Vísperas – Martes XXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXIII TIEMPO ORDINARIO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Estoy, Señor, en la ribera sola
del infinito afán. Un niño grita
entre las olas, contra el viento yermo.

A través de la nada,
van mis caminos
hacia el dolor más alto,
pidiendo asilo.

La espuma me sostiene,
y el verde frío
de las olas me lleva,
pidiendo asilo.

Hacia el amor más alto
que hay en mí mismo,
la esperanza me arrastra,
pidiendo asilo.

Gloria al Padre, y al Hijo
y al Espíritu Santo. Amén.

 

SALMO 124: EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

 

SALMO 130: ABANDONO CONFIADO EN LOS BRAZOS DE DIOS

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

 

LECTURA: Rm 12, 9-12

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

 

PRECES

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque en Cristo, tu hijo, hemos sido enriquecidos en todo:
— en el hablar y en el saber.

En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;
— dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.

Tú que concedes a los artistas inspiraciones para plasmar la belleza que de ti procede,
— haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.

Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,
— da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,
— no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

 

ORACION

Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 10 de septiembre

1) Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 6,12-19
Por aquellos días, se fue él al monte a orar y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles: A Simón, a quien puso el nombre de Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelota; a Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano; había un gran número de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy trae dos asuntos: la elección de los doce apóstoles (Lc 6,12-16) y la multitud enorme de gente queriendo encontrarse con Jesús (Lc 6,17-19). El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre los Doce que fueron escogidos para convivir con Jesús, como apóstoles. Los primeros cristianos recordaron y registraron los nombres de estos Doce y de algunos otros hombres y mujeres que siguieron a Jesús y que después de la resurrección fueron creando comunidades para el mundo. Hoy también, todo el mundo recuerda el nombre de algún catequista o profesora que fue significativo/a para su formación cristiana.
• Lucas 6,12-13: La elección de los 12 apóstoles. Antes de proceder a la elección de los doce apóstoles, Jesús pasó una noche entera en oración. Rezó para saber a quién escoger y escogió a los Doce, cuyos nombres están en los evangelios y que recibirán el nombre de apóstol. Apóstol significa enviado, misionero. Fueron llamados para realizar una misión, la misma que Jesús recibió del Padre (Jn 20,21). Marcos concretiza más y dice que Dios los llamó para estar con él y enviarlos en misión (Mc 3,14).
• Lucas 6,14-16: Los nombres de los 12 apóstoles. Con pequeñas diferencias los nombres de los Doce son iguales en los evangelios de Mateo (Mt 10,2-4), Marcos (Mc 3,16-19) y Lucas (Lc 6,14-16). Gran parte de estos nombres vienen del AT. Por ejemplo, Simeón es el nombre de uno de los hijos del patriarca Jacob (Gén 29,33). Santiago es el mismo nombre que Jacob (Gén 25,26). Judas es el nombre de otro hijo de Jacob (Gén 35,23). Mateo también tenía el nombre de Levi (Mc 2,14), que fue otro hijo de Jacob (Gén 35,23). De los doce apóstoles, siete tienen el nombre que vienen del tiempo de los patriarcas: dos veces Simón, dos veces Santiago, dos veces Judas, y una vez ¡Levi! Esto revela la sabiduría y la pedagogía del pueblo. A través de los nombres de patriarcas y matriarcas, dados a sus hijos e hijas, mantuvieron viva la tradición de los antiguos y ayudaron a sus hijos a no perder la identidad. ¿Qué nombres les damos hoy a nuestros hijos e hijas?
• Lucas 6,17-19: Jesús baja de la montaña y la multitud lo busca. Al bajar del monte con los doce, Jesús encuentra a una multitud inmensa de gente que trataba de oír su palabra y tocarle, porque de él salía una fuerza de vida. En esta multitud había judíos y extranjeros, gente de Judea y también de Tiro y Sidón. Y la gente estaba desorientada, abandonada. Jesús acoge a todos los que le buscan. Judíos y paganos. ¡Este es uno de los temas preferidos por Lucas!
• Estas doce personas, llamadas por Jesús para formar la primera comunidad, no eran santas. Eran personas comunes, como todos nosotros. Tenías sus virtudes y sus defectos. Los evangelios informan muy poco sobre la forma de ser o el carácter de cada una de ellas. Pero lo poco que informan es motivo de consolación para nosotros.
– Pedro era una persona generosa e entusiasta (Mc 14,29.31; Mt 14,28-29), pero a la hora del peligro y de la decisión, su corazón sigue encogido y se vuelve atrás (Mt 14,30; Mc 14,66-72). Llega a ser satanás para Jesús (Mc 8,33). Jesús le dio el apellido de Piedra (Pedro). Pedro, por si mismo, no era Piedra. Se volvió piedra (roca), porque Jesús rezó por él (Lc 22,31-32).
– Santiago y Juan estaban dispuestos a sufrir con Jesús y por Jesús (Mc 10,39), pero eran muy violentos (Lc 9, 54). Jesús los llama “hijos del trueno” (Mc 3,17). Juan parecía tener ciertos celos. Quería Jesús sólo para su grupo (Mc 9,38).
– Felipe tenía una forma de ser acogedora. Sabía poner a los demás en contacto con Jesús (Jn 1,45-46), pero no era muy práctico en resolver los problemas (Jn 12,20-22; 6,7). A veces era medio ingenuo. Hubo momentos en que Jesús perdió la paciencia con él: “Pero Felipe, ¿tanto tiempo que estoy contigo, y aún no me conoces?” (Jn 14,8-9)
– Andrés, hermano de Pedro y amigo de Felipe, era más práctico. Felipe recurre a él para resolver los problemas (Jn 12,21-22). Fue Andrés el que le llamó a Pedro (Jn 1,40-41), y fue Andrés el que encontró al niño con los cinco panes y los dos peces (Jn 6,8-9).
– Bartolomé parece haber sido el mismo que Natanael. Este era del barrio, y no podía admitir que nada bueno pudiera venir de Nazaret (Jn 1,46).
– Tomás fue capaz de sustentar su opinión, una semana entera, contra el testimonio de todos los demás (Jn 20,24-25). Pero cuando vio que estaba equivocado, no tuvo miedo en reconocer su error (Jn 20,26-28). Era generoso, dispuesto a morir con Jesús (Jn 11,16).
– Mateo o Levi era publicano, cobrador de impuestos, como Zaqueo (Mt 9,9; Lc 19,2). Eran personas comprometidas con el sistema opresor de la época.
– Simón, por el contrario, parece haber sido del movimiento que se oponía radicalmente al sistema que el imperio romano imponía al pueblo judío. Por eso tenía el apellido de Zelota (Lc 6,15). El grupo de los Zelotas llegó a provocar una rebelión armada contra los romanos.
– Judas era lo que se ocupaba del dinero del grupo (Jn 13,29). Llegó a traicionar a Jesús.
– Santiago de Alfeo y Judas Tadeo, de estos dos los evangelios sólo informan del nombre. 

