Vísperas – Jueves XXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienchechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: Col 1, 23

Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor, nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:

Concédenos, Señor, la salud y la paz.

Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los hombres,
— ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.

No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
— pues de ti procede el perdón.

Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
— haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.

Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos;
— que, con libertad de espíritu y sin desánimos, puedan realizar su ideal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, que abres y nadie cierra,
— lleva a tu luz a los que han muerto con la esperanza de la resurrección.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 19 de septiembre

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 7,36-50

Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.»Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla del episodio de la mujer que fue acogida por Jesús durante una comida en casa de Simón, el fariseo. Uno de los aspectos de la novedad que la Buena Nueva de Dios trae es la actitud sorprendente de Jesús hacia las mujeres. En la época del Nuevo Testamento, la mujer vivía marginada. No participaba en la sinagoga, no podéis ser testigo en la vida pública. Muchas mujeres, sin embargo, se resistían contra esa exclusión. Desde el tiempo de Esdras, crecía la marginalización de las mujeres por parte de las autoridades religiosas (Es 9,1 a 10,44) y crecía también la resistencia de las mujeres contra su exclusión, como aparece en las historias de Judit, Ester, Ruth, Noemí, Susana, de la Zalamita y de tantas otras. Esta resistencia encuentra eco y acogida en Jesús. En el episodio de la mujer del perfume emergen el incorfomismo y la resistencia de las mujeres en el día a día de la vida y de la acogida que Jesús les daba.
• Lucas 7,36-38: La situación que provoca el debate. Tres personas totalmente diferentes se encuentran: Jesús, Simón, el fariseo, un judío practicante, y la mujer de la que decían que era pecadora. Jesús está en casa de Simón que lo invitó a comer. La mujer entra, se coloca a los pies de Jesús, empieza a llorar, moja los pies de Jesús con las lágrimas, suelta los cabellos para secar los pies de Jesús, besa y unge los pies con perfume. Soltar los cabellos en público era un gesto de independencia. Jesús no se retrae, ni aleja a la mujer, sino que acoge su gesto.
• Lucas 7,39-40: La reacción del fariseo y la respuesta de Jesús. Jesús estaba acogiendo a una persona que, según las costumbres de la época, no podía ser acogida, pues era pecadora. El fariseo, observando todo, critica a Jesús y condena a la mujer: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.” Jesús le respondió: Simón, tengo algo que decirte. Jesús usa una parábola para responder a la provocación del fariseo.
• Lucas 7,41-43: La parábola de los dos servidores. Uno debía 500 denarios, el otro 50. Ninguno de los dos tenía con qué pagar. Ambos fueron perdonados. ¿Quién de ellos le amará más? Respuesta del fariseo: «¡Supongo que aquel al que perdona más!». La parábola supone que los dos, tanto el fariseo como la mujer, habían recibido algún favor de Jesús. En la actitud que los dos toman ante Jesús, muestran como apreciaban el favor recibido. El fariseo muestra su amor, su gratitud, invitando a Jesús a que coma con él. La mujer muestra su amor, su gratitud, mediante las lágrimas, los besos y el perfume.
• Lucas 7,44-47: El mensaje de Jesús al fariseo. Después de recibir la respuesta del fariseo, Jesús aplica la parábola. Y estando en la casa del fariseo, invitado por él, Jesús no pierde ocasión para tomarse la libertad de hablar y actuar. Defiende a la mujer, y critica al judío practicante. El mensaje de Jesús para los fariseos de todos los tiempos es: «¡A quien poco se le perdona, poco amor muestra!» Un fariseo piensa que no tiene pecado, porque observa en todo la ley. La seguridad personal que yo, fariseo, creo en mí por la observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia, muchas veces me impide experimentar la gratuidad del amor de Dios. Lo que importa no es la observancia de la ley en sí, sino el amor con que observo la ley. Y usando los símbolos del amor de la mujer, Jesús da respuesta al fariseo que se consideraba en paz con Dios:» Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. ¡Ella ha ungido mis pies con perfume!” Simón a pesar de todo lo que me ofreciste, ¡tú tienes poco amor!»
• Lucas 7,48-50: Palabra de Jesús para la mujer. Jesús declara la mujer perdonada y añade: «Tu fe te ha salvado. ¡Vete en paz!» Aquí aflora la novedad de la actitud de Jesús. El no condena, sino acoge. Y fue la fe lo que ayudó a la mujer a recomponerse y a encontrarse consigo misma y con Dios. En la relación con Jesús, una fuerza nueva despertó dentro de ella y la hizo renacer. 

