Vísperas – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.

No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 1, 22-23

Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis visto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Elevemos nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:

Bendice a tu pueblo, Señor.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa y a nuestro obispo,
— a los que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, nuestros pueblos y ciudades
— y aleja de ellos todo mal.

Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
— siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
— para que sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna
— y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión de los santos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 5 de septiembre

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 5,1-11
Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy cuenta cómo Pedro fue llamado por Jesús. El evangelio de Marcos coloca el llamado de los primeros discípulos al comienzo del ministerio público de Jesús (Mc 1,16-20). Lucas lo coloca después de que la fama de Jesús se había extendido por toda la región (Lc 4,14). Jesús había curado a mucha gente (Lc 4,40) y había predicado en las sinagogas de todo el país (Lc 4,44). El pueblo lo buscaba y la multitud lo apretaba por todos los lados para escuchar la Palabra de Dios (Lc 5,1). Lucas hace más comprensible el llamado. Primero, Pedro puede escuchar las palabras de Jesús a la gente. Enseguida, presencia la pesca milagrosa. Después de esta doble experiencia sorprendente, llega el llamado de Jesús. Pedro escucha, deja todo y se vuelve “pescador de hombres”.
• Lucas 5,1-3: Jesús enseña desde el barco. La gente busca a Jesús para oír la Palabra de Dios. Y es tanta la gente a su alrededor que Jesús queda como apretado por todos los lados. Jesús le pide ayuda a Simón Pedro y a algunos compañeros que habían vuelto de la pesca. Entra con ellos en el barco y desde allí responde a lo que el pueblo le pide, comunicándole la Palabra de Dios. Sentado, Jesús toma postura y autoridad de un maestro, pero habla desde un barco de un pescador. La novedad consiste en que el Señor no sólo enseña en una sinagoga para un público seleccionado, sino en cualquier lugar donde la gente quiere escucharle, hasta en la playa misma.
• Lucas 5,4-5: «¡Por tu palabra echaré las redes!» Terminada la instrucción a la gente, Jesús se dirige a Simón y le anima a pescar de nuevo. En la respuesta de Simón se nota frustración, cansancio y desaliento: «¡Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada!». Pero, con confianza en la palabra de Jesús, vuelven a echar las redes. ¡La palabra de Jesús tiene más fuerza que la experiencia frustrante de la noche!
• Lucas 5,6-7: El resultado es sorprendente. La pesca es tan abundante que las redes casi se rompen y los barcos están a punto de hundirse. Simón necesita la ayuda de Juan y de Santiago, que están en otro barco. Nadie consigue ser completo, si está solo. Las comunidades deben ayudarse entre sí. El conflicto entre las comunidades, tanto en el tiempo de Lucas como hoy, tiene que ser superado en vista de un objetivo común, que es la misión. La experiencia de la fuerza transformadora de la Palabra de Jesús es el eje alrededor del cual las diferencias se asumen y superan.
• Lucas 5,8-11: «¡Serás pescador de hombres!» La experiencia de la proximidad de Dios en Jesús le hace percibir a Simón quién es: «¡Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador!» Ante Dios ¡todos somos pecadores! Pedro y los compañeros tienen miedo y, al mismo tiempo, se sienten atraídos. Dios es un misterio fascinante: da miedo y, al mismo tiempo, atrae. Jesús aleja el miedo: «¡No tengas miedo!» Llama a Pedro y le compromete en la misión, mandando a que sea pescador de hombres. Pedro experimenta, bien concretamente, que la Palabra de Jesús es como la Palabra de Dios. Es capaz de hacer acontecer lo que afirma. En Jesús aquellos rudos trabajadores hicieron la experiencia de poder, cobraron valor y confianza. Entonces, «dejándolo todo, ¡le siguieron!». Hasta entonces, sólo Jesús anunciaba la Buena Nueva del Reino. Ahora otras personas van siendo llamadas e implicadas en la misión. Esa manera que Jesús tiene de trabajar en equipo es una Buena Nueva para el pueblo.
• El episodio de la pesca en el lago manifiesta la atracción y la fuerza de la Palabra de Jesús. Atrae a la gente (Lc 5,1). Lleva a Pedro a ofrecer su barco a Jesús para que hable (Lc 5,3). La Palabra de Jesús es tan fuerte que vence la resistencia de Pedro, lleva a lanzar de nuevo la red y hace que acontezca la pesca milagrosa (Lc 5,4-6). Vence en Pedro la voluntad de alejarse de Jesús y lo atrae para que sea «pescador de gente!» (Lc 5,10) ¡Y así la Palabra de Dios actúa hasta nuestros días! 

