Vísperas – Miércoles XXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXIII de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia que apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.

Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.

Gloria al padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: Ef 3, 20-21

A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí..

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo te alabe, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
— haz que sepamos corresponder, y así hagamos nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
— y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos,
— acuérdate de los trabajadores, que ganan el pan con el sudor de su frente.

Acuérdate, también, de todos los que viven entregados al servicio de los demás:
— que no se dejen vencer por el desánimo ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
— y líbranos del poder del Maligno.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 11 de septiembre

1) Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 6,20-26
Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.
«Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre.
¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto.
¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta las cuatro bienaventuranzas y las cuatro maldiciones del Evangelio de Lucas. Hay una manera progresiva en la forma que Lucas tiene de presentar la enseñanza de Jesús. Hasta el 6,16, dice muchas veces que Jesús enseña a la gente, pero no llega a relatar el contenido de la enseñanza (Lc 4,15.31-32.44; 5,1.3.15.17; 6,6). Ahora, después de informar que Jesús vio la multitud deseosa de oír la palabra de Dios, Lucas trae el primer grande discurso que empieza con la exclamación:»¡Bienaventurados los pobres!» y «¡Ay de vosotros los ricos!», y ocupa todo el resto del capítulo (Lc 6,12-49). Algunos le llaman a este discurso el “Sermón de la planicie”, pues segundo Lucas, Jesús bajó de la montaña y se paró en un lugar de llanura donde hizo su discurso. En el evangelio de Mateo, este mismo discurso está hecho en el monte (Mt 5,1) y es el llamado «Sermón de la Montaña». En Mateo, el sermón tiene ocho bienaventuranzas, que tienen un programa de vida para las comunidades cristianas de origen judaica. En Lucas, el sermón es más breve y más radical. Contiene cuatro bienaventuranzas y cuatro maldiciones, dirigidas para las comunidades, constituidas de ricos y de pobres. Este discurso de Jesús va a ser meditado en el evangelio diario de los próximos días.
• Lucas 6,20: ¡Bienaventurados los pobres! Mirando hacia los discípulos, Jesús declara: «¡Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los cielos!» Esta declaración identifica la categoría social de los discípulos. ¡Ellos son pobres! Y a ellos Jesús promete: “¡Vuestro es el Reino de los Cielos!” No es una promesa para el futuro. El verbo está al presente. El Reino les pertenece ya. En el evangelio de Mateo, Jesús explicita el sentido y dice: «¡Bienaventurados los pobres de Espíritu!» (Mt 5,3). Son los pobres que tienen al Espíritu de Jesús. Pues hay pobres con cabeza o espíritu de rico. Los discípulos de Jesús son pobres con cabeza de pobre. Como Jesús no quieren acumular, pero asumen su pobreza y, como él, luchan por una convivencia más justa, donde haya fraternidad y puesta en común de los bienes, sin discriminación.
• Lucas 6,21-22: ¡Bienaventurados los que ahora tiene hambre y lloran! En la 2ª y 3ª bienaventuranza Jesús dice. «¡Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados! ¡Bienaventurados los que ahora lloráis porque reiréis!» Una parte de las frases está al presente y otra al futuro. Aquello que ahora vivimos y sufrimos no es lo definitivo. Lo definitivo es el Reino que estamos construyendo hoy con la fuerza del Espíritu de Jesús. Construir el Reino trae sufrimiento y persecución, pero una cosa es cierta: el Reino va a llegar y “¡seréis saciados y reiréis!”.
• Lucas 6,23: ¡Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien….! La bienaventuranza se refiere al futuro: «Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, os expulsen, proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del Hombre. ¡Alegraos ese día porque grande será vuestra recompensa, porque así fueron tratados los profetas!» Con estas palabras de Jesús, Lucas anima a las comunidades de su tiempo, que estaban siendo perseguidas. El sufrimiento no es estertor de muerte, sino dolor de parto. ¡Fuente de esperanza! La persecución era una señal de que el futuro anunciado por Jesús estaba llegando para ellas. Iban por el justo camino
• Lucas 6,24-25: ¡Ay de vosotros los ricos! ¡Ay de vosotros los que estáis hartos y os reís! Después de las cuatro bienaventuranzas a favor de los pobres y excluidos, siguen cuatro amenazas o maldiciones contra los ricos y los que se lo pasan bien y son elogiados por todos. Las cuatro amenazas tienen la misma forma literaria que las cuatro bienaventuranzas. La 1ª está al presente. La 2ª y la 3ª tienen una gran parte al presente y la otra al futuro. Y la 4ª se refiere enteramente al futuro. Estas amenazas sólo se encuentran en el evangelio de Lucas y no en el de Mateo. Lucas es más radical en la denuncia de la injusticia.
Delante de Jesús, en aquella planicie no había ricos. Sólo había gente pobre, venida de todos los lados (Lc 6,17-19). Asimismo, Jesús dice: «¡Ay de vosotros los ricos!» Y es que Lucas, al transmitir estas palabras de Jesús, estaba pensando más en las comunidades de su tiempo. En ellas había ricos y pobres, y había discriminación de los pobres por parte de los ricos, la misma que marcaba la estructura del Imperio Romano (cf. St 5,1-6; Ap 3,17-19). Jesús hace una crítica dura y directa a los ricos: ¡Vosotros los ricos, ya tenéis consolación! ¡Vosotros ya estáis hartos, pero pasaréis hambre! ¡Vosotros os estáis riendo, pero quedaréis afligidos y lloraréis! Señal de que para Jesús, la pobreza no es una fatalidad, ni es fruto de prejuicios, sino que es fruto de enriquecimiento injusto de los otros.
• Lucas 6,26: ¡Ay de vosotros cuando todos hablen bien de vosotros, porque así vuestros padres trataron a los falsos profetas!” Esta cuarta amenaza se refiere a los hijos de los que en el pasado elogiaban a los falsos profetas. Es que algunas autoridades de los judíos usaban su prestigio y su autoridad, para criticar a Jesús.