4) Para la reflexión personal

• Jesús pasó la noche entera en oración para saber qué escoger, y escogió a estos doce. ¿Cuál es la lección que sacas de aquí?
• ¿Recuerdas los nombres de las personas que están en el origen de la comunidad a la que perteneces? ¿Qué más recuerda de ellas: el contenido que te enseñaron o el testimonio que te dieron? 

5) Oración final

Alaben su nombre entre danzas,
haciendo sonar tambores y cítaras.
Porque Yahvé se complace en su pueblo,
adorna de salvación a los desvalidos. (Sal 149,3-4)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

4.- LA EDAD DE SAN JOSÉ

Los evangelios nada nos dicen de la edad de san José al desposarse con María; debió de ser algo mayor que Ella, pero no demasiado. Por muchas razones debemos pensar que la Virgen se casó con un muchacho joven, de grandes cualidades humanas; entre otras, la misma normalidad de las cosas. Son los evangelios apócrifos los que nos cuentan sucesos increíbles (en el pleno sentido de la palabra)[1]. Intentan rellenar con una imaginación a veces desbordante lo que los evangelistas no mencionaron. Y nos hablan de un hombre anciano y viudo, para así salvaguardar mejor la virginidad de María. Estas ideas tuvieron acogida en algún escritor antiguo, especialmente en san Epifanio[2]. Así se ve a san José frecuentemente pintado en los lienzos y estampas, en la Edad Media y en siglos posteriores, también en nuestros días[3].

Sin embargo, los monumentos más antiguos se apartan por completo de esta figura de los apócrifos, puesto que representan al esposo de María como un hombre joven y vigoroso; solamente en los siglos V y VI y en los tiempos posteriores aparecen vestigios de esas narraciones[4]. A la misma conclusión han llegado otros historiadores y arqueólogos[5].

