Vísperas – San Juan Crisóstomo

VÍSPERAS

SAN JUAN CRISÓSTOMO, obispo y doctor.

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

SALMO 134

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, fortaleza de los que esperan en ti, que has hecho brillar en la Iglesia a san Juan Crisóstomo por su admirable elocuencia y su capacidad de sacrificio, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos llene de fuerza el ejemplo de su valerosa paciencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 13 de septiembre

1) Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 6,39-42
Les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?¿Cómo puedes decir a tu hermano: `Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta unos pasajes del discurso que Jesús pronunció en la planicie después de una noche pasada en oración (Lc 6,12) y de haber llamado a los doce para que fueran sus apóstoles (Lc 6,13-14). Gran parte de las frases reunidas en este discurso fueron pronunciadas en otras ocasiones, pero Lucas, imitando a Mateo, las reúne aquí en este Sermón de la Planicie.
• Lucas 6,39: La parábola del ciego que guía a otros ciego. Jesús cuenta una parábola a los discípulos: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?” Parábola de una sola línea, pero que tiene mucha semejanza con las advertencias que, en el evangelio de Mateo, van dirigidas a los fariseos: “¡Ay de vosotros los ciegos!” (Mt 23,16.17.19.24.26) Aquí, en el contexto del evangelio de Lucas, esta parábola va dirigida a los animadores de las comunidades que se consideraban dueños de la verdad, superiores a los otros. Por esto, son guías ciegos.
• Lucas 6,40: Discípulo – Maestro. “Ningún discípulo es mayor que el maestro; será como el maestro cuando esté perfectamente instruido”. Jesús es Maestro. No es profesor. El profesor da la clase, enseña diversas asignaturas, pero no convive. El maestro convive. Su materia es el mismo, su testimonio de vida, su manera de vivir aquello que enseña. La convivencia con el maestro tiene tres aspectos: (1) El maestro es el modelo o el ejemplo que hay que imitar (cf. Jn 13,13-15). (2) El discípulo no sólo contempla e imita, sino que además se compromete con el destino del maestro, con sus tentaciones (Lc 22,28), persecución (Mt 10,24-25), y muerte (Jn 11,16). (3) No sólo imita el modelo, no sólo asume el compromiso, sino que llega a identificarse: «Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20). Este tercer aspecto es la dimensión mística del seguimiento de Jesús, fruto de la acción del Espíritu.
• Lucas 6,41-42: La brizna en el ojo del hermano. “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: `Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.»
En el Sermón de la Montaña, Mateo trata el mismo asunto y explica un poco mejor la parábola de la brizna en el ojo. Jesús pide una actitud creativa que nos haga capaces de ir al encuentro del otro sin juzgarlo, sin ideas preconcebidas y sin racionalizaciones, acogiendo al otro como hermano (Mt 7,1-5). Esta total apertura hacia el otro como hermano nacerá en nosotros sólo si sabremos relacionarnos con Dios en total confianza, como hijos con su padre (Mt 7,7-11). 

4) Para la reflexión personal

• Brizna o viga en el ojo. ¿Cómo me relaciono con los demás en casa y en familia, en el trabajo con los colegas, en la comunidad con los hermanos y hermanas?
• Maestro y discípulo. ¿Cómo soy discípulo/a de Jesús? 

5) Oración final

Señor, dichosos los que moran en tu casa
y pueden alabarte siempre.
dichoso el que saca de ti fuerzas
cuando piensa en las subidas. (Sal 84,5-6)

Comentario del 13 de septiembre

Jesús recurrió en diferentes momentos a la imagen de la luz y la oscuridad. Un ciego es alguien que no tiene acceso a la luz, bien porque lo ha perdido o porque nunca lo tuvo; por tanto, alguien que vive en la oscuridad. Pero, dado que los ciegos conservan otros sentidos como el oído y el tacto, no viven en la total desorientación o en la más absoluta oscuridad. Si el oído y el tacto les mantienen orientados, ya disponen de una especie de guía orientativa que hace que la oscuridad en la que viven, por carencia de vista, no sea tan tenebrosa o siniestra.

