para lo poco determinada que estaba la terminología en este punto, Lucas precisa mucho.

[2]Estaba revestido de oro y medía dos metros de altura. Los siete brazos recordaban los siete planetas del universo babilonio, los siete cielos sobre los que se asienta el trono de Dios, según la creencia judía, y los siete días de la creación.

[3]Los panes de la proposición eran doce y se colocaban cada semana en la mesa del santuario, como homenaje de las doce tribus de Israel (cfr. Lv 24, 5-9); los que se retiraban del altar quedaban reservados para los sacerdotes que atendían el culto.

[4]El arca faltaba desde el año 586 a.C.

[5]Se rasgó de arriba abajo en el momento de la muerte del Señor (Mt 27, 51), indicando que los hombres tenían abierto el camino hacia Dios Padre (Hb 9, 15) y que había comenzado la Nueva Alianza.

[6]Dn 8, 16; Dn 9, 20-27