De los relatos evangélicos se puede deducir que el esposo de María era joven y con energía para levantar varias veces la casa y trasladarse a otro lugar, y para sacar adelante a su familia en circunstancias nada fáciles. Además, Jesús pasaba como hijo carnal de José, cosa que no sucedería si éste hubiera sido un anciano.


[1]Especialmente el Protoevangelio de Santiago,el llamado Evangelio del Pseudo Mateo, elEvangelio de la Natividad de Maríay elEvangelio de Tomás.

[2]«José, ya anciano, muerta su esposa… y obligado por la necesidad de la suerte, recibió en matrimonio a la sacrosanta Virgen María» (SAN EPIGANIO, Ancoratus, MG 43, 121. Repite la misma teoría en Adversus haereses,MG 41, 276; 42, 708)

[3]Refiriéndose a la juventud de san José, san Josemaría escribe: «para vivir la virtud de la castidad, no hay que esperar a ser viejo o a carecer de vigor. La pureza nace del amor y, para el amor limpio, no son obstáculos la robustez y la alegría de la juventud. Joven era el corazón y el cuerpo de san José  cuando contrajo matrimonio con María, cuando supo del misterio de su Maternidad divina, cuando vivió junto a Ella respetando la integridad que Dios quería legar al mundo, como una señal más de su venida entre las criaturas» (Es Cristo que pasa,n. 40).

[4]Cfr. S. DEL PÁRAMO, La edad de San José, en SalTerrae, 44 (1956), pp. 259 ss.

[5]Entre los mosaicos que representan la figura de san José es notable el del arco triunfal de la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, de los tiempos del Papa Sixto III (432-440). En los misterios de la vida de Cristo en los que aparece, su aspecto es juvenil y lleno de fortaleza. En muchas de las pinturas con las que el Papa Juan VII, en el siglo VIII, ornamentó varias iglesias, San José aparece siempre joven. En algunos sarcófagos cristianos de los primeros siglos se representa a san José con túnica de obrero y facciones llenas de vigor (cfr. J. Wilpert, I sarcofagi cristiani antichi I, Roma 1929, cit, por S. DEL PÁRAMO, en La edad de… pp. 262-263).

Comentario del 10 de septiembre

La elección de los Doce por parte de Jesús estuvo precedida por una noche de oración. Así nos lo hace saber el evangelista, poniendo en relación ambas acciones: la de la oración y la de la elección. Es como si quisiera indicarnos que Jesús no tomaba ninguna decisión importante sin antes consultarla con su Padre. Al fin y al cabo había venido para hacer la voluntad del Padre, pero la concreción de esta voluntad había que discernirla en cada momento.

Jesús, como todo hombre, estaba obligado a tomar decisiones en la vida; y una de ellas fue la de elegir entre sus discípulos a un grupo más reducido, con el que formar una comunidad apostólica que en el futuro tendría que ocuparse de dar continuidad a su misión a manera de grupo estructurado que habría de perpetuarse en el tiempo.

El grupo nacido de esta elección, los Doce, acabará significándose como núcleo de la futura Iglesia. Hasta el número elegido, el doce, tiene su importancia y valor simbólico; será la representación de un pueblo –el pueblo de Israel- integrado por doce tribus que traían su origen de los doce hijos de Jacob (=Israel). Quería simbolizarse, por tanto, el nuevo pueblo de Israel o congregación de los cristianos. En la elección del número había, pues, una clara intencionalidad. No era gratuita. Tampoco lo era la nominación de los integrantes del grupo.

También esta concreta elección que implica el pronunciamiento nominal de cada uno de los segregados exigía por parte del elector una seria deliberación. No podía dejarse al azar o a la improvisación. Y Jesús parece haber dado a este momento la importancia que merecía, llevando a la oración los nombres de aquellos de los que haría depender su proyecto salvífico, pues desde entonces las vidas y energías de los elegidos quedarían definitiva y estrechamente asociadas al proyecto de Jesús.

Ello obligaba a hacer una buena elección y explicaba el empleo de una noche de oración con vistas a este objetivo. Porque lo primero que hizo Jesús, nada más hacerse de día, fue llamar a sus discípulos, escoger a doce de ellos y nombrarles apóstoles. A la elección sigue, pues, un nombramiento: el de apóstoles o enviados. Luego los eligió no solamente para que estuvieran con él y aprendieran de él, sino para enviarlos como representantes suyos a la misión. En su propósito electivo ya hay, por tanto, un proyecto de envío, dado que la misión requiere misioneros y el envío apóstoles.