4) Para la reflexión personal

• ¿Dónde y cómo acontece hoy la pesca milagrosa, realizada en atención a la Palabra de Jesús?
• Ellos largaron todo y siguieron a Jesús. ¿Yo que tengo que largar para poder seguir a Jesús? 

5) Oración final

¿Quién subirá al monte de Yahvé?,
¿quién podrá estar en su santo recinto?
El de manos limpias y puro corazón,
el que no suspira por los ídolos
ni jura con engaño. (Sal 24,3-4)

Gratitud por los hijos recibidos de Dios (Acciones de gracias)

… y tu mujer Isabel parirá un hijo, y le darás el nombre de Juan. Y tendrás gozo y alegría, y se gozarán muchos con su nacimiento. Se invita en este texto a los santos a alegrarse en el nacimiento de sus hijos, y se advierte a los padres la obligación de dar gracias a Dios: no es beneficio pequeño de Dios dar hijos (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, vol. V, p. 22)

La Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres (cfr. GS 50, 2) (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2373).

Comentario del 5 de septiembre

Hoy el texto evangélico nos propone una experiencia vocacional, que pasa por una llamadaaudición, una conciencia de indignidad y una repuesta generosa que supera incertidumbres, miedos y cobardías. Es la experiencia de Simón Pedro junto al lago de Genesaret. A la propuesta o mandato de Jesús: Echad las redes, Simón se remite a una constatación empírica: Hemos estado trabajando toda la noche y no hemos cogido nada.

La experiencia reciente desaconsejaba, por tanto, esta acción. Pero, en atención a su maestro, echa las redes, aunque no parece que con demasiada convicción. Entonces sucede lo inesperado: las redes se llenan de peces hasta reventar. En ese preciso instante, Simón Pedro experimenta una fuerte sensación de indignidad: apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Pedro se siente pecador porque ha desconfiado de la palabra, de la competencia y del poder de su Maestro y Señor. Lo grandioso de la acción de Jesús le ha hecho sentir más vivamente su pequeñez y su pecado. Por eso se siente indigno de estar junto a él, de ser su discípulo, de tenerle por amigo. Y mucho más indigno se sentiría ante la idea de tener que representarle.

Es precisamente éste el momento en que Jesús le dice: No temas, desde ahora serás pescador de hombres. Y le ofrece la oportunidad de sumarse a su misión con un nuevo oficio que será prolongación del suyo: el oficio de predicar, de rescatar, de salvar: el oficio sacerdotal. Y a la oferta, Pedro, junto con Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran sus compañeros, respondieron con prontitud, decisión y radicalidad; pues dejándolo todo, lo siguieron. Ese todo implicaba posesiones, pero también lazos familiares afectivos.

Todos, como cristianos, hemos sido llamados a realizar una tarea determinada en la vida. Sea la que sea, siempre hemos de ejecutarla como llamados por Dios para eso. Tengamos presente esta llamada y la gracia que la acompaña.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Un Dios que es amor

112. Ante todo quiero decirle a cada uno la primera verdad: “Dios te ama”. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama. Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En cualquier circunstancia, eres infinitamente amado.

Dios quiere abrirnos el corazón una vez más

Un domingo más, hemos escuchado la palabra de Dios, que es como un faro que nos guía en el camino de nuestra vida. Estamos ya al final del verano, preparando la vuelta al cole de los más pequeños, volviendo cada uno a nuestros quehaceres cuotidianos. Y en este tiempo preciso de nuestra vida, Dios quiere abrirnos el corazón una vez más, para que su palabra entre en nosotros, y así podamos celebrar llenos de alegría la Eucaristía.

