I Vísperas – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO XXV DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V./Dios mío, ven en mi auxilio
R./ Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Como una ofrenda de la tarde,
elevamos nuestra oración;
con el alzar de nuestras manos,
levantamos el corazón.

Al declinar la luz del día,
que recibimos como don,
con las alas de la plegaria,
levantamos el corazón.

Haz que la senda de la vida
la recorramos con amor
y, a cada paso del camino,
levantemos el corazón.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 140: ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Señor, te estoy llamando, ve de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
Un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

SALMO 141: TÚ ERES MI REFUGIO

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio

y mi lote en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

LECTURA: Rom 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que Él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A Él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cuántas son tus obras, Señor.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

R/ Y todas las hiciste con sabiduría.
V/ Tus obras, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

PRECES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre todopoderoso, haz que florezca en la tierra la justicia
— y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte en tu reino,
— y obtengan así la salvación.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
— y sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
— y concédeles la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
— y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has dispuesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 21 de septiembre

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor. 

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 9,9-13
Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.» 

3) Reflexión

• El Sermón de la Montaña ocupa los capítulos de 5 a 7 del Evangelio de Mateo. La parte narrativa de los capítulos 8 y 9 tiene como finalidad mostrar cómo Jesús practicaba lo que acababa de enseñar. En el Sermón de la Montaña Jesús enseñó la acogida (Mt 5,23-25.38-42.43). Ahora, él mismo la practica al acoger a leprosos (Mt 8,1-4), extranjeros (Mt 8,5-13), mujeres (Mt 8,14-15), enfermos (Mt 8,16-17), endemoniados (Mt 8,28-34), paralíticos (Mt 9,1-8), publicanos (Mt 9,9-13), personas impuras (Mt 9,20-22), etc. Jesús rompe con las normas y costumbres que excluían y dividían a las personas, esto es, el miedo y la falta de fe (Mt 8,23-27) y las leyes de pureza (9,14-17), e indica claramente cuáles son las exigencias de quienes quieren seguirle. Tienen que tener el valor de abandonar muchas cosas (Mt 8,18-22). Así, en las actitudes y en la práctica de Jesús, aparece en qué consisten el Reino y la observancia perfecta de la Ley de Jesús.
• Mateo 9,9: El llamado para seguir a Jesús. Las primeras personas llamadas a seguir a Jesús fueron cuatro pescadores, todos judíos (Mt 4,18-22). Ahora Jesús llama a un publicano, considerado pecador y tratado como impuro por las comunidades más observantes de los fariseos. En los demás evangelios, este publicano se llama Leví. Aquí su nombre es Mateo, que significa don de Dios o dado por Dios. Las comunidades, en vez de excluir al publicano como impuro, deben considerarlo como un Don de Dios para la comunidad, pues su presencia hace que la comunidad se vuelva ¡señal de salvación para todos! Como los primeros cuatro llamados, así el publicano Mateo deja todo lo que tiene y sigue a Jesús. El seguimiento de Jesús exige ruptura. Mateo deja su despacho de impuestos, su fuente de renta, y sigue a Jesús.
• Mateo 9,10: Jesús se sienta en la mesa con los pecadores y los publicanos. En aquel tiempo, los judíos vivían separados de los paganos y de los pecadores y no comían con ellos en la misma mesa. Los judíos cristianos tenían que romper este aislamiento y crear comunión con los paganos e impuros. Fue esto lo que Jesús enseñó en el Sermón de la Montaña, como expresión del amor universal de Dios Padre (Mt 5,44-48). La misión de las comunidades era ofrecer un lugar a los que no tenían lugar. En algunas comunidades, las personas venidas del paganismo, aún siendo cristianas, no eran aceptadas en la misma mesa (cf. Hec 10,28; 11,3; Gal 2,12). El texto del evangelio de hoy indica cómo Jesús comía con publicanos y pecadores en la misma casa y en la misma mesa.
• Mateo 9,11: La pregunta de los fariseos. A los judíos estaba prohibido sentarse en la mesa con publicanos y paganos, pero Jesús no presta atención a esto, por el contrario, confraterniza con ellos. Los fariseos, viendo la actitud de Jesús, preguntan a los discípulos: “¿Por qué vuestro maestro come con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?» Esta pregunta puede ser interpretada como expresión del deseo de éstos, que quieren saber porqué Jesús actúa así. Otros interpretan la pregunta como una crítica de los comportamientos de Jesús, pues durante más de quinientos años, desde el tiempo del cautiverio en Babilonia hasta la época de Jesús, los judíos habían observado las leyes de pureza. Esta observancia secular se volvió para ellos una fuerte señal de identidad. Al mismo tiempo, era factor de su separación en medio de los otros pueblos. Así, por las causas de las leyes de pureza, no podían ni conseguían sentarse en la mesa para comer con los paganos. Comer con los paganos significaba volverse impuro Los preceptos de la pureza eran rigurosamente observados, tanto en Palestina como en las comunidades judaicas de la Diáspora. En la época de Jesús, había más de quinientos preceptos para guardar la pureza. En los años setenta, época en que Mateo escribe, este conflicto era muy actual.
• Mateo 9,12-13: Misericordia quiero y no sacrificios. Jesús oye la pregunta de los fariseos a los discípulos y responde con dos aclaraciones. La primera está sacada del sentido común: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal”. La otra está sacada de la Biblia: “Aprendan, pues, lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio”. Por medio de estas dos aclaraciones Jesús explicita y aclara su misión junto con la gente: “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores». Jesús niega la crítica de los fariseos, y no acepta sus argumentos, pues nacían de una falsa idea de la Ley de Dios. El mismo invoca la Biblia: «¡Misericordia quiero y no sacrificio!» Para Jesús la misericordia es más importante que la pureza legal. Apela a la tradición profética para decir que para Dios la misericordia vale más que todos los sacrificios (Os 6,6; Is 1,10-17). Dios tiene entrañas de misericordia, que se conmueven ante las faltas de su pueblo (Os 11,8-9). 