La relación de los nombres de los elegidos para ser apóstoles es también significativa y merece alguna reflexión. De Andrés se dice que era hermano (de sangre) de Simón, el que más tarde recibirá el nombre de Pedro; pero no era la única pareja de hermanos. También eran hermanos Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, aunque aquí no se menciona su consanguinidad. De todos ellos sabemos que se dedicaban a la pesca en una pequeña empresa familiar. De otros apóstoles también tenemos referencias acerca de su pasado. Mateo era recaudador de impuesto. Un pasaje del evangelio recuerda su vocación al discipulado de Jesús. Le bastó oír su llamada para dejar el mostrador, como otros habían dejado barcas y redes de pesca.

Algunos nombres van acompañados de sobrenombres que indican procedencias ideológicas o afinidades políticas. Es el caso de Simón, apodado el Celotes, o el de Judas Iscariote, emparentados probablemente al movimiento nacionalista y revolucionario de los zelotas, un grupo muy combativo de la escena política que no descartaba el uso de la violencia en sus actuaciones reivindicativas.

A Jesús no parece importarle demasiado el estrato social del que proceden o su inmediato pasado: unos, como los publicanos, podían ser más partidarios de colaborar con el imperio romano; otros, los asociados al nacionalismo judío, en cambio, se manifestaban claramente antirromanos. Pero estos lazos ideológicos no determinan la elección de Jesús; a él le importa ante todo su actitud personal actual, la disponibilidad con la que han emprendido su seguimiento. Sus antecedentes familiares o personales forman parte de un pasado reformable, y Jesús mira más al presente y al futuro.

No obstante, parece haber cometido un grave error en la elección, pues ha incorporado al grupo de su confianza a alguien que traicionará claramente sus expectativas. A Judas Iscariote se le llama traidor porque será el que entregue al Maestro en manos de sus enemigos. Pero ¿fue ésta realmente una mala elección? Desde cierto punto de vista, sí, pues eligió como amigo, aliado y acompañante a alguien que finalmente le dio la espalda y lo traicionó, a alguien que le fue infiel.

Sin embargo, aquella traición contribuyó a la realización del designio salvífico de Dios que habría de consumar Jesús con su muerte redentora. Judas, actuando con una voluntad malévola y, por tanto, contraria a la voluntad de Dios, y llevando a cabo un acto reprobable y mezquino, contribuyó no obstante al cumplimiento histórico de la obra de la salvación. Dios sacó de su mala acción el bien de la redención humana, propiciando la entrega amorosa –hasta el extremo– de Cristo en la cruz. Se sirvió, por tanto, de una serie de voluntades confluyentes en el maleficio de dar muerte al Inocente para sacar un bien mayor. Desde esta perspectiva no podemos decir que Jesús se equivocó al elegir a Judas entre los Doce, aun siendo verdad que, eligiéndole a él, escogía a un traidor, pues así se revelaría en el futuro.

Pero la historia de la salvación nos enseña, como ya sabemos, que Dios escribe derecho con renglones torcidos y que los designios de Dios son inescrutables.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

117. Cuando te pide algo o cuando sencillamente permite esos desafíos que te presenta la vida, espera que le des un espacio para poder sacarte adelante, para promoverte, para madurarte. No le molesta que le expreses tus cuestionamientos, lo que le preocupa es que no le hables, que no te abras con sinceridad al diálogo con Él. Cuenta la Biblia que Jacob tuvo una pelea con Dios (cf. Gn 32,25-31), y eso no lo apartó del camino del Señor. En realidad, es Él mismo quien nos exhorta: «Vengan y discutamos» (Is 1,18). Su amor es tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo. ¡Finalmente, busca el abrazo de tu Padre del cielo en el rostro amoroso de sus valientes testigos en la tierra!

Recursos – Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE LA CONVOCATORIA DEL CONSEJO PASTORAL

(Lo debiera de realizar el que lo preside o el secretario del mismo. Preparada en una cartulina grande y que luego será colocada en un lugar visible del templo parroquial o centro de culto)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy te presento, en nombre de todo el Consejo Pastoral, esta LLAMADA que tiene en Ti mismo su origen. Tú nos sigues invitando a todos y a todas a la tarea del Reino. Nuestra Comunidad quiere ponerse en marcha con vistas a afrontar el desafío de un NUEVO CURSO PASTORAL. Toca, Señor, el corazón de cada uno de nosotros y de nosotras para que escuchemos esa llamada y asumamos nuestra misión dentro de la comunidad. Danos valor y fuerza para ser “piedras vivas” en este edificio en el que Tú mismo estás empeñado.