Pero de ordinario es verdad lo que dice Jesús: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? El mejor guía para un ciego no es otro ciego, sino un vidente. Un ciego puede ser más hábil que otro para moverse; puede incluso haber desarrollado el sentido del tacto más que otro; pero seguirá sin ser el mejor guía para el otro ciego porque su carencia de vista le incapacita o dificulta enormemente para esta tarea. Lo normal es que, sin otro tipo de información, ambos caigan en el hoyo.

Es importante que nos dejemos guiar por los que ven, o por los que ven mejor. Y si la fe es una luz añadida a la razón, parece razonable que nos dejemos orientar por los que disponen de esta luz que nos permite penetrar en esas zonas oscuras del saber que no alcanza a iluminar la luz de la razón. Pero para eso se requiere humildad, la humildad del que se deja guiar o instruir, la humildad del que asiente a una revelación creíble.

La misma humildad se requiere para reconocer la existencia de esa «viga» que tantas veces se interpone en nuestra visión del otro impidiéndonos verle tal como es, en su verdad. Por eso, ¿cómo pretender ver la «mota» en el ojo del hermano teniendo una «viga» delante de nuestros ojos? Aquí no se trata sólo de cristales que puedan oscurecer o deformar la visión, sino de vigas que la impiden. En semejante situación parece una temeridad pretender apartar la mota del ojo del hermano. De ahí la sentencia de Jesús: ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Hablar en este contexto de «motas» y de «vigas» que estorban o impiden la visión, es referirse a aspectos de la conducta humana que merecen ser corregidos o curados. Y sucede que tendemos a ver mucho antes el «defecto» del otro que el propio, aunque el del otro tenga el tamaño de una mota casi insignificante y el nuestro el de una viga de grandes proporciones, quizá porque al otro le tenemos «de frente» y a nosotros «detrás» (sólo nos tenemos «de frente» cuando nos miramos en el espejo o examinamos nuestra conciencia).

Pero, mientras nuestra mirada esté impedida por un obstáculo insalvable o por un cristal deformante, nunca veremos la realidad de las cosas con claridad y confundiremos lo bello con lo feo, lo sano con lo enfermo, lo armonioso con lo defectuoso. Y si nuestra mirada está infectada de odio o rencor, proyectaremos ese mismo odio sobre lo que vemos, deformando su verdad y destruyendo su belleza. Y si en ella hay codicia o deseo de posesión, también reduciremos lo que vemos a la condición de objeto de deseo. Y si la viga nos impide ver lo que tenemos delante, estaremos siendo víctimas de un espejismo o de una ilusión imaginaria.

Creeremos estar viendo lo que en realidad no vemos. Y eso es vivir en la mentira. Pretender sacar la mota del ojo del hermano sin apartar antes la viga que tenemos en el nuestro es una hipocresía, porque no estamos en disposición de hacer esa operación con éxito. Aclaremos primero nuestra vista y podremos actuar con posibilidades reales de apreciar el defecto del hermano para ayudarle a corregirlo. Mientras tanto, abstengámonos de semejante intento, porque no seremos más que un ciego que pretende ayudar a otro ciego.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

120. Nosotros «somos salvados por Jesús, porque nos ama y no puede con su genio. Podemos hacerle las mil y una, pero nos ama, y nos salva. Porque sólo lo que se ama puede ser salvado. Solamente lo que se abraza puede ser transformado. El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, que todas nuestras fragilidades y que todas nuestras pequeñeces. Pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces como Él quiere escribir esta historia de amor. Abrazó al hijo pródigo, abrazó a Pedro después de las negaciones y nos abraza siempre, siempre, siempre después de nuestras caídas ayudándonos a levantarnos y ponernos de pie. Porque la verdadera caída –atención a esto– la verdadera caída, la que es capaz de arruinarnos la vida es la de permanecer en el piso y no dejarse ayudar»[67].


[67] Discurso en la Vigilia con los jóvenes en la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud en Panamá (26 enero 2019):L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (1 febrero 2019), p. 13.