4) Para la reflexión personal

• Hoy, en nuestra sociedad, ¿quién es marginado y quién es excluido? ¿Por qué? En nuestra comunidad ¿tenemos ideas preconcebidas? ¿Cuáles? ¿Cuál es el desafío que las palabras de Jesús plantean a nuestra comunidad, hoy?
• Jesús ordena al pueblo que lea y que entienda el Antiguo Testamento que dice: «Misericordia quiero y no sacrificios». ¿Qué quiere decir con esto Jesús, hoy? 

5) Oración final

Señor, dichosos los que guardan sus preceptos,
los que lo buscan de todo corazón;
los que, sin cometer iniquidad,
andan por sus caminos. (Sal 119,2-3)

Astucia, coherencia y oración…

…O tal vez será mejor pensarlo al revés. Primero la oración, nunca dejarla u olvidarla.

1.- Pablo le dice a su discípulo y amigo Timoteo que rece por todos los hombres. Que lo haga con las manos alzadas. Este gesto, evidentemente, está condicionado a su época. Tal postura ayudaba a la plegaria. Hoy, probablemente, recomendaría buscan un rincón silencioso o un bosque solitario. Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas, que decía aquel. No me olvido, os lo confieso sinceramente, mis queridos jóvenes lectores, de suplicar cada noche por vosotros, junto al sagrario de mi iglesita.

2.- Ahora bien, fijaos que al ruego, al por todos, concreta Pablo por los reyes y por los que están en el mundo. Hoy, seguramente, diría por los políticos, los mundiales, los estatales, los nacionales y los locales, que todos son semejantes en estos campos de dominio. También le recordaría que lo hiciera por tantos que arrastran una existencia aburguesada. O sin duda nos lo pide ahora a nosotros, que tampoco nosotros los debemos olvidar. Os advierto que en la liturgia, según las nuevas ediciones del misal, encuentra uno dos anáforas que expresan peticiones de paz y reconciliación. En estos tiempos en los que no pasa día sin que haya disputas, elecciones, huelgas y otras lindeces semejantes, es muy apropiado servirse de estos textos. No olvidéis que la liturgia bien celebrada, fue y es, catequesis, oración suprema y ejercicio de serenidad espiritual.

3.- Las otras dos lecturas, la del A.T, la profética de Amos y buena parte del evangelio, se refiere a la astucia. Ser astuto en aquel tiempo se valoraba tanto como hoy una medalla olímpica. Nosotros sabemos muy bien que la picardía puede ser maligna, propia de trepas, palabra que al Papa Francisco tanto le gusta utilizar, que con sus tretas y artimañas, van saliéndose siempre con la suya. Así parece, así acontece, de momento. Para bien algunas veces, para mal muchas.

