Vísperas – San Pío X

VÍSPERAS

SAN PÍO X, papa

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

SALMO 138

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío,, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa san Pío X de sabiduría divina y fortaleza apostólica, concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 21 de agosto

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 20,1-16
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: `Id también vosotros a la viña.’ Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy trae una parábola que encontramos sólo en Mateo. No la hay en los otros tres evangelios. Como en todas las parábolas, Jesús cuenta una historia hecha de elementos de la vida diaria de la gente. Retrata la situación social de su tiempo, en la que los oyentes se reconocían. Pero al mismo tiempo, en la historia de la parábola, acontecen cosas que nunca acontecen en la realidad de la vida de la gente. Al hablar del dueño, Jesús piensa en Dios, piensa en su Padre. Por esto, en la historia de la parábola, el dueño hizo cosas sorprendentes que no acontecen en el día a día de la vida de los oyentes. En esta actitud extraña del dueño hay que procurar encontrar la llave para comprender el mensaje de la parábola.
• Mateo 20,1-7: Las cinco veces que el propietario sale en busca de obreros. » El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.” Así empieza la historia que habla por sí y no precisaría de ningún comentario. En lo que sigue, el propietario sale otras cuatro veces para llamar a obreros a que vayan a su viña. Jesús alude al terrible desempleo de aquella época. Algunos detalles de la historia: (a) el dueño sale personalmente cinco veces para contratar a los obreros. (b) En la hora de contratar a los obreros, solamente con el primer grupo decide el salario: un denario por día. Con los de la hora nona dice: Os daré lo que es justo. Con los otros no concordó nada, sólo los contrató para que fueran a trabajar en la viña. (c) Al final del día, a la hora de hacer las cuentas con los obreros, el propietario manda que el administrador cumpla con este servicio.
• Mateo 20,8-10: La extraña manera de acertar las cuentas al final del día. Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Empieza por los últimos y termina por los primeros’. Aquí, a la hora de hacer cuentas, acontece algo extraño que no acontece en la vida común. Parece que las cosas se han invertido. El pago empieza con los que fueron contratados por último y que trabajaron apenas una hora. El pago es el mismo para todos: un denario, como había sido combinado con los que fueron contratados al comienzo del día. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. ¿Por qué el propietario hizo esto? ¿Tú harías así? La llave de la parábola está escondida en este gesto sorprendente del propietario.
• Mateo 20,11-12: La reacción normal de los obreros ante la extraña actitud del propietario. Los últimos en recibir el salario fueron los que habían sido contratados los primeros. Estos, así dice la historia, al recibir el mismo pago, empezaron a murmurar contra el propietario, diciendo: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor!” Es la reacción normal de sentido común. Creo que todos nosotros tendríamos la misma reacción y diríamos la misma cosa al dueño. ¿O no?
• Mateo 20,13-16: La explicación sorprendente del propietario que proporciona la llave de la parábola. La respuesta del propietario es ésta: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?” Estas palabras encierran la clave que explica la actitud del propietario y apunta hacia el mensaje que Jesús quiere comunicar: (a) El propietario no fue injusto, pues actuó de acuerdo con los que había sido combinado con el primer grupo de obreros: un denario al día. (b) Es decisión soberana del propietario dar a los últimos lo mismo que había sido combinado con los de la primera hora. Estos no tienen derecho a reclamar. (c) Actuando dentro de la justicia, el propietario tiene derecho a hacer el bien que quiere con las cosas que le pertenecen. El obrero, por su parte, tiene este mismo derecho. (d) La pregunta final toca el punto central: O ¿va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’ Dios es diferente. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos (Is 55,8-9).
• El trasfondo de la parábola es la coyuntura de aquella época, la de Jesús como la de Mateo. Los obreros de la primera hora son el pueblo judío, llamado por Jesús a trabajar en su viña. Ellos sostuvieron el peso del día, desde Abrahán y Moisés, más de mil años. Ahora, en la undécima hora, Jesús llama a los paganos para que vayan a trabajar en su viña y ellos llegan a tener la preferencia en el corazón de Dios: “Así, los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”.

