Vísperas – San Agustín

VÍSPERAS

SAN AGUSTÍN, Obispo y doctor

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre sin principio,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada,
de la Virgen María, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

No dejéis de brillar, faros divinos,
con destellos de luz que Dios envía,
proclamad la verdad en los caminos
de los hombres y pueblos,
sed su gloria. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?+

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante y sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

R/ En la asamblea le da la palabra.
V/ En la asamblea le da la palabra.

R/ Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V/ Le da la palabra.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

            Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con  una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores,
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas que para nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Renueva, Señor, en tu Iglesia, el espíritu que infundiste en tu obispo san Agustín, para que, penetrados de ese mismo espíritu, tengamos sed de ti, fuente de la sabiduría, y que te busquemos como el único amor verdadero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 28 de agosto

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 23,27-32

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ` Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’ Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

3) Reflexión

• Estos dos ‘ay’ que Jesús pronuncia contra los doctores de la ley y los fariseos de su tiempo, retoman y refuerzan el mismo tema de los dos ‘ay’ del evangelio de ayer. Jesús critica la falta de coherencia entre palabra y práctica, entre interior y exterior.
• Mateo 23,27-28: El séptimo ‘ay’ contra los que parecen sepulcros blanqueados. “Ustedes por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.. La imagen de “sepulcros blanqueados” habla por sí sola y no necesita comentario. Jesús condena a los que tienen una apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de aquello que quieren aparecer por fuera.
• Mateo 23,29-32: El octavo ‘hay’ contra los que edificáis los sepulcros de los profetas, pero no los imitan. Los doctores y los fariseos decían: Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’ Y Jesús concluye: personas que hablan así “confiesan que sois hijos de los que mataron a los profetas”, pues ellos dicen “nuestros padres”. Y Jesús termina diciendo: “Pues bien: colmad también vosotros la medida de vuestros padres!” De hecho, a esas alturas de los acontecimientos, ellos ya habían decidido matar a Jesús. Y así acababan de colmar la medida de los padres.

4) Para la reflexión personal

• Dos más ‘ay’ para recibir la crítica de parte de Jesús. ¿Cuál de los dos cabe en mí?
• ¿Cuál es la imagen de mi mismo/a que trato de presentar a los otros? Corresponde a lo que soy de hecho ante Dios?

5) Oración final

¡Dichosos los que temen a Yahvé
y recorren todos sus caminos!
Del trabajo de tus manos comerás,
¡dichoso tú, que todo te irá bien! (Sal 128,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 10, 28-31

28Empezó Pedro a decirle: “He aquí que nosotros hemos dejadotodo y te hemos seguido”. 29Dijo Jesús:En verdad os digoque nadie hay que haya dejadocasa, o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o campos por mi causa y por el evangelio, 30que no reciba el céntuplo ahora, en este tiempo, en casas, hermanos, hermanas, madre, hijos, campos, con persecuciones, y en el tiempo venidero, la vida eterna.31Pero muchos primeros serán los últimos y los últimos, primeros”».

• 10, 28-31: Las recompensas del discipulado. Esta parte tiene su punto de partida en la afirmación enfática de Pedro de que él y sus condiscípulos habían hecho ya lo que el hombre rico no se había decidido finalmente a cumplir, a saber, dejar todo para seguir a Jesús (10,28). Este responde con dos largas sentencias que son en gran parte simétricas (10,29-30). Esta simetría destaca la afirmación de que no se perderá nada importante a causa del discipulado; en verdad, los elementos abandonados serán sustituidos al ciento por uno. Pero hay también un contraste asombroso entre los beneficios prometidos para «este tiempo» y la única recompensa garantizada para la edad futura, lo que implica que esa, la vida eterna, es más valiosa que todas las ventajas de la edad presente. Es también significativo que el sintagma «con persecuciones» ocupe un lugar paralelo a la precisión «por mí y por el evangelio»: compartir con Jesús su proclamación de la buena nueva, cargada de poder, significa también tener parte en sus sufrimientos (cf. Flp 3,10).