3.- Ejemplos contemporáneos. Se prepara una probable bancarrota con mil trucos o se asegura salir vivo de una posible quiebra con disimulados depósitos. Pero si la astucia hasta lo dicho parece sea propia del malvado o del simple mediocre, hay que advertir que la total ausencia de ella puede ser carencia de voluntad, de responsabilidad, de esfuerzo, de tantos fieles que se consideran muy cristianos, pero que se limitan a seguir costumbres ancestrales, totalmente hoy carentes de valor y eficacia apostólica. Y la labor del reino exige también leal y buena astucia.

4.- No sé a quién se le ocurrió la idea de las ONGs, pero quien quiera que fuese, demostró genial astucia. ¡Cuánta ayuda a países desgraciados o a situaciones calamitosas, puede llegar de inmediato por esta senda, que legislaciones proteccionistas impedirían o dificultarían su envío! Sinceramente, en mi época de seminario nadie me comentó el fragmento que proclamamos este domingo. Recuerdo perfectamente que al acabar la misa de un domingo, era en el verano de 1957, se me dijo: el evangelio de hoy recomienda hacer trampa ¿qué le parece? Noblemente les contesté que me dieran tiempo para pensarlo y estudiarlo. Dedique toda la tarde a repasar la interpretación que la Tradición, los Padres de la Iglesia, daban a esta parábola. Os lo resumo y para que quede más claro, lo escribiré en punto y aparte.

5.- El dinero abundante siempre es injusto, es la sangre de los pobres, diría León Bloy. “Mamone iniquitatis” acostumbra a llamársele. Si en él abundas, sé generoso, da a los pobres. El día que el pecunio te falte, pues te encuentras en el dintel de la muerte, los indigentes a los que ayudaste te abrirán las puertas de la morada eterna.

(No olvidéis nunca, mis queridos jóvenes lectores, que oración, ayuno y limosna, son los cimientos sobre los que se edifica la vida cristiana. Carecer de ellos es edificar sobre arena. Calculad ahora mismo cual y como será vuestra oración diaria. De qué os toca ayunar, seguramente no consistirá en privaros de fibra, hidratos de carbono, vitaminas y proteínas. Buscad más bien por ámbitos de chuches, refrescos y confitería. Palpad el dinero o la tarjeta bancaria que tenéis en el bolsillo, de inmediato firmad un cheque imaginario a favor de quien carece de vuestro caudal y no dejéis de hacerlo efectivo y realmente, pronto)

Pedrojosé Ynaraja

Comentario del 21 de septiembre

Tras la llamada al discipulado del publicano Mateo, Jesús se sienta a la mesa con «publicanos y pecadores». Eran los comensales que habían acudido a la invitación de su colega y compañero de oficio, Mateo. Los fariseos no desaprovechan la ocasión para criticar al Maestro. Y no es que les moviera únicamente el afán de criticar. Es que la conducta de Jesús realmente les escandalizaba. Su mentalidad legalista no podía tolerar semejante comportamiento, esto es, que el maestro de Nazaret se mezclase con los pecadores sin caer en la cuenta de que este contacto significaba un contagio, una contaminación, una contracción de impureza.

El que vivía entre impuros no podía sino contraer impureza. Para evitar esta impureza había que mantener las distancias, es decir, separarse de ellos como de los leprosos. El mismo riesgo había en el contacto con la lepra que en el contacto con un pagano, un publicano o un pecador público. Todas las enfermedades, tanto las físicas como las morales, contaminaban. Pero quizá tras esta mentalidad existía también el deseo de desacreditar a este rabino tan especial y tan dado a la transgresión como Jesús.

Jesús, al oír la crítica a que es sometida su conducta, responde: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Es decir, que se presenta a ellos como un médico que no puede rehuir el contacto con los enfermos, pues el médico está para eso, para curar, y sus pacientes no pueden ser otros que los enfermos. El oficio del médico reclama necesariamente el contacto con sus pacientes aún a riesgo de contraer él mismo la enfermedad que pretende curar. Por tanto, su conducta de «contactos peligrosos» está justificada porque ha venido como médico. Y el médico, si quiere cumplir su función debidamente, no puede rehuir este contacto.