La misa del Domingo

Domingo XXIV (C)
15 de septiembre de 2019

Las lecturas nos sitúan ante la misericordia de Dios. El relato del Éxodo narra el pecado del pueblo liberado de Egipto a los pies del Sinaí. Mientras Moisés está recibiendo las tablas de la ley, el pueblo construye el becerro de oro al que adoran y reconocen como su dios (dioses) salvador. El Señor, airado, amenaza con destruirlos. Entonces Moisés eleva su oración a Dios recordándole que Él los ha liberado y prometió a los patriarcas darles la tierra y convertirlos en un gran pueblo. Y Dios se arrepiente de la amenaza. Se manifiesta, así, el poder de la intercesión de Moisés, que revela y provoca la misericordia de Dios y la fidelidad a sus promesas.

El evangelio nos introduce en el cautivador capítulo 15 de san Lucas donde Jesús manifiesta el corazón entrañablemente misericordioso de Dios que se hace realidad en su propia acogida de los pecadores. Se contrapone su actitud con la de los fariseos y letrados, que murmuran. Para darles a entender su erróneo comportamiento, que no se corresponde con el de Dios, Jesús les proclama tres parábolas. En ellas se describe simétricamente la recuperación de algo perdido (la oveja, la moneda y el hijo menor: pecadores) y la alegría de quien lo recupera (el pastor, la mujer, el padre: Dios). La tercera rompe la simetría alargando la narración para presentar el recelo del hijo mayor que desenmascara la conducta de los letrados y fariseos. Ellos, y todo lector, quedan interpelados con las palabras finales del padre.

En la carta a Timoteo, el apóstol Pablo (también él fariseo), testimonia, en una apasionada acción de gracias, su profunda experiencia de esta misericordia de Dios y de Jesucristo. Su condición pecadora no fue obstáculo para que Dios, derrochando gracia y compasión, lo eligiera como predicador incansable de su misericordia.

Miguel Ángel Garzón

La misa del Domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días a todos. Hoy, si algo tiene esta casa de Dios, son las puertas abiertas de par en par. Todos los domingos; todos los días; en toda circunstancia y momento –el Señor- tiene sus brazos abiertos para acogernos, ayudarnos, levantarnos y –sobre todo- para que entendamos una cosa: es nuestro Padre.Tal vez, durante la semana, hemos tenido algunos acontecimientos tristes; tal vez hemos malgastado nuestro tiempo o nuestra delicadeza. Ahora, en esta Eucaristía, el Señor nos recoge de nuevo para enviarnos, a continuación, a dar testimonio de su gran amor. ¿Seremos capaces? Iniciemos esta celebración cantando y alabando a Dios.

2. PENITENCIAL

2.1. ¿Somos conscientes de que vivimos demasiado lejos de Dios? Señor, ten piedad

2.2. ¿En qué perdemos nuestro tiempo, nuestros talentos o nuestras capacidades? Cristo, ten piedad

2.3. ¿Exigimos demasiado a los demás o al mismo Señor? Señor, ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Siempre, las lecturas de la eucaristía, nos traen un mensaje. Hoy, sobre todo, nos habla de que Jesús vino y viene para salvar a los necesitados de su amor, a los pecadores. Para ello sería bueno que pensáramos en qué y cuando estamos extraviados. Hoy, desgraciadamente, el mundo se siente “dios”, seguro de sí mismo, como si todo dependiera de él. Escuchemos con atención.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

4.1. Por la Iglesia. Para que sea una casa de puertas abiertas donde los hombres y mujeres puedan encontrar, vivir y celebrar a Jesús muerto y resucitado. Roguemos al Señor.

4.2. Por el Papa Francisco y los obispos, por todos los sacerdotes; para que sean un signo visible y real del amor de Dios. Roguemos al Señor.

4.3. Por todos los que se encuentran perdidos. Nos acordamos especialmente de tantos niños y jóvenes que están lejos de su hogar. Para que encuentren pronto a sus seres queridos. Roguemos al Señor.

4.4. Por el curso escolar; por todas las actividades que poco a poco vamos a desarrollar. Para que el Señor acoja nuestras inquietudes, preocupaciones y nos ponga en camino. Roguemos al Señor.