4) Para la relación personal

• ¿Dónde y cuándo las mujeres son despreciada por los fariseos de hoy?
• La mujer, ciertamente, no hubiera hecho lo que hizo, si no hubiese tenido la certeza absoluta de ser acogida por Jesús. Los marginados y los pecadores ¿tienen hoy la misma certeza respecto de nosotros? 

5) Oración final

Pues bueno es Yahvé
y eterno su amor,
su lealtad perdura
de edad en edad. (Sal 100,5)

La virtud humana de la gratitud (Acciones de gracias)

Existe también una deuda respecto a los ciudadanos y, asimismo, una deuda común para con todos los hombres; una deuda para con los huéspedes y otra para con las personas de edad; otra, en fin, para con algunos a los que es justo honrar como a hijos o hermanos. Así pues, quien no hace lo que se debe cumplir con el hermano, queda deudor de lo que ha omitido. Asimismo, si dejamos de hacer a los hombres aquellas cosas que por el humanitario espíritu de sabiduría es conveniente que les hagamos, más considerable es nuestra deuda (ORÍGENES; Trat. sobre la oración, 28, 1).

Comentario del 19 de septiembre

El hecho narrado por el evangelio nos presenta algunas novedades relativas al perdón, ese perdón que Jesús reparte como si fuera «suyo» y que tanto escandaliza a los fariseos, que se preguntan: ¿Quién es éste que hasta perdona pecados?

A juicio de los fariseos, Jesús se arrogaba un poder que no tenía o que no le pertenecía. Es precisamente entre fariseos, en casa de uno de ellos y en un ambiente festivo (un banquete) donde se produce la escena narrada: una mujer de la ciudad, una pecadora pública (si no fuera pública no se la conocería como pecadora); una mujer, por tanto, en la que el pecado está especialmente patente o manifiesto, probablemente una prostituta, sin previo aviso, entra en casa del fariseo, se arrodilla a los pies de Jesús y se echa a llorar, regando los pies del maestro con sus lágrimas, enjugándoselos con sus cabellos, cubriéndolos de besos y derramando ungüento sobre ellos. Jesús le deja hacer, desatando las críticas de los comensales.

Transcurridos estos momentos de tensión e incertidumbre, Jesús toma la palabra y se dirige a su anfitrión, el fariseo Simón, planteándole una cuestión en estos términos: Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más? La respuesta del fariseo es juiciosa: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Simón supone, por tanto, que a mayor condonación de deuda mayor agradecimiento. Aquí amar más es «estar más agradecido».

La gratitud se presenta, por consiguiente, como una consecuencia del perdón. Aquel al que se le ha perdonado una deuda considerable debe estar muy agradecido a su benefactor. Tras esta breve interlocución, Jesús le traslada a la situación de esa mujer que acababa de sembrar el desconcierto entre los invitados, que no dejan de murmurar entre dientes: Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Esta mujer, le dice a Simón, ha hecho por mí lo que tú te has ahorrado: me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo; desde que entró no ha dejado de besarme los pies me los ha ungido con perfume. Ha hecho, por tanto, mucho más de lo que manda hacer la cortesía con un huésped de honor.

Esta secuencia de acciones es indicativa de ese amor que estando en su corazón aflora por sus ojos y sus manos. El ímpetu de su amor le ha llevado a hacer lo que ha hecho por Jesús, desafiando respetos humanos, contraviniendo normas sociales. Y porque tiene mucho amorle son perdonados sus muchos pecados. Aquí el amor (=la gratitud) no es la consecuencia del perdón, sino la causa del mismo: porque ha dado muestras de tener mucho amor, merece recibir su perdón. El amor atrae el perdón. El amor cubre la multitud de los pecados.

Se trata de un amor obsequioso, capaz de sobreponerse a obstáculos y dificultades, que ansía oír una palabra de perdón como quien anhela un bálsamo saludable para su angustiado corazón que no soporta ya el peso de la culpa; un amor que nace, por tanto, de la conciencia del pecado como ofensa, que se siente indigno, pero no hasta el punto de impedirle acudir a su sanador, a aquel en el que ha depositado su fe y esperanza de salvación.