Y tras la justificación, la crítica, una crítica que toca lo más nuclear de la mentalidad farisaica: Andad, aprended lo que significa misericordia quiero y no sacrificios, que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Hay algo muy urgente que tiene que aprender los fariseos (y cuantos retienen su mentalidad): que a Dios lo que realmente le agrada es la misericordia, no los sacrificios. Y la misericordia no mira a Dios, sino al prójimo. Dios no es miserable de nada. Nosotros no podemos ser misericordiosos con Dios, pero sí podemos serlo con los miserables de este mundo, ya lo sean por sus miserias físicas o morales. Los sacrificios (= ofrendas sagradas, rituales), en cambio, sí miran a Dios, aunque con semejante ofrenda se pretenda obtener un favor divino, su protección o cualquier otro beneficio.

Esto es lo que no han aprendido aún los fariseos, empeñados en ofrecer sacrificios en el Templo, pero olvidados de usar de misericordia con los miserables de este mundo, entre los cuales se cuentan también los publicanos y esos que eran señalados como pecadores públicos. La miseria de los publicanos no estaba en estar faltos de dinero, sino de reputación moral. Eran pecadores (enfermos) desahuciados por quienes tenían el deber de curarlos. Pero Jesús entiende que tienen cura, que su enfermedad tiene remedio; por eso se acerca a ellos como médico. Por eso, llama a los pecadores y se junta con ellos, porque como médico de tales dolencias cree tener el remedio medicinal para su estado de miseria. Y a ejercer esta labor le mueve la misericordia. Esto es lo que Dios quiere, ésta es la mejor ofrenda que se le puede presentar: la acción misericordiosa.

Pero ¿no acabó Jesús sus días con un sacrificio, que actualizamos en la eucaristía, la ofrenda de su propia vida en la cruz? Así es, pero no se trata de un sacrificio externo, el de una oveja de su rebaño, sino del sacrificio de la propia vida, y sobre todo de un sacrificio que culminaba un camino de misericordia. Jesús moría por los pecados del mundo, es decir, no sólo a causa de los pecados del mundo, sino para proporcionar a este mundo el remedio a su situación de pecado. Seguía actuando como médico y proporcionando su medicina movido por la misericordia hacia ese mundo sometido al pecado. Su muerte, además de ser un sacrificio (agradable a Dios), era un acto grandioso de misericordia o de amor misericordioso. Se encarnó por amor, se mezcló con los pecadores y los curó por amor y murió por amor a esos mismos pecadores. En su muerte se encuentra el último y definitivo remedio medicinal que brota de su misericordia.

Esto es lo que Dios quiere, la misericordia que aprecia en Jesús, una misericordia que le lleva hasta el sacrificio de la propia vida en la cruz. Se trata, pues, de un sacrificio que culmina una trayectoria misericordiosa y del que ha de brotar necesariamente la misericordia para con los miserables de este mundo. El Dios que recibe nuestros sacrificios u ofrendas sigue prefiriendo nuestra misericordia. Sólo los sacrificios en los que se expresa la misericordia son agradables a Dios. Tengámoslo en cuenta, si no queremos dejarnos arrastrar por la mentalidad farisaica.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

129. Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[69].


[69] Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 1: AAS 98 (2006), 217.

El dinero es vil, despreciable, indigno, torpe, infame…

1.- Las lecturas que acabamos de escuchar tienen una enorme actualidad. La primera lectura y el evangelio hablan de dinero y ese tema está –en nuestro tiempo— en la boca de todos. La segunda –escrita por San Pablo hace dos mil años— forma y conforma nuestra liturgia en la forma de oración de los fieles o las preces. Y las tres nos han sonado mucho cuando las escuchábamos. ¿A que sí?

2.- La lectura del Profeta Amós parece, casi, un alegato sindical, muy adecuado para estos días. Es un golpe duro contra los empresarios de entonces. Pero no es mentira lo que se dice, ni tampoco exagerado. El afán por enriquecerse sin medida y sin piedad es una constante de todos los tiempos. Como no es muy extenso el párrafo del profeta Amós merece la pena que os lo lea. Dice: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ‘¿cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?’ Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones”.

3.- Pocos comentarios más… Esas palabras son como aldabonazos, como fuertes golpes del mazo sobre el bombo. Y está claro que el Señor no puede estar de acuerdo con ese proceder que hace daño a los más débiles, a los que hay que ayudar y proteger muy especialmente. Amos vive en ochocientos años antes del nacimiento de Cristo y los reinos judíos del Norte y del Sur viven una gran prosperidad, que, aunque no duró mucho, fue superior a la de los tiempos de Salomón. Pero esas riquezas –Amos se asombra de la magnificencia de los edificios públicos— se habían obtenido de manera injusta y clama contra ellas. Como veis la historia se repite.

