Vísperas – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXII TIEMPO ORDINARIO

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p style=»text-align:justify;»>V/. Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

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p style=»text-align:justify;»>Padre: has de oír

este decir
que se me abre en los labios como flor.

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p style=»text-align:justify;»>Te llamaré

Padre, porque

la palabra me sabe a más amor.

<

p style=»text-align:justify;»>Tuyo me sé,

pues me miré

en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar

a caminar,

sin deshojar mi rosa de esplendor.

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p style=»text-align:justify;»>Por cuanto soy

gracias te doy:

por el milagro de vivir.

Y por el ver

la tarde arder,

por el encantamiento de existir.

<

p style=»text-align:justify;»>Y para ir,

Padre, hacia ti,

dame tu mano suave y tu amistad.
Pues te diré:

solo no sé

ir rectamente hacia tu claridad.

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p style=»text-align:justify;»>Tras el vivir,

dame el dormir

con los que aquí anudaste a mi querer.
dame, Señor,

hondo soñar.

¡Hogar dentro de ti nos has de hacer! Amén.

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p style=»text-align:justify;»>SALMODIA


Antífona 1:Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

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p style=»text-align:justify;»>¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo

como a una pared que cede

o a una tapia ruinosa?

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p style=»text-align:justify;»>Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:

con la boca bendicen,

con el corazón maldicen.

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p style=»text-align:justify;»>Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;

sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

<

p style=»text-align:justify;»>De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,

Dios es mi refugio.

<

p style=»text-align:justify;»>Pueblo suyo, confiad en él,

desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

<

p style=»text-align:justify;»>Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia;

todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

<

p style=»text-align:justify;»>No confiéis en la opresión,

no pongáis ilusiones en el robo;

y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

<

p style=»text-align:justify;»>Dios ha dicho una cosa,

y dos cosas que he escuchado:

<

p style=»text-align:justify;»>«Que Dios tiene el poder

y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1:Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

 

Antífona 2:Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

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p style=»text-align:justify;»>SALMO 66:
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

<

p style=»text-align:justify;»>La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2:Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

 

Antífona 3:Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

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p style=»text-align:justify;»>CÁNTICO Col 1, 12-20:
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS

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p style=»text-align:justify;»>Damos gracias a Dios Padre,

que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

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p style=»text-align:justify;»>Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

<

p style=»text-align:justify;»>Él es imagen de Dios invisible,

primogénito de toda criatura;

porque por medio de él

fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

<

p style=»text-align:justify;»>Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

<

p style=»text-align:justify;»>Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,

haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 3:Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

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p style=»text-align:justify;»>LECTURA BREVE


Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, para dar su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros. (1P 5,5b-7)

<

p style=»text-align:justify;»>RESPONSORIO BREVE


V/. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R/. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V/. A la sombra de tus alas escóndenos.
R/. Como a las niñas de tus ojos.

<

p style=»text-align:justify;»>V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

 

Magníficat, ant.:Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

MAGNÍFICAT: ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

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p style=»text-align:justify;»>Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

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p style=»text-align:justify;»>Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

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p style=»text-align:justify;»>Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

<

p style=»text-align:justify;»>Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Magníficat, ant.:Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

 

<

p style=»text-align:justify;»>PRECES


Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:

Multiplica la gracia y la paz, Señor.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
—ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como hierba que florece por la mañana, y por la tarde se seca.

Alimenta a tu pueblo con el maná, para que no perezca de hambre,
—y dale el agua viva, para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen los bienes de arriba y aspiren a ellos,
—y te glorifiquen también con su trabajo y su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
—para que la tierra dé fruto abundante.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACIÓN

Oh Dios, tu nombre es santo, y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 4 de septiembre

