Comentario al evangelio – 15 de septiembre

La misericordia triunfa sobre el juicio

      Siempre ha habido personas que se sienten tan puras y buenas que no se dignan mezclarse con las que socialmente son malas o impuras. No sólo eso. Además, desde la altura de su justicia y perfección juzgan sin miedo y con acritud a todos los demás. Establecen las barreras que dividen a la sociedad entre buenos y malos y se sitúan en la puerta para determinar quiénes son los que pueden pasar en una dirección u otra. 

      En tiempos de Jesús también había personas así. Y Jesús, por supuesto, se situó rápidamente en el centro de su atención. ¡Jesús comía con los pecadores! Haciendo eso se volvía él mismo impuro. Ellos, los buenos, no podían tener ya trato con él. Mucho menos podían aceptar sus palabras como palabras que viniesen de Dios. Desde lejos le criticaban y murmuraban de él. Aquel Jesús no podía ser bueno. 

      Pero Jesús no se deja afectar por las críticas. Sabe que es el hijo del Dios de la misericordia. Sus acciones no hacen más que reproducir lo que Dios Padre haría si estuviese entre nosotros. En sus palabras y en sus actos Jesús nos revela el modo de ser de Dios. Por eso, Jesús no se enfada con los fariseos y letrados (¡a ellos se dirige también la misericordia de Dios!). Sólo les cuenta unas historias. Pero son historias con moraleja. Les hace ver lo ridículo de su actitud. Porque ellos mismos buscan con pasión la oveja perdida o la moneda que se les ha caído. Si eso hacen los fariseos y publicanos, cómo Dios va a dejar de lado a los pecadores que no son otra cosa que hijos suyos que se han perdido. 

      La parábola del hijo pródigo no hace más que retratar la actitud de cualquier padre de familia hacia su hijo. Más allá de las palabras, padres y madres sienten un amor y ternura infinitos por sus criaturas, también cuando ya han crecido. Y más por los que se han perdido lejos de hogar. A veces, como en la historia, surgen los celos entre los hijos. Por eso el padre le tiene que decir –y Jesús se lo decía a los fariseos y letrados– “Hijo, deberías alegrarte porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido”. 

      Hoy Dios nos ha entregado a nosotros este ministerio de la misericordia. Igual que hizo con Pablo, que fue perseguidor de los cristianos, blasfemo y violento, como él mismo dice en la segunda lectura. Pero Dios lo llamó –oveja perdida–, lo capacitó, se fió de él y le confió el ministerio de predicar: el misterio de la misericordia de Dios que llega a todos los hombres y mujeres pero, sobre todo, a los que están perdidos y a los que más sufren. Dios nos mira siempre con misericordia, aunque seamos un pueblo de dura cerviz (primera lectura). Así debemos mirar siempre a nuestros hermanos y hermanas y, como Jesús, acogerles siempre en nuestra compañía. Así seremos en el mundo testigos de la misericordia de Dios. 

Para la reflexión

      ¿Nos dejamos llevar por el juicio duro a la hora de valorar las acciones de nuestros hermanos y hermanas? ¿Por qué no pensamos en cómo actuaría Dios con ellos?

Fernando Torres, cmf

Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

Hoy es 15 de septiembre, domingo XXIV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 15, 1-32):

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

«Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’. Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».

Hoy consideramos una de las parábolas más conocidas del Evangelio: la del hijo pródigo, que, advirtiendo la gravedad de la ofensa hecha a su padre, regresa a él y es acogido con enorme alegría.

Podemos remontarnos hasta el comienzo del pasaje, para encontrar la ocasión que permite a Jesucristo exponer esta parábola. Sucedía, según nos dice la Escritura, que «todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle» (Lc 15,1), y esto sorprendía a fariseos y escribas, que murmuraban: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos» (Lc 15,2). Les parece que el Señor no debería compartir su tiempo y su amistad con personas de vida poco recta. Se cierran ante quien, lejos de Dios, necesita conversión.