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p style=»text-align:justify;»>Estos versículos hacen hincapié en que seguir a Jesús puede suponer una separación dolorosa de los miembros de la familia (cf. 1,18-20; 13,12-13), pero a la vez prometen que los cristianos descubrirán una nueva familia en la Iglesia, así como nuevas «casas» (u «hogares») y «campos». La referencia a campos es interesante ya que recuerda Hch 4,32-37, donde un hombre rico vende un campo y pone los beneficios a los pies de los apóstoles; este pasaje entero, con Hch 2,44-45, proporciona una imagen gráfica de la «familia» cristiana en Jerusalén que comparte todo y que apoya a los necesitados entre ellos gracias a la generosidad de los ricos. Aunque este cuadro sea una idealización, no hay duda de que los cristianos primitivos eran conocidos por su apoyo mutuo, considerado a veces excesivo por los extraños. Esta conciencia de familia aparece por todas partes en el Nuevo Testamento (Jn 19,26; Rom 16,13; 1Tm 5,1-2) y tiene profundas raíces en el Antiguo Testamento. Pero hay algo en lo que nuestro pasaje es más radical que los precedentes, ya que habla de abandonar a los parientes más que de ser abandonado por ellos. Esta actitud más agresiva, manifestada también en otros lugares de la tradición sobre Jesús (cf. Mc 1,18-20; Mt 8,21-22 // Lc 9,59- 60; Mt 10,34-36 // Lc 12,51-53), entra en tensión con el cuarto mandamiento, que manda honrar al padre y la madre (Ex 20,12 // Dt 5,16), precepto que Jesús acaba de citar con aprobación en 10,19. Hay una discordancia, pues, entre el cuarto mandamiento, que en el Antiguo Testamento y la tradición judía promete bendiciones en esta vida y en la próxima a los que honran a sus padres, y la tradición de Jesús que promete bendiciones similares a los que los abandonan.
Sin embargo, la idea de rechazar a los padres por el reinado de Dios tiene también un precedente veterotestamentario en la descripción deuteronómica de Leví, «quien dijo de su padre y madre: “No los tengo en cuenta”; Leví no hizo caso de su familia y no consideró a sus hijos» (Dt 33,9).

Aparte de esta tensión con el cuarto mandamiento, lo más asombroso de la lista de miembros de la familia perdidos y hallados en 10,29-30 son sus dos omisiones. Primera, no hay referencia ninguna al abandono del marido o de la esposa, lo que concuerda con la enseñanza de Jesús sobre el matrimonio indisoluble en 10,1-12; es lógico, pues, que Lucas, cuyo Jesús habla realmente del abandono de la esposa (18,29; cf. 14,26), omita también la doctrina sobre el matrimonio indisoluble. Segundo, no hay tampoco referencia alguna a los padres en la lista de nuevos parientes en 10,30, aun cuando sean mencionados en la lista de miembros abandonados de la familia en 10,29. Es probable que Dios tome el lugar del padre terrenal, pero teniendo en cuenta el hecho de que Jesús acaba de referirse a los discípulos como a sus propios hijos (10,24) y la posible imagen paternal cuando toma a los niños en brazos en 9,36, más su bendición a los pequeñuelos en 10,16 y su mirada cariñosa en 10,21, es también concebible que Jesús mismo actuara como figura paterna para los cristianos marcanos que habían quedado huérfanos.