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 4,38-44
En saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre; y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.» E iba predicando por las sinagogas de Judea. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla de cuatro asuntos distintos: la curación de la suegra de Pedro (Lc 4,38-39), la curación de muchos enfermos, la noche después del sábado (Lc 4, 40-41), la oración de Jesús en un lugar desierto (Lc 4,42) y su insistencia en la misión (Lc 4,43-44). Con pequeñas diferencias Lucas sigue y adapta las informaciones que sacó del evangelio de Marcos.
• Lucas 4,38-39: Jesús restaura la vida para el servicio. Después de participar en la celebración del sábado, en la sinagoga, Jesús entra en casa de Pedro y cura su suegra. La curación hace que ella se ponga inmediatamente de pie. Una vez recuperadas la salud y la dignidad, la suegra de Pedro se pone al servicio de las personas. Jesús no solamente cura, sino que cura para que la persona se ponga al servicio de la vida.
• Lucas 4,40-41: Jesús acoge y cura a los marginados. Al caer de la tarde, en la hora en que la primera estrella aparece en el cielo, terminado el sábado, Jesús acoge y cura a los enfermos y a los poseídos que la gente había traído. Enfermos y poseídos eran las personas más marginadas en aquella época. No tenían a quien recurrir. Quedaban a la merced de la caridad pública. Además de esto, la religión las consideraba impuras. No podían participar en la comunidad. Era como si Dios las rechazara y las excluyera. Jesús las acoge y las cura imponiéndoles las manos. Así aparece en qué consiste la Buena Nueva de Dios y lo que quiere hacer en la vida de la gente: acoger a los marginados y a los excluidos y reintegrarlos en la convivencia.
“Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo:”Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo”. En aquel tiempo, el título Hijo de Dios no había adquirido ni la densidad ni la profundidad que el título tiene hoy para nosotros. Significaba que la gente reconocía en Jesús una presencia toda especial de Dios. Jesús no dejaba hablar a los demonios. No quería una propaganda fácil por medio del impacto de expulsiones espectaculares.
• Lucas 4,42a: Permanecer unido al Padre por la oración. “Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara”. Aquí Jesús aparece rezando. Hace un esfuerzo muy grande para tener el tiempo y el ambiente para rezar. Se levanta de en medio de los otros y se va hacia un lugar desierto, para poder estar a solas con Dios. Muchas veces, los evangelios nos hablan de Jesús en el silencio (Lc 3,21-22; 4,1-2.3-12; 5,15-16; 6,12; 9,18; 10,21; 5,16; 9,18; 11,1; 9,28;23,34; Mt 14,22-23; 26,38; Jn 11,41-42; 17,1-26; Mc 1,35; Lc 3,21-22). A través de la oración mantiene viva en sí la conciencia de su misión.
• Lucas 4,42b-44: Mantener viva la conciencia de la misión y no quedarse en el resultado. Jesús se vuelve conocido. La gente le va detrás y no quiere que se vaya. Jesús no hace caso a lo que le piden y dice: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.” Jesús tiene muy clara su misión. No se encierra en el resultado ya obtenido, sino que quiere mantener bien viva la conciencia de su misión. Es la misión recibida del Padre lo que le orienta a la hora de tomar decisiones. ¡Porque a esto he sido enviado! Y aquí en el texto esta conciencia tan viva aparece como fruto de la oración. 

4) Para la reflexión personal

• Jesús sacaba tiempo para poder rezar y estar a solas con el Padre. ¿Yo hago lo mismo para rezar y estar a solas con Dios?
• Jesús mantenía viva la conciencia de su misión. Como cristiano o cristiana que soy, ¿tengo conciencia de alguna misión o vivo sin misión? 

