El cristianismo debe preferir a Dios antes que al dinero

1.- Los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz… Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien amará al uno y aborrecerá al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. Aunque en la teoría yo creo que todos estamos de acuerdo en esto, la verdad es que en la práctica la historia nos dice que muchas veces, a los largo de los siglos, esto no ha sido así. Las naciones, las empresas, las personas en particular, en definitiva, este mundo en el que nosotros vivimos pone casi siempre en primer lugar el dinero y todo lo demás lo somete al éxito económico. La misma Iglesia católica, desde el siglo tercero en adelante, cuando se alió con el poder político, ha buscado muy frecuentemente al dinero y al éxito económico por encima de los mismos intereses religiosos. Podemos decir que las mismas guerras de religión fueron motivadas en gran parte por intereses económicos. Algunos Papas y bastantes Obispos son, desgraciadamente, testigos es esto. Naturalmente, y gracias a Dios, podemos afirmar también que dentro de la Iglesia Católica siempre han existido personas particulares e instituciones religiosas que sí pusieron siempre a Dios por delante de cualquier otro interés, de dinero o de poder. Los santos y la mayor parte de las Órdenes y Congregaciones religiosas así lo hicieron. Pensemos, en concreto, en San Agustín, san Benito, san Francisco, santo Domingo, san Ignacio y muchos otros más, incluidos los tiempos actuales en los que a nosotros nos ha tocado vivir. Lo más importante, ahora, es que cada uno de nosotros hagamos un examen de conciencia riguroso y examinemos nuestra conducta. Porque es sumamente fácil dejarnos engañar en pequeñas y no tan pequeñas cosas para actuar con egoísmo en nuestras relaciones con los demás, sobre todo con los que son más débiles que nosotros, social o económicamente. Para acertar en esto, es bueno que tengamos siempre presente en nuestra vida el consejo de san Pablo: “teniendo lo necesario para vivir, seamos siempre generosos y desprendidos con el prójimo”.

2.- Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país… para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias. No olvidaré jamás ninguna de sus acciones. Estas palabras del profeta Amós son muy duras, pero muy reales. Lo que tenemos que hacer todos los que somos dueños o amos de algo o de alguien es examinar nuestras relaciones con los que de alguna manera podemos llamar nuestros empleados. Por experiencia, puedo decir que conozco bastantes ocasiones en las que algunas personas e instituciones, que se dicen buenos cristianos, cuando se trata de contratar personal para su servicio no han puesto a Dios antes que al dinero. Que estas palabras del profeta Amós nos sirvan a todos para poner siempre a Dios por encima de cualquier interés económico.

3.- Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los instituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto. Aunque no seamos muy amigos de los políticos y de los que nos mandan, debemos reconocer que ellos pueden y deben influir en nuestra vida y en la vida, en general, de nuestra sociedad. Recemos, pues, por ellos, no sólo con oraciones vocales, sino colaborando en la medida en que mejor podamos con ellos para que nuestro mundo, el mundo en el que nosotros vivimos, sea un mundo en paz, en la paz que Dios quiere y en la que Cristo vino a traer a la tierra.

Gabriel González del Estal