4) Para la reflexión personal

• Los de la undécima hora llegan, se aventajan y reciben prioridad en la fila de entrada en el Reino de Dios. Cuando tú esperas dos horas en una fila y llega alguien que, sin más, se coloca delante de ti, ¿lo aceptas? ¿Es posible comparar las dos situaciones?
• La acción de Dios supera nuestros cálculos y nuestra manera humana de actuar. Sorprende y a veces incomoda. ¿Ha ocurrido a veces en tu vida? ¿Qué lección saca?

5) Oración final

Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días. (Sal 23,6)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 10, 23-27

<

p style=»text-align:justify;»>23Y, mirando en derredor, Jesúsdice asus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!”.
24Perolos discípulosse asombraron de estas palabras de él.
PeroJesús, respondiendo de nuevo, les dice: “Hijos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de Dios! 25Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios”.

<

p style=»text-align:justify;»>26Pero ellos se admiraron aún más diciéndose entre ellos: “¿Y quién puede salvarse?”.
27Mirándolos, Jesúsdice: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque todo es posible para Dios”.

<

p style=»text-align:justify;»>El hombre rico, incapaz de aceptar el reto de Jesús para comenzar una nueva vida de discipulado, se retira desconsolado. Entonces el Maestro se vuelve hacia sus seguidores con el fin de extraer para ellos algunas lecciones del infeliz encuentro.
Formalmente, el coloquio entre Jesús y los discípulos se divide en dos partes, 10,23-27 y 10,28-31, cada una de las cuales finaliza con un proverbio (10,27c; 10,31). En la primera, las enseñanzas de Jesús sobre el peligro de la riqueza alternan con las expresiones de asombro por parte de los discípulos. En la segunda parte, la afirmación de Pedro de que los discípulos han hecho lo que Jesús pide va seguida de una promesa de este sobre las recompensas de tal sacrificio. Así, mientras la primera sección acentúa el coste del discipulado, la segunda destaca sus recompensas. 


<

p style=»text-align:justify;»>• 10, 23-27: Los peligros de la riqueza. Cuando el rico se va (10,22), Jesús se gira para dirigirse a sus discípulos (10,23a), gesto que sugiere la importancia para ellos de la cuestión que ha provocado la marcha de ese hombre. Considerando la cariñosa reacción de Jesús a la pregunta inicial del hombre (10,21), su exclamación «¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!» (10,23b) significa probablemente no solo un veredicto negativo sobre su retirada, sino también la decepción y la sorpresa de que alguien se oponga a la oferta de un tesoro en el cielo por amor a las recompensas terrenales. 
Si la declaración inicial de Jesús contiene un elemento de sorpresa, el asombro de los discípulos ante la respuesta es aún mayor (10,24). Ciertamente, toda esta primera subdivisión de nuestro pasaje alterna referencias del Señor a las dificultades de la entrada en el reino (10,23.24b-25.27) y las descripciones del escándalo por parte de los apóstoles (10,24a.26). Se percibe una progresión desde la dificultad a la imposibilidad, desde el rico hasta todos los seres humanos y hacia niveles cada vez más grandes de asombro por parte de los apóstoles. Al final, sin embargo, la omnipotencia de Dios triunfa sobre la desconcertante incapacidad de los humanos. 
El relato no declara la razón de la sorpresa de los discípulos ante la exclamación inicial de Jesús, pero al parecer concierne a la actitud negativa del Maestro hacia la riqueza. La sorpresa se produce dada la sintonía de los discípulos con ciertas tradiciones deuteronómicas y sapienciales que sugieren que los que obedecen los mandamientos de Dios serán recompensados con la prosperidad en este mundo (por ejemplo, Dt 28,1-6; Prov 10,22; Eclo 11,17). Sin embargo, incluso la tradición sapiencial del Antiguo Testamento no es inequívocamente positiva sobre la riqueza (cf., por ejemplo, Prov 11,28; 16,8; 19,1.10; 22,1; 28,11) y existen ásperas críticas a ella y exaltaciones de la pobreza en otros lugares del Antiguo Testamento, sobre todo en los Profetas (por ejemplo, Is 10,1-4; 53,9; Am 2,6-8; Miq 20,1-5). También los salmos elogian con frecuencia al pobre, cuyo única esperanza es Dios y critican al rico que los explota y persigue (por ejemplo, Sal 10,2-11; 12,5; 37,12-22). 
Así pues, no es evidente por qué los discípulos en Marcos quedan sorprendidos ante la denuncia de la riqueza por parte de Jesús, especialmente cuando ellos mismos han subordinado ya el ansia de riquezas a la llamada del reinado de Dios (1,16-20; 2,14), hecho al que Pedro aludirá enseguida (10,28). Ciertamente, una comunidad como la de Marcos habría necesitado patronos ricos si algunos de sus miembros hubieran seguido ya las directrices de 10,29, apartándose de la unidad primaria de subsistencia económica en el mundo antiguo que era la familia. Por tanto, algunos de la comunidad marcana sintieron probablemente un alivio al oír a Jesús declarando al final que la salvación de los ricos, humanamente imposible, era posible para el poder de Dios (10,27). 