5) Oración final

Esperamos anhelantes a Yahvé,
él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
en él nos alegramos de corazón
y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 10, 32

«32Pero estaban en el camino subiendo a Jerusalén y Jesús iba precediéndoles; y estaban asombrados pero los que lo seguían tenían miedo. Y tomando de nuevo a los Doce, comenzó a decirles las cosas que iban a sucederle:

 

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p style=»text-align:justify;»>Tras su encuentro con el hombre rico (10,17-22) y la enseñanza a sus discípulos sobre los peligros de la riqueza (10,23-31), Jesús retoma con sus seguidores la subida a Jerusalén desde las regiones de Judea y Transjordania (cf. 10,1). Por el camino habla una vez más del destino que le aguarda en la ciudad santa. Esta es la más detallada de las tres predicciones de la Pasión que marcan la sección central del evangelio (8,31-33; 9,30-32; 10,32-34). Los acontecimientos profetizados se cumplen a la perfección en lo que sigue del relato: Jesús es entregado a una multitud dirigida por los sumos sacerdotes y escribas (14,43-50); estos lo condenan a muerte (14,53-64) y lo entregan a las autoridades paganas (15,1); estas lo someten a burlas y torturas (15,15-20a); lo ejecutan (15,20b-37); y después de tres días resucita de entre los muertos (16,1-8).
En cuanto a su estructura, la perícopa está dividida en introducción narrativa (10,32) y profecía en sí (10,33-34), caracterizadas ambas por rápidos cambios de enfoque, casi cinematográficos, que salta de Jesús a los grupos que lo siguen y a los se le oponen.

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p style=»text-align:justify;»>• 10,32: La descripción detallada del grupo que escolta a Jesús hasta Jerusalén parece distinguir tres subconjuntos dentro de este grupo de acompañantes: los que «suben» con Jesús, que están asombrados; «los que le siguen», que tienen miedo; y los Doce, a quienes Jesús instruye en privado. El sintagma «subir a» -aplicado aquí al primer grupo, pero también a Jesús y a los Doce en 10,33- es apropiado para referirse a un viaje a Jerusalén, «una ciudad construida sobre una colina» (Mt 5,14), a unos 800 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, «subir» en el Antiguo Testamento tiene asociaciones de peregrinación espiritual (cf., por ejemplo, Sal 122,1.4; Is 2,2-3), que en el Segundo Isaías (40,1-11) se funden con la noción del «camino» liberador de Dios por el que este conduce de nuevo a su pueblo exilado a la tierra sagrada en un acto salvador de guerra santa. Así, la descripción marcana de la subida de Jesús a Jerusalén, con los grupos de seguidores que seguían su estela, recuerda la atmósfera de otras escenas de subida y triunfo divino, vivas en las esperanzas, recuerdos y tradiciones santas de Israel. Este matiz triunfante quedará reforzado más tarde en el evangelio cuando Marcos emplee proagein («ir por delante») para la nueva movilización post-pascual, por parte de Jesús, de sus discípulos para la misión en Galilea (14,28; 16,7). 
Pero el miedo es también miedo y refleja la misma vieja resistencia que había hecho protestar a Pedro cuando oyó a Jesús por vez primera profetizar su muerte (8,31-32). Y aunque el miedo surge parcialmente de la devoción de los discípulos por Jesús, contiene también una parte de interés por sí mismos: si acompañan a Jesús hasta Jerusalén, también ellos podrían compartir su ruina si cae en manos enemigas, como había pasado con frecuencia cuando se hundían los movimientos revolucionarios (cf. Hch 5,36-37). El miedo de «los que lo seguían» estaba relacionado también con el terrible presente de la comunidad marcana. De esta manera, como en 4,36, la amplitud de la descripción del grupo de acompañantes de Jesús permite a los miembros de la comunidad marcana verse a sí mismos en esta mención al temor de los discípulos.

Comentario del 4 de septiembre

El pasaje evangélico de Lucas nos sitúa a Jesús en Cafarnaúm, centro de su primera actividad misionera, saliendo de la sinagoga y en compañía de algunos de sus discípulos. A Jesús le vemos frecuentar la sinagoga, lugar de reunión donde se proclama y se comenta la Palabra de Dios ofrecida en la Escritura sagrada. El culto sinagogal era una liturgia de la Palabra. Jesús mostraba, por tanto, interés por la escucha, la interpretación y el cumplimiento de esta Palabra que tanto tenía que ver con él y su misión. Basta recordar lo acaecido en la sinagoga de Nazaret, cuanto Jesús, puesto en pie, lee al profeta Isaías y concluye: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Pero no sólo se interesa por esta liturgia, sino que se hace acompañar de sus discípulos para introducirlos en ella, si es que no lo estaban ya.