4) Para la reflexión personal

• ¿Miramos la vida de las personas con la misma mirada de Jesús? Dentro de tu corazón, ¿qué piensas de verdad: una persona pobre y hambrienta puede ser realmente feliz? Las telenovelas y la propaganda del comercio, ¿qué ideal de nos presentan?
• Diciendo “Felices los pobres”, Jesús ¿estaba queriendo decir que los pobres han de seguir en la pobreza?

5) Oración final

Yahvé es justo cuando actúa,
amoroso en todas sus obras.
Cerca está Yahvé de los que lo invocan,
de todos los que lo invocan con sinceridad. (Sal 145,17-18)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 10, 33-34

33“He aquí que subimosa Jerusalén y el Hijo del Hombreserá entregadoa los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muertey lo entregarána los gentiles 34y se burlaránde él y lo escupirány loazotarány lo matarán, y después de tres días resucitará”.

<

p style=»text-align:justify;»>10,33-34: Jesús tiene un extraño modo de aliviar el miedo: toma aparte a los Doce y les profetiza en términos explícitos los horrores que le acontecerán cuando alcancen su destino. Es esta la más detallada de las tres predicciones de la Pasión, porque es la última y porque precede casi inmediatamente a la entrada de Jesús en Jerusalén (11,1-11), donde tendrán lugar los acontecimientos profetizados. No solo su amplitud y su introducción -con la fórmula solemne «comenzó a contarles las cosas que iban a sucederle» (10,32)- realzan su importancia, sino también el hecho de que es la única de las tres predicciones que comienza con el significativo vocablo «he aquí» (idou). 
Jesús comienza utilizando la primera persona plural («subimos», 10,33a); pero el sujeto no seguirá siendo «nosotros» durante mucho tiempo, pues en la Pasión, que viene enseguida, los discípulos abandonarán a Jesús. El sujeto, por tanto, cambia rápidamente a Jesús, descrito como una víctima pasiva por el empleo de un futuro pasivo («será entregado»: 10,33b). Esta pasiva se refuerza gramaticalmente por un cambio posterior de sujeto, que pasa de Jesús a sus enemigos. Sus actos de condena, tortura y ejecución de Jesús ocupan la mayor parte de la profecía y se suceden en dos etapas, en orden ascendente: dos acciones realizadas por los opositores judíos (condena y entrega a los gentiles: 10,33c) y cuatro, por los no judíos (burlas, escupitajos, flagelación y muerte: 10,34a). Finalmente, en la conclusión de la profecía (10,34b), Jesús vuelve a aparecer como sujeto, dando a entender que después de tres días resurgirá de la pasividad que lo había caracterizado durante su tortura y muerte para convertirse en la actividad poderosa y viva que sostiene a la comunidad marcana. 