Sin embargo, antes de que pueda deducirse esta conclusión alentadora, Jesús incrementa el asombro de los discípulos afirmando que la entrada en el reinado de Dios es difícil no solo para el rico sino para todos (10,24b- 25). Esta observación, sin embargo, no disminuye la seriedad de la advertencia sobre el obstáculo que suponen las riquezas para la participación en la marcha triunfal de Dios en el mundo, que Jesús repite en 10,25. Mientras que los seres humanos piensan generalmente en la riqueza como un bien absoluto que proporciona el acceso a una vida plena, Jesús la describe paradójicamente como un impedimento para el logro de lo que es realmente importante: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios» (10,25). Esta imagen, deliberadamente grotesca, utiliza ideas tradicionales. El camello, que era el animal más grande nativo de Palestina, era proverbial por su tamaño, mientras que el ojo de la aguja era proverbial por su pequeñez. La consecuencia obvia de este punzante dicho, tomado aisladamente, consiste en que es imposible para el rico entrar en el reino de Dios, una suposición, sin embargo, a la que se ha opuesto una tenaz resistencia en la historia de la interpretación. Más preocupante aún ha sido el encaje de este dicho con la afirmación de Jesús sobre la dificultad general de entrar en el reino divino, lo que implica que el número de los que finalmente lograrán introducirse en él es, ciertamente, muy limitado. La respuesta de los discípulos está así justificada: «¿Quién puede salvarse?» (10,26). La respuesta lógica a la pregunta de los discípulos parecería ser que el pobre es quien será liberado y esta es ciertamente la respuesta que da Jesús en otros lugares de la tradición (Lc 6,20; St 2,5). En el pasaje presente, sin embargo, Jesús cambia el tema de la conversación sobre el conjunto que se salvará al agente de la salvación, combinando su conclusión con esa suerte de mirada cariñosa con la que se había dirigido al rico en la historia precedente: «Mirándolos, dijo Jesús: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios; pues todo es posible para Dios”» (10,27). A causa de esta vinculación con el pasaje anterior, hay que relacionar probablemente el verbo con la gracia divina que transforma lo imposible en posible, creando un nuevo pueblo de Dios a partir de un material humano sin esperanza…, una interpretación apoyada por la palabra «hijos» en 10,24 y por el eco en 10,27 del anuncio angélico en Gn 18 sobre un nacimiento milagroso que llevará a Israel a la existencia.

Comentario del 21 de agosto

Hablar del Reino de los cielos es siempre hablar de Dios y de su relación con nosotros. Ese propietario de la parábola que al amanecer sale a contratar jornaleros para su viña no puede ser otro que Dios, el Dios del Reino. Él es ese propietario que pide colaboración de sus criaturas y se compromete a pagar: un denario por jornada. Tal es el jornal ajustado previamente. Otros se incorporarán más tarde al trabajo: a media mañana, al mediodía, a media tarde y a la caída de la tarde. Y tras la jornada laboral llega el momento de la paga: Llama a los jornaleros –le dice el dueño al capataz- y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros, es decir, en orden inverso a los méritos contraídos o a las energías derrochadas.