También le vemos frecuentar ciertas casas «familiares», como la de Simón y Andrés, donde podía hospedarse provisionalmente, recibir el sustento necesario para reponer fuerzas y continuar la tarea evangelizadora. Los apóstoles llamados a estar con él no han roto del todo los vínculos familiares, pues siguen teniendo contactos, al menos esporádicos, con la familia de origen. La casa de Simón y Andrés era también la casa de la suegra de Simón, y allí se encuentra Jesús con esta mujer que se hallaba en estado de postración: en cama y con fiebre. A Jesús le informan de la situación y él, sin más dilación, se acerca a la enferma, la toma de la mano y la levanta. Y al instante se le pasó la fiebre. Quedó de tal manera restablecida que, levantada de la cama, se puso a servirles.

El servicio de la mesa, aunque formara parte del hospedaje, pasaba a ser el modo agradecido de corresponder a su sanador. Para Jesús y sus discípulos era el momento del reposo y de la confidencia. Pero aquel bienestar no se prolongó mucho tiempo. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos: tantos, que la población entera parecía agolparse a la puerta. Y Jesús, ante semejante aglomeración, responde, como siempre, con prontitud, dejándose mover a compasión por tanta miseria reflejada en tantos rostros dolientes. Curó a muchos enfermos de males diversos.

Entre ellos había también endemoniados que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Tanto enfermos como endemoniados eran miserables que reclamaban la misericordia del Compasivo y Misericordioso. Y Jesús no les niega la acción misericordiosa que aporta el remedio (la medicina) a sus enfermedades. Aquí se habla sólo de curaciones, no de predicación; pero este reparto masivo de salud era también una copiosa y eficaz evangelización. Con la curación de tantas enfermedades se estaba anunciando la buena noticia de la llegada del Reino que se iba abriendo camino en un mundo donde imperaba el mal en todas sus formas, entre las cuales se contaba la enfermedad corporal o psíquica y la posesión diabólica. Tanto es así que hasta los demonios percibían esta presencia benéfica y lo delataban, o querían delatarlo, pero él no les permitía hablar. Y tenía sus razones. No quería que obstaculizasen su misión.

Y llegó la noche, y con ella el cese de la actividad diurna. Y Jesús, que también tenía necesidad de descansar, se retiró como los demás a sus aposentos o al lugar que le habían preparado para el efecto. Pero no había amanecido aún, cuando Jesús se levantó de madrugada y salió a un lugar solitario, como indica la versión de san Marcos, para orar. Era otra actividad que formaba parte de los hábitos del Maestro de Nazaret. Orar era estar a solas con su Padre; porque después de esas jornadas interminables de actividad frenética, Jesús necesitaba estar a solas con él para intercambiar afectos, para confrontar voluntades, para reposar en su regazo paterno. Jesús, el Hijo de Dios, se sentía realmente hijo amado de este Padre a quien se dirigía con el tierno y confidencial Abba. Vivía en total dependencia de él. Estaba en permanente estado de escucha y obediencia. No podía no sentir la necesidad de estar, de hablar, con él y a solas. Ello explica que escogiera la noche como tiempo propicio y el descampado como espacio idóneo. En este espacio-tiempo podía estar realmente a solas con su Padre.

Si nosotros nos sentimos hijos dependientes de Dios, también tendríamos que experimentar la necesidad de estar con él a solas o acompañados; en cualquier caso, de estar con él, de modo que él nos dé a conocer y a sentir su amor de Padre, que es conocer sus designios y sus propósitos y sentir que en todos ellos hay un amor infinito, tierno y misericordioso. Es en la oración donde se nos da a conocer el Dios revelado o donde el Dios que se ha dado a conocer en la revelación se muestra personalmente al orante para decirle lo que éste debe oír, para decirle esencialmente que le ama y que tiene para con él designios de salvación. Es en la oración, por tanto, donde el hijo toma conciencia de que tiene Padre y de que éste nunca le abandonará. Y es en la oración también donde el hijo conoce el modo de complacer al Padre, lo que realmente le agrada de su conducta.

