Santoral 22 de agosto

Agosto, hemos dicho, es mes de las fiestas de la Virgen. Hoy la veneramos con un título universal de Reina. Este título completa la fiesta de la Asunción de María, ya resucitada en el cielo. Participó en la obra salvadora de su hijo y ahora participa el honor de ser la Reina-Madre del Rey del universo. En el cielo es superior a los ángeles y bienaventurados. Así la saludamos en la Salve: Reina y Madre. En la letanía la invocamos como reina de las más grandes santos y de las más nobles actividades. Un día recibirá este reconocimiento de todos los hombres. Tenemos que adelantarnos a esta apoteosis final reconociéndola ya como reina nuestra junto a Cristo en la tierra. La fiesta de María Reina fue instituida por Pío XII y Pablo VI determinó este día para celebrarla.

Los agustinos esperan ver pronto en los altares a su hermano el Venerable Abilio Gallego. Nació en Bárcena de Campos (Palencia) en 1895 y entró en el noviciado agustino de La Vid (Burgos), donde tuvo de profesor al beato, obispo y mártir Padre Polanco. Su sueño desde niño era ser misionero y morir por Cristo. Sus compañeros le apellidaban cariñosamente «el chinito». Los superiores lo destinaron a la misión de Changteh (Hunan) en 1921, donde ejerció sus cualidades de escritor, poeta, médico, arquitecto y maestro, sin descuidar su vida contemplativa. Los chinos le llamaba el pobre europeo. Los revolucionarios comunistas desolaron su misión dos veces. El 22 de agosto de 1923 se embarcó para Yochow con un catequista y un monaguillo para celebrar con sus hermanos la fiesta de san Agustín. Sorprendido por unos desertores de las milicias comunistas le ataron las muñecas, el jefe de la banda le agarró de la barba mientras estaba de rodillas rezando y lo degolló junto al cadáver de su catequista Andrés Chang. Se cumplía así el sueño de su vida. La Orden ha introducido la causa de beatificación.

Reconocen la realeza de maría en el cielo los santos Andrés de Fiésole abad, Atanasio, Antusa y compañeros mártires, Etelguita abadesa, Fabriciano y Filiberto mártires venerados en Toledo, Felipe Benicio presbítero, Juan Kemble ahorcado por el rey inglés Carlos II, Juan Wall sacerdote franciscano ahorcado también por el mismo rey, Mauro y 50 compañeros mártires de Roma, Sigfrido abad, Sinforiano mártir y Timoteo mártir también de Roma.

También le tributan los honores de Reina a María los beatos Bernardo de Offida religioso capuchino, Elías Leymaría de Laroche víctima de la revolución francesa, Guillermo Lacey y Ricardo Kirkman mártires en tiempo de Isabel I, Lamberto abad cisterciense, Santiago Bianconi dominico, Timoteo de Monticchio franciscano de gran austeridad de vida y Tomás Percy, conde, decapitado en tiempo de Isabel I de Inglaterra. Con todos ellos reconocemos a la Madre de Dios como Reina de nuestros corazones y le pedimos su bendición.

Álvaro Maestro Jesús

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