Son precisamente los últimos, los que han trabajado menos en la viña, apenas un tercio de jornada o ni siquiera eso, los primeros en recibir el jornal. Este modo de proceder ya nos confunde y hasta nos parece injusto. ¿Por qué han de ser los primeros en recibir la paga los que se han incorporado más tarde al trabajo? Quizá porque pagando el jornal a los que menos lo merecen porque no han trabajado más que una reducida parte de la jornada, se pone más de manifiesto la bondad del dueño.

Pero este modo de actuar hace surgir de inmediato la protesta de los que no piensan como él y creen haber hecho más méritos que los que han sido recompensados con el jornal (el denario ajustado) de manera tan gratuita. Al recibir ellos también el denario con el que se habían ajustado, se sienten injustamente tratados y protestan: Estos últimos –dicen- han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros que hemos aguantado el peso del día y del bochorno. A pesar de haber recibido el precio convenido (un denario) se sienten injustamente tratados al compararse con aquellos jornaleros contratados a última hora que, con mucho menos esfuerzo, han conseguido el mismo premio. Se quejan, por tanto, de desigualdad en el trato. Su trabajo no ha sido valorado del mismo modo: unos, trabajando menos, han recibido la misma paga que ellos, que han aguantado el peso de la jornada completa.

Pero atendamos a las razones del propietario: ¿No nos ajustamos en un denario? Si la paga que recibes es lo convenido en el contrato –y eso es justo-, no te hago ninguna injusticiaToma lo tuyo y veteSi a este último quiero darle lo mismo que a ti¿es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿Vas a impedirme tú que yo haga regalos a quienes crea conveniente?

Es la respuesta que merece el que pretende juzgar la conducta de Dios desde sus mezquinos criterios de justicia, sin caer en la cuenta de que sus caminos y planes están en un nivel muy superior a los nuestros. Pero la protesta de aquellos jornaleros no estaba inspirada en motivos de justicia (una justicia alterada que había que restablecer), sino en la envidia: otros, con menor esfuerzo, habían conseguido lo mismo.

La envidia es la causante de muchas de nuestras protestas: No es justo –dice el estudiante- que éste, estudiando menos horas que yo, haya logrado la misma nota; no es justo que este compañero, por ser hijo de padres ricos, tenga más oportunidades que yo en la vida; no es justo que yo tenga que soportar esta enfermedad mientras que mi vecino rebosa de salud; no es justo que éste, que disfrutó de la vida cuanto pudo y se convirtió al final de sus días reciba de Dios la misma recompensa que yo que me he esforzado por serle fiel desde mi infancia; y así sucesivamente. Nuestras protestas se parecen mucho a la de los jornaleros de la viña y a la del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo.

El que así habla no ha descubierto aún el amor de Dios en su vida, no se siente hijo del mismo Padre y, por tanto, hermano de aquellos con los que se compara, no cree realmente en la bondad de Dios que se derrama sobre todos los vivientes. El que así protesta ha experimentado el trabajo por el Reino de los cielos, que es colaboración con el mismo Dios, sólo como fatiga y cansancio y no como gozosa y gratificante labor en beneficio del hombre, y no es capaz de advertir las penalidades y miserias soportadas por los que han vivido alejados del Señor en el vacío, la superficialidad, el libertinaje y la frustración.

Lo que no cuadra con nuestros mezquinos criterios de justicia lo calificamos enseguida de injusto, sin caer en la cuenta de que la justicia de Dios es más alta que la nuestra, tan alta que se confunde con su bondad. El salario con el que Dios se ajusta con nosotros es mucho más de lo que podemos merecer: el ciento por uno y mucho más que eso: la vida eterna. El que paga da también el trabajo, los medios y las fuerzas para trabajar; unos podrán incorporarse antes que otros; unos podrán trabajar más que otros, pero ninguno merece en estricta justicia la recompensa que recibe. No obstante, el hecho de trabajar nos permite conservar la conciencia de haber hecho algún mérito: una cierta dignidad ante el salario recibido. Pero no conviene olvidar nunca que semejante salario es en realidad regalo, gracia; porque hasta nuestros méritos son gracia, dado que de ella dependen.