Pero, si la parábola enseña que nadie está perdido para Dios, y anima a todo pecador llenándole de confianza y haciéndole conocer su bondad, encierra también una importante enseñanza para quien, aparentemente, no necesita convertirse: no juzgue que alguien es “malo” ni excluya a nadie, procure actuar en todo momento con la generosidad del padre que acepta a su hijo. El recelo del mayor de los hijos, relatado al final de la parábola, coincide con el escándalo inicial de los fariseos.

En esta parábola no solamente es invitado a la conversión quien patentemente la necesita, sino también quien no cree necesitarla. Sus destinatarios no son solamente los publicanos y pecadores, sino igualmente los fariseos y escribas; no son solamente los que viven de espaldas a Dios, sino quizá nosotros, que hemos recibido tanto de Él y que, sin embargo, nos conformamos con lo que le damos a cambio y no somos generosos en el trato con los otros. Introducidos en el misterio del amor de Dios —nos dice el Concilio Vaticano II— hemos recibido una llamada a entablar una relación personal con Él mismo, a emprender un camino espiritual para pasar del hombre viejo al nuevo hombre perfecto según Cristo.

La conversión que necesitamos podría ser menos llamativa, pero quizá ha de ser más radical y profunda, y más constante y mantenida: Dios nos pide que nos convirtamos al amor.

Rev. D. Alfonso RIOBÓ Serván

Liturgia – Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

XXIV DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Misa del Domingo (verde)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria, Credo. Prefacio dominical.

Leccionario: Vol. I (C)

  • Éx 32, 7-11. 13-14. Se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado.
  • Sal 50. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre.
  • 1Tim 1, 12-17.Cristo vino para salvar a los pecadores.
  • Lc 15, 1-32. Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Antífona de entrada          Cf. Eclo 36, 15
Señor, da la paz a los que esperan en ti, y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos y de tu pueblo Israel.

Monición de entrada
Como cada domingo, Jesús nos acoge y nos sienta a su mesa para compartir, celebrar y alimentar la vida nueva que hemos recibido en el Bautismo.

Acto penitencial
Dispongámonos, pues, a celebrar la Eucaristía, memorial de su muerte y resurrección, reconociendo que somos unos pobres pecadores que buscan humildemente el perdón del Señor, que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

  • Tú, que has venido a buscar al que estaba perdido. Señor, ten piedad.
  • Tú, que has querido dar la vida en rescate por todos. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que nos aseguras que hay gran alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte. Señor, ten piedad.

Gloria

Oración colecta
MÍRANOS, oh, Dios, creador y guía de todas las cosas,
y concédenos servirte de todo corazón,
para que percibamos el fruto de tu misericordia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Confesemos ahora todos juntos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la unidad de la Iglesia.

Oración de los fieles
Confiando en la misericordia y la bondad del Padre, que en Cristo nos muestra todo su amor y paciencia, presentémosle confiadamente nuestras súplicas y plegarias.

1.- Para que la Iglesia sea signo de la misericordia de Dios en medio del mundo, por su espíritu de perdón y de reconciliación. Roguemos al Señor.

2.- Para que los hogares cristianos de nuestra diócesis se sientan testigos del Evangelio y fomenten la vocación cristiana, sacerdotal y religiosa de sus hijos. Roguemos al Señor.

3.- Para que la sociedad de nuestro tiempo sea capaz de dar nuevas oportunidades a todos. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pecadores se arrepientan de su mala vida y se pongan en camino hacia Dios, su Padre. Roguemos al Señor.

5.- Para que aprendamos que el amor de Dios es más fuerte que nuestro pecado. Roguemos al Señor

Oh Dios, que por la oración de tu siervo Moisés no abandonaste al pueblo obstinado en rechazar tu amor; atiende nuestras súplicas y concede a tu Iglesia por los méritos de tu Hijo, que intercede siempre por nosotros, celebrarla fiesta que hay entre los ángeles por un solo pecador que se convierte. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SÉ propicio a nuestras súplicas, Señor,
y recibe complacido estas ofrendas de tus siervos,
para que la oblación que ofrece cada uno
en honor de tu nombre
sirva para la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 35, 8
Qué inapreciable es tu misericordia, oh, Dios. Los humanos se acogen a la sombra de tus alas.

