Lunes XVIII de Tiempo Ordinario

Hoy es 5 de agosto, lunes XVIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 14, 13-21):

En aquel tiempo, cuando Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.

Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida». Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer». Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Él dijo: «Traédmelos acá».

Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Hoy, el Evangelio toca nuestros “bolsillos mentales”… Por esto, como en tiempos de Jesús, pueden aparecer las voces de los prudentes para sopesar si vale la pena tal asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: «Que vayan a los pueblos y se compren comida» (Mt 14,15). Poco se esperaban que su Maestro y Señor les fuera a romper este razonamiento tan prudente, diciéndoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Un dicho popular dice: «Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar». Y es cierto, los discípulos —nosotros tampoco— no sabemos contar, porque olvidamos frecuentemente el sumando de mayor importancia: Dios mismo entre nosotros.

Los discípulos realizaron bien las cuentas; contaron con exactitud el número de panes y de peces, pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente, les salía casi un cero periódico; por eso optaron por el realismo prudente: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17). ¡No se percatan de que tienen a Jesús —verdadero Dios y verdadero hombre— entre ellos!

Parafraseando a san Josemaría, no nos iría mal recordar aquí que: «En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2…». El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, de resistencias y de errores personales, sino en Dios que nos dice: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con san Francisco aquella genial oración: «Allí donde haya odio que yo ponga amor»; es decir, allí donde no salgan las cuentas, que cuente con Dios.

Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano

Liturgia – Dedicación de la Basílica de Santa María

LUNES XVIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria o DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA, memoria libre

Misa de feria (verde) o de la memoria (blanco)

Misal: Para la feria cualquier formulario permitido / para la memoria 1ª oración propia y el resto del común de la Bienaventurada Virgen María o de un domingo del Tiempo Ordinario, Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Núm 11, 4b-15. Solo no puedo cargar con este pueblo.
  • Sal 80. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
  • Mt 14, 13-21. Alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición y dio los panes a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.

Antífona de entrada
Salve, Madre Santa, Virgen, Madre del Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos.

Monición de entrada y acción penitencial
Hoy veneramos la memoria de nuestra Señora, la Virgen María, a quien celebramos como Templo del Señor, pues recordamos la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, erigida en el siglo cuarto; siendo así uno de los templos más antiguos consagrados a la Madre de Dios.

Comencemos, pues, la celebración de la Eucaristía pidiendo perdón por nuestras faltas, para poder acoger al Señor que quiere entrar en nuestras vidas.

Yo confieso…

Oración colecta
PERDONA, Señor, los pecados de tus siervos
y, ya que no podemos complacerte con nuestras obras,
concédenos la salvación
por intercesión de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina contigo,
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos. 

Oración de los fieles
Presentemos nuestras oraciones a Dios Padre de misericordia, que en Jesucristo nos ha mostrado su amor y preocupación por nosotros.

1.- Por la santa Iglesia de Dios, que lucha en la tierra contra el mal. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales, religiosas y a la familia cristiana. Roguemos al Señor.

3.- Por nuestro pueblo (ciudad) y nuestra nación, por nuestras autoridades y gobernantes. Roguemos al Señor.

4.- Por los que buscan y no encuentran, por los que dudan o vacilan en su fe. Roguemos al Señor.

5.- Por cuantos estamos aquí reunidos, por nuestros hermanos ausentes  por los que han pedido que recemos por ellos. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que te compadeciste del pueblo hambriento, escucha nuestra oración y haz que alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo perseveremos en la verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Lc 11, 27
Bienaventurado el vientre de María, la Virgen, que llevó al Hijo del eterno Padre.

