Al freír será el reír…

1.- Inicio este mensaje-homilía con dos dichos populares que parecerían que el mensaje contenido en el evangelio de este domingo es de risa. Vaya por delante que es todo lo contrario. Su contenido es duro de pensar y aceptar. Y más duro de cumplir en consecuencia. Voy al grano, es decir, al texto bíblico. Si os dijera, como os digo, que la situación económica y social del anónimo ricachón hoy se haría advirtiéndonos que pese a que su domicilio, vivienda unifamiliar de 400 metros cuadrados por planta doble, más garaje, piscina y extenso jardín, casi nunca estaba ocupada ya que al propietario le gustaba viajar por el ancho mundo, fuera donde fuese, en crucero o en clase de lujo de aviones siempre de compañía de bandera y si alguien en algún momento le veía cruzar por entre las manzanas del distrito, siempre conducía uno de sus dos ferraris, el rojo tradicional y el que le parecía más distinguido, el de azul turquesa.

2.- Que tenía buenas relaciones sociales, del país y extranjeras, todo el mundo lo sabía por las matrículas y los lujosos descapotables que de cuando en cuando estacionaban ante el domicilio. Familia, no, nadie sabía que tuviera. Malas lenguas decían que no quería esposa ni hijos que creaban dependencias y aumentaban la superpoblación que sufría el planeta, ¿para qué continuar? Con lo dicho, imaginado o tristemente muy real en algunos sitios, es suficiente…

3.- Apareció un día por el territorio un ser extraño, digo ser sin mala intención, pero por su apariencia era difícil calcular su edad o sexo. Varón sin duda debía ser, de acuerdo con el viejo sombrero de fieltro sucio con que se cubría, ya que por el cabello, hoy en día ya nadie se distingue, y el usar pantalones rotos, tampoco indicaba nada. Miraba y remiraba, abrió un contenedor público de desechos y tuvo bastante. Se quedo por aquellos contornos. Dormía en un banco del parque próximo, se cubría de ropa encontrada, siempre selecta, bebía de excelentes aguas minerales que depositaban los criados del anónimo habitante del que os he hablado, caducadas eso sí, pero a él eso le importaba muy poco.

4.- Pensaba que mucho más pasada de fecha estaba la de las fuentes públicas que llegaban de lejanos glaciares, que iban lentamente fundiendo sus hielos antediluvianos…Si alguien sentía compasión le sonreía y agradecido respondía: mala hierba nunca muere, ya lo sabe usted. Perros en este caso no, en tiempos de la parábola podían vivir libres. Los del amo del que os estoy hablando, tenían una habitación reservada exclusivamente para ellos, con mullido sofá y un televisor funcionando, para que se distrajesen.

5.- El anónimo acaudalado nunca llevaba dinero, podía perderlo, pensaba. Era mejor y más seguro tener tarjetas bancarias, la aristocrática American Express Platinum y las plebeyas Master Card y Visa clásica, aceptadas por doquier. Al pobre hombre le gustaba alimentar a los gatitos que se le acercaban y echar migajas a los gorriones. En algún caso le gusto compartir con algún otro mendigo que pasó por allí.

“Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.”

Escribió Calderón de la Barca.

6.- Vayamos a lo práctico, dejemos descripciones simbólicas, mis queridos jóvenes lectores. La riqueza del anónimo personaje de la parábola, suponía carencias de los habitantes de otros continentes. Sus elegantes muñecas y dedos, que cubrían valiosas joyas, gemelos, reloj de oro, anillos…Pero estaban vacías del bien obrar, del generosamente dar, del útilmente ayudar, esta fue su triste realidad, cuando se presentó en la Eternidad Trascendente. Soledad, incomunicación en el vacío, ausencia de elogios y amor, corazón apretujado … esto era. Y mucho peor.

7.- A Lázaro, a este que se le conocía por su nombre en el Reino de los Cielos, de tan elogiado y admirado que era, pero que ni siquiera necesitaba apellidos para reconocerlo, a este se le hizo gozoso recibimiento, se le coronó, alimentó y vistió de Amor. Sus ojos históricos legañosos fueron ahora ventanas abiertas al paisaje y gozo eterno.

8.- Aterrizo sin preámbulos. A muchos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os gusta ir a campos de trabajo de diversos países, arqueología, agricultura ecológica, restauración de patrimonio etc. etc., en cosa así se ocupan y no son labores malas, muy al contrario. Otros, acertadamente, dedicáis algún tiempo libre del que disponéis a servir de monitores en colonias de vacaciones. Que aprendan juegos, convivencia y respiren aire libre, no contaminado, chiquillos de ciudad. Pensáis así y no pensáis mal. Pero hay algo mejorable. ¿Y si os fuerais de voluntarios a algún asilo gratuito, a alguna mansión donde se acoge a quien nadie quiere o donde van aquellos a los que les falta familia, amigos, salud?

9.- Os confieso humildemente, yo viejo sacerdote, que no aparezco en ninguna comisión comisionada y junta de gobierno que ejerza mando, en el gremio clerical, soy aceptado en el Cottolengo. Todavía sirvo para celebrarles misa y trasladarme por mis propios medios a una finca con su casa, iglesia, bosque y torrente de montaña, que recibieron como herencia de una familia acomodada. Sin que nadie lo sepa, os lo confieso a vosotros, mis queridos jóvenes lectores, cuando doy la comunión a alguna enferma ciega, o a algún discapacitado intelectual, alguno de ellos me sonríe, a mí me cuesta evitar las lágrimas.

10.- Pronto me tocará presentarme ante Abraham y ante su Dios. Confío y hasta ahora que os escribo os lo digo llorando y con sinceridad, espero que me reciban en la Eternidad con ellos en la Realidad Feliz. Y ya ahora me siento agradecido a esta posibilidad que me brinda la Congregación.

(Añado, y con esto acabo, que si yo me limito a lo poco que puedo ayudar, un viaje de poco más de 20Km y la misa y otros sacramentos que me puedan solicitar, cosa de poco rato, me asombra la colaboración de voluntarios y voluntarias, ellos y ellas sí, ocupan toda la jornada, desde el amanecer, hasta que ha declinado el día. No sé si han viajado a muchos países y hasta han visto auroras boreales. Si han comido manjares exóticos y visto monumentos impresionantes. Es una tontería lo que os voy a contar. Dios me ha concedido sin moverme de mi Burgos de infancia y juventud, contemplar una de estas auroras, la única que ocurrió por estas tierras y se lo agradezco, aunque no haya visto ni la estatua de la libertad de New York, ni el Taj Mahal. Pero de aquella aurora, un precioso caramelito sensorial, también le estoy agradecido. Dios es así de bueno y se ha adelantado conmigo)

Pedrojosé Ynaraja