El contexto escatológico lleva al versículo final de la perícopa, la famosa declaración de que los primeros serán los últimos y los últimos, los primeros (10,31; cf. 9,35). El flujo del pensamiento en el pasaje sugiere que muchos de aquellos, como el hombre rico, que han tratado de hacerse los «primeros» manteniendo sus propiedades y sus relaciones familiares estables «en este tiempo», serán los últimos en el eschaton, el tiempo final. A la inversa, aquellos como los discípulos, que han dejado todo y se han hecho así los «últimos», serán los primeros, una posición de privilegio anticipada por la generosidad de la «vida familiar» experimentada ya dentro de la comunidad cristiana. Pero es también posible interpretar 10,31 como una advertencia contra la arrogancia de los apóstoles que matiza la promesa dirigida a los discípulos en 10,30: a pesar de los privilegios que ahora disfrutan, todavía podrían encontrarse con que se han quedado cortos. Esta interpretación estaría en consonancia con la representación global de los discípulos en nuestra perícopa y en el conjunto del evangelio.

La yuxtaposición de 10,31 con la predicción de la Pasión en 10,32-34 sugiere una posibilidad exegética más ominosa aún: si el primero será el último, entonces Jesús, que por sus derechos es el «primero» (Col 1,15), debe hacerse el último y el siervo de todos por medio del sufrimiento y la muerte brutal y vergonzosa en la cruz (cf. 10,45; Flp 2,6-8); pero si el último será el primero, hay también esperanza de que él, con cuantos lo siguen «en el camino» del sufrimiento y la muerte, experimentará el poder de la resurrección escatológica precisamente porque ha transitado por este camino (cf. Flp 2,9-11). En el siguiente pasaje, esta inversión hallará su expresión más explícita cuando Jesús aluda al cumplimiento de las esperanzas mesiánicas (el Hijo del Hombre que se acerca a Jerusalén), su descenso al valle de la muerte y su resurgimiento de ese valle «después de tres días».

Comentario del 28 de agosto

Continuamos en el capítulo 23 del evangelio de Mateo y, por tanto, en la diatriba de Jesús contra el fariseísmo de los fariseos. El vicio que más resalta en su conducta es sin duda el de la hipocresía; tanto es así que prácticamente podría intercambiarse el término fariseo por el de hipócrita. Es precisamente en este pasaje que ahora comentamos donde Jesús concentra toda su crítica en este punto cardinal: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.

De nuevo la contraposición entre lo de fuera y lo de dentro que hace posible la hipocresía. De no haber esta doble vertiente, no sería posible el ocultamiento ni la apariencia engañosa. La mirada crítica de Jesús llega hasta el fondo de las personas y descubre lo que allí se esconde y pasa desapercibido a la mirada de los que sólo ven la fachada de las cosas. Pero, si tras la blancura encalada de los sepulcros hay huesos y podredumbre, tras la buena apariencia de los fariseos hay hipocresía y crímenes. Eso es lo que encuentra la mirada que penetra en el interior de tales personas. La imagen del sepulcro encalado es la imagen perfecta para describir la podredumbre que se oculta tras una apariencia de bondad. Y ese ocultamiento pretendido es hipocresía. La hipocresía no deja ver lo que se oculta, y la cara que muestra es engañosa, pura apariencia.

Es la misma hipocresía que lleva a los fariseos a honrar a los profetas y justos que habían sido asesinados por sus antepasados, edificándoles sepulcros y ornamentando sus mausoleos. De esta manera aparentan desmarcarse de sus antepasados en una acción que les merece condena. Pero, obrando así, les dice Jesús, están atestiguando en su contra que son hijos de aquellos asesinos que dieron muerte a los profetas. A pesar de todo, la actitud de los hijos no ha cambiado respecto de la de sus padres. Aparentan conversión, pero como sus antepasados también ellos siguen persiguiendo a los incómodos profetas que les son contemporáneos, profetas como Juan el Bautista o el mismo Jesús, que siente ya la presión de su mirada homicida.

