¿Astutos o prudentes?

Al leer y meditar el evangelio de hoy vemos que, la prudencia, además de ser la primera de las virtudes cardinales, nos indica el camino que nos puede llevar a la verdad; a enjuiciar con serenidad los acontecimientos; a situarnos con sosiego y con claridad frente a las cosas. Incluso, la prudencia, se puede convertir en criterio para actuar como Dios manda.

1.- ¿Astutos o prudentes? El Señor nos quiere prudentes. No es bueno engancharse al último tren de la salvación cuando, por ejemplo, durante toda nuestra vida hemos dejado que pasara de largo. Es decir; no sería lógico justificar con el evangelio de hoy una vida sin Dios. Pensar que, al final, con unos halagos o con unas carantoñas al Señor y a los demás, todo nuestro pasado va a quedar resuelto de un plumazo. Ser siervos de Dios implica buscar con todas nuestras fuerzas la verdad y razonar con criterios de fe.

2.- La vida se nos da no para malgastarla. Alguien, con cierta razón, ha llegado a decir que nuestra vida es un cheque que Dios pone en nuestras manos para que pongamos la cantidad que necesitemos. Pero ¿qué ocurre? No siempre la administramos bien. En muchos momentos nos convertimos en “ladronzuelos” de nuestra propia existencia; quitamos tiempo a nuestra felicidad, paz a nuestras almas, sensatez a nuestros pensamientos o ilusiones a nuestro futuro. En vez de sumar ceros a ese cheque, lo emborronamos con nuestro afán de todo y de nada.

La bondad del Señor, y de sobra lo sabemos, es ilimitada. Pero ello no quita para que, aún a sabiendas del corazón gigantesco que Dios tiene, nos planteemos de vez en cuando en realizar un discernimiento o un análisis de cómo andan nuestras cuentas con Dios.

3.- En la realidad que nos toca vivir andamos demasiado pendientes de estar a bien con los negocios, con los bancos, con los amigos o con los enemigos pero –no siempre- hacemos balance de cómo está nuestra relación con Aquel que nos creó, con Aquel que nos hizo sus hijos por el bautismo.

Qué bueno sería que, en esta celebración, nos preguntásemos: ¿Somos astutos o prudentes con todo lo relativo a Dios? ¿Lo tratamos con dignidad? ¿Estamos interesados en su reino o, por el contrario, somos muy interesados de cuando en vez? ¿Procuramos ajustar nuestra vida, nuestra conducta, nuestras actitudes con el evangelio?

4.- El Señor no pide imposibles. Tal vez, la mayoría de nosotros, no tengamos una gran empresa, ni seamos doctos o ni tan siquiera poseamos un remunerado puesto profesional pero, el Señor, nos ha concedido talentos, aptitudes, mentes prodigiosas, corazones rebosantes de afecto o manos inclinadas al bien que pueden dar el ciento por uno allá donde nos encontremos.

¿Seremos tan necios de no ponerlo al servicio del Señor? ¿Podrá más la astucia que la prudencia a la hora de volcarnos en pro de la construcción del reino de Dios?

5.- HAZME, SEÑOR, PRUDENTE

Que me ofrezca sin esperar nada a cambio
Que exprima lo mejor de mí mismo
aún, aparentemente, no viendo fruto alguno
Que trabaje los talentos que Tú me has dado
y puedan servir como camino que me lleven hacia Ti
Que, de tal manera viva yo en Ti,
que disfrute viviendo y cumpliendo tu voluntad

HAZME, SEÑOR, PRUDENTE
Distante de lo efímero, para buscar lo eterno

Crítico con aquello que me paraliza
y dinámico para buscarte en el silencio
Abierto a negarme entregándome
y cerrado a todo lo que me impide
dar y regalar lo mejor de mí mismo.

HAZME, SEÑOR, PRUDENTE
Que no te busque por interés

Que no te quiera porque me esperas
Que no te ame porque es mucho lo que me aguarda

HAZME, SEÑOR, PRUDENTE
Para que te busque porque eres lo mejor

Para que te quiera porque siempre esperas
Para que te ame porque, Tú antes, me amas
Amén

Javier Leoz