Vísperas – Martes XXV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 24 de septiembre

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 8,19-21
Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.» Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla del episodio en que los padres de Jesús, inclusive su madre, quisieron conversar con é, pero Jesús no les presta atención. Jesús tuvo problemas con la familia. A veces, la familia ayuda a vivir mejor y a participar en la comunidad. Otras veces, dificulta esa convivencia. Así fue para Jesús, y así es para nosotros.
• Lucas 8,19-20: La familia busca a Jesús. Los parientes llegan a la casa donde estaba Jesús. Probablemente habían venido de Nazaret. De allí a Cafarnaúm hay sólo unos 40 km. Su madre estaba con ellos. No entran, pues había mucha gente, pero le mandan un recado: “Tu madre y tus hermanos están fuera ahí fuera, y quieren verte». Según el evangelio de Marcos, los parientes no quieren ver a Jesús. Ellos quieren llevárselo y traérselo para casa (Mc 3,32). Pensaban que Jesús se había vuelto loco (Mc 3,21). Probablemente, tenían miedo, pues según nos informa la historia, la vigilancia de parte de los romanos con relación a todos los que de una forma o de otro tenían un cierto liderazgo popular, era enorme (cf. He 5,36-39). En Nazaret, en la sierra, estaría más al seguro que en la ciudad de Cafarnaúm.
• Lucas 8,21: La respuesta de Jesús. La reacción de Jesús es firme:»Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra de Dios, y la ponen en práctica.» En Marcos, la reacción de Jesús es más concreta. Marcos dice: “Entonces Jesús miró hacia las personas que estaban sentadas a su alrededor y dijo: Aquí están mi madre y mis hermanos. Aquel que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,34-35). ¡Jesús ensancha la familia! No permite que la familia lo aleje de la misión: ni la familia (Jn 7,3-6), ni Pedro (Mc 8,33), ni los discípulos (Mc 1,36-38), ni Herodes (Lc 13,32), ni nadie (Jn 10,18).
• Es la palabra la que crea la nueva familia alrededor de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios, y la ponen en práctica.». Un buen comentario de este episodio es lo que dice el evangelio de Juan en el prólogo: “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,10-14). La familia, los parientes, no entendieron a Jesús (Jn 7,3-5; Mc 3,21), no hacen parte de la nueva familia. Hacen parte de la nueva comunidad sólo aquellos y aquellas que reciben la Palabra, esto es, que creen en Jesús. Estos nacen de Dios y forman la Familia de Dios.
• La situación de la familia en el tiempo de Jesús. En el tiempo de Jesús, tanto la coyuntura política, social y económica como la ideología religiosa, todo conspiraba para el enflaquecimiento de los valores centrales del clan, de la comunidad. La preocupación con los problemas de la propia familia impedía que las personas se uniesen en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse, de nuevo, en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse a la gran familia, a la Comunidad. Jesús dio el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reaccionó y ensanchó la familia (Mc 3,33-35). Creó comunidad.
• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos y hermanas de Jesús” es causa de mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tenía más hermanos y que María tenía más hijos. Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, ambas tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas iglesias. Por esto, no conviene pelearse ni discutir esta cuestión con argumentos sólo de la cabeza. Pues se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos. El argumento sólo de la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. ¡Apenas irrita y aleja! Aún cuando no concuerdo con la opinión del otro, tengo que respetarla siempre. En segundo lugar, en vez de discutir alrededor de textos, nosotros todos, católicos y protestantes, deberíamos unirnos bien para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia, por la falta de fe. Deberíamos recordar alguna que otra frase de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia”(Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú, Padre, me has enviado”(Jn 17,21). “¡No se lo impidáis! Quien no está en contra está a favor nuestro”(Mc 10,39.40).

4) Para la reflexión personal

• La familia ¿ayuda o dificulta tu participación en la comunidad cristiana?
• ¿Cómo asumes tu compromiso en la comunidad cristiana sin perjudicar ni la familia ni la comunidad?

5) Oración final

Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos,
lo quiero recorrer como recompensa.
Dame inteligencia para guardar tu ley
y observarla de todo corazón. (Sal 119,33-34)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

6.- LA CASA

Lc 1, 28

Y habiendo entrado el ángel donde ella estaba…

Los cristianos orientales sitúan la escena de la Anunciación en la fuente del pueblo -que hoy se llama «de la Virgen»-, a la que acudían las mujeres a recoger el agua necesaria para beber y para el consumo de la casa. En el camino se habría encontrado María con el ángel[1].

