Martes XXIII de Tiempo Ordinario

Hoy es 10 de septiembre, martes XXIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 6, 12-19):

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Hoy quisiera centrar nuestra reflexión en las primeras palabras de este Evangelio: «En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios» (Lc 6,12). Introducciones como ésta pueden pasar desapercibidas en nuestra lectura cotidiana del Evangelio, pero —de hecho— son de la máxima importancia. En concreto, hoy se nos dice claramente que la elección de los doce apóstoles —decisión central para la vida futura de la Iglesia— fue precedida por toda una noche de oración de Jesús, en soledad, ante Dios, su Padre.

¿Cómo era la oración del Señor? De lo que se desprende de su vida, debía ser una plegaria llena de confianza en el Padre, de total abandono a su voluntad —«no busco hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 5,30)—, de manifiesta unión a su obra de salvación. Sólo desde esta profunda, larga y constante oración, sostenida siempre por la acción del Espíritu Santo que, ya presente en el momento de su Encarnación, había descendido sobre Jesús en su Bautismo; sólo así, decíamos, el Señor podía obtener la fuerza y la luz necesarias para continuar su misión de obediencia al Padre para cumplir su obra vicaria de salvación de los hombres. La elección subsiguiente de los Apóstoles, que, como nos recuerda san Cirilo de Alejandría, «Cristo mismo afirma haberles dado la misma misión que recibió del Padre», nos muestra cómo la Iglesia naciente fue fruto de esta oración de Jesús al Padre en el Espíritu y que, por tanto, es obra de la misma Santísima Trinidad. «Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles» (Lc 6,13).

Ojalá que toda nuestra vida de cristianos —de discípulos de Cristo— esté siempre inmersa en la oración y continuada por ella.

Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet

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Liturgia – Martes XXIII de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Col 2, 6-15. El Señor os vivificó con él, y nos perdonó todos los pecados.
  • Sal 144. El Señor es bueno con todos.
  • Lc 6, 12-19. Pasó la noche orando. Escogió a doce, a los que también nombró apóstoles.

Antífona de entrada (Cf. Sal 67, 6-7. 36)
Dios vive en su santa morada. Dios, el que hace habitar juntos en su casa, él mismo dará fuerza y poder a su pueblo.

Monición de entrada
Reunidos en la mesa del Señor, dispongámonos a celebrar la Eucaristía, sacramento de la comunión con Jesús y los hermanos, que hoy ofrecemos de un modo especial por nuestros familiares y amigos, poniéndonos en la presencia de Cristo, que es el Redentor que perdona nuestros pecados y nos da un corazón bueno y humilde, pidiéndole que tenga misericordia de nosotros.

Acto penitencial

  • Tú que llamaste a los Doce para que fueran tus amigos. Señor, ten piedad.
  • Tú que viviste con María y José en el seno de una familia. Cristo, ten piedad.
  • Tú que nos mandas honrar a nuestros familiares. Señor, ten piedad

Oración colecta
OH, Dios,
protector de los que en ti esperan
y sin el que nada es fuerte ni santo;
multiplica sobre nosotros tu misericordia,
para que, instruidos y guiados por ti,
de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros
que podamos adherirnos ya a los eternos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Confiando en la bondad y en la misericordia de nuestro Padre del cielo, dirijámosle ahora nuestras peticiones y súplicas.

1.- Por la Iglesia, por todos los cristianos; para que seamos siempre portadores de amor y de esperanza. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que no falten en la Iglesia sacerdotes que hagan presente a Cristo, buen pastor. Roguemos al Señor.

3.- Por los responsables del gobierno de las naciones; para que el Espíritu Santo los asista con su luz y su justicia. Roguemos al Señor.

4.- Por los que están presos en las cárceles; para que se puedan reinsertar en la sociedad y vivir una vida digna y en paz. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, congregados en la casa del Señor; para que evitemos todo aquello que nos esclaviza o degrada en nuestra dignidad. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras oraciones, y concédenos reconocer ante todos los hombres que Jesucristo es tu Hijo que ha venido a sanarnos de todos nuestros males. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Señor, las ofrendas
que te presentamos gracias a tu generosidad,
para que estos santos misterios,
donde tu poder actúa eficazmente,
santifiquen los días de nuestra vida
y nos conduzcan a las alegrías eternas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 102, 2
Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios.

Oración después de la comunión
HEMOS recibido, Señor, el santo sacramento,
memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo;
concédenos que este don,
que él mismo nos entregó
con amor inefable,
sea provechoso para nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 10 de septiembre

Los agustinos celebran a un gran santo de la Orden. En primer lugar recordamos este día San Nicolás de Tolentino, sacerdote y agustino del siglo XIII, fraile sencillo, amable, muy dado al apostolado, a la oración y a la ascesis. La familia agustiniana ha visto en san Nicolás un modelo de su espiritualidad plenamente conseguido. Su veneración se extendió rápidamente a toda la Iglesia, que introdujo su fiesta en el calendario universal. La bendición de los panecillos, que se hace en las iglesias agustinas principalmente, tiene su origen en su tierna devoción a la Virgen y su caridad con los pobres.