Oración después de la comunión
AL recibir estos sacramentos del cielo,
imploramos de tu misericordia, Señor,
que cuantos nos alegramos
en la memoria de la bienaventurada Virgen María,
consigamos colaborar, a imitación suya,
en el misterio de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 5 de agosto

En este día recordamos a la Madre de Dios conmemorando la Dedicación de la basílica de Santa María la mayor en Roma. Unos esposos ancianos quieren saber cómo emplear su fortuna y la Virgen en sueños les indica la construcción de un templo en su honor. La misma visión tuvo el Papa Liberio. Luego la nieve en el monte Esquilino en pleno agosto les indicó el lugar. Se llama por ello la Virgen de las Nieves que se celebra en muchos pueblos de nuestra patria. De este modo la Iglesia del siglo V quiso proclamar a María Madre de Dios de acuerdo con el concilio de Éfeso.

Los bolivianos celebran a María con el título de Copacabana, la iglesia de Vitoria a la Virgen Blanca, la ciudad de Ceuta a Nuestra Señora de África, Santa Cruz de la Palma a nuestra Sra. de las Nieves, los habitantes de Játiva (Valencia) a Nuestra Sra. de la Seo y los de Almagro, en Ciudad Real, a Nuestra Sra. de las Nieves también. Que la Madre de Dios y Madre de toda la Iglesia bendiga especialmente a estos pueblos.

María, sin embargo, no eclipsa a los santos. Hoy celebramos también al monje Abel, Adai y Mario obispos, Catidio, Catidiano y Sobel mártires, Casiano obispo de Autum (Francia), Emidio obispo y mártir, Eusinio mártir, Coormghal abad, Margarita viuda, Memmio obispo, Nona madre de San Gregorio Nazianceno, Osvaldo rey en la Gran Bretaña, Parido obispo, Teodorico y Venancio obispos también y San Viator eremita.

Veneramos también a los beatos Francisco Zanfredini de la tercera orden de San Francisco, Pedro Miguel Noel mártir de la revolución francesa, Guillermo Hom, cartujo y Santiago Geri monje camaldulense.

Nos encomendamos también, especialmente los agustinos a la sierva de Dios Mariana de San José, nacida el 5 de agosto de 1568 en Alba de Tormes, donde murió Santa Teresa de Ávila de quien fue admiradora y lectora. Fue mujer de profunda espiritualidad, heredada de los suyos, que eran familia de religiosos y religiosas, especialmente de su padre, ordenado de sacerdote en su viudedad. Profesó en el convento de las agustinas de Ciudad Rodrigo en 1588 y la nombraron maestra de novicias y priora. Su monasterio se incorporó enseguida a la reforma promovida por San Alonso de Orozco en el de Santa Isabel de Madrid y fundó varios monasterios. A ella se debe, con el patrocinio de los reyes Felipe III y Margarita de Austria la fundación del de La Encarnación, de Madrid. Todos sus éxitos los atribuyó a Jesús en la eucaristía, de la que era muy devota. Decían los que la conocieron que su santidad afloraba en el rostro. Murió en 1638 y su proceso de canonización fue recibido en la Congregación en 1993.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Lunes XVIII de Tiempo Ordinario

LAUDES

LUNES XVIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Aclamemos al Señor con cantos

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahogue los fracasos
mis ansias de seguir tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén.

SALMO 41: DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

CÁNTICO: SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel a quien nombraste tu primogénito;
ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad,
y al templo de tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

SALMO 18: ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA: Jr 15, 16

Cuando encontraba palabra tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

R/ Cantadle un cántico nuevo.
V/ Que merece la alabanza de los buenos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Aclamad, justos al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.

PRECES

Nuestro salvador ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, para que ofrezcamos sacrificios que Dios acepta. Invoquémosle, pues, diciendo:

Consérvanos en tu servicio, Señor.

Señor Jesús, sacerdote eterno, que has querido que tu pueblo participara de tu sacerdocio,
— haz que ofrezcamos siempre sacrificios espirituales, agradables a Dios.

Danos, Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu.
— la comprensión, la servicialidad, la amabilidad.

Haz que aprendamos a amarte y lleguemos a poseerte a ti, que eres el mismo amor,
— y que sepamos obrar siempre lo recto, para que también nuestras acciones te glorifiquen.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que busquemos siempre el bien de nuestros hermanos
— y los ayudemos a progresar en su salvación.

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día, sálvanos hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado, sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.