Pero el texto evangélico nos dice que el ángel «entró»a donde estaba Ella. Podemos, pues, pensar que fue en la intimidad de la casa donde tuvo lugar la aparición del ángel.

El hogar donde vivió María, primero en casa de sus padres y después con José, no tendría probablemente jardín, ni galería, ni pórtico…, ni la Virgen llevaría un libro y un rosario en las manos, como nos la pintan los artistas y los poetas. La casa de María era pequeña, sencilla, pobre, limpia. Quizá una parte de ella estaba cavada en la roca, como parecen indicar las más recientes excavaciones arqueológicas. Esta zona de la edificación era a la vez bodega, despensa y pequeño almacén. Allí se guardaba el grano para ser molido, algo de vino, aceite… La riqueza de aquella vivienda era, sin embargo, María. Y su alma se traslucía en la limpieza, en el orden, en el buen gusto de los pequeños adornos que Ella habría sabido encontrar. En aquella morada de pocas habitaciones se estaba bien; mejor que en un palacio. Cerca de la casa, José tenía su pequeño taller.

[1]Esta tradición se apoya en el Protoevangelio de Santiago, aparecido en el siglo II.

Comentario del 24 de septiembre

El evangelio narra que en cierta ocasión la madre y los hermanos de Jesús se acercaron a verle, pero la gente que rodeaba al Maestro se lo impedía. En ese instante le dan un aviso: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

La reacción de Jesús es desconcertante para todos, pero especialmente para esa «madre y esos hermanos» que quieren verle. Entienden que su «parentesco» les permite tomarse esta licencia. Pero ante su requerimiento Jesús responde con esta frase: Mi madre y mis hermanos son éstos(como si no fueran los otros, los que en razón de la sangre se creían con derecho a reclamar su presencia): los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.

Jesús parece anteponer la relación que ha establecido con éstos a la relación que tenía con los otros, su familia biológica, su «madre y sus parientes». Estos han dejado de ser extraños, para convertirse en sus allegados (su familia) en virtud de la atención que han prestado a la palabra de Dios, que es su palabra, y en la disposición de que dan muestras para llevarla a la práctica. Sintonizan, pues, más con él los que le prestan esta atención que sus propios familiares. Se refuerzan los lazos que podríamos llamar «ideológicos» y afectivos y se debilitan los lazos biológicos o de sangre.

Jesús muestra su preferencia por quienes sintonizan con él y estiman lo que él estima: su pensamiento, sus deseos, sus aspiraciones, sus afectos, pues todo esto se expresa en su palabra, hasta el punto de hacer de ellos su familia, su nueva familia, ese círculo humano en el que él se encuentra más a gusto, con el que pude compartir más su vida y sus intereses. Su familia biológica parece quedar muy atrás en la estimación.

¿Es que su madre había dejado de ser su madre? ¿Es que había roto los vínculos naturales que le unían a su propia familia de sangre? El vínculo natural tenía que seguir vivo, al menos con su madre; de lo contrario, nos veríamos obligados a pensar que era un hijo poco agradecido.

Pero al vínculo natural se sobreponía un vínculo de otro signo (¿quizá sobrenatural?), un vínculo hecho de intereses o de estimaciones comunes, un vínculo surgido del común aprecio por la palabra de Dios, un vínculo que brotaba de la sintonía de pensamientos y de corazones. Para formar parte de este círculo familiar, la «madre y los hermanos» de Jesús tenían que dar este paso que les llevaba a sintonizar con su corazón. En María no había problema, puesto que no podemos pensar que no sintonizara con el pensamiento y los sentimientos de su hijo. Pero otros parientes que no se sumaron al discipulado de Jesús pudieron quedar alejados de él y de su plan de hacer de todos partícipes de su Reino.