El amor es causa del perdón, pero también efecto: porque ama mucho, mucho se le perdona; y porque se le ha perdonado mucho, mucho amará, pues estará inmensamente agradecido al don recibido. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama, esto es, al que tiene conciencia de haber recibido poco (un bien de escaso valor), tiene poco que agradecer. La historia demuestra que de grandes pecadores han salido grandes santos. San Agustín nos puede servir de ejemplo.

Y es que el pecado no es un impedimento para el perdón ni para el amor, sino el no tener conciencia de pecado. Ése es el gran impedimento para el perdón: el haber perdido la capacidad de reconocer la propia culpa; del mismo modo que el gran obstáculo para la gratitud es el no tener conciencia de lo mucho que hemos recibido de otros. El amor a los demás brota siempre de la conciencia de los dones recibidos, y cuando el don recibido es el perdón, crecen los motivos para estar agradecidos.

Aquella mujer oyó decir: Tu fe te ha salvado, vete en paz. Y se fue en paz. La fe en Cristo Jesús le había devuelto la paz. Y desde entonces hemos de suponer que aquella mujer vivió marcada por esta fe y por este amor. ¡Qué hay de extraño en suponerla una buena discípula de Jesús! Reconozcamos nuestros pecados, más aún, confesémoslos, y seremos perdonados. No olvidemos que en la absolución hay dicha: Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

126. Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive.

El cristianismo debe preferir a Dios antes que al dinero

1.- Los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz… Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien amará al uno y aborrecerá al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. Aunque en la teoría yo creo que todos estamos de acuerdo en esto, la verdad es que en la práctica la historia nos dice que muchas veces, a los largo de los siglos, esto no ha sido así. Las naciones, las empresas, las personas en particular, en definitiva, este mundo en el que nosotros vivimos pone casi siempre en primer lugar el dinero y todo lo demás lo somete al éxito económico. La misma Iglesia católica, desde el siglo tercero en adelante, cuando se alió con el poder político, ha buscado muy frecuentemente al dinero y al éxito económico por encima de los mismos intereses religiosos. Podemos decir que las mismas guerras de religión fueron motivadas en gran parte por intereses económicos. Algunos Papas y bastantes Obispos son, desgraciadamente, testigos es esto. Naturalmente, y gracias a Dios, podemos afirmar también que dentro de la Iglesia Católica siempre han existido personas particulares e instituciones religiosas que sí pusieron siempre a Dios por delante de cualquier otro interés, de dinero o de poder. Los santos y la mayor parte de las Órdenes y Congregaciones religiosas así lo hicieron. Pensemos, en concreto, en San Agustín, san Benito, san Francisco, santo Domingo, san Ignacio y muchos otros más, incluidos los tiempos actuales en los que a nosotros nos ha tocado vivir. Lo más importante, ahora, es que cada uno de nosotros hagamos un examen de conciencia riguroso y examinemos nuestra conducta. Porque es sumamente fácil dejarnos engañar en pequeñas y no tan pequeñas cosas para actuar con egoísmo en nuestras relaciones con los demás, sobre todo con los que son más débiles que nosotros, social o económicamente. Para acertar en esto, es bueno que tengamos siempre presente en nuestra vida el consejo de san Pablo: “teniendo lo necesario para vivir, seamos siempre generosos y desprendidos con el prójimo”.

2.- Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país… para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias. No olvidaré jamás ninguna de sus acciones. Estas palabras del profeta Amós son muy duras, pero muy reales. Lo que tenemos que hacer todos los que somos dueños o amos de algo o de alguien es examinar nuestras relaciones con los que de alguna manera podemos llamar nuestros empleados. Por experiencia, puedo decir que conozco bastantes ocasiones en las que algunas personas e instituciones, que se dicen buenos cristianos, cuando se trata de contratar personal para su servicio no han puesto a Dios antes que al dinero. Que estas palabras del profeta Amós nos sirvan a todos para poner siempre a Dios por encima de cualquier interés económico.

3.- Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los instituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto. Aunque no seamos muy amigos de los políticos y de los que nos mandan, debemos reconocer que ellos pueden y deben influir en nuestra vida y en la vida, en general, de nuestra sociedad. Recemos, pues, por ellos, no sólo con oraciones vocales, sino colaborando en la medida en que mejor podamos con ellos para que nuestro mundo, el mundo en el que nosotros vivimos, sea un mundo en paz, en la paz que Dios quiere y en la que Cristo vino a traer a la tierra.