Si queremos compartir los sentimientos de Cristo Jesús tenemos que alegrarnos con aquellos que son objeto de la bondad benéfica de Dios, sabiendo que también nosotros lo somos, porque la misericordia de Dios alcanza a todos los que colaboran mínimamente con Él.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

97. «El Sínodo renueva su firme compromiso en la adopción de medidas rigurosas de prevención que impidan que se repitan, a partir de la selección y de la formación de aquellos a quienes se encomendarán tareas de responsabilidad y educativas»[51]. Al mismo tiempo, ya no hay que abandonar la decisión de aplicar las «acciones y sanciones tan necesarias»[52]. Y todo esto con la gracia de Cristo. No hay vuelta atrás.


[51] DF 29.

[52] Carta al Pueblo de Dios (20 agosto 2018), 2: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (24 agosto 2018), p. 6.

Comentario Domingo XXI de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

¡ Señor de los encuentros! A pie descalzo en oración sincera.
¡Señor de los caminos! Empeñados en esta aventura apasionante. ¡Señor del misterio ! Aquí estamos sabiendo que Tú también estás con nosotros.
Porque Tú, Señor, te manifiestas al que te busca; porque Tú, Señor, eres la fuerza el que te encuentra. AMEN.

 

Lc 13, 22-30

«22Y atravesaba ciudades y pueblos enseñando y haciendo camino hacia Jerusalén.

23Pero uno le dijo: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”.
Pero él les dijo: 24“Luchad para entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os digo, buscarán entrar y no serán capaces.

25Cuando sea levantado el dueño de la casa y cierre la puerta, los que estéis fuera empezaréis a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’, y respondiendo os dirá: ‘No sé de dónde sois vosotros’. 26Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido delante de ti y has enseñado en nuestras plazas’. 27Y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois vosotros. ¡Apartaos de mí, todos hacedores de injusticia!’.

28Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras vosotros sois echados fuera. 29Y vendrán de oriente y occidente, y del norte y del sur, y serán sentados a la mesa en el Reino de Dios.

30Y he aquí que hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después de dos pequeñas parábolas sobre el Reino de Dios (el grano de mostaza, Lc 13,18-19; la levadura, Lc 13,20-21), protagonizadas, según la marca inclusivalucana, por un hombre y una mujer, el evangelio de hoy nos habla de la puerta de acceso a ese Reino y de quiénes entrarán al Reino. Alude a una circunstancia histórica: el pueblo judío contemporáneo de Jesús, primer depositario de la salvación, lo rechazó, a pesar de haberlo tenido tan cerca. Es el “primero que será último”. En cambio, pueblos procedentes de todas las partes de la tierra, que no habían conocido la tradición religiosa que desembocaba en la persona única de Jesús, entrarán primero. La alerta, naturalmente, nos es dirigida ahora a los cristianos de hoy, que debemos esforzarnos en un verdadero discipulado para no encontrar sorpresas de última hora. Después de nuestro texto, el evangelio nos presenta un breve texto sobre la libertad de Jesús ante Herodes, que es un anuncio de su destino (13,31-33) y las conmovedoras palabras de Jesús a una Jerusalén empeñada en rechazarlo (13,34-35).

 

TEXTO

El evangelio, tras un versículo de introducción (13,22), tiene como centro tres dichos de Jesús, que Lucas agrupa en un mismo bloque:

a) vv. 23b-24: el dicho de la puerta estrecha;

b) vv. 25-27: el dicho de la puerta cerrada;

c) vv. 28-29: el dicho del lamento por no participar del Reino.

En el primer dicho, el acento está puesto en la ética, con la imagen de la lucha por entrar en el Reino: este no es un tobogán por el que se baja sin ningún esfuerzo.

En el segundo dicho, el acento se pone en el no reconocimiento por parte de Jesús de los que, en principio, eran sus seguidores: es una alerta importante parano “dejarnos” en el discipulado.