Cuando se hizo de día, la gente, que lo andaba buscando, dio con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. ¿Cómo no buscar a un médico capaz de curar de manera milagrosa todas las enfermedades y dolencias, y sin pedir nada a cambio? La fama de Jesús como sanador se iba extendiendo, al tiempo que crecía el efecto llamada y la creciente afluencia de la gente. Sí, en verdad todo el mundo le buscaba, porque era mucho y muy valioso lo que podían recibir de él. Si hoy Jesús no es buscado es porque la gente no espera recibir nada de él o porque lo que se les promete que el Señor puede darles carece de interés para ellos.

Pero ¿cómo puede carecer de interés el mensaje de la salvación? En el fondo, el problema no está en que la salvación no interese, sino en que se desconfía de esa promesa de salvación. Y la desconfianza hace que se deje de esperar, conformándonos con una salvación de rango inferior, intramundana y reducida a los límites que impone la caducidad humana. Tal vez si Jesús proporcionara hoy esa suerte de salvación que consiste en la curación de una enfermedad como el cáncer, seguiría siendo buscado como entonces. Pero si lo que promete es la resurrección de la carne y la vida eterna, cosas infinitamente más valiosas, pero inverificables, puede que se genere el desconcierto y la desconfianza en los oyentes, como nos recuerdan algunas escenas de la narración evangélica, y dejen no sólo de seguirlo, sino también de buscarlo.

Pero Cafarnaúm no era la última estación de su andar misionero. Jesús pensaba llegar a otras aldeas cercanas para predicar también allí la buena noticia. Y así fue recorriendo la región, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. Su actividad profética se puede resumir en estas dos acciones: predicar y expulsar demonios, lo que equivalía a curar todo tipo de enfermedades; predicar la cercanía del Reino y combatir en modo significativo el mal que impedía su implantación; predicar el evangelio de la misericordia y activarla en un mundo colmado de miserias. Como seguidores suyos, también nosotros estamos llamados a prolongar esta labor que consiste en predicar y aplicar el evangelio de la misericordia.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Capítulo cuarto
El gran anuncio para todos los jóvenes

 

111. Más allá de cualquier circunstancia, a todos los jóvenes quiero anunciarles ahora lo más importante, lo primero, eso que nunca se debería callar. Es un anuncio que incluye tres grandes verdades que todos necesitamos escuchar siempre, una y otra vez.

Comentario Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor, lo que tú quieras, eso lo acepto, y lo que tú quieras, es para mí ganancia, basta con que yo sea tuyo. Señor, porque tú lo quieres, por eso es bueno, y porque tú lo quieres, por eso tengo valor, mi corazón descansa en tus manos.AMEN.

Lc 14, 25-33

«25Pero caminaban con él muchas muchedumbres y, volviéndose, dijo a ellas:

26“Si alguno viene junto a mí y no odia a su propio padre y a la madre, y a la mujer y a los hijos, y a los hermanos y a las hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío;

27el que no lleva su propia cruz y viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío.

28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero acalcular el coste, si tiene para acabarla? 29No sea que, habiendo puesto su ci- miento y no pudiendo terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él,30diciendo: ‘Esta persona comenzó a edificar y no pudo terminar’.