Sin embargo, en la mayor parte de la profecía, los enemigos de Jesús y su maltrato mantienen el centro de la escena. Es particularmente significativo que la primera parte de la profecía, la mención de las acciones de los opositores judíos (10,33), vaya enmarcada por dos empleos del verbo «entregar», que aparece al principio en voz pasiva, con Jesús como sujeto («será entregado a los sumos sacerdotes y los escribas») y en voz activa al final, con los opositores judíos como sujeto («estos… lo entregarán a los gentiles»). No queda especificado el agente implícito de la primera entrega, pero el mismo verbo se usa para referirse a Judas en otros lugares del evangelio (3,19; 14,10.18.21.42.44), por lo que debe ser al menos incluido. Pero debido a las muchas conexiones de nuestra perícopa con los pasajes del siervo sufriente en el Deuteroisaías -el segundo de los cuales utiliza «entregar» para expresar la entrega por parte de Dios de su agente escogido al sufrimiento y a la muerte (Is 53,6.12)-, el autor tiene probablemente también la voluntad divina ante sus ojos cuando hace hablar a Jesús del Hijo del Hombre que es entregado a sus enemigos. Así las reverberaciones de Is 50 y 53 funcionan aquí de modo similar al empleo del dei («era necesario») en la primera predicción de la Pasión, a saber, para acentuar el «era necesario» porque Dios quería que «el Hijo del Hombre sufriera muchas cosas» (cf. 8,31).

Pero ¿cómo puede ser la profecía de Jesús de su sufrimiento y muerte en 10,33-34 una respuesta eficaz al terror mostrado por los discípulos en 10,32? Primero: el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra; en las tres predicciones de la Pasión, esta función la cumple el vocablo anasténai («resucitar»). La resurrección es la realidad última y determinante, incluso si su importancia parece quedar disminuida por la firmeza del sufrimiento que la precede. Segundo, si el trasfondo de nuestro pasaje está en el Deuteroisaías y si ese testimonio del Antiguo Testamento se ve como una unidad, dice mucho el que los pasajes del siervo sufriente estén integrados en una sección cuyo tema principal y omnipresente es el triunfo de Dios sobre sus enemigos exteriores e incluso sobre la obstinación de Israel (Is 40-66). Por tanto, el sufrimiento y la muerte del Siervo no pueden separarse de la victoria del Guerrero divino; es más bien el medio costoso por el que se alcanzará esa victoria. Asimismo, el sufrimiento y la muerte de Jesús en Mc no son solo una prueba que ha de soportarse, sino el medio por el que se establecerá el reinado de Dios y «los muchos» serán rescatados de las fuerzas que los han mantenido en la esclavitud (cf. 10,45).

En el siguiente pasaje, Jesús incitará a sus discípulos a compartir esta victoria por medio del «bautismo» en el sufrimiento mesiánico, que será el medio para conseguirla.

Comentario del 11 de septiembre

El deseo de felicidad es quizá la aspiración más honda y persistente del ser humano. Ningún hombre se sustrae a él. Todos nuestros pensamientos, deseos y acciones están impregnados de este anhelo. Por eso encuentran resonancia en nuestro corazón palabras como éstas: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor o dichosos vosotros los que ahora tenéis hambre…, cuando os excluyan.

Por eso somos tan fácilmente engañables; porque cualquier oferta (aún aparente o irreal) de felicidad nos atrae y nos seduce. Por eso sufrimos tantas decepciones en la vida. ¡Y cuántas ofertas de felicidad en esta sociedad de consumo! Pero la mayoría de las veces son «ofertas de placer», no de felicidad; porque con frecuencia se confunde la felicidad con el placer. El placer sacia momentáneamente, pero acrecienta el apetito y provoca una sensación de infelicidad que puede acabar produciendo hastío, el sentimiento del sin-sentido, la náusea de la que hablaron nuestros filósofos existencialistas. En realidad, tras el apetito sensible (visual, gustativo, táctil) se esconde un apetito de trascendencia (de vida, de amor) que nada de lo que vemos, gustamos, oímos o tocamos puede saciar por sí mismo.