En el tercero, el énfasis está en la sorpresa de unos discípulos que no disfrutandel Reino, con la tradicional imagen del “llanto y rechinar de dientes”. Todos estos elementos literarios y catequéticos desembocan en la conclusión del texto, en el v. 30, en uno de los más impactantes dichos paradójicos de Jesús: el “orden” queda totalmente subvertido.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Seguimos en camino hacia Jerusalén (y hacia la meta, el Reino). Lucas insiste en recordarnos este dato (9,51.53.57; 10,1.38; 11,1; 13,22.33; 14,25; 17,11; 18,31.37; 19,1.11.28) y nos sugiere así una enseñanza clara: tenemos que asumir con decisión el camino de nuestro discipulado, sin pensar que, con lo que somos y hacemos, ya hemos llegado a la meta. No podemos detenernos complacientemente, porque tenemos que conformarnos a Jesús hasta el final. ¿En qué aspectos de nuestro seguimiento estamos más parados? ¿En cuáles deberíamos avanzar más?

• Ni ser israelita entonces ni ser cristiano ahora garantiza por sí mismo la entrada en el Reino de Dios. Al revés, la “seguridad” de pertenecer a la Iglesia o tener en ella ministerios diversos puede ser un obstáculo real para entrar en la soberanía salvadora de Dios. En este sentido, tres alertas de Jesús:

• La puerta estrecha: en Lc 3,8, Juan Bautista aleccionaba a los que acudían a él para que no se confiaran por ser descendencia de Abraham, sino quedieran “frutos de conversión”. Los frutos de un seguimiento exigente de Jesús, cuyas palabras hay que hacer, no simplemente escuchar (cf. 6,46) pueden estar en el fondo de la imagen de la puerta estrecha. En tal sentido, debemos preguntarnos por la distancia que hay entre lo que decimos creer y lo que hacemos.Entrar (en el Reino) no es algo automático.

• La puerta cerrada: “No sé de dónde sois” (vv. 25.27). Si no basta haber convivido con Jesús, si no basta haber escuchado su enseñanza, ¿qué más podemos hacer? Jesús declara “injusticia” un modo convencional de relacionarse con él. ¿A qué nos está urgiendo?

• La imagen del llanto y rechinar de dientes expresa el fracaso y la desilusión de unos seguidores que creían tener acceso fácil al Reino y descubren que Dios lo ha poblado de “extranjeros”, de “extraños” (y estos términos también son “imagen”). El paradójico dicho del v. 30 nos indica que el orden de valores para Jesús no coincide con el nuestro y que, en nuestro camino discipular, tenemos que conformarnos a Jesús, y no acomodar su persona y mensaje a nuestros intereses.

• El texto en su conjunto nos alerta para no confiarnos. La alerta, potente, nos debe hacer reflexionar hondamente sobre nuestro discipulado: ¿cómo avanza? ¿cómo crece? ¿cómo va siendo cada vez más fiel a la persona y al proyecto de Jesús, nuestro Maestro?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXI de Tiempo Ordinario

XXI Domingo de Tiempo Ordinario
25 de agosto 2019

Isaías 66, 18-21; Salmo 116; Hebreos 12, 5-7. 11-13; Lucas 13, 22-30

La Puerta Angosta

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén.

Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?» Jesús le respondió:

«Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos».

 

Reflexión

Para pasar al siguiente grado de la escuela hay que cumplir ciertos requisitos, ¿cuáles son? Hay ciertos comportamientos que puede echar un estudiante de la escuela, ¿cuáles son? Jesús compara la salvación con una puerta angosta donde muchos no podrán entrar. Jesús dice que algunos trataran de entrar y les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’. Jesús deja entrar a conocidos. ¿Cómo conocemos a Jesús? (orando, leyendo la biblia, pasando tiempo con El en la misa y en el Santísimo, consultando con Él las decisiones de nuestra vida…) Jesús dice: ‘Apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal’. Si conocemos y amamos a Jesús, hacemos el bien para agradarlo. Los que no conocen a Jesús, hacen el mal para agradarse a sí mismos. Cada día podemos crecer en amistad con Jesús para amarlo y hacer el bien a otros, así ganando la vida eterna.

 

Actividad

En la siguiente página, hay un laberinto para buscar el camino al Reino de Dios; pero con caminos a vicios, dinero o moda que nos desvían del camino al Cielo. Colorear. Hablar de los caminos que nos llevan a la vida eterna y los que nos desvían.