Ha sido llamado por un papa el protector de la Iglesia. Ciudades como Venecia, Florencia, Nápoles, Amberes, Lima, México o Manila lo ha escogido por patrono. El pintor Juan Barba lo inmortalizó con unos magníficos frescos en la iglesia madrileña de Santa Rita, Lope de Vega le dedicó la comedia El santo de los milagrosy el pueblo cristiano le ha demostrado una gran devoción. Había nacido en Sant Ángelo de Pontano (Italia) y fue solemnemente canonizado por Eugenio IV en 1446.

Merece también nuestro afecto en este día San Oglerio que fue un abad cisterciense italiano, tenido por taumaturgo en vida, escritor mariano, defensor de la doctrina de María concebida inmaculada en pleno siglo XIII. Las iglesias y los monjes del Císter le deben él su devoción a la Virgen.

Recordamos también con especial afecto al beato Alfonso Navarrete y 19 compañeros mártires, dominicos, citados con su nombre en el santoral, que llegaron como misioneros al Japón en 1602. Sabían que les esperaban los más espeluznantes tormentos como la crucifixión, decapitación, el fuego, la horca y otros no menos horribles; pero tuvieron el coraje de ir a predicar allí el evangelio. Los más eran misioneros españoles de diversas provincias, dos de ellos Alfonso Navarrete y su primo Alonso de Mena, riojanos y tres japoneses, que también eran dominicos. Unos fueron decapitados y otros murieron a fuego lento por predicar el evangelio.

La misma suerte corrieron el beato Apolinar Franco, natural de Aguilar de Campoo (Valladolid) y siete compañeros, pertenecientes todos a la Orden franciscana. Los siglos XVI y XVII fueron fecundos en sangre cristiana derramada en las islas del sol naciente.

El beato Francisco Gárate Aranguren, jesuita y guipuzcoano como su maestro San Ignacio, fue un hombre santo por su sencillez, delicadeza con los pobres, amor a los enfermos, muy unido siempre a Dios y entregado al servicio de los demás. Fue hermano coadjutor en la Compañía de Jesús. Juan Pablo II dijo de él en la ceremonia de beatificación: El mensaje de santidad que ha legado es sencillo y limpio, como sencilla fue su vida de religioso inmolado en la portería de un centro universitario de Deusto.

Solamente consignamos los nombres de otros santos de hoy como Agabio, Autberto, Finiano, Fridestano, Nemesio o Nemesiano, Pedro Mezonzo, Pulqueria, SAlvio, Teodardo y Verano y el del beato Ambrosio Barlow decapitado en Tyburn por su fidelidad a Roma. En Galicia celebran a san Pedro de Mezonzo. A todos encomendamos nuestro destino y el de todos los hombres.

La ciudad de Huelva celebra al beato Vicente de San José de Ayamonte, Alcalá a San José de San Jacinto, Barcelona a Domingo Castellet y Luis Eixarc, mártires, Madrid a Francisco Morales Sedeño y José de Salvanés de San Francisco, también mártires, Tortosa a Jacinto Orfanell, mártir y los cistercienses al beato Ogler, abad.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Martes XXIII de Tiempo Ordinario

LAUDES

MARTES XXIII TIEMPO ORDINARIO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

 

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

Señor, el día empieza. Como siempre,
postrados a tus pies, la luz del día
queremos esperar. Eres la fuerza
que tenemos los débiles, nosotros.

Padre nuestro,
que en los cielos estás, haz a los hombres
iguales: que ninguno se avergüence
de los demás; que todos al que gime
den consuelo; que todos, al que sufre
del hambre la tortura, le regalen
en rica mesa de manteles blancos
con blanco pan y generoso vino;
que no luchen jamás; que nunca emerjan,
entre las áureas mieses de la historia,
sangrientas amapolas, las batallas.

Luz, Señor, que ilumine las campiñas
y las ciudades; que a los hombres todos,
en sus destellos mágicos, envuelva
luz inmortal; Señor, luz de los cielos,
fuente de amor y causa de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.
Amén.

 

SALMO 84: NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA

Ant. Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.

Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira.

Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad?

¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.

 

CÁNTICO de ISAÍAS: HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO

Ant. Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.

Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y baluartes:

Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en ti.

Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca perpetua.

La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del justo;
en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre y tu recuerdo.

Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los habitantes del orbe.

Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras empresas
nos las realizas tú.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.

 

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.

 

LECTURA: 1Jn 4, 14-15

Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.
V/ Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

R/ Mi alcázar, mi libertador.
V/ Refugio mío, Dios mío.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios mío, peña mía, refugio mío, Dios mío.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según los había predicho por boca de sus profetas.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según los había predicho por boca de sus profetas.

 

PRECES

Adoremos a Cristo que con su sangre ha adquirido el pueblo de la nueva alianza, y digámosle suplicantes:

Acuérdate, Señor, de tu pueblo.

Rey y redentor nuestro, escucha la alabanza que te dirige tu Iglesia en el comienzo de este día,
— y haz que no deje nunca de glorificar tu majestad.

Que nunca, Señor, quedemos confundidos
— los que en ti ponemos nuestra fe y nuestra esperanza.

Mira compasivo nuestra debilidad y ven en ayuda nuestra,
— ya que sin ti no podemos hacer nada.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate de los pobres y desvalidos;
— que el día que hoy empieza les traiga solaz y alegría.

 

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:
Padre nuestro…

 

ORACION

Dios todopoderoso, de quien dimana la bondad y hermosura de todo lo creado, haz que comencemos este día con ánimo alegre y que realicemos nuestras obras movidos por el amor a ti y a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.