La oferta de felicidad que hace Jesús es de otro género. Es compatible con las carencias que implican la pobreza, el hambre, el llanto y la exclusión. Vive del presente que otorga la confianza en Dios; pero se sustenta en el futuro al que nos abre la promesa del Señor y del que se espera la saciedad, la posesión incomparable del Reino, el consuelo, la recompensa celeste.

Las bienaventuranzas de Jesús (en parte, realidad dichosa; en parte promesa de dicha; porque si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos tan desgraciados como los demás hombres), ya habían sido anticipadas en cierto modo en Jeremías cuando dice: Bendito(=dichoso) quien confía en el Señor… será como un árbol plantado junto al agua… en año de sequía no deja de dar fruto; pues la confianza en el Señor le mantendrá fructíferoY su contrario: Maldito quien confía en el hombre… apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa… habitará la aridez del desierto.

Jesús proclamaba: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de DiosDichosos los pobres, dichosos incluso en vuestra carencia de pan, de techo, de vestido, de cultura, de salud, etc., porque el Reino ha comenzado a ser vuestro (vuestros, los dones de Dios en el que habéis puesto vuestra confianza) y un día será enteramente vuestro. Es la gran recompensa del cielo que esperan a los odiados, excluidos, proscritos por causa del Hijo del hombre. Por eso, porque les espera esta recompensa deben alegrarse y saltar de gozo ese día, a saber, el día de la exclusión o de la persecución.

El que espera vive ya, en el presente, un anticipo de la realidad futura, esto es, de la libertad, de la felicidad, de la vida que se espera. Por eso, dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Pero ¡ay de vosotroslos que estáis saciados, o los que ahora reís, porque tendréis hambre y porque lloraréis! Tras esta imprecación se esconde una promesa de infelicidad (o malaventuranza) que tendría que generar alarma si somos sensibles a las palabras de Jesús.

A nosotros, los saciados de pan se nos encomienda la tarea de saciar el hambre de muchos hambrientos, anticipando así en el presente la bienaventuranza de Jesús: porque quedaréis saciados. A los pobres les podemos negar el dinero, amparándonos en el mal uso que pudieran hacer de él; lo que no podemos negarles es el pan (la comida) que a nosotros nos sobra.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Cristo te salva

118. La segunda verdad es que Cristo, por amor, se entregó hasta el final para salvarte. Sus brazos abiertos en la Cruz son el signo más precioso de un amigo capaz de llegar hasta el extremo:

«Él, que amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1).

San Pablo decía que él vivía confiado en ese amor que lo entregó todo:

«Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2,20).

Comentario Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Me paso la vida huyendo, huyendo del amor, de Ti. Un día y otro día, cuando menos me lo espero huyo, pierdo la vida y Tú en tu regazo la recuperas. No dejes de buscarme, de salirme al encuentro, de abrazarme, de besarme y de ofrecerme el banquete de Tu Reino porque yo… siempre huyo. AMEN.

Lc 15, 1-10

«1Pero estaban acercándose a él todos los publicanos y los pecadores para escucharle. 2Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Éste acoge a pecadores y come con ellos”.

3Pero les dijo esta parábola diciendo:
4“¿Quién de vosotros, teniendo cien ovejas y perdiendo una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a por la perdida hasta que la encuentre?

5Y, al encontrar, se la pone sobre los hombros alegrándose 6y, yendo a casa, convoca a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: ‘Alegraos conmigo, porque encontré mi oveja perdida’.

7Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador convertido que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión.

8O, ¿qué mujer, teniendo diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentre?

9Y, al encontrarla, convoca a las amigas y vecinas, diciéndoles: ‘Alegraos conmigo, porque encontré la dracma que había perdido’.

10De igual modo, os digo que hay alegría entre los ángeles de Dios por un solopecador convertido”.

11Dijo: “Un hombre tenía dos hijos.12Y dijo el más joven de ellos al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió el patrimonio.

