El dinero es vil, despreciable, indigno, torpe, infame…

1.- Las lecturas que acabamos de escuchar tienen una enorme actualidad. La primera lectura y el evangelio hablan de dinero y ese tema está –en nuestro tiempo— en la boca de todos. La segunda –escrita por San Pablo hace dos mil años— forma y conforma nuestra liturgia en la forma de oración de los fieles o las preces. Y las tres nos han sonado mucho cuando las escuchábamos. ¿A que sí?

2.- La lectura del Profeta Amós parece, casi, un alegato sindical, muy adecuado para estos días. Es un golpe duro contra los empresarios de entonces. Pero no es mentira lo que se dice, ni tampoco exagerado. El afán por enriquecerse sin medida y sin piedad es una constante de todos los tiempos. Como no es muy extenso el párrafo del profeta Amós merece la pena que os lo lea. Dice: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ‘¿cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?’ Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones”.

3.- Pocos comentarios más… Esas palabras son como aldabonazos, como fuertes golpes del mazo sobre el bombo. Y está claro que el Señor no puede estar de acuerdo con ese proceder que hace daño a los más débiles, a los que hay que ayudar y proteger muy especialmente. Amos vive en ochocientos años antes del nacimiento de Cristo y los reinos judíos del Norte y del Sur viven una gran prosperidad, que, aunque no duró mucho, fue superior a la de los tiempos de Salomón. Pero esas riquezas –Amos se asombra de la magnificencia de los edificios públicos— se habían obtenido de manera injusta y clama contra ellas. Como veis la historia se repite.

4.- El Señor no acepta ese abuso, ni entonces, ni ahora, porque se aleja de su sentido de la equidad y, sobre todo, del amor por sus criaturas. La frase final del párrafo de Amos lo dice claramente. Hace dos mil ochocientos años el problema del enriquecimiento injusto e ilegal a los ojos de Dios ya estaba presente. Son muchas las citas de Jesús de Nazaret contra el dinero o contra los temas de propiedad. Como se inhibe de arbitrar en una disputa por una herencia o, igualmente, cuando dice que el amor al dinero es una especie de idolatría y cuando se confiesa pobre: “No tengo donde reposar la cabeza”. Eso está claro. Hoy nos dice que “No podéis servir a Dios y al dinero”. Ha dicho antes que no se puede servir a dos amos. Y cuando “enfrenta” al dinero con Dios está, sin duda, dando una importancia mayúscula a la seducción por el dinero, por las riquezas. Jesús es claro en esto y demuestra su conocimiento total de la psicología humana.

4.- Pero desde esta perspectiva sorprende –siempre ha sorprendido— la parábola del administrador infiel, pero sagaz. Ese administrador se asegura, mediante pactos bien urdidos, no caer en la mendicidad tras la amenaza de despido de su amo, conocedor de su tendencia irregular. El mismo amo defraudado felicitará, después, al administrador injusto por su astucia. Y “suelta” unas frases que han venido inquietando de generación en generación a muchos cristianos: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”. ¿Nos pide sagacidad por encima de todo? ¿Nos pide contemporizar con el dinero injusto? En otro lugar nos aconseja que seamos astutos como las serpientes. ¿Qué es todo esto? Pero, Él habla, creo yo, de la importancia de aquel que es capaz de no dejarse emborrachar por la avaricia o la codicia. Y hay otra frase digna de ser meditada: “Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?”

5.- No existe un mundo sin dinero y está claro que a todos nosotros, en mayor o menor cantidad, nos toca administrar dinero. Proceder adecuadamente con el dinero nos asegurará que somos capaces de administrar con justicia esos otros dones de la vida, como pueden ser el amor, la solidaridad, la sabiduría… todo ello dirigido al bien común. Porque sería cobarde como en el caso de la parábola de ese otro amo que confía grandes cantidades en custodia a sus siervos, que por miedo, las guardáramos en un agujero y queden improductivas para siempre. La cobardía o el miedo jamás debe frenar ninguna acción nuestra y mucho menos inspirarla. Pero en fin, apuntemos, asimismo que habla de vil dinero y de la palabra vil el diccionario de Real Academia Española de la Lengua da los siguientes significados: bajo, despreciable, indigno, torpe, infame. La advertencia es más que suficiente porque a muy pocos de nosotros nos parece que el dinero sea así. Y sin embargo lo es, porque lo dice Jesús.

6.- Y respecto a lo que dice San Pablo en el fragmento de su Primera Carta a Timoteopues fijaros que la Iglesia sigue ofreciendo oraciones por los que ostentan algún tipo de poder, para que Dios influya en sus conciencias y actúen de acuerdo con el sentir de Cristo Jesús. Pablo pide estas oraciones para que podamos llevar una vida apacible y tranquila. Y lo dice en tiempos de las primeras persecuciones y cuando reyes y emperadores del mundo pagano –o, incluso los dirigentes religiosos judíos— perseguían implacablemente a los cristianos. Y es que todo crece en buen ambiente, en tiempo de paz y de concordia. Ahora mismo –en muchos países—hay cristianos que se ven perjudicados gravemente, en sus convicciones y en sus vidas, por ciertas formas de legislar de las autoridades. Pues recemos para que Dios cambien las conciencias de los que tienen el poder y podamos vivir en paz. También esto tiene su miga.

Por eso os decía, al principio, que hemos escuchado una Palabra de Dios muy certera y muy en consonancia con nuestros tiempos y nuestras costumbres. Merece la pena que no nos limitemos a su escucha en la Eucaristía y que volvamos a leerlas en casa y profundicemos en su enseñanza.

Ángel Gómez Escorial