Gabriel González del Estal

No podéis servir a Dios y al dinero

Dijo también a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador que fue denunciado como malversador de bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque quedas despedido. Entonces el administrador se puso a pensar: ¿Qué voy a hacer, pues mi amo me quita la administración? Cavar, ya no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que haya quien me reciba en su casa cuando no tenga la administración. Llamó a todos los deudores de su amo, y preguntó al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él contestó: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Toma tu recibo, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: ¿Y tú cuánto debes? Él respondió: Cien fanegas de trigo. Él le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador infi el, porque había actuado con sagacidad. Pues los hijos del mundo son más sagaces en sus relaciones que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos con el dinero injustamente adquirido, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fi ar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no habéis sido fi eles con el dinero injustamente adquirido, ¿quién os confi ará los bienes verdaderos? Y si no habéis sido fi eles en lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro?»

«Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero».

Lucas 16, 1-13

Para meditar

No se puede decir de forma más sencilla y directa: no podéis servir a Dios y al dinero. Esto no quiere decir que no usemos el dinero, que veamos al dinero como algo malo. Lo que nos dice Jesús es que el dinero, el tener cosas no puede ser el centro de nuestra vida. Si el dinero es el centro de nuestra vida, haremos cualquier cosa por dinero.

Debemos ser honrados, generosos, con ganas de ayudar a los demás… Por estas cosas nos deben reconocer a los cristianos.

Para hacer vida el evangelio

  • ¿Recuerdas alguna situación de tu vida en la que creas que has sido generoso y has compartido tus cosas?
  • ¿Eres generoso? ¿Compartes tus cosas con los demás? ¿Cómo quiere Jesús que seamos los cristianos con nuestras cosas?
  • Escribe un compromiso que te ayude a compartir lo que tienes con los demás..

Oración

El dinero y Tú, Señor, estáis reñidos
porque cuando el primero se hace el rey
me obliga a dejarte a Ti a un lado.
Cuando acumulo, gasto, deseo, compro,
mi cabeza hace números y cuenta,
se centra en mis caprichos
y en las cosas
y me aparta de tu serenidad
y tu sosiego.
Cuando vivo esclavo de lo que tengo,
se me rompe el amor y no comparto,
se me pega el corazón a lo que tengo
y soy incapaz de amar de forma libre.
Siento que ser pobre me hace libre,
tener menos me aligera el equipaje,
me hace estar menos pegado a todo
y estar más disponible y despreocupado
Ayúdame, Señor, a ir desprendiéndome
a regalar y compartir mis cosas,
a disminuir mis pertenencias
y deseos,
a vaciar armarios y estanterías
y a vivir como de otros todo lo mío.

Están reñidos

El dinero y Tú, Señor, estáis reñidos
porque cuando el primero se hace el rey
me obliga a dejarte a Ti a un lado.

Cuando acumulo, gasto, deseo, compro,
mi cabeza hace números y cuenta,
se centra en mis caprichos
y en las cosas
y me aparta de tu serenidad
y tu sosiego.

Cuando vivo esclavo de lo que tengo,
se me rompe el amor y no comparto,
se me pega el corazón a lo que tengo
y soy incapaz de amar de forma libre.

Siento que ser pobre me hace libre,
tener menos me aligera el equipaje,
me hace estar menos pegado a todo
y estar más disponible y despreocupado.

Ayúdame, Señor, a ir desprendiéndome
a regalar y compartir mis cosas,
a disminuir mis pertenencias
y deseos,
a vaciar armarios y estanterías
y a vivir como de otros todo lo mío.

Hazme un regalo, Señor, para la gente:
que no tenga nada mío, sino de todos,
que comparta cada cosa, cada libro,
cada música, aprendizaje y tesoro.

Quiero tener mi corazón,
puesto en Ti, del todo, Señor.
Quiero vivir en desapego,
para ganar en libertad interior.
Quiero sentirme ligero de equipaje
y necesitar cada día menos,
para compartir un poco más
y así vivir amando a los demás.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXV de Tiempo Ordinario

• Posiblemente la parábola describe un fraude; una malversación de fondos que trata de subsanarse con prevaricación. Así las cosas ¿por qué elogia el amo a tal administrador? O bien se nos invita a actuar por contraste, o se trata de un «desmesurado elogio de lo perverso» (Fitzmyer). Desde luego, desconcierta la actitud del amo y desconcierta la máxima final: «Ganaos amigos con el dinero injusto para que cuando os falte, os reciban en las «tiendas» (mejor que «moradas») «eternas». Esta última expresión para designar el lugar de la salvación final es única en toda la literatura bíblica y judía y parece evocar la Fiesta de las Tiendas que era considerada como una prefiguración de la reunión definitiva del Pueblo de Dios, en el día escatológico.