UN/A CATEQUISTA PRESENTA UN NIÑO O UNA NIÑA

(Agarrados de la mano, llegan hasta el presbiterio, donde el o la catequista dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, bien sabes que soy uno/una de los/as catequistas de esta comunidad. Tengo la conciencia de que mi trabajo no es tanto mío, como hecho por y en nombre de la comunidad. Hoy te traigo este niño, esta niña. Es uno/una de los/las que pertenecen a nuestros grupos. Al presentártelo hoy, quiero, en mi nombre y en el de toda la comunidad, significar lo que es el amor entre nosotros y nosotras, en el seno de la misma comunidad y, también, el de asumir nuestro compromiso de cara al nuevo Curso Pastoral, que ya está a la vuelta de la esquina. Acepta, Señor, nuestra tarea y nuestro compromiso.

PRESENTACIÓN DE UNA DE LAS PERSONAS QUE SE OCUPAN DE LA LIMPIEZA

(Esta ofrenda la hace alguna persona dedicada a la limpieza de los locales de la comunidad, aportando algún instrumento de trabajo concreto)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, vengo a hacerte una ofrenda. Ya sabes que me ocupo de una de las tareas más sencillas e insignificantes en medio de nuestra comunidad, aunque necesaria para el buen orden y el funcionamiento de todo. Sabes que lo hago con toda mi dedicación y entrega. Me siento útil haciendo lo que hago, en favor de la comunidad y de los demás. No me preocupa absolutamente si mi tarea es aplaudida. Lo hago sin más, y no espero nada a cambio. Sin embargo, me gustaría, Señor, que todos y todas fuéramos capaces de hacer frente a la vida desde la perspectiva del servicio y de la entrega a los y las demás. Por eso ésta es mi súplica hoy para toda la comunidad.

PRESENTACIÓN DE UN TEXTO DE CATEQUESIS

(Lo presenta uno o una de los encargados/as de la catequesis de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, este manual de la catequesis de la comunidad. Con él te ofrezco nuestro trabajo y entrega, el de este nuevo curso, del que ya hemos iniciado su preparación, porque Tú sigues invitándonos a la tarea. Pero te pido tu ayuda y fortaleza para que nuestra enseñanza sea verdaderamente comprometida, como lo fue la de tu Hijo, que selló sus palabras con la entrega de su propia vida. Ayúdanos, pues, en la tarea que nuevamente estamos iniciando.

PRESENTACIÓN DE UN DESPERTADOR

(Puede hacer la ofrenda cualquier miembro adulto de la comunidad; aunque, a ser posible, la debiera hacer un padre o madre de familia)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este despertador, que me llama a la vigilia y a incorporarme a la vida y a mis tareas todas las mañanas. También pone en marcha la vida familiar para la convivencia y para la responsabilidad. Te lo ofrezco, en nombre de toda la comunidad, como signo de nuestra necesaria vigilancia, para que no se nos pase desapercibida ninguna de tus manifestaciones y presencias. Sin embargo, sabemos, Señor, por las dificultades que nos rodean y por nuestra debilidad, que, sin tu ayuda, nuestra vigilancia no es posible, nos dominará el sueño y nos entretendrán nuestras ocupaciones y el bienestar. Ayúdanos a estar vigilantes.

Oración de los fieles – Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

La misericordia de Dios es la respuesta ante nuestra condición de pecadores. Así pues te suplicamos a Dios Padre:

MUESTRANOS TU MISERICORDIA SEÑOR.

1. – Por el Papa Francisco, los obispos y sacerdotes, para que, como a Moisés, Dios los ilumine ante los errores y desviaciones del pueblo.

OREMOS

2. – Por los gobernantes para que Dios ilumine sus caminos y les lleve a tomar las mejores decisiones para sus pueblos

OREMOS

3. – Por los padres, educadores y aquellos que son guía en la educación de los niños y jóvenes, para que la misericordia del Padre sea lo principal en el trato entre ellos.

OREMOS

4. – Por los niños y jóvenes que comienzan el curso, para que aprovechen las enseñanzas de sus profesores y sus padres.

OREMOS

5. – Por los que perdieron la fe o la tienen dormida, para que a través del arrepentimiento vuelvan a la misericordia del Padre.

OREMOS

6. – Por aquellos que pasan necesidad, para que siempre sean consolados por la Misericordia de Dios.