31O ¿qué rey, saliendo a batalla a combatir contra otro rey, no se sienta primero adeliberar si es fuerte con diez mil para salir al paso del que viene contra él con veinte mil? 32Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

33Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncia a todos suspropios bienes no puede ser discípulo mío”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después del evangelio del domingo pasado, continúa un texto muy interesante, sobre la participación en el banquete del Reino: parece muy deseable, pero a la hora de la verdad siempre existen otros intereses (Lc 14,15-24). En este momento llega el evangelio de hoy, que es una impresionante lección de discipulado y las exigencias que conlleva. Estamos hacia la mitad de la sección del camino a Jerusalén -sección de formación de los discípulos- y, en el corazón de la misma, se sitúan estas palabras de Jesús, realmente exigentes e interpelantes. Pero si nos hallamos lejos del listón puesto por Jesús, los textos siguientes del capítulo 15 ejercerán de bálsamo necesario: son las parábolas de la alegría: la oveja perdida (15,4-7), la dracma perdida (15,8-10) y el hijo pródigo, conocida también por el padre bueno (15,11-32).

 

TEXTO

La unidad textual consta de un versículo introductorio, que nos recuerda el camino hacia Jerusalén y el auditorio de Jesús: sus palabras no se dirigen a un selecto grupo de seguidores, sino a las “muchas muchedumbres”, a todos (v. 25).

Luego siguen dos condiciones de discipulado, dichas de manera negativa (no odiar, no llevar, no puede ser…) (vv. 26 y 27).

A esas dos frases corresponden otras dos comparaciones que las ilustran, una de construcción (vv. 28-30) y otra de batalla (vv. 31-32).

Finalmente, como recapitulación final, una condición de discipulado dirigida, no en general, sino directamente a los interlocutores; también está formulada negativamente (no renunciar, no puede ser…) (v. 33).

El resultado es impactante por la exigencia de las condiciones y el lenguaje utilizado, en forma y fondo. Atención a la insistencia en lo “propio”, es decir, lo másinterior y genuino de cada uno: el texto quiere rastrear nuestra autenticidad. De ahí que sea tan importante la reflexión y el discernimiento (“calcular”, “deliberar”).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Las duras condiciones de discipulado que Lucas pone en labios de Jesús tienen dos objetivos:

a) llegar hasta el interior más profundo del destinatario (notemos la insistencia del término “propio”, un pronombre reflexivo enfático en griego);

b) exhortarnos a “calcular” y “deliberar”, es decir, hacer un discernimiento seriode nuestro ser cristiano. Frente a un seguimiento superficial, conformista, cómodo, interesado, descomprometido, el evangelio nos remite a lo esencial, busca una respuesta valiente y honesta que ponga a Jesús en su verdadero lugar.

• Las dos primeras condiciones (ir junto a Jesús, ir detrás de Jesús) son lógicas en todo discipulado verdadero: estar junto a Jesús supone asumir su propio camino, su propio proyecto, y estar detrás de Jesús supone seguirle por los caminos que él ande, adoptar sus opciones y su estilo. En ese camino de fidelidad, todo, absolutamente todo, queda relativizado o debe quedarlo.

• Las dos parábolas usadas por Jesús para ilustrar las condiciones nos invitan a una seria y honrada reflexión: ¿estamos en condiciones de ser sus discípulos? ¿Qué obstáculos concretos nos pueden impedir un seguimiento más comprometido y fiel?

• La condición final sigue la misma línea de radicalidad evangélica. Hay textos en los evangelios que deben hacer zozobrar un poco nuestra “modorra” discipular y hoy nos encontramos con uno de ellos. Si la pequeña familia nos impide abrirnos a la comunidad y a la gran familia humana; si nuestra opción de vida no nos lleva a cargar con la cruz de compartir el proyecto de Jesús; si acumulamos más que compartimos los bienes, entonces no podemos ser discípulos. El evangelio, llamativamente, nos exhorta a saber jerarquizar los valores y, para un discípulo, el supremo valor es Jesús, su persona y su proyecto.

• Seguir a Jesús es cosa seria. Ser cristiano es más que una tradición, una costumbre, una rutina: exige una radical opción personal de vida en la que se pone en juego lo más interior y lo más auténtico que somos. Hay que desperezarse, hay que discernir, hay que decidir, hay que optar.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

XXIII Domingo de Tiempo Ordinario
8 de septiembre 2019

Sabiduría 9, 13-19; Salmo 89; Filemón 9-10. 12-17; Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’. ¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo».