1. ¿Quién comprende lo que Dios quiere? En la primera lectura, del libro de la Sabiduría, escuchamos esta frase: “¿Quién comprende lo que Dios quiere?”. Esta pregunta se la hizo un sabio del Antiguo Testamento. Y más adelante añade que nadie puede conocer sus designios si Él no nos da su sabiduría y nos envía el Espíritu Santo desde el cielo. Por ello, el hombre, por sí sólo, es incapaz de conocer y comprender los designios de Dios. Por ello, en el Antiguo Testamento, los sabios y los profetas pedían a Dios que les concediese su sabiduría, para poder conocer mejor. Pero nosotros, los cristianos, tenemos a Jesucristo, la sabiduría de Dios, que es Dios hecho hombre, que nos ha mostrado el rostro de Dios Padre, que nos ha hablado de lo que Dios quiere de nosotros, y que nos envió desde el cielo el Espíritu Santo que nos ilumina y nos guía. Así, si leemos y meditamos cada día el Evangelio, con la ayuda del Espíritu Santo, encontraremos allí una respuesta a esta pregunta que cada uno de nosotros hemos de hacernos: ¿Qué es lo que Dios quiere, y qué es lo que quiere de mí? Sin duda, a lo largo del Evangelio, escuchamos una llamada constante del Señor a seguirle, a ser sus discípulos. En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda qué hemos de hacer, y qué hemos de dejar atrás, para ser sus discípulos.

2. ¿Quién puede ser discípulo del Señor? Cada vez que Jesús habla en el Evangelio de seguimiento, de ir con Él, tras de Él, habla con mucha exigencia. Y es que no se puede seguir al Señor haciendo cada uno lo que quiera. Es necesario dejar otras cosas atrás para poderle seguir. “Quien quiera venir conmigo, dijo Jesús en una ocasión, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”. Seguir a Jesús es optar por Él, y para ello hemos de renunciar a otras cosas que nos impiden seguirle de verdad. Hoy, en el Evangelio, por tres veces dice Jesús a qué cosas hemos de renunciar, de modo que si no renunciamos a ellas no podemos ser discípulos suyos. Quien no pospone a los suyos, e incluso a sí mismo; quien no lleva su cruz detrás de Él, quien no renuncia a todos sus bienes. Esto es lo que Jesús pide para ser discípulo suyo. Se trata de optar. No es que la familia sea mala, ni mucho menos. Tampoco los bienes son malos. Pero seguir a Jesús requiere despegarse de otras cosas. La familia es muy importante, y no es que tengamos que abandonarla. Se trata de poner a Dios por encima de los demás, incluso de los nuestros, y por medio de Él amar más aún a nuestra familia, pero teniendo siempre primero a Dios. Los bienes materiales son importantes para poder vivir, pero no han de quitar el primer puesto a Dios en nuestra vida. No podemos seguir a Jesús si no renunciamos a nosotros mismos, es decir, si no dejamos de ser los protagonistas de nuestra vida para que el protagonista sea Dios, si no dejamos de hacer sólo aquello que a nosotros nos gusta, o nos interesa, para así poder hacer aquello que Dios quiere de nosotros. EL discípulo es el que sigue a su maestro, y Jesús nos mostró que el verdadero camino es el de la cruz. Por eso, para ser discípulos de Cristo, hemos de tomar también nosotros nuestra cruz y así seguirle auténticamente.

3. Ya no es esclavo, sino hermano querido. En la segunda lectura hemos escuchado la recomendación que san Pablo hace a Filemón acerca de Onésimo. Este tal Onésimo había sido esclavo de Filemón, pero un día se escapó de su casa y se fue a refugiarse con san Pablo. Ahora, al escribirle Pablo una carta a Filemón, la envía junto con Onésimo, y le pide que lo acoja sin regañarle, sin echarle nada en cara, y que lo acepte no ya como esclavo, sino como hermano querido. Este cambio de actitud que san Pablo pide a Filemón es un claro ejemplo de lo que supone para nosotros seguir a Jesucristo. El perdón, el amor incondicional, el considerarse como inferiores a os demás, es la consecuencia de lo que Jesús nos pide hoy en el Evangelio para poderle seguir auténticamente. Así lo pide san Pablo a su discípulo Filemón. Esto no es nada fácil, pero sabemos con certeza que es lo que Dios quiere de nosotros. Esto es ser cristiano: vivir hacia los demás el mismo amor que Dios nos tiene a nosotros.