13Pocos días después, reuniéndolo todo, el hijo más joven se marchó a un país lejano y allí malgastó su hacienda viviendo desenfrenadamente.

14Pero, habiéndolo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y él comenzó a pasar necesidad.

15Y, yendo, se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país y le envió a sus campos a apacentar cerdos, 16y deseaba ser saciado con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba.

17Pero, yendo a sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre sobreabundan en pan, mientras yo aquí muero de hambre! 18Levantándome, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.

20Y, levantándose, fue hacia su padre.
Pero estando él todavía lejos, le vio su padre y se compadeció y, corriendo, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
21Pero el hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de sea llamado hijo tuyo…’.

22Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Rápido, traed el mejor vestido y vestidle, y ponedle un anillo en su mano y sandalias en los pies, 23y tomad el novillo cebado, matadlo y, comiendo, celebremos una fiesta, 24porque este hijo mío estaba muer- to y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado’.

Y comenzaron a celebrar una fiesta.

25Pero su hijo mayor [estaba] en el campo y, al volver, se acercó a la casa, oyó la música y las danzas 26y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27Pero él le dijo: ‘Tu hermano ha vuelto y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano’. 28Pero él, encolerizado, no quería entrar.

Pero su padre, saliendo, le rogaba. 29Pero él, respondiendo, dijo a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás incumplí tu mandato, y jamás me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos; 30pero cuando este hijo tuyo, el que ha devorado tu patrimonio con prostitutas, ha venido, has matado para él el novillo cebado’.

31Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32pero era necesario celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, [estaba] perdido y ha sido encontrado”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Tras la interpelante admonición del domingo pasado, y dejando el dicho sobre la sal (Lc 14,34-35), llegamos al capítulo 15, que leemos en su totalidad este domingo. Capítulo central y mágico en la teología de Lucas, nos presenta 3 parábolas conocidas como “Parábolas de la misericordia”: la oveja perdida, la dracmaperdida y el hijo perdido. Aunque siempre se interpretan como una señal de laternura compasiva y acogedora de Dios Padre, en realidad son unos impactantes alegatos a favor del comportamiento de Jesús, cuya amistad con “publicanos y pecadores” resultaba escandalosa para los “bienpensantes” (y supuestamente “buenos”) de la historia, los fariseos y los escribas. Las tres parábolas pretenden hacernos pensar sobre nuestra propia vida, sobre la presencia de Dios Padre en ella y sobre nuestra forma de transparentar tanto empeño por salvar y tanta compasión bondadosa de un Dios que nos “desarma” y nos “desubica”: merecimientos, seguridades, altivez espiritual… quedan fulminados tras estas palabras de Jesús. La sombra del “hermano mayor”, que tantas veces nos acompaña, sehace añicos ante el Dios de Jesús, un Padre con entrañas de Madre.

 

TEXTO

El texto consta de una introducción que nos da la clave de lectura (vv. 1-2) y de tres parábolas de desigual extensión (vv. 3-7; 8-10; 11-32), que mantienen el típico estilo lucano de alternar una figura masculina y una femenina. Las dos primeras tienen una misma estructura ternaria: a) una pregunta sobre el caso de una pérdida (oveja: v. 4; dracma: v. 8); b) el empeño por encontrar lo perdido y la alegría, comunicada y compartida, que produce (oveja: vv. 5-6; dracma: v. 9); c) la aplicación de Jesús a la alegría celestial por un pecador convertido (vv. 7 y 10). La tercera parábola, muchísimo más larga, tiene como centro la reacción del Padre ante el regreso de su hijo pródigo (v. 20b), reacción de desmesurada e incomprensible compasión y ternura, verdadero corazón del texto. En torno a él, antes todo el proceso vivido por el hijo menor, en seis pasos, y después todo el llamativo y elocuente proceso del hermano mayor. El conjunto textual pivota en torno a dos ejes: perderse-ser encontrado, con su carga simbólica, y alegría- celebrar una fiesta. Dejémonos acunar por este evangelio espléndido, advirtamos sus múltiples detalles, gocemos.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Las cosas no son como parecen: los publicanos y pecadores se acercan a Jesús para escucharle y los fariseos y escribas para murmurar. ¿Cómo, por qué y para qué te acercas tú?