Tan importante es la atención que le prestamos a la palabra de Dios, que su escucha atenta y bienintencionada nos convierte de inmediato en «madres y hermanos de Jesús», es decir, nos hace miembros de su familia más próxima. Y si esto es así, no podrá decirnos en su día: No os conozco, alejaos de mí, malvados. Y una última puntualización. Supongo que no todos los oyentes que le rodeaban, no todos los que escuchaban la palabra de Dios, «la ponían por obra». Pero Jesús al menos parece apreciar en ellos el deseo de hacerlo. Y esto ya es bastante para declararles «madre y hermanos» suyos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

131. Invoca cada día al Espíritu Santo, para que renueve constantemente en ti la experiencia del gran anuncio. ¿Por qué no? No te pierdes nada y Él puede cambiar tu vida, puede iluminarla y darle un rumbo mejor. No te mutila, no te quita nada, sino que te ayuda a encontrar lo que necesitas de la mejor manera. ¿Necesitas amor? No lo encontrarás en el desenfreno, usando a los demás, poseyendo a otros o dominándolos. Lo hallarás de una manera que verdaderamente te hará feliz ¿Buscas intensidad? No la vivirás acumulando objetos, gastando dinero, corriendo desesperado detrás de cosas de este mundo. Llegará de una forma mucho más bella y satisfactoria si te dejas impulsar por el Espíritu Santo.

Recursos – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UNA PLANTA

(Conviene que sea una planta que pudiera servir en las ocasiones más especiales de la vida de la Comunidad, por lo que pudiera significar a lo largo del curso. Por tanto, tiene que ser una planta bonita y de interior)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor y Padre nuestro: Tú quisiste sembrar en cada uno de nosotros y de nosotras la SEMILLA de tu vida y del amor; y lo hiciste, especialmente, por medio de Jesús, tu Hijo amado; luego, has cuidado de esa semilla por medio de tantas personas que han influido en nuestra vida. Hoy, nosotros y nosotras, tu Familia y Comunidad, te presentamos esta PLANTA, hermosa y bonita, como un recuerdo constante de cuanto has hecho en nuestro favor; y de nuestro compromiso -durante este curso que ya hemos iniciado- de cuidar de esta SEMILLA que Tú mismo plantaste en nosotros y en nosotras, que Jesús la ha hecho crecer y que todos nosotros y todas nosotras la queremos seguir ofreciendo a los y a las demás. Que así sea.

PRESENTACIÓN DE UNA JARRA DE AGUA

(Conviene que sea una jarra de cristal, para que se pueda ver el agua que contiene. La presenta una persona adulta de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor y Padre nuestro: Jesús nos recuerda en el evangelio que un vaso de agua dado con amor no quedará sin recompensa. Te presento, en nombre de toda la Comunidad, esta jarra de agua, como expresión de tantos gestos de amor y de fraternidad como se viven en nuestro mundo; muchos de estos gestos, son callados y ocultos. Pero también te ofrecemos con esta jarra nuestro compromiso, concreto y generoso, de ser cercanos-cercanas y solidarios-solidarias, mujeres y hombres que comparten en la sencillez de la vida. Te pedimos que nos ayudes en esta tarea.

PRESENTACIÓN DEL CORO PARROQUIAL

(Hace la ofrenda un adulto de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: En los evangelios escuchamos, Señor, que al sordomudo le abriste sus oídos para escuchar tu Palabra y le liberaste la lengua para la confesión de fe y el canto de tu alabanza. Nosotros y nosotras creemos, Señor, que Tú nos has curado, y por eso, con nuestra fe, queremos alabarte en medio de esta comunidad y con ella. Ayúdanos a ser un testimonio vivo de fe y de esperanza con nuestros cantos.

(Inmediatamente después todos cantan: «Gloria, gloria, aleluya»)

PRESENTACIÓN DEL RECIPIENTE DEL CRISMA BAUTISMAL

(Presenta la ofrenda una persona adulta)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Con el recipiente del crisma bautismal, que hoy te presento, en mi nombre y en nombre de toda la comunidad, Señor, queremos actualizar nuestros compromisos bautismales y de confirmación, de ser tus discípulos y discípulas y testigos en medio del mundo. No nos dejes ceder a las presiones, a la vergüenza o al miedo. Danos tu fortaleza, que siempre la necesitamos, para vivir intrépidamente, tal como lo han hecho siempre tus mejores testigos.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO DE TEOLOGÍA

(Hace la ofrenda uno/a de los/las catequistas de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, este libro de teología, de la última reflexión teológica que se ha publicado. Y lo hago convencido/a de que Tú nos exiges una buena formación de nuestra fe para poder vivirla y testimoniarla en medio del mundo. Sé que la formación continua requiere un esfuerzo y un tiempo, que, en estos momentos, nos son difíciles de encontrar. Sin embargo, ahí tienes mi disponibilidad a formarme, para que mi seguimiento de Jesús, en medio del mundo, sea conforme a lo que Tú hoy me exiges.