Vamos a celebrar la Eucaristía. En este encuentro maravilloso con Cristo, que se entrega por nosotros, escuchamos una vez más lo que Dios quiere de nosotros: que le sigamos, que seamos sus discípulos y que le imitemos. Para ello hemos de renunciar a muchas cosas, entre otras a nosotros mismos. Es lo mismo que hizo el Señor, que se rebajó hasta la muerte, y una muerte de cruz. Así lo vamos a celebrar en la Eucaristía. Que dios nos de su sabiduría y su Espíritu Santo para que podamos comprender un poco más los designios de Dios para con nosotros, y que nos ilumine y de fuerzas para seguir lo que Él quiere de cada uno de nosotros.

Francisco Javier Colomina Campos

El que no renuncia a sus bienes no puede ser discípulo mío

Le seguía mucha gente. Él se volvió y les dijo: «Si uno viene a mí y no deja a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, y aun su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero para calcular los gastos y ver si tendrá para terminarla? No sea que, si pone los cimientos y no puede acabar la obra, todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: Éste comenzó a construir y no ha podido terminar. O ¿qué rey, si va a ir a la guerra contra otro, no se sienta antes a considerar si puede enfrentarse con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si ve que no, cuando todavía está lejos, envía una embajada pidiendo la paz. Así pues, el que de vosotros no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14, 25-33

Para meditar

Jesús nos quiere hacer ver en el Evangelio de hoy que debemos darnos cuenta que no hay condiciones para ser cristiano. No se puede ser cristiano a medias, de 5 a 7 de la tarde o los fines de semana.

La fe es un tesoro que se nos regala. Pero no es un tesoro para esconder en nuestra habitación o meterlo en un banco. Es un tesoro para regalarlo a los demás.

Para hacer vida el evangelio

  • Cuenta una situación en tu colegio o con tus amigos donde hayas dicho a tus compañeros que eres una persona creyente.
  • ¿Nos cuesta decir a los demás que somos creyentes?
  • Escribe un compromiso que te ayude a ser creyente sin complejos ni miedos.

Oración

Tú, Jesús, cambias el orden
de nuestros afectos.
Tú haces que no vivamos sólo
para los nuestros,
sino que nuestro corazón sea universal,
que nuestros ojos adivinen
lo que le ocurre al otro,
que nuestras manos se ocupen
de cuidar a más gente,
que nuestras actividades beneficien
a la sociedad,
y que todos formemos parte
de tu gran familia.
Sólo renunciando a lo nuestro
seremos capaces de seguirte, Jesús,
sólo dejando a un lado nuestros intereses
actuaremos a tu manera,
sólo regalando nuestra vida a los demás
construiremos juntos tu Reino.
Haz que seamos valientes para seguirte:
que no nos duela el juicio de la gente,
que no nos pida dedicación exclusiva
la familia.

¿Quiénes son tu padre y tus hermanos?

Tú, Jesús, cambias el orden de nuestros afectos.
Cuando Tú te haces el rey de nuestro corazón
ya no es nuestra familia lo principal,
ni los nuestros los únicos
en los que gastar la vida.
Ya toda la humanidad se convierte en hermana.

Tú haces que no vivamos sólo para los nuestros,
sino que nuestro corazón sea universal,
que nuestros ojos adivinen
lo que le ocurre al otro,
que nuestras manos se ocupen
de cuidar a más gente,
que nuestras actividades beneficien
a la sociedad,
y que todos formemos parte
de tu gran familia.

Sólo renunciando a lo nuestro
seremos capaces de seguirte, Jesús,
sólo dejando a un lado nuestros intereses
actuaremos a tu manera,
sólo regalando nuestra vida a los demás
construiremos juntos tu Reino.

Haz que seamos valientes para seguirte:
que no nos duela el juicio de la gente,
que no nos pida dedicación exclusiva la familia.

Danos tu fuerza para ser profetas del Amor,
para contagiar un estilo de vida abierto,
para ser generosos con el mundo,
para entregarnos al que nos necesita,
para vivir abiertos a los de alrededor,
a los de cerca y a los de lejos.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

• El centro de este texto está en el último versículo: “quien de vosotros no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (33). Vemos que Jesús se dirige a quienes ya son discípulos suyos y quieren continuar siéndolo. Algunos habían emprendido el camino bien pronto (Lc 5,11.28). Y les dice que el auténtico discípulo debe compartir el desprendimiento que es característico de la manera de vivir del Maestro. Y, en cualquier caso, ningún criado no puede servir dos señores (Lc 16,13).