4.5. Por todos los enfermos; por los que han muerto en este verano en la carretera; por todos los que nos hablan del amor y del cariño que Jesús nos tiene. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

5.1. BRÚJULA. Con esta brújula queremos decirle al Señor que nos ayude a buscar el camino que conduce hasta su casa.

5.2. Con esta palabra “AMOR” queremos simbolizar el fuego y el secreto de la casa del Señor. Que nunca nos falte su pan, su Palabra y su aliento.

5.3. Con la harina, el agua, los racimos y este molino, queremos simbolizar el esfuerzo de todos nosotros para que el Señor, a través de nuestro trabajo, se haga presente en el mundo y también por la Eucaristía en el altar.

6.- ORACIÓN FINAL: VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME
De mis miedos y temores, hacia la seguridad en tus brazos
De mis angustias y ansiedades, al descanso de tu Palabra
De mis tristezas, a la alegría de saber que estás conmigo

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME
Porque tengo miedo de intentarlo, y quedarme a mitad del camino
Porque tengo miedo de verte, y nunca encontrarte
Porque tengo miedo de volver, y mirar hacia atrás
Porque tengo miedo de pensar, y arrepentirme

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME
Para dar con tu casa donde siempre hay una fiesta
Para entrar en tu jardín donde siempre es primavera
Para acostarme en tu pecho en el que siempre uno se siente reconocido
Para adentrarme en tu hogar y saber que siempre hay sitio

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME
Para que no vacile y supere mis propios errores
Para que no malgaste los muchos talentos que me regalaste
Para que no exija más de lo que pueda ofrecer
Para que regrese y sea feliz de poder de nuevo verte

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME
Y si por lo que sea dudo, dame fortaleza para triunfar
Y si por lo que sea caigo, levántame con tu Espíritu
Y si por lo que sea digo “imposible”, toca con tu mano mi mente pesimista

Así nos quiere Dios (Oración)

ASÍ NOS QUIERE DIOS

Querido amigo Jesús, sé que me conoces y por eso me amas. Hoy no tengo prisa, contigo puedo ir despacio y escuchar tranquilo.

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 15, 11-32):

Jesús, un día, para explicarles cómo nos quiere Dios, les contó esta historia.

Un hombre tenía dos hijos. El más pequeño le dijo: «Papá, quiero que me des ya todo el dinero que voy a heredar cuando te mueras. Porque quiero tenerlo y disfrutarlo ahora». El padre se lo dio.

El hijo se marchó y después se olvidó de su padre y de su hermano. No llamaba a casa, ni escribía, ni respondía al teléfono cuando intentaban contactar con él. Se rodeó de malas compañías, y poco a poco fue gastándose todo el dinero en fiestas y caprichos.

Entonces hubo una fuerte crisis económica. Y el hijo se dio cuenta de que se le había acabado el dinero. Los amigos le dieron la espalda, porque solo le querían por el dinero. Y tuvo que buscar algún trabajo. Pero solo encontró alimentando cerdos en una granja. Y pasaba tanta hambre que hasta las bellotas de los cerdos quería comer. Entonces se acordó de la casa de su padre, y pensó: «Voy a volver, y voy a decirle que me he equivocado, que me acepte como un trabajador más…»

Y volvió.

Su padre todos los días miraba a la calle, con la esperanza de que apareciese. Y en cuanto lo vio a lo lejos, echó a correr y lo abrazó. El hijo ni siquiera pudo decir lo que tenía preparado, porque el padre le hizo entrar en la casa, volver a su habitación, y preparó una fiesta para él.

Cuando el otro hermano llegó a casa y se enteró, se enfadó mucho y no quería entrar. Entonces el padre salió y le dijo: «¿No te alegras de que haya vuelto tu hermano?»

Pero él estaba molesto, y se lo dijo: «Mira, papá. Yo me he quedado cuidándote, contigo, siempre, y nunca me has hecho una fiesta. Y ahora que llega ese mal hijo y mal hermano, fíjate qué bien lo tratas».

El padre le contestó: «Hijo, ¿no te das cuenta de que todo lo mío es tuyo? Tú siempre has estado conmigo. Yo te quiero muchísimo, os quiero muchísimo a los dos; solo que no te has dado cuenta… Alégrate por tu hermano, hombre, porque estaba caído y se ha levantado. Estaba perdido, y lo hemos encontrado».