4.- El Señor no acepta ese abuso, ni entonces, ni ahora, porque se aleja de su sentido de la equidad y, sobre todo, del amor por sus criaturas. La frase final del párrafo de Amos lo dice claramente. Hace dos mil ochocientos años el problema del enriquecimiento injusto e ilegal a los ojos de Dios ya estaba presente. Son muchas las citas de Jesús de Nazaret contra el dinero o contra los temas de propiedad. Como se inhibe de arbitrar en una disputa por una herencia o, igualmente, cuando dice que el amor al dinero es una especie de idolatría y cuando se confiesa pobre: “No tengo donde reposar la cabeza”. Eso está claro. Hoy nos dice que “No podéis servir a Dios y al dinero”. Ha dicho antes que no se puede servir a dos amos. Y cuando “enfrenta” al dinero con Dios está, sin duda, dando una importancia mayúscula a la seducción por el dinero, por las riquezas. Jesús es claro en esto y demuestra su conocimiento total de la psicología humana.

4.- Pero desde esta perspectiva sorprende –siempre ha sorprendido— la parábola del administrador infiel, pero sagaz. Ese administrador se asegura, mediante pactos bien urdidos, no caer en la mendicidad tras la amenaza de despido de su amo, conocedor de su tendencia irregular. El mismo amo defraudado felicitará, después, al administrador injusto por su astucia. Y “suelta” unas frases que han venido inquietando de generación en generación a muchos cristianos: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”. ¿Nos pide sagacidad por encima de todo? ¿Nos pide contemporizar con el dinero injusto? En otro lugar nos aconseja que seamos astutos como las serpientes. ¿Qué es todo esto? Pero, Él habla, creo yo, de la importancia de aquel que es capaz de no dejarse emborrachar por la avaricia o la codicia. Y hay otra frase digna de ser meditada: “Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?”

5.- No existe un mundo sin dinero y está claro que a todos nosotros, en mayor o menor cantidad, nos toca administrar dinero. Proceder adecuadamente con el dinero nos asegurará que somos capaces de administrar con justicia esos otros dones de la vida, como pueden ser el amor, la solidaridad, la sabiduría… todo ello dirigido al bien común. Porque sería cobarde como en el caso de la parábola de ese otro amo que confía grandes cantidades en custodia a sus siervos, que por miedo, las guardáramos en un agujero y queden improductivas para siempre. La cobardía o el miedo jamás debe frenar ninguna acción nuestra y mucho menos inspirarla. Pero en fin, apuntemos, asimismo que habla de vil dinero y de la palabra vil el diccionario de Real Academia Española de la Lengua da los siguientes significados: bajo, despreciable, indigno, torpe, infame. La advertencia es más que suficiente porque a muy pocos de nosotros nos parece que el dinero sea así. Y sin embargo lo es, porque lo dice Jesús.

6.- Y respecto a lo que dice San Pablo en el fragmento de su Primera Carta a Timoteopues fijaros que la Iglesia sigue ofreciendo oraciones por los que ostentan algún tipo de poder, para que Dios influya en sus conciencias y actúen de acuerdo con el sentir de Cristo Jesús. Pablo pide estas oraciones para que podamos llevar una vida apacible y tranquila. Y lo dice en tiempos de las primeras persecuciones y cuando reyes y emperadores del mundo pagano –o, incluso los dirigentes religiosos judíos— perseguían implacablemente a los cristianos. Y es que todo crece en buen ambiente, en tiempo de paz y de concordia. Ahora mismo –en muchos países—hay cristianos que se ven perjudicados gravemente, en sus convicciones y en sus vidas, por ciertas formas de legislar de las autoridades. Pues recemos para que Dios cambien las conciencias de los que tienen el poder y podamos vivir en paz. También esto tiene su miga.

Por eso os decía, al principio, que hemos escuchado una Palabra de Dios muy certera y muy en consonancia con nuestros tiempos y nuestras costumbres. Merece la pena que no nos limitemos a su escucha en la Eucaristía y que volvamos a leerlas en casa y profundicemos en su enseñanza.

Ángel Gómez Escorial

¿Astutos o prudentes?