• Los “bienes” son, ciertamente, los bienes materiales –justamente Jesús acaba de decir que en el Reino quienes no tienen, bienes materiales, son los primeros (Lc 14,12-24)–. Más adelante Lucas concretará más esta cuestión, como lo podemos ver en el caso del hombre rico: “vende todo el que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro al cielo”. “Después ven y sígueme” (Lc 18,22), o en el caso de Zaqueo (Lc 19,1-10). Y antes, al empezar el camino a Jerusalén, ya había anunciado las condiciones del seguimiento (Lc 9,23-27.57-62).

• Pero Jesús también habla de otros bienes, como la familia y la “propia vida” (26). ¿Qué quiere decir, Jesús, con estas condiciones para seguirlo?

• A menudo leemos las comparaciones desde la clave bueno–malo o positivo–negativo. Si utilizamos esta clave para buscar el significado de los vv. 26-27, nos equivocaremos. Amar “más” a Jesús que “al padre y la madre…” (26) no quiere decir, de ninguna forma, que amar a Jesús sea bueno y positivo, y amar a los miembros de la propia familia sea malo y negativo. Igualmente con respecto a la propia “vida” (26). El mismo Jesús ratifica el mandato de la Ley que propone el amor a Dios de todo corazón es inseparable del amor al prójimo. Y este segundo amor, dice la Ley, tiene la fuerza del amor “a si mismo” (Lc 10,27).

• Por tanto, la clave quizás sólo la encontraremos si cambiamos el punto de vista y nos lo miramos desde el otro lado. Es decir, aquello que vivimos en cuanto a los afectos: el amor a la familia, a la pareja, a los amigos…, todas las relaciones humanas, en cuanto que son buenas y nos hacen crecer humanamente, pueden ser todavía mejores si las vivimos amando a Jesús y siguiéndolo en todo. Igualmente con respecto a la propia “vida”: seguir Jesús nos puede llevar a tomar, como Él y con Él, “la cruz” (27). Pero, como Él, no por desprecio de la vida sino por amor. Se trata de dar la vida por amor. Dar, generosamente, lo que amamos mucho, aquello que tiene mucho valor, para que otros vivan.

• Dicho de otra manera: Seguir Jesús es un acto de libertad fruto de una decisión tomada con libertad. Pero no hay nada, ningún ámbito de la vida –desde las relaciones con cualquier persona hasta los rincones más profundos de la propia intimidad–, que se escape a las consecuencias que tiene el seguimiento de Jesús.

* En la segunda lectura de la misa de hoy, Filemón 1,9-17, tenemos un testimonio de que el seguimiento de Jesús hace cambiar todas las relaciones humanas, tenemos un testigo: Onésimo ha pasado, por la fe, de ser esclavo a ser hermano. Esto es un hecho, más allá de la legislación que contempla la esclavitud co- mo normal. El seguimiento de Jesús abre caminos al cambio de las estructuras.

• Un apunte, todavía, sobre el “llevar la cruz”. En una familia obrera, el esfuerzo que se hace por trabajar, las preocupaciones que pasan los unos por otros para que todo el mundo viva con dignidad, ¿no es dar “la propia vida” por amor? Ciertamente, no tiene nada de desprecio a la propia vida y mucho de amor a la vida de las otras personas. Esto, vivido en seguimiento de Jesús, queda reforzado por la misma esperanza que lo mueve a Él.

• Las dos parábolas con qué Jesús ilustra estas enseñanzas (28-30 y 31-32) aconsejan tomar decisiones que no acaben en ningún fracaso. Por esto insisten en la reflexión y el cálculo (28 y 31). ¿Qué es el que debemos calcular, en este caso? La carga que llevamos. Seguir a Jesús pide todas las fuerzas. No podemos pretender seguirlo cargados. Él va ligero de equipaje y seguirlo sólo es posible si vamos descargados. Pero hace falta tener presente que esto puede ser difícil: ¡Con qué dificultad entran en el Reino de Dios los que tienen dinero (Lc 18,24). Ahora bien, Dios puede hacerlo posible: Aquello que es imposible para los hombres es posible para Dios (Lc 18,27). Tendremos que pedirle que nos ayude.

Tres exigencia del seguimiento de ser discípulo:
* Desprendimiento respecto a la familia e incluso de sí mismo.