Reflexión

¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida? ¿Oramos y hablamos con Jesús todos los días? ¿O Solo cuando tengo un problema y quiero que me conceda las cosas que deseo? (Jesús quiere que sus discípulos le amemos y estemos dispuestos a renunciar a cualquier cosa que no nos permita estar cerca de Él). Cuando tenemos que hacer algo que no nos gusta (arreglar el cuarto, ordenar mis juguetes, ayudar a organizar la mesa para la cena, etc.,) ¿estamos dispuestos a hacerlo, aunque nos cueste? ¿O preferimos nuestra comodidad? (Jesús dice que sus discípulos deben renunciar a sus bienes (comodidades), cargar su cruz y seguirlo). La Cruz se refiere a todo aquello que nos cuesta, nuestros esfuerzos, dolores, enfermedad, tristeza, etc. Quien lleva esa cruz diaria con Amor, paciencia y con la ayuda de Jesús, podrá llamarse ̈Su Discípulo ́.

 

Actividad

Hacer un adorno de Cruz para colgar en la puerta o la pared. A cada niño(a) se le dará una cruz en cartulina. Colocar dentro de la cruz el versículo bíblico que dice: ¡¡Toma tu Cruz y sigue a Jesús!! Escribir detrás una cosa que te cueste mucho hacer. Lleva la cruz al altar y ofrécele a Jesús, esta semana, tratar de hacer eso que te cuesta con amor.

Oración

Jesús, quiero ser tu discípulo, Tú eres la persona más importante en mi vida. Mantenme siempre unida a ti por medio de la oración. Como discípula tuya que soy, ayúdame a tomar mi cruz y seguirte con alegría. En el nombre de Jesús. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

¿A cuántos le gustaría tocar el piano? ¡Esperen! ¡No tan rápido! Antes de que alcen su mano y contestar «sí» a esa pregunta, veamos cual es el precio de poder tocar el piano y luego ver si están dispuestos a pagar el precio.

Primeramente tienes que comprar un piano. Sería algo tonto decir que deseas tocar el piano si no estás dispuesto a comprar un piano, ¿no crees? Así que lo primero que tienes que hacer es buscar un piano. Yo encontré un piano usado en la sección de clasificados en el periódico y lo vendían por 700€. El anuncio decía que algunas reparaciones eran necesarias lo cual probablemente signifique que no es de lo mejor, pero es un comienzo. Hmm…700€, ¿todavía deseas aprender a tocar el piano?

Después necesitas encontrar un buen maestro/a. Después de todo no puedes aprender solo/s. No si realmente deseas tocar bien. Busqué nuevamente en el periódico para encontrar un/a mestro/a de piano. Encontré uno que enseña a 25€ la semana. Veamos, pero sería 100€ al mes. ¿Estás todavía interesado en aprender a tocar piano?

¿Qué más necesitamos? Ah, sí, necesitaremos música escrita. Fuí a la tienda de música y encontré que la mayoría de los libros de música cuestan de 10-15€ cada uno. Si deseas comprar una copia de una pieza, puede costar alrededor de 5€. ¿Consideras que debes aprender piano?

Ahora que tienes un piano, un maestro y alguna música, debes estar dispuesto a practicar. La mayoría de los maestros de piano piden que sus estudiantes practiquen por lo menos una hora diariamente. Eso significa que habrá algunos momentos en los que otros niños estarán jugando mientras tú tendrás que quedarte en la casa y practicar. ¡Chicos, hay algo que se me olvidó mencionar…cuando otros niños te vean cargando libros de piano, puede ser que se burlen de tí. Puden llamarte nombres. ¿Aún así deseas aprender a tocar piano? Si deseas ser un pianista, tienes que calcular el costo y asegurarte que estás dispuesto a pagar el precio.