Al leer y meditar el evangelio de hoy vemos que, la prudencia, además de ser la primera de las virtudes cardinales, nos indica el camino que nos puede llevar a la verdad; a enjuiciar con serenidad los acontecimientos; a situarnos con sosiego y con claridad frente a las cosas. Incluso, la prudencia, se puede convertir en criterio para actuar como Dios manda.

1.- ¿Astutos o prudentes? El Señor nos quiere prudentes. No es bueno engancharse al último tren de la salvación cuando, por ejemplo, durante toda nuestra vida hemos dejado que pasara de largo. Es decir; no sería lógico justificar con el evangelio de hoy una vida sin Dios. Pensar que, al final, con unos halagos o con unas carantoñas al Señor y a los demás, todo nuestro pasado va a quedar resuelto de un plumazo. Ser siervos de Dios implica buscar con todas nuestras fuerzas la verdad y razonar con criterios de fe.

2.- La vida se nos da no para malgastarla. Alguien, con cierta razón, ha llegado a decir que nuestra vida es un cheque que Dios pone en nuestras manos para que pongamos la cantidad que necesitemos. Pero ¿qué ocurre? No siempre la administramos bien. En muchos momentos nos convertimos en “ladronzuelos” de nuestra propia existencia; quitamos tiempo a nuestra felicidad, paz a nuestras almas, sensatez a nuestros pensamientos o ilusiones a nuestro futuro. En vez de sumar ceros a ese cheque, lo emborronamos con nuestro afán de todo y de nada.

La bondad del Señor, y de sobra lo sabemos, es ilimitada. Pero ello no quita para que, aún a sabiendas del corazón gigantesco que Dios tiene, nos planteemos de vez en cuando en realizar un discernimiento o un análisis de cómo andan nuestras cuentas con Dios.

3.- En la realidad que nos toca vivir andamos demasiado pendientes de estar a bien con los negocios, con los bancos, con los amigos o con los enemigos pero –no siempre- hacemos balance de cómo está nuestra relación con Aquel que nos creó, con Aquel que nos hizo sus hijos por el bautismo.

Qué bueno sería que, en esta celebración, nos preguntásemos: ¿Somos astutos o prudentes con todo lo relativo a Dios? ¿Lo tratamos con dignidad? ¿Estamos interesados en su reino o, por el contrario, somos muy interesados de cuando en vez? ¿Procuramos ajustar nuestra vida, nuestra conducta, nuestras actitudes con el evangelio?

4.- El Señor no pide imposibles. Tal vez, la mayoría de nosotros, no tengamos una gran empresa, ni seamos doctos o ni tan siquiera poseamos un remunerado puesto profesional pero, el Señor, nos ha concedido talentos, aptitudes, mentes prodigiosas, corazones rebosantes de afecto o manos inclinadas al bien que pueden dar el ciento por uno allá donde nos encontremos.

¿Seremos tan necios de no ponerlo al servicio del Señor? ¿Podrá más la astucia que la prudencia a la hora de volcarnos en pro de la construcción del reino de Dios?

5.- HAZME, SEÑOR, PRUDENTE

Que me ofrezca sin esperar nada a cambio
Que exprima lo mejor de mí mismo
aún, aparentemente, no viendo fruto alguno
Que trabaje los talentos que Tú me has dado
y puedan servir como camino que me lleven hacia Ti
Que, de tal manera viva yo en Ti,
que disfrute viviendo y cumpliendo tu voluntad

HAZME, SEÑOR, PRUDENTE
Distante de lo efímero, para buscar lo eterno

Crítico con aquello que me paraliza
y dinámico para buscarte en el silencio
Abierto a negarme entregándome
y cerrado a todo lo que me impide
dar y regalar lo mejor de mí mismo.

HAZME, SEÑOR, PRUDENTE
Que no te busque por interés

Que no te quiera porque me esperas
Que no te ame porque es mucho lo que me aguarda

HAZME, SEÑOR, PRUDENTE
Para que te busque porque eres lo mejor

Para que te quiera porque siempre esperas
Para que te ame porque, Tú antes, me amas
Amén

Javier Leoz

La importancia de las cosas pequeñas

1.- ¡ESAS INJUSTICIAS! – Amós guardaba ovejas por los campos de Tecua; también descortezaba sicómoros. Y un día Yahvé se fijó en él y le sacudió de pies a cabeza. Entonces el profeta sintió escocer en su propia carne toda la tragedia que sufría la gente de su pueblo, toda la tremenda injusticia social en que la gente vivía. Los ricos abusaban de los pobres aprovechándose de su situación privilegiada. Les hacían trabajar sin descanso, explotaban su trabajo, pisoteaban los derechos más sagrados de la persona.