OREMOS

7.- Por todos nosotros, presentes en la Eucaristía para que sepamos reconocer nuestras faltas y perdonar a los que nos han ofendido.

OREMOS

Padre acompaña a tu pueblo, atiéndelo con tu misericordia concediéndole aquello que necesita.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor

Amen.


Con corazón contrito y espíritu humilde nos presentamos ante Ti, Dios Padre, y te ofrecemos nuestras súplicas. Y respondemos:

AYÚDANOS A SEGUIR CAMINANDO, SEÑOR

1. – Para que todos los miembros de la Iglesia –el Papa, los obispos, presbíteros, diáconos, ministros y todo el pueblo de Dios—tengan permanente espíritu de conversión y reconociendo sus faltas, invoquen el perdón generoso y lleno de ternura de Ti, como Dios Padre que eres

OREMOS

2. – Para que todas las naciones de la tierra, y sus gobernantes, actúen con constante autocrítica y sean capaces de enmendar sus faltas y carencias, sobre todo las cometidas en los pueblos más humildes y más necesitados.

OREMOS

3. – Para que todas las Iglesias y todos los seguidores de Jesús, sin importar su grupo o pertenencia, se perdonen mutuamente las ofensas que provocan la separación y caminemos todos juntos, tras el Único Pastor y Maestro, Jesús.

OREMOS

4. – Por todos los padres, madres, hijos e hijas de la tierra, para que sepan volver siempre al abrazo amoroso del regreso y del perdón mutuo,

OREMOS

5. – Para que los pobres, los marginados, los solitarios, los enfermos de mente y cuerpo, nos perdonen a nosotros como causantes directos o indirectos de sus males y, a su vez, sean capaces ellos de perdonarse a si mismos.

OREMOS

6.- Por los terroristas y por sus inductores, para que la fuerza del Espíritu Santo les convierta y Dios Padre consuele a los familiares de las victimas de esa barbarie,

OREMOS

7.- Por nosotros, presentes en esta Eucaristía, para que salgamos del templo con la clara conciencia de que hemos sido perdonados por Dios.

OREMOS.

Escucha Padre, Dios de todos y todo, las plegarias que te presentamos hoy y perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.

Por Jesucristo, Nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – 10 de septiembre

Para vivir con Él

Qué bien se organiza la vida Jesús. Y sin recurrir a muchos proyectos, papeles, documentos o reuniones. Lo tiene claro y elemental: ora, vive con su comunidad de discípulos y sale a la calle a evangelizar, predicando el Evangelio y haciendo bien a la gente. Así de sencillo, así de fecundo.

Gráficamente, podemos distinguir dos planos, el monte y el valle. El monte es, ante todo,  el lugar de la oración, de dirigirse al Padre, de momentos de amistad y de encuentro. Y sin prisas, “paso la noche entera”. En este clima, cuando llega la luz del día, elige a los suyos, a los doce. Gente sencilla, pobre, con escasos recursos personales, tocados de cierto nacionalismo excluyente. Hasta figura el traidor, el Iscariote, que le entregará al enemigo. Luego, poco a poco, los irá cambiando; su presencia, constante y activa, los trasformará. Desde luego, derribando fronteras y murallas para abrirlos a un destino universal. “Con ellos”, con estos apóstoles, bajará al valle. Aquí se escenifica la secuencia: Está Cristo, el Maestro; los apóstoles, el círculo más íntimo; luego, el grupo de discípulos; por fin, el pueblo entero, incluso venidos de lejos, los extranjeros de Tiro y Sidón. Solo falta ya comenzar la actividad evangelizadora: predicar y sanar, con la “fuerza que salía de él y curaba a todos”.

Miramos la escena, y lo tenemos fácil, -parece- a la hora de discernir cómo hemos de componer nuestra vida. Pues, no. Resulta terriblemente arduo y laborioso dar unidad a nuestra vida: saber conjugar la oración, el vivir con los más cercanos y derramarse en actividad, haciendo el bien a todos. La dispersión nos puede; hacemos muchas cosas, pero no somos fecundos, nos falla la raíz. Por lo menos, no nos engañemos y tomemos conciencia de ello. Afirmemos de corazón que “estar con Él”, la adoración, el trato íntimo -como en Jesús- es lo primero; aquí nos alimentamos y tomamos fuerza para lograr algo que ofrecer, algo que decir y la manera de hacerlo. Tengamos confianza: Jesús nos ha elegido, es gesto de amistad personal. Él lo hará todo en nosotros y a través de nosotros.