Los que vivimos en la abundancia tenemos la obligación de atender a los que pasan necesidad

1.- Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Esta parábola, llamada del rico Epulón y el pobre Lázaro, la conocemos suficientemente tal como está escrita en el evangelio de Lucas. Yo prefiero olvidarme un poco del texto y tratar de aplicar la parábola a nuestro tiempo. Porque somos muchos los que vivimos sin que nos falte físicamente de nada para poder vivir con dignidad. Realmente podemos decir que vivimos en la abundancia. Lo importante, como cristianos que somos, es que no vivamos sin ver a los que pasan necesidad. A Lázaros, como el de la parábola, es posible que no veamos ninguno junto a las puertas de nuestras casas, pero conocer a personas que viven en auténtica necesidad física seguro que sí conocemos a más de una. Personas o situaciones concretas. ¿Qué hacer? Ayudarles de la mejor manera que podamos. Seguro que la mayor parte de nosotros sí podemos ayudar a los necesitados. Si no nos resulta fácil hacer limosna a alguna persona concreta, seguro que conocemos alguna institución caritativa con la que podemos colaborar. Ya san Pablo nos decía que si sabemos vivir con sobriedad, seguro que siempre encontraremos algo para dar a los necesitados. Él se ponía de ejemplo: con mis propias manos, decía, he procurado siempre ganar el pan que como, y he tenido siempre algo con que he podido ayudar a otros. Después de leer, en este domingo, la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, todos nosotros debemos hacer el propósito de ser sobrios con nosotros mismos y generosos con los demás, especialmente con los necesitados. Yo creo que esa fue la intención que tuvo Cristo cuando puso esta parábola a los fariseos.

2.- Esto dice el Señor omnipotente: ¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión… se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes…, pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José. Estas palabras de profeta Amós, el pastor de Tecoa, escritas unos quinientos años antes de Cristo, nos mandan a nosotros el mismo mensaje que nos da la parábola de Cristo a los fariseos sobre el rico Epulón y el pobre Lázaro. Y, desgraciadamente, hoy día, más de dos mil años después de Cristo podríamos repetirlas nosotros con un lenguaje distinto, pero con el mismo contenido y mensaje. La sociedad actual sigue poniendo el dinero y la buena vida por encima de todo lo demás. No es ese el mensaje que vino a traernos Cristo a este mundo, predicando el reino de Dios. Realmente, ¿los cristianos, en nuestro apego al dinero, en nuestras ganas del bien vivir, y en nuestra atención a las personas necesitadas, nos parecemos mucho a los “hijos de este mundo”? A la luz de la parábola del rico Epulón. y el pobre Lázaro y del texto del profeta Amós, debemos hacer nosotros, hoy, en este domingo, un examen de conciencia sincero y comprometido.

3.- Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. San Pablo, en esta su epístola a Timoteo, y en otros muchos de sus escritos, nos dice muy bien cuál debe ser el comportamiento de los cristianos respecto al dinero, a la justicia, a la ambición, y al comportamiento que debemos tener siempre con las personas necesitadas. Seamos, pues, sobrios en nuestros gastos personales y generosos en nuestro comportamiento con los demás, especialmente con los más necesitados.

Gabriel González del Estal