Dios no podía quedar impasible ante esa situación. El pecado de injusticia contra los pobres enseña Santiago (St 5,4), es de los que claman al cielo. Por eso la voz de Dios se oye clara y enérgica, como un rugido, dirá el profeta. También hoy se explota al pobre por parte de ciertos poderosos, que abusan de su poder, enriqueciéndose injustamente a costa de los demás.

La Iglesia clama con la voz misma de Amós, lo vuelve a proclamar ante todos los hombres que han sido llamados a ser discípulos de Cristo y quizá no son consecuentes con su fe. Los Sumos Pontífices defienden en sus encíclicas sociales a quienes son víctimas del egoísmo y la ambición de los de arriba, recuerda con valentía los deberes de justicia que todo hombre tiene, más acuciantes y graves en los que poseen el capital. No se puede acusar a la Iglesia de silencio, no se puede decir que haya callado consintiendo en las injusticias para con los más necesitados. No, la Iglesia nunca ha sido cómplice de los poderosos, no apoya la injusticia sino que la condena con todas sus fuerzas.

No obstante, los inicuos agentes de la injusticia siguen su marcha, no escuchan esas palabras de condena, esos consejos y normas para promover un mundo más justo. Por eso los pobres siguen oprimidos, sufriendo mientras que el corazón se les llena de odio ante el aumento de las riquezas mal adquiridas. De Dios nadie se ríe. Su palabra sigue viva, su maldición está ahí: Cambiaré en duelo vuestra fiestas, y en lamentos vuestras canciones. Sí, llegará un día en que la justicia divina se impondrá y cada uno pagará con creces el mal que hizo. Ese enriquecimiento viene a ser, dice Santiago en su epístola, como el engorde para el día de la matanza.

2.- FIELES EN LO POCO. – La parábola de hoy nos habla del balance de una gestión. Con ello se nos recuerda que todos y cada uno de nosotros hemos de rendir cuentas ante el Señor de toda nuestra vida, hemos de entregar un balance de nuestra actuación. Y según sea el resultado, así será la sentencia que el Juez supremo dicte en aquel día definitivo. A lo largo de nuestra vida vamos recibiendo bienes de todas clases, materiales y espirituales, vamos disponiendo de meses y de años, de horas y de minutos.

Son dones que Dios nos concede para que los negociemos, para que los aprovechemos en orden a nuestro beneficio y al de los demás. Con la ayuda de lo alto podemos, y debemos, transformar todos esos bienes terrenos en gloria eterna, conseguir que un día el divino Juez se llene de alegría al decirnos que nos hemos portado bien y que merecemos un premio inefable y eterno. Qué astuto era aquel administrador infiel, qué afán ponía en sus asuntos, cuánto se jugaba por solucionar sus problemas.

El Señor da por supuesto lo inmoral de su conducta, pero reconoce al mismo tiempo la eficacia de su actuación, la inteligencia de que hizo alarde para salir de su apurada situación. Compara esa manera de proceder de granuja la actuación de los que son buenos. Y concluye que los hijos de las tinieblas son más astutos en sus asuntos que los hijos de la luz en los suyos. A pesar de que lo que persiguen los primeros son sólo unos bienes caducos, mientras que los que alcanzan los hijos de Dios son unos bienes superiores e imperecederos.

De todo ello se concluye que hemos de poner más empeño y más cuidado en nuestra vida de cristianos, que hemos de luchar dispuestos a cuantos sacrificios sean precisos por lograr que el amor de Cristo, su paz y su gozo se extiendan más y más entre los hombres. No nos dejemos ganar por los que sólo buscan su provecho personal, el logro de una felicidad pasajera y aparente, pongamos cuanto esté de nuestra parte para que el Evangelio sea una realidad viva en nuestro mundo.

Termina el pasaje evangélico con una sentencia de enorme valor práctico: quien es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho. Se subraya así la importancia de las cosas pequeñas, lo decisivo que es ser cuidadoso en los detalles, en orden a conseguir la perfección en las cosas importantes. En efecto, quien se esfuerza por afinar hasta el menor detalle, ese logra que su obra esté acabada, evita la chapuza. Es cierto que para eso es preciso a veces el heroísmo, una constancia y una rectitud de intención, que sólo busca agradar a Dios en todo. Pero sólo así agradaremos al Señor y nos mantendremos siempre encendidos, prontos y decididos a cumplir el querer divino.

