La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- MARÍA

La historia importante de Nazaret comienza con María, aunque nadie lo había advertido; vino al mundo como los demás niños, pero, de una manera oculta, fue a la vez la primera señal de una Redención ya muy cercana. Era el comienzo del amanecer definitivo. Nazaret se va a convertir en el centro del Cielo y de la tierra.

Una antigua tradición, de la que ya tenemos constancia en el siglo II, señala que sus padres se llamaban Joaquín y Ana. Quizá nunca supieron que su hija María había sido concebida sin la mancha del pecado original y que poseía en su alma la gracia desde el primer momento de su existencia en el seno materno. Quizá no llegaron a saber que Dios la miró y la custodió en cada instante con un amor único e irrepetible.

San Lucas, tan diligente en examinar todas las fuentes que le pudieran aportar noticias y datos, omite cualquier referencia a esos primeros años de María. Muy probablemente, Nuestra Señora nada dijo de este tiempo, porque poco había que contar: todos los hechos extraordinarios transcurrieron en la intimidad de su alma, mientras el Espíritu Santo y Dios Padre esperaban sin prisa el momento de la Encarnación del Hijo. Luego vendrán los evangelios apócrifos e inventarán leyendas increíbles para llenar estos años de normalidad. Y nos dirán que vivía en el Templo, que los ángeles le llevaban de comer y hablaban con ella…

La crítica ha rechazado las narraciones apócrifas que suponían a María en el Templo, desde la edad de tres años, consagrada a Dios con un voto de virginidad[1]. La idea de un voto como tal es incomprensible en el ambiente judío de hace dos mil años, y tampoco se compagina bien con el matrimonio contraído por María. Pero se debe pensar con toda lógica que la Virgen, movida por el Espíritu Santo, se dio a sí misma al Señor ya desde su infancia.

Por esta plena pertenencia, que incluye la dedicación virginal, Nuestra Señora podrá decir al ángel: no conozco varón, desvelando delicadamente una historia de entrega que había tenido lugar en la intimidad de su alma[2]. María es ya una primicia del Nuevo Testamento, en el que la excelencia de la virginidad cobrará todo su valor, sin menguar por eso la santidad del matrimonio.

María fue una niña normal, que llenó de gozo a todos cuantos la trataron en la vida corriente de un pueblo no demasiado grande. Alegró con su presencia la vida de todos.


[1]Estas fantasías están relatadas principalmente en el Protoevangelio de Santiago. Este escrito apócrifo se extiende sobre supuestos hechos de la vida de María y de la infancia de Jesús. La trama fundamental es la de los evangelios canónicos aumentada con gran cantidad de prodigios inventados. Estuvo muy difundido en los primeros siglos.

La Iglesia, sin embargo, prescindiendo del aspecto apócrifo, y siguiendo una tradición muy antigua sobre todo en Oriente, ha conservado la fiesta de la Presentación de la Virgen María (21 de noviembre), por su «contenido de alto valor ejemplar» (ver Enc. Marialis cultus,2-II-1974, n. 8).

[2]Cfr. BENEDICTO XVI, La infancia de Jesús, pp. 40-42 y 52-63.