Oración de los fieles – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

Ante las tentaciones de este mundo Tú, Señor, que nos muestras que los débiles son tu debilidad, te pedimos hoy:

R.- SEÑOR, REINA EN NUESTRO CORAZÓN.

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes, que no cesen de denunciar aquellas conductas que nos alejan del Reino de Dios.

OREMOS

2. – Por los gobernantes para que Dios los ilumine en la toma de decisiones, para que estas vayan en favor de su pueblo.

OREMOS

3. – Por los oprimidos, hambrientos, cautivos. Por los que ya se doblan, los que sufren para que el aliento del Señor colme sus necesidades a través de sus manos que son la Iglesia.

OREMOS

4. – Por los estudiantes que comienzan un nuevo curso, para que sean constantes en el estudio y lleven al final su premio.

OREMOS

5. – Por los que perdieron la fe o la tienen dormida, para que descubran en la Palabra esa chispa que les ilumine y encienda de nuevo su vela.

OREMOS

6. – Por la paz en el mundo y la desaparición del terrorismo

OREMOS

7.- Por todos nosotros que acudimos con fe a esta Asamblea de hermanos.

OREMOS

Padre haz que nuestro corazón acoja al que sufre y entrénalo en esta dura tarea, para que nuestra vida sea un continuo servicio a los demás. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor

Amen.


Oremos hermanos a Dios nuestro Padre, que nos concede todos los bienes que pedimos en nombre su Hijo Unigénito, Jesús. Y respondemos:

R.- ESCUCHANOS, PADRE

1. – Por el Papa Francisco, por su salud y por su probada capacidad de trabajo.

OREMOS

2. – Por toda la Iglesia de Dios, para que cumpla el mandato de Cristo de orar continuamente y que esas plegarias traigan la paz al mundo.

OREMOS

3. – Por Cáritas, a nivel internacional, nacional o local, para que ayude a mejor repartir las riquezas y aliviar las carencias de los más necesitados.

OREMOS

4. – Por todos los estudiantes y, especialmente, por los universitarios, que ahora inician un nuevo curso, para que el Señor les ayude en su labor de aprendizaje, y que en ella sepan ver siempre el amor mutuo y la esperanza viva.

OREMOS

5. – Por todos aquellos que no conocen a Jesucristo o se han alejado de su camino, para que el Espíritu Santo mueva sus corazones al conocimiento del Salvador, y a nosotros nos ayude para demos constante testimonio de Él.

OREMOS

6. – Por nosotros, presentes en esta eucaristía –y por todos aquellos que no pudieron o no quisieron venir— para que el Señor Jesús nos recompense con su paz, amor y alegría

OREMOS

Recibe, Padre Bueno, las humildes plegarias que con fe te dirigimos.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén

Comentario al evangelio – 24 de septiembre

Estaba Jesús hablando cuando se presentó alguien con la noticia de que si familia estaba afuera esperándole, porque el gentío era tan grande que no podían llegar hasta él. Jesús, no sólo no sale sino que responde:  «Mi madre y mis hermanosson los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

La frase de Jesús reafirma su pensamiento sobre la Palabra: que hay que escucharla, asumirla, irradiarla y hacerla vida.

Podría parecer que la frase de Jesús es un desprecio hacia su familia, pero por duro que parezca, para Jesús, ante el Reino, todo pasaba a un segundo plano: no estaba dispuesto a que nadie le domesticara, ni los jefes religiosos ni su propia familia.

La verdadera familia de Jesús no estaba constituida por los lazos de la sangre, sino por la obediencia a la Palabra de Dios. Nos hacemos hermanos de Jesús y miembros de su nueva familia por el compromiso que asumimos como su proyecto, es decir si nos comprometemos en la construcción del Reino de Dios con una actitud profética que proclame a los cuatro vientos la novedad radical que Jesús nos trae, Palabra Encarnada, Palabra entregada para dar vida al mundo.