En realidad, y a pesar de levantar mausoleos a los antiguos profetas, no tienen ningún aprecio por el profetismo representado por los profetas de todos los tiempos, y no tardarán mucho en colmar la medida malévola de sus padres, cometiendo un nuevo asesinato, dando muerte no a un profeta más en la larga lista de los profetas rechazados, sino al mismo hijo (y heredero) del dueño de la viña, enviado en último término para reclamar el fruto debido. Después, y no pudiendo soportar el peso de la culpa, buscarán razones para justificar el homicidio, amparándose en la ley. Dirán: conviene que muera un hombre por todo el pueblo; y también: debe morir porque ha blasfemado al proclamarse Hijo de Dios.

Eran razones con las que pretendían justificar nuevamente la condena de un justo, pero razones de esa hipocresía que no toleraba no tener motivos para obrar así, dictando sentencia de muerte. ¿No vivimos también nosotros en esta búsqueda incesante de razones reales o ficticias para justificar nuestros innumerables actos de cobardía, de villanía, de omisión de auxilio, de pasividad, de indolencia, de falta de generosidad, etc., porque de no encontrar tales razones no soportaríamos la vida?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

104. Te recuerdo la buena noticia que nos regaló la mañana de la Resurrección: que en todas las situaciones oscuras o dolorosas que mencionamos hay salida. Por ejemplo, es verdad que el mundo digital puede ponerte ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no olvides que hay jóvenes que también en estos ámbitos son creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven venerable Carlos Acutis.

Comentario Domingo XXII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, queremos un corazón vacío, desinstalado.
Queremos un corazón desnudo, despojado y pobre.
Queremos un corazón con aire fresco de la mañana.
Queremos un corazón al soplo de tu Espíritu.

Señor Jesús, ábrenos el corazón a la escucha.
Ábrenos el corazón desde la soledad, desde el silencio.
Ábrenos el corazón al contacto de tu Palabra.
Ábrenos el corazón al soplo de tu Espíritu. AMEN.

Lc 14, 1. 7-14

«1Y sucedió que, al ir él un sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando.

[vv. 2-6]
7Pero les decía a los invitados una parábola, notando cómo elegían los primeros puestos:

8“Cuando seas invitado por alguien a una boda, no te coloques en el primer puesto,
no sea que haya sido invitado por él otro más distinguido que tú, 9y viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a este’, y entonces vayas a ocuparcon vergüenza el último puesto.

10Al contrario, cuando seas invitado, yendo siéntate en el último puesto, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Entonces, será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa.

11Porque todo el que se ensalce a sí mismo, será humillado; y el que se humille a sí mismo, será ensalzado”.

12Pero decía también al que le había invitado:

“Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que también ellos te inviten, y tengas tu recompensa.

13Al contrario, cuando hagas un banquete, invita a pobres, a lisiados, a cojos, a ciegos; 14y serás bienaventurado porque no tienen para corresponderte, porqueserás correspondido en la resurrección de los justos”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy sigue a las palabras de Jesús a Jerusalén (Lc 13,34-35). Seguimos en el camino hacia la ciudad santa. Comienza el capítulo 14, del que se toma el primer versículo para ambientar el texto.

Sin embargo, los siguientes versículos (2-6), que narran la curación de un hidrópico, no son proclamados hoy. Todavía la siguiente escena a nuestro evangelio se sitúa en la misma comida a la que había acudido Jesús (14,15-24). Y en 14,25 Jesús reanuda el camino a Jerusalén y sigue dando lecciones de renuncia, lecciones de discipulado. Asomarán entonces las tres parábolas de la alegría, que ocupan todo el capítulo 15.

Pero ahora Jesús está de comida. Es una característica típica de Jesús en los evangelios: hizo de la mesa compartida un espacio privilegiado de evangelización. Si toda comida implica relación, amistad, socialización, las comidas de Jesús serán tan importantes que de ellas surgirá el sacramento fundamental de la vida cristiana: la Eucaristía.

 

TEXTO

El evangelio, aparte del versículo 1 de introducción a la escena, está muy bien elaborado, de modo que en el centro (v. 11) se halla el corazón del mensaje: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, dice 1Pe 5,5 haciéndose eco del libro de los Proverbios.