Jesús (en Lucas) emplea la palabra “odiar”, que no es ir contra el Cuarto Mandamiento (Lc 18,20). “Odiar”, en el modo oriental de hablar, significa “poner en segundo lugar” algo o alguien, porque ha aparecido otra cosa o persona de más valor. Pero, con todo, Lucas presenta una renuncia más radical que Mateo y Marcos: el “odiar” del v.26 expresa con más fuerza el “quiere más” de Mateo 10,37.

A la lista de personas a las que hay que renunciar por Cristo (Mt 19,29) añade “la mujer”, conforme a su radicalismo ascético.

La mentalidad semítica no entiende de las medias tintas en las relaciones personales: o se ama o se odia. En este caso, hay que subordinar los afectos más fundamentales: la familia y la propia vida. Posponerlos (“odiarlos”, en semita) implica reorganizar las prioridades, desarrollar una capacidad interna de radicalidad aunque se trate de lo cercano e intimo de la propia vida.

* La segunda exigencia es la cruz (v.27), la expresión de un seguimiento más estricto.

Recordar que en Lucas, en la pasión, no presenta a Jesús con la cruz a cuestas. En compensación y a lo largo de la narración evangélica, Lucas presenta al discípulo acompañando al maestro; ambos cagados con la cruz.

Una cruz que es la entrega en la vida. Esto no supone una carga adicional a los problemas de la existencia, sino más bien hace referencia al nuevo estilo de vivir que se desprende de la pretensión de seguir a Jesús en la construcción del Reino de Dios.

* La tercera exigencia (“el que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío”), renuncia a los vienes materiales, queda ilustrada por dos parábolas breves sobre la previsión cara a dar seriedad a este compromiso y no caer en el ridículo.

La del constructor ante el reto de su obra y la del rey en guerra. ¡Hay que calcular las fuerzas!

Las euforias iniciales no sintonizan con el Evangelio, si se desvanecen rápidamente. Posponer (“odiar”) lo que se es y lo que se tiene es algo que se logra a lo largo del camino.

Comentario al evangelio – 5 de septiembre

Rema mar adentro

A la gente hay que animarla. Hartos de crisis, de penurias, de soledades y de penas, no vayamos a echarles más cargas. No es latiguillo recordar que los cristianos arrastramos una imagen de prohibiciones, actitudes negativas o visiones rigoristas. ¿Que no es verdad? Reconozcamos la realidad de la imagen, y tratemos de superarla.

Fijémonos en esta escena junto al lago de Genesaret. Es una escena de vocación; como tantas que, en la Biblia, siguen los mismos pasos. Jesús toma la iniciativa: “Rema mar adentro”. Al hombre le sorprende, se resiste: “No hemos cogido nada en toda la noche”, “Soy un pecador”. Jesús le encomienda: “Te haré pescador de hombres”. El final siempre es feliz, el querer de Dios se hace realidad: “Y dejándolo todo le siguieron”. Ya se ve, la presencia del Maestro, ser obsequiosos con su palabra, recrea, cambia a las personas. El fracaso de una noche con las redes vacías se torna en una red que revienta de peces; el que se llama a sí mismo pecador se trasforma en pescador de hombres. Solo desde Jesús, las cosas funcionan bien. Hacer las cosas “en su nombre” trae siempre noticias buenas. Parece que, en esta idea, estamos todos de acuerdo, pero, muchas veces, no ocurre así. Nos entregamos más fácilmente y ponemos nuestra confianza en técnicas, en medios, en estructuras, en títulos, que en la presencia amorosa del Señor. Los ídolos mundanos del poder, de la eficacia competitiva, del dinero nos esclavizan más de la cuenta. Sin embargo, un cristiano, al poner su esperanza, ante todo, en Dios, sabe que las adversidades tienen remedio. Los fracasos nos ofrecen la mirada profunda de los acontecimientos. La fragilidad aceptada nos vuelve a Dios, y todo cambia de signo. Dicen que no nos aparta de Dios el pecado sino el no saber reconocerlo (lo vive el publicano de la parábola). El hombre, así confiado en la bondad de Dios, no tiene miedo cuando escucha: “Rema mar adentro”, adéntrate en el oleaje, no te quedes en la seguridad de la orilla. La audacia, el riesgo por el Reino, la aventura de nuevos caminos, solo cabe  si sentimos al lado la palabra y la mano de Jesús. Como el pecador de esta escena que, antes de morir, repite tres veces: “Señor, tú sabes que te quiero”.