• El empeño por una oveja perdida pone en riesgo las otras 99 (notad que son dejadas en… ¡el desierto!) ¿Correríamos el riesgo de perder 99 ovejas por encontrar a la que se ha perdido? ¿No decimos más bien al revés, que “más vale pájaro en mano que ciento volando”? El texto pone de relieve que Jesús supera las normas de comportamiento normales cuando se trata de salvar; poniendo en cuestión la pretendida bondad de unos escribas y fariseos (que pueden ser iconos de algunos cristianos) que no aceptan el trato de Jesús con los pecadores ni la posibilidad de que puedan dejar de serlo.

• Las tres parábolas enfatizan el valor de la conversión (= “ser encontrado”, “volver a la vida”): el pecado no es el estado final de las personas, sino vivir celebrando una fiesta con Dios Padre. Contagiar la alegría y el entusiasmo con que Dios acoge a los que vuelven a él y no insistir tanto en reproches y acusaciones, ayudaría más a la conversión de tantos alejados.

• La “cadena” de acciones del padre del v. 20 es todo un trazado de vida discipular. Para siempre. ¿Adoptamos y transparentamos bien ese estilo de Dios?

• Ojo con el “síndrome del hermano mayor”. Su pretendida rectitud le hace más esclavo (“te sirvo”, verbo que significa “ser esclavo”) que hijo y vive su relación familiar desde la obligación y no desde el cariño. Desaira al padre, desprecia al hermano. Según esto, ¿quién era más “pródigo”? ¿El pequeño o el mayor? ¿Quiénes estamos más “perdidos”, los de “dentro” o los de “fuera”?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

XXIV Domingo de Tiempo Ordinario
15 de septiembre 2019

Éxodo 32, 7-11. 13-14; Salmo 50; 1 Timoteo 1, 12-17; Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Éste recibe a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo entonces esta parábola: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que, por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse. ¿Y qué mujer hay, que, si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente».

Reflexión

El evangelio nos dice que los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús. ¿Qué es un publicano? (Recaudan dinero para el gobierno; muchas veces recaudan más para ellos mismos.) ¿Quiénes son los fariseos y escribas? (Dirigentes de la religión judía.) ¿Por qué les molesta que Jesús habla con los publicanos y pecadores? (Ellos consideran sus acciones ofensivas y los rechazan. Como Jesús es judío y también habla de Dios, no entienden por qué Él no los rechazan también.) Jesús sabe lo que están murmurando y les explica con una parábola: una historia con una moral. Jesús habla de un pastor y sus ovejas porque en esa época muchos eran pastores y podían identificarse con el mensaje. ¿Qué le pasó al pastor? (Se le perdió una oveja.) ¿Cómo se sentía? (Preocupado y triste) ¿Que hizo el pastor? (Salió a buscarla, dejando el resto del rebaño en el campo hasta encontrarla.) ¿Qué hizo cuando la encontró? (Lleno de alegría, la cargó sobre sus hombros y después celebró con sus amistades y familia.) ¿Quién representa el pastor? (Dios) ¿Quién representa la oveja perdida? (Nosotros cuando desobedecemos a Dios, alejándonos de Él.) ¿Cuál es el mensaje de la parábola? (Dios nos ama mucho y cuando nos alejamos por el pecado se entristece y nos busca hasta encontrarnos. El Cielo celebra con mucha alegría cuando un pecador se arrepiente y vuelve a Dios.) Debemos ser agradecidos por Su gran misericordia.

Actividad

En la siguiente página, colorear la parábola de la oveja perdida. En la otra página, colorear, cortar, y pegar marcador de libros en una cartulina de color. Hacer hoyo arriba, y enlazar una cinta. Hacer oración de arrepentimiento con los niños. La otra página, hacer ovejas para bailar (ver instrucciones).

Oración

Jesús, gracias por amarme tanto. Gracias por buscarme cuando me alejo de Ti. Ayúdame a buscarte siempre, y quedarme cerca de Ti. Ayúdame a perdonar a los que me hieren, igual que Tu nos perdonas. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Muchos niños crean un pasatiempo al coleccionar cosas. Por ejemplo: pueden coleccionar cosas como monedas, sellos, tarjetas de beisbol, muñecas o carros en miniatura. Algunos hasta coleccionan artículos como animalitos, mariposas o caracoles. ¿Has coleccionado algo alguna vez?