Ese mismo tono tiene el Magnificat (Lc 1,46ss). Es la enseñanza central de hoy. Las dos partes que rodean ese centro tienen la misma estructura: ambas comienzan con una pequeña introducción a las palabras de Jesús (vv. 7 y 12a) y luego siguen con una oración con valor temporal o condicional (vv. 8 y 12b), que ofrecen sendas sugerencias negativas de Jesús (“no te coloques…”, “no llames…”); después, con sendos “al contrario” (vv. 10 y 13), vienen las recomendaciones positivas (“vete a sentarte…”, “invita a pobres…”); finalmente, en ambas partes Jesús habla de la recompensa obtenida (vv. 10b y 14). En el texto sobresale el vocabulario de invitación (9 veces) y el comportamiento adecuado ante el ser invitado / invitar. Este es metáfora de un comportamiento interior: el valor de la humildad; y de un comportamiento exterior: el valor de la solidaridad y la comunión de mesa.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El texto insiste en la imagen de la invitación a un banquete y nos interpela para que reflexionemos en torno a esa idea. Ser invitado siempre despierta sentimientos de gratitud, de reconocimiento, de honor, de unión… En este sentido, ¿nos sentimos invitados por Dios? ¿A qué?

• La búsqueda del honor y de la estima es común a todos los seres humanos, pero el texto anima a reconocer el honor de los otros, sobre todo de los que son tenidos en nada, y a ser modesto uno mismo. Hay que defender la dignidad común de todas las personas: elevando la dignidad de los marginados (“invitar a pobres, lisiados, cojos y ciegos”) y rebajando las pretensiones propias (“no pretender lugares de privilegio”).

• Subyace una idea básica de carácter teológico: los puestos en la fiesta los asigna el anfitrión (Dios), no dependen de nuestros supuestos méritos, sino de su gratuidad y generosidad. Y Dios tiene un concepto del honor bastante diferente al que manejamos los humanos. ¿O no?

• La comunión de mesa era una marca característica de Jesús, una comunión que elimina la desigualdad y dignifica a todos. Los cuatro grupos a los que no debemos invitar (“amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos”) se contrapone a los cuatro que tenemos que atender (“pobres, lisiados, cojos y ciegos”). Así,Jesús nos enseña a ser personas inclusivas, opuestas rotundamente al exclusivismo y a la marginación de los más desfavorecidos.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXII de Tiempo Ordinario

XXII Domingo de Tiempo Ordinario
1 de septiembre 2019

Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29; Salmo 67; Hebreos 12, 18-19. 22-24a; Lucas 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Ver Evangelio Ilustrado:
https://www.churchforum.org/www.churchforum.org/files/C_ORD22_D.pdf

Reflexión

Imaginemos que somos invitados a una boda en un gran salón, donde hay una mesa muy larga para el novio, sus padres, familiares y amistades más cercanas. Hay tambien otras mesas para el resto de los invitados, ¿Dónde se sentarían? (Jesús nos dice que todo el que se eleva, será humillado y el que se humilla será elevado).

Dios nos regala talentos o dones como ser el primero de clase, ser el más goleador del equipo, tener la última cónsola de videojuego, etc. Cómo nos sentimos por estos pequeños éxitos? (Todos nuestros éxitos son regalos de Dios, para ponerlos al servicio de los demás, de los más débiles). Usamos estos talentos para ayudar a los demás sin esperar nada a cambio? (Hagamos el bien sin esperar nada a cambio, porque nuestra recompensa la estaremos ganando en el cielo).

Actividad

En la siguiente página colorear el evangelio y completar en la grilla la enseñanza de Jesús.