¿Sabías que Jesús le dijo lo mismo a algunas personas que deseaban llegar a ser sus discípulos? Jesús les dijo que si deseaban seguirle tenían que calcular el precio. Dijo que tendrían que estar dispuesto a tomar su cruz diariamente y seguirlo. Para seguirlo, tendrían que estar dispuestos a dejar su familia y sus amigos. Jesús también les dijo que algunas personas podrían llegar a burlarse y llamarles nombre y algunos podrían tratar de hacerles daño. Ellos tenían que calcular el costo de ser discipulos y estar seguros de que estaban dispuesto a pagar el precio.

Muchas personas ahora dicen que desean seguir a Jesús. Se unen a una iglesia y por un tiempo los ves ir semanalmente a la misma, pero cuando ven el precio que tienen que pagar (lo que hay que hacer) no desean seguir. El ser un fiel seguidor de Jesús no siempre es fácil, pero siempre vale la pena, si estás dispuesto a pagar el precio.

Querido Jesús, es fácil decir que deseamos seguirte, pero no es tan fácil hacerlo. Ayúdanos a seguirte sin importarnos el costo. Amén.

Comentario al evangelio – 4 de septiembre

Somos comunidad, no masa.

Se cita mil veces al Papa Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: La misión primera de la Iglesia es evangelizar, anunciar el Evangelio. Nada nuevo, lo dice Jesús hoy: “Tengo que anunciar el Reino de Dios, para eso he venido”. Evangelizar es hacer lo que hizo Jesús: palabra y gesto de imponer las manos, anunciar y sanar, parábolas y milagros; “alma y cuerpo”, que dice el pueblo con menos precisión. La presencia de estos dos momentos en nuestra vida es la señal única de que entre nosotros está ya el Reino de Dios.

Al salir de la sinagoga, a Jesús le ha entrado la fiebre de curar, empezando por la fiebre de la suegra de Pedro. Luego se extenderá a todos los enfermos que le presentaban, al ponerse el sol. Por fin, da remate curando a un endemoniado que acaba confesando: “Tú eres el Santo de Dios”. Un pormenor les gusta resaltar a los que leen este texto; Jesús, al curar, no olvida el detalle de imponer las manos “sobre cada uno”: cada uno era importante. Tal abundancia de sanaciones,  por parte de Jesús, ocasiona que la gente quede embriagada con tanta felicidad. Por eso, pretenden retenerle, que no se vaya, que solo lo acaparen ellos mismos.

Hoy está de moda la “política de gestos”. Gritan más los gestos que las palabras. Bien sería que nos preguntemos: ¿Qué gestos, qué acciones nuestras se convierten más fácilmente en señales del Reino? ¿Qué es lo que más le dice, más le toca al hombre moderno, para abrirse al Evangelio, para llegar a Jesús?  No basta con anunciar y confesar; eso, lo acabamos de ver, lo hace también el endemoniado. Hay maneras de actuar que han de acompañar al anuncio del mensaje; por ejemplo, gestos que evoquen cercanía, sencillez, interés por el otro y abandono de sí, dolor por el sufrimiento humano, actitudes samaritanas, pasión por la paz y la justicia. Así no caeremos en la tentación de los paisanos de Cafarnaún: querer retener a Jesús. Acaparar a Jesús es convertirlo en ídolo, instrumentalizarlo para nuestros intereses mezquinos, pensar que solo es correcto mirarlo y estudiarlo desde nuestras ideas y convicciones cortas y chatas. Jesús es universal, ha venido también “para otros pueblos”. Y en esta expresión, caben otras culturas, otras visiones de la realidad y de la Iglesia, otras costumbres. No achiquemos a nuestro Dios, que traspasa el tiempo y el espacio.  En fin, hagamos todo, “mirando a cada uno”, deteniéndonos en cada persona, llamando a cada uno por su nombre. Es señal de amor. Somos comunidad; no, masa. “Me has mirado a los ojos, sonriendo, has dicho mi nombre”. Así cantamos.