• El sentido de la mención del «dinero injusto» (en griego, «dinero de iniquidad») evoca la capacidad que tiene de conducir al hombre a la injusticia. Para el cristiano hasta este «poderoso caballero» ha de ser orientado hacia el Reino. Para ello, hay que reordenar las categorías y la tabla de valores, y reconsiderar el valor del dinero.

• Aplicación de la parábola a los discípulos: «Vendad lo que tengáis y dad limosna con ello. Haceos bolsas que no se gasten y riquezas inagotables en el cielo…» (Lc 12, 33); «el que de vosotros no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulos» (Lc 14, 33).

*La parábola que utiliza Jesús es de las que no se entienden si pensamos que las parábolas son historietas ejemplares. Hay algunas, como ésta, que no se entienden si la miramos así. Por ejemplo, cuando el rey rechazado hace degollar a sus enemigos (Lc 19, 27). Evidentemente, si el rey es Jesucristo y leemos en clave de historia ejemplar, tenemos un problema.

•  Para entender estas palabras: «ganaos amigos con el dinero injusto» conviene tener en cuenta otros textos de Lucas y de Hechos sobre el valor de la limosna y dar dinero a los pobres (Lc 11, 41; 12, 33; 18, 22; 19, 8; 21, 1-4; Act 9, 36; 10, 2.4.31; 11, 29; 24, 17). Así se puede interpretar como una invitación a dar los vienes a los pobres, que son los amigos que hay que hacer aquí en la tierra. Ellos mismos, después, os «reciben»en el cielo: «se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico y lo enterraron» (Lc 16, 22).

• Sobre el dinero (v. 10). Para el cristiano el dinero es lo menudo (literalmente lo insignificante), lo vil, y ajeno (v. 12). Por si hay dudas, el dinero es un señor (kyrios) incompatible con el Señor (Kyrios). El sustantivo que usa Lucas (mamónas) es transliteración griega del arameo mamóna, como si de un nombre propio se tratara: «No se puede servir a Dios y a Mamóna». El verbo servir describe tanto la dedicación sagrada a Dios como la vil dependencia de un esclavo hacia su señor. Así que con el dinero no hay medias tintas: o se le adora o se le pospone.

• No es cosa del hombre (12: propio). Lo propio del hombre es el espíritu, don del padre (11, 13); para recibirlo se requiere desprendimiento (1, 33-36). El espíritu lleva el don de si mismo; quien no está avezado a dar (12, 33) no podrá responder a él (11s).

• Como colofón está el tema del amor al dinero, una idolatría. Hay que optar entre los dos señores: no hay medias tintas, son incompatibles (v. 13).

• Servir a Dios es una dependencia que nos hace libres para servir a los más necesitados, mientras que servir al dinero es una esclavitud que aplasta a las personas y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás como nos describe en la parábola del rico y Lázaro (Lc 16, 19-31).

Comentario al evangelio – 19 de septiembre

Jesús es el maestro de los contrastes. Y Lucas un experto en ponerlos de relieve. En el evangelio de hoy aparecen dos amigos de Jesús: uno, varón, con nombre propio (Simón); otro, mujer, sin nombre (conocida como “pecadora”). A partir de esta primera caracterización podemos ir construyendo una lista de contrates:

El fariseo Simón invita a Jesús a su casa, pero no lo toca, mantiene las distancias de seguridad. Admira a Jesús, pero no sabe bien quién es (“si fuera profeta”) y no acaba de fiarse. Procura ser cortés, pero se mantiene en su posición, no se entrega.

La mujer pecadora da el primer paso: se introduce en la casa. Besa y unge a Jesús con perfume y lágrimas. No pierde el tiempo en averiguar “quién es”: se entrega sin condiciones. No justifica su conducta. Deja que fluyan las lágrimas. No pronuncia palabra. Su cuerpo entero se hace palabra.

¿Es necesario cavilar mucho para saltar a la arena de nuestra propia vida? El inextinguible fariseo que llevamos dentro no para de hacer preguntas para retrasar el momento de la rendición y la entrega. Puede que presumamos de ser despiertos y buscadores. Pero la mayor parte de las veces somos solo cobardes. Menos preguntas y más donación. Menos sospechas y más lágrimas. Entonces la luz llega.