Oración
Señor Dios, ayúdame a a ser siempre agradecido por todo lo que me das, a saber que todo lo que tengo y lo que soy viene de Ti. Enséñame a hacer cosas buenas por los demás sin esperar nada a cambio.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

En esta mañana he traído unos globos. Un globo es un juguete muy simple que puede traer mucho gozo a personas de cualquier edad. ¡Son tantas las cosas que se pueden hacer con los globos! Puedes usarlos como decoración en una fiesta o puedes jugar con ellos, como si fuera una bola, dándole en el aire sin dejarlo caer. Si tienes uno de esos globos largos y delgados puedes hacer figuras de distintos animales. La verdad es que un globo puede traer mucha felicidad, pero también puede traer tristeza y desilución. ¿No han visto ustedes llorar a un niño pequeño cuando su globo se le ha explotado?

Tú y yo a veces somos como un globo. Muchas veces nos inflamos (nos ponemos orgullosos) pensando en que somos importantes. (Comience a llenar el globo) Pensamos que somos lo mejor que hay y esperamos que todos piensen de esa manera. (Siga soplando) Quizás pensamos que somos muy guapos o bonitas (Sople) o muy inteligentes. (Sople) Quizás nos destacamos en los deportes, (Sople) o creemos que somos los mejores cantantes del coro. (Continúe inflando el globo) Ya sea ahora o más tarde, si seguimos inflándonos con aires de importancia, algo le podrá ocurrir a nuestro globo. (Explote el globo.)

Jesús nos advirtió que esto pasaría. La Biblia nos enseña que si creemos que somos mejores que los demás, seremos humillados. Por otro lado, si somos humildes y nos damos cuenta de que sólo podemos hacer cosas gracias al poder de Dios, obtendremos un lugar de honor en el reino de Dios.

De ahora en adelante, cuando veas un globo, espero que se acuerden de que no debemos ser orgullosos ni arrogantes, dándonos aires de importancia, ya que algo puede venir y explotar ese globo que hemos inflado.

Jesús, ayúdanos a no ser orgullosos. Acuérdanos que cualquier habilidad que tengamos proviene de Tí y es regalo tuyo y que por lo tanto Tú eres el que merece toda la alabanza. Estas cosas oramos en tu santo nombre. Amén.

Comentario al evangelio – 28 de agosto

«¡Qué buen aspecto y color tienes!» –decimos a un conocido–. «No me quejo del aspecto, sino del mal que llevo dentro» –responde–. A veces las apariencias engañan y hay enfermedades traidoras que no se delatan. Otro ejemplo: actualmente, está muy de moda la tanatopraxia: consiste en embellecer el cadáver, devolverle el aspecto natural, dar la impresión de que está vivo. Hay cursos de maquillaje que adiestran en esa operación. Claro, no se le devuelve la vida, sino solo, fugazmente, el buen aspecto; no es una victoria sobre la muerte, sino sobre su apariencia.

Nos gusta que los demás tengan una buena imagen de nosotros y piensen que somos gente honrada, personas fiables, profesionales competentes y esmerados, compañía grata. La buena imagen y la buena fama son un bien, aunque no un bien absoluto.

Pero ¿de qué le sirve al cadáver su envidiable aspecto? ¿De qué valen las apariencias o la buena impresión que podamos dar ante los demás? San Pablo quería que se le tuviera por ministro de Cristo, porque esta apreciación era correcta y contribuía a la difusión del evangelio. Pero añadía: «En cuanto a mí, bien poco me importa el ser juzgado por vosotros o por cualquier tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo. Mi conciencia no me reprocha nada, pero no por eso me considero inocente. El que me juzga es el Señor» (1Cor 4,4). Al margen de la opinión que se forjen los otros sobre uno, lo decisivo es ese juicio del Señor. Ante él no valen la simulación ni el disimulo; solo nuestra verdad. Si somos esclavos de la imagen que los demás se hagan de nosotros e incluso recurrimos a la simulación, corremos el riesgo de perder el sentido de la verdad.

Pablo Largo