Antonio García-Moreno

No solo crisis económica

«No podéis servir a Dios y al dinero». Estas palabras de Jesús no pueden ser olvidadas en estos momentos por quienes nos sentimos sus seguidores, pues encierran la advertencia más grave que ha dejado Jesús a la Humanidad. El dinero, convertido en ídolo absoluto, es el gran enemigo para construir ese mundo más justo y fraterno, querido por Dios.

Desgraciadamente, la riqueza se ha convertido en nuestro mundo globalizado en un ídolo de inmenso poder que, para subsistir, exige cada vez más víctimas y deshumaniza y empobrece cada vez más la historia humana. En estos momentos nos encontramos atrapados por una crisis generada en gran parte por el ansia de acumular.

Prácticamente, todo se organiza, se mueve y dinamiza desde esa lógica: buscar más productividad, más consumo, más bienestar, más energía, más poder sobre los demás. Esta lógica es imperialista. Si no la detenemos, puede poner en peligro al ser humano y al mismo Planeta.

Tal vez, lo primero es tomar conciencia de lo que está pasando. Esta no es solo una crisis económica. Es una crisis social y humana. En estos momentos tenemos ya datos suficientes en nuestro entorno y en el horizonte del mundo para percibir el drama humano en el que vivimos inmersos.

Cada vez es más patente ver que un sistema que conduce a una minoría de ricos a acumular cada vez más poder, abandonando en el hambre y la miseria a millones de seres humanos, es una insensatez insoportable. Inútil mirar a otra parte.

Ya ni las sociedades más progresistas son capaces de asegurar un trabajo digno a millones de ciudadanos. ¿Qué progreso es este que, lanzándonos a todos hacia el bienestar, deja a tantas familias sin recursos para vivir con dignidad?

La crisis está arruinando el sistema democrático. Presionados por las exigencias del Dinero, los gobernantes no pueden atender a las verdaderas necesidades de sus pueblos. ¿Qué es la política si ya no está al servicio del bien común?

La disminución de los gastos sociales en los diversos campos y la privatización interesada e indigna de servicios públicos como la sanidad seguirán golpeando a los más indefensos generando cada vez más exclusión, desigualdad vergonzosa y fractura social.

Los seguidores de Jesús no podemos vivir encerrados en una religión aislada de este drama humano. Las comunidades cristianas deben ser en estos momentos un espacio de concienciación, discernimiento y compromiso. Nos hemos de ayudar a vivir con lucidez y responsabilidad. La crisis nos ha de hacer más humanos y más cristianos.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 21 de septiembre

Celebramos hay la fiesta de San Mateo, apóstol. El Evangelio nos recuerda su vocación. Ahí está Mateo, sentado a la mesa de los impuestos, alguien que se dedica a sangrar a la gente en nombre de los romanos. Quizá no hubiera nadie más despreciable a los ojos de los judíos contemporáneos de Jesús. Pero Jesús no pasa de largo frente a aquella mesa, se detiene, le mira a los ojos y le llama: “Ven y sígueme”, y le convierte en discípulo.

Pero la cosa no queda ahí, Mateo y sus amigos (publicanos y pecadores) se sientan a la misma mesa con el Maestro. Si hubiéramos sino nosotros fácilmente hubiéramos dicho que no resulta conveniente para la “causa” que nos vieran en compañía de personas de tan mala fama, no habríamos ahorrado la crítica, los dimes y diretes. Pero Jesús lo tiene claro, y así quiere mostrarlo, y por eso llama a Mateo y va a comer con sus amigos: Jesús no ha venido a buscar a los sanos, sino a los pecadores, y les echa en cara a los fariseos su falta de misericordia, su falta de compasión para con aquellos que reconociendo su pecado quieren tomar un nuevo rumbo a sus vidas.

Cuantas veces nosotros actuamos así… emitimos un juicio sobre las personas, y ya es un juicio para toda la eternidad. Nunca nos acusarán de ingenuos porque no nos fiamos fácilmente de los otros. Esa es la distancia entre Jesús y nosotros, mientras que Él siempre mantiene la esperanza en las personas y por eso suspende todo juicio, nosotros condenamos eternamente, basados en nuestra mirada superficial y mezquina.

Cuándo aprenderemos el significado de la palabra misericordia?