 

Oración

Señor, ayúdame a conocerte más todos los días, amarte más, seguirte más, obedecerte más. Quiero que seas mi mejor amigo. Guíame para llegar algún día al Reino del Cielo contigo. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Miren esta cuchara. Está doblada, fuera de forma. Me disgusta mucho cuando esto pasa. Si tratara de sacar mantecado (helado) con esta cuchara, sería muy difícil. La cuchara seguiría doblándose más y más y no sacaría el mantecado. Si tratara de tomar sopa con esta cuchara, muy posiblemente la sopa se me caería en la camisa. Una cuchara fuera de forma, no sirve para mucho.

Las personas también podemos salirnos de forma. La edad, una enfermedad, heridas o accidentes pueden causar que el cuerpo de una persona pierda su forma. Quizás tu conoces alguien que no puede mantener derecha su espalda cuando se pone de pie o camina. Su cuerpo ha perdido la forma, tal como esta cuchara.

A veces una persona siente coraje por algo. Muchas veces es por algo que no tiene mucha importancia. Cuando esto pasa, podemos decir que se ha salido de forma. ¿No has oído la frase «te estás saliendo de forma, contrólate»?

La lección bíblica de esta mañana trata de dos personas que estaban bien fuera de forma. La primera persona tenía su cuerpo fuera de forma. Un sábado Jesús estaba enseñando en la sinagoga. Mientras enseñaba vio a una mujer que había sido inválida por 18 años. La Biblia nos dice que estaba doblada y no podía pararse derecha.

¿Qué crees que Jesús hizo cuando vio a esta mujer? ¡Adivinaste! Él la sanó. Cuando Jesús vio a la mujer le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Entonces la tocó e instantáneamente ella pudo pararse derecha. La mujer comenzó a alabar y darle gracias a Dios por su sanidad.

Bueno, fue en ese momento cuando la segunda personas de nuestra historia perdió su forma. La Biblia nos dice que al líder de la sinagoga le dio mucho coraje, porque Jesús había sanada a la mujer en el sábado. «Hay seis días en que se puede trabajar, así que vengan esos días para ser sanados, y no el sábado», dijo.

Jesús contestó al líder de la sinagoga: «¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro en sábado, y lo saca del establo para llevarlo a tomar agua? Sin embargo, a esta mujer, que es hija de Abraham, y a quien Satanás tenía atada durante dieciocho largos años, ¿no se le debía quitar esta cadena en sábado?»

¿Ves?, Jesús siempre se preocupaba más por ayudar a las personas que por mantener las reglas. Las reglas o leyes son buenas, pero las personas son más importantes. Debiéramos recordar esto la próxima vez que comencemos a salirnos de forma al ver a alguien salirse de las reglas un poco al tratar de ayudar a alguien que está en necesidad.

Comentario al evangelio – 21 de agosto

La Palabra sigue siendo provocadora. Hoy se nos coloca ante otro de esos textos evangélicos incómodos para quienes tendemos a sentirnos suficientemente buenos. No olvidemos que Jesús habló más de una vez para aquellos que “teniéndose por justos despreciaban a los demás” (Lc 18, 9). El texto de hoy puede recoger otro de esos momentos.

Pasa en muchas de nuestras familias. Los que creemos estar en posesión de la verdad y haber cumplido siempre como buenos hijos (también sobre esto hay alguna parábola evangélica) no entendemos que nuestros padres y nuestros abuelos traten a algunas personas “como si nunca hubiera pasado nada”. No es extraño que quienes han sido directamente ofendidos o sí merecerían una disculpa callen mientras otros levantamos la voz: “pero con lo que ha/han hecho”, “pero sin pedir perdón”, “¡pero cómo tienen tanta cara!”…

Sin embargo, la madre y el abuelo, como el empresario de la parábola, sin dejar de darnos a cada uno lo prometido, deciden ser singularmente generosos con “esos”. Demasiadas conversaciones entre cristianos recuerdan a aquella pregunta de Pedro: ¿y éste qué? (Jn 21, 21).

Y en ambos casos, en el del texto joánico y en el de hoy, la respuesta suena parecido: ¿y si Yo quiero hacer las cosas de esta manera qué pasa?, ¿o es que te molesta que Yo sea bueno?

¡Y nosotros seguimos empeñados en enseñar al Señor cómo ha de tratar a cada uno de sus hijos!