Tengo una buena colección de juguetes de peluche. Vienen en todas formas y tamaños. Mis favoritos son los animales. He traído hoy algunos de ellos para enseñarles (Enséñele a los niños los juguetes de peluche, haciendo comentarios mientras los presenta).

¡Cielos! Aparentemente he perdido uno de mis juguetes. Sé que lo tenía esta mañana cuando llegué aquí. ¿Me pueden ayudar a buscarlo? (Dirija a los niños en la búsqueda del juguete perdido. Cuando lo haya encontrado, continúe la lección). Gracias por haberme ayudado a encontrar mi juguete perdido. A pesar de que tengo una colección grande, cada uno de ellos es muy importante para mí y me sentiría muy contrariado si alguno de ellos se perdiera.

Eso me recuerda una lección que Jesús le enseñó a un grupo de líderes religiosos en una ocasión. Los líderes religiosos estaban muy molestos de que Jesús se asociara frecuentemente con pecadores. Algunas veces hasta se le veía comiendo con ellos. A ellos no les gustaba eso en absoluto y criticaban mucho a Jesús por ello. Jesús les contó una historia para ayudarles a entender.

«Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros y vuelve a la casa. Al llegar, reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido. Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse».

La Biblia nos enseña que somos como ovejas y que en ocasiones nos alejamos de Dios. Esto pone triste a Dios, pero él nunca se da por vencido. Él sigue buscándonos y llamándonos. Desea que estemos nuevamente en sus brazos. Hasta envió a su hijo Jesús a salvar aquellos que estaban perdidos. ¿No te alegras de que Dios no se dé por vencido al tener ovejas perdidas? Yo me siento muy feliz porque una vez yo estaba perdido, pero ahora he sido encontrado».

Querido Jesús, tú eres el Buen Pastor. Deseamos agradecerte el que hayas venido a salvar a los que se habían perdido. Amén.

Comentario al evangelio – 11 de septiembre

Llamados a ser dichosos

Siempre hemos considerado a las Bienaventuranzas como la Constitución Fundamental del Reino, como la marca que nos diferencia, como la plataforma existencial común de todos los seguidores de Jesucristo.

De entrada y en comparación con San Mateo, encontramos solo cuatro Bienaventuranzas; eso sí, acompañadas de cuatro “ayes” referidos a los hartos y satisfechos de sí mismos. Todo, en un estilo cortante y directo. Podemos distinguir tres partes: La proclamación de la felicidad, los sujetos (los pobres, los hambrientos, los que lloran y los perseguidos por causa del Hijo del hombre) y, en tercer lugar, el premio que reciben (de ellos es el Reino, quedarán saciados, reirán y su recompensa será grande en el cielo). Con Jesús, y en contraste con el mundo, todo queda revolucionado. Los desgraciados del mundo son aquí felices; la felicidad de Jesús es para aquellos a los que el mundo se la niega.  Observamos bien la diferencia con el Decálogo del Antiguo Testamento. El Decálogo se queda en lo externo, es un programa de mínimos y no va más allá de una norma moral. Las Bienaventuranzas van directamente al corazón para hacerlo nuevo,  es un programa ideal y se presentan como proyecto vital.

El programa de las Bienaventuranzas, ya lo hemos dicho, es revolucionario, rompedor. Es el que verdaderamente nos distingue a los cristianos. Sus valores ponen al mundo patas arriba. Desde entonces, la felicidad que tanto ansía el hombre se encuentra en otras cosas distintas de aquellas por las que se afanan, con frecuencia, los mortales. Corremos el riesgo de que valores tan altos no nos hieran por la rutina o la menguada esperanza; si son un ideal, nunca sacian del todo a los buenos y nunca han de desanimar al pecador. Solo desde la fe, se comprende y acepta este ideal: en el fondo son frutos del Espíritu Santo. Por eso, ante todo, solo las acoge el pobre, es decir, el que tiene pocas cosas materiales, no idolatra los señuelos del mundo y confía en el Señor.