Así nos quiere Dios, porque sí, sin preguntas, sin riñas. Mamá me explicó un día que a los hijos se les quiere de una manera especial y que pase lo que pase, es nunca cambia. Y es que, aunque seas el hijo más desastre del mundo, tus padres te quieren. Así es como Dios nos quiere. No nos exige que seamos perfectos, sino que nos esforcemos por ser mejores.

Cierra los ojos, piensa en el universo. Imagina que vuelas por él. ¿A que es grande? Estás tranquilo y disfrutas porque es enorme, infinito. Siente esa inmensidad y quédate con ella. Porque así de inmenso es el amor que te tiene Dios. Disfrutas del paseo porque te sientes protegido y seguro. Como cuando de pequeño subías en alto y papá o mamá estaban ahí y te daban la mano. Recuerda esta sensación cuando lo necesites. Dios siempre está contigo y te ama.

Eres nuestro Padre,
nuestro Padre Dios,
cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.
Eres nuestro Padre,
nuestro Padre Dios,
cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.

Cuando estamos tristes
cuando nada doy
si nos enfadamos,
por cualquier razón.
Cuando peleamos
por cualquier razón
siempre nos abrazas
nos regalas tu perdón.

Eres nuestro Padre,
nuestro Padre Dios,
cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.
Eres nuestro Padre,
nuestro Padre Dios,
cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.

Siempre nos acoges
nunca dices no,
donde cabe uno,
caben un millón.
Siempre nos escuchas
oyes nuestra voz,
guardas nuestros nombres,
en tu corazón.

Eres nuestro Padre,
nuestro Padre Dios,
cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.
Cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.
Cuidas de nosotros
y nos das la luz del sol.

            Eres nuestro Padre de Luis Guitarra, «Proyecto Yasah.»

Vamos repitiendo cada frase de la oración.

            Gracias, Padre

Gracias Padre Dios;
porque me has hecho hijo tuyo,
por darme cada día una nueva oportunidad,
porque me cuidas con amor de Padre.
Dame tu fuerza, para ser un buen hijo, como Jesús.
Ayúdame a ser reflejo de tu amor con los demás.
¡Que así sea, Señor!

Gloria al Padre,
y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 13 de septiembre

Amar en vez de juzgar

Antes de comentar el Evangelio de hoy, escuchamos a Jesús que nos dice: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Miremos a la Virgen María y digámosle: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”. En fin, pidamos al Padre del cielo que nuestros ojos sean tan claros y piadosos como los del madrigal de Gutierre de Cetina: “Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquel que os mira…”.

Tres sentencias del Maestro apunta hoy el Evangelio. Un ciego no puede guiar a otro ciego, un discípulo no puede ser más que su maestro, no puede uno fijarse en la mota del ojo ajeno si no repara en la viga del suyo propio. Dicen los comentaristas estudiosos que Jesús reprueba aquí el dominio sobre los otros, el poderío que se sobrepone al hermano y el juicio condenatorio hacia los demás.

Juzgamos con mucha facilidad a los demás, pero no nos colocamos en la piel del otro; tenemos y damos muchas ideas, pero no nos comprometemos, no bajamos a la arena de los hechos; sentenciamos sobre mil problemas, pero no ofrecemos soluciones o no nos mojamos para resolverlos. Incluso, con frecuencia, nos hacemos las víctimas, y gritamos que las causas de todos los males están siempre en los demás. A los que así se comportan Jesús los llama hipócritas. Hasta, por soberbia, proyectamos sobre los otros nuestros propios defectos; qué bien lo dice San Agustín: “Procurad adquirir las virtudes que creéis que faltan en vuestros hermanos, y ya no veréis sus defectos…porque no los tendréis vosotros”. Purifiquemos los ojos de nuestro rostro y de nuestro corazón. Solo nos queda una cosa: vamos a mirar con los ojos de Dios. Así miraremos con ojos limpios. Nada de imponer, nada de dominar, nada de condenar a nadie. Amar, solo amar.