     O bien:          Cf. 1 Cor 10, 16
El cáliz de la bendición que bendecimos es comunión de la Sangre de Cristo; el pan que partimos es participación en el Cuerpo del Señor.

Oración después de la comunión
TE pedimos, Señor,
que el fruto del don del cielo
penetre nuestros cuerpos y almas,
para que sea su efecto,
y no nuestro sentimiento,
el que prevalezca siempre en nosotros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
El Dios de la paz,

que resucitó de entre los muertos al gran pastor de las ovejas,
nuestro Señor Jesús,
os haga perfectos en todo bien,
en virtud de la sangre de la alianza eterna,
para que cumpláis su voluntad,
realizando en vosotros lo que es de su agrado.

Y la bendición de Dios todopoderoso
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
R./Amén.

Santoral 15 de septiembre

El calendario litúrgico cristiano nos recuerda en este día dos fiestas en honor de la Virgen con el título de Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Camino.

La celebración de Nuestra Señora de los Dolores es un complemento de la fiesta de ayer de la Exaltación de la Santa Cruz. María siguió a Cristo por el camino de la cruz hasta el punto de estar al pie de ella, de tener en sus brazos al Crucificado y depositarlo en la sepultura. Por su unión con Cristo en los planes de Dios los dolores y sufrimientos de María son corredentores. Así lo ha entendido siempre la Iglesia, que desde la Edad Media celebra la «compasión» de la Virgen en esta fiesta litúrgica. María junto a Cristo fue también oferente y ofrecida. El precioso himno de laudes Stabat Materes una reflexión teológica del misterio. Los artistas cristianos lo han inmortalizado con las imágenes de la «Dolorosa».

El título de Nuestra Señora del Camino evoca el camino de Santiago seguido por los peregrinos junto a una de las puertas de la ciudad de León. Hoy son muchos los pueblos que honran a María con este nombre. La leyenda medieval añadió la aparición al pastor Alvar Simón con el signo de una luz esplendorosa y la voz de María. La ciudad de León tiene dedicado a Nuestra Señora del Camino un templo majestuoso y pulcro a la vez que su nombre adorna a numerosas mujeres e instituciones de esta capital castellana. El pueblo navarro de Monteagudo honra también a María con este título.

En el santoral destacamos el nombre del sacerdote italiano Pablo Manna, beatificado por Juan Pablo II el año 2001, con la esperanza de verlo pronto inscrito en el catálogo de los santos. Desplegó su ardiente celo misionero en Birmania y fundó la Obra Misional del Clero. El Padre Manna estaba convencido de que la fuerza misionera de la Iglesia de vanguardia y de retaguardia estaba en los sacerdotes. Fueron también muchas sus iniciativas ecuménicas trabajando por la unión de los cristianos, convencido de que, obtenida ésta, sería más fácil la conversión del mundo para Cristo.

Recordamos también a los santos Aicardo abad, Albino obispo, Apro obispo, Catalina Fieschi viuda, Emila y Jeremías mártires de Córdoba, Glicerio obispo, Macrobio, Gordiano, Elías, Zótico, Lucio y Valeriano mártires del siglo IV, Merino abad y obispo, Nicetas, Nicomedes y Valeriano mártires.

Entre los beatos tenemos a Camilo Costanzo, presbítero de la Compañía de Jesús condenado a la hoguera en el Japón en 1622 y Rolando de Médicis anacoreta y penitente italiano.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

LAUDES

DOMINGO XXIV de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant.  Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.

Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.

Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.

Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.

¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío!. Amén.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo  y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himno por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.

LECTURA: 2Tim 2, 8.11-13

Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

R/ Contando tus maravillas.
V/ Invocando tu nombre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Aleluya.

PRECES

Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la alabanza:

Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad;
— Haz que te sirvamos con santidad y justicia.

Vuélvete hacia nosotros, oh Dios, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia,
— y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.

Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu amor,
— haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
— para que en toda ocasión te demos gracias.

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.