Y tú, ¿qué eliges? (Oración)

Y TÚ, ¿QUÉ ELIGES?

Hola Jesús. Una semana más quiero pasar un rato contigo, porque sé que tu palabra me sirve, tu música me acompaña y tu enseñanza es buena para la vida. A veces no tengo tiempo para rezar. Tengo que hacer deberes, clase, deporte, jugar, pasar tiempo en casa, ver la tele… Por eso, ahora voy a aprovechar esta oportunidad para estar contigo. ¿Qué quieres enseñarme hoy?

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 16, 1-13)

Jesús les contó a sus amigos la siguiente historia:

Un hombre tenía un administrador que se encargaba de su dinero. Un día se enteró de que estaba gastando mucho dinero de más. Y le llamó y le dijo. «Estás despedido».

El administrador pensó: «Y ahora, ¿qué hago?»

Entonces llamó a todos los que debían dinero a su jefe, y les dijo: «A ver, ¿tú debes 1000 euros? Pues apunta 500». Y así lo hizo con los demás. De ese modo, haciendo trampas, conseguía hacerse amigos.

Cuando el jefe se enteró, le pareció fatal, pero tuvo que reconocer que el administrador había sido muy listo, porque había conseguido hacer muy buenos contactos.

Los amigos de Jesús no entendían por qué les contaba esta historia. ¿Les estaba invitando a hacer trampas? Jesús, viendo que estaban un poco despistados, les explicó: «Veréis, lo que os quiero decir es lo siguiente. Hay que ser astutos en la vida. Y lo mismo que la gente mala y tramposa usa la astucia para el mal, vosotros tenéis que ser astutos para anunciar la buena noticia. Sed honrados, sed de fiar, y no queráis servir a la vez a Dios, al poder, a la riqueza, a la diversión… Vosotros elegid mi amistad…»

¡Qué historia tan extraña! Un administrador injusto, un tramposo que traicionó a su jefe y tú lo pones de ejemplo. Pero no es un ejemplo para hacer trampas. Es el ejemplo de que hay que buscar soluciones para los problemas.

Jesús te voy a pedir en un momento, que me enseñes a mí también a resolver los problemas.

Hoy Jesús nos dice que tenemos que ser astutos para anunciar la buena noticia. Trata de imaginar cuál es el mejor camino para mostrar que Jesús te hace feliz. ¿Es repetir sus palabras o quizás más fácil es vivir a su manera?

El texto termina con las palabras vosotros elegid mi amistad.Pues el canto Jesús hijo de Dios, es una declaración de amistad. Yo quiero ser amigo de Jesús en el corazón.

Jesús, Hijo de Dios,
cuidas de mí
siempre te he de querer.
Jesús, eres mi amigo,
conmigo estás,
nunca te dejaré.

Me enseñas
que al rezar estoy contigo
que tu siempre eres mi amigo
que mi Dios Padre me quiere tanto

Me cuentas
que Dios siempre va conmigo
que me cuida como un niño
que tu siempre estás con él.

Jesús, mi compañero
te escucho hablar
del Reino de Dios.
Jesús, quiero saber,
donde encontrarte,
contigo yo ahondaré.

Me enseñas
que al rezar estoy contigo
que tu siempre eres mi amigo
que mi Dios Padre me quiere tanto

Me cuentas
que Dios siempre va conmigo
que me cuida como un niño
que tu siempre estás con él.

Me enseñas
que al rezar estoy contigo
que tu siempre eres mi amigo
que mi Dios Padre me quiere tanto
Me cuentas
que Dios siempre va conmigo
que me cuida como un niño
que tu siempre estás con él.

Jesús, Hijo de Dios de Amparo Navarro, «Proyecto Yasah 2.»

Jesús ha dicho a sus discípulos que no se puede elegir todo a la vez, no se puede tener todo, querer todo, vivir todo. Por eso, la oración final es una invitación a elegir el camino de Dios. Vamos diciendo qué hay que elegir.

Elegir

Entre el amor y el odio,
elijo el amor.

Entre la guerra y la paz,
elijo la paz.

Entre la alegría y la tristeza,
elijo la alegría.

Entre el egoísmo y la generosidad,
elijo la generosidad.

Entre acumular y compartir,
elijo compartir.

Entre la amistad y la soledad,
elijo la amistad.

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p style=»text-align:justify;»>Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.